Conferencia General Octubre 1990
La bondad es parte del plan de Dios
Hermana Betty Jo N. Jepsen
Primera Consejera, Presidencia General de la Primaria
«Yo prefiero la palabra bondad porque el ser bondadoso requiere acción; es algo que tanto ustedes como yo podemos ser.»
Marcia, mi amiga, se había mudado varias veces, a pesar de su tierna edad, debido al trabajo de su padre. Ahora tenia diez años y estaba por comenzar a asistir a una nueva escuela. La madre notó la preocupación en la cara de su hija y se sentó con ella para hablar de las cosas que la estaban preocupando.
Marcia le habló de lo difícil que era adaptarse a las clases a mediados de año y ponerse al día con los temas de estudio, con los maestros y con los demás alumnos. La madre prometió ayudarla a adaptarse a su nuevo ambiente. A Marcia se le llenaron los ojos de lagrimas y con toda sinceridad dijo: «Puedo hacer frente a los problemas académicos y a los nuevos maestros, pero, mama», añadió con lagrimas que todavía le rodaban por sus pecosas mejillas: «no me gusta comer sola».
Marcia necesitaba que alguien se diera cuenta de su situación y la invitara a formar parte de algún grupo. El Salvador declaró: «Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo» (Efesios 4:32).
La palabra bondad tiene muchos sinónimos: amor, servicio, caridad. . . Pero yo prefiero la palabra bondad porque el ser bondadoso requiere acción; es algo que tanto ustedes como yo podemos ser La bondad se puede demostrar de muchas maneras. Mis ejemplos favoritos de bondad son los que manifestó Jesús. Él dedicó su ministerio a buscar al fatigado, al enfermo, al pobre y al solitario para ser benévolo con ellos.
El libro de Marcos, en el Nuevo Testamento, habla de la benevolencia del Salvador hacia una jovencita, hija del principal de la sinagoga donde enseñaba Jesús. Al padre le dijeron: «Tu hija ha muerto». Pero Jesús lo consoló diciendo: «No temas, cree solamente». Y rápidamente fue a ver a la niña y dijo: «Niña, a ti te digo, levántate.
«Y. . . la niña se levantó y andaba, pues tenia doce años. Y se espantaron grandemente.» (Marcos 5:35-43.) Seguir leyendo


































