Por el élder L. Whitney Clayton
De la Presidencia de los Setenta
El Salvador provee Su Evangelio como una luz para guiar a quienes elijan creerle y seguirlo.
El pasado enero, Sailor Gutzler, una niña de siete años, viajaba con su familia desde Florida a Illinois en un avión privado. El padre de Sailor estaba en los controles. Poco después de anochecer el avión tuvo problemas mecánicos y se estrelló en medio de la oscura noche en las colinas de Kentucky donde quedó dado vuelta sobre un terreno escarpado. Todos, menos Sailor, murieron en el accidente. Ella se había roto la muñeca, tenía cortes y rasguños y perdió sus zapatos. La temperatura era de tres grados centígrados —era una noche fría y lluviosa en Kentucky— y Sailor solamente llevaba puesto pantalones cortos, una blusa y una media.
Llamó a su madre y a su padre, pero nadie respondió. Haciendo acopio de valor empezó a caminar descalza por el campo en busca de ayuda; cruzó arroyos y zanjas, y desafió zarzas espinosas. Desde la cima de una pequeña colina Sailor vio una luz en la distancia, como a un kilómetro y medio, y después de andar a tientas en la oscuridad y entre la vegetación, finalmente llegó al hogar de un hombre bondadoso que no conocía y quien la socorrió. Sailor estaba a salvo. Pronto la llevarían a un hospital y recibiría ayuda para recuperarse1.
Sailor sobrevivió porque vio una luz a la distancia y luchó por llegar a ella a pesar de lo abrupto del terreno, la crudeza de la tragedia que afrontaba y las heridas que recibió. Es difícil imaginar cómo pudo hacer lo que hizo esa noche. Lo que sí sabemos es que reconoció en la luz de aquella casa a la distancia una oportunidad para ser rescatada. Había esperanza. Obtuvo valor en el hecho de que, sin importar qué tan mala fuera la situación, podría encontrar su salvación en esa luz. Seguir leyendo →
Por el élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Lo que necesitamos actualmente es la generación más grandiosa de jóvenes adultos de la historia de la Iglesia. Necesitamos todo su corazón y toda su alma.
Uno de los placeres más grandes de los que disfruto al viajar por todo el mundo es la oportunidad de conocer y saludar a nuestros misioneros. Estos magníficos élderes y hermanas irradian la Luz de Cristo y el amor que tienen por el Señor Jesucristo y la devoción con que le sirven siempre me resultan inspiradores. Cada vez que estrecho su mano y siento su extraordinario espíritu y fe, me digo a mí mismo: “¡Estos maravillosos hijos e hijas nuestros son un verdadero milagro!”.
Durante la reunión general del sacerdocio de octubre de 2002 desafié a los obispos, a los padres y a los futuros misioneros a “elevar el nivel” del servicio misional de tiempo completo.
En aquel entonces dije que “lo que… necesitamos es la generación más grandiosa de misioneros que haya existido en la historia de la Iglesia. Necesitamos misioneros dignos, capacitados y vigorosos espiritualmente…
“…necesitamos todo su corazón y toda su alma. Necesitamos misioneros vibrantes, inteligentes y fervientes que sepan escuchar y responder a los susurros del Santo Espíritu”1.
En muchos aspectos, el mundo actual es más difícil de lo que era hace 13 años. Nuestros jóvenes y jovencitas tienen muchas más distracciones que los desvían de sus preparativos tanto para la misión como para una futura vida feliz. La tecnología se ha expandido y casi todo el mundo tiene acceso a un dispositivo móvil que puede captar la atención de la familia humana de Dios para hacer mucho bien o mucho mal. Seguir leyendo →
Por el élder Ulisses Soares
De la Presidencia de los Setenta
Debemos asirnos aún más fuertemente a nuestro testimonio del evangelio de Jesucristo; entonces ganaremos las batallas diarias contra el mal.
Queridos hermanos, me siento humilde por el privilegio de dirigirles la palabra a ustedes, los poseedores del sacerdocio de Dios de toda la Iglesia.
El presidente Thomas S. Monson ha dicho:
“A veces, el mundo puede ser un lugar atemorizante en el cual vivir. La estructura moral de la sociedad parece estar desmoronándose a una rapidez alarmante. Nadie, ya sea joven, anciano, o de mediana edad, se libra de estar expuesto a aquellas cosas que tienen el potencial de arrastrarnos hacia abajo y destruirnos.
“Estamos librando una guerra con el pecado… pero no debemos desanimarnos; es una guerra que podemos ganar y que ganaremos. Nuestro Padre Celestial nos ha dado las herramientas que necesitamos para lograrlo”1.
Todos nosotros, jóvenes y adultos, afrontamos a diario la guerra a la que se refirió el presidente Monson. El enemigo y sus ángeles tratan de distraernos. Su finalidad es impulsar a que nos apartemos de los convenios que hemos hecho con el Señor y perdamos de vista nuestra herencia eterna. Ellos conocen bien el plan que nuestro Padre Celestial tiene para Sus hijos, ya que estuvieron con nosotros en el Gran Concilio de los Cielos cuando fue presentado. Tratan de aprovecharse de nuestras debilidades y flaquezas, y nos engañan con “vapores de tinieblas… que ciegan los ojos y endurecen el corazón de los hijos de los hombres, y los conducen hacia caminos anchos, de modo que perecen y se pierden”2.
A pesar de la oposición que afrontamos, el presidente Monson ha enseñado que podemos ganar esta guerra y que la ganaremos. El Señor confía en nuestra capacidad y determinación para hacerlo.
Las Escrituras contienen innumerables ejemplos de aquellos que ganaron sus guerras aun bajo circunstancias sumamente hostiles. Uno de ellos es el capitán Moroni en el Libro de Mormón. Ese extraordinario joven tuvo el valor de defender la verdad en una época en la que había muchas disensiones y guerras, lo cual amenazaba con destruir a toda la nación nefita. Aunque llevaba a cabo sus responsabilidades con eficiencia, Moroni siguió siendo humilde. Junto con otros atributos, eso hizo que fuera un instrumento extraordinario en las manos de Dios en ese entonces. El libro de Alma explica que, si todos los hombres hubieran sido como Moroni, “los poderes mismos del infierno se habrían sacudido para siempre; [y] el diablo jamás tendría poder sobre el corazón de los hijos de los hombres”3. Todos los atributos de Moroni provenían de su gran fe en Dios y en el Señor Jesucristo4, y de su firme determinación de seguir la voz de Dios y de Sus profetas5.
En sentido figurado, todos debemos convertirnos en un capitán Moroni moderno a fin de ganar la guerra contra el mal. Conozco a un fiel joven diácono que se convirtió en un capitán Moroni moderno. Debido a que ha procurado seguir el consejo de sus padres y líderes de la Iglesia, su fe y determinación se ha puesto a prueba todos los días, a pesar de ser tan joven. Me contó que un día lo tomó por sorpresa una situación difícil e incómoda: sus amigos estaban mirando imágenes pornográficas en sus teléfonos. En ese preciso momento, ese joven tuvo que decidir qué era más importante: su popularidad o su rectitud. En los instantes que siguieron, se armó de valor y dijo a sus amigos que lo que estaban haciendo no era correcto. Más aun, les dijo que debían dejar de hacer lo que hacían o de lo contrario se convertirían en esclavos de ello. La mayoría de sus compañeros se burlaron de su consejo diciéndole que era parte de la vida y que no tenía nada de malo. No obstante, hubo uno de ellos que escuchó el consejo del joven y decidió dejar de hacer lo que estaba haciendo.
El ejemplo de ese diácono tuvo una influencia positiva en al menos uno de sus compañeros. Seguramente él y su amigo fueron objeto de burlas y persecución debido a su decisión. Por otra parte, siguieron la amonestación que Alma hizo a su pueblo cuando dijo: “Salid de entre los inicuos, y conservaos aparte, y no toquéis sus cosas inmundas”6.
El folleto Para la Fortaleza de la Juventud contiene el siguiente consejo aprobado por la Primera Presidencia para los jóvenes de la Iglesia: “Tú eres responsable por las decisiones que tomes. Dios te tiene presente y te ayudará a tomar buenas decisiones, aun cuando tu familia y amigos utilicen su albedrío en forma equivocada. Debes tener la valentía moral de permanecer firme en tu obediencia a la voluntad de Dios, aun cuando tengas que permanecer solo. Al hacerlo, darás el ejemplo que otras personas pueden seguir”7.
La guerra entre el bien y el mal continuará a lo largo de nuestra vida ya que el propósito del adversario es que todas las personas sean miserables como él. Satanás y sus ángeles intentarán confundir nuestros pensamientos y controlarnos al tentarnos para que pequemos. Si lo logran, corromperán todo lo que es bueno. No obstante, es importante comprender que ellos tendrán poder sobre nosotros sólo si se lo permitimos.
En las Escrituras también hay varios ejemplos de personas que otorgaron ese permiso al adversario y terminaron confundidas y hasta fueron destruidas, como Nehor, Korihor y Sherem. Debemos estar alerta de ese peligro. No podemos dejarnos confundir por mensajes populares que el mundo acepta con facilidad y que contradicen la doctrina y los principios verdaderos del evangelio de Jesucristo. Muchos de esos mensajes mundanos no son nada más que un intento que la sociedad hace para justificar el pecado. Debemos recordar que, al final, compareceremos ante Cristo “para ser juzgados por [nuestras] obras, ya fueren buenas o malas”8. Cada vez que se nos presenten esos mensajes mundanos, se requerirá de gran valor y un firme conocimiento del plan de nuestro Padre Celestial para escoger el bien.
Todos podemos recibir fuerza para escoger el bien si buscamos al Señor y depositamos toda nuestra confianza y fe en Él; pero, como se enseña en las Escrituras, debemos tener “un corazón sincero” y “verdadera intención”; entonces, el Señor, en Su infinita misericordia, “[nos] manifestará la verdad… por el poder del Espíritu Santo; y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas”9.
El conocimiento adquirido por el Espíritu Santo no es más que nuestro testimonio, el cual aumenta nuestra fe y determinación de seguir las enseñanzas del Evangelio restaurado en estos últimos días, a pesar de los mensajes populares que escuchemos del mundo. Nuestro testimonio debe ser el escudo que nos protegerá de los ardientes dardos del adversario en su intento por atacarnos10; nos guiará a salvo a través de las tinieblas y la confusión que existen en el mundo hoy11.
Ese principio lo aprendí cuando serví como misionero en mi juventud. Mi compañero y yo servíamos en una rama muy pequeña y distante de la Iglesia. Intentamos hablar con cada una de las personas de la ciudad; ellas nos recibían muy bien, pero les gustaba discutir en cuanto a las Escrituras y nos pedían evidencias concretas respecto a la veracidad de lo que enseñábamos.
Recuerdo que cada vez que mi compañero y yo intentábamos demostrar algo, el Espíritu de Dios nos abandonaba y nos sentíamos totalmente perdidos y confundidos. Sentimos que debíamos alinear con más firmeza nuestros testimonios con las verdades del Evangelio que enseñábamos. Desde ese momento en adelante, recuerdo que, cuando testificábamos con todo el corazón, el cuarto se llenaba de un poder apacible de confirmación que provenía del Espíritu Santo y que no dejaba lugar para la confusión ni a la discusión. Aprendí que no existe ninguna fuerza del mal que sea capaz de confundir, engañar o socavar el poder del testimonio sincero de un discípulo verdadero de Jesucristo.
Como el mismo Salvador enseñó, el adversario desea zarandearnos como a trigo y que perdamos la capacidad de ser una buena influencia en el mundo12.
Mis queridos hermanos, debido a la ola de confusión y de dudas que se extiende hoy por todo el mundo, debemos asirnos aun más fuertemente a nuestro testimonio del evangelio de Jesucristo; entonces nuestra capacidad para defender la verdad y la justicia aumentará en gran manera, ganaremos las batallas diarias contra el mal, y, en vez de caer en las batallas de la vida, persuadiremos a otras personas a que sigan las normas del Maestro.
Invito a todos a que busquen resguardo en las enseñanzas de las Escrituras. El capitán Moroni alineó su fe en Dios y su testimonio de la verdad con el conocimiento y la sabiduría que se hallan en las Escrituras. De ese modo, tuvo confianza en que recibiría las bendiciones del Señor y en que obtendría muchas victorias, lo cual en realidad sucedió.
Invito a todos a resguardarse en las palabras sabias de nuestros profetas actuales. El presidente Thomas S. Monson dijo: “Nosotros, los que hemos sido ordenados al sacerdocio de Dios, podemos marcar la diferencia. Cuando mantenemos nuestra pureza personal y honramos nuestro sacerdocio, nos convertimos en ejemplos rectos que los demás pueden seguir… [y ayudamos a] iluminar un mundo cada vez más oscuro”13.
Invito a todos a confiar en los méritos y en el poder de la expiación de Jesucristo. Por medio de Su sacrificio expiatorio, podemos armarnos de valor para ganar todas las guerras de nuestra época, incluso en medio de nuestras dificultades, desafíos y tentaciones. Confiemos en Su amor y Su poder para salvarnos. Jesucristo mismo dijo:
“Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”14.
“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”15.
“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción. Pero confiad; yo he vencido al mundo”16.
Testifico de estas verdades en el nombre sagrado de Jesucristo. Amén.
Referencia
Véase de Thomas S. Monson, “El mirar hacia atrás y seguir adelante”, Liahona, mayo de 2008, pág. 90.
1 Nefi 12:17.
Alma 48:17.
Véase Alma 48:13.
Véanse Alma 43:23–24; 48:16.
Alma 5:57.
Folleto Para la Fortaleza de la Juventud, 2011, pág. 2.
Véase 3 Nefi 27:14.
Moroni 10:4–5.
Véanse Efesios 6:16; Doctrina y Convenios 27:17.
Véase Apocalipsis 12:11.
Véase Lucas 22:31–32.
Thomas S. Monson, “Guiados a salvo a casa”, Liahona, noviembre de 2014, pág. 68.
Por Larry M. Gibson
Primer Consejero de la Presidencia General de los Hombres Jóvenes
Que cada uno disfrute de la plenitud de las bendiciones del Padre en esta vida y del cumplimiento de Su obra y Su gloria al llegar a ser padres de nuestras familias por la eternidad.
Cuando era joven, mi padre me enseñó una lección importante. El presintió que yo estaba demasiado apegado a las cosas temporales; cuando tenía dinero, lo gastaba enseguida, y casi siempre en mí mismo.
Una tarde, me llevó a comprar zapatos. En el segundo piso de la tienda, me dijo que mirara por la ventana.
“¿Qué ves?” me preguntó.
“Edificios, el cielo, gente”, respondí.
“¿Cuántos?”.
“¡Muchos!”.
Entonces sacó una moneda del bolsillo; mientras me la daba me preguntó: “¿Qué es esto?”.
Lo supe de inmediato: “¡Un dólar de plata!”.
Utilizando su conocimiento de química, dijo: “Si fundes ese dólar de plata y lo mezclas con los ingredientes correctos, tendrás nitrato de plata. Si cubrieras esta ventana con nitrato de plata, ¿qué verías?”.
Yo no tenía ni idea, así que me llevó frente a un espejo y me preguntó: “¿Ahora qué ves?”.
“Me veo a mí mismo”.
“No”, respondió, “lo que ves es la plata que refleja tu imagen. Si te centras en la plata, todo lo que verás es a ti mismo, y como un velo, te impedirá ver claramente el destino eterno que el Padre Celestial tiene preparado especialmente para ti”. Seguir leyendo →
Por el obispo Gérald Caussé
Primer Consejero del Obispado Presidente
Asombrarnos ante las maravillas del Evangelio es un signo de fe; es reconocer la mano del Señor en nuestra vida y en todo lo que nos rodea.
Mi esposa y yo hemos tenido el enorme gozo de criar a nuestros cinco hijos cerca de la magnífica ciudad de París. Durante esos años quisimos ofrecerles amplias oportunidades de descubrir las maravillas de este mundo. Cada verano, nuestra familia hizo largos viajes para visitar los monumentos, los lugares históricos y las maravillas naturales más importantes de Europa. Finalmente, tras pasar 22 años en la zona de París, estábamos a punto de mudarnos. Aún recuerdo el día en que mis hijos me dijeron: “Papá, ¡qué vergüenza! ¡Hemos pasado aquí toda nuestra vida y nunca hemos ido a la Torre Eiffel!”.
Hay muchas maravillas en este mundo. Sin embargo, a veces, cuando las tenemos constantemente delante de los ojos, no las apreciamos. Miramos, pero realmente no vemos; oímos, pero realmente no escuchamos.
Durante Su ministerio en la Tierra Jesús dijo a Sus discípulos:
“Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis,
“pues os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron”1.
Con frecuencia me he preguntado cómo habría sido vivir en la época de nuestro Salvador. ¿Se imaginan lo que sería sentarse a Sus pies? ¿Sentir que nos abrace? ¿Ser testigos cuando Él ministraba a otras personas? Pese a ello, muchas personas que lo conocieron no se dieron cuenta, no “vieron”, que el mismo Hijo de Dios vivía entre ellos.
Nosotros también tenemos el privilegio de vivir en una época excepcional. Los profetas antiguos vieron la obra de la Restauración como “una obra maravillosa… sí, una obra maravillosa y un prodigio”2. En ninguna dispensación anterior se llamó a tantos misioneros, se abrieron tantas naciones al mensaje del Evangelio ni se construyeron tantos templos por todo el mundo. Seguir leyendo →
Conferencia General Octybre 1990 Y se despoje del hombre natural
Elder Neal A. Maxwell
Del Quórum de los Doce Apóstoles
«El egoísmo es una falta muy seria porque lleva a cometer los pecados más graves.»
Repetidas veces los profetas han advertido de los peligros del egoísmo: el excesivo interés por el propio «yo». La distancia entre la constante autocomplacencia y el adorarse a uno mismo es mas corta de lo que se cree. El obstinado egoísmo es en verdad rebelión contra Dios, porque como lo amonestó Samuel el profeta:»[como] idolatría [es] la obstinación» (1 Samuel 15:23).
El egoísmo es una falta muy seria porque lleva a cometer los pecados mas graves. Es el detonador de la violación de los Diez Mandamientos.
Si uno se concentra en sí mismo, es naturalmente más fácil levantar falso testimonio si ello sirve los fines personales; es más fácil hacer caso omiso de los padres en lugar de honrárseles; es más fácil robar porque lo que se desea viene a ser más importante; es más fácil codiciar puesto que el egoísta piensa que no debe negarse nada.
Es más fácil cometer pecados sexuales porque el propio placer es el nombre del juego mortal en el que muchas veces se abusa cruelmente de los demás. Es más fácil no guardar el día de reposo, porque este día pronto parece como cualquier otro. Para el egoísta es más fácil mentir porque con la mentira logra conseguir lo que desea.
Así es que el egoísta no busca complacer a Dios sino a sí mismo, y hasta quebrantara un convenio con tal de satisfacer sus apetitos.
El egoísta no tiene tiempo para tener seriamente en cuenta los sufrimientos de los demás; de ahí que el amor de muchos se enfriara (Mateo 24:12; D. y C. 45:27).
En los últimos días, abundaran los pecados más abominables tal como «en los días de Noé». La gente, en los días de Noé, nos dicen las Escrituras, «se corrompió delante de Dios» y estaba «llena de violencia» (véase Génesis 6:11-12; Moisés 8:28). ¿Resulta familiar? Estas dos espantosas condiciones, la corrupción y la violencia, se agravan por el aumento del egoísmo de las personas. Y así, no es extraño que desfallezca el corazón de los hombres por el temor. (Véase Lucas 21:26; D. y C. 45:26.) Aun los fieles desfallecerán un poco. Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 1990 Venid a mí
Presidente Howard W. Hunter
Presidente del Quorum de los Doce Apóstoles
«Nosotros también debemos creer que Jesucristo tiene el poder de aliviar nuestras cargas.»
En su amada Galilea, esa región tan familiar y preferida de Jesús, El, el Hijo de Dios, efectuó no solamente el primer milagro que se menciona en el Nuevo Testamento, sino que siguió realizando muchos y grandes milagros que con seguridad asombraron y maravillaron a la gente de Galilea que los presenció. Curó a un leproso, sanó al sirviente del centurión, calmó la tempestad, expulsó a los demonios, curó a un paralítico, devolvió la vista a los ciegos y restauró la vida a una joven que había muerto.
La mayoría de la gente de esa provincia en que se crió no quería creer en El. «¿No es éste el hijo de José?» (Lucas 4:22) se preguntaban negándose a reconocer su origen divino. Jesucristo derramó lágrimas de tristeza por esta gente que debía haberlo reconocido. A causa del escepticismo y de la incredulidad que tenían y por rehusar, arrepentirse, Jesús reprendió a los habitantes de las ciudades en las que había realizado la mayoría de sus grandes obras. Al encontrar motivos suficientes para recriminar a los inicuos habitantes de las ciudades de Corazín, Betsaida y Capernáum, dijo:
«. . .porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy.
«Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti.» (Mateo 11:23-24.)
Aun cuando se afligía por la iniquidad y la falta de fe de tanta gente de su tierra, el Salvador expresó una oración de gratitud por la gente sencilla y humilde que sí prestaba atención a sus enseñanzas y creía. Estas personas lo necesitaban a El y necesitaban escuchar su mensaje. Ellos demostraron que los humildes, los necesitados y los angustiados escuchan con facilidad la palabra de Dios y la estiman. Consolando a esos nuevos creyentes y expresando preocupación por los que escogían no seguirlo, Cristo nos dio una invitación que el élder James E. Talmage ha descrito apropiadamente como «uno de los derramamientos más hermosos de emociones espirituales conocidos por el hombre» (Jesús el Cristo, pág. 274) Estas son las palabras del Maestro al extender esa gran invitación: Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 1990 Una norma en todas las cosas
Elder Marvin J Ashton
Del Quórum de los Doce Apóstoles
«El seguir las normas de Dios nos lleva a reconocer nuestras debilidades, a encararlos, a superarlos y a elevarnos a las alturas del modelo de Cristo «
A lo largo de los años, he pasado momentos difíciles en los aviones al pasar estos por turbulencias en el aire. Muchas veces, fuertes vientos, tempestades, espesas nubes, «caídas repentinas», etcétera, me han producido momentos de inquietud, sobre todo en el momento de aterrizar. En una oportunidad, un experto piloto me tranquilizó después de un aterrizaje difícil al explicar el sistema o norma de aterrizaje: la trayectoria metódica del vuelo de un avión al aterrizar, instrumentos precisos, experiencia y confianza guían los aviones a salvo en el aire, al aterrizar y al despegar. «Si bien no podemos controlar la fuerza de los elementos, podemos seguir la norma o procedimiento de seguridad ya previsto», dijo él.
Un día, al admirar yo un bello acolchado hecho a mano por una experta costurera, ella me dijo que había hecho muchos acolchados en su vida y supe que era muy conocida por su excelente trabajo. Cuando le pregunte: «¿Y hace usted algún acolchado sin tener el modelo?», ella me dijo: «No, no podría saber el resultado final si no siguiera un modelo».
De igual modo, ni siquiera podremos adivinar el resultado final de nuestra vida si no escogemos seguir el debido modelo o norma.
Debiéramos sentimos felices de que en esta época el Señor nos haya prometido: «Y además, os daré una norma en todas las cosas, para que no seáis engañados; porque Satanás anda por la tierra engañando. . .» (D. y C. 52:14). Ese potente pasaje siempre me ha dado valentía, consuelo y orientación.
Una norma o pauta es una guía para copiar, un diseño, un plan, un diagrama o modelo que seguir para hacer cosas, un conjunto de rasgos característicos de una persona; también es la trayectoria metódica del vuelo de un avión al aterrizar.
El Evangelio de Jesucristo es la norma o modelo de Dios del recto vivir y de la vida eterna; posibilita el fijar metas y el saber lo que hay que hacer primero. Satanás y los que le siguen procuraran constantemente engañarnos para que sigamos las pautas o normas de ellos. Si queremos estar a salvo cada día, alcanzar la exaltación y la felicidad eterna, tenemos que guiarnos por la luz y la verdad del plan de nuestro Salvador. La salvación plena o absoluta gira alrededor de nuestro Salvador. Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 1990 Una llave eterna
Elder Durrel A. Woolsey
De los Setenta
«Ni todo el dinero del mundo, ni los grandes logros mundanos os llevarán de regreso indemnes, con vuestra familia, a la presencia del Padre.»
Mis queridos hermanos, poseedores del sacerdocio, Jesucristo dijo: «Porque, ¿qué aprovechara al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?» (Marcos 8:36.) Y podríamos agregar: «¿si perdiere su alma y su familia?»
Cuando salí de California con destino a Salt Lake City para recibir capacitación y ser apartado para una misión en Arizona, pase algunos momentos de gran inquietud. Había perdido todas mis llaves; las del auto, la casa, el trabajo y la de mi llamamiento en la Iglesia, todas habían quedado atrás, y me deprimió el no tener ninguna llave; hasta me parecía tener los bolsillos vacíos.
Entonces me asaltó el consolador pensamiento de que todavía poseía la llave más importante de todas y que la tendría eternamente si era digno de ella. Esa llave, por supuesto, es la llave patriarcal con mi familia.
Me di cuenta de que la mayoría de las llaves son temporarias, especialmente las que controlan las cosas materiales, las que, con el tiempo, se corrompen con la polilla y el orín. Las llaves del liderato del sacerdocio y otras de la presidencia son importantísimas; pero aun así, por naturaleza, la mayoría de ellas son temporales, ya que a su debido tiempo, después de servir fielmente, tendremos que entregarlas a otras personas.
No obstante, se nos permitirá conservar la llave patriarcal. Padres, vosotros poseéis la llave para realizar la obra que varios Profetas han declarado de vital importancia. El presidente Harold B. Lee dijo: «. . .la obra más importante que habréis de realizar esta dentro de las paredes de vuestro hogar», y el presidente David 0. McKay dijo: «No hay éxito en la vida que compense el fracaso en el hogar».
Muchos en el mundo se alarman, y con cierta justificación, por el pavoroso deterioro que sufre la familia actual. La solución más eficaz a ese problema yace en un padre honorable, integro y fiel, que guíe a su familia con rectitud y justicia. Esa labor y ese llamamiento de gran gozo consiste en hacer lo que sea necesario para que vosotros y vuestra familia regresen unidos a vivir con nuestro Padre Celestial. Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 1990 Testigos de Cristo
Elder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles
«A los que estéis consagrados al Señor Jesucristo, os digo que nunca hubo una necesidad mayor de profesar nuestra fe, tanto en privado como en público.»
Hace poco recibí una carta de un miembro de la Iglesia en la que hacia una pregunta algo extraña. Decía: «¿Tengo derecho de testificar del Salvador? ¿0 sólo los Doce tienen ese privilegio?» En respuesta os diré algunas ideas mas a fin de especificar por que todo miembro de esta Iglesia debe dar testimonio de Jesucristo.
En el principio Dios mandó a Adán: «. . .harás todo cuanto hicieres en el nombre del Hijo, y te arrepentirás e invocaras a Dios en el nombre del Hijo para siempre jamas» (Moisés 5:8). Entonces, el Espíritu Santo, «que da testimonio del Padre y del hijo», descendió sobre Adán y Eva, y ellos «bendijeron el nombre de Dios, e hicieron saber todas las cosas a sus hijos e hijas» (Moisés 5:9, 12).
Mas adelante, Enoc relató que Dios le había enseñado a Adán que todos debían arrepentirse y ser bautizados en el nombre de Jesucristo, cuyo sacrificio expiatorio hizo posible el perdón de los pecados, y que ellos debían enseñar esas cosas a sus hijos (Moisés 6:52-59).
Y así, nuestros primeros padres establecieron el modelo; primero recibieron un testimonio del Espíritu Santo y luego testificaron del Padre y del Hijo a los que les rodeaban.
El profeta Nefi describió el bautismo como una ocasión en que las personas testifican al Padre que están dispuestos a tomar sobre sí el nombre de Cristo (2 Nefi 31:13). Asimismo, el Señor ha dicho que los que deseen ser bautizados en esta dispensación deben » [venir] con corazones quebrantados y con espíritus contritos, y [testificar] ante la iglesia que. . . están dispuestos a tomar sobre sí el nombre de Jesucristo» (15. y (z. 20:37; Moroni 6:3). Renovamos esa promesa cuando tomamos la Santa Cena (D. y C. 20:77; Moroni 4:3).
También testificamos de Cristo al ser miembros de la Iglesia que lleva Su nombre (3 Nefi 27:7i D. y C. 115:4). Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 1990 ¡Te he dicho mil veces!
Obispo Glenn L. Pace
Segundo Consejero del Obispado Presidente
«Debemos hacer cuanto este de nuestra parte por prevenir las calamidades, y después hacer todo lo posible por auxiliar y consolar a las víctimas de las tragedias que de todos modos ocurren.»
Entre los que sois padres, ¿cuántos habéis tenido una experiencia similar a la siguiente?: Estáis finalmente descansando al terminar una ardua jornada. De pronto, el silencio y la serenidad se ven interrumpidos por el desgarrador grito de uno de vuestros hijos. De un salto abandonáis el cómodo sillón y salís al encuentro del niño, que entra en la casa corriendo y visiblemente agitado. En seguida os dais cuenta de que se ha lastimado y que el corte requerirá puntos, y en una fracción de segundo os hacéis una idea mental de lo que sucedió. Por consiguiente, las primeras palabras que brotan de vuestra boca, en vez de ser de comprensión y consuelo, son: «¿Cuándo vas a aprender a hacerme caso? ¿Por qué no haces caso? ¡Te he dicho mil veces que no te subas al techo de la casa!»
Nuestros hijos testificaran que nunca decimos que les hemos advertido algo dos, tres, nueve ni quince veces, sino que siempre afirmamos que se lo hemos dicho mil veces.
Así como los padres terrenales hemos hecho advertencias a nuestros hijos, el Señor ha advertido a sus hijos: «Y la voz de amonestación ira a todo pueblo por boca de mis discípulos, a quienes he escogido en estos últimos días»(D. y C. 1:4).
Y después de sus testimonios, «viene el testimonio de terremotos que causaran gemidos en medio de la tierra. . .
«Y también viene el testimonio de la voz de truenos. . . de relámpagos. . . de tempestades, y. . . de las olas del mar que se precipitan allende sus limites.» (D. y C. 88:89-90.)
«Y en ese día se oirá de guerras y rumores de guerras. . .
«Y el amor de los hombres se enfriara, y abundara la iniquidad.» (D. y C. 45:26-27.)
«Y se derramaran plagas. . .» (D. y C. 84:97.)
«. . .y toda la tierra estará en conmoción. . .» (D. y C. 45:26.) Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 1990 Sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia
Elder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles
«Los que han adquirido verdaderamente la reverencia son los que se han esforzado por conocer la gloria del Padre y de su Hijo.»
Y si mi pueblo me edifica una casa en el nombre del Señor, y no permite que entre en ella ninguna cosa inmunda para profanarla, mi gloria descansara sobre ella.
«Si, y mi presencia estará allí, porque vendré a ella; y todos los de corazón puro que allí entren verán a Dios.
«Mas si fuere profanada, no vendré a ella, ni mi gloria estará allí; porque no entraré en templos inmundos.» (D. y C. 97:15-17.)
Quisiera hablaros hoy sobre la reverencia. Aunque creo que esta se demuestra con frecuencia por medio del comportamiento, no es el comportamiento lo que me preocupa. Quiero referirme a la reverencia como actitud, una actitud de respeto profundo y de veneración hacia la Deidad. Es cierto que la conducta reverente sigue a las actitudes reverentes, mas es esa actitud de reverencia lo primero que necesitamos cultivar entre nuestros miembros. El proceder reverente sin una actitud reverente no tiene significado alguno, pues sólo se pone en practica para recibir los honores de los hombres y no los de Dios.
Las Escrituras nos recuerdan siempre que lo bueno debe provenir de lo profundo del corazón. Los que aparentan solo para recibir los honores de los hombres, pero son de corazón impuro, son hipócritas. No es suficiente comportarnos con reverencia, sino que debemos sentir en nuestro corazón esa reverencia por nuestro Padre Celestial y nuestro Señor Jesucristo. Este sentimiento nace de nuestra admiración y respeto por Dios. Los que han adquirido verdaderamente la reverencia son los que se han esforzado por conocer la gloria del Padre y de su Hijo. Tal como Pablo amonestó a los Hebreos: «Sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia» (Hebreos 12:28).
La historia del joven Alma es un hermoso ejemplo de la reverencia que sentimos en nuestro corazón cuando llegamos a conocer a Dios. En su juventud, él había decidido tomar un camino pecaminoso y mundano. Alma quedó tan asombrado cuando un ángel se le apareció y lo llamó al arrepentimiento, que en ese momento quedó mudo y tan débil que no pudo moverse. Después de dos días y dos noches, cuando empezó a recobrar sus fuerzas, se levantó y comenzó a contar a la gente la forma en que el Señor lo había salvado. Este fue el renacer de un nuevo Alma; era un hombre nuevo; su corazón había cambiado. En el versículo 29 del capitulo 21 de Mosíah, él describe su maravilloso cambio con estas palabras: Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 1990 Seguid al Profeta
Elder J. Ballard Washburn
De los Setenta
«Ezra Taft Benson nació para ser. Profeta, vivir para ser Profeta y ha sido llamado por Dios para ser Profeta en nuestros días.»
Mis queridos hermanos, es un honor estar aquí con vosotros. Ruego humildemente que el Espíritu me guíe en lo que os digo para que repasemos brevemente algunos sucesos de la vida de nuestro Profeta y tratemos con mas firmeza de seguir su ejemplo y ser buenos discípulos de Jesucristo.
El presidente Kimball citó algo que dijo el Sr. F. M. Bareham: «Cuando hay que arreglar algo que esta mal, cuando hay que enseñar una verdad o cuando hay que descubrir un continente [y podríamos agregar, o cuando Dios quiere que leamos el Libro de Mormón], Dios envía a un niño al mundo para que lo haga». (En Conference Report, abril de 1960, pág. 84.)
Y fue así que el 4 de agosto de 1899, en Whitney, Idaho, Sarah Benson comenzó con dolores de parto. Su esposo, George, le dio una bendición. «El Dr. Allan Cutler la atendió en el dormitorio de la casa, encontrándose allí ambas abuelas, Louisa Bensun y Margaret Punkley. El parto fue largo y difícil, y cuando el niño nació, un varoncito grande, el doctor no pudo hacer que respirara. Con rapidez lo dejó sobre la cama diciendo que no había esperanzas para el niño, pero que creía que podía salvar a la madre. Mientras el Dr. Cutler atendía febrilmente a Sarah, las abuelas corrieron a la cocina, orando en silencio mientras trabajaban. Poco después volvieron con dos ollas de agua, una fría y otra tibia. Metían al niño en el agua fría y luego en la tibia hasta que por fin lo oyeron llorar. El niño, que pesaba mas de cinco kilos, vivía. Luego, ambas abuelas dieron fe de que el Señor lo había salvado. George y Sarah lo llamaron Ezra Taft Benson.» (Sheri L. Dew, Ezra Taft Benson: A Biography, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1987, págs. 13-14.)
Cuando Ezra tenía doce años, su padre fue llamado a una misión, y como era el mayor de los hijos, quedó a cargo de su madre, que estaba encinta, y de sus seis hermanos y hermanas. Durante una epidemia de viruela, todos enfermaron y la madre se puso muy grave, pero aun así, no quisieron seguir el consejo del doctor de que le avisaran al padre que regresara a casa. El Señor les bendijo y ellos superaron esta y muchas otras dificultades mientras el hermano Benson servia una misión. Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 1990 Seguid a los Profetas
Elder Waldo P. Call
Miembro relevado de los Setenta
«El presidente Benson, el Profeta de Dios, nos ha aconsejado en cuanto a muchos cosas importantes. ¿Las estamos haciendo?»
En el Antiguo Testamento, en el Segundo Libro de los Reyes, leemos sobre un hombre de nombre Naamán quien fue «general del ejercito del rey de Siria. . . pero leproso» (2 Reyes 5:1).
Una muchacha israelita que «servia a la mujer de Naamán» dijo: «Si rogase mi Señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra» (2 Reyes 5:2-3).
El general Naamán, que no era miembro de la iglesia, aceptó ese consejo con plena fe y esperanza. Entonces, el rey de Siria le dio una carta para el rey de Israel, y también oro, plata y telas finas como regalo.
El rey de Israel, hombre de poca fe, se molestó acerca de todo eso porque sabia que el no podía curar a Naamán, de modo que dijo: «. . .y ved cómo busca ocasión contra mí» (2 Reyes 5:7).
«Cuando Eliseo el varón de Dios oyó» esto, «envió a decir al rey. . . Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel» (2 Reyes 5:8.)
Naamán fue a donde estaba el profeta. «Eliseo le mandó un mensajero diciendo: Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio.
«Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra.
«. . .¿no son mejores [los ríos de Damasco] que todas las aguas de Israel? . . .Y se volvió, y se fue enojado.» (Véase 2 Reyes 5:10-12.)
Su orgullo no le dejó seguir el consejo del profeta. Así que fue y continuó con su lepra. ¿Actuó así por causa de un corazón soberbio? Seguir leyendo →
Conferencia General Octubre 1990 Redención: la cosecha de amor
Elder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles
«Es posible que hoya sentido la inspiración, pero que haya pensado que no es un genealogista. ¿Se da cuenta de que ya no necesita serlo?»
Hace ciento cincuenta años, el Señor reveló a su profeta José Smith una doctrina sublime sobre el bautismo. Esa luz vino cuando otras religiones enseñaban que la muerte determina el destino del alma en forma irrevocable, que los bautizados tendrían gozo eterno, y los demás, un tormento sin fin y sin esperanza de redención. La revelación del Señor de que por la autoridad del sacerdocio podía hacerse el bautismo vicario por los muertos indicaba la justicia de estas palabras suyas: “… el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5).
El bautismo vicario ofrece misericordiosamente esta ordenanza a todos los muertos dignos que no la hayan recibido de manos autorizadas.
Esta gloriosa doctrina es otro testimonio de que la expiación de Jesucristo lo abarca todo. Él puso la salvación al alcance de toda alma que se arrepienta, y su expiación vicaria conquistó la muerte. Él hace que los muertos dignos reciban vicariamente toda ordenanza salvadora.
En una epístola, escrita hace ciento cincuenta años, José Smith dijo: “Los santos tienen el privilegio de bautizarse … por sus familiares muertos … que hayan recibido el evangelio. . Los que descuiden esto arriesgan su propia salvación” (History of the Church, 4:231; cursiva agregada).
El profeta Elías entregó a José Smith, en el Templo de Kirtland, las llaves de la obra vicaria (D. y C. 110:13-16), cumpliendo la promesa del Señor de que plantaría “en el corazón de los hijos las promesas hechas a los padres, y el corazón de los hijos se volverá a sus padres” (D. y C. 2:2). Seguir leyendo →