La prueba de nuestra fe

La prueba de nuestra fe

por Joseph Fielding Smith
Conferencia General de octubre de 1961

Quisiera dirigirme a los poseedores del sacerdocio, particularmente, y a sus esposas y a todos los demás miembros de la Iglesia. Ningún miembro de esta Iglesia podrá ser aprobado delante de la presencia de Dios, si no ha leído cuidadosa y seriamente el Libro de Mormón, y creo que a esto también podríamos agregar, en lo que toca a los varones, las Doctrinas y Convenios. . .

Quisiera llamar vuestra atención a una cosa del Libro de Mormón. El Señor nos ha prometido mayor conocimiento, mayor comprensión de la que encontramos en este libro en cuanto estemos preparados para recibirlo. Cuando el hermano de Jared subió al monte para que el Señor tocara las piedras que iluminaron su viaje a través del gran océano, el Señor le reveló la historia de este mundo desde el principio hasta el final. Nosotros no poseemos este conocimiento.

Voy a leer uno o dos versículos del Libro de Mormón relacionados con este tema.

«Y les explicó (esto es, Cristo) todas las cosas, sí, desde el principio hasta la época en que él viniera en su gloria; sí, todas las cosas que habían de suceder sobre la faz de la tierra, hasta que los elementos se derritieran con intenso calor, y la tierra se plegara como rollo, y desaparecieran los cielos y la tierra; . . . (3 Nefi 26:3).

Todo eso fue escrito y entregado a los nefitas.

Nosotros no poseemos ese registro, y el Señor dijo lo siguiente que nos concierne principalmente a nosotros, y Mormón lo escribió:

Y he escrito estas cosas, que son la menor parte de lo que enseñó al pueblo; y las he escrito con objeto de que nuevamente lleguen de los gentiles a este pueblo, según las palabras que Jesús ha hablado.

Y cuando hayan recibido esto, que conviene que obtengan primero para probar su fe, y si sucede que creen estas cosas, entonces les serán manifestadas las cosas mayores.

Y si sucede que no creen estas cosas, entonces les serán retenidas las cosas mayores, para su condenación.” (3 Nefi 26:8-10).

Yo digo que cuando el hermano de Jared subió al monte, el Señor le reveló la historia de este mundo desde el principio hasta el fin, pero nosotros no poseemos este conocimiento. Cuando los nefitas fueron justos, después de la visita del Hijo de Dios, el Señor les reveló esto a ellos, pero cuando comenzaron a apartarse de sus vías, les quitó este registro de nuevo y lo escondió. Esto es lo que dice el Señor en cuanto a esto:

Y después que Cristo verdaderamente se hubo manifestado a su pueblo, él mandó que se dieran a conocer. (Esto es, el registro completo.)

Y ahora bien, después de esto, todos han degenerado en la incredulidad; y no queda nadie sino los lamanitas, y estos han desechado el evangelio de Cristo; por tanto, se me manda que las oculte otra vez en la tierra”. (Éter 4:2-3).

Por causa de que resta poco tiempo saltaré unos versículos y diré que el Señor nos ha prometido que podemos poseer ese registro escondido cuando estemos preparados para recibirlo. Leeré lo que dijo el Señor.

«Porque el Señor me dijo: No irán a los gentiles sino hasta el día en que se arrepientan de su iniquidad, y se vuelvan puros ante el Señor.

Y el día en que ejerzan la fe en mí, dice el Señor, así como lo hizo el hermano de Jared, para que se santifiquen en mí, entonces les manifestaré las cosas que vio el hermano de Jared, aun hasta desplegar ante ellos todas mis revelaciones, dice Jesucristo, el Hijo de Dios, el Padre de los cielos y de la tierra, y de todas las cosas que en ellos hay». (Éter 4:6-7).

Ahora el Señor nos ha puesto a prueba como miembros de la Iglesia. Nos ha dado el Libro de Mormón, que es la parte menor, para edificar nuestra fe mediante la obediencia a los consejos que contiene, y cuando nosotros mismos, los miembros de la Iglesia, estemos dispuestos a guardar los mandamientos como los hemos recibido y mostrar nuestra fe como lo hicieron los nefitas por un corto tiempo, entonces el Señor nos dará el otro registro, pero ahora no estamos listos para recibirlo. ¿Por qué? Porque no hemos cumplido los requisitos de esta prueba de leer y obedecer los consejos del registro que hemos recibido.

Hermanos, enseñad a los poseedores del sacerdocio en sus quórumes. Enseñad a los miembros de la Iglesia en sus reuniones y también cuando los visitáis en sus hogares como maestros orientadores. Cuando se presente la ocasión, enseñadles a leer y estudiar con fe y oración las revelaciones que el Señor nos ha dado para que no seamos engañados ni desviados por maestros falsos.

Tenemos maestros falsos, apóstatas entre nosotros que tratan de derrumbar y destruir el reino de Dios, y éstos están afectando a muchos miembros de la Iglesia. ¿Por qué? Porque no tienen la fe ni los conocimientos para resistir a estos maestros con sus doctrinas falsas.

Permitidme suplicar a los miembros de la Iglesia que tengan humildad, fe, que oren más, que estudien más, que tengan más amor en sus corazones hacia Dios su Eterno Padre y su Hijo Jesucristo. Amén

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