Seguid al profeta

Conferencia General Abril 1989logo 4
Seguid al profeta
por el obispo Glenn L. Pace
Segundo Consejero del Obispado Presidente

Glenn L. Pace“Un profeta no hace una encuesta con el fin de indagar la opinión del publico, sino que lo que hace es revelarnos la voluntad del Señor.”

Un día en que mi hijo se despedía para irse a la escuela secundaria, note que había olvidado amarrarse los cordones de los zapatos. Por un segundo estuve tentado a intervenir y hacer algo al respecto, pero felizmente lo deje pasar. Unos días después fuimos a una actividad de la escuela, y me sorprendí al ver que todos los jovencitos andaban con los zapatos desabrochados. Entonces me di cuenta de que mi hijo era víctima de la onda moderna.

A veces, parece que somos esclavos de la moda y del estilo que impone la sociedad. Algunos son buenos, pero otros son tontos pero inofensivos. Otros pueden llegar a perjudicarnos tanto física como espiritualmente.

Sabiendo que el camino mas corto entre el mundo y el reino celestial es una línea recta, el Señor ha restaurado su evangelio que contiene la verdad y la guía que necesitamos para hacer la travesía lo mejor posible. Podemos evadir las desviaciones innecesarias mediante la lectura de las Escrituras y prestando atención a los profetas actuales del Señor. A medida que la Iglesia se mantiene firme ante los valores tradicionales que nos han enseñado los profetas de dispensaciones anteriores, y que los profetas actuales han reforzado, el dedo acusador de una sociedad decadente parece estar constantemente apuntando hacia nosotros. Es difícil llegar al final del día sin haber escuchado alguna critica sobre la Iglesia.

Analizare tres grupos de críticos. E orden ascendente de importancia tenemos: (1) personas que no son miembros de la Iglesia, (2) ex miembros y (3) miembros actuales.

Las criticas y bromas de personas honorables que no son miembros son inofensivas y, de hecho, nos ayudan a mantenernos alertas. A veces es conveniente retroceder y mirarnos desde el punto de vista de alguien fuera de la Iglesia. ¿No es cierto que para ellos somos un tanto extraños? Imaginaos a vosotros mismos llegar por primera vez a una comunidad mormona y escuchar sobre unas planchas de oro, un ángel llamado Moroni y bautismo por los muertos. Imaginaos ver, por primera vez, nueve criaturas y dos padres, acosados, en un auto medio destartalado con un cartelito que diga “La familia es eterna”. Y cuando van a la Iglesia, dicen que van a la estaca . . . Somos una gente extraña para los que no son miembros, hasta que llegan a conocernos mejor.

Mi consejo a los miembros sería que se calmaran, que no se lo tomen muy en serio, que sean comprensivos y que no se ofendan tan fácilmente. Aun cuando el evangelio es sagrado y serio, a veces tomamos las cosas muy en serio. Un poco de buen humor, especialmente en cuanto a nosotros mismos, es un atributo que vale la pena desarrollar.

Hay otras clase de criticas, las que recibimos de personas que no son miembros de la Iglesia, que son un tanto dolorosas. Las criticas siempre duelen mas cuando las merecemos. Hay algunos miembros activos que no viven de acuerdo con lo que se les enseña y se dan aires de superioridad, son intolerantes o exclusivistas, características totalmente contrarias al segundo gran mandamiento: “Amaras a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39). Uno puede ser amigo de todos sin tener que hacer lo que hacen los demás. ¡Cuán limitado es el criterio de aquel que mide a sus amigos según la Iglesia a la que asisten! De cuanto se priva uno cuando basa su amistad en la voluntad de la otra persona para escuchar la primera charla misional.

Podríamos eliminar críticas aun más dolorosas de personas honorables que no son miembros de la Iglesia si captáramos y viviéramos lo que la Iglesia enseña.

La segunda categoría de críticos son los ex miembros que se han desilusionado de la Iglesia, y tienen la obsesión de atacarla con desprecio y malicia La mayoría de los miembros y no miembros ven esos ataques por lo que realmente son. ¿Que credibilidad se le puede dar a una persona que se burla de cosas que para otra son sagradas? Cualquiera que recurra a eso para atacar a la Iglesia, inconscientemente demuestra su verdadero carácter, o la falta del mismo. Como miembros de la Iglesia, este tipo de comentario nos causa asombro. No obstante, es de esperar que nos ayude a ser más receptivos y más cuidadosos de no tomar a la ligera las creencias sagradas de otras sectas.

Además de atacar nuestras creencias sagradas, algunos ex miembros hablan mal de las Autoridades Generales. José Smith recibió su porción de critica de parte de los disidentes de sus días, y la revelación que el Señor le dio a él se aplica también hoy día:

“Malditos sean todos los que alcen el calcañar contra mis ungidos, dice el Señor, clamando que han pecado cuando no pecaron delante de mí, antes hicieron lo que era propio a mis ojos y lo que yo les mande, dice el Señor.

“Mas los que gritan transgresión lo hacen porque son siervos del pecado, y ellos mismos son hijos de la desobediencia” (D. y C. 121:16-17).

Parece que la historia sigue enseñándonos: Usted puede dejar la Iglesia, pero no puede dejarla tranquila. La razón básica de esto es simple: Una vez que alguien ha recibido y aceptado el testimonio del Espíritu, deja de ser imparcial. Una persona pierde el testimonio solamente cuando escucha los susurros del maligno. La meta de Satanás no esta completa cuando una persona deja la Iglesia, sino cuando la deja y se rebela contra ella.

La ultima categoría de critica de la que hablare esta dentro de la Iglesia. Esta crítica es más dañina que la que proviene de los que no son miembros o de los ex miembros, y el peligro no yace en lo que se pueda oír de la critica del miembro, sino en la posibilidad de que nosotros nos convirtamos en uno de esos críticos.

Algo que a menudo lleva a los miembros a ese grado es intelectualismo indebido. Aunque parecería que la búsqueda y el descubrimiento de la verdad debería ser la meta de todos los Santos de los Ultimos Días, algunos parecen lograr mayor satisfacción tratando de descubrir nuevas incertidumbres. Tengo amigos que han pasado literalmente toda su vida, hasta ahora, tratando de explicar mediante la lógica cualquier inconsistencia en vez de aceptar el testimonio del Espíritu y seguir adelante. Al hacerlo, se niegan a sí mismos el maravilloso tesoro de bellas verdades que no se pueden explicar con el razonamiento.

El élder Faust describe a este tipo de intelectuales como: “Una persona que sigue persiguiendo el autobús aun después de haberlo alcanzado.” Invitamos a todos a subirse al autobús antes de que lo perdamos de vista y se queden para siempre tratando de explicar lo infinito con una mente finita. Escuchemos las palabras de Elías: “¿Hasta cuando claudicareis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, Seguidle” (I Reyes 18:21).

El intelectualismo inapropiado induce a una persona a testificar que sabe que el evangelio es verdadero, pero que las Autoridades Generales están un poquito fuera de la realidad. ¿Fuera de la realidad? No os confundáis. Una cosa es tomar la decisión de no ser parte de algo que esta de moda y otra es cerrar los ojos ante la evidencia de que existe. Estos hermanos “lo examinan todo” y “retienen lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). Para lograrlo, están en continuo contacto con Aquel que creó esta tierra y conoce el mundo desde el principio hasta el fin.

Existen algunos de nuestros miembros que practican la obediencia selectiva. Un profeta no es el siervo que presenta un banquete de varias verdades para que elijamos la que deseemos. Sin embargo, algunos miembros juzgan y sugieren que el profeta debe cambiar el menú. Un profeta no hace una encuesta con el fin de indagar la opinión del público, sino que lo que hace es revelarnos la voluntad del Señor. El mundo esta lleno de iglesias decadentes que están sucumbiendo ante la opinión publica y se han dedicado mas a decir a sus miembros lo que estos desean oír que a obedecer las leyes de Dios.

En 1831, algunos conversos deseaban incorporar a la Iglesia algunas de sus creencias previas. En la actualidad, el problema yace en que los miembros que parecen ser vulnerables a las tendencias de la sociedad y al dedo acusador que las acompaña, desean que la Iglesia cambie su posición para complacerlos. Ellos piensan que todo lo que brilla es oro.

El consejo que el Señor dio en 1831 se aplica a nuestros días: “He aquí, os digo que ellos desean conocer la verdad en parte, pero no toda, porque no son rectos delante de mí y deben arrepentirse” (D. y C. 49:2).

Debemos aceptar la verdad completa, en su totalidad, y “vestirnos con toda la armadura de Dios” (Efesios 6:1 1) y ponernos a edificar su reino. Cada uno de nosotros debería preguntarse: “¿Coopero positivamente en la edificación del reino en esta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos?

Hubo una época en mi vida en la que sonaba con lo valiente que yo habría sido si hubiera nacido en otra época. Si hubiera nacido de Adán, habría salvado a Caín, si hubiera nacido de Noé, el arca habría sido más grande para que cupieran todos mis conversos; si hubiera estado con Moisés, podríamos haber reducido a 20 los 40 años que pasaron en el desierto; si hubiera estado con José Smith, todavía viviríamos en el Condado de Jackson, bajo la ley de la orden unida. Me imaginaba cosas maravillosas, pero en una oportunidad, mientras era el héroe de una batalla imaginaria, vino a mi mente una pregunta: “Dices que habrías muerto por José Smith. ¿Qué estas haciendo por el presidente Spencer W. Kimball?” La respuesta a esa pregunta fue tan abrumadora, que decidí que a partir de ese momento las cosas iban a cambiar.

¿Por que a menudo creemos que es más fácil seguir a los profetas de la antigüedad? Porque la historia ha comprobado que sus consejos eran buenos. Las generaciones futuras se darán cuenta que eso mismo se aplica a los profetas de hoy. No seria apropiado que nos preguntáramos: “¿Qué estoy haciendo por el presidente Ezra Taft Benson?

En calidad de Obispado Presidente trabajamos estrechamente con nuestros profetas, videntes y reveladores actuales. Basado en esa observación física así como una confirmación espiritual, testifico que esos hombres no tienen otro deseo o meta mas que la de ayudar al Señor en su propósito de ”llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39). También puedo decir, por conocimiento personal, que son personas muy inteligentes; que entienden los problemas actuales a los que se enfrentan los miembros de la Iglesia en el mundo y están muy al tanto de las tendencias y problemas de la sociedad. Testifico que Ezra Taft Benson es un profeta de Dios y que esta rodeado de otros testigos especiales del Salvador. Jesucristo esta a la cabeza de esta Iglesia y ha llamado personalmente a estos siervos que nos presiden.

En su sabiduría, el Señor no ha dejado que ninguno de nosotros dependa del testimonio de otra persona. Que el Señor nos bendiga para que obtengamos y retengamos un testimonio personal y luego sigamos a las Autoridades Generales. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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