El fundamento doctrinal de las Organizaciones Auxiliares

El fundamento doctrinal de las
Organizaciones Auxiliares

Élder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Capacitación de Líderes – 10 de Enero de 2004


La función de las Organizaciones Auxiliares

Mi mensaje se basa en el mensaje maravilloso acerca del matrimonio, la familia y el hogar que el presidente Faust nos ha dado con tanta claridad.

Se me ha asignado el privilegio de analizar con ustedes la doctrina y los principios mediante los cuales funcio­nan las organizaciones auxiliares de la Iglesia y cómo se relacionan con la línea del sacerdocio. Con el fin de proporcionar un fundamento sólido, este mensaje se basa en las declara­ciones de varios presidentes de la Iglesia, a muchos de los cuales cito directamente. Este consejo se les brinda para que sirvan con eficacia en las organizaciones auxiliares del lugar en que residen, bajo la guía de los líderes del sacerdocio. Cuando sea necesario, les servirá para adaptar las actividades a las condiciones y a los recursos locales.

Hay cinco organizaciones auxilia­res de la Iglesia: los Hombres Jóvenes, la Escuela Dominical, la Sociedad de Socorro, las Mujeres Jóvenes y la Primaria. Este mensaje está dirigido en especial a la Sociedad de Socorro, a las Mujeres Jóvenes y a la Primaria. Se pondrá hincapié en las otras dos organizaciones en transmi­siones futuras.

¿Cuál es la función de una organi­zación auxiliar? Para responder a esta pregunta es esencial recordar que la familia es ordenada “por Dios y… es la parte central del plan del Creador para el destino eterno de sus hijos”1. La función y el propósito fundamentales de las organizaciones auxiliares de la Iglesia es el de “plantar y hacer germinar… un testimonio de Jesucristo y del Evangelio”. Éstas enseñan también de la misión divina de José Smith y de la restauración de la Iglesia de Jesucristo. Esa labor ayu­dará a las familias y a las personas “a vivir de acuerdo con las leyes y prin­cipios del Evangelio restaurado”, bajo la dirección del santo sacerdocio2.

La familia y el hogar son el cimien­to de una vida recta. El sacerdocio es el poder, y la línea del sacerdocio es el medio que el Señor ha proporcio­nado para apoyar a la familia. Las Escrituras y los materiales aprobados se han proporcionado para instruir a las personas y a las familias acerca de las vías de Dios. Un ejemplo de esos materiales es la nueva guía de estudio para el Sacerdocio de Melquisedec y la Sociedad de Socorro, correspon­diente a este año, sobre las enseñan­zas del presidente Heber J. Grant.

Las organizaciones auxiliares de la Iglesia se organizaron para ayudar a las personas, a las familias y al sacer­docio a lograr las expectativas divinas; sin embargo, la actividad de cada una debe correlacionarse cuidadosamente con las demás organizaciones auxilia­res para que se pueda mantener el orden y la pureza de la doctrina reve­lada3. Esa coordinación se logra mejor bajo el liderazgo del sacerdocio en los consejos de estaca y de barrio.

El apoyo al hogar y a la familia

El presidente Kimball enseñó:

“La misión de la Iglesia con res­pecto a sus miembros es ponerles al alcance los principios, los programas y el sacerdocio por medio de los cuales se preparen para la exalta­ción. Nuestro éxito, tanto en lo que atañe al individuo como a la Iglesia, se determinará en gran manera, según la fidelidad con que nos dedi­quemos a vivir el Evangelio en el hogar. Sólo al conocer claramente las responsabilidades de cada perso­na y la función de las familias y los hogares, comprenderemos correcta­mente que los quórumes del sacer­docio y las organizaciones auxiliares, incluso los barrios y las estacas, exis­ten principalmente para ayudar a los miembros a vivir el Evangelio en el hogar. Entonces entenderemos que las personas son más importantes que los programas, y que los progra­mas de la Iglesia deben apoyar siem­pre las actividades familiares centra­das en el Evangelio, y nunca restarles importancia…

“Nuestro cometido hacia la vida familiar centrada en el Evangelio debe ser el mensaje claro de todo programa del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares, reduciendo, si fuese necesario, algunas de las acti­vidades optativas que pudieran restar importancia al enfocarse debidamen­te en la familia y en el hogar”4.

En una época crucial de la historia de la Iglesia, al élder Harold B. Lee se le asignó la monumental tarea de correlacionar lo que en ese entonces eran las diferentes facetas de la orga­nización global de la Iglesia, lo que en el presente es su forma unificada.

El conocimiento que él obtuvo por medio de esa asignación sagrada nos es de gran ayuda en la actualidad. En un mensaje pronunciado durante una conferencia, el presidente Lee dio este valioso consejo:”

“El hogar es el cimiento de una vida justa… Los programas del sacer­docio funcionan para apoyar al hogar; los programas de las organizaciones auxiliares aportan una ayuda valiosa… [Existe el] apremio de inculcar la importancia de una mejor enseñanza y de una mayor responsabilidad por parte de los padres en el hogar. Gran parte de lo que hacemos al organizar- nos es preparar el andamiaje al pro­curar edificar a la persona en forma individual, pero no debemos confun­dir el andamiaje con el alma”5.

El presidente Lee también recalcó: “Los líderes del sacerdocio… deben fortalecer a la Iglesia: ver que todos sus miembros cumplan con su deber y que las organizaciones auxiliares hagan todo lo posible por llevar a cabo lo que esta palabra… implica. Una organización auxiliar debe ser una ayuda para el sacerdocio en lo que respecta a velar sobre la Iglesia y también una ayuda para el hogar, bajo la dirección y… cooperación [del] sacerdocio”6.

El presidente Lee declaró más ade­lante que los programas de la Iglesia deben fortalecer el hogar y no reem­plazarlo: “Si llegara el momento en que la obra de la… [Iglesia] fuera tan absorbente que demandara todo el tiempo de un niño… eso llegaría a ser una tragedia. Nuestra labor debe ser diaria y consciente… con el fin de for­talecer los hogares que, para nuestro Padre Celestial, son Su primera línea de defensa”7.

El presidente Hinckley enseñó:

“Debemos esforzarnos por cum­plir con nuestra responsabilidad de padres como si todo en la vida dependiera de ello, porque, de hecho, todo en la vida sí depende de ello.

“Si fracasamos en nuestros hoga­res, fracasaremos en nuestras vidas… Oren y pidan por guía, ayuda y direc­ción, y después sigan los susurros del Espíritu para guiarlos en la más seria de todas sus responsabilidades, pues­to que las consecuencias de su lide­razgo en su hogar serán eternas e imperecederas”8.

En el mensaje de una conferencia general de 1906, el presidente Joseph F. Smith enseñó: “Esperamos ver el día… en que todo consejo del sacer­docio entienda su deber, asuma su propia responsabilidad, magnifique su llamamiento… hasta el máximo… Cuando llegue ese día, no habrá tanta necesidad de la labor que ahora lle­van a cabo las organizaciones auxilia­res, porque la realizarán los quóru- mes regulares del sacerdocio”9.

Tiempo después, el presidente Harold B. Lee dio esta explicación aclaratoria: “Ha habido cierto malen­tendido con respecto a la declaración [del presidente Joseph F. Smith]. Ésta no quiere decir que se eliminarían las organizaciones auxiliares hasta ahora establecidas, sino que aumentaríamos la responsabilidad de los quórumes del sacerdocio en lo que respecta al fortalecimiento de esas organizacio­nes existentes al acrecentar la partici­pación a fin de realzar más el sacer­docio en cada fase de la obra del Señor”10.

Estos principios declarados por anteriores Presidentes de la Iglesia gobiernan las organizaciones auxilia­res de la Iglesia, y han sido reiterados por Primeras Presidencias posterio­res, y aún continúan siendo el funda­mento de la obra de las organizacio­nes auxiliares de la Iglesia.

Los llamamientos en barrios y estacas

¿Cómo se rigen las organizaciones auxiliares? Describiré los principios generales de gobierno y, más adelan­te, durante esta transmisión, se demostrará una forma de aplicar estos principios.

Todas las organizaciones auxiliares funcionan bajo la presidencia y la supervisión directa de las autoridades del sacerdocio de estaca y de barrio, quienes son responsables en última instancia por la obra de esas organiza- ciones11. Bajo la dirección divina, los presidentes de estaca y los obispos poseen las llaves para realizar los llama­mientos en las organizaciones respecti­vas en las cuales presiden, y de brindar orientación a esas organizaciones. Ellos poseen las llaves para recibir revelación que les confirme a quiénes llamar y, además, son responsables del llama­miento, el sostenimiento y el aparta­miento de los oficiales y maestros.

Los presidentes de estaca son espe­cialmente responsables de todos llamamientos del Sacerdocio de Melquisedec. Entre esos llamamientos se incluyen los de los oficiales de los sumos sacerdotes y del quórum de élderes, el de los secretarios de barrio y de secretarios ejecutivos. Los presi­dentes de estaca son también respon­sables de los llamamientos de los ofi­ciales de las organizaciones auxiliares de estaca. Los obispos son responsa­bles de todos los llamamientos del Sacerdocio Aarónico y de los llama­mientos de todos los oficiales de las organizaciones auxiliares de barrio.

A todo presidente de una organi­zación auxiliar se le pide que reco­miende, después de considerarlo con oración, a personas para que presten servicio como consejeros o consejeras. Cuando una presidencia ha sido aprobada y llamada, se deben reco­mendar a los demás oficiales, tales como secretarios y secretarias, maes­tros y maestras de una organización específica, después de que la presidencia en pleno de la organización auxiliar los analicen con oración.

En virtud de las llaves que poseen, los presidentes de estaca y los obis­pos reciben una revelación de confir­mación para proceder con esos llama­mientos de acuerdo con el quinto Artículo de Fe.

Ese modelo inspirado mantiene el orden en el reino y permite que la información que no está disponible para los oficiales de las organizacio­nes auxiliares que recomiendan a los candidatos se tome en consideración al procurar confirmación para saber si se debe o no hacer un llamamien­to. Un presidente de estaca y un obispo poseen las llaves de la Iglesia en Israel y, por consiguiente, saben los asuntos relacionados con la digni­dad o inquietudes familiares sensi­bles de otra índole que no son de conocimiento público; por lo tanto, el presidente o la presidenta de una organización auxiliar debe procurar la guía del Señor acerca de quién recomendar para un cargo específi­co, teniendo siempre en cuenta de que sólo se trata de una recomenda­ción.

Aun cuando el presidente de esta­ca o el obispo reciben muchas veces la confirmación de que se debe lla­mar a la persona recomendada, no siempre ocurre así. Cada recomenda­ción debe examinarse cuidadosamen­te, reconociendo que se ha conside­rado concienzudamente y ha sido escogida con oración.

Un presidente de estaca o un obispo consultan por lo general detenidamente con los líderes de las organizaciones auxiliares sobre las personas recomendadas para asegu­rarse de obtener un panorama com­pleto de las necesidades de la orga­nización antes de procurar, por medio de la oración, la confirmación de un llamamiento. Después, él lle­vará a cabo una entrevista con la persona sobre su dignidad y hablará con ella antes de extenderle un llama­miento de servicio.

Presidentes de estaca y obispos: al llamar a la nueva presidencia de una organización auxiliar, bríndenles guía y una visión para orientarles en su servicio. Reúnanse con sus conseje­ros y preparen una declaración de rumbo que ustedes esperan que siga la presidencia con el fin de cumplir sus asignaciones y satisfacer las nece­sidades locales. Compartan esa visión con la nueva presidencia y pídanle que prepare un plan para implantarla. Un miembro de la presi­dencia o del obispado debe reunirse con ellas periódicamente para brin­darles orientación adicional y ayu­darlas a resolver cualquier problema que tengan.

Cómo prestar servicio

¿Cómo deben prestar servicio? Sigan el ejemplo de las organizaciones auxiliares de las Oficinas Generales de la Iglesia. Éstas sirven bajo la dirección de las Autoridades Generales del sacerdocio que se les haya asignado. Se reúnen con frecuencia con el fin de evitar duplicar los esfuerzos, de simplificar la orientación que se ofre­ce y para asegurarse de que los mate­riales están de acuerdo con la doctri­na y las normas de la Iglesia. Ejemplos excelentes de cómo los esfuerzos mancomunados reducen las cargas de los miembros de la Iglesia, son los recientemente publicados “Fe en Dios” para niños y niñas, que preparó la Primaria, “Mi deber a Dios”, y el programa “Progreso Personal” de las Mujeres Jóvenes que se utilizan actual­mente en todo el mundo.

Se ha invertido un esfuerzo extra­ordinario en esos materiales con el fin de asegurarse de que sean senci­llos, claros y aplicables en todo el mundo. Se trabajaron en ellos en cooperación con otras organizaciones auxiliares en las Oficinas Generales. Las demás organizaciones han prepa­rado sus materiales en forma similar. Al finalizarse, los revisó y los aprobó la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce.

A las hermanas oficiales de las organizaciones auxiliares las presiden sus correspondientes líderes del sacerdocio en cada nivel del gobierno de la Iglesia, tanto en las Oficinas Generales como en la estaca y en el barrio. Los oficiales generales de las organizaciones auxiliares en las Oficinas Generales de la Iglesia en ocasiones se ponen en contacto con los oficiales de barrio y estaca a los que brindan ayuda; sin embargo, esos oficiales de las mesas generales no presiden los oficiales de sus corres­pondientes organizaciones de estaca y barrio.

Los oficiales generales de la Iglesia mantienen en ocasiones contacto con las unidades del mundo y se aseguran de que los materiales que crean para utilizarse en todas partes sean adecuados, satisfagan las necesidades de la organización auxiliar correspon­diente y se concentren en el fortaleci­miento de la familia en el hogar.

Sigan el ejemplo de estas organiza­ciones generales. Como oficiales de las organizaciones auxiliares de esta­ca, den a conocer a la presidencia de estaca los planes básicos antes de implementarlos. De igual modo, al nivel de barrio, compartan con el obispado sus planes antes de llevarlos a cabo. Es de suma importancia que las oficiales de las organizaciones auxiliares participen activa y eficaz­mente en el consejo de estaca o de barrio al que pertenecen.

Presidencias de estaca y obispa­dos: periódicamente deben reunirse por separado con cada presidencia de las organizaciones auxiliares bajo su dirección para comprender mejor la labor que realizan y poder así darles consejo inspirado y orientación.

Esa inversión de tiempo fortalece­rá el apoyo inestimable que cada organización auxiliar brinda con el fin de bendecir a las familias y a las per­sonas en las estacas y los barrios locales.

Cómo simplificar la obra

En el pasado, la Primera Presidencia ha advertido: “La obra de la Iglesia, en todos sus aspectos, está en grave peligro de ser controlada hasta en sus más mínimos detalles.

El resultado de ello será, no sólo la destrucción de toda iniciativa, sino también la eliminación total de que el Espíritu tenga la oportunidad de obrar. La Iglesia no se ha edificado sobre ese principio. En la obra que realizan las organizaciones auxiliares, no solamente se les debe brindar la oportunidad de tomar su propia ini­ciativa, sino también… de alentarlas a hacerlo”12.

Quisiera hacer una advertencia a medida que planifican sus activida­des. Asegúrense de que se satisfagan las necesidades esenciales, pero no lleguen a extremos al crear tantas cosas buenas que las primordiales queden relegadas. Les daré un ejem­plo. Hace poco, la entusiasta presi­dencia de una Sociedad de Socorro de estaca decidió sacar provecho de la transmisión mundial de la reunión para mujeres que se realizó desde la sede de la Iglesia y, el día de la confe­rencia, organizaron una sesión de capacitación de cuatro horas para las presidencias de la Sociedad de Socorro de barrio; tuvieron una cena formal, que claro está, prepararon, sirvieron, para después encargarse de limpiar el salón. Para el momento de comenzar la transmisión, las herma­nas estaban tan exhaustas mental­mente que no pudieron obtener el máximo beneficio de una transmisión que se había preparado con tanta dedicación. Recuerden, no se exce­dan, simplifiquen.

¿Han recibido recientemente un llamamiento y se sienten abrumados? ¿Recuerdan cuán fácil parecía ser tocar el piano o nadar cuando alguien les describía cómo hacerlo? Y después, cuando ustedes trataban de lle­varlo a cabo o realizar cualquier otra tarea difícil, ¡qué complicado era!

¿Recuerdan cómo, al persistir, comenzaban a sentirse más seguros y era más fácil de lograr? Al servir dili­gentemente, el Señor les ayudará de igual manera con su nuevo llamamiento.

Existe una analogía relacionada con la irrigación que se utiliza en la Iglesia, que dice que “el agua debe llevarse hasta el final del surco”; sin embargo, a nivel de estaca y de barrio, sería mucho mejor para los líderes del sacerdocio y de los oficiales de las organizaciones auxiliares dejar senci­llamente “que llueva” desde el cielo.

El llamamiento sagrado que poseen les da el derecho divino de recibir inspiración. Procúrenla con confianza. En cualquier parte del mundo en que vivan, ya sea en la rama más pequeña o en el barrio más numeroso, en un distrito con dificultades o en una estaca plenamente organizada, ustedes tienen el derecho de ser guiados a fin de cumplir con su asignación inspira­da y satisfacer mejor las necesidades de aquellos a quienes sirven.

Compañeros en el reino de Dios sobre la tierra: les amamos, oramos por ustedes, oramos para que sean inspirados y logren el éxito y un pro­fundo gozo en el cumplimiento de sus asignaciones sagradas.

En el nombre de Jesucristo. Amén.


Notas

  1. “La familia: Una proclamación para el mundo”, Liahona, octubre de 1998, pág. 24.
  2. “Memorandum of Suggestions” (“Memorándum de sugerencias”), marzo 29 de 1940, pág. 2.
  3. Véase la carta de la Primera Presidencia fechada el 7 de diciembre de 1990.
  4. “Living the Gospel in the Home”, Ensign, mayo de 1978, pág. 101.
  5. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Harold B. Lee, págs. 164-165.
  6. The Teachings of Harold B. Lee, comp. Clyde J. Williams (Las enseñanzas de Harold B. Lee), 1996, pág. 263.
  7. “Primary Fundamentals for Primary Workers and Parents”, (“Principios fun­damentales para los que trabajan en la Primaria y los padres”) Children’s Friend, agosto de 1950, pág. 342.
  8. “Cada uno… una persona mejor”, Liahona, noviembre de 2002, pág. 100.
  9. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, pág. 368.
  10. The Teachings of Harold B. Lee, pág. 263.
  11. Véase la Carta de la Primera Presidencia, 13 de enero de 1923.
  12. “Memorandum of Suggestions”, 29 de marzo de 1940, pág. 4.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s