El gozo vendrá en la mañana

Conferencia General Octubre 1986

El gozo vendrá en la mañana

por el élder Russell M. Nelson
del Quórum de los Doce Apóstoles

«Para poder sentir un gozo real, tenemos que estar contentos con nuestros compañeros de esta vida y sentirnos satisfechos sobre nosotros mismos y nuestra relación con Dios.»


He tomado el tema de mi mensaje del salmo treinta, versículo cinco, que dice: «A la mañana vendrá la alegría». Al hablar con miembros de mi familia de este pasaje, recordaron el que dice que «existen los hombres para que tengan gozo» (2 Nefi 2:25), pero dijeron que nunca habían pensado en el curioso concepto que se expresa en el pasaje de los Salmos.

Uno de ellos comentó: »Diariamente aparecen noticias de gente que tiene problemas por el uso de drogas, el alcoholismo y los conflictos emocionales. ¿Cómo lograrán ellos (y nosotros) esa alegría, o gozo, de que hablan las Escrituras?»

»El evangelio de Jesucristo ofrece esperanzas», contesté, «asegurándonos que el gozo es parte de nuestro destino divino. Y el sentirlo por la mañana depende de nosotros. La verdadera prueba es poder mirarnos en el espejo, apenas nos levantamos por la mañana, y sentir ese gozo.»

Una de nuestras hijas, que hace poco anunció que espera un bebe, exclamó: »Papa, ¡para mi esa es la peor parte del día!»

«Mis queridos», les dije yo, «para poder sentir un gozo real, en la mañana o en cualquier momento, hay por lo menos tres factores indispensables: Tenemos que estar contentos con aquellos con quienes vivimos y trabajamos, con nuestros compañeros de esta vida; debemos sentirnos satisfechos con nosotros mismos, no por vanidad, sino por sentir una adecuada autoestima, que sea merecida; y, quizás lo mas importante, sentirnos satisfechos por nuestra relación con Dios, y amarlo sinceramente.»

Como se lo aconseje a mi familia en esa conversación, todos deberíamos considerar esos tres pasos para obtener un verdadero gozo en esta vida.

Cortesía hacia el compañero

El gozo en la mañana comienza con la cortesía hacia el compañero. Cuando las sombras del sueno empiezan a dar paso a la luz del alba, extiendo la mano y toco suavemente a mi amada compañera para tener la dulce confirmación de que esta bien, aun antes de abrir los ojos por completo. A propósito, eso me recuerda este consejo del presidente McKay: »Durante el noviazgo debemos tener los ojos bien abiertos, pero tenerlos semicerrados después del casa miento» (en Conference Report, abril de 1956, pág. 9).

Mi querida esposa lo ha hecho. A través de los largos años de mis estudios, mis obligaciones profesionales y el crecimiento de la familia, nunca se quejó. Hace poco la oí en una conversación con algunas madres jóvenes que pasaban dificultades similares; le preguntaron como se las había arreglado para criar diez hijos teniendo un marido tan ocupado, que no disponía de tiempo para ayudarla. Su respuesta es un reflejo de su bondad: »En esos años difíciles no esperaba mucho de el, así que raras veces me desilusiono.» Es una mujer muy especial; con ella es muy fácil obedecer este mandato: «Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida» (Eclesiastés 9.9).

No todos han sido bendecidos con maravillosos compañeros eternos . . . algunos, todavía no; y muchos casados no pueden estar juntos en esta vida todo lo que querrían. Felizmente, contamos con la compañía de familiares y amigos.

Hace poco fui con otra Autoridad General a recorrer misiones en lugares muy polvorientos. De vez en cuando, al salir de la ducha de mañana, me sorprendía encontrar que mi considera do compañero me había lustrado los zapatos; y con gratitud me pregunte si cada uno de los 30.000 misioneros que sirven al Señor será un amigo tan bondadoso (y tendrá uno) como el lo fue para mi, realizando pequeños actos de cortesía por un compañero.

La alegría o gozo viene en la mañana a los que se han ganado el descanso nocturno del trabajador. Una de las mejores recompensas de la vida es el privilegio de rendir un servicio de importante valor para otros. El poder hacer por nuestros semejantes lo que ellos no pueden hacer por si mismos nos brinda una satisfacción incomparable. Para ello vale la pena pasar largos años de preparación.

También se obtiene el gozo al prestar servicio en la Iglesia. Alma lo expresó así:

«Que quizá pueda ser un instrumento en las manos de Dios para conducir a algún alma al arrepentimiento. . .este es mi gozo.» (Alma 29:9.)

Por medio del servicio en los templos, el concepto de la cortesía hacia ti compañeros se puede extender a los que han pasado mas allá del velo. El evangelio trae buenas nuevas para los muertos y una voz de alegría para vivos y muertos; para todos es buenas nuevas de gran gozo (véase D. y C. 128:19).

Incluso cuando el velo de la muerte nos separa de los padres que tanto dieron por nuestra existencia, su buena influencia sigue sobre nosotros. Y. al mirarnos desde el cielo, sus mañanas serán mas alegres si pueden decir, como el Apóstol Juan: »No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad» (3 Juan 4).

Sobre todo, la cortesía hacia los demás no debe mancharse con la desobediencia a la ley de castidad. Este pecado es el veneno fatal que mata el gozo. Esa primera mirada al espejo en la mañana no puede reflejar ninguna alegría si trae recuerdos de las transgresiones de la noche anterior. El paso mas seguro hacia el gozo en la mañana es ejercer virtud en la noche. La virtud y la cortesía hacia los compañeros van de la mano constantemente.

La autoestima, bien merecida

El requisito siguiente para experimentar el gozo es sentirse satisfecho consigo mismo. El segundo de los dos grandes mandamientos de nuestro Señor lleva un doble mandato: «Amaras a tu prójimo como a ti mismo» (Mateo 22:39). Por lo tanto, el amor hacia los demás esta gobernado, en parte, por la autoestima, y también lo esta ese gozo que podemos sentir por la mañana.

Toda persona debe entender la naturaleza de su propia alma. La siguiente revelación nos ayuda a percibirla mas profundamente:

«Porque el hombre es espíritu. Los elementos son eternos, y espíritu y elemento, inseparablemente unidos, reciben una plenitud de gozo;

«y cuando están separados, el hombre no puede recibir una plenitud de gozo.» (D. y C. 93:33-34.)

Por lo tanto, si deseamos obtener la debida autoestima, debemos nutrir los elementos espirituales y también los físicos .

La autoestima espiritual comienza a partir del momento en que nos damos cuenta de que cada nueva mañana es una dádiva de Dios; hasta el aire que respiramos nos lo da El en préstamo amoroso. El nos preserva de día en día y nos sustenta de un momento a otro (véase Mosíah 2:21).

Por ese motivo, nuestra primera acción noble del día debe ser una humilde oración de gratitud. Así nos lo aconsejan las Escrituras: «Clamad a el en vuestras casas, si, . . . tanto en la mañana, como al mediodía y en la tarde» (Alma 34:21; véase también Job 33:26; Alma 37:37).

No llegué a comprender el pleno significado de la comunicación ferviente hasta que yo mismo llegué a ser padre. Y me siento sumamente agradecido porque nuestros hijos nunca nos han sometido al «tratamiento del silencio»; ahora me doy cuenta de cuanto aprecia nuestro Padre Celestial nuestras oraciones diarias, de mañana y de noche, y me imagino el dolor que sufrirá cuando sólo recibe silencio de cualquiera de sus hijos. Me parece que esa ingratitud puede compararse a la del perezoso pececito que nada en la pecera, totalmente indiferente hacia los que le proveen la comida diariamente. Los que oran, ciertamente pueden adorar «a Dios con un gozo inmensamente grande» (Alma 45:1).

Ya hace mucho tiempo aprendí que el estudio ininterrumpido de las Escrituras todas las mañanas nos enriquece con tesoros duraderos. Siento como Jeremías: «Tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón» (Jeremías 15:16). Las Sagradas Escrituras se han descrito repetidamente como «alegres nuevas de gran gozo» (Mosíah 3:3; Alma 13:22; véase también Helamán 16: 14; Lucas 2: 10). Al aprender y obedecer sus enseñanzas, ese gozo pasa a formar parte de nuestra vida.

Viene la alegría a la mañana cuando se desarrolla el talento. Cada uno de nosotros es bendecido con diferente potencial. No creo que jamas hubiera podido convertirme en un pintor de retratos, pero aprecio haber recibido desde mi infancia enseñanzas de padres que conocían el gozo que produce la buena música; y algunos de los sonidos mas dulces de mi propio hogar han provenido de cantos e instrumentos de nuestros niños tratando de desarrollar su talento.

En los días del Antiguo Testamento «dijo David a los principales de los levitas, que designasen de sus hermanos a cantores con instrumentos de música . . . que resonasen y alzasen la voz con alegría» ( I Crónicas 15: 16).

La confianza para empezar cada mañana dispuestos a enfrentar los problemas del día se obtiene por medio de la autoestima espiritual.

La autoestima física también exige que la cultivemos, y nuestro cuerpo merece que lo cuidemos. Hago eco a esta declaración de Pablo:

»¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?
»Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a el; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.» (I Corintios 3:16-17.)

Es importante acondicionar el cuerpo mediante el ejercicio físico; y podemos hacer mucho mas por mantenerlo fuerte.

En 1833 el profeta José Smith recibió por revelación la Palabra de Sabiduría, que contiene estas sencillas normas: No debemos beber bebidas alcohólicas, te ni café, ni hacer uso del tabaco; además, los profetas de nuestra época, e igualmente los que han hablado en esta conferencia, nos han dicho que evitemos las drogas perjudiciales. Actualmente, la ciencia confirma cada vez mas los beneficios de la obediencia a estas enseñanzas.

Los efectos nocivos del alcohol son tan conocidos que no es necesario comentarlos. Uno de sus daños se ha demostrado, por ejemplo, en un estudio de la relación que hay entre el consumo de alcohol durante el embarazo y el peso de los niños recién nacidos Los resultados, publicados por los Institutos Nacionales de la Salud en los Estados Unidos, indican también que el consumo de una o dos bebidas alcohólicas por día tiene relación directa con el aumento de posibilidades de tener un niño con retraso físico. (Véase James L. Mills y otros, Journal of the American Medical Association. Vol. 252, oct. 12 de 1984, pág. 1875.)

Los científicos saben ahora que el consumo del tabaco es la causa número uno de mortalidad en todo el mundo, y es evitable. Es la causa principal y previsible de cáncer y de enfermedades cardiacas, pulmonares y arteriales. (Véase William Pollin y R. T. Ravenholt, Journal of the American Medical Association, nov. 23 de 1984, pág. 28492854; 1986 Heart Facts, American Heart Association, 1986, pág. 16; «The Health Consequences of Smoking: A Report of the Surgeon General», publicación DHHS [PHS] 84-50204, Departamento de Salud Publica y Servicios Humanos de los Estados Unidos, Servicios de Salud Pública, Oficina del tabaco y la salud, Rockville, Maryland, 1983.)

Otro informe indica que en los Estados Unidos, en la actualidad, la causa de mas de un cuarto de todas las muertes que ocurren en el país son condiciones que los médicos califican de «desórdenes de enviciamiento». (Pollin y Ravenholt, pág. 2849 )

La obediencia a la Palabra de Sabiduría nos mantiene apartados de todos esos vicios. En el último versículo de la sección 89 de Doctrina y Convenios se nos promete esta protección:

«Y yo, el Señor, les prometo que el ángel destructor pasará de ellos, como de los hijos de Israel, y no los matará.» (1). y C 89 21 )

Esta referencia a la primera Pascua nos recuerda que, con fe, el antiguo Israel obedeció el mandato de emplear sangre para ponerla en los dos postes y en el dintel de las casas . . .

«Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasare de vosotros, y no habrá en vosotros . . . mortandad. » (Éxodo 12:7, 13.)

Igualmente, el Israel actual ha recibido el mandamiento de obedecer la Palabra de Sabiduría con fe, y esta se convierte en la señal de un convenio con el Señor, en lo que aparta espiritualmente al Israel del convenio del resto del mundo. . El gozo en la mañana lo sentirán aquellos que puedan mirarse al espejo y saberse limpios, a los que tengan la boca libre de los sabores que el Señor nos ha prohibido, a aquellos cuyo espíritu y cuerpo estén limpios de todo remordimiento.

El amor a Dios

El atributo culminante que conduce al gozo es el amor a Dios. Aun esa primera mirada al espejo en la mañana puede ser mas grata sabiendo te hemos sido creados a Su imagen. Cada uno de nosotros puede decir como el Apóstol:

«Me hiciste conocerlos caminos, de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia.» (Hechos 2:28; véase también Salmos 16:11.)

Dios, que nos ha dado la vida, también nos ha dado mandamientos para regirla a fin de que tengamos gozo; los profetas nos los han revelado periódicamente, desde Adán hasta el presidente Benson. Uno de ellos escribió:

«Quisiera que consideraseis el bendito estado de aquellos que guardan los mandamientos de Dios. Porque he ellos son bendecidos en todas las, tanto temporales como espirituales» (Mosíah 2:41.)

Pero, para aquellos que no conocéis las vías del Señor o se han apartado de ellas, recordad que no es demasiado tarde para cambiar; todavía podéis recibir las bendiciones de la fe y el arrepentimiento .

Los que os sentís vencidos y aplastados debéis buscar vuestro rescate en las horas tempranas del día. El Señor nos dice:

«Cesad de dormir mas de lo necesario; acostaos temprano para que no os fatiguéis; levantaos temprano para que vuestros cuerpos y vuestras mentes sean vigorizados. » (D. y C. 88: 124.)

El alba de un día mas luminoso anuncia el momento del perdón, y las sombras del pesar de ayer se esfuman ante los rayos de la oportunidad que surge en las primeras horas de la mañana.

Sentimos gozo por nuestra posteridad y nos regocijamos cuando vemos a todos bendecidos por las ordenanzas de salvación y exaltación.

Hace poco, cuando nuestra hija menor se sello a su compañero eterno en el santo templo, nuestra familia pasó por esa experiencia muy especial. Los padres y las ocho hermanas mayores con sus respectivos maridos fuimos testigos del acontecimiento junto con otros familiares. Ese día hubo para todos nosotros verdadera alegría y gozo en la mañana, y sentimos la verdad de este pasaje de las Escrituras: «Existen los hombres para que tengan gozo» (2 Nefi 2:25).

Estas experiencias, aunque gloriosas, no son mas que un preludio del gran momento en que los fieles se junten sobre la tierra en el postrer día para esperar la segunda venida del Señor y estar junto a El cuando aparezca (véase Malaquías 3:212; 3 Nefi 24:212). En esa gozosa mañana, el espejo reflejara el milagro de la primera resurrección, y los fieles serán coronados con gloria, inmortalidad y vida eterna (véase D. y C. 75:5; 138:51).

Una vez mas las estrellas del alba cantaran en unión y darán »voces de alegría los hijos de Dios» (D. y C. 128:23; véase también Job 38:7). Porque en esa mañana «se manifestara la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la vera» (Isaías 40:5; véase también Ezequiel 20:48; Lucas 3:6; D. y C. 101:23).

Entonces, «habrá paz y contento para siempre jamas. Todo corazón y toda voz se regocijaran en aquel día. . . Habrá gozo en la mañana de aquel día» (Natalie Sleeth, «Joy in the Morning» [Gozo en la mañana], Carol Stream, Illinois: Hope Publishing Co., 1977, págs. 45, 910.) Y tendremos todo eso mediante nuestra fidelidad. Lo testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.

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