El destino de América

Conferencia General Abril 1976

El destino de América
Si quieren servir al Dios de la Tierra

por el presidente N. Eldon Tanner
de la Primera Presidencia


Siendo ésta la Primera Conferencia General en el año de la conmemoración del bicentenario de la Independencia de los Estados Unidos de América, he estado meditando mucho acerca de este acontecimiento histórico y de su relación con el evangelio y el gran plan de vida y salvación. Todos tenemos la oportunidad de leer y oír abundantemente con respecto a los acontecimientos relacionados con la fundación de los Estados Unidos, así como sobre los modernos artefactos que se encuentran en la actualidad a nuestra disposición, como sucede con los medios de comunicación que alcanzan todos los confines del mundo. Comprendemos mejor que nunca la relación y dependencia que existe entre todos los países del planeta.

Esperamos que todo hombre sea leal a su tierra nativa; la tierra en la que ha nacido, en la que vive, trabaja y cría a su familia. Recuerdo las palabras de Sir Walter Scott, expresadas en su obra «The Lay of the Last Minstre!»:

«Vive allí un hombre
con el alma tan muerta,
que nunca se dijo:
esta es mía,
mi tierra nativa.
Cuyo corazón nunca
dentro de su pecho ardió.
Al volver hacia el hogar sus pasos
desde las extrañas playas.»

Durante las últimas semanas, junto con el presidente Kimball y otros miembros de las Autoridades Generales, tuve el privilegio de asistir a las conferencias de área de Nueva Zelanda, Australia y las hermosas Islas del Pacífico del Sur. Nueva Zelanda afirma ser una tierra escogida y favorecida por el Señor. La noche anterior a nuestra partida de Tahití, uno de los hermanos dijo: «Bueno, mañana seremos echados del Jardín de Edén». Por donde quiera que anduvimos nos sentimos favorablemente impresionados por las hermosuras de las tierras y los paisajes. Mi esposa dijo: «No hay duda de que vivimos en un hermoso mundo.» Sí, todos los países son grandemente bendecidos por el Señor, y cada uno de ellos es particularmente diferente en sus bellezas, sus pueblos, costumbres y tradiciones. Hoy sin embargo, quisiera limitar mis palabras a discutir específicamente algo relacionado con el hemisferio occidental, así como a destacar el destino de América en el eterno plan del Señor. Seguir leyendo

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. . . Congregados en mi nombre. . .

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«. . congregados en mi nombre. . .»
por el élder Joseph B. Wirthlin
Ayudante del Consejo de los Doce

Joseph b wirthlinHace muchos siglos, cuando Jesús enseñaba a sus discípulos en Capernaum, en las playas del Mar de Galilea, les dijo: «Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mat. 18: 20).

Los Santos de los Últimos Días tienen el precioso privilegio de vivir, reunirse y adorar en el nombre del Salvador de la humanidad, y disfrutar de su espíritu sostenedor y regenerador en cada faceta y dimensión de su vida.

Desde octubre pasado, mi esposa y yo hemos viajado muchos miles de kilómetros por Europa central, Escandinavia y Finlandia, trabajando con los once presidentes de misión y ocho presidentes de estaca que presiden en aquella zona. En esos lugares, hemos aprendido a conocer más de 1.500 misioneros que irradian y comunican la verdad de que Jesús está entre ellos. La gloria suprema de la obra del reino en Europa, la forman los miles de miembros fieles que laboran incansable y jubilosamente, tanto para compartir el evangelio con los demás, como para vivirlo ellos mismos.

La tarea y la responsabilidad a la que estos santos se han consagrado desinteresadamente ha evolucionado, como lo ilustra una revelación dada a través del profeta José Smith a James Covill, quien había sido ministro bautista durante cuarenta años. El primer paso en el proceso para llegar a ser un Santo de los Últimos Días, se le dijo al hermano Covill, es aceptar verdaderamente el evangelio, del cual el Señor dice: «Y éste es mi evangelio: El arrepentimiento y el bautismo en el agua, seguido del bautismo de fuego y del Espíritu Santo, aun el Consolador, quien muestra todas las cosas y enseña las cosas pacíficas del reino» (D. y C. 39:6).

Después de la aceptación del evangelio, se le pidió al hermano Covill que hiciera lo que ahora es nuestra obligación incondicional, porque el Señor dice, «Y si haces esto, te he preparado una obra mayor. Promulgarás la plenitud de mi evangelio que he enviado en estos últimos días, el convenio que he enviado para restaurar a mi pueblo, que es de la casa de Israel» (D. y C. 39:11). Seguir leyendo

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Amanecer sin esperanza. . . Gozosa mañana

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Amanecer sin esperanza… Gozosa mañana
por el élder Thomas S. Monson

Thomas S. MonsonMe siento honrado de estar en este púlpito donde hace unos momentos estuvo el Presidente de la Iglesia, el Profeta de Dios, Spencer W. Kimball.  Y mis pensamientos han ido hacia la tierra de sus antepasados, Gran Bretaña.  Su capital, Londres, es una ciudad llena de historia y con lugares famosos en todo el mundo; entre éstos se cuentan los magníficos museos de arte que posee.

En una gris tarde invernal visité uno de ellos, la conocida Galería Tate.  Allí me maravillé frente a los paisajes de Gainsborough, los retratos de Rembrandt y las nubes tormentosas de los cuadros de Constable.  Pero el cuadro que no sólo me llamó la atención, sino que me cautivó, se encontraba en un humilde rincón del tercer piso; en él se ve una sencilla casita frente al mar borrascoso y, arrodillada junto a una mujer de edad, se encuentra una joven traspasada por el dolor de haber perdido a su esposo marino: la vela consumida en el antepecho de la ventana, nos dice de su larga e infructuosa vigilia, y los grandes y oscuros nubarrones son lo único que queda de la tempestuosa noche.

Pude sentir su soledad, su desesperación.  El nombre que el artista dio a su obra, describe vividamente la desdichada historia: «Amanecer sin esperanza».

Para aquella joven, como para muchas personas que han perdido un ser amado, cada amanecer es sin esperanza.  Estos son los sentimientos de aquellos que ven la muerte como el fin y para quienes la inmortalidad no es más que un sueño imposible.

La famosa científica Madame Curie, al volver a su casa después del funeral de su esposo, Pierre, muerto en un accidente en las calles de París, escribió en su diario lo siguiente:

«Taparon la tumba y pusieron sobre ella coronas de flores.  Todo ha termina-do. Pierre duerme su último sueño bajo la tierra; este es el fin de todo, todo, todo.» (Madame Curie, por Eve Curie.  Garden City Publishing Co., pág. 249.) Seguir leyendo

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Almacenamiento de alimentos

Conferencia General Abril 1976

Almacenamiento de alimentos

por el obispo Vaughn J. Featherstone
Segundo Consejero en el Obispado Presidente


Hermanos del sacerdocio, hermanas de la Sociedad de Socorro, el presidente Henry D. Moyle siempre recomendaba que cuando alguien habla deberíamos sacar tres conclusiones de su mensaje. Primero, lo menos importante, pero aun de gran significado, debemos comprender lo que dicen; segundo y muy importante, debemos lograr una experiencia espiritual; tercero, y lo más importante, debemos mantener los cometidos que nos fijamos. Anotémoslos y sigámoslos al pie de la letra. Nunca os propongáis un cometido que no estéis dispuestos a guardar; si lo hacéis, sólo estaréis debilitando vuestro carácter.

Durante veintiséis años, desde que tenía quince, he estado involucrado en la industria del abastecimiento de alimentos. Mucho fue lo que aprendí de la naturaleza humana durante esos años. Recuerdo los efectos que tenían las huelgas, los terremotos y los rumores de guerra sobre muchos de los activos Santos de los Últimos Días. Al igual que las cinco vírgenes insensatas, se precipitaban a los almacenes para comprar alimentos, envueltos en el torbellino del pánico, sabiendo que habían sido instruidos por el Profeta en algo que no habían obedecido y temerosos de haber tardado en tomar la decisión hasta que fuera irremediablemente tarde.

Era interesante, porque sólo en las comunidades mormonas la gente compraba indiscriminadamente. No se trataba de que lo hicieran unos pocos miembros de la Iglesia, sino un número realmente significativo, lo que causaba un gran aumento en las ventas. Una de tales experiencias se produjo cuando una de las «profecías», realizada por alguien fuera de la Iglesia, recibió gran publicidad.

¡Que tontos podemos ser a veces! Contamos con un Profeta viviente; tenemos a los oráculos vivientes del Señor, la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles. Sigamos los consejos de las Autoridades Generales y seamos constantes. No tenemos porqué temer si estamos preparados. Seguir leyendo

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Aceptando el llamamiento

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Aceptando el llamamiento
por el élder John H. Groberg
del Primer Quórum de los Setenta

John H. GrobergMis queridos hermanos, en ocasiones como ésta hay mucho para sentir pero muy poco para decir. Creo que es importante que me refiera a cuatro puntos.

Primero que nada, deseo aceptar públicamente y en la presencia del Señor y sus siervos, la invitación que el presidente Kimball me ha hecho de pasar el resto de mi vida al servicio del Señor.

Segundo, deseo pedir vuestra ayuda; reconozco que soy débil y la necesitaré. En los últimos días, he dedicado algunos momentos a la meditación y a la introspección de mi alma, y he llegado a la ineludible conclusión de que los llamados «logros» que he alcanzado, han sido más que nada, el resultado de los esfuerzos de otras personas y no de los míos.

Muchas veces oímos decir que nuestros muertos necesitan que vayamos al templo y hagamos la obra por ellos; esto quiere decir que pensamos que ellos dependen de nosotros. A pesar de que no tengo un completo entendimiento de estas cosas, deseo testificar que estoy seguro de que nosotros dependemos de ellos mucho más de lo que ellos dependen de nosotros. Necesitamos ayudarnos los unos a los otros; nuestra salvación depende de ello.

Tercero, desearía expresar mi agradecimiento a todos aquellos que han sido amables y pacientes conmigo, a los líderes de la Iglesia que han visto y contemplado los errores que he cometido y aun así me han dirigido con paciencia. Espero y ruego que yo pueda al menos ser tan amable y paciente con otros en cualquier responsabilidad que se me asigne, como ellos lo han sido conmigo. Agradezco por mi esposa y mis hijos, mis padres, mis hermanos y vecinos; nadie podría tener vecinos mejores que los nuestros. Seguir leyendo

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¡Proclamation!

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¡Proclamadlo!
por el élder Jacob de Jager
del Primer Quórum de los Setenta

Jacob de JagerMis queridos hermanos, en mi nuevo llamamiento de asistir en la construcción del Reino de Dios, es gloriosa la ocasión de obtener un conocimiento personal con muchos de los selectos y dignos hijos de nuestro Padre Celestial, de quienes estoy seguro que Jesús dijo: «Vosotros no me habéis elegido a mí, sino que yo os he elegido a vosotros» (Juan 15:16); y de quien el profeta José Smith dijo: «Vosotros sois los que el Padre me ha dado; sois mis amigos» (D. y C. 84:63).

No me cabe la menor duda de que el Señor nos ha traído aquí porque fue revelado por medio de José Smith: «Y el que fuere fiel será fortalecido en todo lugar, y yo, el Señor, os acompañaré» (D. y C. 66:8).

Hemos llegado hasta aquí desde todos los rincones de la tierra, y yo personalmente, de una pequeña ciudad en Holanda en donde solamente hay cuatro miembros de la Iglesia. Por lo tanto, estoy seguro de que muchos de vosotros podríais contar historias interesantes acerca de vuestra conversión y bautismo en la Iglesia, acerca de vuestro primer contacto con los misioneros, y de las tres etapas por las cuales todos tenemos que pasar cuando entramos en el reino aquí en la tierra la etapa de entrar, la etapa del desarrollo y la etapa de la mayordomía- todas éstas, parte del progreso eterno del hombre desde la preexistencia hasta la vida venidera.

El motivo por el cual estoy aquí esta noche es el de compartir mi testimonio, así como mi felicidad, con todos vosotros. Porque nuestra felicidad y regocijo en el reino ha aumentado y sigue aumentando desde el primer día en que los misioneros golpearon a nuestras puertas en Holanda; desde el día en que mi esposa y yo nos bautizamos en Toronto, Canadá, donde vivíamos en ese momento; desde que tuve el gran privilegio, por medio del poder del Santo Sacerdocio de Melquisedec, de bautizar a mis hijos, y desde que nos sellamos por tiempo y eternidad en el templo de Suiza y sellamos nuestros hijos a nosotros. Seguir leyendo

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. . . Florecerán como la rosa . . .

Conferencia General Abril 1976

«. . . FLORECERÁN COMO LA ROSA . . .»

Los lamanitas deben elevarse en majestad y poder

por el élder J. Thomas Fyans


La inspiración y dirección de los profetas a través de los años, nos han dado  el conocimiento de lo que habría de venir. En ésta, nuestra dispensación, hemos recibido un libro de declaraciones proféticas.

El profeta José Smith ha dicho: «Uno de los aspectos más importantes en la fe de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días por medio de la plenitud del evangelio sempiterno, es el recogimiento de Israel del cual los lamanitas son parte.

En un edicto de los Doce Apóstoles en 1845, se nos dice, hablando de los lamanitas de toda América: «También ellos llegarán al conocimiento de sus antepasados y al de la plenitud del evangelio; y lo abrazarán y serán una rama justa de la casa de Israel».

El presidente Brigham Young, hablando de las conversiones de los lamanitas dijo: «Mirad y vedlos como una llama de fuego, un poderoso torrente que fluye como una gran marcha de ángeles» (Young Woman’s Journal, mayo de 1890, pág. 263).

John Taylor expresó este pensamiento, «La misma organización del sacerdocio debe ser introducida y conservada entre la Casa de Lehi así como entre aquellos de Israel reunidos de las naciones gentiles».

El presidente Wilford Woodruff previó el futuro y reveló que «Sion está destinado a levantarse y florecer. Los lamanitas florecerán como la rosa en las montañas . . . Cada palabra que Dios ha dicho de ellos se cumplirá, y ellos, muy pronto recibirán el evangelio. Ese día se manifestará el poder de Dios entre ellos, y surgirá una nueva nación (Journal of Discourses, 15:282).

Ahora consideremos las revelaciones de hoy en día que nuestro Profeta actual ha compartido con nosotros: «Los lamanitas han de levantarse en majestad y poder» (Confence Report. oct. de 1947, pág. 22). Seguir leyendo

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Servicios de Bienestar

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Servicios de bienestar
Por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyHermanos y hermanas: Después de lo que hemos escuchado aquí hoy, por cierto cubriendo totalmente el tema, recuerdo una experiencia que tuve hace algunos años. Creo que esta sería una de las pocas veces, si no es que la única, que a nosotros, las Autoridades Generales, nos pidieron hablar acerca de cierto tema en una conferencia de estaca. Esa semana yo fui a Richfield, Utah, y el hermano Clifford Young a Monroe, Utah. Ellos tenían un coro de jovencitos de la escuela que cantaron en Richfield cuando yo estuve ahí por la mañana y luego fueron a Monroe por la tarde y cantaron donde estaba el hermano Young. Sucedió que yo hablé en la mañana acerca del tema asignado y Clifford habló acerca de él en la tarde. Cuando hicimos nuestro reporte al Consejo de los Doce, el hermano Young dijo que había sido una bella ocasión y que lo único malo era que aquellos estudiantes habían tenido que escuchar dos veces el mismo tema. El presidente George F. Richards, entonces Presidente de los Doce, dijo: «Oh, a mí no me preocuparía eso. Me imagino que ellos no se dieron cuenta que hablaban del mismo tema.»

Yo creo que en las observaciones que voy a hacer, podréis comprender que les estoy hablando acerca del mismo tema que los Hermanos han cubierto esta mañana con tan maravillosa presentación.

Como dijo el obispo Brown, el Departamento de Servicios de Bienestar de la Iglesia, comprende tres programas: el programa original de bienestar, el cual él caracterizó como programa de producción; los servicios personales y los servicios de salud. De estos tres programas, el primero en organizarse fue el antiguo programa de bienestar, ahora llamado programa de Producción-Distribución.

Este programa concierne al cumplimiento de la declaración del Señor: «Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra» (Génesis 3:19) y también el segundo gran mandamiento: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Marcos 1 2:31).

Sabéis, por supuesto, como fueron cumplimentados esos mandamientos antiguamente.

En los días de Enoc, como ya hemos escuchado, la historia dice: Seguir leyendo

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Resistamos al mal

Conferencia General Octubre 1975

Resistamos al mal

Por el élder Gordon B. Hinckley
Del Consejo de los Doce

Agradecido por la inmensa responsabilidad de hablaros, busco hoy la guía del Espíritu Santo.

Recientemente vino a verme un joven bien parecido, buen alumno, simpático pero profundamente atribulado; me explicó que durante largo tiempo había llevado una conducta inmoral, pero que habían empezado a atormentarlo serias dudas.

«¿Qué le provocó este cambio de actitud?», le pregunté.

Me mostró un pequeño anillo en su meñique; tenía un hermoso brillante incrustado en oro y noté que me lo mostraba con orgullo. «Perteneció a mi abuelo», me dijo: «Antes de morir se lo dio a mi padre, que era su hijo mayor y mi padre me lo dio a mí, su hijo mayor. La otra noche me encontraba con un amigo, uno como yo, quien conociendo la historia de mi anillo me preguntó: ¿Y a quién se lo vas a dar tú? Supongo que serás el último de la familia.»

«Sus palabras me sacudieron», continuó. «Jamás había pensado en ello ¿A dónde voy?, me pregunté. Voy cuesta abajo por un callejón sin salida, donde no hay luz, ni esperanza ni futuro. Y de pronto comprendí que necesitaba ayuda.»

Hablamos de las influencias que lo habían colocado donde se hallaba, del hogar del cual provenía, de su relación con otros jóvenes, de los libros y revistas que había leído, de las películas que había visto; me contó de muchos amigos en circunstancias similares o peores.

Esa noche al caminar de mi oficina a mi casa, no podía borrar de mi mente la figura trágica de aquel joven que ahora se encontraba confrontando el hecho de que mientras continuara la misma clase de vida, jamás podría tener un hijo propio a quien pudiera algún día, legarle el anillo de su abuelo. El temor al futuro tenebroso lo había hecho pedir ayuda. Seguir leyendo

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Profetas y Profecías

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Profetas y profecías
Por el élder LeGrand Richards
Del Consejo de los Doce

LeGrand RichardsMis hermanos, es para mí un verdadero regocijo encontrarme en esta gran conferencia dc la Iglesia, y confío en que podré contar con la inspiración del Espíritu del Señor a fin de que en el breve tiempo que se me ha asignado, pueda deciros algo que acreciente vuestros testimonios e impresione en alguna forma el corazón de aquellos que no son miembros de la Iglesia.

En esta ocasión me gustaría decir unas palabras en cuanto a la importancia de la profecía y de los profetas.

Después de su resurrección, el Salvador mismo se acercó a dos de sus discípulos que se dirigían a la aldea llamada Emaús y caminó con ellos, mas se nos dice que «los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen» (Lucas 24; 16). Al escuchar sus comentarios y ver claramente que no habían comprendido lo que El había intentado enseñarles, les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!» (Lucas 24:25); en seguida comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les declaró en qué forma éstos había testificado de El. Ahora bien, si estudiáis las Escrituras, veréis que ellos predijeron la vida del Señor y su ministerio terrenal hasta en los más mínimos detalles, incluso que echarían suertes sobre su ropa en el tiempo de su crucifixión. (Salmos 22: 1-3.)

Y Pedro dijo: «Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo» (2 Pedro 1:19-21). Si nosotros tenemos ese mismo poder, entonces debemos ser capaces de entender las profecías.

Tal como los santos profetas predijeron que el Salvador había de venir a la tierra en el meridiano de los tiempos, del mismo modo, han predicho muchos de los acontecimientos trascendentales que han de verificarse a efectos de preparar la vía para su segunda venida. A continuación quisiera referirme a algunos de ellos. Seguir leyendo

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Preparémonos para la segunda venida del Señor

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Preparémonos para la segunda venida del Señor
Por el élder Delbert L. Stapley
Del Consejo de los Doce

Delbert L. Stapley.Mis amados hermanos y amigos, escuchas radiales y televidentes: Antes del nacimiento del Salvador hubo muchas profecías que anunciaron su llegada a la tierra. Los primeros profetas revelaron los hechos que precederían a su nacimiento y describieron su misión terrenal, permitiendo así que la gente del mundo lo reconociera como su Salvador, Señor y Dios. A pesar de que la Casa de Israel poseía registros escritos de numerosas profecías concernientes a su vida en este mundo, el Padre Eterno envió de todos modos un mensajero especial, Juan el Bautista, «para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Lucas 1:17).

Las predicciones de los primeros profetas concernientes al nacimiento, vida y ministerio de Jesucristo se cumplieron, fueron preparados para aceptarlo y seguirlo; así como se cumplió esto, del mismo modo podemos esperar que se lleven a cabo los procedimientos profetizados concernientes a su segunda venida.

Casi al final del ministerio terrenal de Cristo, sus discípulos, interesados en sus enseñanzas sobre el fin del mundo, hablaron con El y le dijeron: «. . .¿Cuándo serán estas cosas y qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo?» respondiendo Jesús, les dijo: «Mirad que nadie os engañe. . .» (Mateo 24:3-4). El Señor entonces explicó a sus discípulos las señales y acontecimientos que ocurrirían previos a su segunda venida. Esto aparece en el capítulo 24 de Mateo, lo que merece un cuidadoso estudio.

Jesús les hizo saber a sus discípulos que abundaría la iniquidad; que habría falsos Cristos que engañarían a muchos; que se levantarían falsos profetas indicando grandes señales y maravillas para engañar a los selectos y que prevalecerían grandes tribulaciones. Habría guerras y rumores de guerras, naciones contra naciones, hambres, pestilencias, terremotos y las abominaciones de la desolación tal como fueron descritos por el profeta Daniel. (Mateo 24.)

Las profecías escritas de los eventos que habrán de preceder a la segunda venida de Cristo, sirven como guía y llamado de atención a todos los habitantes de la tierra. ¿No deberíamos oír esos llamados mientras somos testigos de las señales que están ocurriendo? Seguir leyendo

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Preparación para un empleo honorable

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Preparación para un empleo honorable
Por el élder Howard W. Hunter
Del Consejo de los Doce

Howard W. Hunter 1Esta mañana hemos escuchado cosas muy importantes acerca de prepararnos nosotros mismos, nuestras familias, nuestros barrios, y claro está, la Iglesia, para enfrentarnos a los desafíos de esta época. Uno de los aspectos de esta preparación, como explicaron el obispo Brown y sus consejeros en su exposición de la preparación familiar, es el empleo o la carrera y su desarrollo. Yo quisiera comentar esto con mayor detalle porque es muy importante para la mayoría de nosotros, quienes como líderes, debemos ayudar a otros.
Es interesante que la primera instrucción dada a Adán después de su caída, trata del principio eterno del trabajo. El Señor dijo: «Con el sudor de tu rostro comerás el pan. . .» (Génesis 3:19). Nuestro Padre Celestial nos ama tanto que nos ha dado el mandamiento de trabajar. Esta es una de las llaves de la vida eterna. El sabe que aprenderemos, creceremos, lograremos, serviremos y nos beneficiaremos más con una vida industriosa que con una de comodidad.

Hay varios principios que sostienen el significado del trabajo en el plan del Señor. Primero, como pueblo del convenio, debemos ser lo más autosuficientes posible. No debemos depender de la caridad pública o de algún programa que ponga en peligro nuestro libre albedrío. Segundo, debemos trabajar para sostener a la familia con la que el Señor nos ha bendecido. Todo verdadero hijo de Dios desea cuidar de los suyos, y muchas nobles mujeres, cuyo esposo ha muerto, luchan para sostener a sus hijos trabajando para obtener el sustento y haciéndola de padre y madre a la vez. Finalmente, trabajemos de tal modo que podamos satisfacer las necesidades de la vida, conservando el tiempo y la energía que sobra para servir en la obra del Señor. Algunas veces parece que el hombre que trabaja más duro en su profesión, es el hombre más dispuesto a dedicar tiempo al servicio de la Iglesia. Seguir leyendo

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Nuestros antepasados esperan. . .

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Nuestros antepasados esperan. . .
Por el élder Eldred G. Smith
Patriarca de la Iglesia

Eldred G. SmithDesde un principio, Dios colocó a Adán sobre la tierra y le dio dominio sobre los peces, las aves, el ganado y sobre todo la tierra. Tal vez esto parezca una posición exaltada en la actualidad, pero aun cuando Adán tenía dominio sobre todo la tierra, Dios dijo: «No es bueno que el hombre esté solo.» Y le dio una mujer, Eva, para que fuese su compañera y colaboradora. Entonces Dios le dio el primero y grande mandamiento de multiplicar y henchir la tierra.

No sabemos por cuánto tiempo vivieron en el Jardín de Edén, antes de que participaran del fruto, del árbol del conocimiento del bien y del mal, y fueron arrojados del jardín para iniciar su existencia mortal. El punto que quisiera aclarar es que Dios mismo estableció la primera unidad familiar. El matrimonio no es una institución ideada por el hombre que pueda pasar de moda o hacerse a un lado en la trayectoria del progreso humano. Todo lo que consideramos más íntimo y querido en nuestra vida, está relacionado con nuestra familia. Allí se centra el amor; v donde existe amor, existe también felicidad.

Ciertamente no es bueno que el hombre esté solo. El Señor en su sabiduría había previsto la forma en que el hombre pudiera ser feliz sobre la tierra y que su gozo continuara por toda la eternidad. El gozo y la felicidad más grande proviene de la unidad familiar; y así ha sido durante toda la vida mortal. Entonces, ¿por qué no habría de ser igual en la vida venidera? Esta unidad familiar es tan importante, que el Señor nos ha hecho saber que todas las familias de la tierra deben ser selladas. Cuando llegue el final del milenio, toda la posteridad de Adán que haya aceptado el evangelio, deberá estar sellada como una familia por el poder del sacerdocio, el cual es el poder para sellar y atar en la tierra y en los cielos.

Cada persona que venga a la tierra y que acepte el evangelio, debe tener la oportunidad de recibir todas las bendiciones de estos sellamientos, antes del fin del milenio. Dios no sería justo si las cosas no fueran así. Estas bendiciones de sellamientos se obtienen primero, a través de la ordenanza del bautismo en la Iglesia de Jesucristo; después la esposa debe sellarse a su esposo por tiempo y eternidad, y aquellos niños que hayan nacido antes de este convenio, deben ser sellados a sus padres a fin de que reciban las bendiciones como si hubiesen nacido bajo el nuevo y sempiterno convenio. Seguir leyendo

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Nuestro mensaje

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Nuestro mensaje
Por el presidente Ezra Taft Benson
Presidente del Consejo de los Doce

Ezra Taft BensonCon humildad y agradecimiento me paro hoy delante de vosotros y pido que la influencia del Espíritu Santo sea testigo de mi mensaje. Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, después de restaurar su evangelio en nuestra época y establecer su Iglesia, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, reveló lo siguiente mediante su profeta José Smith.

«Escuchad, oh pueblo de mi Iglesia, dice la voz de aquel que mora en las alturas, cuyos ojos ven a todos los hombres; sí, de cierto os digo: Escuchad, vosotros, pueblos lejanos; y vosotros, los que estáis sobre las islas del mar, escuchad juntamente.

Porque, de cierto, la voz del Señor se dirige a todo hombre y no hay quien escape…

Y la voz de amonestación irá a todo pueblo por las bocas de mis discípulos, a quienes he escogido en estos últimos días » (D. y C. 1: 1-2, 4).

Hoy hablaré sobre doctrina, a modo de advertencia y de testimonio y lo haré con la autoridad del Sagrado Apostolado, cuya responsabilidad es la de proclamar el mensaje del Señor en todo el mundo y a todos los pueblos. Cada uno de mis hermanos del Consejo de los Doce, tiene la misma responsabilidad que yo tengo de declarar estas cosas al mundo y —de presentarlas a todos los hombres.

Hacia fines de su ministerio mortal, el Señor mandó al profeta José Smith, lo siguiente: «Que hagas inmediatamente una proclamación solemne de mi evangelio… a todos los reyes del mundo, hasta sus cuatro cabos… y a todas las naciones extranjeras de la tierra» (D. y C. 1 24:2-3). 0 sea, que debía invitarlos a aceptar la luz de la verdad y usar sus medios para edificar el reino de Dios sobre la tierra.

Bajo esta misma divina dirección, en el sexto día de abril de 1845 y poco después que el profeta José Smith y su hermano Hyrum mezclaron su sangre con la de los otros mártires de la verdadera religión, el Consejo de los Doce hizo esta proclama:

«A todos los reyes del mundo; al presidente de los Estados Unidos de América, a los gobernadores de los varios estados; y a los gobernantes y pueblos de todas las naciones, sabed: Seguir leyendo

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Los grandes acontecimientos

Conferencia General Octubre 1975
Los grandes acontecimientos
Por el élder Bruce R. McConkie
Del Consejo de los Doce

Una o dos veces en un millar de años quizá una docena de veces desde que el hombre mortal salió del polvo para ser alma viviente- ocurre un acontecimiento de tal trascendencia, que ni el cielo ni la tierra siguen siendo los mismos después del hecho.

Una o dos veces en el transcurso de muchas generaciones, los cielos y la tierra se ciñen en una asociación perfecta, se desarrolla el drama divino y el curso entero de los acontecimientos mortales sufre un cambio.

De vez en cuando, en un silencioso jardín o en un sepulcro que no se puede sellar, o en un aposento alto, casi siempre apartado de la mirada de los hombres y raramente percibido por un puñado de personas, el Señor interviene en los asuntos de los hombres y manifiesta su voluntad con respecto a la salvación de éstos.

Uno de estos acontecimientos tuvo lugar hace aproximadamente seis milenios, en un jardín plantado al este de Edén, donde Adán y Eva cayeron «para que los hombres existiesen». Otro de estos eventos que alteró el curso de la historia, ocurrió cuando un anciano profeta creyó en las palabras de Dios y construyó un arca donde él, junto con otras siete personas, los únicos entre todos los habitantes de la tierra, se salvaron de quedar sepultados en una tumba de agua.

Y el más trascendental de estos hechos se llevo a cabo en un jardín llamado Getsemaní; en las afueras de Jerusalén, cuando el Gran Ciudadano de este planeta sudó gotas de sangre por cada poro, al pasar por la agonía de tomar sobre sí todos los pecados de la humanidad, bajo la condición del arrepentimiento. Pero otro de estos acontecimientos destinados a afectar la vida y el ser de toda alma viviente sucedió en la tumba de Arimatea, cuando el espíritu sin pecado del único hombre perfecto, volvió desde el paraíso para habitar nuevamente el cuerpo torturado y asesinado del cual había salido, esta vez en gloriosa inmortalidad. Seguir leyendo

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