Agradecimiento

Conferencia General Abril 1978
Agradecimiento
élder Rex C. Reeve
del Primer Quórum de los Setenta

Rex C. ReeveMi corazón rebosa de emoción, mi espíritu se somete, mi alma está llena de gratitud.  Hace algunos arios cuando fui sostenido como obispo, tuve la convicción de que la oportunidad de servir no provenía de nada que yo hubiera hecho, sino del trabajo de otros. Siento esa misma convicción en estos momentos. Muchas personas dieron su vida para que este reino se estableciera.

Estoy agradecido por mi santa madre y mi excelente padre. Y también estoy agradecido por mí elegida; cuando estoy en su presencia siempre siento que quiero ser mejor.  Estoy agradecido por mis siete hijos, por mis encantadores yernos y nueras y por nuestros nietos; todos ellos me han apoyado siempre.  Por último, quiero agradecer a mucha gente con quienes estoy relacionado: compañeros de trabajo, líderes de la Iglesia (a quienes he admirado y escuchado por muchos años), y miembros de la Iglesia.

Doy gracias por ser miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.  Con cada fibra de mi ser, yo sé que Dios vive, sé que El habla y escucha, y que nos ama.

Le agradezco al Señor la oportunidad que nos da de servir en el campo misional.  Si no hubiera otra evidencia de que la Iglesia de Cristo es verdadera, lo que pasa en la vida de los jóvenes y en la de los miembros de la Iglesia, sería suficiente prueba para mí de que lo es.

Prometí al Señor dar todo lo que tengo y aquí, ante vosotros, prometo hacer todo lo que me requieran estos grandes hombres a quienes amo.  Nuestra vida ha sido bendecida por el presidente Kimball durante treinta años.  El ha sido un gigante en nuestra vida y sé que nos ama.  Ahora puedo sentir vuestro amor, sentir el amor de la gente por el cual estoy agradecido.  Como misioneros, sabemos lo que significa tener tres millones y medio de gente orando por nosotros, y lo agradezco infinitamente.

Os dejo mi testimonio de que Dios vive y os prometo que haré todo lo que pueda mientras me quede un aliento, y aún más allá, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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