Ruego que Él nos utilice

Ruego que Él nos utilice

Sharon Eubank
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro
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Ruego que Él nos utilice

Por medio de su ministerio, donativos, tiempo y amor, ustedes han sido la respuesta a muchas oraciones.

La Iglesia de Jesucristo está bajo el mandato divino de cuidar de los pobres. Es uno de los pilares de la obra de salvación y exaltación.

La Iglesia responde en una amplia variedad de maneras a este mandato, por ejemplo:

  • la ministración que realizamos por medio de la Sociedad de Socorro, los cuórums del sacerdocio y las clases;
  • el ayuno y el uso de las ofrendas de ayuno;
  • las granjas de bienestar y las plantas de envasado;
  • los centros de bienvenida para inmigrantes;
  • los programas de ayuda para personas encarceladas;
  • la labor humanitaria de la Iglesia;
  • y la aplicación SirveAhora, donde esté disponible, que pone en contacto a los voluntarios con las oportunidades de servicio.

Aunque los más de 1500 proyectos relacionados con el COVID-19 fueron ciertamente el foco principal de la ayuda de la Iglesia durante los últimos dieciocho meses, la Iglesia también respondió a 933 desastres naturales y crisis de refugiados en 108 países.

Hablando de las labores humanitarias de la Iglesia, el élder Jeffrey R. Holland una vez señaló: “Dios contesta las oraciones […] la mayor parte del tiempo […] mediante otras personas. Ruego que Él nos utilice” [“Neonatal Resuscitation with Elder Holland”, video, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 10 de noviembre de 2011, youtube.com].

Hermanos y hermanas, por medio de su ministerio, donaciones, tiempo y amor, ustedes han sido la respuesta a muchas oraciones. Y todavía hay muchísimo más por hacer. Como miembros bautizados de la Iglesia, estamos bajo convenio de cuidar a quienes están necesitados. Nuestros esfuerzos individuales no necesariamente requieren dinero o lugares muy lejanos; requieren la guía del Espíritu Santo y un corazón dispuesto a decirle al Señor: “Heme aquí, envíame a mí” [Isaías 6:8].