Conferencia General Abril 1990
Tradiciones familiares
por el élder L Tom Perry
del Quórum de los Doce Apóstoles
“La practica de tener tradiciones, que son nuestro gran patrimonio, debe ser algo que toda familia debe tratar de mantener vivo.”
Los profetas nos han enseñado que antes de que el mundo existiese hubo un concilio en los cielos. El presidente Brigham Young instruyó a los miembros de la Iglesia en lo siguiente:
“El concilio … dijo: ‘Que haya una tierra y que haya un firmamento sobre y debajo de ella’ y fue así. Dijeron: ‘Que haya calor y frío’ y fue así. Dijeron: ‘Que haya primavera y verano, otoño e invierno’ y fue así.
“‘¿Quién redimirá la tierra? ¿Quién se levantará y hará el sacrificio por la tierra y por todas las cosas que en ella haya?’ El Hijo mayor dijo: ‘Heme aquí’. Y luego agregó: ‘Envíame a mí’. Pero el segundo, llamado Lucifer, [un] Hijo de la Mañana, dijo: ‘Señor, heme aquí. Rescataré a todos los hijos e hijas de Adán y Eva que vivan en la tierra o que alguna vez vayan a la tierra’. ‘Pero’, contestó el Padre, ‘eso no cumple con todo lo que necesito. Le di a cada uno su libre albedrío; y todos deben utilizarlo para lograr la exaltación en mi reino. Mientras tengan ese poder de elección, deben ejercerlo. Son mis hijos. Los atributos que ves en mí están en mis hijos y deben usar su libre albedrío. Si te comprometes a salvarlos a todos, deberás salvarlos en injusticia y en corrupción’.” (Discourses of Brigham Young, selección de John A. Widtsoe, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1941, págs. 5>54.)
Al venir esos espíritus desde el concilio de los cielos a tomar su “turno en la tierra”, aún desean su libre albedrío, de hecho, están dispuestos a sacrificar su vida por lograr esa libertad. Somos testigos hoy día de acontecimientos importantes en todo el mundo: evidencia de la fuerza que tiene el deseo de libertad del hombre. La historia de la experiencia del hombre en la tierra indica que el deseo de ser libre tiene raíces espirituales.
Existe un deseo innato e irresistible de libertad. Este deseo parece ser más precioso que la vida misma.
Otro deseo que traemos de la preexistencia es el de saber quiénes somos y de dónde venimos, y cuáles son nuestras oportunidades en este gran plan eterno. Las respuestas a estas preguntas sólo se pueden encontrar en el evangelio de nuestro Señor y Salvador. Seguir leyendo





































