Conferencia General Abril 1992 Busquemos lo bueno
Elder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles
«Para los miembros de la Iglesia, el buscar lo bueno es más que un alto ideal. Es una obligación que aceptamos cuando entramos en los aguas del bautismo.»
Mis estimados hermanos y hermanas, considero un privilegio el estar aquí, en esta ocasión, y tener la oportunidad de expresar mi testimonio en cuanto a la veracidad del evangelio y mi amor hacia sus líderes. Ruego que el Espíritu del Señor me acompañe mientras os dirijo la palabra.
He asistido a las conferencias desde que tenía aproximadamente cinco años de edad. Recuerdo que mi padre y yo solíamos sentarnos en la tercera fila de la sección del centro. Siempre me gustaron todas las conferencias a las que me llevó, pero creo que nunca he asistido a una que fuera mejor o más inspirada que esta. Cabe mencionar también que quizás sea la más larga, ya que soy uno de los últimos discursantes.
Un documento clave de la restauración del evangelio es la carta que el profeta José Smith escribió en respuesta a una pregunta de John Wentworth, editor de un diario de Chicago. En esa carta, el Profeta escribió un resumen del origen, progreso, persecución y fe de los Santos de los Últimos Días. Es uno de los primeros relatos publicados de los acontecimientos ocurridos en el período de treinta y seis años después del nacimiento del Profeta. La última parte de la carta, los Artículos de Fe, es una declaración de las principales creencias de la Iglesia. El hecho de que una persona inspirada de los cielos y no un grupo de eruditos escribiera este documento es otra evidencia del llamamiento divino de José Smith (Elementos de la Historia de la Iglesia, pág. 332).
La palabra buscar significa tratar de obtener, procurar. Esto requiere una actitud enérgica y positiva. Por ejemplo, Abraham buscó «las bendiciones de los patriarcas… y ser un partidario más fiel de la justicia» (Abraham 1:2). Es lo opuesto a esperar pasivamente que nos llegue algo bueno, sin hacer ningún esfuerzo de nuestra parte.
Podemos llenar nuestra vida de cosas buenas, sin dejar lugar para nada más. Tenemos tanto bueno para elegir que no tenemos por qué hacer lo malo. El élder Richard L. Evans dijo: «Lo malo está en el mundo, pero también esta lo bueno. Está en nosotros distinguir y elegir entre los dos, para crecer en autodisciplina, en capacidad, en bondad, para seguir adelante -paso a paso- un día, una hora, un momento, una tarea a la vez» (Richard L. Evans, Thoughts for Cone Hundred Days, 5 tomos; Salt Lake City: Publishers Press, 1970, pág. 4:199) Seguir leyendo →
«El Señor ha ofrecido una manera de que puedas sobreponerse a los efectos destructivos de las acciones ajenas en contra de tu voluntad.»
Desde lo profundo de mi corazón le. hablo a cada uno de los que han quedado heridos por el terrible pecado del abuso, sean o no miembros de la Iglesia. Preferiría que habláramos en privado sobre este delicado tema, y pido que el Santo Espíritu nos ayude a ambos, para que recibas del Señor el alivio de esa crueldad que te ha herido y ha marcado tu vida.
A menos que lo sane el Señor, el abuso mental, físico o sexual puede causar graves efectos permanentes. Ya habrás sentido algunos, como temor, depresión, culpa, odio contra ti mismo, falta de estima propia y dificultad para relacionarte normalmente con los demás. Al continuar el abuso, surgen fuertes sentimientos de rebelión, ira y odio, a veces contra si mismo, otras contra los demás, la vida y hasta contra el Padre Celestial. Los esfuerzos frustrados de lucha tratando de poner fin a la situación suelen degenerar en el consumo de drogas, la inmoralidad, el abandono del hogar y, trágicamente en los casos extremos, el suicidio. Si no se corrigen, esos sentimientos llevan a una vida disipada, a un matrimonio desavenido e incluso a la transición de víctima a abusador. Una de sus terribles consecuencias es la falta de confianza en los demás, que se convierte en una barrera para sanar.
A fin de que se te ayude, es preciso que entiendas algunas cosas sobre la ley eterna. El abuso que has sufrido ha sido causado por otra persona que ha atacado injustamente tu libertad. Puesto que todos los hijos de nuestro Padre Celestial tenemos el libre albedrío, puede haber algunos que decidan arbitrariamente violar los mandamientos y dañarte. Esos actos restringen temporalmente tu libertad. Para compensarte, el Señor ha ofrecido una manera de que puedas sobreponerte a los efectos destructivos de las acciones ajenas en contra de tu voluntad, aplicando verdades eternas con la ayuda del sacerdocio.
Debes saber que la maldad de otros no puede destruir completamente tu albedrío a menos que tú lo permitas. Sus acciones pueden causarte dolor, angustia e incluso daño físico, pero no pueden destruir tus posibilidades eternas en la breve pero crucial etapa de esta vida terrenal; debes comprender que tienes la libertad de decidirte a sobreponerte a los resultados nocivos del abuso. Tu actitud tiene la potestad de lograr que ocurra el cambio que sea para tu bien y te permitirá recibir la ayuda que el Señor desea que recibas. Si entiendes y vives la ley eterna, nadie te quitara tus oportunidades. Las leyes de tu Padre Celestial y la expiación del Señor no dejan que nadie te robe las oportunidades que tienen los hijos de Dios.
Quizás te veas amenazado por alguien que tiene una posición de superioridad o que ejerce dominio sobre ti; quizás te sientas atrapado y no veas una salida. Créeme que tu Padre Celestial no quiere verte cautivo de influencias inicuas, de amenazas de revancha o del temor de lo que pueda pasarle al familiar que abuse de ti. Confía en que El te llevara a la solución. Pídele con fe, no dudando nada. (Santiago 1:6; Enós 1:15; Moroni 7:26; D. y C. 8:10; 18: 18.)
Testifico solemnemente que tu no eres responsable ni debes sentirte culpable por los actos ajenos de violencia, perversión o incesto, contrarios a tu voluntad, que te hieren profundamente. El abuso te herirá, pero la cicatriz no tiene por que permanecer. En el plan eterno, en el debido tiempo del Señor, esas lesiones se curaran si haces tu parte. Ahora, puedes hacer esto:
BUSCA AYUDA
Si alguien abusa de ti en el presente o lo ha hecho en el pasado, busca ayuda ahora. Quizás no confíes en nadie y pienses que no existe ayuda digna de crédito. Empieza por el Padre Celestial y Su amado Hijo, tu Salvador. Esfuérzate por comprender Sus mandamientos y seguirlos; ellos te conducirán a otros que te fortalecerán y alentaran. Hay un líder del sacerdocio, generalmente el obispo o a veces un miembro de la presidencia de estaca, que puede establecer un puente hacia una comprensión mayor y hacia la sanidad. José Smith enseñó:
«El hombre nada puede hacer por si mismo a menos que Dios lo dirija por el camino debido; y el sacerdocio es para ese propósito» (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 451).
Habla en privado con el obispo; su llamamiento le permite actuar como instrumento del Señor para ayudarte; el te dará una base doctrinal para guiarte hacia la recuperación. La comprensión y aplicación de la ley eterna te darán la sanidad que te hace falta; el obispo tiene derecho de recibir inspiración del Señor para ayudarte y emplear el sacerdocio para bendecirte.
El te hará encontrar amigos de confianza que te sostengan, y te ayudara a recobrar confianza en ti mismo y estima propia para comenzar el proceso de renovación; si el abuso ha llegado a los extremos, te asistirá para encontrar protección y un tratamiento profesional que este de acuerdo con las enseñanzas del Salvador.
LOS PRINCIPIOS PARA SANAR
Hay algunos principios que ayudan en el proceso de sanar y que llegaras a entender mejor:
Reconoce que eres un hijo amado de tu Padre Celestial; El te ama con amor perfecto y te ayudara como ningún ser terrenal podría. Su Hijo dio la vida para que por la fe en El y la obediencia a Sus enseñanzas seas sanado. El es el perfecto sanador.
Trata de desarrollar la confianza en el amor y la compasión de tu Hermano mayor Jesucristo meditando sobre las Escrituras. Al igual que les dijo a los nefitas, El te dice a ti: «…tengo compasión de vosotros; mis entrañas rebosan de misericordia… veo que vuestra fe es suficiente para que yo os sane» (3 Nefi 17:7-8) .
El mejor comienzo para el proceso de sanar es orar sinceramente pidiendo a tu Padre Celestial que te ayude. El emplear así tu albedrío da entrada a la intervención divina. Si lo permites, el amor del Salvador te ablandara el corazón, interrumpiendo el ciclo de abuso que transforma a la víctima en agresor. La adversidad, aun la causada arbitrariamente por los apetitos desenfrenados de otros, puede ser una fuente de progreso cuando se contempla en la perspectiva de los principios eternos. (D. y C. 122:7.)
La víctima debe hacer todo lo posible por detener el abuso. Casi siempre es inocente, porque se vuelve indefensa por el miedo o por el poder del atacante. Sin embargo, en cierto momento el Señor puede inspirar a la víctima a reconocer algo de responsabilidad por el abuso sufrido. El líder del sacerdocio te ayudará a evaluar la situación, para resolver lo que sea necesario; de otro modo, las semillas de la culpa permanecerán y producirán un fruto amargo. Fuere cual fuere el grado de responsabilidad, ya sea que no tengas absolutamente ninguna o que seas responsable de haber consentido al abuso, el poder sanador de la expiación de Jesucristo proveerá la curación completa. Además, todos los involucrados en el abuso pueden obtener el perdón (véase Artículos de Fe 1:3). Después, viene la restauración del autorrespeto y del sentido del propio valor y la renovación de la vida.
Aun cuando eres una víctima, no malgastes tus esfuerzos en vengarte o tratar de retribuir al agresor; concéntrate en hacer lo que puedas por corregir la situación. Deja al agresor en manos de las autoridades civiles y eclesiásticas; hagan lo que hagan ellos, finalmente el culpable tendrá que enfrentarse con el Juez Perfecto; y el que no se arrepienta será castigado por un Dios que es justo. Los abastecedores de suciedad y de drogas, que a sabiendas incitan a los actos de violencia y depravación, y los que promueven una atmósfera de libertinaje y corrupción serán condenados. Se hará responsables a los malvados que atacan al inocente y justifican su propia vida de corrupción atrayendo a otros a sus vías depravadas. Sobre estos el Maestro advirtió lo siguiente:
«Y cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en mi, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar» (Mateo 18:6).
Comprende que el sanar puede llevarte mucho tiempo. Generalmente, la recuperación se hace en etapas, y se acelera expresando gratitud al Señor por la mas mínima mejoría que se note.
EL PERDÓN
Durante el largo período de recuperación de una cirugía seria, el enfermo espera la curación con paciencia, confiando en los cuidados de otros. No siempre entiende la importancia del tratamiento, pero el seguirlo al pie de la letra acelera su recuperación. Así es también para ti, mientras luchas por sanar las heridas del abuso. El perdón, por ejemplo, puede serte difícil de entender y aun mas de conceder. Empieza por no juzgar. No sabes lo que los abusadores pueden haber sufrido como víctimas inocentes. La vía del arrepentimiento debe quedar abierta para ellos. Deja que otros se encarguen de los agresores. Al ver aliviado tu propio dolor, te será mas fácil perdonar.
No puedes borrar lo pasado, pero puedes perdonar. (Véase D. y C. 64:10.) El perdón sana las heridas mas trágicas y terribles, porque permite que el amor de Dios expurgue tu corazón y tu mente del veneno del odio; también te limpia la conciencia del deseo de venganza y da lugar al amor sanador, renovador y purificante del Señor.
El Maestro aconsejó:
«…Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen» (3 Nefi 12:44; cursiva agregada).
La amargura y el odio son nocivos y destructivos; ambos demoraran el alivio y la sanidad que ansias; mediante la justificación y la autocompasión, pueden transformar a la víctima en agresor. Deja que Dios sea quien juzgue; El lo hará mejor.
El aconsejarte a que te limites a olvidar el abuso no es bueno. Debes entender los principios que te harán sanar. Repito, esto se logra casi siempre con un comprensivo líder, que tenga la inspiración y el poder del sacerdocio para bendecirte.
ADVERTENCIA
Te advierto que no participes en estas dos practicas de terapia impropias que te harán mas daño que bien: El sondeo excesivo de los mas mínimos detalles de tus experiencias pasadas, particularmente si se trata de diálogos indagatorios en terapia de grupo; y el culpar al agresor de todas tus dificultades.
Aunque el descubrir algunos aspectos es vital en el proceso de sanar, el sondeo morboso de los detalles, por largo tiempo enterrados y piadosamente olvidados, puede ser destructivo; no es necesario hurgar en las heridas que se están curando para abrirlas y hacer que supuren. El Señor y Sus enseñanzas te ayudaran sin destruirte el autorrespeto.
Hay otro peligro: Las preguntas indagatorias sobre tu pasado quizás despierten inconscientemente pensamientos que son mas imaginación que realidad, y pueden llevar a la condenación del agresor por actos que no cometió. Aunque no ocurre a menudo, se de casos en que esa terapia de sondeo excesivo ha causado gran daño al inocente por provocar acusaciones que después resultaron ser falsas. La memoria es falible, especialmente en un adulto recordando experiencias de su niñez. Y recuerda, la acusación falsa es también un pecado.
Para expresarlo en forma mas sencilla, si alguien volcara basura en el sofá de tu sala, ¿llamarías a los vecinos para que examinaran cada uno de los elementos que contribuyeron a la mancha? No harías eso, sino que, con la ayuda de un experto, devolverías al mueble su condición original.
Así también, la reparación del daño causado por el abuso debe hacerse en privado, en confidencia, con un líder del sacerdocio en quien se confíe y, si es necesario, con un profesional calificado a quien el recomiende. Deben hacer entonces un análisis general del abuso que permita que recibas el consejo apropiado y que evite que el agresor siga cometiendo violencia. Luego, con la ayuda del Señor, entierra el pasado.
Humildemente testifico que lo que te he dicho es verdad; se basa en los principios eternos que he visto al Señor emplear para dar plenitud de vida a los que han quedado heridos por esta iniquidad.
Si piensas que sólo hay un fino hilo de esperanza, créeme que no es un hilo, sino que puede ser el inquebrantable eslabón que te conecte con el Señor y te coloque alrededor un salvavidas. El te sanara cuando dejes de temer y coloques en El tu confianza esforzándote por vivir Sus enseñanzas.
No sufras mas, te lo ruego. Pide ahora ayuda al Señor. (Véase Mormón 9:27; Moroni 7:26, 33.) Decídete ahora a hablar con el obispo. No sigas viendo las experiencias que tienes en la vida a través de cristales obscurecidos por las cicatrices del abuso. Hay mucho de hermoso en la vida. Abre las ventanas de tu corazón y deja que entre en él el amor del Salvador. Y si te acosan de nuevo los recuerdos del abuso sufrido en el pasado, piensa en Su amor y en Su poder sanador. Tu depresión se convertirá entonces en paz y tranquilidad. Cerraras un desagradable capitulo de tu vida y abrirás volúmenes de felicidad. En el nombre de Jesucristo. Amén.
Conferencia General Abril 1992 «Creed a sus profetas»
Presidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero de la Primera Presidencia
«El Señor esta pendiente de esta obra. Este es Su reino. No somos como ovejas sin pastor. No somos como un ejército sin un líder.»
Mis queridos hermanos, esta ha sido una reunión inspiradora. Hemos oído muchas cosas, que si las ponemos en practica, bendecirán nuestra vida. Busco la guía del Santo Espíritu al agregar mi testimonio. Me gustaría hablar en el espíritu de testimonio. Para ello, hablaré en forma un tanto informal en cuanto a algunas de mis experiencias y observaciones concernientes al liderazgo de esta Iglesia. He seleccionado el texto del segundo libro de Crónicas, capitulo 20.
Quisiera que nos remontáramos a la época en que Josafat, hijo de Asa, era rey de Judá y Jerusalén.
Era una época de una angustia terrible. Los ammonitas y los moabitas le habían declarado la guerra al pueblo de Judá, cuyo numero de contingentes era mucho menor, y parecía que no había esperanzas.
Josafat congregó a su pueblo para suplicar la ayuda del Señor. En su oración rogó: «(Oh Dios nuestro! …no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos que hacer, y a ti volvemos nuestros ojos».
Entonces Jahaziel, el profeta levita, le dijo a Josafat:
«…Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios…
«No habrá necesidad para que peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalén, no temáis ni desmayéis. . .»
Entonces el rey, confiando en las palabras del profeta, declaró al pueblo: «Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados» (2 Crónicas 20:12, 15, 17, 20; cursiva agregada) .
Estas son las palabras de mi texto. Repito: «Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados».
En esta Iglesia cantamos un himno que es particular de nosotros: «Te damos, Señor, nuestras gracias, que mandas de nuevo venir profetas… (Himnos de Sión, 178.)». Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 1992 Desenredemos nuestra vida
Elder William R. Bradford
De los Setenta
«Una vida enredada es aquella sobre la cual no tenemos control; es una vida en que los cosas con que nos hemos rodeado… nos controlan.»
En nuestra asignación actual, mi esposa y yo vivimos muy lejos de nuestros hijos, lo cual significa que las cartas vienen y van. Quisiera leeros un párrafo de una carta que recibimos recientemente de una de nuestras hijas.
«Estoy haciendo de enfermera, pues cuatro de los seis niños tienen gripe. Tengo pensado cambiar mis sueños; en vez de algún día ser psiquiatra voy a ser enfermera. De todos modos, nadie de esta familia esta enfermo de la cabeza; tenemos enfermedades sencillas; me angustio cuando los niños enferman». Luego, en mayúsculas, escribió: «¡CUANTO DARÍA POR VOLVER A LLEVAR LAS RIENDAS DE MI VIDA!»
Cuando leímos la carta, no pudimos evitar intercambiar una sonrisa, porque comprendimos cual era el problema. Todos nuestros hijos viven una vida demasiado agitada. Andan, como se dice comúnmente «a la carrera».
Pero estas ultimas palabras: «CUANTO DARÍA POR VOLVER A LLEVAR LAS RIENDAS DE MI VIDA», se han quedado en mi mente, y cuanto mas pienso en ellas, tanto mas preocupado me siento. Esta preocupación me ha llevado a decir algo acerca de la importancia de desenredar nuestra vida y volver a la cosas básicas.
Se cuenta la anécdota del niño que llego a casa después de la escuela y se encontró a su padre en la puerta de entrada, contemplando el interior de la casa, que estaba en un desorden total. «¿Esta mama?», pregunto el niño. El padre le respondió: «No la veo, pero sé que ha de estar por aquí cerca, pues oigo sus sollozos’ .
Esto sería cómico si no fuera cierto en muchos casos. Pienso que la vida enredada puede ser la causa de mucha aflicción y tristeza, así como de muchas lágrimas. También pienso que hay muchas personas que viven «a la carrera» que quieren volver a llevar las riendas de su vida.
Una vida enredada es aquella sobre la cual no tenemos control; es una vida en que las cosas con que nos hemos rodeado, y que permitimos que consuman nuestro tiempo, nos controlan y tienen una influencia negativa en nuestra felicidad y progreso eterno. Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 1992 «El amor puro de Cristo»
Elder Yoshihiko Kikuchi
De los Setenta
«Cuando pidamos al Padre con toda la energía de nuestros corazones’, estaremos ‘llenos de este amor.»
Hermanos, cuando mi esposa y yo servimos en Hawai, nos enteramos de muchos relatos misionales acerca de los élderes George Q. Cannon y Joseph F. Smith y de muchas otras maravillosas experiencias espirituales de otros misioneros. (George Q. Cannon, My First Mission, 2da. edición, Salt Lake City: Juvenile Instructor Office, 1882; y Joseph Fielding Smith, Life of Joseph F. Smith, Salt Lake City: Deseret News Press, 1938.)
Hoy siento que debo contaros las experiencias misionales del élder Joseph F. Smith. Las Autoridades Generales lo mandaron en calidad de misionero cuando tenía quince años de edad. Cuando tenía cinco años, murió su padre y su madre falleció cuando el tenía catorce. Los registros indican que trabajó en la isla hawaiana de Maui y en Kahola, un pueblo de la isla de Hawai. Luego, a los dieciséis años de edad lo trasladaron a la isla de Molokai, donde era el élder que presidía. Todos los días, el y su compañero, el élder Thomas A. Dowell, visitaban las pequeñas ramas de la Iglesia, enseñando el evangelio a la gente, sanando a los enfermos y echando fuera malos espíritus. Leían las Escrituras y las hermosas enseñanzas del Salvador con los miembros de la Iglesia y les contaban el relato de la Restauración. Muchos de los miembros eran indiferentes y muy apáticos debido a los falsos rumores que se oían acerca de la Iglesia y del profeta José Smith.
Los dos misioneros viajaron por la isla Molokai de este a oeste. La comida era escasa y recorrían unos 48 kilómetros al día. bajo el sol ardiente y sin agua que beber. Un día. el compañero del élder Smith casi se muere. Ese día. por fin llegaron a la casa del señor y la señora Myers, que eran alemanes. Ellos los trataron con mucha amabilidad, les dieron de comer y les permitieron quedarse allí varios días. Además, el señor Myers le prestó al élder Smith un buen caballo de montar para que fuese a visitar varias de las ramas de la Iglesia. El Espíritu guiaba a los élderes Smith y Dowell todos los días; ellos trabajaron arduamente y convirtieron a muchos al evangelio y activaron a muchos que estaban inactivos.
Un día. el élder Smith cayó muy enfermo y tenía una fiebre muy alta. Le dieron una bendición del sacerdocio, pero no se mejoró; se agravó varias veces y casi murió. Un hermano y su esposa, oriundos de la isla, lo cuidaron durante tres meses. La joven pareja hizo todo lo posible por salvar la vida del joven misionero, dándole el mejor cuidado posible; lo atendieron como a un hijo e incluso ayunaron y oraron muchos días. El joven misionero era la clase de persona que siempre tenía presente un acto de bondad y no se olvidaba de un amigo; siempre consideró y veneró a aquella maravillosa mujer, la señora Ma Manuhii, como a su madre hawaiana. Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 1992 El espíritu de la Sociedad de Socorro
Presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia
«El servicio es producto del amor. Siempre que amemos, serviremos.»
Hoy día nuestras almas se han elevado hacia los cielos. Hemos sido bendecidos con música hermosa y mensajes inspirados. El Espíritu del Señor esta presente.
Os traigo a vosotras, buenas hermanas de la Sociedad de Socorro, los saludos del presidente Ezra Taft Benson, que esta viendo esta conferencia por televisión en su departamento; del presidente Gordon B. Hinckley, que se encuentra en una asignación en el extranjero, y de todas las Autoridades Generales de la Iglesia. Os felicitamos; oramos por vosotras; estamos orgullosos de vosotras.
Hermana presidenta Elaine Jack, Chieko Okasaki y Aileen Clyde: gracias al cielo por vuestras queridas madres, vuestras maestras, vuestras lideres de jóvenes que reconocieron vuestro potencial.
Quisiera parafrasear un pensamiento:
El valor de una jovencita no lo puedes descubrir,
Espera a ver lo que aun no se ve;
Pero toda mujer que ha llegado a sobresalir
Una niñita una vez fue.
Hace algunos años vi una fotografía de una clase de la Escuela Dominical del Barrio Sexto de la Estaca Pioneer, en Salt Lake City. La fotografía la habían tomado en 1905. En la fila del frente aparecía una niña encantadora con el cabello recogido en trenzas. Se llamaba Belle Smith. Mas tarde, conocida como Belle Smith Spafford, Presidenta General de la Sociedad de Socorro, escribió: «Nunca ha tenido la mujer mayor influencia que la que tiene en el mundo de hoy. Las puertas de las oportunidades nunca se han abierto tan ampliamente como ahora. Esta es una época llena de estimulo, emoción, desafíos y apremios para la mujer. Es una época rica en recompensas, ello es, si conservamos nuestro equilibrio, si aprendemos a apreciar lo que realmente es de valor en la vida ponemos las cosas según su orden de importancia.
El apóstol Pablo nos advirtió:
«…la letra [de la ley] mata, mas el espíritu vivifica» (2 Corintios 3:6). El espíritu de la Sociedad de Socorro se está manifestando hoy día, en nuestros tiempos. Vemos que empieza a exteriorizarse su fortaleza, percibimos el renovado entusiasmo de su espíritu, observamos la alborada de un nuevo día. Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 1992 Escuchad el llamado
Elder Adney Y. Komatsu
De los Setenta
«Aquellos cuya participación formal en la Iglesia quede limitada por una temporada pueden experimentar el calor del amor y la amistad cuando se les invita a participar en las actividades de la Iglesia.»
Mis hermanos y hermanas, quisiera traeros a la memoria la declaración que emitió, en forma de invitación, la Primera Presidencia en diciembre de 1985:
«En esta época de Navidad, nos regocijamos ante las bendiciones que se reciben por ser. miembros activos de esta Iglesia, a cuya cabeza esta el Hijo de Dios, el Señor Jesucristo. Expresamos nuestro sincero amor y agradecimiento por nuestros hermanos, doquiera que se encuentren.
«Estamos conscientes de que hay hermanos inactivos, que hay otros que murmuran y tienen la tendencia a criticar y que hay aquellos a quienes se les han suspendido los derechos de miembro o han sido excomulgados debido a transgresiones serias.
«A todos ellos queremos hacerles llegar nuestro amor. Estamos ansiosos de perdonar con el espíritu de Aquel, que dijo: ‘Yo, el Señor, perdonaré a quien sea mi voluntad perdonar, mas a vosotros os es requerido perdonar a todos los hombres’ (D. y C. 64:10).
«Exhortamos a los miembros de la Iglesia a que perdonen a los que les hayan ofendido. A aquellos que se han inactivado y a los que han empezado a criticar a la Iglesia, les decimos: ‘Regresad. Regresad y sentaos a la mesa del Señor, para probar nuevamente los dulces y agradables frutos del hermanamiento con los santos»‘ («Una invitación a regresar», Church News, 22 de dic. de 1985, pág. 3; cursiva agregada).
Aunque la mayoría de nosotros, los miembros de la Iglesia, quizás consideremos las actividades esencialmente como entretenimiento y diversión, las actividades tienen en la Iglesia una función que va mucho mas allá de esta percepción superficial.
Para aquellos que han tenido que someterse a la disciplina de la Iglesia, los sentimientos de aislamiento y soledad son muy reales. Este es el caso, ya sea la disciplina severa o mas leve. Cuando se trata de la excomunión, el aislamiento y la soledad son mucho mas que una sensación. Como resultado de esta acción, se elimina el nombre de la persona de los registros de miembros de la Iglesia y se le retira el don del Espíritu Santo, que se le había concedido en el momento del bautismo y la confirmación. Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 1992 Gratitud por la bondad de Dios
Obispo Robert D. Hales
Obispo Presidente de la Iglesia
«La expresión y los sentimientos de gratitud, sin ostentación, tienen una maravillosa condición purificadora y soñadora…»
Hace unos meses, tuve una experiencia que me llevó hasta el borde mismo de esta existencia terrenal. Como algunos sabéis, tuve un ataque al corazón en agosto pasado. En esa oportunidad, sentí personalmente la fortaleza sanadora que proviene de la oración unida, y siempre estaré agradecido por ello. Gracias por vuestras oraciones y vuestro interés en mi. Vuestra bondad me levantó el espíritu y contribuyó al proceso de curación; y he sido muy bendecido con una gran mejoría en la salud y la fortaleza.
Durante esa experiencia hubo un sentimiento particular que broto dentro de mi, casi inmediatamente, que se intensificó con el paso del tiempo y predominó en mi enfermedad y mi recuperación, permaneciendo conmigo hasta ahora: me sobrecogió un sentimiento de profunda gratitud por la bondad de Dios.
Mi mayor gratitud es por el sacrificio expiatorio de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. La Expiación es el cimiento en el que se apoyan todas las verdades del evangelio.
El Salvador nos dice:
«…vine al mundo a cumplir la voluntad de mi Padre, porque mi Padre me envió.
«Y mi Padre me envió para que fuese levantado sobre la cruz…» (3 Nefi 27:13-14).
El profeta José Smith registró esto:
«Que vino al mundo, si, Jesús, para ser crucificado por el mundo y llevar los pecados del mundo, y para santificarlo y limpiarlo de toda injusticia;
«para que por el pudiesen ser salvos todos…» (D. y C. 76:41-42).
Con enorme gratitud por este conocimiento, testifico que nuestro Salvador vive, que resucitó; que, por medio de la Expiación, hay redención y salvación para todo el genero humano. Todos serán resucitados.
El Señor dijo: «Si me amáis, guardad mis mandamientos» (Juan 14:15). La obediencia a las leyes, ordenanzas y mandamientos es nuestra mayor expresión de amor y gratitud que le podemos obsequiar. Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 1992 «La caridad nunca deja de ser»
Presidenta Elaine L. Jack
Presidenta General de la Sociedad de Socorro
«Estamos unidas en nuestra devoción a nuestro Padre Celestial y en nuestro deseo de ejercer una buena influencia en los demás. Servimos como compañeros de nuestros hermanos de la Iglesia en la edificación del Reino de Dios.»
Esta es ciertamente una extraordinaria reunión de hermanas. Nunca se han reunido en el mundo tantas mujeres como en esta ocasión para orar, cantar y hablarnos las unas a las otras de los sentimientos de nuestro corazón: para comunicarnos en las formas en que el Señor nos ha bendecido como mujeres y como miembros de su Iglesia.
«Alzad vuestros corazones y regocijaos» (D. y C. 25:13), nos dice el Señor, y nosotras nos regocijamos. La Sociedad de Socorro cumple 150 años, pero hoy nos sentimos como nuevas y llenas de vigor. Nos sentimos llenas de optimismo por nuestras hermanas de todo el mundo: desde las Filipinas hasta el Japón, desde Inglaterra hasta Nueva Zelanda y desde París hasta San Petersburgo. Nuestras vidas, nuestras circunstancias y nuestros problemas son tan diversos como los países y las culturas de las cuales somos originarias . Sin embargo, nuestro cometido es el mismo. Hoy, todas nos regocijamos por ser mujeres de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Estamos unidas en nuestra devoción a nuestro Padre Celestial y en nuestro deseo de ejercer una buena influencia en los demás. Servimos como compañeras de nuestros hermanos de la Iglesia en la edificación del Reino de Dios. Somos mujeres que nos hemos convertido en una fuerza poderosa para hacer el bien en un mundo que necesita nuestra comprensión y nuestra espiritualidad.
Hace ciento cincuenta años, las hermanas de Nauvoo, Illinois (Estados Unidos), la ciudad llamada «La Hermosa», sintieron la necesidad de organizarse. Ellas deseaban, al igual que nosotras en el día de hoy, constituir una organización para hacer el bien. La finalidad de las hermanas en aquel entonces era prestar asistencia en la edificación del Templo de Nauvoo y extender una mano de ayuda: confeccionando camisas, preparando alimentos, escribiendo poesía, aliviando la fiebre de un pequeño. Nuestras raíces se encuentran en esa pequeña comunidad que aun hoy prospera como un hito de restauración histórica. Hay mucho mas que compartimos con nuestras hermanas de la antigua Nauvoo. Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 1992 La fe y las buenas obras
Elder Stephen D. Nadauld
De los Setenta
«A cada uno de nosotros la vida le proporciona un amplio panorama de oportunidades de Estrellarse contra sí mismo (o sea, de causar sus propios problemas).»
El estar en este estrado donde Profetas y Apóstoles han enseñado las verdades de la Restauración, tanto en el pasado como en el presente, es tina experiencia que me hace sentir humilde. Estoy agradecido por este llamamiento a servir, y he llegado a admirar y a amar a las Autoridades con quienes trabajo.
Me siento en deuda de gratitud hacia mi maravillosa y dedicada madre y hacia mi extraordinaria esposa, compañera y madre de mis siete hijos. Hago eco al sentimiento expresado por el élder Scott anteriormente: Margaret me supera en toda cualidad valiosa y la quiero mucho.
Los niños nos pueden dar un panorama maravilloso y hasta humorístico de la vida. En nuestra familia tenemos dos hijos de diez años que son gemelos idénticos, hasta el punto en que a veces es prácticamente imposible distinguir el uno del otro.
Recientemente, nos mudamos y nos encontramos en un vecindario nuevo. Varios días después, conversando con Aarón, uno de los gemelos, le pregunté cómo se había hecho un chichón [magulladura] que tenía en la frente, y él lo describió de esta manera: «Lo que pasó, papá, es que Lincoln [que es el hermano mayor] me estaba persiguiendo por el corredor; al doblar la esquina, vi a Adam [su hermano gemelo] parado allí. Como yo corro más ligero que él, traté de pasar por su lado, ¡pero no era Adam, sino el espejo!» ¡Se había estrellado contra un amplio espejo que tenemos en el corredor!
A cada uno de nosotros la vida le proporciona un amplio panorama de oportunidades de estrellarse contra sí mismo (o sea, de causar sus propios problemas). Pogo, el conocido personaje de una tira cómica, lo dijo de esta manera: «Hemos conocido al enemigo: ¡somos nosotros mismos!» (Walt Kelly).
En términos más elocuentes, el Señor le dijo a Moroni:
«Y si los hombres vienen a mí, les mostraré su debilidad… porque si se humillan ante mí, y tienen fe en mí, entonces haré que las cosas débiles sean fuertes para ellos» (Eter 12:27).
Al mirar en el espejo, y ver la cantidad de golpes y rasguños que tenemos como evidencia de nuestras debilidades, recordemos que existen dos grandes fuerzas estabilizadoras que pueden servir de ancla para nuestra alma. Seguir leyendo →
Élder Marvin J. Ashton
Del Quórum de los Doce Apóstoles
«Sed de los que nutren y edifican. Sed de los que tienen un corazón comprensible y perdonan, de los que buscan lo mejor en los demás.»
En el Salmo 57, cuando el rey David rogaba misericordia, exclamaba: «Mi vida está entre leones; estoy echado entre hijos de hombres que vomitan llamas; sus dientes son lanzas y saetas, y su lengua espada aguda» (Salmos 57:4).
En el mundo de hoy, somos víctimas de muchos que utilizan la lengua como una espada aguda. A medida que los medios de información y las personas en general se dedican más a este pasatiempo, el mal uso de la lengua parece agregar intrigas y destrucción. En el idioma corriente esta actividad destructiva se conoce como crítica negativa con la intención de hacer daño.
Mucha gente practica este comportamiento, que se ha hecho popular, criticando a sus vecinos, a los miembros de su familia, a los servidores públicos, a la comunidad, al país, a la Iglesia. Es alarmante también observar cuan a menudo los hijos critican a sus padres y los padres critican a sus hijos.
Los miembros de la Iglesia debemos recordar que las palabras «No hablemos con enojo» no son sólo una frase en la estrofa de un himno (Himnos de Sión, 169), sino que nos indican una forma de vivir. Ahora más que nunca debemos recordar que «Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación o digno de alabanza, a esto aspiramos» (Artículos de Fe 1:13). Si seguimos esa admonición, no habrá tiempo para la cobarde costumbre de criticar destructivamente en vez de edificar.
Algunos creen que la única forma de desquitarse, de obtener atención, de llevar ventaja o de ganar es la de criticar negativamente a los demás. Este tipo de comportamiento no es nunca apropiado. Muchas veces el carácter y la reputación, y casi siempre la autoestima, se destruyen bajo los golpes de esta práctica maligna.
«Si no tienes nada bueno que decir de una persona o cosa, no digas nada.» ¡Cuanto nos hemos alejado de esa simple enseñanza! Tanto, que a menudo nos encontramos metidos en la costumbre de criticar. Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 1992 La ley real
Elder Marion D. Hanks
De la Presidencia de los Setenta
«El ayudar, el dar, el sacrificarse son, o deberían ser, tan naturales como el crecer y el respirar.»
En el cuarto capítulo del libro de Alma esta un pasaje que atesoro y del cual quisiera ser digno: «…no le faltó el Espíritu del Señor» (Alma 4:15).
A sólo unos metros de este hermoso tabernáculo donde los santos se han congregado desde la década de 1860 para la conferencia, se encuentra un centro para visitantes. En este centro se puede ver a través de la hermosa y ancha ventana de dos pisos de altura una estatua de Cristo, de Thorvaldsen, esculpida según el modelo del original que está en Copenhague, Dinamarca, y muy conocido a través del mundo como una representación clásica del Señor Jesucristo. En la base de la estatua se encuentran las palabras en danés: Kommer Til Mig, «Venid a mi».
Esa invitación es la misión central de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Deseamos recibir y ayudar a que otros acepten la invitación que se hace en las Escrituras de que «…vinieseis a Cristo, el cual es el Santo de Israel, y participaseis de su salvación y del poder de su redención» (Omni 1:26). Sabemos que El es «el camino, y la verdad, y la vida; [y que] nadie viene al Padre, sino por [El]» (Juan 14:6).
Mi testimonio personal es que Jesucristo es el Hijo de Dios, el Unigénito en la carne, el Buen Pastor, el Ejemplo; que es nuestro Intermediario para con el Padre, nuestro Redentor y nuestro Salvador.
Junto a Juan, de la antigüedad, testificamos que «…el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo» (l Juan 4:14).
Nos regocijamos en la maravillosa unión de principio y hecho en Su vida. El Salvador enseñó preceptos de perfeccionamiento espiritual y los practicó y los aplicó con perfección. El pudo declarar con autoridad que era la luz y el ejemplo que la gente debía seguir: «…yo os he dado el ejemplo.
«He aquí, yo soy la luz que debéis sostener en alto: aquello que me habéis visto hacer» (3 Nefi 18:16, 24). Seguir leyendo →
LA MISIÓN DE LA SOCIEDAD DE SOCORRO
Aileen H. Clyde
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro
«Desde el principio -hace 150 años- la Sociedad de Socorro ha ofrecido a la mujer las formas de fortalecer su propia vida y las formas de fortalecer la vida de los demás.»
Y ahora, nos encontramos aquí, en la ultima década del siglo veinte, en marzo de 1992. Nos maravillamos de la diversidad de los lugares donde vivimos, así como de los idiomas que hablamos, al igual que de la variedad de nuestras costumbres y hasta de nuestros rasgos personales. Celebramos la potencia de esta gran Sociedad de Socorro internacional que nos une en la misma finalidad y en hermandad. La misión de la Sociedad de Socorro esta fundada en el Evangelio de Jesucristo, y las mujeres de todo el mundo están aceptando cada vez mas las enseñanzas de nuestro Salvador. La fe de ellas eleva sus vidas, y a medida que su testimonio crece, inspiran y enseñan a los que las rodean. El objetivo de esta Sociedad es incluirlas a todas y bendecir sus vidas.
Cristo enseñó claramente que no importa cuales sean las condiciones de vida, el estado civil de las personas o el sexo, nadie esta exento de Su amor. Cuando habló a la mujer junto al pozo, al pasar por Samaria, camino a Galilea, ella no podía creer que El le dirigiera la palabra: ella era samaritana y El, judío. A ella, consciente de la diferencia que había entre los dos, la cual se debía, sin duda, a antiguas tradiciones, le costó entenderle. El entabló una seria conversación con ella, y la mujer comenzó a vislumbrar que lo que El le decía trascendía la importancia de tan sólo beber agua del pozo. La misma conversación la liberó de las inhibiciones que había manifestado cuando El comenzó a hablarle. Cuando el Señor le ofreció «una fuente de agua que salte para vida eterna», se despertó el entendimiento de ella y comenzó a escuchar lo que El le estaba enseñando «en espíritu y en verdad» (Juan 4:14, 23).
Lo que El le dijo llegó a ser nuevo conocimiento para ella y el testimonio que dio de nuestro Salvador llevó a otros samaritanos a El. Después, ellos dijeron a la mujer: «Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo» (Juan 4:42). Las hermanas de la Sociedad de Socorro de todo el mundo tienen como el primero de sus objetivos conocer al Salvador del mundo ellas mismas y edificar su testimonio personal del amor de Cristo, que El da a todos por igual. Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 1992 La Sociedad de Socorro y la Iglesia
Elder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles
«La Sociedad de Socorro es muy importante para todos los miembros de la Iglesia. Todos hemos sido bendecidos gracias al ejemplo y al servicio de las hermanas.»
Este año celebramos el 150 aniversario de la Sociedad de Socorro, que se organizó en Nauvoo, Illinois, el 17 de marzo de 1842. El programa de aniversario del mes pasado se transmitió vía satélite a la mayoría de los continentes del mundo. Se están publicando libros para contar la historia de la Sociedad de Socorro y honrar la hermandad mundial de esta organización, la cual en barrios y estacas traduce esta celebración en servicio a la comunidad. Una gran labor encaminada a mejorar la habilidad de leer y escribir se anunciara mas adelante este año.
Estamos agradecidos por la eficaz dirección de la presidenta Elaine L. Jack, de sus consejeras y de la mesa directiva en esta celebración, así como por las hermanas del pasado a quienes honramos.
La Sociedad de Socorro es muy importante para todos los miembros de la Iglesia. Todos hemos sido bendecidos gracias al ejemplo y al servicio de las hermanas.
Yo mismo he recibido ese beneficio de por lo menos cuatro generaciones: de mi abuela, mi madre, mi esposa y mis hijas.
Entre los recuerdos mas vividos de mi infancia tengo el de mi abuela cuando se arreglaba para ir al pueblo a prestar, con alegría y resolución, su servicio en la Sociedad de Socorro. El liderazgo de mi madre en la Sociedad de Socorro de una de las estacas de la Universidad Brigham Young ejerció su influencia en cientos de mujeres jóvenes que se preparaban para toda una vida de servicio a su familia, a la Iglesia y a la comunidad. He hablado con muchas de ellas en mis diversos viajes por toda la Iglesia.
En Chicago, mis hijos y yo aprendimos del amor cristiano y del servicio al ver el ejemplo de mi esposa cuando trabajaba en su llamamiento como presidenta de la Sociedad de Socorro del barrio. Posteriormente, en la Universidad Brigham Young, tuvimos la alegría de ver a nuestras hijas trabajar también en esta organización en sus respectivas ramas. Toda la familia ha recibido bendiciones mediante el servicio de la Sociedad de Socorro. Seguir leyendo →
Conferencia General Abril 1992 Las bendiciones que vienen del sacrificio
Elder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles
«La intensidad de nuestro amor por el Señor, por el evangelio y por nuestros semejantes se puede calcular de acuerdo con nuestra disposición a sacrificarnos por ellos.»
En octubre pasado escuchamos muchos mensajes inspirados en la conferencia general. En su mensaje del domingo por la mañana, el presidente Gordon B. Hinckley nos llamó la atención con respecto a las conmovedoras experiencias de los pioneros, cuyos sacrificios les ayudaron a poner los cimientos de la Iglesia restaurada. Se nos ablando el corazón y nuestro espíritu se llenó de emoción al escucharle contar algunas de las experiencias de aquellos fuertes pioneros de los carros de mano.
Las imágenes que se grabaron en mi mente y en mi corazón todavía perduran, y una y otra vez mis pensamientos me transportan hacia las altas y nevadas planicies de Wyoming, barridas por el viento. Con la imaginación contemplo el sufrimiento de esos fieles santos, y se que en su extrema tribulación, en circunstancias que hoy día nos es difícil siquiera concebir, muchos de ellos llegaron a conocer a Dios en una forma en que muy pocas personas jamas entenderán.
Muchos de nosotros somos descendientes de los aguerridos pioneros y nos sentimos agradecidos e inspirados por su ejemplo de fe y de sacrificio. Mi bisabuela, Margaret McNeil Ballard, escribió en su diario sobre una experiencia pionera de sacrificio que ella tuvo cuando tenía entre nueve y once años de edad. Esto es lo que dice:
«Luego de llegar a América teníamos proyectado viajar al Oeste, a Utah, con las compañías de carros de mano de Martin y MVilley, pero el élder Franklin D. Richards le aconsejó a mi padre que no lo hiciera. Tiempo después, nos sentimos muy agradecidos de no haberlo hecho al saber del sufrimiento, las privaciones y las heladas temperaturas que ellos tuvieron que soportar. Muchos de los que fueron con esa compañía se congelaron durante la travesía…
«La compañía a la que nos habían asignado se había adelantado, y como mi madre estaba ansiosa de que yo fuera con ese grupo, me puso a la espalda a mi hermanito James, asegurándolo con un chal. El sólo tenía cuatro años y estaba muy enfermo de sarampión, pero yo lo lleve dado que mi madre estaba haciendo todo lo que podía para cuidar de los otros hijos. Apresure el paso y alcance a la compañía, viajando con ellos todo el día. Esa noche una buena mujer me ayudó a descargarme de la espalda a mi hermanito. Me senté y lo tuve en mi regazo, envuelto en el chal, solos toda la noche. Por la mañana el estaba un poco mejor. La gente de la compañía fue muy buena con nosotros; nos dieron un poco de tocino frito y pan para el desayuno. Seguir leyendo →