Fe Triunfante

Fe Triunfante

por David O. McKay

Discurso difundido por el Columbia Broadcasting System en el programa de la “Iglesia del Aire” desde el Tabernáculo en Salt Lake City el Domingo 20 de julio de 1947.


Señoras y Señores:

La amenaza más siniestra a la paz y felicidad del hombre en este el si­glo XX no es el probable mal uso de la bomba atómica, sino la disminu­ción en los corazones de los hombres de la fe en Dios. “Las épocas de fe son épocas de fertilidad: pero las épocas de incredulidad, por resplan­decientes que sean, son estériles de todo bien permanente.”

Las Escrituras nos dicen que “sin fe es imposible agradar a Dios,” y por la fe los profetas y hombres de antaño “ganaron reinos, obraron jus­ticia, alcanzaron promesas, taparon las bocas de leones, apagaron fuegos Impetuosos, evitaron filo de cuchillo, convalecieron de enfermedades”.

Fué la fe que envalentonó a Colón a navegar siempre más allá hacia el horizonte desconocido hasta que des­cubrió una tierra nueva. Fué la fe que trajo a América El “Flor de Ma­yo,” “atestado de los destinos de un continente.” Fué la fe que impulsó al Presidente Brigham Young y a los peregrinos de Utah a establecer co­lonias permanentes en un desierto oc­cidental prohibitivo y desafiador.

La fe es aún más poderosa en el conato humano que el juicio o la es­peranza. Permitidme ilustrar:

Hace cien años hoy, un grupo de hombres ya con un rastro de 900 mi­llas por la llanura detrás de sí, esta­ban macheteando su paso por la maleza en una senda montañosa, y alzaprimando cantos rodados que ro­daban con un estrépito reverberante al fondo del arroyo abajo. Caminando con trabajo, lenta y fatigadamente por esta barranca, movía una cara­vana de carros cubiertos. La vanguar­dia de los peregrinos de Utah se acercaban a la cima de “Monte Grande”, desde la cual obtendrían su pri­mer vistazo de la Gran Cuenca del Lago Salado. En la margen oeste de esta Cuenca yacía el “Mar Muerto de América”, rielando a la luz del sol más como un agüero amenazante que una promesa de prosperidad.

Si este valle infructuoso, aparen­temente improductivo, pudiera ha­cerse fecundo, pudiese convertirse en el centro de un imperio ponentino, fuera seguramente uno de los ejem­plos más destacados en la historia de la fe triunfante sobre la experiencia y juicio humanos. Entre los grandes Peregrinos de la historia a Brigham Young se le concede lugar entre los delanteros. Pero supongamos que hu­biera- fracasado, como pensaban los hombres que conocían la América occidental mejor que él. ¡Qué trage­dia no les hubiera sobrevenido a mi­les —qué censura tan severa no hu­biera colmado la historia sobre un caudillo tan temerario! Imaginaos su situación hace un siglo. Sobre él des­cansaba la responsabilidad de proveer alimento y abrigo para las 152 perso­nas que componían esa primera com­pañía que buscaba un hogar en una tierra desértica, y la estación tan abalizada que no había ninguna es­peranza, o poca, de que lo sembrado madurara. Además de estas 152 per­sonas había otros miles que dejaran sus hogares en Nauvoo después del martirio de su Profeta, quienes se­guían a su caudillo hacia este lugar anhelado de refugio y paz. Había aproximadamente 2000 en Monte Pisgh (Condado Unión) Iowa, 154 millas de la orilla occidental del Río Mississipí.

Había otra colonia en Garden Grove (Arboleda Jardín, en el Condado de Decatur) Iowa, 126 millas al este de Council Bluffs.

Otros 6000 estaban en Winter Cuarters (Cuartel de Invierno) a ori­llas del Río Misouri, a seis millas de Omaha. Diez mil personas ya en mar­cha hacia la Gran Cuenca, la cual da­ba escasa certeza de que aún una colonia pequeña pudiera sostenerse. En total, había 40.000 Mormones entre las Islas Británicas y el Desfila­dero Emigración (Emigration Canyon), Utah, los cuales, con confianza en un gran caudillo se trasladaban hacia algún refugio todavía por de­signar.

El juicio del explorador y del tram­pero en cuanto a las probabilidades de sobrevivir fué contra la colonia. El Comandante Morris Harris, por ejem­plo, dijo, entre otros datos desanima­dores acerca del Valle del Gran Lago Salado, “Es arenoso y falto de árbo­les y vegetación, con excepción de la artemisia desierta.” El Capitán Jaime Eridger creyó imprudente el traer una población grande a la Gran Cuenca hasta que se averiguara que sería factible cosechar granos. El ofreció mil dólares por la primera mazorca de maíz madurada en la Cuenca. “Hace 20 años que estoy aquí,” dijo, “y he tratado en balde repetidas veces”.

Al margen del Río Verde, Samuel Brannan, quien estableció una colo­nia donde actualmente está ubicada San Francisco, se encontró con los peregrinos y le dió una descripción ardiente del clima y de la producti­vidad del suelo de la California aso­leada.

No obstante estas advertencias de la desolación de la comarca, y la sú­plica de seguir adelante a climas más productivos, había en la mente del Presidente Young esa seguridad que ejercía sobre él más influencia que la experiencia del trampero con la esterilidad y las heladas mensuales, más potente aún que la descripción resplandeciente de la costa de California.

Más grande que el juicio humano, elevándose encima de la experiencia del hombre, había la confianza del gran caudillo en Dios. Refiriéndose a esta fe que le guiaba, él dijo: “Mien­tras contemplaba una porción del Va­lle del Lago Salado, el espíritu de luz descendió sobre mí y movió por encima del Valle. Yo sentí que allí encontrarían los Santos protección y seguridad,” una ilustración apropia­da de las líneas de Dryden.

“Indistinta como los rayos prestados de lu­na y estrellas a viajeros solos, cansados y errantes,
Es la razón al alma; y como en lo alto esos fuegos rodantes no descubren más que el cielo,
Aquí no nos alumbran; así el rayo luciente de la Razón fué prestado no para asegurar nuestro paso dudoso,
Sino para guiarnos arriba a un día más resplandeciente.
Y como desaparecen esas bujías nocturnas.
Cuando el brillante señor del día asciende nuestros hemisferios,
Tan pálida se pone la Razón ante la Reli­gión,
Así muere y se disuelve en luz sobrenatu­ral.”

La fe de ese grupo impávido en una divina providencia —ese poder invisible que “hace los desacuerdos del presente las armonías del futuro”, sigue viviendo eternamente. Su for­taleza imperecedera y heroísmo han sido y seguirán siendo una luz que guía y anima a todos que leen su his­toria sencilla pero incomparable.

IDEALIDAD, FE UNA FUERZA IMPULSORA

Me he referido a esta época en la historia peregrina no solamente para pagar pequeña deferencia a los in­trépidos hombres y mujeres cuya mi­gración hacia el oeste tanto contri­buyó al desarrollo y progreso de los estados de la parte occidental de los Estados Unidos sino también para poner hincapié en el poder superior de la fe como una fuerza motiva en el conato humano. Los hombres mue­ren, pero los principios perduran. La idealidad es siempre el verdadero manantial de la inspiración y del pro­greso.

TENDENCIAS DESALENTADORAS EN LA SOCIEDAD MODERNA

Cualquiera que observa pensativa­mente la tendencia de este mundo moderno no puede menos de haber notado una sublevación entre la gente en general contra lo que consideran convenciones anticuadas y normas mo­rales, contra restricciones e inhibicio­nes. La modestia entre las mujeres, por ejemplo, es casi virtud perdida; la caballerosidad entre los hombres hacia el sexo opuesto rara vez se manifiesta. El matrimonio es conside­rado por demasiados no como un sacramento sino como un contrato que cancelar a voluntad. La respon­sabilidad de la vida familiar, dema­siado a menudo esquivada por los pa­dres, va desviándose ominosamente al estado. La denuncia de Hitler de los Diez Mandamientos, su reversión a la ley del matorral, la negación de la existencia de Dios por los jefes rusos, la repudiación de Cristo por los Comunistas y otros anti-Cristianos parecen justificar la pretensión de que hay un relajamiento de fe en Dios, en Jesucristo, Su Hijo, y en el orden moral.

LA FE DISIPARA NUBES AMENAZANTES

La fe es la luz eterna que disipará estas nubes amenazantes. Con toda el alma clamo con Emerson:

“O hermanos míos, Dios existe. Hay una alma al centro de la natu­raleza y encima de la voluntad de cada hombre, de manera que ningu­no de nosotros pueda injuriar el uni­verso. Ha infundido su fuerte encanto de tal manera en la naturaleza que prosperamos cuando aceptamos su juicio, y cuando luchamos por herir sus criaturas tenemos las manos pe­gadas al costado, o nos golpean el propio pecho. La marcha entera de las cosas nos enseña la fe. Necesita­mos solamente observar. Hay guía para cada uno de nosotros, y escu­chando oiremos la palabra verdade­ra… Póngase Ud. en medio de la corriente de poder y sabiduría que anima a todo aquel que lleve a flote, y Ud. es impedido sin esfuerzo a la verdad, a la justicia y a un contenta­miento perfecto. Luego pone Ud. a todo contra dictador en la sinrazón. Luego es Ud. el mundo, la medida de justicia, de verdad, de belleza. Si no fuésemos aguafiestas con nuestras miserables intervenciones, el trabajo, la sociedad, las letras, las artes, la ciencia, la religión de los hombres seguirían mucho mejor que ahora, y el cielo predicho desde la fundación del mundo, y todavía predicho desde el fondo del corazón, se organizará, de tal manera que actualmente la rosa y el aire y el sol.”

Y otra vez este gran pensador continúa: “La mira de toda lucha po­lítica es establecer la moralidad como la base de toda legislación. No son instituciones libres, no es una repú­blica, no es una democracia que es la meta —no, sino solamente el medio. La moralidad es el objeto del gobier­no. Deseamos un estado de las cosas en el cual el crimen no pagará. Este es el consuelo en que descansamos en la oscuridad de lo futuro y las aflic­ciones de hoy, que el gobierno del mundo es moral, y que siempre des­truye lo que no lo es.”

El progreso económico de nuestro país durante el siglo pasado ha sido fenómeno. Así también ha sido su influencia política entre las naciones. Hoy Norteamérica, según se dice, la única nación del mundo “capaz de sostener la civilización occidental.” Opuesta a ella está Rusia, que ha renunciado la fe en Dios y en su po­der predominante en el universo. El choque inminente amenazante entre esas dos naciones es más que una prueba de su supremacía política, más que una lucha entre el capitalis­mo y el comunismo es el conflicto sempiterno entre la Fe en Dios y en el Evangelio de Jesucristo y la Incre­dulidad en la filosofía de los ideales Cristianos. La fe en el hombre es el poder que lleva a la hermandad; la fe en Dios, la escalera por la cual los hombres suben hacia la perfección. La Fe es fuerza; la duda, debilidad y desagregación.

No puede caber pregunta acerca del resultado del siniestro choque an­ticipado, que esperamos y oramos encarecidamente no venga entre es­tas dos grandes naciones de ideales antagónicos, si los habitantes do América solamente guardarán su fe en el Señor del Cielo y la tierra, y en los principios de paz enseñados por Su Hijo a orillas de Galilea hace dos mil años. Sobre esto se basa la promesa de posesión de esta tierra y prosperidad en la misma.

“He aquí” dice el Profeta, “éste es un país escogido: y cualquier pueblo que lo posea, se verá libre de la es­clavitud, y de la cautividad, y tam­bién de cuantas naciones haya deba­jo del cielo, siempre que el pueblo sirva únicamente al Dios del país que es Jesucristo.”

La luz que guía en nuestro tiem­po, como en los días de los Peregrinos y siempre, es la fe en Dios y en el establecimiento final de la herman­dad del hombre por medio del Evan­gelio de Jesucristo.

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Una respuesta a Fe Triunfante

  1. Alejandro Cowan Cádiz España dijo:

    Sin dudas por medio de la fe los pioneros iniciaron un cambio en el mundo moderno; sin embargo vivimos tiempos difíciles, y Satanás a través de las sombras está destruyendo y fracturando la tierra y los corazones de los hombres….nuestra sociedad sufre nuevas enfermedades, las redes sociales , la pornografia, los divorcios , las familias se separan, hombres , mujeres y niños atraviesan mares oscuros en Pateras, buscando un lugar paz y alimentos, personas que huyen de la guerra esperan del otro lado de la fronteras en el crudo invierno ,asilo político, los gobernantes del mundo construyen muros para evitar la inmigración; la contaminación de nuestros mares y del aire que respiramos cada vez más venenoso ; las armas, El hambre, personas ancianas se quedan en la calle y pierden su hogar por culpa de gobernantes que robaron a los ciudadanos, …..Debemos unirnos como los pioneros en su momento, y luchar , buscar la salvación personal y el de nuestros hermanos…..y preparar la vía para que el señor venga a restablecer la tierra como un nuevo comienzo, expulsar todos los males , cuánto agradezco ser un santo de los últimos días. Gracias por este hermoso discurso ; tengamos fe triunfante…

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