En busca del Señor

En busca del Señor

Por el élder José A. Teixeira
De los Setenta

A medida que comprendamos mejor al Salvador, tendremos un mayor deseo de vivir con alegría y con la convicción de que el gozo es posible.

Mis queridos hermanos y hermanas, es con gran gozo que me presento aquí ante ustedes al participar de esta conferencia general. Escuchar las palabras de sabiduría, consejo, consuelo y advertencia que se nos han dado en las conferencias generales durante muchos años han sido una gran bendición para la hermana Teixeira, para nuestra familia y para mí.

En esta época especial del año, especialmente en este día de reposo de Pascua de Resurrección, no puedo dejar de reflexionar en el significado de las enseñanzas del Salvador y en Su bondadoso y amoroso ejemplo en mi vida.

Comprender mejor a Jesucristo nos dará mayor esperanza para el futuro y, a pesar de nuestras imperfecciones, mayor confianza para lograr nuestras metas justas. Eso también nos dará un mayor deseo de servir a nuestro prójimo.

El Señor dijo: “Elevad hacia mí todo pensamiento; no dudéis; no temáis”1. El buscar al Señor y sentir Su presencia es una búsqueda diaria, un esfuerzo que bien vale la pena.

Hermanos y hermanas, hoy más que nunca, tenemos a nuestra disposición oportunidades excepcionales y recursos para profundizar nuestra comprensión de las enseñanzas de Jesucristo y de Su Expiación. El usarlos apropiadamente nos ayudará a vivir una vida fructífera llena de gozo.

En la metáfora del Salvador sobre la viña y los pámpanos, Él dijo: “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí”2. Seguir leyendo

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A la espera del [hijo] pródigo

A la espera del [hijo] pródigo

Por el élder Brent H. Nielson
De los Setenta

Que ustedes y yo recibamos revelación para saber la mejor manera de ayudar a aquellos en nuestra vida que se han descarriado.

El Salvador Jesucristo pasó Su ministerio terrenal enseñando sobre Su poder de sanación y redención. En una ocasión, registrada en el capítulo 15 de Lucas, en el Nuevo Testamento, lo criticaron en verdad por comer y pasar tiempo con pecadores (véase Lucas 15:2). El Salvador usó esa crítica como una oportunidad para enseñarnos a todos la forma de responder ante quienes se han desviado del camino.

Para responder a Sus críticos, Él les hizo dos preguntas importantes:

“¿Qué hombre de vosotros, si tiene cien ovejas y se le pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la que se le perdió, hasta que la halla?” (Lucas 15:4).

“¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende una lámpara, y barre la casa y busca con diligencia hasta hallarla?” (Lucas 15:8).

Después, el Salvador enseña la parábola del Hijo Pródigo. Esta parábola no es sobre las cien ovejas ni las diez dracmas; es acerca de un preciado hijo que está perdido. Mediante la parábola, ¿qué nos enseña el Salvador sobre cómo actuar cuando un miembro de la familia se ha descarriado?

El hijo pródigo informa a su padre que quiere su herencia de inmediato. Quiere dejar la seguridad de su hogar y su familia, e ir en busca de los afanes del mundo (véase Lucas 15:12–13). Tengan en cuenta que en la parábola del Salvador, el padre responde con amor, dándole al hijo su herencia. Sin duda, el padre deber haber hecho todo lo posible para convencer al hijo de que se quedara. Sin embargo, una vez que el hijo adulto toma su decisión, el padre sabio lo deja ir. Después, el padre demuestra amor sincero, observa y espera (véase Lucas 15:20). Seguir leyendo

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Merced, justicia y amor

Merced, justicia y amor

Por el élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Jesucristo sufrió, murió y se levantó de los muertos a fin de que pudiera elevarnos a la vida eterna.


Sin cuerdas de seguridad, arneses ni equipos de montañismo de ningún tipo, dos hermanos —Jimmy, de 14 años, y John, de 19 (aunque esos no son los nombres verdaderos)— intentaron escalar una pared escarpada del Parque Estatal del Cañón Snow, ubicado en la región del sur de Utah, EE. UU., donde yo nací. Cerca de la cima de su laborioso ascenso, descubrieron que, debido a un saliente, no les era posible ascender los pocos metros finales. No podían pasar por allí, pero ahora tampoco podían retroceder; estaban atrapados. Después de maniobrar con cuidado, John pudo encontrar un punto de apoyo lo suficientemente firme como para impulsar a su hermano menor a un lugar seguro por encima del saliente, pero él no encontraba forma de subir. Cuanto más se esforzaba para encontrar donde afirmar los dedos o los pies, más se le acalambraban los músculos. Empezó a sentir pánico y a temer por su vida.

Sin poder sujetarse por mucho más tiempo, John decidió que su única opción era intentar saltar verticalmente a fin de asirse a la parte superior del saliente; si conseguía lograrlo, tal vez, con la fuerza considerable de sus brazos, pudiese trepar a un lugar seguro.

En sus propias palabras, dijo:

“Antes de saltar, le dije a Jimmy que fuera a buscar una rama lo suficientemente fuerte como para extenderla hasta donde yo estaba, aunque sabía que no había algo así en esa cumbre rocosa. Era sólo una estratagema desesperada. Si mi salto fallaba, lo mínimo que podía hacer era asegurarme de que mi hermano menor no me viera caer hacia la muerte. Seguir leyendo

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Cómo preservar el albedrío y cómo proteger la libertad religiosa

Cómo preservar el albedrío y cómo proteger la libertad religiosa

Por el élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

El uso fiel de nuestro albedrío depende de que tengamos libertad religiosa.

Hoy es domingo de Pascua de Resurrección: un día de gratitud en el que recordamos honrar la Expiación y Resurrección de nuestro Salvador Jesucristo a favor de toda la humanidad. Lo adoramos, agradecidos por nuestra libertad de religión, libertad de reunión, libertad de expresión y el derecho divino del albedrío.

Como predijeron los profetas acerca de estos últimos días en los que vivimos, hay muchos que están confundidos en cuanto a quiénes somos y lo que creemos. Algunos son “… calumniadores [y]… aborrecedores de lo bueno”1. Otros “…a lo malo llaman bueno, y a lo bueno, malo; [y]… hacen de la luz tinieblas y de las tinieblas luz” 2.

Mientras los que nos rodean toman decisiones de cómo responder a nuestras creencias, no debemos olvidar que el albedrío moral es una parte esencial del plan de Dios para todos Sus hijos. Ese plan eterno, que se nos presentó en el concilio premortal de los cielos, incluía el don del albedrío3.

“…por motivo de que Satanás se rebeló contra mí, y pretendió destruir el albedrío del hombre que yo, Dios el Señor, le había dado… hice que fuese echado abajo”4.

Y continuó: “…y también alejó de mí a la tercera parte de las huestes del cielo, a causa de su albedrío” 5.

Como resultado, los hijos espirituales del Padre Celestial que escogieron rechazar el plan del Padre y siguieron a Lucifer, perdieron su destino divino. Seguir leyendo

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Permanezcamos junto al árbol

Permanezcamos junto al árbol

Por élder Kevin W. Pearson
De los Setenta

La visión que tuvo Lehi del árbol de la vida es una potente parábola sobre lo que es perseverar hasta el fin.

Poco antes de que el presidente Heber J. Grant muriera, una de las Autoridades Generales fue a visitarlo y, mientras estaba allí, oyó decir al presidente, mientras oraba: “¡Oh, Dios, bendíceme para no perder mi testimonio y permanecer fiel hasta el fin!”1. Ésa era su oración ferviente después de casi veintisiete años de ser Presidente de la Iglesia. Su ejemplo es un potente recordatorio de que nadie, a ninguna edad, es inmune a la influencia de Satanás; dos de las armas más fuertes que él tiene son la distracción y el engaño.

El perseverar hasta el fin es una señal del verdadero discipulado y es esencial para la vida eterna. Sin embargo, cuando enfrentamos pruebas y dificultades, muchas veces se nos dice sencillamente que lo “soportemos”. Quiero aclarar algo: “soportar” no es un principio del Evangelio. Perseverar hasta el fin significa venir a Cristo constantemente y ser perfeccionados en Él.

Si el perseverar hasta el fin es esencial para obtener la vida eterna, ¿por qué tenemos que luchar para ser fieles? Luchamos cuando tenemos que decidir entre dos cosas que compiten en prioridad. La obediencia desganada y el compromiso tibio destruyen la fe. El perseverar hasta el fin nos exige un compromiso total con el Salvador y hacia nuestros convenios.

La visión que tuvo Lehi del árbol de la vida es una poderosa parábola sobre lo que es perseverar hasta el fin. Los invito a que estudien el sueño de Lehi y mediten al respecto, en espíritu de oración; luego, aplíquenlo a ustedes mismos. Al hacerlo, consideren atentamente seis principios importantes que nos ayudan a perseverar hasta el fin. Seguir leyendo

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La perspectiva eterna del evangelio

La perspectiva eterna del evangelio

Por el élder Rafael E. Pino
De los Setenta

Para las decisiones que afecten la eternidad, es preciso que tengamos la perspectiva del Evangelio.

En una revelación dada a Moisés se nos da a conocer el manifiesto propósito de nuestro Padre Celestial: “Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”1. De acuerdo con esa declaración, el deseo del Padre es darnos a todos la oportunidad de recibir una plenitud de gozo. Las revelaciones de los últimos días muestran que nuestro Padre Celestial creó un gran plan de felicidad para todos Sus hijos, un plan muy especial para que podamos regresar a vivir con Él.

La comprensión de este plan de felicidad nos proporciona una perspectiva eterna y nos ayuda a dar el verdadero valor a los mandamientos, a las ordenanzas, a los convenios, a las pruebas y tribulaciones.

Un principio clave proviene de Alma: “por tanto, después de haberles dado a conocer el plan de redención, Dios les dio mandamientos”2.

Es interesante notar la secuencia en el proceso de enseñanza, nuestro Padre Celestial enseñó primeramente a Adán y a Eva el plan de redención y después les dio mandamientos.

Esta es una gran verdad, la comprensión del plan ayudará a las personas a guardar los mandamientos, a tomar mejores decisiones y a tener la motivación correcta.

Durante mi tiempo de servicio en la Iglesia he sido testigo de la devoción y fidelidad de miembros de la Iglesia en diferentes países, algunos de éstos con conflictos políticos, sociales o económicos. Un factor en común que con frecuencia he encontrado en los miembros fieles de la Iglesia es la perspectiva que tienen de la eternidad. La perspectiva eterna del Evangelio nos lleva a comprender el lugar que ocupamos en el plan de Dios, a aceptar las dificultades y a progresar por ellas, a tomar decisiones y a centrar nuestra vida en el potencial divino que tenemos. Seguir leyendo

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Si vas a ser responsable

Si vas a ser responsable

Por el élder Jorge F. Zeballos
De los Setenta

Sigamos adelante aprendiendo nuestro deber, tomando las decisiones correctas, actuando de acuerdo con ellas y aceptando la voluntad de nuestro Padre.

Yo tenía sólo 12 años de edad cuando los misioneros llegaron por primera vez a predicar a la ciudad donde nací en el Norte de Chile. Luego de asistir por seis meses a la pequeña rama, un domingo un misionero me ofreció el pan mientras repartía la Santa Cena. Yo lo miré y le dije en voz baja: “No puedo”.

A lo que él contestó: “¿Por qué?”.

Y yo le dije: “Porque yo no soy miembro de la Iglesia”1.

El misionero no lo podía creer…sus ojos brillaron. Supongo que él pensó: “¡Pero si este joven siempre está en las reuniones! ¿Cómo puede ser que no sea miembro de la Iglesia?”.

Al día siguiente los misioneros ya estaban en mi casa, ocasión en que hicieron sus mejores esfuerzos por enseñar a toda mi familia; pero dado que ellos no estaban interesados, sólo fue mi asistencia semanal por más de seis meses a la Iglesia lo que les dio la confianza necesaria a los misioneros para ir adelante. Hasta que llegó el gran momento que yo estaba esperando: que me invitaran a ser un miembro de la Iglesia de Jesucristo. Los misioneros me explicaron que, siendo yo menor de edad, necesitaría de la autorización de mis padres. Fui a buscar a mi papá pensando que su amable respuesta sería: “Hijo, cuando tú seas mayor de edad podrás tomar tus propias decisiones”.

Mientras los misioneros hablaban con él, yo oraba intensamente para que su corazón fuera tocado y me diera la autorización que yo tanto quería. Su respuesta a los misioneros fue la siguiente: “Élderes, durante los últimos seis meses he visto a mi hijo Jorge levantarse temprano cada domingo, vestirse con sus mejores ropas y caminar hacia la Iglesia. Sólo he visto una buena influencia de ella en su vida”; y luego, dirigiéndose a mí, me sorprendió, diciéndo: “Hijo, si vas a ser responsable con esta decisión, tienes mi autorización para ser bautizado”. Abracé a mi papá, le di un beso y le agradecí por lo que estaba haciendo. Al día siguiente fui bautizado. La semana pasada se cumplieron 47 años de ese tan importante momento en mi vida. Seguir leyendo

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Ascenderemos juntos

Ascenderemos juntos

Por Linda K. Burton
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Como mujeres y hombres que guardan los convenios, necesitamos elevarnos unos a otros y ayudarnos a ser el pueblo que el Señor desea que lleguemos a ser.

Además de las palabras inspiradoras, la música y las oraciones que siempre conmueven nuestro corazón durante la conferencia general, muchas hermanas me han dicho que lo que más les gusta es ver a los miembros de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce cuando bajan del estrado con sus compañeras eternas. ¿No gozamos todos al escuchar a las Autoridades Generales expresar de forma dulce su amor por ellas?

Al hablar de su esposa Donna, el presidente Boyd K. Packer dijo: “Debido al llamamiento que tengo, es mi solemne obligación decir la verdad: ella es perfecta”1.

“Ella es la luz… [de] mi vida”2, dijo el presidente Dieter F. Uchtdorf refiriéndose a su esposa Harriet.

El presidente Henry B. Eyring, al hablar de su esposa Kathleen dijo: “Ella siempre me ha hecho desear ser lo mejor que he podido”3.

Y el presidente Thomas S. Monson, refiriéndose a su amada Frances dijo: “Ella fue el amor de mi vida, mi compañera leal y mi amiga más cercana. El decir que la extraño no llega a expresar lo profundo de mis sentimientos”4.

Yo también quisiera expresar mi amor por mi amado compañero, Craig. ¡Ha sido un don preciado para mí! Refiriéndose a mi esposo, una sagrada y preciada frase de mi bendición patriarcal promete que mi vida y la vida de mis hijos estarán “bien resguardadas bajo su cuidado”. Es claro para mí que Craig es el cumplimiento de esa promesa. Utilizando las palabras de Mark Twain, digo que “la vida sin [Craig] no sería vida”5. ¡Lo amo con todo el corazón y el alma!

Responsabilidades y funciones divinas

Hoy deseo honrar a los esposos, padres, hermanos, hijos y tíos que saben quiénes son y que hacen lo mejor posible por cumplir con sus funciones decretadas por Dios, según se describen en la proclamación sobre la familia; entre ellas, el presidir con rectitud, proveer de lo necesario para sus familias y protegerlas. Sepan que soy extremadamente consciente de que los temas de la paternidad, la maternidad y el matrimonio pueden ser preocupantes para muchos. Sé que algunos miembros sienten que sus hogares nunca alcanzarán lo que ellos perciben ser lo ideal. Muchos sufren debido al abandono, el abuso, las adicciones, y las tradiciones y cultura incorrectas. No justifico las acciones de hombres o mujeres que, a propósito o aun por ignorancia, causaron dolor, angustia y pesar en sus hogares; pero hoy deseo hablar de otra cosa.

Estoy convencida de que el hombre nunca es más atractivo para su esposa que cuando sirve en su función divina como digno poseedor del sacerdocio, principalmente en el hogar. Me encantan y creo estas palabras que el presidente Packer dirigió a los esposos y padres dignos: “Habrá ocasiones en que el único escudo que haya entre su familia y la malicia del adversario será ese poder”6.

Líderes espirituales y maestros en el hogar

A principio de año asistí al funeral de un hombre común y corriente, pero extraordinario: Don, el tío de mi esposo. Uno de los hijos del tío Don compartió una experiencia que tuvo cuando era pequeño, poco después de que sus padres compraran su primera casa. Debido a que tenían cinco niños a quienes alimentar y vestir, no había suficiente dinero para colocar la cerca en el jardín. Tomando seriamente una de sus funciones divinas como protector de la familia, el tío Don colocó unas cuantas estacas de madera en la tierra, tomó una cuerda y la anudó de una estaca a otra alrededor del jardín. Entonces llamó a sus hijos, les mostró las estacas y la cuerda y les explicó que si permanecían dentro de esa cerca improvisada, estarían a salvo.

Cierto día, al acercarse a la casa, las maestras visitantes observaron con incredulidad a cinco niños pequeños obedientemente de pie junto a la cerca mirando con tristeza una pelota que había rebotado fuera de los límites hasta la calle. Uno de los pequeños corrió a llamar a su papá quien, en respuesta, corrió y recuperó la pelota.

Más tarde en el funeral, el hijo mayor, con lágrimas en los ojos, expresó que todo lo que había anhelado en la vida era parecerse a su querido padre.

El presidente Ezra Taft Benson dijo:

“¡Oh, esposos y padres en Israel, ustedes pueden hacer tanto por la salvación y la exaltación de su familia!…
“Recuerden su llamamiento sagrado de padre en Israel, el llamamiento más importante en esta vida y por toda la eternidad, un llamamiento del cual nunca serán relevados…

“Deben ayudar a crear un hogar donde el Espíritu del Señor pueda morar”7.

Cuánto se aplican esas palabras proféticas a la actualidad.

Para los hombres del convenio debe ser difícil, en el mejor de los casos, vivir en un mundo que no sólo minimiza su función y sus responsabilidades divinas, sino que también envía mensajes falsos de lo que significa ser “un hombre de verdad”. Un falso mensaje es: “lo que importa soy yo”. En el otro extremo está el burlón y degradante mensaje de que los esposos y los padres ya no son necesarios. ¡Les ruego que no escuchen las mentiras de Satanás! Él ha renunciado a ese privilegio sagrado de convertirse en esposo y padre. Debido a que él está celoso de quienes tienen los sagrados privilegios que él nunca tendrá, ¡su intento es que “todos los hombres sean miserables como él”!8.

Elevar y ayudar en nuestras funciones complementarias

Hermanos y hermanas, ¡nos necesitamos unos a otros! Como mujeres y hombres que guardan los convenios, necesitamos elevarnos unos a otros y ayudarnos a ser el pueblo que el Señor desea que lleguemos a ser. Necesitamos trabajar juntos para elevar a la nueva generación y ayudarla a alcanzar su potencial divino como herederos de la vida eterna. Podemos hacer como el élder Robert D. Hales y su esposa Mary han hecho, que han seguido el dicho: “Tú me elevas y yo te elevaré a ti, y así ascenderemos juntos”9.

Sabemos, mediante las Escrituras, que “no es bueno que el hombre esté solo”. Por eso nuestro Padre Celestial creó una “ayuda idónea para él”10. La frase ayuda idónea significa “una ayuda adecuada, digna de él o semejante a él”11. Por ejemplo, nuestras dos manos son similares una a la otra pero no son exactamente iguales. De hecho, son lo opuesto, pero se complementan y son apropiadas la una para la otra. Al trabajar juntas son más fuertes12.

En un capítulo acerca de las familias, el manual de la Iglesia establece: “La naturaleza masculina y femenina de los espíritus es tal que se completan el uno al otro”13. Observen que no dice “compiten el uno con el otro”, sino ¡que “se completan el uno al otro”! Estamos aquí para ayudarnos, elevarnos y regocijarnos el uno con el otro al tratar de ser mejores. La hermana Barbara B. Smith, sabiamente enseñó: “Hay mucha más felicidad cuando podemos regocijarnos con los éxitos ajenos que con los nuestros”14. ¡Cuando procuramos “completar” y no “competir” es mucho más fácil animarnos unos a los otros!

Cuando era una madre joven de varios niños pequeños, al final del día lleno de pañales, platos que lavar y de impartir disciplina, nadie cantaba con más entusiasmo que yo la canción de la Primaria “Cuando papá vuelve”15. Sin embargo, me apena admitir que no siempre estaba de buen humor cuando Craig entraba feliz por la puerta después de un arduo día de trabajo. Siempre nos saludaba con un abrazo y un beso, y convertía los días difíciles y desastrosos en momentos felices con papá. Ojalá yo hubiera estado menos preocupada con listas interminables de cosas para hacer y me hubiera centrado más sabiamente en las cosas de mayor importancia, como lo hizo él. ¡Me hubiera detenido más a menudo y hubiera gozado del sagrado tiempo en familia y le hubiera agradecido a él más seguido por bendecir nuestra vida!

Oh, hablemos con tiernos acentos

No hace mucho tiempo, una fiel hermana de la Iglesia compartió conmigo una profunda preocupación por la cual había estado orando por un tiempo. Se trataba de algunas hermanas de su barrio. Me dijo cuánto le entristecía ver que en ocasiones ellas hablaban de sus esposos o se dirigían a ellos de manera irrespetuosa, aun frente a sus hijos. Me contó que cuando ella era joven, había deseado y orado fervientemente para encontrar y casarse con un digno poseedor del sacerdocio y formar un hogar feliz con él. Había crecido en un hogar donde su madre “llevaba el control” y su padre cedía ante las exigencias de ella para mantener la paz en el hogar. Esta hermana sentía que debía haber algo mejor; el hogar en el que creció no había sido un modelo de eso, pero al orar con fervor en busca de guía, el Señor la bendijo para saber cómo crear un hogar con su esposo donde el Espíritu pudiese morar. ¡He estado en ese hogar y puedo testificar que es un lugar santo!

Hermanas y hermanos, ¿con cuánta frecuencia “[nos hablamos] con tiernos acentos” a conciencia?16.

Podemos evaluarnos al hacernos unas preguntas. Adaptándolas un poco, estas preguntas se pueden aplicar a la mayoría de nosotros, ya sea que estemos casados o solteros, o cualquiera sea la situación en nuestro hogar.

  1. ¿Cuándo fue la última vez que elogié con sinceridad a mi cónyuge, ya sea en privado o en presencia de nuestros hijos?
  2. ¿Cuándo fue la última vez que agradecí, expresé amor o pedí fervientemente con fe por él o ella en oración?
  3. ¿Cuándo fue la última vez que me abstuve de decir algo que sabía podría causarle dolor?
  4. ¿Cuándo fue la última vez que me disculpé y humildemente pedí perdón, sin agregar las palabras “pero si hubieras” o “pero si no hubieras”?
  5. ¿Cuándo fue la última vez que decidí ser feliz en lugar de querer “tener la razón”?

Si cualquiera de estas preguntas los hace sentir incómodos o culpables, recuerden que el élder David A. Bednar nos enseñó que “la culpa es para nuestro espíritu lo que el dolor es para nuestro cuerpo: una advertencia de peligro y una protección contra daño adicional”17.

Los invito a que escuchemos la sincera súplica del élder Jeffrey R. Holland: “Hermanos y hermanas, en esta larga y eterna empresa de ser más como nuestro Salvador, ruego que tratemos de ser, ahora, hombres y mujeres ‘perfectos’ por lo menos de esta manera: al no ofender en palabra, o dicho de manera más positiva, al hablar con una nueva lengua, la lengua de ángeles”18.

Al prepararme para esta oportunidad de hoy, el Espíritu me ha enseñado, y me he comprometido a hablar palabras de bondad con más frecuencia a mi querido compañero y acerca de él, a elevar a los hombres en mi familia y a expresar gratitud por la manera en que ellos cumplen con sus funciones divinas y complementarias. Me he comprometido a seguir el dicho: “Tú me elevas y yo te elevaré a ti, y así ascenderemos juntos”.

¿Se unirán a mí en busca de la ayuda del Espíritu Santo para que nos enseñe cómo podemos elevarnos unos a otros en nuestras funciones complementarias como hijos e hijas de nuestros amados padres celestiales y que hemos hecho convenio?

Sé que mediante el poder habilitador de la expiación de Jesucristo y nuestra fe en Él, podemos lograrlo. Ruego que pongamos nuestra confianza en Él para que nos ayudemos mutuamente a vivir felices y eternamente a medida que ascendemos juntos. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Boyd K. Packer, en “Donna Smith Packer Receives Family History Certificate from BYU”, news.byu.edu/archive12-jun-packer.aspx.
  2. Dieter F. Uchtdorf, en Jeffrey R. Holland, “Élder Dieter F. Uchtdorf: ‘Hacia nuevos horizontes’”, Liahona, marzo de 2005, pág. 8.
  3. Henry B. Eyring, en Gerald N. Lund, “El élder Henry B. Eyring: Moldeado por ‘influencias determinantes’”, Liahona, abril de 1996, pág. 31.
  4. Thomas S. Monson, “No te dejaré, ni te desampararé”, Liahona, noviembre de 2013, pág. 85.
  5. Mark Twain, Eve’s Diary, 1905, pág. 107.
  6. Boyd K. Packer, “El poder del sacerdocio”, Liahona, mayo 2010, pág. 9.
  7. Véase de Ezra Taft Benson, “Para el padre de familia”, Liahona, enero de 1988, pág. 51.
  8. 2 Nefi 2:27.
  9. Véase Robert D. Hales, “El fortalecimiento de las familias: nuestro deber sagrado”, Liahona, julio de 1999, pág. 40; véase también LaRene Gaunt, “Élder Robert D. Hales: ‘Volver con honor’”, Liahona, abril de 1995, pág. 31.
  10. Génesis 2:18.
  11. Génesis 2:18, nota al pie de página b.
  12. Véase Bruce K. Satterfield, “The Family under Siege: The Role of Man and Woman” (presentación dada en Ricks College en la Semana de la Educación, 7 de junio de 2001), pág. 4; emp.byui.edu/SATTERFIELDB/PDF/RoleManWoman2.pdf.
  13. Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 1.3.1.
  14. Barbara B. Smith, “Almas similares”, Liahona, octubre de 1982, pág. 49.
  15. “Cuando papá vuelve”, Canciones para los niños, pág. 110.
  16. Véase “Oh, hablemos con tiernos acentos”, Himnos, Nº 151.
  17. David A. Bednar, “Creemos en ser castos”, Liahona, mayo de 2013, pág. 44.
  18. Jeffrey R. Holland, “La lengua de ángeles”, Liahona, mayo de 2007, pág. 18.
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Por qué son importantes el matrimonio y la familia — en todo el mundo

Por qué son importantes el matrimonio y la familia — en todo el mundo

Por el élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

La familia es el centro de la vida y la clave para la felicidad eterna.

En noviembre pasado, tuve el privilegio de que me invitaran, junto con el presidente Henry B. Eyring y el obispo Gérald Caussé, a asistir a un coloquio sobre el matrimonio y la familia que tuvo lugar en el Vaticano, en Roma, Italia. También asistieron representantes de 14 religiones distintas y de seis de los siete continentes, a todos los cuales se invitó a expresar sus creencias sobre lo que sucede con la familia en el mundo de hoy.

El Papa Francisco abrió la primera sesión de la asamblea con esta declaración: “Vivimos en una cultura de lo provisorio, en donde más y más personas renuncian al matrimonio como compromiso público. Esta revolución en las costumbres y en la moral a menudo ha hecho flamear la bandera de la libertad, pero en realidad ha traído devastación espiritual y material a un sinnúmero de seres humanos, especialmente a los más necesitados y vulnerables… Son siempre ellos los que sufren más en esta crisis”1.

Al referirse a las nuevas generaciones, dijo que es importante que “no… se dejen envolver por la mentalidad dañina de lo provisorio… sino que sean revolucionarios con el valor para buscar un amor fuerte y duradero, es decir, de ir en contra de la corriente”; es lo que se debe hacer2. Seguir leyendo

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Por tanto, calmaron sus temores

Por tanto, calmaron sus temores

Por el élder David A. Bednar
Del Quórum de los Doce Apóstoles

A diferencia de temor del mundo, que crea alarma y ansiedad, el temor del Señor es una fuente de paz, seguridad y confianza.


Recuerdo vívidamente una experiencia que tuve cuando era niño. Un día, mientras jugaba con mis amigos, sin querer rompí una ventana en una tienda cerca de nuestra casa. Al romperse el vidrio y sonar la alarma de seguridad, un temor paralizante me llenó el corazón y la mente. Me di cuenta inmediatamente de que estaba condenado a pasar el resto de mi vida en la cárcel. Finalmente, mis padres me convencieron de que saliera de mi escondite debajo de la cama, y me ayudaron a reparar los daños causados al dueño de la tienda. Afortunadamente, mi sentencia de ir a la cárcel quedó conmutada.

El temor que sentí ese día fue abrumador y real. Sin duda habrán experimentado sentimientos de temor mucho más grandes después de enterarse de un desafío personal de salud, de que un miembro de la familia está en dificultad o peligro, o al observar acontecimientos perturbadores en el mundo. En tales casos, la angustiosa emoción del miedo surge debido a un peligro inminente, incertidumbre o dolor, así como a causa de experiencias que son inesperadas, a veces repentinas y que probablemente produzcan un resultado negativo.

En nuestra vida diaria, los interminables informes de violencia criminal, hambre, guerras, corrupción, terrorismo, valores en declive, enfermedades y fuerzas destructivas de la naturaleza pueden engendrar temor y aprensión. Ciertamente vivimos en la época de la cual el Señor dijo: “Y en ese día… toda la tierra estará en conmoción, y desmayará el corazón de los hombres” (D. y C. 45: 26). Seguir leyendo

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La música del evangelio

La música del evangelio

Por el élder Wilford W. Andersen
De los Setenta

La música del Evangelio es el gozoso sentimiento espiritual que procede del Espíritu Santo, el cual produce un cambio en el corazón.

Hace años, escuché una entrevista radiofónica a un joven médico que trabajaba en un hospital del País navajo, en la que relataba la experiencia que había tenido una noche cuando un indígena estadounidense ya anciano, de pelo largo y trenzado, llegó a la sala de urgencias. El joven médico tomó su tablilla con sujetapapeles, se acercó al hombre y le dijo: “¿En qué puedo ayudarlo?”. El anciano miró hacia adelante y no dijo nada. El médico, sintiéndose algo impaciente, lo intentó de nuevo. “Si no me habla, no puedo ayudarlo”, le dijo. “Dígame por qué ha venido al hospital”.

Entonces el anciano lo miró y dijo: “¿Usted baila?”. Al considerar el joven médico la extraña pregunta, se le ocurrió que tal vez el paciente era un curandero que, según las antiguas costumbres tribales, procuraba sanar a los enfermos mediante cánticos y bailes en vez de con medicamentos recetados.

“No”, dijo el médico. “No bailo ¿y usted?”. El anciano asintió con la cabeza y el médico le preguntó: “¿Puede enseñarme a bailar?”.

La respuesta del hombre ha sido para mí un motivo de reflexión durante muchos años: “Yo puedo enseñarle a bailar”, respondió, “pero usted tiene que oír la música”.

A veces, en nuestro hogar, enseñamos con éxito los pasos de baile, pero no logramos ayudar a los miembros de nuestra familia a que oigan la música. Como muy bien sabía el viejo curandero, es difícil bailar sin música, pues resulta incómodo, no satisface y hasta es vergonzoso. ¿Alguna vez lo han intentado? Seguir leyendo

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Los santos de los últimos días siguen intentándolo

Los santos de los últimos días siguen intentándolo

Por el élder Dale G. Renlund
De los Setenta

Al intentarlo, perseverar y ayudar a los demás a hacer lo mismo, somos verdaderos Santos de los Últimos Días.

Mis queridos hermanos y hermanas, en diciembre de 2013, el mundo lamentó la muerte de Nelson Mandela. Después de 27 años de encarcelamiento debido a su función en la lucha contra la segregación racial, Mandela fue el primer presidente de Sudáfrica elegido en forma democrática. El perdón que manifestó hacia quienes lo encarcelaron fue extraordinario, por lo que muchos lo honraron y lo elogiaron1. A menudo Mandela desviaba los elogios diciendo: “No soy un santo; es decir, a menos que crean que un santo es un pecador que sigue intentándolo”2.

Esa declaración, “un santo es un pecador que sigue intentándolo”, debe tranquilizar y dar ánimo a los miembros de la Iglesia. Aunque se refieren a nosotros como “Santos de los Últimos Días”, a veces nos estremecemos ante esa alusión. Por lo general, el término santos se usa para designar a aquellos que han logrado un estado de santidad elevado o incluso la perfección; y sabemos muy bien que no somos perfectos.

Sin embargo, en nuestra teología se nos enseña que podemos ser perfeccionados al “[confiar] íntegramente” en la doctrina de Cristo de manera reiterada y continua: ejercitar fe en Él, arrepentirnos, participar de la Santa Cena para renovar los convenios y las bendiciones del bautismo, y reclamar al Espíritu Santo como compañero constante en mayor medida. Al hacerlo, llegamos a ser más como Cristo y somos capaces de perseverar hasta el fin, con todo lo que ello implica3. En términos menos formales, a Dios le importa mucho más quiénes somos y en quienes nos estamos convirtiendo, que quienes fuimos alguna vez4; a Él le importa que sigamos intentándolo. Seguir leyendo

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Jesús es mi luz

Jesús es mi luz

Por el élder Quentin L. Cook
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Las familias rectas y la unidad centrada en Cristo en nuestros barrios y ramas fortalecen en gran manera nuestra capacidad de permanecer firmes y leales, y de seguir al Salvador a pesar de las vicisitudes de la vida.

En esta época de Pascua de Resurrección reflexionamos sobre la redención que proporcionó nuestro Salvador Jesucristo, y nos regocijamos en ella1.

El clamor que resuena en todo el mundo a causa de la iniquidad nos provoca sentimientos de vulnerabilidad. Con las comunicaciones modernas, el impacto de la iniquidad, la desigualdad y la injusticia ocasiona que muchos sientan que la vida es intrínsecamente injusta. Por grandes que estas pruebas sean, no deben impedir que nos regocijemos en la divina intercesión que Cristo hizo por nosotros, y que la celebremos. El Salvador literalmente “[logró] la victoria sobre la muerte”. Con misericordia y compasión, tomó sobre Sí nuestras iniquidades y transgresiones, y de ese modo nos redimió y satisfizo las exigencias de la justicia para todos los que se arrepientan y crean en Su nombre2.

Su magnífico sacrificio expiatorio tiene un sublime significado que trasciende el entendimiento humano. Ese acto de gracia ofrece la paz que sobrepasa todo entendimiento3.

¿Cómo hacemos frente, entonces, a la cruel realidad que nos rodea?

A mi esposa, Mary, siempre le han gustado los girasoles. Le encanta cuando los ve brotar en lugares inauditos junto a las carreteras. Hay un camino de tierra que lleva a la casa en la que vivían mis abuelos. Antes de entrar al camino, Mary solía preguntar: “¿Crees que veremos esos extraordinarios girasoles hoy?”. Nos sorprendía el que florecieran tanto en terrenos donde circulaban máquinas de labranza y de remoción de nieve, y donde se acumulaban materiales que hacían la tierra poco ideal para que brotaran flores silvestres. Seguir leyendo

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Las bendiciones del templo

Las bendiciones del templo

Por el Presidente Thomas S. Monson

Cuando asistimos al templo, podemos recibir un nivel de espiritualidad y un sentimiento de paz.

Mis amados hermanos y hermanas. Cuán agradecido me siento de estar con ustedes en esta hermosa mañana de Pascua de Resurrección cuando nuestros pensamientos se dirigen hacia el Salvador del mundo. Los saludo, expreso mi amor a cada uno de ustedes y ruego que nuestro Padre Celestial inspire mis palabras.

En esta conferencia se cumplen siete años desde que fui sostenido como Presidente de la Iglesia. Estos han sido años intensos, colmados no sólo de algunos desafíos, sino también de innumerables bendiciones. Entre las bendiciones más sagradas y placenteras, he tenido la oportunidad de dedicar y rededicar templos.

El más reciente, fue el del mes de noviembre pasado, cuando tuve el privilegio de dedicar el nuevo y hermoso Templo de Phoenix, Arizona. Me acompañaron el presidente Dieter F. Uchtdorf, el élder Dallin H. Oaks, el élder Richard J. Maynes, el élder Lynn G. Robbins y el élder Kent F. Richards. En la víspera de la dedicación, tuvo lugar una maravillosa celebración cultural donde actuaron magistralmente más de cuatro mil jóvenes del distrito del templo. Al día siguiente, se dedicó el templo en tres sesiones sagradas e inspiradoras.

La edificación de templos es un claro indicador del crecimiento de la Iglesia. En la actualidad tenemos ciento cuarenta y cuatro templos en funcionamiento en todo el mundo; cinco están siendo renovados y hay trece más en construcción. Además, trece templos que se habían anunciado previamente, se hallan en diversas etapas de preparación antes de que comience su construcción. Para este año esperamos rededicar dos templos y dedicar cinco nuevos templos cuya finalización está programada. Seguir leyendo

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Regresar a la fe

Regresar a la fe

Por Rosemary M. Wixom
Presidenta General de la Primaria

Cada uno de nosotros puede fortalecer su fe en Jesucristo en su trayecto individual y encontrar gozo.

En esta mañana de Pascua de Resurrección, presidente Monson, estamos muy agradecidos por escuchar la voz de nuestro profeta viviente. Valoramos sus palabras y también su consejo: “Encontremos gozo en el trayecto”1 y “El futuro es tan brillante como su fe”2.

Este año, los niños de la Primaria comparten el gozo y el resplandor de su fe en Jesucristo al cantar la canción “Yo sé que me ama el Salvador”. Cantan esta verdad: “¡Él vive, sí!… Le doy mi corazón”3. Como los niños de la Primaria, cada uno de nosotros puede fortalecer su fe en Jesucristo en su trayecto individual y encontrar gozo.

Hace poco, en una reunión dominical de la Sociedad de Socorro escuché a una joven madre relatar una parte de su trayectoria de conversión. Creció en la Iglesia con padres que le enseñaron el Evangelio. Asistió a la Primaria, a las Mujeres Jóvenes y a seminario. Le encantaba aprender y descubrir las verdades. Constantemente quería saber por qué. El élder Russell M. Nelson ha dicho: “El Señor únicamente puede enseñar a una mente inquieta”4; y esta joven estaba dispuesta a que le enseñaran.

Tras la escuela secundaria (preparatoria) asistió a la universidad, se selló a un ex misionero en el templo y fue bendecida con hermosos hijos.

Con un espíritu de búsqueda, esta madre siguió planteándose preguntas; pero conforme las preguntas se volvían más difíciles, también lo hacían las respuestas; y a veces, no recibía respuesta, o ninguna respuesta que le diera paz. Al intentar encontrar respuestas, con el tiempo fueron surgiendo cada vez más preguntas y empezó a cuestionarse algunos de los fundamentos de su fe. Seguir leyendo

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