El que Siembra Discordia

El que Siembra Discordia

(Tomado de the Church News)

Cuando el predicador enumeró las cosas que el Señor odia, incluyó entre ellas:

“Los ojos altivos, la lengua mentirosa,. . . el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos.” (Proverbios 6: 16-19; cursiva agregada.)

Por supuesto, el sembrar discordia entre los hermanos significa también tener una lengua mentirosa, un corazón que maquina pensamientos inicuos, pies presurosos para correr al mal y ser un testigo falso que habla mentiras. Una persona no puede sembrar discordia entre sus hermanos, a menos que se haya corrompido con alguna de estas características malignas.

Si recordamos que el Señor estableció como uno de sus Diez Mandamientos el de no dar falso testimonio contra el prójimo, no nos sorprenderá que Él haya definido este mal como una de las cosas que odia.

La unidad de la fe es vital en la verdadera Iglesia del Señor. También es esencial la unidad específica entre los hermanos. El Salvador amonestó a Sus discípulos, diciéndoles que debían ser uno, tal como El y Su Padre eran uno. Y en nuestros días ha revelado: “Si no sois uno, no sois míos.”

¿Es acaso extraño que no ame a los que fomentan la desunión y la discordia precisamente en aquellos ambientes donde Él ha mandado que debe haber amor y buen entendimiento?

Aquellos que siembran la discordia entre los hermanos y las hermanas de la Iglesia, pueden quizás hacerlo sólo dentro del grupo familiar a que pertenecen. Cuando un padre o una madre denuncia o critica a otros en presencia de sus hijos, éstos suelen mostrarse, eventualmente, desafectos. Los niños son “hermanos” también en este sentido, y esto significaría entonces sembrar la discordia entre ellos. ¿Es que no debemos preocuparnos por nuestros hijos y protegerles?

Muchas veces suele manifestarse la discordia cuando, no conforme con el llamamiento de algunos oficiales en nuestro Barrio o Rama, rehusamos sostenerles. Algunos hermanos suelen desaprobar la política financiera de la Iglesia y se niegan a contribuir con los fondos de edificación o del presupuesto. Y al alzar sus voces contra tales proyectos, no hacen sino “sembrar discordia entre los hermanos” y entonces el desafecto consecuente es inevitable.

Ciertos hermanos suelen murmurar ante los oficiales presidentes acerca de otros. Sus declaraciones pueden ser verídicas o no, pero la forma en que actúan no hace sino sembrar la discordia entre los hermanos. Esto constituye una forma de chisme, lo cual frecuentemente destruye reputaciones, desacredita nombres, daña sentimientos, origina amarguras y contiendas, divide en facciones a grupos hasta entonces unidos, apena corazones y perturba la tranquilidad.

¿Puede alguno creer que tiene el derecho de ocasionar tales torturas a sus semejantes? ¡Cuán distinto es este proceder del prescripto por el segundo gran mandamiento, que nos indica que debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos! ¡Qué falta de armonía con la Norma Dorada que nos exhorta a hacer a otros lo que nos gustaría que otros hagan con nosotros!

¿Comprendemos por qué el Señor odia a los que siembran discordia entre los hermanos? ¿No es lógico pensar que aquellos que lo hacen, probablemente sean culpables de las otras cosas mencionadas por el predicador—la mentira, el falso testimonio, la maquinación de pensamientos (o planes) inicuos, y el tener los pies presurosos para correr tras el mal?

Cuando el Señor enseñó a los nefitas que el espíritu de contención es inspirado del diablo, El habló de este tipo de pecado. El sembrar discordia es crear contención y esto es hecho por medio del espíritu de Satanás.

Si todos aprendiéramos a vivir el evangelio y a adoptar seriamente las doctrinas del Salvador con respecto a nuestra actitud hacia nuestro prójimo, seríamos mucho más felices.

Pero no solamente la felicidad es importante aquí—también lo es la salvación. ¿Puede una persona odiada por el Señor llegar a salvarse? Siendo que el Señor odia el mal y el falso testimonio, ¿podemos acaso progresar siendo indulgentes con dichas prácticas?

El Salvador dijo que el primer y gran mandamiento es amar y servir a Dios con todo nuestro corazón, mente y fuerza. Y aseguró también que el segundo es similar en importancia—“Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

Algunas personas que nunca beberían una taza de café ni fumarían un cigarrillo, a veces no vacilan en denigrar el nombre de otro. Pero, ¿qué es peor? ¿Es acaso el beber café más aborrecido por el Señor que la destrucción del carácter?

No podemos decir que un mandamiento es más importante que otro, porque todos forman parte del evangelio, pero ciertamente algunos estipulan penalidades más severas que otros,

¿Cuántos pecados son peores que la actitud de querer contaminar la obra del Señor mediante la discordia entre los hermanos?

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Una respuesta a El que Siembra Discordia

  1. Edmundo DiazPajuelo dijo:

    DIOS NO ODIA A NADIE EL DESEA QUE NO CONTIENDAN SUS SACERDOTES ESO NO ES ODIAR RESPECTO EL JUZGAR HAY MAS DE UNO QUE LO HACE NO ME ACUERDO PERO SI SE QUE EL HOY PRESIDENTE PRIMER CONSEJERO DALLIN OAKS DIO UN MENSAJE DE ELLO DE HABLAR EXORTAR PERO NO CRITICAR HAY QUE CUIDARSE DE ESO LA ENVIDIA. ESO NO TEHACE FELIZ .

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