Nuestro derecho inalienable

C. G. Abril 1976logo pdf
Nuestro derecho inalienable
por el élder Henry D. Taylor
Ayudante del Consejo de los Doce

Henry D. TaylorUna de las responsabilidades más grandes y al mismo tiempo un privilegio, es el derecho de tomar decisiones. Los Santos de los Últimos Días creemos firmemente en el principio del libre albedrío. Estamos aquí, sobre la tierra y somos poseedores de maravillosos cuerpos mortales, a causa de haber escogido sabiamente en el momento de discutir asuntos vitales que se nos presentaron para nuestra decisión.

Antes de que el mundo fuera creado, existimos como seres espirituales. Cuando se supo que la tierra sería organizada, nos mostramos aparentemente muy complacidos ante el anuncio. Esto se pone de manifiesto en algunas preguntas muy interesantes y profundas que le hizo el Señor a Job cuando le dijo:

«Ahora ciñe como varón tus lomos; yo te preguntaré, y tú me contestarás. ¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia.

¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel?

¿Sobre qué están fundadas sus basas? ¿O quién puso su piedra angular, Cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios?» (Job 38:3-7.)

Creemos que el gran concilio se celebró para escoger a quien vendría a la tierra para representarnos, y se sacrificaría por los pecados de los seres humanos que habían de nacer en este mundo. José Smith nos ha dado la seguridad de que «Al efectuarse la primera organización en los cielos, todos estuvimos presentes, y presenciamos la elección y nombramiento del Salvador, y la formación del plan de salvación, y nosotros lo aprobamos» (Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 216-217).

El Señor reveló a Moisés algunos de los detalles del gran concilio cuando le explicó lo siguiente: ` . . . Satanás . . . vino ante mí, diciendo: Heme aquí, envíame. Seré tu hijo y rescataré a todo el género humano, de modo que no se perderá una sola alma, y de seguro lo haré; dame, pues, tu honra». Entonces el Señor continúa diciendo: » . . . he aquí mi Hijo Amado . . . me dijo: Padre, hágase tu voluntad, y sea tuya la gloria para siempre» (Moisés 4: 1-2). Seguir leyendo

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No busquéis riquezas sino sabiduría

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No busquéis riquezas sino sabiduría
por el élder Franklin D. Richards
Ayudante del Consejo de los Doce

Franklin D. RichardsMis  amados  hermanos,  estamos  viviendo  en  una  de  las  épocas  másinteresantes  y  notables,  cuando  el  espíritu  del  Señor  se  derrama  en abundancia sobre la faz de la tierra; pero también es una época de inmoralidad, tribulaciones e infelicidad, cuando los corazones de los hombres están puestos en los tesoros mundanales, los placeres y la superabundancia.

Uno de los grandes desafíos con los que nos enfrentamos hoy, es el de obtener suficiente conocimiento, entendimiento y fortaleza interna para poder vivir felices y tener éxito en este mundo de confusión y dificultades, y no dejarnos atrapar por el insano arrebato de las cosas materiales y los placeres.

Recientemente vinieron a mí dos jóvenes y un hombre un poco mayor que ellos a decirme que, aunque materialmente habían tenido éxito, todavía se sentían desdichados y confusos. Cada uno de ellos me pidió consejo para remediar su situación. Les dije que el Señor ya había contestado esa pregunta cuando dijo:

«No busquéis riquezas sino sabiduría; y he aquí, los misterios de Dios os serán revela-dos y entonces seréis ricos. He aquí, rico es el que tiene la vida eterna.» (D. y C. 6:7.)

Y agregué que probablemente necesitaran cambiar sus miras en la vida y buscar sabiduría, antes que demasiadas cosas materiales y placeres.

Los problemas que mis confusos amigos tenían son, en mi opinión, los mismos con los que tropiezan los 418.000 futuros élderes de la Iglesia. Básicamente, estos futuros élderes necesitan cambiar sus miras y buscar sabiduría, en lugar de placeres y cosas materiales. Quizás este sea uno de los problemas más vitales que enfrentan el Sacerdocio de Melquisedec y toda la Iglesia hoy en día.

Sin embargo, desde que el programa de futuros élderes fue anunciado en 1972, muchos de ellos han sido ordenados élderes y se encuentran activos en sus quórumes, asimismo, la actividad ha aumentado considerablemente. Así es que os recomiendo, dedicados líderes del sacerdocio, que luchéis por resolver estos problemas.

Ahora, como Director Gerente del Departamento del Sacerdocio de Melquisedec, quisiera llamaros la atención en cuanto a la exhortación del presidente Kimball de que alarguemos el paso; una manera eficaz de alargar el paso es empezar a trabajar con grupos del sacerdocio, ya sean futuros élderes u otros, en lugar de hacerlo en forma individual.

Una de las cosas que la mayoría de estos hermanos inactivos tienen en común, es que verdaderamente no conocen la doctrina de la Iglesia. Si la conocieran, la mayoría serían activos. Seguir leyendo

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Los héroes de la juventud

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Los héroes de la juventud
por el presidente Spencer W. Kimball

Spencer W. KimballDurante todo el tiempo en que he asistido a las conferencias generales, me he sentido grandemente impresionado por la cantidad de jóvenes que han estado presenciando esta sesión con sus padres. He notado que hay hombres que han crecido en la Iglesia, y han traído a sus hijos con ellos, ya fuera que se tratara de seis, ocho o diez jovencitos, con los que han disfrutado de esta reunión.

Espero que cada muchacho que se encuentre presente aquí esta noche, le exprese a su padre su afecto por él y la gratitud que siente por tener un padre fiel, constante y en quien puede depositar su confianza.

Esperamos que como hijos, esposos, padres y abuelos, vosotros los poseedores del sacerdocio seáis considerados y atentos con vuestras hermanas, madres, esposas y abuelas. El sacerdocio preside en el hogar, pero debe hacerlo del mismo modo en que Jesucristo preside sobre la Iglesia; con amor, servicio, ternura y por medio del ejemplo.

El Señor nos ha dado a todos parte de su autoridad, como poseedores que somos de ese sacerdocio, pero podemos reclamar los poderes de los cielos sólo si nos basamos en nuestra rectitud personal. Para que el poder del sacerdocio sea entonces realmente ejecutado en una familia, se requiere la rectitud de sus hombres y jóvenes. Llamamos la atención de todos los poseedores del sacerdocio al hecho de que la relación existente con nuestras esposas, madres y hermanas es tal, que debemos estar en condiciones de arrodillarnos juntos, ya sea en los altares del templo o en nuestros propios hogares, y de servir juntos, uno junto al otro, en una hermosa asociación.

Nos preocupa sobremanera hermanos, la necesidad de proveer en forma continua a nuestros jóvenes, de oportunidades significativas para desarrollar su alma en el servicio al prójimo. Generalmente, los jóvenes no se inactivan en la Iglesia como consecuencia del exceso de significativas responsabilidades; no hay joven que haya sido testigo personal de la forma en que el evangelio se pone en acción en la vida de la gente, que le dé la espalda a sus obligaciones en el reino y las abandone. Esperamos que nuestros obispados, quienes tienen una mayordomía especial con respecto a este asunto, se aseguren de la existencia de eficaces actividades de quórum y de activos comités de la juventud en cada barrio. A medida que nuestros jóvenes aprenden los principios administrativos del quórum, no sólo pasan a ser una bendición para los jóvenes del Sacerdocio Aarónico en esos quórumes, sino que también se preparan para desempeñar eficazmente su futuro papel de padres y líderes de los quórumes del Sacerdocio de Melquisedec. Para ello, necesitan tener algunas experiencias en liderismo, algunas experiencias en proyectos de servicio, en oratoria, en la dirección de reuniones y aprender cuál es la forma más adecuada de establecer relaciones con las jóvenes. Seguir leyendo

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Lo que el hombre siembre. . .

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Lo que el hombre siembre. . .
por el élder L. Tom Perry
del Consejo de los Doce

L. Tom Perry«Y sucedió que el Señor habló a Moisés, diciéndole: He aquí, te revelo lo que concierne a este cielo y esta tierra. Escribe las palabras que hablo. Soy el Principio y el Fin, el Dios Omnipotente: he creado estas cosas por medio de mi Unigénito: sí, en el principio hice los cielos y la tierra sobre la cual estás.» (Moisés 2: 1).

Al estudiar las Escrituras y los maravillosos preparativos del Señor para la creación de nuestro hogar terrena, me impresionan el sistema y el orden con que se llevó a cabo su proceso creador. Su obra me asombra y me conmueve, y me gustaría repasar brevemente con vosotros los acontecimientos a ella pertinentes.

Primero, el Señor examinó las condiciones bajo las cuales tendría que crear nuestra morada terrena, las cuales no eran precisamente alentadoras. Vio que «la tierra se hallaba sin forma, y vacía» y había «obscuridad. . . sobre la haz del abismo». Su primer paso en el proceso creativo fue que hubiera luz, un requisito indispensable para su labor. Con luz que iluminara su obra, fue entonces posible para El separar los cielos de la tierra.

Preparado el lugar, era necesario establecer un sistema de aprovisionamiento para la humanidad. El Señor separó entonces la tierra de las aguas, y cubrió aquélla con vegetación, árboles, hierbas y frutos, cada uno con su sistema individual para reproducirse según su propia especie. Para que continuara el proceso de evolución, era necesario inclinar la tierra sobre su eje y darle un movimiento de rotación que produjera períodos de descanso durante las horas de oscuridad, y de crecimiento durante las horas de luz. Además, ese movimiento trajo consigo otro beneficio: el de un sistema que registrara los días, los años y las estaciones.

Una vez que la vida vegetal comenzó a evolucionar, el Señor inspeccionó su obra y encontró que era buena. Por lo tanto, su atención se concentró en la vida animal: lo primero fueron los peces y la vida marina; después, siguieron las aves que vuelan sobre la tierra; después, el ganado, las bestias y todas las otras criaturas que andan sobre el globo terrestre, cada una con la capacidad de reproducirse dentro de su especie.

Entonces, la creación del mundo quedó completa. Ya había un lugar que sirviera de morada para la humanidad y todas las cosas que había sobre su faz eran para beneficio del hombre y sólo con ser industrioso, le servirían de sustento desde el principio hasta el fin de los tiempos. Una vez más hubo una inspección de toda la obra se halló que era buena. Seguir leyendo

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Lazos Familiares

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Lazos familiares
por el élder William G. Bangerter
Ayudante del Consejo de los Doce

William G. BangerterPor dedicación a la obra genealógica, nuestra familia ha seguido las líneas de nuestros antepasados hasta el año 1500. Un día conté los apellidos en nuestras hojas familiares y encontré que desciendo de 226 líneas familiares conocidas. Infinidad de personas, cuyas familias provinieran de Suiza o Inglaterra, al revisar sus hojas familiares encontrarían los mismo apellidos que aparecen en las mías. Esto indica que todos tenemos un verdadero parentesco basado en lazos sanguíneos.

En mi hoja familiar conté 650 nombres de personas a las que identifico como mis progenitores directos. Pero he calculado que si pudiera llenar todos los espacios vacíos que aparecen en la gráfica de la hoja familiar retrocediendo sólo hasta el año 1500, tendría de quince a veinte mil nombres de mis ascendientes directos; y si agregara a ésos los nombres de sus hijos, tendría un árbol genealógico con cincuenta o sesenta mil personas, todas de parentesco cercano.

A causa de los intensos esfuerzos de mi madre y otros miembros de la familia, se han reunido varios miles de nombres de mis parientes muertos. Siguiendo la doctrina de la Iglesia, estos nombres han sido llevados al templo para efectuar las ordenanzas a fin de que cuando nos encontremos con ellos después de esta vida, podamos reconocerlos no sólo como miembros de nuestra familia, sino como hermanos en el evangelio.

También me he dado cuenta de que, aun en una familia donde se ha efectuado un extenso trabajo genealógico, la mayoría de la obra todavía está por hacerse.

También existe otra clase de lazos en nuestra vida que no tienen que ver con el parentesco sanguíneo.

He oído los testimonios de muchas personas que se han unido a la Iglesia. Casi invariablemente comentan cómo, después de seguir diferentes filosofías o religiones, cuando se unieron a la Iglesia se dieron cuenta de que habían encontrado su verdadera familia; espiritualmente hablando, se sentían de nuevo en su hogar. Seguir leyendo

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La voz de inspiración

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La voz de la inspiración
por el élder S. Dilworth Young
del Primer Consejo de los Setenta

S. Dilworth YoungExtendemos nuestra bienvenida a los cuatro nuevos miembros del Primer Quórum de los Setenta y les aseguramos nuestro amor, nuestro completo apoyo y nuestra aceptación a sus llamamientos, comprometiéndonos a hacer todo lo que esté de nuestra parte para cooperar con ellos en su nueva función.

Desearía leeros una experiencia de Elías, según la encontramos en el decimonoveno capítulo del libro de 1 Reyes.

«El le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto.

Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.

Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí Elías?» (1 Reyes 19:11-13.)

Cuando Elías supo que estaba en comunicación con el Señor, le explicó su problema y porqué se encontraba escondido en la cueva. Entonces recibió instrucciones en cuanto a lo que debía hacer.

Dos mil setecientos años después, se han restaurado sobre nosotros los medios a través de los cuales podemos escuchar la apacible voz del Señor. Como Elías lo descubrió, no escucharemos esta voz cual potente ráfaga de viento; ni como un trueno, ni en forma de relámpago ni de ningún otro modo espectacular, sino que nos llegará, al igual que le llegó a Elías, como un «silbo apacible».

No es mi intención enumerar todas las formas de que el Señor puede valerse para hablar a su Profeta escogido; podríamos mencionar apariciones personales, voces que emanan de las nubes y, por supuesto, la forma recién mencionada. Seguir leyendo

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La palabra de sabiduría

Conferencia General Abril 1976

La Palabra de Sabiduría

Theodore M. Burtonpor el élder Theodore M. Burton
Ayudante del Consejo de los Doce


Mis hermanos, hago mío el testimonio que acaba de dejarnos el élder Maxwell, y sólo puedo agregar un sincero «amén». Cuando yo era niño solía cantar en la Escuela Dominical el himno «En el Pueblo de Sión», al que llamábamos «el himno de la Palabra de Sabiduría»; era uno de mis favoritos y lo cantábamos con mucho entusiasmo. Uno de sus versos dice:

«Si salud quieren guardar, y sus vidas alargar, té, café, y el tabaco odiarán; alcohol no tomarán, poca carne comerán pues así contentos siempre estarán.»
(Himnos de Sión, pág. 177).

Tanto en la Iglesia como en nuestros hogares se nos enseñaba a guardar la Palabra de Sabiduría, de modo que desde mi infancia aprendí una importante lección: evitar aquellas cosas que eran perjudiciales para mi cuerpo.

De hecho, en aquellos días eran pocas las conferencias en las cuales no se nos hablaba de la Palabra de Sabiduría.

Hoy, me gustaría volver a ese tema y hablar de la revelación que recibió el profeta José Smith el 27 de febrero de 1833, y que se encuentra en Doctrinas y Convenios, Sección 89. A pesar de que hace tiempo se han reconocido las cualidades negativas del alcohol, en ese entonces no se sabía cuán perjudicial era el uso del mismo; tampoco se conocía el peligro del uso del tabaco, el té, el café, y el excesivo consumo de carne. Pero el Señor conocía estos peligros y alentó a sus hijos para proteger tanto el cuerpo como la mente. En mi opinión, necesitamos este consejo en estos días que vivimos.

Durante la década de 1960 se desarrolló un gran interés con respecto al poder de las drogas, lo cual tenía causa justificada. Nos alarma ver a las personas, especialmente a los jóvenes, destruir su cuerpo y su mente con el uso de narcóticos y el hábito de tomar drogas. Aunque esto todavía nos preocupa sobremanera, se ha dado tanta publicidad con respecto a sus efectos destructivos, que el uso de dichos productos ha disminuido algo, por lo menos entre adolescentes y jóvenes.

Sin embargo, las drogas representan aún un problema muy serio entre los adolescentes más jóvenes, que no han alcanzado la madurez ni han logrado la sabiduría suficiente como para saber cuán destructivo puede ser su uso. En su característica arrogancia juvenil e inexperiencia en la vida, dichos jóvenes sienten la tentación de probar esas drogas como algo experimental, lo cual redunda en la destrucción tanto física como mental, y antes de que se den cuenta, son cautivos de este vicioso hábito; entonces, se encuentran en una situación que no pueden dominar ni tampoco dejar pasar, y cuando es ya tarde se dan cuenta de que están atrapados en una terrible encrucijada. A la larga, el uso del alcohol y el tabaco es tan temible y pernicioso como el uso de las otras drogas, y constituyen nuestro mayor problema hoy en día, porque son verdaderamente drogas y deberían eliminarse. El problema con estas drogas, es que el efecto es más gradual, debido a que su poder destructivo no es visible inmediatamente, tanto jóvenes como adultos no se dan cuenta de sus efectos devastadores, hasta que el daño ya se ha puesto de manifiesto. Cuando el cáncer, el enfisema o los problemas de corazón, son la consecuencia del uso prolongado del tabaco, todo el arrepentimiento del mundo no servirá para salvar a una persona de sufrir las consecuencias del daño físico que dichas drogas han causado. Cuando el alcohólico ha perdido su salud, su trabajo, su familia y su reputación, los lamentos por haber comenzado a tomar bebidas alcohólicas son de escaso consuelo frente a su vida arruinada. Seguir leyendo

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La importancia del testimonio

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La importancia del testimonio
por el élder Joseph Anderson
Ayudante del Consejo de los Doce

Joseph AndersonUna de las peculiaridades de los Santos de los Últimos Días, es la costumbre de ofrecer su testimonio. Para los miembros fieles de la Iglesia es natural testificar de su fe y su conocimiento de la verdad, en cualquier momento o lugar en que la oportunidad se presente. Se espera y se desea que, antes de unirse a la Iglesia, toda persona obtenga la seguridad individual de la veracidad de la doctrina que enseñamos; de que el evangelio que proclamamos es el plan restaurado de vida y salvación; de que no es una nueva religión, sino el evangelio eterno, cuyas llaves, principios y doctrina fueron restaurados al hombre por mensajeros celestiales que las poseían en dispensaciones anteriores, el mismo de la época en que el Señor y sus Apóstoles estaban en la tierra.

Las personas que tienen la inclinación a apoyarse enteramente en la razón para llegar a ciertas conclusiones, encuentran muy difícil de aceptar cualquier cosa que no pueda ser probada por los cinco sentidos. Quizás Pablo estuviera pensando en esto cuando dijo:

«Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.» (1 Cor. 2:11.)

Y al despedirse de los lamanitas,

Moroni dejó este testimonio, registrado en el Libro de Mormón:

«Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntaseis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo.

Y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas.

Y por el poder del Espíritu Santo sabréis que él existe; por lo que os exhorto a que no neguéis el poder de Dios; porque él obra con poder, de acuerdo con la fe de los hijos de los hombres, lo mismo hoy, que mañana y para siempre.» (Mor. 10:4-5, 7.)

Recuerdo que hace algunos años leí los comentarios de un ministro de una de las iglesias cristianas de Salt Lake City; a pesar de que afirmaba admirar y respetar a los Santos de los Últimos Días, por sus normas de vida, declaraba que no comprendía su costumbre de testificar de sus creencias en público.

No obstante los repetidos y maravillosos milagros que los discípulos vieron realizar a nuestro Señor, hubo momentos en que parecería que ellos tuvieran dudas con respecto a si el Maestro era realmente el Cristo de quien los profetas habían hablado. Hubo una ocasión que las Escrituras relatan de la siguiente manera:

«Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?

Ellos dijeron: unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Seguir leyendo

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La iglesia y la familia en los Servicios de Bienestar

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La Iglesia y la familia en los Servicios de Bienestar
por el obispo Victor L. Brown
Obispo Presidente de la Iglesia

Victor L. BrownMis queridos hermanos, estamos sumamente agradecidos por la oportunidad de que disponemos esta mañana de discutir nuevamente con vosotros algunos de los principios básicos del programa de los Servicios de Bienestar de la Iglesia.

Debemos referirnos constantemente a la siguiente pregunta: ¿En qué consiste la responsabilidad del individuo, la familia y la Iglesia, con respecto a las necesidades de nuestra gente? Existen muchas evidencias de que hay gente en nuestra Iglesia que no comprende, o por lo menos, no toma seriamente el consejo que se le ha estado brindando por muchos años. Aparentemente algunas personas tienen la noción de que la Iglesia cuidará de ellas sin tener en cuenta lo que ellas hagan por sí mismas.

No obstante, debemos reconocer que el fundamento del programa dc los Servicios de Bienestar de la Iglesia, descansa sobre el grado de preparación tanto del individuo como de la familia, para cuidar de sí mismos. Ojalá los miembros de la Iglesia pudieran comprender que recibimos estas enseñanzas porque el Señor nos ama, y en su infinita sabiduría desea que su pueblo sea bendecido particularmente en tiempos peligrosos.

El Señor ha dicho:

«Porque si queréis que os dé un lugar en el mundo celestial, tenéis que prepararos, haciendo las cosas que os he mandado y requerido.

He aquí, ésta es la preparación con la cual os preparo, y el fundamento y la norma que os doy, mediante lo cual podréis cumplir los mandamientos que os son dados;

A fin de que en mi providencia, no obstante las tribulaciones que os sobrevendrán, la iglesia se sostenga independiente de todas las otras criaturas bajo el mundo celestial.» (D. y C. 78:7, 13l4.) Seguir leyendo

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La comunicación familiar

Conferencia General Abril 1976

La comunicación familiar

por el élder Marvin J. Ashton
del Consejo de los Doce

Para que sea eficaz, la Comunicación familiar debe ser un intercambio de sentimientos e información.


Hace algunas semanas un padre algo decepcionado me preguntó “¿Por qué puedo comunicarme sin problemas con todos menos con mi propio hijo?” Le respondí, diciendo “¿Qué quiere decir con eso de que no puede comunicarse con su hijo?” “Es que en cualquier momento que trate de decirle algo, él simplemente se cierra y no me oye”, me replicó.

La comunicación familiar

Durante nuestra discusión ese día, y muy a menudo desde entonces, he llegado a la conclusión de que quizás una de las razones principales por la que a veces fracasamos en nuestras relaciones familiares, es que fallamos en la aplicación de los principios básicos de la comunicación personal. En Hebreos 13:16 leemos: “Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis porque de tales sacrificios se agrada Dios”. La comunicación en la familia a menudo representará un sacrificio, pues se espera que utilicemos nuestro tiempo, nuestro talento y nuestra paciencia para impartir, compartir y entender. A menudo usamos los periodos de comunicación para decir, dictar, acusar o amenazar. Ni siquiera en el más amplio de sus aspectos debería utilizarse la comunicación familiar para imponer, mandar o avergonzar.

Para que sea eficaz, esta comunicación debe ser un intercambio de sentimientos e información. Las puertas de la comprensión permanecerán abiertas en el hogar si sus miembros comprenden que el tiempo y la participación por parte de todos, son elementos necesarios. En las discusiones familiares, no deben ignorarse las diferencias, aunque éstas deben considerarse y evaluarse con calma; el punto de vista u opinión de una persona no es por lo general tan importante como una relación saludable y continua; la cortesía y el respeto al escuchar y al responder durante una discusión, son ingredientes básicos en un diálogo apropiado. Al aprender a participar juntos de una asociación que tenga significado, podremos transmitir nuestros pensamientos de amor, dependencia e interés. Cuando nos inclinamos a darnos por vencidos en nuestros esfuerzos de establecer comunicación porque otros miembros de la familia no nos han respondido como esperábamos, quizás haríamos bien en emplear un sistema de “dar y recibir» en nuestras conversaciones. ¡Cuán importante es saber cómo estar en desacuerdo con el punto de vista de otra persona sin mostrar un desacuerdo abierto! ¡Cuán importante es tener periodos de discusión antes de tomar decisiones! Jones Stephens escribió: “He aprendido que la cabeza no escucha nada hasta que el corazón ha prestado oído, y lo que el corazón sabe hoy, la cabeza lo entenderá mañana.”

Quisiera compartir con vosotros siete sugerencias básicas para establecer una comunicación familiar más eficaz.

El sacrificio

  1. El espíritu de sacrificio

Mostrad buena voluntad en estar siempre disponibles para los demás miembros de la familia. Desarrollad la habilidad y la autodisciplina para pensar en otros miembros de la familia y sus necesidades de comunicación antes que en los vuestros, la disposición de prepararos para el momento tan especial de compartir. Evitad incluso la apariencia de estar preocupados con vuestros propios problemas, y aprended la habilidad de comprender el motivo de preocupación del miembro de vuestra familia. Cuán triste el día en que se oye a una hija decir: “Mi madre me lo da todo, excepto de sí misma”.

Muy pronto, cosechamos los frutos de frases como “No puedo, estoy ocupado” o “No me molestes ahora”. Cuando transmitimos la actitud de “Vete de aquí, no me molestes ahora», los miembros de la familia sienten la necesidad de alejarse y aislarse en el silencio. En ocasiones, todas las personas necesitan ser aceptadas dentro de sus propios términos, para que estén dispuestos a acercarse, a compartir y a preguntar.

Se requiere cierto sacrificio personal para comunicarse cuando las condiciones son apropiadas para la otra persona, ya sea que se esté preparando la comida, o que se tenga sueño, tras una derrota o una victoria, una desilusión, o simplemente porque la otra persona desea compartir algo en confianza. Uno debe estar siempre dispuesto a olvidar la conveniencia personal e invertir tiempo en el establecimiento de una fundación firme para la comunicación familiar. Cuando la comunicación en la familia parece decaer, cada uno debería buscar el remedio en sí mismo.

Si conociéramos el significado del verdadero amor y la comprensión entre las personas, deberíamos entender que la comunicación es algo más que simplemente compartir palabras. Se trata del sabio compartir de emociones, sentimientos y preocupaciones, de brindarse totalmente uno mismo. “¿Quién es el sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.” (Santiago 3:13.)

Preparar el ambiente

  1. La disposición de preparar el ambiente

La ubicación, el ambiente o las circunstancias deben ser propicias, privadas, y que inviten a una conversación abierta. Las comunicaciones más eficaces han sido compartidas en arboledas, en una montaña, a la orilla del mar, en una noche de hogar, durante un paseo, durante las vacaciones, en una visita al hospital, en camino a la escuela, durante un partido. Cuando el camino está preparado, debemos estar dispuestos a mostrarle al otro miembro de la familia que es el centro de nuestra atención.

Meses y años después que el marcador final de un partido de fútbol haya quedado relegado al olvido, el recuerdo de haber estado allí solo con papá, nunca se desvanecerá. No olvidaré fácilmente la expresión de una niña de diez años diciéndome con entusiasmo que había tenido la oportunidad de viajar con su papá ida y vuelta hasta un pueblo cercano. “¿Fueron escuchando música?”, le pregunté. “No, lo único que papá hizo fue escucharme y hablar conmigo.” Tuvo a su padre sólo para ella en un ambiente que posiblemente nunca olvidará. Cread el ambiente cuando exista la necesidad de hacerlo. Cread el ambiente en cualquier momento en que la otra persona esté lista.

Escuchar

  1. El deseo de escuchar

El escuchar consiste en algo más que simplemente permanecer en silencio. Para escuchar se requiere una atención profunda; el momento de escuchar es cuando alguien necesita que se le preste atención; el momento de tratar con una persona que tiene un problema, es cuando tiene ese problema. El momento de escuchar es cuando nuestro interés y amor son vitales para aquel que busca que le escuchemos, el que busca nuestro corazón, nuestra ayuda y nuestro interés. Debemos incrementar nuestra habilidad de formular preguntas inteligentes y luego escuchar intensamente y con naturalidad. El arte de escuchar es parte del amor. Sumamente poderosas son estas palabras: “Por esto mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse, porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Sant. 1:19-20.)

Expresar los sentimientos

  1. El deseo de expresar los sentimientos.

¡Cuán importante es estar dispuestos a expresar nuestros pensamientos y sentimientos! Sí, ¡cuán importante es poder conversar al nivel de cada miembro de la familia! A menudo nos mostramos inclinados a dejar que las personas de nuestra familia adivinen cómo nos sentimos hacia ellas, y a menudo, se llega a conclusiones equivocadas. Muchas veces tendríamos más éxito si supiéramos cómo se sienten los miembros de la familia respecto a nosotros y qué se puede esperar de la situación.

John Powell narró esta conmovedora experiencia: “El día en que mi padre murió, yo estaba en la pequeña sala del hospital, tomado de su mano. De pronto cayó hacia atrás. Le bajé la cabeza suavemente hasta depositarla sobre la almohada y dije Todo ha llegado a su fin, mamá. Papá ha muerto’. Nunca sabré por qué éstas fueron las primeras palabras que me habló después de la muerte de papá, pero mi madre dijo: ‘¡Él estaba tan orgulloso de ti y te quería tanto!’ Inmediatamente supe que esas palabras me estaban diciendo algo muy importante. Eran como un rayo de luz, como un profundo pensamiento que yo jamás había absorbido. No obstante, sentía un indefinible dolor, algo así como si fuera a conocer mejor a mi padre muerto de lo que lo había conocido mientras estaba vivo.

Más tarde, mientras el doctor extendía el certificado de defunción, yo estaba recostado contra la pared en una esquina de la sala, llorando interiormente. Una enfermera se me acercó y me rodeó con el brazo y entonces ya no pude controlar mis lágrimas. Hubiera querido decirle: No estoy llorando porque mi padre murió, sino porque nunca me dijo que estaba orgulloso de mí; nunca me dijo que me quería. Claro, él suponía que yo debía saber estas cosas. Se supone que tenía que saber del papel preponderante que yo jugaba en su vida y del importante lugar que ocupaba en su corazón, pero nunca me lo dijo”. (The secret of staying in love, Agus. 1974, pág. 68.)

Grandioso es el significado de las palabras de Dios el Padre cuando dedicó su precioso tiempo a expresar sus sentimientos paternales: “Este es mi Hijo amado”, y aún agregó la declaración:

«…en quien tengo complacencia” (Mat. 3:17)

A menudo, existe una comunicación más eficaz con los hijos, por la forma en que los padres se escuchan y se hablan mutuamente. Nuestras conversaciones, tratándonos con amabilidad y amor, llegan a los oídos siempre alerta e impresionables de nuestros hijos. Debemos aprender a comunicarnos eficazmente no solamente en la palabra, sino en el tono de voz, en los sentimientos, en los modismos y en la personalidad. Muy a menudo cuando no estamos en condiciones de conversar con otro miembro de la familia, nos preguntamos “¿qué le sucede?”, cuando en realidad deberíamos preguntarnos, “¿en qué están equivocados nuestros métodos?”. Una sonrisa expresiva, una palmada tierna en el hombro y una caricia sincera, son elementos importantes. El silencio aísla. Los periodos de silencio prolongados causan soledad, pena y lo que es más común, llevan a conclusiones equivocadas. Dios conoce la intensidad del impacto de la comunicación constante al exhortarnos que oremos continuamente. El también, ha prometido respondernos si nos comunicamos con Él debidamente.

No juzgar

  1. La determinación de no juzgar

Procurad ser comprensivos y no críticos; no deis muestras de conmoción, alarma, o disgusto hacia los comentarios y opiniones de otros; no reaccionéis violentamente; actuad dentro de los límites de libre albedrío de la otra persona; irradiad optimismo y dad muestras de que hay siempre esperanzas, de que hay un retorno, una posibilidad para un mejor entendimiento.

Llegad a un acuerdo con respecto a las decisiones personales. “Ni yo te condeno, vete, y no peques más…”, son palabras que resultan tan suaves y eficaces hoy como en el momento en que fueron pronunciadas por el Maestro.

Evitad imponer a otros vuestros valores. Cuando aprendemos a resolver problemas sin que nuestras ideas personales salgan a relucir y al mismo tiempo, evitamos prejuicios y arranques emocionales, estamos en camino de gozar de una comunicación familiar eficaz. Cuando un miembro de una familia toma una decisión que pueda resultar inadecuada o inapropiada, ¿tenemos la habilidad y paciencia para manifestar nuestro desacuerdo con su decisión y al mismo tiempo hacerle saber que tiene el derecho de escoger y seguir siendo un miembro amado en la familia? Es muy fácil señalar errores y juzgar. Los halagos y el reconocimiento sincero resultan difíciles de expresar para la mayoría de nosotros. Se requiere verdadera madurez para que un padre se disculpe con uno de sus hijos por un error; una disculpa honesta hace a menudo que quien la recibe, se sienta conmovido y reconocido hacia el que la manifiesta. “Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.”

Ser digno de confianza

  1. La virtud de saber guardar confidencias

Sed dignos de confianza aun en preguntas y opiniones que parezcan triviales. Nunca se nos formularán preguntas más serias ni tampoco se nos darán opiniones importantes, si fallamos con las de menos peso. Tratad con respeto las cosas dichas en confianza y las preocupaciones de los demás. Edificad en vuestro derredor una confianza merecida. Aquellos que tienen la bendición de tener amigos en quienes puedan confiar, son en verdad afortunados.

Comunicarse con paciencia

  1. La disposición de ser paciente

La paciencia en las comunicaciones constituye ese ingrediente vital de conducta que esperamos encontrar en otros, cuando no somos lo que debemos ser. Nuestra propia paciencia se desarrolla cuando somos pacientes con otros.

“Sé paciente, sé serio, sé templado, ten paciencia, fe, esperanza y caridad”. (D. y C. 6:9.)

“Estoy cansado de escuchar tus quejas”, y “te lo he dicho mil veces” son dos frases que se repiten muy a menudo en problemas familiares, e indican que la paciencia se ha esfumado y los canales de comunicación han desaparecido.

Se necesita valor para comunicarse pacientemente. Necesitamos constantemente expresar orgullo, esperanza y amor de la forma más sincera posible. Cada uno de nosotros debe evitar dar la impresión de alguien que se ha dado por vencido y que no está dispuesto a esforzarse más.

Debe evitarse corregir a los miembros de la familia enfrente de otras personas; se recibe mucho más atención en conversaciones de carácter personal y privado. La perseverancia apacible constituye una valiosa virtud en la relación de una persona con todos los miembros de su familia; cuando éstos se ignoran mutuamente, la comunicación deja de existir.

Los demás no oyen lo que decimos, ni lo desean, y se resisten a recibir consejos, cuando no comprendemos los conceptos básicos del intercambio. Todos debemos estar dispuestos a hacer nuestra parte para mejorar, siendo que la familia es la organización básica de la Iglesia. La comunicación eficaz será siempre el ingrediente fundamental para construir una solidaridad permanente en la familia.

La comunicación eficaz

Ruego que nuestro Padre Celestial nos ayude a comunicarnos más eficazmente en el hogar, mediante nuestra disposición a sacrificarnos, a escuchar, a expresar nuestros sentimientos, a evitar juicios, a mantener confidencias y a actuar con paciencia. “¡Cuán eficaces son las palabras rectas!’’(Job 6:25). Sí, cuán eficaces son las palabras rectas, compartidas en el momento apropiado, con la persona indicada.

Que nuestro bondadoso Padre Celestial nos ayude en nuestras necesidades y deseos para llevar a cabo una comunicación familiar más eficaz. La comunicación puede ayudar a edificar una familia unida si trabajamos y nos sacrificamos para ello. Ruego por el logro de esta meta, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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La bendición de un Templo

C. G. Abril 1976logo pdf
La bendición de un templo
Por el élder Adney Y. Komatsu
Ayudante del Consejo de los Doce

Adney Y. KomatsuMis queridos hermanos y amigos: es glorioso estar aquí con vosotros en esta gran conferencia y sentir el Espíritu del Señor manifestarse a través de las muchas palabras inspiradas que los hermanos han pronunciado; mi testimonio ha sido fortalecido y mi corazón se ha conmovido con sus palabras.  Con humildad doy mi testimonio de que yo sé que esta es la Iglesia del Señor, y que es dirigida por un Profeta viviente de Dios en la persona del presidente Kimball.

Repetidamente él nos ha amonestado acerca de la necesidad de tener más misioneros para llevar el mensaje del evangelio a todas las naciones; nos ha recordado que cada joven digno debe cumplir una misión y gracias a ello, hoy estamos experimentando un aumento en los bautismos de conversos, a medida que más jóvenes y señoritas responden al llamado para servir como misioneros del Señor.  La Iglesia está creciendo a pasos agigantados en muchas partes del mundo, gracias a la guía y dirección que recibimos del Profeta viviente.

El presidente Kimball también ha anunciado por medio de inspiración y revelación, la necesidad de construir más templos, y así el año pasado tres áreas en el mundo fueron designadas para recibir esta gran bendición, una nueva casa del Señor: Sao Paulo, Tokio y Seattle, en los Estados Unidos.

Al ser restaurado el evangelio de Jesucristo en estos últimos días, también fueron restauradas a través del profeta José Smith la construcción de templos, y las ordenanzas del templo.  Poco después de la organización de la Iglesia el 6 de abril de 1830, el Señor mandó a los santos que construyeran un templo; y de 1833 a 1836 contando con menos de dos mil miembros en la Iglesia, el profeta José y los santos comenzaron a construir el Templo de Kirtland.

Los santos en esos días no tenían muchos bienes materiales, pero con gran sacrificio personal dieron todo lo que tenían para edificar la casa del Señor.  Sus sacrificios fueron muchos, pero comparados a las grandes bendiciones que recibieron fueron sólo pequeños tributos al Señor.  El 3 de abril de 1836, en ocasión de una reunión dominical y después de solemne y reverente oración, el profeta José Smith y Oliverio Cowdery recibieron una gran manifestación. Una visión apareció ante sus ojos con la manifestación personal del Señor Jesucristo, expresando su aceptación del templo. También fueron visitados por tres grandes profetas poseedores de las llaves y autoridad de sus llamamientos, cada uno de ellos entregándolas en manos de José y Oliverio y otorgándoles así la autoridad para actuar de la manera requerida. Seguir leyendo

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La autoridad y el poder del Sacerdocio

Conferencia General Abril 1976
La autoridad y el poder del sacerdocio
por el obispo H. Burke Peterson
Primer Consejero en el Obispado Presidente

H. Burke PetersonMis hermanos, estoy especialmente agradecido por la asignación de hablar en esta reunión del sacerdocio. Considero que ésta es la congregación más extraordinaria del sacerdocio en esta dispensación. He estado meditando profundamente sobre la mejor forma de haceros llegar un mensaje que considero de suma importancia y de preocupación vital para todos los hijos de nuestro Padre. He orado y vuelvo a rogar ahora, para que el Espíritu nos acompañe. Os testifico que lo que os digo es verdad, y que en su preparación he sido guiado por el Espíritu. Y suplico que podáis abrir vuestro corazón y que vuestro espíritu sea receptivo.

El progreso espiritual y la felicidad que recibimos como consecuencia, están basados en la comprensión y en la obediencia a los principios del sacerdocio. Considero que hay muchas personas cuya vida está rodeada de infelicidad porque nosotros, hermanos del sacerdocio, no hemos escuchado con toda atención la voz de advertencia del Señor; como El lo ha dicho en varias oportunidades, existen peligros en el uso equivocado del sacerdocio. Todos hemos leído la siguiente revelación muchas veces, y quisiera compartirla con vosotros nuevamente y en el proceso, compararla con la conducta diaria de nuestra vida:

«He aquí, muchos son los llamados, pero pocos los escogidos. ¿Y por qué no son escogidos?

Porque tienen sus corazones de tal manera fijos en las cosas de este mundo, y aspiran tanto a los honores de los hombres, que no aprenden esta lección única:

Que los derechos del sacerdocio están inseparablemente unidos a los poderes del cielo, y que éstos no pueden ser gobernados ni manejados sino conforme a los principios de justicia.» (D. y C. 121:34-36.)

De esto puedo deducir que existe una diferencia entre la autoridad y el poder del sacerdocio; estas dos palabras, refiriéndose al sacerdocio, no son necesariamente sinónimos. Todos los que poseemos el sacerdocio tenemos la autoridad para actuar por el Señor, pero su eficacia o, si gustáis decirlo de otro modo, el poder que recibimos a través de esa autoridad, depende del molde de nuestra vida, depende de nuestra justicia. Repito: «. . . los poderes del cielo, y que éstos no pueden ser gobernados ni manejados sino conforme a los principios de justicia.» Seguir leyendo

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Jesús de Nazaret, Salvador y Rey

C. G. Abril 1976logo pdf
Jesús de Nazaret, Salvador y Rey
por el élder Neal A. Maxwell
Ayudante del Consejo de los Doce

Neal-A-Maxwell¡Cuán importante es la manera en que percibimos a Cristo!

Hay quienes buscan substituir a Cristo con César; otros se enceguecen tratando de «traspasar lo señalado», cuando lo señalado es Cristo. Gran número de sectas, sin el refuerzo de la revelación en los cimientos, han sido rudamente sacudidas por temblores teológicos; y la erosión eclesiástica subsecuente ha sido tan rápida, que su progreso se mide en meses, en vez de siglos. Algunos «cruzados sin cruz» han llegado al punto de erradicar la divinidad de Cristo como el foco central de sus doctrinas, sólo para ver el resto de ellas derrumbarse como castillos de arena ante las olas. Así desatino, miedo y moda se han combinado para menguar la teología de muchos. Para ellos, el horizonte no presenta señal de refugio, ni guía. hay sin embargo una gente y una Iglesia, que llevando el nombre de Jesucristo, ha edificado sobre la roca de la plenitud del evangelio; esta gente es considerada por el mundo como excéntrica, ¡porque es «Cristo-céntrica»!

Esta gente se esfuerza en seguir la admonición del Salvador resucitado, quien dijo: «alzad vuestra luz para que brille ante el mundo. He aquí, yo soy la luz que debéis levantar. . . aquello que me habéis visto hacer» (3 Nefi 18:24).

Hoy, yo deseo elevar esta luz declarando mi testimonio de Jesucristo, de lo que El ha hecho, en la medida de lo que sé, he visto, oído y sentido en mi vida. Este testimonio involucra mi razón y mi experiencia, dos testigos limitados, más auxiliadores. Afortunadamente, se me ha dado un tercer testigo, el Espíritu. ¡El testigo intachable y convincente! Sólo lamento que lo que sigue a continuación viene a ser el equivalente verbal de un cuadro infantil, entusiastamente pintado con un dedo, pero a larga distancia de ser arte. . . porque mi lengua no puede describir todo lo que sé. Aún así. . .

Yo testifico que en nuestro primer estado Jesús fue el individuo sin parangón entre todos los hijos espirituales de nuestro Padre Eterno. El ayudó a preparar este planeta para nosotros, y nos guió —no nos empujó— desde nuestra existencia premortal. A El doy gracias por las infinitas cosas que hizo a través de las épocas, desde aquel primer estado, para prepararse eminentemente para su singular papel, mientras yo hacía tanto menos. Y más, le agradezco por no abandonar a aquellos de nosotros que somos lentos o remolones.

Testifico que su inteligencia es vastamente superior en todas las cosas, a la de los más idóneos mortales, y que su intelecto excede al intelecto humano por años-luz en perspectiva y verdad. Le agradezco por integrar su mente exquisita con amor y humildad perfectos. Su brillantez no es de la clase que dice, «Entiéndeme si puedes», sino que pacientemente apremia, «Ven, sígueme». Seguir leyendo

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Inculcad la autosuficiencia en la mujer Mormona

C. G. Abril 1976logo pdf
Inculcad la autosuficiencia en la mujer mormona
Por Barbara B. Smith
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Barbara B. SmithMis queridos hermanos, tanto esta mañana como en nuestra reunión similar de octubre próximo pasado, nuestro Obispo Presidente, Victor L. Brown, mencionó las escrituras de Doctrinas y Convenios, sección 78, versículos 13 y 14, en las que el Señor dice que nos está preparando para soportar las tribulaciones que nos sobrevendrán, para que «la Iglesia se sostenga independiente de todas las otras criaturas bajo el mundo celestial» (D. y C. 78:14).

Se nos ha dicho que el logro de esa independencia se conseguirá en proporción directa a la obediencia que los miembros de la Iglesia demuestren a la palabra del Señor, con respecto a este asunto. El resultado de la obediencia es la seguridad y la autosuficiencia; esto engendra la confianza y una actitud pacífica. Las oficiales de la Sociedad de Socorro se encuentran en la posición adecuada para asistir materialmente a las mujeres de la Iglesia para que respondan obedientemente al consejo de nuestros líderes con respecto a la producción y almacenamiento en el hogar, de tal modo que cada familia pueda prepararse para abastecer sus necesidades básicas durante un mínimo de un año. Las mujeres Santos de los Últimos Días deben involucrarse en forma activa en el cultivo, la producción y la conservación de alimentos, de acuerdo a sus capacidades. La Sociedad de Socorro debe ayudarles a utilizar sabiamente los recursos disponibles, sean éstos grandes o pequeños. A1 decir sabiamente, quiero decir en forma frugal y prudente, y tomando las medidas necesarias para el futuro, mientras se atiende a las necesidades inmediatas.

La Sociedad de Socorro puede también ayudar a las mujeres de la Iglesia con instrucciones expertas y la aplicación de adecuadas experiencias prácticas. El mejor lugar para llevar a cabo estas enseñanzas es en las reuniones de Ciencia de Hogar de los barrios, en otras lecciones y en miniclases. Del mismo modo se puede impartir instrucciones en ferias de Ciencia del Hogar, seminarios y actividades de trabajo patrocinados por la Sociedad de Socorro en estacas y distritos. El almacenamiento en el hogar puede ser tema de los mensajes de las maestras visitantes durante el verano y podría sugerirse también como tema para los discursos de los barrios y las reuniones de estaca. Las maestras de la Sociedad de Socorro de estaca y distrito podrían hacer una planificación activa con este asunto y solicitar para su ejecución, la cooperación de las Sociedades de Socorro de los barrios. Seguir leyendo

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Honestidad

Conferencia General Abril 1976

Honestidad
«Un hombre honesto: La obra más noble de Dios «

por el élder Gordon B. Hinckley
del Consejo de los Doce


Si el Señor me inspira, deseo hablar sobre lo que puede ser considerado como un tema ordinario o común, pero que yo creo es la esencia misma del evangelio. Sin la cualidad de carácter de la que voy a hablar, el material de nuestra sociedad se desintegraría en la corrupción y el caos. Esa cualidad es la honestidad personal.

Entre las muchas cartas anónimas que he recibido, hubo una de particular interés; contenía un billete de veinte dólares y una notita que decía que el remitente había estado en mi casa hacía unos años. Viendo que no había nadie, trató de abrir la puerta, que estaba sin llave, entró y dio un paseo por la casa. En el dormitorio encontró un billete de veinte dólares, lo tomó y se fue. En el transcurso de los años, su conciencia no le dejó vivir en paz, y entonces me devolvía el dinero con la carta explicativa.

No obstante, no incluía nada por concepto de interés, por el tiempo en que había usufructuado mi dinero. Pero al leer su patética carta, pensé en el castigo al que él mismo se había sometido durante un cuarto de siglo, con el incesante tormento de su conciencia. No pudo encontrar la paz hasta que hizo restitución de lo robado.

Nuestros diarios locales publicaron una historia similar, hace algún tiempo: el Estado de Utah recibió una nota anónima junto con doscientos dólares; la nota decía: «El dinero adjunto es por concepto de materiales usados durante los años en que trabajé para el estado, tales como papel, estampillas, etc.».

Imaginad la inundación de dinero que habría en las oficinas del gobierno, los negocios y el comercio en general, si todo lo que fue «tomado», un poco aquí, otro poco allí, fuera devuelto en un arrebato de honestidad.

El precio de cada paquete de comida, de cada corbata, blusa, o cualquier otro artículo comprado en las tiendas, incluye un sobrecargo para compensar por las raterías que sufren los comerciantes.

Cada vez que abordamos un avión, pagamos una suma para que los pasajeros y los equipajes sean revisados, como método de seguridad. El total de esta empresa llega a sumar millones de dólares, todo por la escandalosa deshonestidad de unos pocos que tratan de chantajear las aerolíneas para obtener así aquello que no les pertenece.

Una de las revistas más importantes de los Estados Unidos, publicó un artículo acerca del fraude que se estaba efectuando en el sistema médico del Gobierno, y que alcanzaba a billones de dólares; en la estafa estaban involucrados pacientes, hospitales, clínicas, laboratorios y médicos, todos tras el dinero mal habido. Las reclamaciones exageradas a las compañías de seguros, las cuentas de gastos excesivas, los cheques sin fondos, los documentos falsificados, son todos síntomas de una epidemia de deshonestidad que ha alcanzado increíbles proporciones. En la mayoría de los casos, la suma involucrada es pequeña, pero el total representa la deshonestidad personal en gran escala.

El libro de Génesis contiene esta maravillosa declaración: Seguir leyendo

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