Para bendecir, inspirar y elevar

Para bendecir, inspirar y elevar


Élder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Élder Henry B. Eyring
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Capacitación de Líderes – 14 de Junio 2004


Élder Ballard
Hermanos, nos complace tener la oportunidad de estar con ustedes en esta reunión con los obispos. El élder Eyring y yo, por supuesto, hemos via­jado por todo el mundo y hemos teni­do la oportunidad de conocer a obispos y presidentes de rama en casi toda circunstancia en la que ustedes puedan pensar, y hoy nuestro propó­sito es conversar con ustedes e inten­tar ampliar la visión sobre la magnífica oportunidad que tienen de bendecir, inspirar y elevar la vida de aquellos que viven en su barrio o rama.

A veces nos sentimos tan abruma­dos con la parte administrativa de ser obispo que a duras penas hallamos el tiempo para tratar de determinar cómo tener el tiempo para elevar e inspirar, lo que en verdad nuestra gente necesita en la actualidad. Entonces nuestro esfuerzo será tener una conversación con ustedes; vamos a aceptar cualquier pregunta que ten­gan y esperamos contestar la mayoría de ellas y será en un ambiente infor­mal. Les animamos a que participen. Hermano Eyring, ¿qué le gustaría aconsejar a estos obispos antes de empezar?

Élder Eyring
Se ha enseñado mucho acerca de los procedimientos y es probable que no podamos añadir mucho. Ha habi­do presentaciones maravillosas en las diversas clases de sesiones de la transmisión y estamos aquí donde la transmisión ha brindado instrucción muy, muy importante. Así que no va­mos a añadir mucho a los detalles, pero tal vez podamos contestar algu­nas de sus preguntas acerca del cómo implementar la instrucción y en particular en los aspectos espirituales de lo que significa ser la clase de obispo que el Señor desea que ustedes sean. Creo que podemos comenzar.

Élder Ballard
Como lo mencionó el élder Eyring, hay materiales importantes y al viajar por todos lados, en realidad muchas de las preguntas que nos hacen tienen su respuesta en el Manual de Instrucciones de la Iglesia y luego son complementadas con las formidables respuestas de las reuniones mundiales de capacitación de líderes y a las que nos referimos como una biblioteca.

Pero en su corazón y en su mente hay cosas que tal vez no se encuentran en nada de esto todavía. Hermanos, ¿hay alguna pregunta que les gustaría hacer o algo que les gustaría tratar en nuestra reunión con los obispos?

Estudio de las Escrituras

Obispo
A menudo, nos sentimos muy abrumados con las cosas que tene­mos que hacer o que no hacemos, y reconocemos que ustedes están muy ocupados. En una situación así, ¿cómo se preparan para recibir el Espíritu? Es importante leer las Escrituras en forma regular, pero qui­zá podrían darnos su punto de vista de cómo leen ustedes las Escrituras.

Élder Ballard
Déjenme decirles cómo lo hago y no quiero sugerir que es la única manera, por supuesto, pero me doy cuenta de que si leo sobre un tema en particular sobre el cual quiero que mi mente tenga más luz, logro un mejor enfoque de las Escrituras que si tan sólo las tomo y las leo. Por ejemplo, si estoy preocupado por el perdón o el arrepentimiento o la Expiación o cualquiera de esta clase de asuntos doctrinales, puedo ir a la Guía para el Estudio de las Escrituras, puedo ir a las otras fuentes, puedo ver las referencias al pie de página so­bre el tema y lograr, por lo menos así es conmigo, algo más de luz sobre el tema porque lo he estudiado de ma­nera diferente. Ahora bien, no sé cómo lo hace usted…

Élder Eyring
Igual. He llegado al punto en que estudio las notas al pie de página y me doy cuenta de que puedo apren­der más al ver una Escritura relaciona­da en las notas a pie de página, así como en la Guía para el Estudio de las Escrituras. Quisiera sugerir, por lo menos para mí, de que deben tener un horario constante. Es muy fácil desplazar a las Escrituras, por eso es probable que necesiten cierta discipli­na para escoger un momento, para hallar el tiempo. El presidente Romney solía decir que antes, cuando practicaba la abogacía, usted lo re­cuerda, siempre las leía por la mañana al llegar a su oficina. Cada uno de us­tedes tendrá que encontrar su modo de hacerlo, pero, si no lo hacen, el ajetreo desplazará a las Escrituras.

Para agregar a lo que el élder Ballard ha dicho acerca de seguir un tema, me doy cuenta de que tengo que leer lo suficiente, aun al ir de una Escritura a otra, de entender el con­texto, lo que sucede; quién es la per­sona, porque si van a utilizar ese pasaje con otra persona, no sólo hay que entender las palabras, sino cómo se usan las palabras, de dónde provie­nen, ¿era el Salvador el que hablaba, o era Alma? Llegar a tener un senti­miento al respecto les ayudará, pienso, con el Espíritu Santo susu­rrándoles: “Bien, ahora ésta es la Escritura para usar con esta persona”.

Entonces, no creo que el sólo he­cho de leer un versículo sea tan útil como tomarse el tiempo para ver dónde cabe en la historia. Por lo me­nos, eso me ayuda a saber cuando el Espíritu Santo dice: “Sí, usa aquélla cuando Alma le hablaba a Coriantón”. Es bueno saber la diferencia que exis­te entre lo que le decía a Coriantón y a Shiblón porque les habló a ambos de un modo muy, muy distinto, y es bueno conocer las circunstancias lo suficiente y eso requiere leer un poco más que un versículo.

Cómo ayudar a la gente a que se arrepienta

Obispo
Recuerdo cuando era un obispo nuevo y las varias veces en las que por primera vez la gente venía a mí con grandes problemas. Me di cuenta de que la Escuela Dominical no nece­sariamente me había preparado para ayudar a otra persona a pasar por el proceso del arrepentimiento. ¿Cuál es la meta del proceso del arrepenti­miento y cómo se sabe cuándo uno lo ha logrado?

Élder Eyring
Para mí, después de haber trabajado como obispo muchas veces con el pro­blema al que se refiere, ellos en verdad tienen que estar arrepentidos para empezar el proceso, y usted lo hace de forma diferente con personas dife­rentes. A veces en una situación tienen que hacerlo advirtiéndoles, lo cual es bien severo; otras veces les dirán las grandes oportunidades que no podrán tener si no se arrepienten. Ustedes tie­nen que hallar la forma de que ellos tengan el corazón quebrantado y el espíritu contrito y, cuando eso suceda, ya están encaminados y en cierta ma­nera es así como ustedes se darán cuenta de ello. Cuando en verdad se hayan arrepentido y sean como un niño, y la Expiación haya obrado en su corazón, ustedes lo sabrán.

Pero se tiene que empezar por el principio también. Si una persona vie­ne con una actitud rebelde y dice:

“En realidad no hice nada malo, no fue tan malo, mis amigos también lo hacen”, entonces, ni siquiera ha em­pezado. Así que, por lo menos para mí, de alguna manera es saber por inspiración cómo ayudar cuando ven­ga el sentimiento de pesar. Cada uno lo hace a su manera y he visto a dife­rentes obispos hacerlo en forma dife­rente. Los jóvenes y los adultos responden de diferente manera.

¿Qué piensa usted? ¿Cómo se logra que ese deseo de ser perdonado sur­ja en el corazón de alguien?

Élder Ballard
Bien, tomemos por ejemplo la idea de que se ha elevado la norma. Hemos usado ese término para tratar de que nuestros hombres y mujeres jóvenes estén en verdad espiritual­mente preparados para ir al mundo como misioneros de tiempo comple­to y que vayan al templo en forma ho­norable. Una de las cosas que aprendí como presidente de misión es que en la primera entrevista con un misione­ro yo hacía varias preguntas y una de ellas era: “¿Ha leído el Libro de Mormón de tapa a tapa, lo ha medita­do, ha orado al respecto y sabe que es verdadero?”. En aquel entonces, cerca de la mitad de mis misioneros que lle­gaban a Toronto no habían hecho eso. Y bien, eso es un desafío.

Pero entonces la siguiente pregun­ta, pienso que se aplica a todos: “¿Quiere compartir conmigo lo que usted siente acerca del Salvador?

¿Qué significa Él para usted ahora? ¿Qué significa Su Expiación? Después sólo escuche, deje que le hablen a usted. Si la respuesta es muy superfi­cial, todavía no sé si han pagado el precio de ser purificados por la ben­dición de la Expiación.

Hay un precio que tiene que pagar­se, y pienso que una de las maneras en que un líder del sacerdocio puede determinar si un miembro de la Iglesia se está esforzando seriamente por pa­gar el precio o no es ver si éste puede testificar con sus propias palabras, con sentimiento y significado reales, y que ustedes puedan sentir y saber que es genuino y sincero. Pienso que cuando eso sucede, cuando se testifica de la misión, de la vida y del ministerio del Salvador y de Su sacrificio expiatorio, entonces el Espíritu les dirá a ustedes en dónde están ubicados y cuáles de­ben ser los pasos a seguir; ésa ha sido mi experiencia.

Élder Eyring
¿Puedo decir algo que el élder Ballard me dio a entender en su comentario? Se refirió a leer el Libro de Mormón y a hacer algunas cosas. Ustedes saben que lo que la gente hace es una de las formas en las que ustedes saben si ha tenido un cambio en el corazón. Si la persona joven, o sea quien fuere con quien estén trabajando, tiene la determinación de hacer todo lo que el Señor desea sin que ustedes tengan que decirles, si desea pagar diezmos, si desea hacer esas cosas, entonces, para mí eso es una señal de que en verdad la Expiación está surtiendo efecto en el corazón de ellos.

Ellos han cambiado lo que desean; ahora desean complacer al Señor, lo aman, han sentido el efecto de la Expiación en su vida y, por lo tanto, desean hacer las cosas que Él quiere que hagan. Entonces, no sólo son las reglas que sigan, sino que su corazón tenga la determinación de expresar: “Quiero hacer todo lo que el Señor quiere que yo haga”, entonces sabrán que en verdad la Expiación ha tenido efecto en la vida de la persona. Por lo menos esa ha sido mi experiencia.

El don de discernimiento

Élder Ballard
Permítanme compartir con uste­des una experiencia que tuve cuando fui obispo la primera vez, quizá en los primeros tres meses. Les dije a mis consejeros: “Sentémonos aquí donde podamos ver a la gente y no detrás del púlpito”. Mi primer consejero, que era lo suficientemente mayor pa­ra ser mi padre, dijo: “Bueno, la nor­ma en la estaca es que nos sentemos detrás del púlpito” a lo cual yo dije: “¿Está en el Manual de Instrucciones de la Iglesia o en algún otro sitio?”.

No estaba; así que hicimos el cambio.

El primer domingo, cuando pasa­ban la Santa Cena, mis ojos se despla­zaban por toda la congregación y antes de terminar la reunión sacra­mental tuve la fuerte impresión de que una de las hermanas necesitaba verme. Me retiré del estrado, bajé, le tomé la mano y le dije: “Tengo la impresión de que usted necesita ver­me”, y ella rompió en llanto y le dije: “¿Le gustaría verme ahora?”.

Fuimos a la oficina del obispo y allí descargó todo el peso de un proble­ma de hacía 25 años. Ahora era ma­dre de seis hijos, una hermosa familia, fiel y verídica y tuve la impre­sión de que yo tenía las llaves para levantar ese peso de ella y le dije: ‘Ahora eso ya se acabó. No tiene que preocuparse de eso nunca más”. Me alegro de que el Señor iluminó mi mente, pero nunca hubiera sucedido si no nos hubiéramos sentado donde podíamos ver a las personas; es inte­resante, una cosa tan pequeña.

Élder Eyring
Lo que el élder Ballard ha enseña­do da a entender algo muy interesan­te, y pienso que si yo fuera obispo e implorara por un don espiritual, sería el poder para discernir el corazón de la gente; ese relato que nos ha conta­do ilustra ese principio; algo de esotiene que ver con mirar a los ojos, tienen que mirarlos, pero es un don y ustedes lo tienen cuando son obis­pos, y el día en que son relevados se va, por lo menos en algún grado.

Un obispo tiene un don especial, si lo procura, para poder hacer exac­tamente lo que el élder Ballard nos contaba. Tan sólo miren a alguien o tan sólo piensen en alguien y obten­gan una impresión de sus necesida­des. Recuerden que el Salvador pudo leer el corazón y la mente de las per­sonas; ése es un don. Si yo fuera obis­po, creo que si pudiese tener tan sólo un don espiritual, yo querría ese.

Élder Ballard
Y pienso que como los obispos tienen llaves, tienen derecho a eso, para su gente. ¿Quién más puede hacer eso por su gente?

Cómo dar poder a los miembros del barrio

Obispo
Soy un obispo flamante de nueve días. Recuerdo que en mi primera reunión sacramental sentí ese poder de discernimiento con los miembros de mi barrio y sentí la necesidad de influir en su vida. ¿Cómo logro el equilibrio de influir en su vida y satis­facer las necesidades de mi familia al mismo tiempo?

Élder Ballard
Escuchamos eso dondequiera que vayamos: “¿Cómo lo hago todo?”.

Ustedes tienen muchos recursos y una de las cosas que encontramos al viajar por el mundo es que a veces descubrimos a obispos que piensan o que empiezan a sentir que tienen que hacerlo todo, que tienen que con­trolar todo. Algunas culturas son así, pero los obispos y presidentes de ra­ma sabios que hemos observado que en verdad están impulsando la obra, edificando sus unidades, que tienen más sacerdocio de Melquisedec y que logran que sus jóvenes vayan al templo y a la misión, etc., son aquellos que se dan cuenta de que tienen muchos recursos, que cuentan con la ayuda del sacerdocio de Melquisedec y que tienen a las organizaciones auxiliares.

Anteriormente he dicho que las mujeres de la Iglesia son el arma se­creta del Señor. Hablamos de nutrir y retener a los conversos y de ayudar a los menos activos y a los jóvenes de la Iglesia. Dejen que las hermanas se den cuenta de que ellas son una parte de la misión de la Iglesia. Eso se pue­de lograr en el consejo de barrio. Una vez que el obispo tenga la visión de que cuenta con muchos recursos, en­tonces, usted contará con más tiem­po, obispo, y no estará tan exhausto. Puede contar con esos 30 minutos o el tiempo que necesite para las Escrituras y no estará tan exhausto para extraer fortaleza de ellas.

Élder Eyring
¿Puedo sugerir una cosa que el élder Ballard también ha enseñado anteriormente y que he descubierto que es verdad? Si prestáramos más atención a las hermanas y a las perso­nas que se supone deben ayudarnos cuando somos obispos, sólo el hecho de que les prestemos atención les da­ría energía, los haría más dedicados y los edificaría.

Muy a menudo las hermanas dicen que van a las reuniones y parece que a nadie le importa lo que piensan.

Eso es una lástima porque no sólo hiere sus sentimientos, sino porque ustedes lograrían mucho más.

Dar poder a las personas que los rodean es uno de los grandes talentos de cualquier obispo; hacer que las personas sientan que usted confía en ellas, que usted sabe que ellas pueden obtener revelación. Eso los puede ayudar muchísimo. Muchos obispos se sienten solos porque tratan a las personas como si estuvieran solos en vez de escucharlas y animarlas.

Volvamos a la idea del élder Ballard. Una de las cosas que pueden hacer es que cuando se encuentren frente a una necesidad no den por sentado que son ustedes los que tienen que tratarla. Pueden orar en silencio: “¿Quién, en esta maravillosa congrega­ción puede servir conmigo para ayu­dar a tal persona?”. El presidente del quórum de élderes, la presidenta de la Sociedad de Socorro, hay muchas per­sonas y ustedes pueden expresar, creo que sin violar la confidencialidad por­que la persona todavía no ha dicho nada, que supieron por medio del Espíritu Santo, y decir: “¿Puede ir a ver a la hermana fulana de tal?” o “¿Puede ir a ver a tal persona? Creo que hay una oportunidad”.

Y, dicho sea de paso, así se logra­rán tres cosas. Primero, se les quitará a ustedes un peso de encima; segun­do, la persona sentirá que hay revela­ción en el barrio; y, tres, habrán edificado a la persona que enviaron.

A propósito, eso también es humil­dad, porque podría haber alguien que sea mejor que ustedes para ayu­dar a aquella persona en particular. Pero creo que siempre es bueno pen­sar: “Padre Celestial, ¿hay alguien más que, por lo menos, pueda empezar a acercarse a dicha persona?”. Así no se sentirán tan abrumados y es probable que logren mucho para los miembros del barrio.

La esposa de un obispo

Élder Ballard
Buen consejo. Obispo: ¡nueve días! Bienvenido a la asignación más grande de toda la Iglesia. Yo tuve el privilegio de servir como obispo dos veces y es una maravillosa mayordomía.

Su esposa no sabrá las cosas que son confidenciales, pero ella debe ser una de sus más grandes anclas.

Acerca de este asunto sobre la preocupación por la familia, pienso, obispos y presidentes de rama, que en forma constante deben tomar a su esposa en sus brazos, mirarla a los ojos y decirle: “Cariño, ¿cómo nos está yendo? ¿Hay algo que tenga que hacer que no esté haciendo?”.

Ustedes pueden adoptar ese hábi­to, de hecho, pueden entrar en un ciclo tan ocupado que no piensen en su maravillosa esposa, quien les va a ayudar a pastorear a sus hijos y que también les enseñará a cómo lograr todo y no descuidarlos.

Yo aprendí eso de manera dificul­tosa. Cuando fui presidente de mi­sión, ustedes saben, cuando uno tiene a 100 o 200 misioneros y todos los distritos, trabajaba tan rápida­mente como podía y un día llegué a casa, abrí mi agenda y Bárbara, mi esposa había escrito los nombres de toda la familia en la agenda y le dije: “Cariño, ¿qué es esto?”, y ella me dijo: “Tenías a todo el mundo en la agenda; ahora nos tienes a nosotros también”. Entonces, nos juntamos como lo planeado, hicimos cosas juntos pero sólo porque ella fue lo suficientemente sabia para ver que yo tenía que hacer eso.

Entonces, obispos, valoren la rela­ción que tienen con su esposa. En algunos aspectos, ella será una conse­jera, no en lo que se refiere a lo espi­ritual o a los asuntos que sólo ustedes pueden administrar con los miembros de su barrio, sino que será una consejera porque les ayudará a establecer prioridades con su tiempo; además, velará por su salud; por eso, si ella les ha advertido un tanto, escú­chenla. Ustedes han sido bendecidos por tener una compañera; permitan que ella bendiga la vida de ustedes al escuchar el consejo que les da.

Élder Eyring
Sin embargo, tengo que hacerles una advertencia. Muchas esposas no harán lo que hizo la hermana Ballard; ellas tan sólo aceptarán las cosas co­mo son; algunos de ustedes se han casado con hermanas que son literal­mente dedicadas al reino y los aprecian tanto que los dejarán seguir adelante guardando silencio.

Lo sé porque 20 años después de ser obispo, para sorpresa mía, porque mi esposa siempre me había dado a entender lo maravillosa que era la vi­da cuando yo era obispo, me dijo que ése había sido el tiempo más difícil de su vida. Teníamos hijos pequeños y yo pensaba que le daba atención, pero ella nunca dijo una palabra.

Entonces, deben ser cuidadosos. Muchas veces no tendrán la bendi­ción de tener a alguien como la her­mana Ballard que los detenga; y a veces ustedes tendrán que hacer algo más de lo que estén haciendo, espe­cialmente cuando tenemos obispos jóvenes y algunos de ellos con niños pequeños, y la esposa puede sentir que la ausencia de ustedes del hogar es una carga para ella, más de lo que alguna vez ellas se lo digan. Deben ser sumamente sensibles con las ne­cesidades de su esposa en forma par­ticular, y con las de sus hijos.

Élder Ballard
Eso es absolutamente correcto, pero si en forma constante la abrazan y le preguntan…

Élder Eyring
Tienen que preguntar; yo no lo hice.

Élder Ballard
¿Lo ve?, estuvo muy ocupado. El ciclo de ocupaciones pasaba demasia­do rápido.

Élder Eyring
Bueno, no pregunté lo suficiente. Debí haber preguntado un poco más: “¿Cómo te va con los niños?”.

Élder Ballard
Seguro, y pienso que eso será algo que les ayudará, obispos; y el Señor los bendecirá.

Permítanme decirles otra cosa que pienso que descubrirán cuando sean relevados. No recordarán todos los asuntos administrativos que tuvieron que presidir, pero el recuerdo de las vidas en las que ustedes pudieron influir perdurará con ustedes para siempre.

Aquel jovencito o aquella jovencita, al padre o a la madre a quienes ayuda­ron a pasar una crisis, cuando sean relevados y mientras permanezcamos relevados, todavía los veremos, ven­drán a nosotros y nos abrazarán y agradecerán algo que sucedió hace 30 años; ustedes los recordarán, pero no necesariamente recordarán quién fue la presidenta de la Sociedad de Socorro. Pero ustedes nunca olvida­rán las vidas en las que ejercieron su influencia.

Cómo animar a los miembros del barrio

Obispo
El élder Eyring mencionó tener un cambio en el corazón. Si me permiten leer una Escritura en Alma capítulo 5, versículo 14 y versículo 26, la cual nos llevará a una pregunta:
“Y ahora os pregunto, hermanos míos de la iglesia: ¿Habéis nacido espiritualmente de Dios? ¿Habéis recibido su imagen en vuestros rostros? ¿Habéis experimentado este gran cambio en vuestros corazones?”.

El versículo 26: “Y ahora os digo, hermanos míos, si habéis experimen­tado un cambio en el corazón, y si habéis sentido el deseo de cantar la canción del amor que redime, quisiera preguntaros: ¿Podéis sentir esto ahora?”.

Como miembros de la Iglesia esta­mos muy ocupados e involucrados en muchos aspectos de nuestra vida. ¿Nos podrían ayudar con algunas ideas para ayudar a los miembros a perma­necer motivados para realizar las responsabilidades rutinarias que te­nemos tales como participar en el coro del barrio, o ayudar con las asig­naciones de bienestar, o ser volunta­rios para ayudar a limpiar el edificio, cosas así, la orientación familiar, y las maestras visitantes?

Élder Eyring
No sé todas las respuestas, porque esa es una de las grandes preguntas de todo el reino, para nosotros y tam­bién para los que sirven como obis­pos. Mi poca experiencia ha sido que, en las cosas pequeñas, el sabio obis­po encuentra la forma de que los miembros del barrio sientan que aun el arreglar las sillas, o cualquier cosa que se considere pequeña, represen­ta una experiencia espiritual,

No se trata mucho de lo que se les predica, sino de agradecerles de tal manera que sientan que el Señor les está agradeciendo, y que ellos sientan que lo han hecho por el Señor. Por lo general, creo que tenemos la tenden­cia a ser negligentes cuando sentimos que estamos haciendo las cosas ruti­narias para el obispo o para el barrio, o no lo sé, sólo porque se supone que hacemos cosas rutinarias.

Pero hay formas en las que un gran obispo puede brindar ese sentimiento de que uno está prestando servicio al Señor. Me acuerdo de un obispo que tuve cuando era joven, que me man­tuvo haciendo las cosas rutinarias, aunque aún no me explico cómo lo hizo. Quizá no fue lo que dijo, sino sólo la forma en que me trató; yo te­nía el sentimiento de que no lo hacía por él, sino por el Señor; esa era la diferencia.

Pienso que podemos mejorar para ayudar a las personas a sentir que el Señor aprecia incluso estas asignaciones pequeñas. Entonces, es más probable que retengan ese sentimiento de perdón y de amor por el Salvador, lo cual es la señal de un corazón cambiado.

Cómo enseñar a la gente

Élder Ballard
Excelente. Obispo, de igual modo no tenga miedo de enseñar a su gente. A veces nos enteramos de que los obispos y presidentes de rama sienten que ellos tienen que discursar sólo en la conferencia de barrio o de rama, una vez al año. Pienso que eso es un error. Pienso que si tienen un senti­miento y es algo persistente o una pre­ocupación, deben orar al respecto y se deben sentir totalmente cómodos para discursar en una reunión sacramental y enseñar un principio que ayude a man­tener viva la llama.

Por lo general, la cosa más podero­sa que motiva a la gente es la doctri­na y el enfocarse en el Señor, en la Expiación, el concentrarse en la salva­ción de las almas y en la edificación y el fortalecimiento de Sión, en la edifi­cación del reino. Ustedes pueden im­partir esta visión, y lo deben hacer de diferentes modos más de una vez al año, pienso.

El obispo tiene llaves y tiene poder y capacidad, y algunos han dicho que usted es el padre del barrio, en el sentido de que es el sumo sacerdote presidente. En esa función, nunca du­den en enseñar a la gente, pero no abusen. Ustedes no tienen que ser los discursantes cada domingo por­que tienen que lidiar con muchos problemas, pero hallen o creen esos momentos cuando puedan enseñar de la forma en que sólo ustedes pue­den hacerlo.

Habrá ocasiones en que tengan la impresión de querer enseñar en la Sociedad de Socorro o tendrán el de­seo de ir a enseñar a los sumos sacer­dotes. Deben sentirse cómodos al hacerlo, porque tienen las llaves y, en el proceso, pienso que ayudan a mantener viva la llama del testimonio y ayudarán a la gente a entender por qué hacemos esas cosas.

Las hacemos porque tratamos de salvar almas, no lo hacemos sólo por­que es una asignación. Tratamos de traer almas a Cristo y prepararlas para la Segunda Venida, para que pasen por entre los ángeles a la presencia del Padre y del Hijo cuando todo ha­ya terminado. Al final de cuentas, ése es todo el propósito de un barrio y de una rama. ¿Eso les ayuda en algo?

Élder Eyring
Cuando piensen sobre qué cosa predicar, no todo el tiempo, sino de vez en cuando, hablen del profeta José. Eso logra varias cosas: Primero, edifica otra vez sus testimonios de que era un profeta de Dios, pero también es el gran ejemplo de al­guien que no se cansó, sino que si­guió adelante; él conocía al Señor, trabajaba para el Señor, servía al Señor, se mantenía cerca del Señor.

Otra vez, usaría eso como un ejemplo, de vez en cuando, puesto que ayuda a la gente. Ésta no sólo es una iglesia, es La Iglesia de Jesucristo, que restaura ese testimonio o permi­te que se fortalezca el testimonio; eso será realmente útil.

Cómo inspirar a los hombres jóvenes a prestar servicio

Obispo
En mi barrio hay un joven que es digno en todo aspecto de ir a una mi­sión pero que no tiene la chispa o el deseo de hacerlo. Me pregunto qué sienten ustedes al respecto. ¿Cómo lo podemos inspirar?

Élder Ballard
Bueno, tenemos que infundir en cada joven el deseo de servir al Señor, pienso que eso es parte de ser poseedor del sacerdocio. Ahora bien, habrá aquellos que no podrán servir; lo sabemos, pero usted se refiere a aquellos que no desean servir. Tal vez un ex misionero podría ayudar; o tal vez si salieran con los misioneros de tiempo completo y enseñaran con ellos y se sentaran en la sala, y sintie­ran el Espíritu y vivieran en carne propia lo que los misioneros hacen y la gran bendición que ellos son para el mundo.

Usted tiene que correr la cortina para ellos, obispo, y abrirla lo sufi­ciente para que vean que, aunque tengan temor, podrán recibir el po­der para realizar una obra poderosa. En verdad, pienso que tenemos que empezar cuando son diáconos, maes­tros y presbíteros.

No sé cómo alguien puede en ver­dad amar al Señor Jesucristo, amarlo con sinceridad y no querer servirle en lo que seamos llamados a hacer.

Cuando era obispo, había un joven que me dijo que se iba a casar y que no iba a servir en una misión. Tuve la impresión de conversar con él y le dije: “Doug, el Señor te va a llamar a una misión” y después escuché su discurso de por qué se iba a casar en vez de ir a la misión, y le dije:

“No entendiste lo que te dije. Vé a casa en este momento y ora al res­pecto y habla con tu novia. Tienes que hablar con el Señor ahora por­que siento que tu nombre debe ser presentado como candidato para ser­vir en una misión. Yo estoy fuera del asunto, esto es entre tú y el Señor”.

Una semana más tarde, regresó y, asintiendo con la cabeza, dijo: “Usted sabe lo que tengo que hacer” y de verdad estaba algo molesto conmigo, pero fue a la misión y llegó a ser el asistente del presidente de misión y, hasta la fecha, ha servido como presi­dente de misión y si viniera a esta sala, él les diría: “Uno de los momen­tos más importantes fue cuando tuve que hablar con el Señor”. Si ustedes pudieran lograr eso, será de ayuda.

Élder Eyring
El comentario del élder Ballard me ha sugerido otra cosa también, algo que es difícil que una persona joven sienta, pero el gran misionero quiere devolver lo que ha recibido. Si pudieran tocar el corazón de una persona joven de manera que sienta lo que el Evangelio ha significado para él o ella, entonces lo que le deben al Señor es ir y tratar de compartirlo a su vez con otra persona. Eso no sólo los convertirá en un misionero, sino en un gran misionero. Los grandes misioneros están allí porque quieren dar algo que es tan preciado para ellos y algo por lo que se sienten muy agradecidos.

Podrían intentar eso; no va a fun­cionar con todos, pero la maravillosa motivación es ir y brindar a otra per­sona lo que es de valor para uno.

Élder Ballard
Obispo, ¿tiene una pregunta para hacer?

Cómo ganarse la confianza

Consejero de obispo
En realidad, soy consejero del obispado. ¿Cómo podemos transmitir a los miembros del consejo de barrio que deben seguir nuestro consejo?

Élder Ballard
Muy buena pregunta. ¿Élder Eyring? Usted fue consejero de obispo.

Élder Eyring
Muchas, muchas veces. Es verdad que en muchos lugares de la Iglesia es un desafío porque tenemos a un hombre normal o a un conjunto de hombres comunes que están en el obispado o en la presidencia de la rama, que conocemos de largo tiempo y ahora, de pronto, se los tiene que tratar como si fueran los siervos de Dios que les hablan como si fuese el Señor, como si Él mismo estuviese tra­tando el asunto con ustedes. ¿Cómo se logra ese tipo de sentimiento?

Creo que no hay sólo una técnica. Tienen que saber ustedes mismos quiénes son como obispos y conseje­ros de obispos, de que en verdad han sido llamados por Dios. Y si tienen esa convicción, entonces eso se trans­mitirá, creo que por la forma en que traten a la gente. Eso es verdad para el élder Ballard y para mí ahora mis­mo. Fíjense, yo soy un apóstol; él es un apóstol de Señor Jesucristo.

¿Qué hacen para que la gente sienta que uno es un apóstol del Señor Jesucristo? No conozco otra manera, sino el estar seguro de que sabemos que lo somos, y luego proceder de una manera que se transmita que us­tedes vienen como siervos del Señor; y el Espíritu Santo lo hace por uste­des. No creo que lo logren ustedes mismos.

El Espíritu Santo tiene que venir a ellos y ellos dirán: “Éste es el siervo de Dios, lo seguiré”. Es probable que ustedes lo sientan primero actuando con esa convicción, y luego el Espíritu Santo obrará con ellos. No creo que funcione si ustedes se comportan co­mo el jefe, o el patrón. No hay mane­ra si se comportan como ‘el jefe’. De hecho, cuanto más se comporten co­mo el jefe, si actuaran como si fuesen algo grande, más estorbarán. En reali­dad, eso podría hacer que el seguirles fuera más difícil para ellos.

Pienso que si ellos los ven como un humilde seguidor del Señor Jesucristo y luego logran un testimo­nio de lo que ustedes son, entonces los seguirán.

Élder Ballard
Permítanme agregar este pensa­miento a la excelente instrucción brin­dada por el élder Eyring. Si se pueden sentar en un consejo, en un consejo de verdad, en el que si eso fuera un problema hablaran al respecto.

Intenten hacer en su obispado y en el consejo de barrio lo que hemos tra­tado de hacer con ustedes: “Hablemos de cómo movemos esta obra, de nuestras funciones. Compartan con nosotros, hermanas; compartan con nosotros, hermanos del sacerdocio de Melquisedec; abran sus corazones, háblennos. Todo lo que deseamos hacer es bendecir la vida de los hijos de nuestro Padre y podemos hacerlo jun­tos; entonces, hablemos al respecto”.

Esa es una reunión muy diferente que el tan sólo ponerse de pie y dar asignaciones y hacer el calendario. Así que traten de extraer lo mejor de las funciones de cada uno y lo que pue­den hacer para ayudar. Pienso que eso marcará una gran diferencia, junto con lo expresado por el élder Eyring.

Élder Eyring
Me he dado cuenta de que me es fácil seguir al élder Ballard, me es fácil seguir al presidente Packer, me es fácil seguir al presidente Hinckley porque observo y escucho y veo al Espíritu Santo dándoles revelación.

Y sé que nunca estoy en una reunión de la que no salga con más deseos de seguirles, no por el modo en que se comportan, sino porque veo cómo Dios trata con ellos.

Otra vez, es difícil decir: “Bien, la manera de lograr que la gente los siga es obtener revelación”. Pero, de he­cho será lo que impulse a la gente a seguir su liderazgo, que ellos vean que ustedes son inspirados. Lo he sentido en esta reunión de hoy con el élder Ballard. Me es fácil seguirlo por­que puedo ver que recibe revelación.

Élder Ballard
Bien, hermanos, rogamos que nuestro Padre Celestial los bendiga. Ustedes sirven en una de las asigna­ciones más valiosas de la Iglesia. No conozco ninguna otra asignación de la Iglesia en la que un líder esté tan cerca de la gente que el obispo o el presidente de rama. Ustedes tienen las llaves que han recibido de aquellos que tienen la autoridad para dárselas.

Rogamos que nuestro Padre Celestial los bendiga, los ilumine, los inspire, los eleve y así logren la mara­villosa obra que es de ustedes. En realidad, se trata de elevar, inspirar y bendecir a la persona, yendo una por una, niño por niño, madre, padre, adolescente. Ayúdenles a avanzar en este progreso hacia la dignidad para disfrutar de las bendiciones del tem­plo y permanecer dignos de ellas du­rante toda la vida.

Invocamos una bendición sobre ustedes. El élder Eyring y yo desea­mos que sepan que los amamos y rogamos que nuestro Padre Celestial siempre les acompañe, y lo hacemos en el nombre de Jesucristo. Amén.

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