Los dos aspectos de la oración

Conferencia General Octubre 1991

Los dos aspectos de la oración

Francis M. GibbonsÉlder Francis M. Gibbons
De los Setenta

«Dios ha establecido un canal de comunicación entre El y Sus hijos terrenales que Satanás, nuestro enemigo común, no puede invadir. Es el canal de la oración secreta.»

Hermanos y hermanas: a medida que una puerta se cierra y otra se abre en mi vida, estoy agradecido por estar esta tarde en este histórico edificio, desde cuyo púlpito todos los profetas de la Iglesia restaurada, con excepción de José Smith únicamente, han dirigido la palabra y expresado su testimonio. Ruego mas que todo que el espíritu que los acompañó a ellos este conmigo al dirigir brevemente la palabra en esta ocasión.

Los cimientos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días están fundados en la oración. Por ejemplo, la ferviente oración de José Smith fue lo que abrió la puerta a la restauración del Evangelio. El pasaje esencial que se encuentra en el primer capitulo de Santiago y que llevó a José a orar define claramente las condiciones en las cuales Dios responde a Sus hijos. Allí esta escrito que debemos pedir «con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra». Luego agrega: «No piense, pues, quien tal haga», es decir, el que dude, «que recibirá cosa alguna del Señor» (Santiago 1:6-7).

Además de ese pasaje fundamental, que contiene la llave que abre la puerta al conocimiento y la sabiduría de Dios, hay otras que amplían la definición del principio de la oración y de la aplicación que podemos darle. Por ejemplo, en Alma 34:27 dice:

«Si, y cuando no estéis clamando al Señor, dejad que rebosen vuestros corazones, entregados continuamente en oración a el por vuestro bienestar, así como por el bienestar de los que os rodean». Vemos que, aun cuando no nos hallemos orando de rodillas, siempre debemos tener una oración en el corazón, dondequiera que estemos y sea lo que sea que hagamos.

Otro pasaje importante sobre la oración, que pasa del plano de consejo al de mandamiento, se encuentra en Doctrina y Convenios, sección 19, versículo 28, y dice: «Y además, te mando que ores vocalmente así como en tu corazón; si, ante el mundo como también en secreto; así en publico como en privado». Seguir leyendo

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Los frutos del evangelio restaurado de Jesucristo

Conferencia General Octubre 1991logo 4
Los frutos del Evangelio restaurado de Jesucristo
Élder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Joseph B. Wirthlin«No podemos tener los frutos del evangelio sin sus raíces. Por medio de la revelación, el Señor ha establecido estas raíces, principios únicos de la plenitud del evangelio.»

Mis queridos hermanos, estoy seguro que para todos nosotros ha sido un gran honor estar en la presencia del presidente Ezra Taft Benson, el Presidente de la Iglesia, nuestro Profeta. Durante toda mi vida he sentido gran amor y respeto por el, y estoy seguro de que vosotros también lo habéis sentido.

A través de las edades, el Señor se ha referido a su pueblo, a quienes le aman y guardan sus mandamientos, con palabras que los distinguen de todos los demás; los ha llamado, «mi especial tesoro» (Éxodo 19:5), «un pueblo especial» (Deuteronomio 7:6), «real sacerdocio, nación santa» (1 Pedro 2:9). Las Escrituras se refieren a este pueblo como santos. El Salvador enseñó que «por sus frutos los conoceréis» (Mateo 7 20).

Haciendo gran contraste con los que obedecen los principios del evangelio, veo cantidad de personas que ignoran o que no comprenden estos principios; muchos no obedecen las normas del evangelio; y otros viven en el pecado, la iniquidad, la deshonestidad y el crimen, cuyos resultados son gran miseria, dolor, sufrimiento y angustia.

En Sus enseñanzas el Salvador dijo:

«Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edifico su casa sobre la roca.

«Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.

«Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edifico su casa sobre la arena;
«y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina» (Mateo 7:24-27).

Esta analogía nos enseña una lección importante y es que no podemos tener los frutos del evangelio sin sus raíces. Por medio de la revelación, el Señor ha establecido estas raíces, que son los principios únicos de la plenitud del evangelio; son los que nos guían. El nos ha enseñado la manera en que debemos edificar nuestra vida: sobre un cimiento sólido, como la roca, que resista las tentaciones y las tormentas de la vida. Seguir leyendo

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Nuestra misión salvadora

Conferencia General Octubre 1991logo 4
Nuestra misión salvadora
Presidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Gordon B. Hinckley«A todos los de cualquier parte que sobrelleven pesadas cargas por las rigurosas tempestades de la vida, El ha dicho: ‘Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar’.»

Mis amados hermanos, cuan bendecidos somos de tener la oportunidad de reunirnos en paz en estas condiciones cómodas y felices. Al meditar sobre esta Conferencia General de octubre y en los inspirados discursos que hemos escuchado y que seguiremos escuchando, mis pensamientos viajaron a este mismo primer domingo de octubre hace 135 años cuando se realizó una reunión similar en la Manzana del Templo. No teníamos este gran Tabernáculo en esa fecha, sino que nuestros miembros se reunieron en el Antiguo Tabernáculo, un poco mas al sur de aquí. Era el 5 de octubre de 1856. El día anterior había regresado al valle un pequeño grupo de misioneros desde Inglaterra. Habían demorado relativamente poco porque viajaban con animales fuertes y carromatos livianos. Franklin D. Richards era el líder y de inmediato buscaron al presidente Brigham Young. Le dijeron que cientos de hombres, mujeres y niños estaban disgregados a lo largo del sendero que lleva del río Misuri al Valle del Lago Salado. La mayoría de ellos tiraban de carros de mano; eran dos compañías, mas otras dos pequeñas que les seguían con carromatos tirados por bueyes. El primer grupo probablemente estaría en la región de Scottsbluff, a una distancia de 650 kilómetros de su destino, con otros tras ellos. Era octubre y podrían perecer atrapados por la nieve a menos que recibieran ayuda.

Brigham Young no sabia nada de eso; en esos tiempos no había una forma rápida de comunicación: no había radio, ni telégrafo, ni correos. A la fecha él tenia 55 años de edad y, a la mañana siguiente, el día de reposo, se paró ante la gente en el Tabernáculo y dijo:

«Ahora daré el tema y el texto sobre el que hablaran los élderes hoy día… es este: El 5 de octubre de 1856, muchos de nuestros hermanos están en las praderas con sus carros de mano, y probablemente muchos de ellos estarán hasta a mas de mil kilómetros de distancia, y se les debe traer aquí; debemos mandarles ayuda. El tema será: ‘Traerlos aquí’…

«Esta es mi religión, ese es el dictado del Espíritu Santo que poseo, salvar a esa gente…

«Pediré a los obispos hoy día, y no mañana ni el día siguiente, que preparen 60 tiros de buenas mulas y entre 12 a 15 carretas. No deseo enviar bueyes, sino buenos caballos y mulas. Ellos están en este territorio y debemos traerlos. También necesito 12 toneladas de harina y 40 guías buenos además de los que conducirán las carretas… Seguir leyendo

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Nuestras solemnes responsabilidades

Conferencia General Octubre 1991

Nuestras solemnes responsabilidades

Gordon B. HinckleyPresidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero de lo Primera Presidencia

«El esposo que domine a su esposa, que la humille… no sólo la hiere a ella sino que el también se empequeñece.»

Mis hermanos, hemos tenido una reunión maravillosa y se ha hablado de muchas cosas dignas de recordar y de aplicar en nuestra vida. Apruebo y os recomiendo lo que las Autoridades Generales han dicho. Espero que todo hombre y todo joven, dondequiera que estéis, salgáis de esta reunión esta noche con mayor deseo de vivir mas dignamente del divino sacerdocio que poseemos.

Ahora quisiera hablar tomando un tono algo personal, no con el objeto de vanagloriarme sino como una forma de expresar mi testimonio y de demostrar gratitud.

Esta conferencia marca dos aniversarios personales. Primero, hace 30 años en la conferencia de octubre, fui sostenido como miembro del Consejo de los Doce Apóstoles, y segundo, hace diez años se me sostuvo como consejero de la Primera Presidencia. Hermanos, agradezco tanto a vosotros como a vuestras familias el apoyo constante y vuestras oraciones. Os confieso que nunca me he sentido muy capaz para desempeñar estos grandes llamamientos. Supongo que todo hombre y toda mujer en esta Iglesia se siente así en cualquier oficio o llamamiento en el que se le pida servir.

El otro día recibí una carta de uno de mis nietos que sirve en una misión en Polonia. El esta en un lugar en el que recientemente se introdujo la predicación del evangelio y es bastante difícil. Esto fue lo que me dijo: «Soy el presidente de una rama de cuatro miembros y me siento tan incapaz».

No tengo que recordaros a ninguno de vosotros, incluso a los diáconos, cuan sublime es el poseer el sacerdocio y tener la responsabilidad, ya sea grande o pequeña, de ayudar a Dios, nuestro Padre Eterno, a llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna de Sus hijos e hijas de todas las generaciones. Ninguno de nosotros puede comprender la magnitud y el significado de esa gran responsabilidad. Mas con nuestro conocimiento limitado, sabemos que tenemos que ser fieles y diligentes en el cumplimiento de nuestro deber.

Algo milagroso e impresionante ocurre cuando lo hacemos. Quisiera recordaros cuán maravillosos son, con el correr de los años, los frutos de vuestras labores. Vacilo en emplear estadísticas, mas ellas representan los resultados de vuestro servicio y las grandes bendiciones del Señor.

Durante los 30 años desde que fui ordenado al apostolado, el numero de miembros de la Iglesia ha aumentado de 1.800.000 a la cantidad aproximada de 8.040.000, o sea, un incremento del 441%.

El numero de estacas ha ascendido de 345 a 1.817,1O cual representa un aumento del 527%. Reconozco que estamos creando estacas mas pequeñas y en mayor numero, en un esfuerzo por mejorar la eficacia de la administración. Sin embargo, durante el tiempo en que muchos de nosotros hemos servido, hemos presenciado un milagro.

Durante el periodo de mi apostolado, he visto grupos de misioneros regulares aumentar de 10.000 a 45.000, o sea, un aumento del 425%, y he contemplado el crecimiento de las misiones de 67 a 267, o sea, un aumento del 398%.

Tal vez estas estadísticas no sean tan impresionantes en papel, mas son de una importancia sin igual en las vidas de millones de hijos e hijas de Dios, nuestro Padre Eterno, que viven en 135 naciones y territorios diseminados por toda la tierra donde la Iglesia se ha establecido.

Al pensar en todo esto, es tanto mi regocijo que siento como si quisiera gritar aleluya. Pero es mas apropiado arrodillarme y con toda humildad agradecer a Dios y a Su amado Hijo, nuestro Redentor, el crecimiento de Su obra, y agradecer también a mis hermanos y hermanas, jóvenes y ancianos, quienes os habéis mantenido fieles y cumplido vuestros deberes con diligencia, haciendo realidad este milagro. Ha sido un privilegio observar este acontecimiento.

Mas durante estos diez años que he servido en la Presidencia, también he experimentado mucho pesar, por lo que es mi deseo hablar unos minutos mas sobre esta experiencia. Durante toda una década he participado en la tarea de juzgar la dignidad de los que imploran volver a la Iglesia después de haber sido excomulgados. En cada caso ha habido una violación seria de las normas de conducta de la Iglesia. En la mayoría de los casos se había cometido adulterio y por lo general habían sido los esposos los ofensores, haciendo necesario llevar a cabo una acción disciplinaria contra ellos. Con el paso del tiempo, anhelaban nuevamente tener lo que antes habían tenido y en su corazón había surgido el espíritu de arrepentimiento.

Como uno de estos hombres me dijo: «Nunca comprendí ni aprecie el don del Espíritu Santo hasta que me fue quitado».

Durante los últimos diez años, he hablado unas tres o cuatro veces a las mujeres de la Iglesia y como respuesta a estos discursos he recibido una gran cantidad de cartas. Algunas de ellas las he colocado en un archivo titulado «Mujeres infelices».

Estas cartas provienen de todas partes, pero el tono con que han sido escritas es el mismo. Quisiera leeros, con el permiso otorgado por su remitente, parte de una que recibí la semana pasada. No divulgare los nombres verdaderos de estas personas.

«Conocí a mi esposo mientras cursaba el primer año de universidad. Provenía de una familia muy activa que por muchos años se había dedicado al servicio de la Iglesia. La idea de servir una misión le entusiasmaba muchísimo. Pense que el evangelio era para los dos lo mas importante en esta vida. A ambos nos encantaba la música y la naturaleza y obtener conocimiento era lo mas importante. Tuvimos un noviazgo de pocos meses, nos enamoramos y mantuvimos correspondencia mientras el servia dignamente una misión Cuando regreso, el volvió a la universidad y poco después contrajimos matrimonio en el Templo de Salt Lake y, siguiendo el consejo de los líderes de la Iglesia, empezamos a tener hijos. Yo asistía a la universidad, pues había recibido una beca para estudiantes destacados; mas cuando quede embarazada, deje los estudios y dedique todo mi tiempo y energía a mi esposo y a mi hijito.

«Durante los 18 años siguientes, estuve al lado de mi esposo, dándole todo el apoyo que el necesitaba para terminar los estudios, obtener experiencia y empezar su propio negocio. Ambos desempeñamos puestos de liderazgo en la Iglesia y la comunidad. Durante estos años de matrimonio tuvimos cinco hermosos hijos. En el hogar les enseñe a mis hijos el evangelio, a trabajar, a servir, a comunicarse con los demás y a tocar el piano. Yo hacia el pan, envasaba frutas y legumbres, cosía y bordaba, limpiaba la casa y cultivaba mi jardín y el huerto. Parecía que éramos la familia ideal. Nuestra relación fue en ocasiones la de una pareja feliz y en otras fue algo difícil. Todo no era perfecto porque yo no soy una mujer perfecta y el no es un hombre perfecto, pero muchas cosas eran buenas. Aunque no esperaba la perfección, continué tratando de hacer todo de la mejor manera posible.

«Entonces vino el gran golpe. Hace como un año, el me dijo que nunca me había amado y que nuestro matrimonio había sido un error desde el comienzo. Estaba convencido de que no había nada en nuestra relación que a el le interesara. Pidió el divorcio y se fue de la casa. ‘Espera’, le decía yo. ‘Por favor, no lo hagas. ¿Por que te vas? ¿Que pasa? ¡Háblame, te lo suplico! ¡Mira a los niños! Y ¿donde quedan nuestros sueños? ¡Recuerda nuestros convenios! No, el divorcio no es la solución’. Mas fue inútil. El no quiso escucharme y yo pense que me moriría.

«Ahora estoy criando sola a mis hijos. ¡Cuanto dolor, angustia y soledad se refleja en esta declaración! Me doy cuenta del porque del trauma y el enojo que mis hijos adolescentes tienen y de las lagrimas de mis pequeñas hijas. Es obvio ver el porque de tantas noches sin dormir, las demandas familiares y todas las necesidades que todos tenemos. ¿Por que me encuentro en estos apuros? ¿Que hice mal? ¿Como haré para sobrevivir en la escuela? ¿Y para sobrevivir esta semana? ¿Donde esta mi esposo? ¿Dónde esta el padre de mis hijos? Ahora formo parte del ejercito de cansadas mujeres que han sido abandonadas por sus esposos. No tengo dinero, ni educación, ni trabajo. Tengo hijos que cuidar, recibos que pagar y no mucha esperanza».

No se si su ex esposo este presente en alguna parte de este recinto. Si el me esta escuchando, tal vez me envíe una carta justificándose por lo que ha hecho. Yo se que en el conflicto de dos personas, cada una tiene su propia historia. De todas maneras, no puedo entender como un hombre que posee el santo sacerdocio y que ha entrado y tomado sobre si convenios sagrados, pueda justificarse y abandonar las responsabilidades que contrajo ante el Señor, dejando a una esposa después de dieciocho años de matrimonio y a cinco hijos que son parte de su propia carne y sangre.

Sin embargo, este problema no es nuevo. Supongo que es tan viejo como la raza humana y ciertamente existió entre los nefitas. Jacob, hijo de Nefi, habló como profeta a su pueblo y declaro:

«Porque yo, el Señor, he visto el dolor y he oído el lamento de las hijas de mi pueblo en la tierra de Jerusalén; si, y en todas las tierras de mi pueblo, a causa de las iniquidades y abominaciones de sus maridos.
«Habéis quebrantado los corazones de vuestras tiernas esposas y perdido la confianza de vuestros hijos por causa de los malos ejemplos que les habéis dado; y los sollozos de sus corazones ascienden a Dios contra vosotros» (Jacob 2:31, 35).

Permitidme leeros otra carta anónima que llego hace tiempo. Quien escribió la carta dice: «Mi esposo es un buen hombre con muchas cualidades y rasgos de carácter sobresalientes, pero a pesar de esto, su carácter es muy dominante. Además pierde el temperamento fácilmente y, cuando esto sucede, me recuerda de todo lo terrible que puede hacer.

«Presidente Hinckley,… le suplico que recuerde a los hermanos que el abuso físico y verbal hacia las mujeres es IMPERDONABLE E INACEPTABLE Y ES UNA FORMA COBARDE DE SOLUCIONAR LOS PROBLEMAS, especialmente es abominable cuando el abusador es un poseedor del sacerdocio».

Creo que la mayoría de los matrimonios en la Iglesia son felices, que ambos cónyuges en esas uniones experimentan un sentido de seguridad y amor y de dependencia mutua y que comparten las cargas igualmente. Confío en que los niños en esos hogares, por lo menos en la mayoría de ellos, crecen con un sentido de paz y seguridad, sabiendo qué ambos padres les aprecian y aman y dándose cuenta de que sus padres se aman mutuamente. Espero que haya suficiente amor y felicidad para contrarrestar el mal del que estoy hablando.

¿Quien puede calcular las heridas, su profundidad y el dolor, causados por palabras expresadas con ira? Que triste es ver a un hombre, fuerte en muchos aspectos, perder control de si mismo, cuando deja que algo insignificante destruya su autocontrol. En todo matrimonio, por supuesto, existen diferencias. Pero no encuentro justificación para el temperamento que explota en circunstancias insignificantes.

En el Antiguo Testamento, en el libro de Proverbios dice: «Cruel es la ira e impetuoso el furor» (Proverbios 27:4).

El carácter violento es una cosa terrible y corrosiva, y lo trágico de ello es que no produce nada bueno. Solo alimenta el mal resentimiento, la rebelión y el dolor. A todo hombre y joven que me escucha, que tiene problemas para controlar la lengua, os sugiero que imploréis al Señor para que os de fuerza y venzáis su debilidad, para que pidáis disculpas a vuestra esposa y a vuestros hijos y tengáis el poder de disciplinar la lengua.

A los jovencitos que estáis aquí hoy, os sugiero que controléis vuestro temperamento, en estos años formativos de vuestra vida, en estos tiempos de preparación como los llama el hermano Haight. Esta es la estación para desarrollar el poder y la capacidad de disciplinarse. Quizá penséis que es de «machos» el enojarse, decir brutalidades y profanar el nombre del Señor. Eso no es ser macho. Es una indicación de debilidad y estupidez. El enojo no es una expresión de fortaleza, sino que es una indicación de la incapacidad de controlar vuestros pensamientos, palabras y emociones. Por supuesto, es fácil enojarse. Cuando la debilidad del enojo nos controla, la fuerza de la razón nos abandona. Cultivad el maravilloso poder de la autodisciplina.

Ahora os hablaré de otro elemento que corrompe y aflige a muchos matrimonios. Para mí es interesante notar que dos de los Diez Mandamientos tienen que ver con este tema: «No cometerás adulterio» y «No codiciaras». Ted Koppel, locutor de una cadena de televisión en los Estados Unidos, dijo a un grupo de estudiantes de la Universidad Duke, con respecto a «slogans» que tenían el objeto de disminuir el uso de las drogas y la inmoralidad: «Hemos llegado a convencernos a nosotros mismos de que los dichos nos salvaran… mas la respuesta es ¡NO! No porque no sea algo de estilo o este de moda o porque tal vez termine en la cárcel o con el SIDA, sino porque es incorrecto, porque hemos pasado 5.000 años como miembros de una raza de seres humanos inteligentes, tratando de salir de un estado inferior buscando la verdad y las normas morales absolutas. En su forma mas pura, la verdad no es un golpecito en el hombro sino un fuerte reproche. Lo que Moisés trajo del Monte Sinaí no fueron ‘Las Diez Sugerencias»‘.

Pensad en ello un momento. Lo que Moisés trajo fueron Diez Mandamientos, escritos por el dedo de Jehová en tablas de piedra para la salvación y la seguridad y para la felicidad de los hijos de Israel y para todas las generaciones que vendrían de ellos.

Son muchos los hombres que, cada mañana, salen del hogar donde se quedan sus esposas, y van al trabajo donde encuentran señoritas atractivamente vestidas, y se consideran ellos mismos atractivos o como si fueran algo irresistible. Se quejan de que sus esposas no se ven tan lindas como hace veinte años cuando se casaron. A lo que yo añadiría: ¿quien podría verse linda después de vivir con vosotros durante veinte años?

La tragedia de todo esto es que a algunos hombres los ciega su propia necedad y sus propias debilidades y tiran al viento los convenios mas sagrados y solemnes que tomaron sobre si en la Casa del Señor, habiendo sido sellados por la autoridad del santo sacerdocio. Abandonan a sus esposas que han sido fieles, que los han querido y cuidado, que han luchado con ellos en tiempos de pobreza, para dejarlas a un lado en tiempos de riqueza. Dejan a sus hijos huérfanos y evitan, con toda clase de artimañas, pagar lo que el tribunal les ha impuesto para el sostenimiento de sus hijos.

¿Estoy enojado y negativo? Sí, así me he sentido después de haber visto caso tras caso durante un periodo considerable de tiempo. Pablo escribió: «porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo» (1 Timoteo 5:8). En la misma epístola le dijo a Timoteo: «…Consérvate puro» (versículo 22).

Me doy cuenta de que hay algunos casos donde las condiciones del matrimonio son intolerables. Pero estos casos son una minoría y aun bajo estas circunstancias, cuando se ha contraído matrimonio y hay hijos de por medio, hay una responsabilidad, un compromiso y somos responsables ante Dios de proveer por aquellos por quienes el padre es responsable.

La excusa de un esposo, después de dieciocho años de matrimonio y cinco niños, de que ya no quiere a su esposa, a mi parecer es una excusa débil para la violación de convenios hechos ante Dios y la evasión de responsabilidades que son la fuerza de la sociedad de la cual somos parte. El encontrar faltas solo para divorciarse es por lo general precedido por un largo periodo en el cual pequeños errores se anuncian con enojo, donde insignificantes granitos de arena se convierten en grandes montañas de conflicto. Estoy convencido de que cuanto mas se maltrate a la esposa, tanto menos atractiva llega a ser. pues pierde la confianza en si misma, llega a sentir que no vale nada y, por supuesto, todo eso se hace obvio.

El esposo que domine a su esposa, que la humille y haga demandas injustas no sólo la hiere a ella sino que el también se empequeñece. En muchos casos siembra la semilla para un comportamiento semejante de sus hijos en el futuro.

Mis hermanos, a quienes se os ha conferido el sacerdocio de Dios, vosotros sabéis, como yo lo se, que no hay felicidad que perdure, que no existe paz en el corazón, ni tranquilidad en el hogar sin el compañerismo de una buena mujer. ‘ Nuestras esposas no son inferiores.

Algunos hombres que evidentemente no son capaces de ganarse el respeto por medio de la bondad, usan como justificación de sus hechos la declaración de que a Eva le fue dicho que Adán la iba a gobernar. Cuanta tristeza, cuanta tragedia y cuantos corazones se han quebrantado a través de los tiempos debido a hombres débiles que se han valido de esa declaración para justificar su terrible comportamiento. No reconocen que en ese mismo relato Eva le fue dada a Adán como su compañera. El hecho es de que los dos se pararon uno al lado del otro en el jardín, fueron expulsados juntos del jardín, trabajaron juntos, uno al lado del otro y se ganaron el pan de cada día con el sudor de su frente.

Ahora, mis hermanos, yo se que he hablado de una minoría. Pero lo grande de esa tragedia que aflige a esa minoría y especialmente a las víctimas de esa minoría me ha impulsado a decir lo que he dicho. Hay un viejo adagio que dice «Al que le quede el saco, que se lo ponga».

Lo que he declarado lo he hecho con el deseo de que sirva de ayuda, y en algunos casos, con el espíritu de reprensión, seguido de una demostración de amor cuantioso hacia aquellos que he reprendido.

Que hermosa es la ceremonia matrimonial del joven y la señorita que empiezan sus vidas juntos, arrodillados ante el altar en la Casa del Señor, prometiéndose amor y lealtad el uno para con el otro durante esta vida y por toda la eternidad. Cuando los niños llegan a tal hogar, se les nutre, cuida, ama y bendice con la certeza de que su padre ama a su madre. En ese ambiente encuentran paz, fortaleza y seguridad. Al ver a su padre, desarrollan respeto hacia la mujer. Se les enseña autocontrol y autodisciplina, que trae la fortaleza para evitar una tragedia en el futuro.

Los años pasan, los hijos dejan el hogar, uno a uno, y los padres se quedan solos otra vez. Pero están juntos para hablar, dependen el uno del otro, se quieren, se apoyan el uno al otro. Después, llega el otoño de la vida y ven el pasado con satisfacción y felicidad. Durante todo este tiempo ha reinado la lealtad y se han tratado con consideración, con ternura, lo cual deriva de esa relación santa. Comprenden que la muerte puede llegar en cualquier momento, por lo general, primero para uno y después, tras una breve o larga separación, para el otro. Pero también saben que debido a que fueron sellados bajo la autoridad del eterno sacerdocio, sin lugar a dudas habrá una reunión muy dulce.

Hermanos, esto es lo que nuestro Padre Celestial desea. Es la manera del Señor; así lo ha indicado, y Sus profetas lo han reiterado.

Se requiere esfuerzo, autodominio y asimismo; requiere la verdadera esencia de lo que es el amor, lo cual es una preocupación constante por el bienestar y la felicidad del cónyuge. No podría desear nada mejor que esto para cada uno de vosotros y ruego que esta sea vuestra bendición individual, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Nuestros queridos niños son un regalo de Dios

Conferencia General Octubre 1991

Nuestros queridos niños son un regalo de Dios

Thomas S. Monson

Presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

«Si todos los niños pudieron contar con padres cariñosos, un hogar estable y buenos amigos, ¡que maravilloso seria su mundo! Lamentablemente, hay muchos que no tienen esa bendición.»

En el libro de Mateo leemos que después que Jesús y Sus discípulos descendieron del Monte de la Transfiguración, se detuvieron en Galilea y luego fueron a Capernaum. Los discípulos le preguntaron a Jesús: «¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?

«Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos,
«y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entrareis en el reino de los cielos.
«Así que, cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos.
«Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.
«Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mi, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar» (Mateo 18:1-6).

Es significativo que Jesús amara a esos pequeñitos que hacía tan poco tiempo habían dejado la vida premortal para venir a la tierra. Es que los niños, tanto entonces como ahora, son una bendición, despiertan nuestro amor y nos impulsan a las buenas obras.

No es de extrañar que el poeta Wordsworth haya dicho esto del nacimiento: «No viene el alma en completo olvido, ni de todas las cosas despojada, pues al salir de Dios, que fue nuestra morada, con destellos celestiales se ha vestido» (William Wordsworth, «Ode: Intimations of Immortality from Recollections of Early Childhood», The Complete Poetical Works of William Wordsworth, Londres: MacMillan and Co., 1924, pág. 359).

La mayoría de estos pequeños vienen a padres que los esperan ansiosamente y que se regocijan de tomar parte en el milagro que llamamos nacimiento. Ningún sacrificio es demasiado, ningún dolor muy grande, ninguna espera demasiado larga.

Cómo no habría de chocarnos una historia en los periódicos de los Estados Unidos que dice que «una niña recién nacida, que encontraron en un tarro de basura, envuelta en una bolsa de papel, esta en observación en el hospital. Su estado físico es bueno. ‘Es preciosa y muy sana’, dijo el encargado de prensa del hospital. La policía informó que unos hombres que recogían la basura vaciaron el tarro en un camión y notaron que algo se movía entre los desperdicios. Las autoridades es tan en busca de la madre de la criatura».

Tenemos el solemne deber, el privilegio preciado, si, la sagrada oportunidad, de recibir con amor en nuestro hogar y nuestro corazón a los niños, que hacen nuestra vida mejor.

Nuestros niños tienen tres salas de clase en las que aprender; me refiero a la sala de clase de la escuela, a la de la Iglesia y a la que llamamos el hogar.

La Iglesia siempre ha tenido particular interés en la educación publica y exhorta a sus miembros a participar en cualquier actividad que tenga como fin mejorar la educación de nuestros niños y jóvenes.

No hay nadie mas importante en la enseñanza publica que el maestro que tiene la oportunidad de amar, enseñar e inspirar a los niños y jóvenes, deseosos de aprender. El presidente David 0. McKay dijo: «El magisterio es la profesión mas noble del mundo. La estabilidad y la pureza del hogar, así como la seguridad y permanencia de una nación dependen de la educación apropiada de nuestros niños y jóvenes. Los padres dan al niño la vida; el maestro lo capacita para vivirla bien» (David 0. McKay, Gospel Ideals, Salt Lake City: Improvement Era, 1953, pág. 436). Confío en que reconozcamos su importancia y su misión vital, proveyéndoles las condiciones apropiadas para su labor, los mejores libros y sueldos que demuestren la gratitud y confianza que nos inspiran.

Todos recordamos con afecto a los maestros de nuestra niñez y juventud. Siempre me pareció gracioso que mi maestra de música fuera la señorita Bemoles. Tenia la habilidad de inculcar en sus alumnos el amor a la música y nos enseñó a reconocer los instrumentos por el sonido. Recuerdo muy bien la influencia de Ruth Crow, nuestra maestra de higiene. Aunque eran los días de la depresión económica, ella se ocupó de que todos los alumnos del sexto grado tuviéramos una gráfica del cuidado dental; personalmente se ocupaba de que todos tuviéramos la atención odontológica apropiada, ya fuera de origen privado o publico. Cuando la señorita Burkhaus, que nos enseñaba geografía, nos mostraba los mapas del mundo y nos señalaba las capitales de las naciones, con los aspectos distintivos de cada país y sus rasgos idiomáticos y culturales, ni siquiera me imaginaba que algún día conocería yo esos lugares y esos pueblos.

Es vital la importancia de estos maestros, que elevan a nuestros niños, les agudizan el intelecto y los motivan a progresar.

El aula de la Iglesia aporta su aspecto esencial a la educación de todos los niños y jóvenes. Allí, el maestro inspira a los que asisten a sus clases y sienten la influencia de su testimonio. En la Primaria, la Escuela Dominical y las reuniones de las Mujeres Jóvenes y del Sacerdocio Aarónico, hay maestros bien preparados, llamados por inspiración del Señor, que influyen en cada niño y joven para que busquen «palabras de sabiduría de los mejores libros… conocimiento, tanto por el estudio como por la fe» (D. y C. 88: 118) . Una palabra de aliento aquí y pensamiento espiritual allí afectan una valiosa vida y dejan su marca indeleble en el alma inmortal.

Hace muchos años, en un banquete, nos sentamos junto al presidente Harold B. Lee y su esposa. El le dijo a Ann, nuestra hija adolescente: «El Señor te ha bendecido con una cara y un cuerpo hermosos. Mantén igualmente bello tu interior y serás bendecida con verdadera felicidad». Este gran maestro le dio a Ann una guía inspirada para volver al reino celestial de nuestro Padre.

El maestro humilde e inspirado de la Iglesia puede despertar en sus alumnos el amor por las Escrituras. Incluso puede llevar al Salvador y a los Apóstoles de la antigüedad no sólo a la sala de clases sino al corazón, la mente y el alma de nuestros niños.

Quizás el aula mas importante de todas sea el hogar. Allí es donde se forman la actitud, las creencias mas arraigadas, y donde se fomenta o se destruye la esperanza. Nuestro hogar es el laboratorio de nuestra vida; lo que hagamos allí determinara el curso que sigamos al irnos de casa. El doctor Stuart E. Rosenberg escribió esto en su libro El camino a la confianza: «A pesar de todas las nuevas y modernas invenciones, estilos y tendencias, nadie ha inventado todavía, ni lo hará, un substituto satisfactorio de nuestra familia».

Un hogar feliz es como un cielo mas temprano en la tierra. El presidente George Albert Smith dijo: «¿Queremos tener hogares felices? Si es así, deben reinar en ellos la oración y la gratitud».

Hay veces en que los niños vienen a este mundo con un impedimento físico o mental. Por mucho que tratemos, es imposible saber por que o cómo ocurre esto. Admiro a los padres que, sin quejarse, reciben en sus brazos y en su vida a uno de estos hijos de nuestro Padre Celestial y le dedican esa medida extra de sacrificio y amor.

El verano pasado, en un campamento, observe a una madre que alimentaba pacientemente a su hija adolescente, que sufría de una incapacidad a consecuencia de problemas ocurridos al momento del nacimiento, y dependía totalmente de ella. Le daba una a una las cucharadas de comida y los tragos de agua, mientras le sostenía la cabeza. No pude menos que pensar: Durante diecisiete años, esta madre se ha dedicado a servir a su hija en todo, no pensando jamas en su propia comodidad, su propio placer, su propio alimento. Que el Señor bendiga a esos padres y a esos niños. Y lo hará.

Todos los padres saben que las emociones mas fuertes que se puedan sentir no se originan en ningún acontecimiento cósmico ni se encuentran en ningún libro, sino en el momento en que ellos contemplan a uno de sus hijos dormido. Esto me recuerda las palabras de Charles M. Dickenson:

Son ídolos del corazón y del hogar,
son ángeles de Dios disfrazados;
sus cabellos despiden rayos de sol,
la gloria de Dios brilla en sus ojos.
Estos pequeñitos que han bajado del cielo
me han hecho mas hombre y mas dulce;
y se ahora por que Jesús comparó
el Reino del Cielo con un niño.

Al tratar con niños diariamente, descubrimos que son muy perceptivos y a veces expresan verdades profundas. Carlos Dickens, el autor de Canción de Navidad, ilustró este punto al describir la humilde familia de Bob Cratchit, que se había reunido para la cena navideña, modesta pero recibida con expectativa. El padre regresaba a la casa, llevando al pequeño Tim, su hijo lisiado, sobre los hombros. Tim tenía que usar una muleta y un aparato de hierro que le sostuviera las piernas. La esposa de Bob le preguntó cómo se había portado el niño. «Bueno como un pan», dijo Bob; «aun mejor. Por estar tanto tiempo sentado, piensa mucho, y se le ocurren ideas muy extrañas. Me dijo que esperaba que la gente de la iglesia lo mirara, y al verlo invalido, recordara en esta Navidad quien hizo a los cojos caminar y a los ciegos ver» (Charles Dickens, Christmas Carol and Cricket on the Hearth, Nueva York: Grosset and Dunlop, s.f., págs. 50-51; traducción libre).

El mismo Charles Dickens afirmó: «Quiero mucho a estos pequeños, y no es un hecho insignificante que ellos, que acaban de salir de la presencia de Dios, nos amen».

Los niños expresan el amor en formas novedosas. Hace unas semanas, el día de mi cumpleaños, una preciosa niñita me regaló una tarjeta escrita por ella; en el sobre había metido un candadito de juguete que pensó que me gustaría recibir de regalo.

«Nada hay mas hermoso, entre todas las cosas bellas del mundo, que ver a un niño cuando da un regalo, por insignificante que sea. El niño pone el mundo a nuestros pies; abre el mundo ante nuestros ojos como si fuera un libro que nunca antes pudimos leer. Pero cuando da un regalo, es siempre algo absurdo… como un ángel con aspecto de payaso. En realidad, es muy poco lo que puede dar, porque sin darse cuenta, ya nos lo ha dado todo» (Margaret Lee Rubeck, Bits e Pieces, 20 de septiembre de 1990).

Así fue el regalo que Jenny me hizo.

Los niños parecen estar investidos con una fe inalterable en su Padre Celestial y en la capacidad y disposición de El para contestar sus oraciones. Cuando un niño ora, Dios escucha; lo se por experiencia personal.

Deseo contaros sobre Barry Bonnell y Dale Murphy, dos conocidos jugadores de béisbol que jugaron en el Club Braves de Atlanta. Los dos son conversos a la Iglesia; Barry Bonnell bautizó a Dale Murphy.

En la temporada de 1978, ocurrió algo que Barry describe como una «experiencia para cambiar la vida». Se encontraba luchando por mejorar, con un promedio de 200. Por ese motivo, se sentía deprimido y desdichado. No tenía deseos de acompañar a Dale Murphy al hospital cuando este se lo pidió, pero fue. Allí conoció a Ricky Little, un entusiasta admirador de los Braves, que tenia leucemia. Era obvio que el niño se hallaba muy próximo a morir. Barry buscó desesperadamente palabras de consuelo, pero nada le parecía adecuado. Al fin, le preguntó si quería que hicieran algo. El niño lo pensó y luego les pidió que cada uno hiciera una carrera para el en el siguiente partido. Barry comentó después: «Para Dale aquello no era difícil; el había hecho tantas; pero yo me encontraba luchando todavía y no había hecho ni una sola en el año. No obstante, tuve una sensación cálida y le prometí que lo haría». Esa noche Barry hizo su única carrera de toda la temporada (Jim Ison, Mormon in the Major Leagues). La oración de un niño se había contestado; se había hecho realidad el deseo de un niño.

Si todos los niños pudieran contar con padres cariñosos, un hogar estable y buenos amigos, ¡que maravilloso sería su mundo! Lamentablemente, hay muchos que no tienen esa bendición. Hay muchos que son testigos de los golpes brutales que da el padre a la madre, mientras que otros reciben ellos mismos esos golpes. ¡Que cobardía, que depravación, que vergüenza!

En todas partes llegan al hospital los pequeñitos magullados y golpeados, junto con mentiras descaradas de que «se golpeó contra la puerta» o «se cayó de las escaleras». Estos mentirosos y malvados que los maltratan algún día. cosecharan la tempestad de sus malas acciones. El niño silencioso, lastimado, ofendido, víctima a veces del maltrato y del incesto, debe recibir ayuda.

Un juez me escribió lo siguiente: «El abuso sexual de los niños es uno de los crímenes mas depravados, destructivos y desmoralizadores de una sociedad civilizada. Hay un alarmante aumento de denuncias de maltrato físico, sociológico y sexual de los niños. Nuestros tribunales están inundados de esta conducta repugnante» .

La Iglesia no acepta tal comportamiento vil y perverso, sino que condena con los términos mas severos ese trato de los hijos preciados de Dios. Debemos rescatar, enseñar, amar y sanar al niño que así sufra. Y debemos llevar al ofensor ante la justicia, hacerlo responsable de sus acciones y obligarlo a recibir tratamiento profesional que lo cure de una conducta tan diabólica. Si sabemos de alguien que lo haga y no hacemos algo por detener al culpable, nos convertimos en cómplices; compartimos su culpa; experimentamos parte del castigo.

Espero no haber hablado demasiado severamente, pero quiero a esos pequeñitos y se que el Señor también los ama. No hay un relato mas conmovedor de Su amor que la experiencia que se cuenta en 3 Nefi, cuando Jesús bendijo a los niños. Dice que Jesús sanó a los enfermos, enseñó a la gente y oró por los presentes. Citare unas hermosas palabras:

«[Jesús] tomó a sus niños pequeños, uno por uno, y les bendijo, y rogó al Padre por ellos.
«Y cuando hubo hecho esto, lloró de nuevo;
«y habló a la multitud, y les dijo Mirad a vuestros pequeñitos.
«Y he aquí, al levantar la vista para ver, dirigieron la mirada al cielo, y vieron abrirse los cielos, y vieron ángeles que descendían del cielo cual si fuera en medio de fuego… y los ángeles los ministraron» (3 Nefi 17:21-24).

Quizás os preguntéis: ¿Pasan cosas así hoy? Os contare la hermosa historia de dos abuelos que son actualmente misioneros, y de la manera en que su nietecito fue bendecido. El abuelo escribió lo siguiente:

«Mi esposa Deanna y yo estamos en una misión en Jackson, Ohio. Una de nuestras principales preocupaciones al aceptar el llamamiento era nuestra familia y el hecho de que no estaríamos para ayudarlos en sus problemas.

«Poco antes de salir, hubo que hacerle una operación a nuestro nieto de dos años y medio para corregirle un defecto en un ojo. Su madre me pidió que los acompañara porque mi nietecito y yo somos muy unidos. La operación salió bien, pero el pequeño lloró tanto antes como después porque no permitieron que entrara en la sala de operaciones ningún miembro de la familia con el, y tenía miedo.

«Unos seis meses después, estando nosotros en la misión, hubo que operarlo de nuevo para corregirle el otro ojo. La madre me llamo y me pregunto si no podría ir para acompañarlos; pero la distancia y mis obligaciones me lo impedían. No obstante, Deanna y yo ayunamos y oramos para pedirle al Señor que consolara a nuestro nieto durante su operación.

«Llamamos para saber cómo estaba y nos dijeron que el niño, recordando su experiencia anterior, no quería apartarse de los padres. Pero, tan pronto como entró en la sala de operaciones, se calmó, se acostó en la mesa, se quitó los anteojos y se mantuvo tranquilo. Sentimos mucha gratitud porque el Señor había contestado nuestras oraciones.

«Unos días después, llamamos a nuestra hija para preguntar por el. Estaba bien; ella nos relató lo siguiente: Después de la operación, al despertar, el niño le había dicho que el abuelo lo había acompañado durante la cirugía; le dijo: ‘El abuelo vino para que todo saliera bien’. Lo que pasó fue que el Señor hizo que el anestesista se pareciera a su abuelo, que se encontraba a mas de dos mil kilómetros de distancia en la misión».

Tal vez tu abuelo no estuviera junto a ti, pequeñito, pero estabas en sus pensamientos y oraciones. La mano del Señor te acunó y fuiste bendecido por nuestro Padre.

Mis queridos hermanos, que la risa de los niños nos alegre el corazón; que la fe de los niños nos serene el alma; que el amor de los niños inspire nuestras acciones. «Herencia de Jehová son los hijos» (Salmos 127:3). Que nuestro Padre Celestial bendiga siempre a esas dulces almas, a esos amigos especiales del Maestro, es mi humilde y sincera oración, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Para ser autosuficientes

Conferencia General Octubre 1991

Para ser autosuficientes

Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

«El principio de la autosuficiencia es tanto espiritual como temporal. No es un plan para el fin del mundo; es un plan que debemos practicar todos los días de la vida.»


Después de andar por el desierto durante ocho años, Lehi y su familia llegaron a una tierra que llamaron Abundancia por sus muchos frutos y miel silvestre. Llegaron a un gran mar y se regocijaron en el Señor porque los había preservado. Tras haber estado en la tierra de Abundancia muchos días, el Señor habló a Nefi y le dijo: “Levántate y sube al monte” (1 Nefi 17:7)

Nefi obedeció al Señor; subió al monte y oró. Y el Señor dijo a Nefi: “Construirás un barco, según la manera que yo te mostrare, para que yo pueda llevar a tu pueblo a través de estas aguas” (1 Nefi 17:8).

Entonces, Nefi le pregunto al Señor, “¿dónde iré para encontrar el metal para fundir, a fin de que yo pueda hacer las herramientas para construir el barco, según el modo que tú me has mostrado?” (1 Nefi 17:9).

El Señor dijo a Nefi adonde debía ir para hallar el metal, y luego le dejó para que actuara por su cuenta. En el capítulo 17 de 1 Nefi leemos:

“Y sucedió que yo, Nefi, hice unos fuelles con pieles de animales para avivar el fuego; y después que hube hecho los fuelles que necesitaba para avivar la llama, golpee dos piedras, la una contra la otra, para producir fuego… Y sucedió que hice herramientas con el metal que fundí de la roca”.

Ese es uno de los relatos más interesantes que tenemos en las Escrituras porque menciona una ocasión en la que el Señor brindó Su ayuda, pero luego se hizo a un lado para permitir que uno de Sus hijos actuara por su propia iniciativa. A veces me he preguntado que habría ocurrido si Nefi hubiera pedido al Señor las herramientas en vez del lugar donde hallar el metal para hacerlas. Dudo de que el Señor hubiera accedido a esa petición. El Señor sabía que Nefi podía hacerlas, y el Señor rara vez hará por nosotros lo que nosotros mismos podemos hacer.

El Señor si nos ayuda cuando acudimos a Él en los momentos de necesidad, sobre todo cuando somos dedicados a Su obra y hacemos Su voluntad. Pero el Señor solo ayuda a los que están dispuestos a ayudarse a sí mismos. El espera que Sus hijos sean todo lo autosuficientes que puedan ser.

Brigham Young dijo a los santos: “En lugar de buscar lo que el Señor hará por nosotros, averigüemos lo que podemos hacer por nosotros mismos” (Journal of Discourses, 9, pág. 172).

La independencia y la autosuficiencia son indispensables para nuestro progreso espiritual y temporal. Cada vez que nos pongamos en situaciones que amenacen nuestra autosuficiencia, descubriremos que también amenazaran nuestra libertad. Si aumentamos nuestra dependencia en algo o alguien que no sea el Señor, hallaremos una inmediata disminución en nuestra libertad de actuar. Como lo dijo el presidente Heber J. Grant: “Nada destruye más la individualidad de un hombre, una mujer o un niño que el no ser autosuficientes” (Relief Society Magazine, oct. 1937).

Nunca antes en mi vida me han parecido más necesarias la enseñanza y la práctica de la autosuficiencia para el beneficio de los santos. Vivimos en tiempos de cambios súbitos. Gobiernos que surgen y caen. Industrias que prosperan y que poco después fracasan. Nuevos descubrimientos científicos que pronto son desplazados por otros más nuevos. Si no aumentamos constantemente nuestro entendimiento y nuestra visión, nosotros también nos quedaremos atrás. La investigación nos dice que las personas que entran hoy en el campo laboral se verán obligadas a buscar de tres a cinco ocupaciones distintas antes de jubilarse.

¿Qué debemos hacer para ser más autosuficientes?

Mis padres establecieron una tradición en la familia que me divertía de niño y que ha adquirido mayor significado para mí con el paso de los años. En el primer cumpleaños de cada hijo, la familia se reunía en el salón, en el centro del cual mis padres ponían varias cosas para que el pequeño escogiera. La selección quizá indicaría el interés que el chico tendría en la vida. Los artículos eran la Biblia, un biberón lleno de leche, un juguete y una alcancía llena de monedas. Se colocaba al niño a un lado del salón y la familia se situaba al otro lado. Entonces se instaba al niño a gatear hacia los objetos y escoger. Eso era todo en broma, desde luego.

Me han dicho que yo escogí la alcancía, e hice de las finanzas mi profesión. Vi a mi hermano Ted escoger las Escrituras, y el siguió la carrera de derecho; pero siempre se ha basado en las Escrituras para hacer sus fallos. Mi hermano menor Bob ha sido el de los intereses más bien redondeados. Tras llegar gateando, se sentó en la Biblia, se llevó el biberón a la boca, luego tomó el juguete con una mano y, con la otra, tomó la alcancía.

En esa entretenida actividad familiar, pienso que podemos hallar los principios fundamentales de la autosuficiencia. Primero, las Escrituras representan nuestra necesidad de alimentarnos espiritualmente. En las Escrituras el Señor revela a Sus hijos Su voluntad. Desde el principio del tiempo, Él ha mandado a Sus profetas registrar lo que les ha hecho saber para el beneficio de Sus hijos. Las Santas Escrituras contienen valores eternos; son el fundamento sólido sobre el cual podemos edificar una feliz vida mortal. Nos volvemos más autosuficientes cuando estudiamos las Santas Escrituras, las cuales enseñan los principios que nos brindan un centro divino en esta vida terrenal.

Debe consolarnos el que tengamos como guía el mejor texto que se ha escrito o que jamás se escribirá. Podemos buscar 2 Reyes, capitulo cinco, y aprender de la obediencia. Podemos estudiar la vida de Job y aprender de la integridad. El discurso del rey Benjamín en Mosíah nos enseña de la laboriosidad. La vida de José, Génesis, capitulo 39, nos indica lo que debemos hacer cuando nuestra norma de moralidad se pone a prueba.

Esos son solo unos pocos ejemplos de las lecciones que podemos aprender de las Santas Escrituras; son lecciones que han soportado la prueba del tiempo. Nuestro cometido es hacerlas cobrar vida en el alma y la mente de nuestros hijos al asumir el deber de enseñarles.

Segundo, el biberón lleno de leche simboliza la necesidad de alimentar el cuerpo físico. El Plan de Bienestar, utilizando un círculo dividido en sectores, nos ha enseñado a definir los aspectos esenciales de la autosuficiencia temporal, los cuales son: los estudios seculares, la salud física, la ocupación, el almacenamiento en el hogar, la administración de los recursos, y la fortaleza social, emocional y espiritual.

Este verano mi esposa y yo tuvimos la oportunidad de conversar con un hermano octogenario, que ha atendido a todos esos aspectos en su vida; nació en un pueblo pequeño de Idaho, y trabajaba largas horas en el campo para pagarse los estudios. Dedicó su vida profesional a enseñar inglés y español en una pequeña escuela secundaria. A fin de ahorrar para la misión y la educación de sus varios hijos, se dedicó a cultivar fresas y frambuesas, las que vendía a los mercados locales. En ese trabajo se ocupaba los veranos.

A causa de que el cultivo de esas frutas exige mucho trabajo, pocas personas las cultivaban. Pero la demanda de esas bayas era grande, por lo que sabía que vendería todas las que produjera. No satisfecho con la producción que conseguía, comenzó a estudiar otras variedades de arbustos para hallar los que producían más. Su huerto era literalmente un campo de cultivo experimental de diversos arbustos para descubrir los que producirían los frutos más dulces y más abundantes en ese clima en particular. Con sus esfuerzos, logró una mayor producción. Ese trabajo le hizo conservar la salud. El campo de bayas significaba un empleo automático para sus hijos todos los veranos; a cambio de la fruta que llevaban al mercado recibían no sólo dinero en efectivo sino también otros productos para usar en casa. Administrando sabiamente sus recursos, se construyó una bonita casa a la vez que satisfacía las necesidades de su familia.

Este hermano se complacía en el plan del Señor de multiplicar y henchir la tierra, lo cual le brindó fortaleza social, emocional y espiritual. Ya jubilado de su labor docente, sigue cultivando sus bayas, no por dinero sino por satisfacción. Seis mañanas a la semana, durante la temporada de la siega, se le ve al frente de una caravana de diez a doce vehículos salir de la ciudad en dirección al campo de cultivo. Van allí familias a recolectar los frutos para su propio almacenamiento. Le pregunte cuanto cobraba por caja si uno mismo recolectaba los frutos, y me contestó: “No lo sé. Me doy por pagado al ver la expresión de alegría de la gente al salir del campo llevando los frutos de su trabajo en los brazos”.

Sin duda hay miles de formas en que las familias pueden volverse autosuficientes trabajando juntas en actividades fructíferas. Quizá de una buena conversación de noche de hogar surjan ideas para lograr que la familia sea temporalmente más autosuficiente.

Tercero, el juguete que mencione al principio representa la adquisición de cosas del mundo. Nos bombardean en la actualidad convincentes anuncios que nos dicen “compre ahora y pague después” en, según afirman, “cómodos pagos mensuales”. Vivimos en un mundo impaciente donde todo el mundo lo desea todo al instante. La adquisición de bienes materiales parece fomentar el apetito de tener más en lugar de constituir una satisfacción duradera.

El usar nuestros recursos y bienes con prudencia, así como el extender su durabilidad, nos servirá para ser más autosuficientes. Hace poco vi a una familia que se mudaba de casa y me llamó la atención ver que sacaban unas cajas con unos rótulos que decían “ropa de niña de 2 años”, “ropa de niña de 3 años”, y así sucesivamente. Es evidente que esa familia tenía un bien concebido plan para utilizar de la mejor forma la ropa que habían comprado.

Vivimos en un mundo bendecido con gran abundancia. Tomemos las medidas indispensables para que los bienes y los recursos con que seamos bendecidos nunca sean desperdiciados.

Por último, el cuarto artículo, la alcancía, que es símbolo de nuestro bienestar económico. Aprendí una gran lección al comenzar a trabajar en el mundo de los negocios. Un día mi jefe me llamó a su despacho y me dijo: “Deme una definición de lo que es el interés”. Desde luego, recordé lo que había aprendido en la universidad y le di una definición de ello de un libro de texto. Él me dijo: «No, no, no, eso no es lo que quiero. Escuche y recuerde esta otra: ‘Los que comprenden el interés… lo ganan; los que no lo comprenden… lo pagan».

Y no hay que ser un genio para comprender que para ganar intereses, primero hay que tener unos ahorros. Para tener ahorros y seguir al mismo tiempo aumentando el nivel de vida, hay que comprender una sencilla práctica y en seguida aplicarla religiosamente. Después de pagar el diezmo al Señor, pagaos vosotros mismos una cantidad predeterminada y ponedla en vuestros ahorros. El saldo es para los impuestos, la comida, la ropa, la vivienda, el transporte, etc. Me sorprende que tantas personas trabajen toda su vida para pagar al supermercado, al dueño de la casa, a la compañía de electricidad, al vendedor de automóviles y al banco, y, no obstante, estimen en tan poco su propio trabajo que no se pagan nada a sí mismas.

Sed prudentes, sabios y moderados en vuestros planes de inversión. Si constante y regularmente añadís a vuestras inversiones, juntareis vuestros fondos de emergencia y de jubilación, los cuales os servirán para progresar y para ser autosuficientes.

El principio de la autosuficiencia es tanto espiritual como temporal. No es un plan para el fin del mundo; es un plan que debemos practicar todos los días de la vida. Que sigamos aferrándonos firmemente a las verdades eternas de la autosuficiencia, es mi oración en el nombre de Jesucristo. Amen.

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Que Jehová os bendiga y os guarde

Conferencia General Octubre 1991logo 4
Que Jehová os bendiga y os guarde
Presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson«Los oradores de la conferencio han hecho hincapié en los problemas de nuestra época y en la necesidad que tenemos de asegurarnos de que nuestra vida este de conformidad con los principios del evangelio.»

Es costumbre que el Presidente de la Iglesia dirija la palabra al cierre de las conferencias generales. Seria un placer para todos nosotros si el presidente Ezra Taft Benson pudiera dirigirnos la palabra. A los 93 años de edad, no sufre dolores físicos, se desplaza de un lugar a otro, se reúne en ocasiones con la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce y esta al tanto de vuestra fe, de vuestras oraciones y expresiones de amor hacia el. Nos sentimos agradecidos que el Presidente Benson haya podido asistir a parte de las sesiones de apertura del sábado y del domingo en la mañana.

Como nuestro querido Profeta no podrá dirigirnos la palabra, se me ha pedido que lo haga en su nombre. Por eso ruego que el Señor me de la inspiración que necesito al ser el portador del amor y consejo del Profeta.

Esta ha sido una gloriosa conferencia. Los oradores han sido inspirados, las oraciones que se han ofrecido han salido del corazón, y por cierto que la música ha sido «la canción de los justos» y «una oración para [el Señor] » (véase D. y C. 25:12). Expresamos nuestro agradecimiento a todos aquellos que de alguna forma hayan hecho de esta una conferencia memorable.

Extrañamos al élder Derek A. Cuthbert, quien regresó a su hogar celestial el 7 de abril de 1991; rememoramos el testimonio que tenia de la verdad concerniente a su obra y nos maravillamos por todo lo que logró hacer, aun con las limitaciones de su salud. En nuestras oraciones tenemos presentes a su esposa Muriel y a cada uno de sus hijos.

Los oradores de la conferencia han hecho hincapié en los problemas de nuestra época y en la necesidad que tenemos de asegurarnos de que nuestra vida este en armonía con los principios del evangelio, de que todos seamos dignos de contar con la compañía del Señor para que nos guíe en nuestra jornada terrenal y, por medio de la obediencia a Sus mandamientos, seamos merecedores de las bendiciones que El desea darnos. Seguir leyendo

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Regocijaos «en todo el bien»

Conferencia General Octubre 1991logo 4
Regocijaos «en todo el bien»
Chieko N. Okazaki
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Chieko N. Okazaki«No tenemos que recibir una asignación del obispo para ser bondadosas. No tenemos que anotarnos en una lista para ser considerados.»

Mis queridas hermanas: no pueden imaginar la alegría que siento al estar aquí, al ver sus rostros y oír su canto, consciente de los sistemas electrónicos y de satélite que nos unen a otras congregaciones de hermanas de todo el mundo. Pero esas son las conexiones visibles; invisibles, pero no menos reales, son las conexiones del espíritu y de la hermandad que nos unirán durante el año que viene, en el cual celebraremos el sesquicentenario de la Sociedad de Socorro.

Dondequiera que estén, cualquiera que sea la ropa que lleven puesta o cualquiera que sea el idioma en que nos oigan, ustedes son parte de una fuerza poderosa de alegría, paz y bondad. Estamos aquí para regocijarnos juntas «en todo el bien» (Deuteronomio 26:11).

La fortaleza y la alegría del vivir cristiano y centrado en Cristo nos da «razón para regocijarnos» (Alma 26:35). Quisiera nombrar tres bendiciones de nuestra fe en Cristo por las que nos regocijamos: Primero, regocijémonos por nuestra hermandad; segundo, regocijémonos por nuestra diversidad, y tercero, regocijémonos por las oportunidades que tenemos de prestar servicio caritativo a nuestros semejantes.

Primero, entonces, regocijémonos en nuestra hermandad. Miren alrededor de ustedes donde se encuentren. ¿Cuantas son? Tal vez sean miles, como las que nos encontramos en este tabernáculo. Si usted es una de muchas, de gracias a nuestro Padre Celestial; si es una de pocas, alabe a Dios. Hubo solo dieciocho en Nauvoo en 1842. Sean como la generación de Nauvoo en su barrio o rama. Recuerden que no están solas y que pertenecen a una hermandad de tres millones de mujeres. Una erudita en historia dijo:

«La hermandad es el vinculo que une a las mujeres a niveles profesionales y públicos, desde sencillas amistades a grandes organizaciones. En ese sentido, las mujeres mormonas tienen un patrimonio de hermandad excepcional. Seguir leyendo

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Sed pues un ejemplo

Conferencia General Octubre 1991logo 4
Sed pues un ejemplo
Ruth B. Wright
Segundo Consejera de la Presidencia General de la Primaria

Ruth B. Wright«Una de las formas en que podemos sentir el amor de Cristo es por medio del ejemplo de otros personas cuando tratan de emular Su vida.»

Las mejores conversaciones se entablan alrededor de la mesa de la cocina. Muchas veces hemos reído, llorado, compartido nuestros sentimientos, esperanzas y sueños y hasta analizado nuestras diferencias; hemos resuelto los problemas del mundo y reconocido nuestros puntos fuertes y débiles y lo hemos hecho hasta las primeras horas de la mañana. Supongo que algunas de ustedes se estarán preguntando: «¿Y que tiene que ver la mesa de la cocina de la familia Wright con el discurso?» ¡No tiene que ver nada! Pero cómo me gustaría que todos estuviésemos alrededor de esa mesa en este momento. Con toda seguridad que yo me sentiría mucho mejor. Entonces podríamos reflexionar, compartir nuestras ideas y sentimientos y llegar a una conclusión todas juntas. Debido a que no podemos hacerlo, las invito para que mentalmente se sienten alrededor de mi mesa mientras les hablo acerca de algunos de mis pensamientos e ideas.

Estoy agradecida por el hermoso mensaje que acabamos de escuchar del coro. Yo también siento el amor de nuestro Salvador. Su espíritu alienta mi alma. Me ha envuelto con Su amor y reconozco las bendiciones que El me ha dado. Es mi deseo seguirlo a medida que me esfuerzo en servirlo.

Una de las formas en que podemos sentir el amor de Cristo es por medio del ejemplo de otras personas cuando tratan de emular Su vida. Mi abuelo Broadbent fue uno de esos hombres. El enseñó por medio del ejemplo. Nunca envió a sus diez hijos a trabajar solos; el fue siempre con ellos y trabajaron uno al lado del otro.

El le enseñó a mi padre cómo hacer mas divertida la tarea de cavar pozos cuando hacíamos los cercos. Nos apresurábamos para ver quien terminaba primero. El creía en el principio de que un trabajo hay que hacerlo y hacerlo bien hasta el final. No sólo trabajó arduamente sino que estaba dedicado a vivir de acuerdo con el evangelio. Aceptó el plan del evangelio sin dudar en nada. Durante el ajuste de diezmos toda la familia asistía y se hacia responsable de sus propias ganancias. El envió a sus hijos a la misión cuando no había dinero, durante los años de la depresión económica. Amó al Señor y su palabra. Recuerdo la infinidad de veces que le visite en su casa cuando yo era una adolescente. Lo encontraba sentado en la silla de cuero negro leyendo las Escrituras. Seguir leyendo

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Sigamos a Cristo en palabra y obra

Conferencia General Octubre 1991logo 4
Sigamos a Cristo en palabra y obra
Elder Rex D. Pinegar
De la Presidencia de los Setenta

Rex d .Pinegar«Comprometámonos de corazón a poner a Jesucristo primero en nuestros pensamientos y en nuestras obras.»

Hermanos, es un placer estar aquí con vosotros esta noche. Hace pocas semanas, en una reunión de testimonios con las Autoridades Generales, el presidente Gordon B. Hinckley dijo: «Es fácil ser mormón y aceptar la doctrina, pero es difícil ser cristiano y seguir a Cristo en palabra y obra».

Las palabras del presidente Hinckley me vinieron a la mente con mas intensidad cuando estaba leyendo un libro de Michael H. Hart, titulado: Las cien personas que han tenido mas influencia en la historia. Me sorprendió y desilusiono que el señor Hart pusiera a Jesucristo tercero en la lista de personas que han tenido mayor influencia en el curso de la historia de la humanidad.

La razón por la que este autor puso a Jesús en tercer lugar es la siguiente:

«El impacto que Jesús causó en la historia es tan obvio y tan enorme que pocas personas dudarían de ponerlo casi al principio de la lista. En realidad, la pregunta que se harán es por que Jesús… no esta en primer lugar».

El autor reconoce que las enseñanzas de Jesucristo son «sin duda de las ideas mas maravillosas y originales que se hayan expresado. Si el mundo las siguiera, yo no dudaría en colocarlo primero en este libro». (Michael H. Hart, págs. 47 y 50, Cita del Press, Secaucus, Nueva Jersey).

¡Que observación tan punzante y quizás verdadera: Si el mundo siguiera las enseñanzas de Jesús, Hart no dudaría en colocarlo primero!

Con esto en mente, pienso que es apropiado que nos preguntemos: «¿Qué lugar ocupa Jesucristo en nuestra vida? ¿El primer lugar como le corresponde? Pero, tal vez una pregunta mas importante seria: «¿Qué lugar ocupamos como seguidores de Jesucristo? ¿Vivimos como cristianos en palabra y obra?»

Esto tiene mucha importancia para nosotros, ya que, como poseedores del sacerdocio, se nos ha otorgado el poder y la autoridad para oficiar en el nombre de Jesucristo. Tenemos el deber y el privilegio sagrados de llevar Su nombre con dignidad. Mas que para nadie, Su influencia debe ser la mas importante en nuestra vida, para que nuestras acciones reflejen lo que predicamos. Si lo hacemos, Sus enseñanzas y todo lo que Su vida representa tendrán el honor y la influencia que les corresponde en el mundo. Seguir leyendo

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Un ejemplo para los creyentes

Conferencia General Octubre 1991

Un ejemplo para los creyentes

M. Russell BallardÉlder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

«Cuando hayáis hecho lo mejor que habéis podido, sentíos satisfechas y no miréis hacia atrás… En vez de disgustaros con vosotras mismas por lo que no habéis hecho felicitaos por lo que habéis hecho.»

Mis queridas hermanas, tanto jovencitas como mayores, es un gran honor para mi hablaros algunos minutos esta noche. Ruego que el Señor me bendiga para que mis palabras os sean de beneficio.

Me doy cuenta de que sois un auditorio muy variado. Veo hermosas caras jóvenes e inocentes en donde se refleja la alegría de vivir. Veo también abuelas de cabellos blancos, que irradian un sincero amor por el Señor. Sin duda algunas de vosotras os habéis bautizado recientemente mientras que otras habéis pasado la vida sirviendo fielmente en la Iglesia.

Entre vosotras hay casadas y solteras, divorciadas y que estáis criando a vuestros hijos solas, y viudas. Muchas de vosotras tenéis salud y felicidad y gozáis de armonía espiritual, mientras que otras lleváis la carga de enfermedades, soledad y tal vez estáis luchando por encontrar la paz mental. También es muy posible que otras os estéis esforzando por ser «supermamás». Sentís la necesidad de pasar tiempo con vuestro marido y vuestros hijos; queréis aseguraros de tener la oración familiar, hacer la noche de hogar y leer las Escrituras. Además, sentís que tenéis que ayudar a los hijos con las tareas escolares y las lecciones de música; mantener la casa en orden y preparar comidas nutritivas; mantener la ropa limpia y arreglada; llevar a los niños y posiblemente a los amiguitos a distintas lecciones, practicas y juegos; aseguraros de que estén donde deben estar y cuando deben estar. Y todo dentro de la familia y el hogar. ¡El sólo leer todo esto me cansa! Esto no incluye la Asociación de Padres y Maestros, el servicio voluntario, el cuidar a los familiares enfermos o ancianos. Sentís la necesidad de proteger a vuestras familias de las muchas influencias malas del mundo como los programas de televisión, las películas y los videos de dudosa moralidad, el alcohol, las drogas y la pornografía. Sois dedicadas y cumplís fielmente vuestros llamamientos de la Iglesia. Además, muchas de vosotras debéis salir a ganaros el sustento porque las presiones económicas son reales y no se pueden pasar por alto. Si algo quedara de lado o se descuidara, quizás sentiríais que habéis fracasado.

A las que os sintáis preocupadas y abrumadas y os preguntéis si podréis correr lo bastante rápido para lograr hacer todo lo que pensáis que deberíais hacer, os sugiero que aprendáis a enfrentar las tareas de cada día lo mejor que podáis, sin sentimientos de culpabilidad o ineptitud. Me contaron de un cartel que vieron pegado en el parachoques de un automóvil que parece decirlo todo: «Dios me puso en la tierra para que hiciera cierta cantidad de cosas. En este momento estoy tan atrasado, que si tengo que hacer todo antes de morir, no voy a morir jamás . Seguir leyendo

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Una etapa de preparación

Conferencia General Octubre 1991logo 4
Una etapa de preparación
Elder David B. Haight
Del Quórum de los Doce Apóstoles

David B. Haight«Los años del Sacerdocio Aarónico son años fundamentales de preparación… valiosos años de la adolescencia para prepararse para la vida: voliosísimos años llenos de vividas e inolvidables experiencias espirituales.»

Doy gracias al Señor por la magnifica oportunidad de estar aquí con tantos poseedores del sacerdocio. Ruego que mis palabras sean apropiadas y que se oigan y se entiendan con claridad.

Algunos de ustedes acaban de cumplir los doce años de edad y son diáconos nuevecitos Muchos de ustedes tienen trece, catorce, dieciséis o más años. Deseo hablar especialmente a ustedes los del Sacerdocio Aarónico; si los demás desean escuchar, pueden hacerlo.

Algunos de ustedes acaban de celebrar su cumpleaños. Yo acabo de celebrar el mío: el número 85. Les ha gustado su fiesta de cumpleaños y a mí, la mía. A ustedes les acompañaron sus jóvenes amigos y a mí, mis viejos amigos. Hay una gran diferencia entre nosotros. He tenido setenta y tantos años mas de experiencia y aprendizaje que ustedes; he sido muy bendecido con una vida fascinante, activa y, espero, que también fructífera: toda una vida de presenciar el mundo en acción. He sufrido muchas desilusiones y pesares, pero siempre he tenido oportunidades, nuevos horizontes y bendiciones sin medida. También he aprendido importantes lecciones y verdades. Una de ellas, el lema Scout «Siempre listo» me ha resultado muy útil.

Me crié en un pueblecito rural de Idaho. El fútbol americano llegó a nuestra escuela secundaria mas tarde que a las demás. Era 1923. No teníamos ni equipo ni entrenador. Pero al fin llegó el gran día en que el director pudo comprar doce uniformes de fútbol baratos …pero no pudo comprar zapatos con clavos acodillados, por lo que usamos las zapatillas de básquetbol. Nombraron al profesor de química para que fuese nuestro entrenador porque una vez había visto un partido de verdad.

El nos enseñó unos pases sencillos y a atajar al adversario, y quedamos listos para jugar… o eso era lo que creíamos. Comenzamos nuestro primer juego con el equipo «Twin Falls», campeón del Estado de Idaho del año anterior. Seguir leyendo

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Y ahora usted sabrá

Conferencia General Octubre 1991logo 4
«Y ahora usted sabrá»
Elder Joseph C. Muren
De los Setenta

Joseph C. Muren«Yo había recibido un testimonio, un don de nuestro Padre Celestial, el que, al cultivarlo y atesorarlo, llegaría a tener un efecto perdurable durante todo momento de mi vida.»

Mi conversión al evangelio y mi bautismo en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días comenzó hace unos 37 años cuando, durante mi primer año de estudios universitarios, el élder Henry Eddington, de Soshone, Idaho y el élder Eleazer Asay, de Orem; Utah, empezaron a enseñarme el Evangelio restaurado de Jesucristo.

Las charlas me tenían intrigado. Sentía un gran estimulo intelectual debido al nuevo conocimiento que estaba adquiriendo gracias a aquellos dos maduros representantes de la Iglesia, quienes habían recibido el llamado a servir en una misión en el ocaso de sus vidas.

El élder Eddington dirigía la charla esa ultima noche que tendríamos juntos antes de mi regreso a la universidad. El estaba repasando la razón por la que se hacia necesaria una restauración. En un determinado momento, hizo una pausa y dio solemne testimonio de la veracidad de su mensaje y, extendiendo la única mano que tenia, la descansó en mi rodilla y me dijo: «Y ahora usted sabrá que es verdadero».

El Espíritu de Dios penetró en mi cuerpo como fuego, al punto de que parecía que me iba a consumir. Me dejó físicamente exhausto pero con una seguridad total de que la Iglesia era verdadera. Así fue como lo supe por mi mismo.

Fue 30 años después, mientras cumplía una asignación en el estado de Idaho, que una hermana se me acercó y me pregunto si al día siguiente, sábado, estaría disponible para ir a almorzar a su casa. Sin aguardar mi respuesta, me dijo que era Velma Holsinger, la hija de Henry Eddington, uno de los élderes que me había enseñado el evangelio en California. Me dijo que tenia en su poder el diario misional de su padre y que había marcado las páginas que se referían a mi conversión.

Al otro día llegue exactamente a la hora concertada y leí ansiosamente las páginas marcadas. Me llamaron la atención en particular aquellos pasajes que se referían a la experiencia que me permitió saber en cuanto a la veracidad del evangelio. Seguir leyendo

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Venid a la casa del Señor

Conferencia General Abril 1992logo 4
Venid a la Casa del Señor
Elder David B. Haight
Del Quórum de los Doce Apóstoles

David B. Haight«Sed dignos de asistir al templo y hacedlo con frecuencia. Con ello, no solamente bendecís a los que han fallecido, sino que podréis participar libremente en la revelación personal prometida.»

En la primera revelación que se registró en esta, la ultima dispensación, nuestro Señor instruyó a José Smith concerniente a lo que quizás sea la obra mas grande de esta dispensación: sellar a los vivos a sus familiares y a sus progenitores (véase D. y C. 2). Inscritas en placas de bronce, a la entrada del Templo de Alberta, Canadá, están las siguientes palabras de Orson F. Whitney, un Apóstol de hace ochenta años:

Puras sean las almas que entren en este edificio,
donde se sirve un festín, desconocido en lugar menos propicio.
Aquí satisfaceos, pues Dios todo lo ha dado,
y disfrutad del gozo celestial allí entrando.
Aprended aquí que sobre la muerte el Señor triunfó,
y que al hombre las llaves de Su Reino entregó.
Unidos por poderes que enlazan el pasado y el presente
encuentren unos y otros perfección eternamente.

Estas tiernas palabras recuerdan a los que hayan entrado en el templo las importantes verdades del servicio que allí prestan; les recuerdan que todo el que entre puede hacerlo sintiendo el amor de nuestro Padre Celestial.

«Puras sean las almas…» Con esta frase, el élder Whitney enseña la importancia de prepararse debidamente para entrar en el templo. Los que asistimos al templo debemos vivir de manera de ser dignos de hacerlo y de participar plenamente en el regocijo al cual él se refirió.

En nuestra entrevista anual con los líderes del sacerdocio para obtener la recomendación para entrar en el templo, examinamos nuestra dignidad. Nuestra firma, con la de ellos, testifica que somos dignos de entrar en el templo. Es muy importante ser totalmente honrado con el obispo, ya que si no es así crea una falta de integridad, la cual empeora la gravedad de los pecados que no se hayan confesado. Seguir leyendo

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Aprendamos, hagamos, seamos

Conferencia General Abril 1992logo 4
Aprendamos, hagamos, seamos
Presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. Monson«Recordad que esta obra no es únicamente nuestra; es la obra del Señor, y cuando estamos al servicio del Señor, tenemos derecho a recibir Su ayuda.»

Verdaderamente es un real sacerdocio el que se ha reunido esta noche. El Tabernáculo de la Manzana del Templo esta repleto y hay gente en el Salón de Asambleas, así como en las capillas de varios países del mundo. Probablemente, esta sea la asamblea mas grande de poseedores del sacerdocio en la historia. Es inspirador ver vuestra devoción hacia vuestros llamamientos sagrados; es evidente que deseáis aprender vuestro deber. La pureza de vuestra alma hace acercar el cielo a vosotros y vuestra familia.

Estos son tiempos económicos difíciles. Las reducciones de personal, las cesantías en gran escala y el resultante traslado de familias presentan serios problemas.

Debemos asegurarnos de que aquellos de quienes seamos responsables no pasen hambre, ni necesidad de ropa o de vivienda. Cuando el sacerdocio de esta Iglesia trabaja en unión para resolver estas desagradables condiciones, ocurren poco menos que milagros.

Exhortamos a todos los Santos de los Últimos Días a ser prudentes para planear, conservadores en su estilo de vida y a evitar las deudas excesivas o innecesarias. Los asuntos financieros de la Iglesia se administran de ese modo, porque sabemos que vuestros diezmos y otras contribuciones no llegan a nuestras manos sin sacrificio, y son fondos sagrados.

Hagamos de nuestro hogar un santuario de rectitud, un lugar de oración y morada de amor, a fin de merecer las bendiciones que sólo pueden venir de nuestro Padre Celestial. Necesitamos Su guía en nuestra vida cotidiana.

En este inmenso grupo hay poder del sacerdocio y capacidad para dar a conocer a otros el glorioso evangelio. Tenemos las manos necesarias para levantar a los demás de la pasividad y la inactividad; tenemos el corazón para servir fielmente en nuestros llamamientos del sacerdocio y así inspirar a otros a caminar por senderos mas altos y evitar los pantanos del pecado que amenazan tragar a tantas personas. El valor de las almas es ciertamente grande a la vista de Dios. Armados con este conocimiento, tenemos el preciado privilegio de llevar a cabo un cambio en la vida de otros. Estas palabras de Ezequiel podrían aplicarse a todos nosotros, los que seguimos al Salvador en esta sagrada obra: Seguir leyendo

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