Semillas renovadoras

Conferencia General Abril 1989logo 4
Semillas renovadoras
por el élder Joseph B. Wirthlin
del Quórum de los Doce Apóstoles

Joseph B. Wirthlin«Deberíamos enviar nuestras raíces a lo mas profundo del evangelio. Deberíamos crecer, florecer y dar buen fruto, y en abundancia, a pesar de la iniquidad, de las tentaciones o de las criticas que encontremos en nuestro camino. Deberíamos aprender a prosperar bajo el calor de la adversidad.»

Mis queridos hermanos, hemos recibido inspiración de ese sobresaliente e importante mensaje de nuestro profeta, vidente y revelador y, además, hemos disfrutado del hermoso himno de nuestros jóvenes.

En un seco y árido desierto del noroeste de México, los campesinos siembran una variedad de maíz y frijol (judía) que generalmente son firmes y resistentes a las sequías. Estas variedades florecen y producen en un clima difícil donde otras plantas se secarían y morirían. Una de estas plantas es el frijol blanco, cuya semilla llega a brotar y a crecer aun cuando reciba muy poca agua de las lluvias; las raíces llegan hasta casi dos metros de profundidad en la tierra rocosa y seca en busca de la humedad que necesitan. Puede florecer y dar fruto en las temperaturas desérticas de 42 centígrados con sólo una lluvia al año. Sus hojas permanecen increíblemente verdes, con muy poca irrigación, aun bajo el calor del verano. (Gary Paul Nabhan, «Seeds of Renewal», World Monitor, enero de 1989, págs. 17-20.)

Quizás los miembros de la Iglesia podríamos emular a esas plantas firmes y determinadas y enviar nuestras raíces a lo mas profundo del evangelio. Deberíamos crecer, florecer y dar buen fruto, y en abundancia, a pesar de la iniquidad, de las tentaciones o de las críticas que encontremos en nuestro camino. Deberíamos aprender a prosperar bajo el calor de la adversidad.

Nuestros antepasados pioneros sobrevivieron y se fortalecieron haciendo frente a pruebas y aflicciones muy difíciles e hicieron que el desierto floreciera como una rosa. Mi propio bisabuelo sufría tanto del asma que, para evitar el polvo del camino, tenía que caminar dos o tres kilómetros mas atrás de las carretas que cruzaron las llanuras. Sin embargo, siempre llegó a su destino y cumplió con su trabajo.

Las pruebas que tenemos que afrontar hoy día son diferentes a las de nuestros antepasados; muchos de ellos vivieron vidas de pobreza y tribulación, mientras que entre nosotros hay algunos que son afluentes y viven satisfechos. No obstante, la abundancia, la riqueza o la vida fácil no nos ayudan a desarrollar la capacidad de florecer frente a los rigores y los reveses de la vida. Mas bien que buscar la comodidad, debemos sembrar, cultivar y nutrir en nuestro interior las semillas que nos permitirán soportar los vientos y el calor de la tentación, del pecado y de la iniquidad, y que nos ayudaran a lograr el verdadero éxito de la vida, a ser feliz y llevar una vida limpia y pura. Consideremos algunas de esas semillas.

Primero, deberíamos sembrar y nutrir la semilla de la fe en el Señor Jesucristo, nuestro Salvador y Redentor. Todos deberíamos desarrollar la fe de Nefi para hacer lo que el Señor nos ha mandado (1 Nefi 3:7), sabiendo que todos los mandamientos se dan para nuestro bienestar. Nefi expresó su fe en estas palabras: «Y si los hijos de los hombres guardan los mandamientos de Dios, él los alimenta y los fortifica, y provee los medios por los cuales pueden cumplir lo que les ha mandado» (I Nefi 17:3). Cuando el Señor le dio instrucciones de construir un barco, sus hermanos lo trataron de necio por pensar que podría hacerlo, mas él les dijo: «Si Dios me hubiese mandado hacer todas las cosas, yo podría hacerlas. Si me mandara que yo dijese a esta agua: Conviértete en tierra, se volvería tierra» (I Nefi 17:50).

Segundo, alimentemos la semilla de la fe que nos da el valor de seguir a los profetas. El presidente Ezra Taft Benson, es el portavoz del Señor para el género humano en la época actual. Necesitamos tener la sabiduría y la valentía necesarias para aceptar con agradecimiento su consejo inspirado y ceñir nuestras vidas a él, porque, tal como dijo el Señor: «Sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo.» (D. y C. 1:38.) La revelación dada al primer antecesor del presidente Benson, vale decir José Smith, el día de la organización de la Iglesia, se aplica a los miembros hoy día: «La Iglesia . . . dará oído a todas sus palabras y mandamientos que os dará [el profeta] según los reciba. . .

«Porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca» (D. y C. 21:4-5). Estoy seguro de que el Señor esta complacido por la manera que los miembros de la Iglesia han respondido al énfasis que el presidente Benson ha puesto con respecto a leer y distribuir el Libro de Mormón. En 1988 se compraron mas de tres millones y medio de ejemplares, la mayor cantidad que jamas se haya comprado en un año hasta la fecha. Pero quizás lo que sea más importante es que decenas de miles de miembros están leyendo ese libro mas que nunca.

Tercero, debemos sembrar en nuestro corazón la semilla de la caridad, el amor puro de Cristo. Él es el modelo perfecto de caridad; su vida entera, y en particular su sacrificio expiatorio, es una lección de caridad. Cada uno de sus actos refleja un amor absoluto e inequívoco por el género humano y por cada uno de nosotros. Su ejemplo nos enseña que la caridad significa dejar de lado los intereses personales, en forma totalmente voluntaria, y preocuparnos por el bienestar de los demás. Considero que nuestro progreso hacia la exaltación y la vida eterna dependen de cuan bien aprendamos y cumplamos con el principio de la caridad, la que debe convertirse en una predisposición de la mente y del corazón para que nos guíe en todo lo que hagamos.

Os exhortamos, maestros orientadores y maestras visitantes a que os acerquéis a las familias a las que visitéis con un espíritu de caridad. La orientación familiar y las visitas de las maestras visitantes son los medios que tenemos para salvar almas, cuando esos programas se efectúan en la manera correcta y con el propósito debido.

Cuarto, creo que constantemente debemos nutrir las semillas del amor, de la armonía y de la unidad en nuestro hogar y con nuestra familia. Los padres deben presidir su familia con bondad, recordando que »ningún poder o influencia se puede ni se debe mantener en virtud del sacerdocio, sino por la persuasión, por longanimidad, benignidad, mansedumbre y por amor sincero» (D. y C. 121:41). Los cónyuges se deben amar con el amor puro que trasciende el egoísmo. En un hogar donde sólo este uno de los padres, ese padre o madre es el que preside. Los padres deben amar a sus hijos y enseñarles los principios del buen vivir. No importa la ayuda que otras personas u organizaciones puedan ofrecer, el Señor ha confiado esa responsabilidad directamente a los padres. Los hijos deben honrar a sus padres (Exodo 20:12) obedeciéndoles, viviendo de acuerdo con sus enseñanzas y ayudando a mantener la paz en el hogar.

Los padres deben sembrar profundamente la semilla del trabajo honrado en el corazón y en los hábitos de sus hijos. A medida que la sociedad se desplaza de una estructura agraria a una urbana, se ha descuidado el gozo y la necesidad de trabajar con diligencia. Si nuestros jóvenes no aprenden a trabajar mientras viven con sus padres, es probable que después se vean obligados a aprender la lección de un modo doloroso.

Los consejos del presidente J. Ruben Clark dados hace cincuenta y seis años, son validos hoy día. Él dijo: «Una ley ineludible y eterna es que el progreso se obtiene solamente por medio del trabajo y la preparación, ya sea que el desarrollo sea material, mental o espiritual. El trabajo no tiene substituto.» (En Conference Report abril de 1933, pág. 103.) En forma mas reciente, el presidente Howard W. Hunter nos aconsejó: «La primera instrucción de que se tiene registro, dada a Adán después de la caída, tuvo que ver con el principio eterno del trabajo. El Señor dijo ‘Con el sudor de tu rostro comerás el pan’ (Génesis 3:19). Es tanto lo que nos ama nuestro Padre Celestial que nos ha dado el mandamiento de trabajar, lo cual es una de las llaves para la vida eterna. Él sabe que aprenderemos mas, creceremos mas, lograremos mas, serviremos mas y nos beneficiaremos mas a consecuencia de una vida industriosa que una de ocio. » (Ensign de noviembre de 1975, pág. 122.)

Los padres pueden sembrar semillas en el corazón y en la mente de sus hijos solamente si saben dónde están y lo que están haciendo; no pueden dejar la enseñanza a los hijos librada al azar, sino que deben estar a cargo de sus hogares y familias, recordando que «la vara y la corrección dan sabiduría. Mas el muchacho consentido avergonzara a su madre» (Proverbios 29:15). He sabido de padres que viajan extensamente por placer, dejando por mucho tiempo a sus hijos adolescentes sin la protección paterna. Estos hijos, sin la supervisión de los padres, pueden cometer un pecado «pequeño», sin darse cuenta de las consecuencias de dolor y frustración.

Muchos de nuestros jóvenes consideran que pecar un poco no esta muy mal dado que serán perdonados fácilmente sin sufrir mayores consecuencias. Vemos jóvenes que cometen pecados en contra de la ley de castidad, pero que no se preocupan demasiado porque piensan arrepentirse muy pronto, pensando que todo estará bien. La idea de que cualquier pecado no tiene importancia es falsa, viene del diablo. «El Señor, no puede considerar el pecado con el más mínimo grado de tolerancia» (D. y C. 1:31). Debemos seguir el consejo de Nefi cuando dijo:

«Habrá muchos que dirán: Comed, bebed y divertíos; no obstante, temed a Dios, pues él justificará la comisión de unos cuantos pecados; . . . en esto no hay mal; y si es que somos culpables, Dios nos dará algunos correazos, y al fin nos salvaremos en el reino de Dios

«Y así el diablo engaña sus almas, y los conduce astutamente al infierno.» (2 Nefi 28:8, 21.)

Suplicamos a los jóvenes que se estén acercando a la edad de casarse que piensen en sus futuros hijos. Que piensen en lo que esos espíritus les pedirían que hicieran, si pudieran comunicarse con ellos ahora.

Los padres deben saber cuales son los programas que sus hijos ven en la televisión y protegerlos de la influencia maligna. Deben dar el ejemplo debido viendo solamente los que sean edificantes y sanos, oponiéndose a aquellos corruptos y degradantes. Hay personas que se dedican a clasificar los programas de televisión y censuran los que muestran al pecado y a la maldad como algo normal e incluso mejor que llevar una vida recta. Sin embargo, son los espectadores quienes establecen las normas, ya que las compañías y los canales de televisión transmiten el tipo de programa que la gente desea ver. El señor Frank Stanton, presidente emérito de Transmisiones de Televisión CBS dijo en la Universidad Brigham Young que las normas de los programas de la televisión continuaran deteriorándose porque se basan en las normas de la sociedad. Él dijo: «El televidente establece las normas. . . el televidente determina el tipo de programas que se han de transmitir. . . Las normas morales se violaran todavía mas, la inmoralidad y la violencia continuaran aumentando y empeoraran aun más debido a las normas cambiantes de nuestra sociedad» (The Daily Universe, 2 de febrero de 1989, pág. I).

¡Qué comentario tan triste en cuanto a nuestra sociedad! Nuevamente podemos aprender un gran principio del Libro de Mormón. Cuando el rey Mosíah propuso que hubiera jueces en vez de reyes dijo: «No es cosa común que la voz del pueblo desee algo que sea contrario a lo que es justo; pero sí es común que la parte menor del pueblo desee lo que no es justo;

» . . . Y si llega la ocasión en que la voz del pueblo escoge la iniquidad, entonces es cuando los juicios de Dios descenderán sobre vosotros» (Mosíah 29:26-27). Esa época de iniquidad llegó aproximadamente sesenta años después y en otras épocas. En el libro de Helamán leemos que «los que escogieron lo malo eran más numerosos que los que eligieron lo bueno» (Helamán 5:2). Si la elección de los programas de los televidentes sirven de base para evaluar nuestra sociedad, es evidente que los que escogen la iniquidad son mucho más numerosos que los que eligen lo bueno.

Por ultimo, sugiero que sembremos en nuestro corazón la semilla del testimonio, una convicción firme e inmovible de la veracidad y divinidad del evangelio, la que podemos dar a conocer libremente con poder y persuasión. El testimonio humilde y ferviente, que se expresa según lo indiquen los susurros del Espíritu, puede lograr resultados maravillosos.

En octubre de 1959, cuando se le pidió que hablara en la Iglesia Bautista Central de Moscú, Rusia, el presidente Benson expreso ese tipo de testimonio. Mas tarde describió el acontecimiento como una de las experiencias más emotivas de su vida. Había cerca de 1500 personas en la iglesia, todas ellas deseosas de satisfacer el hambre y la sed espirituales, aun cuando las normas gubernamentales se oponían a las ideas religiosas. El presidente Benson testificó: «Dios vive. Yo sé que vive. Él es nuestro Padre. Jesucristo, el Redentor del mundo cuida de esta tierra . . . No temáis.

Guardad los mandamientos de Dios y amaos los unos a los otros. Orad por la paz y todo saldrá bien». Para terminar, dijo: «Os dejo mi testimonio, como siervo de la Iglesia de muchos años, que la verdad prevalecerá. El tiempo esta del lado de la verdad. Dios os bendiga y os guarde hasta el final de vuestros días». Todos quedaron conmovidos por el testimonio del presidente Benson; muchos no pudieron evitar las lagrimas, incluso un cínico reportero y un joven interprete ruso. La congregación empezó a cantar «Para siempre Dios este con vos»; las mujeres agitaban los pañuelos en alegre gratitud y despedida mientras el y su comitiva se alejaban. (Ezra Taft Benson, Cross Fire: the Eight Years with Eisenhower, Garden City, N. Y.: Dobleday and Co., Inc., 1962, págs. 485-488.)

El testimonio del presidente Benson dejó una profunda impresión en un ministro de esa Iglesia, el padre Alexander. Años mas tarde, este ministro le dijo a una hermana miembro de nuestra Iglesia en Finlandia, la hermana Irma Airto, que de toda la gente importante que había ido a visitar la iglesia bautista y firmado el libro de registro de invitados, Ezra Taft Benson había sido el que más se había destacado. En esa oportunidad, el presidente Benson estaba visitando Rusia en calidad de oficial gubernamental de los Estados Unidos, pero el padre Alexander lo vio como un líder espiritual. El padre Alexander le dijo a la hermana Airto: «Cuando tenga oportunidad de conocer al señor Benson, dígale . . . que sabemos que él es un hombre de Dios y que yo oro por él. » La hermana Airto nunca esperó conocer en persona al presidente Benson para comunicarle ese mensaje, sin embargo, cuando él visitó Finlandia y organizó la Estaca Helsinki, en octubre de 1977, tuvo la oportunidad de darle el mensaje, fortaleciendo así su testimonio de que el Señor guía nuestros asuntos.

Otro ejemplo del gran impacto que causa un testimonio inspirado es el del profeta Abinadí. El testimonio que dio al llamar al apóstata rey Noé y a sus sacerdotes al arrepentimiento, es uno de los discursos doctrinales de mas significado en el Libro de Mormón. El rey y sus sacerdotes, con la excepción de uno, Alma, rechazaron las enseñanzas de Abinadí y lo hicieron matar. Quizás Abinadí se sintió defraudado como misionero por haber convertido sólo a una persona, según muestran los registros. Sin embargo, ese converso, Alma, y sus descendientes fueron lideres espirituales entre los nefitas y los lamanitas durante aproximadamente 300 años. Su hijo, Alma, llegó a ser el primer juez superior del pueblo nefita y sumo sacerdote de la Iglesia. Los otros descendientes de Alma que llegaron a ser prominentes lideres religiosos fueron su nieto, Helamán; su bisnieto, Helamán; su tataranieto, Nefi; y el nieto en cuarto grado, Nefi, que fue el primer discípulo del Jesucristo resucitado. Todo esto sucedió gracias al único converso de Abinadí (Mosíah 18; y Daniel H. Ludlow, A Companion to Your Study of the Book of Mormon, pág. 187, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1976.)

Mis hermanos, testifico que podemos sembrar en nuestro corazón y en nuestra mente la semilla que he mencionado, y muchas otras. Y si las sembramos y nutrimos seremos fieles, verídicos y felices, pese a la adversidad y los bofetones de Satanás.

Testifico además que sé que nuestro Padre Celestial ama a cada uno de sus hijos; que Jesucristo es nuestro Salvador y Redentor; que José Smith es el profeta de la Restauración, y que el presidente Ezra Taft Benson es el profeta de Dios en la actualidad. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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