El Fundamento de toda Justicia

El Fundamento de toda Justicia

Joseph Fielding Smith

(Discurso pronunciado por radio el domingo, octubre 15, 1944 por la estación KSL de Salt Lake City, Utah).


El Profeta José Smith dijo que la fe es: “El primer principio de la religión que fué revelado, y es el cimiento de toda justicia”, el autor de la epístola de los Hebreos ha dicho:

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Porque por ella alcanzaron aprobación los antiguos.
Por la fe entendemos que los mundos fueron formados por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue de lo que no se veía“. (Hebreos. 11:1-3).

Hablando acerca de esto el Profeta José Smith dijo:

“Por esto aprendemos que la fe es la seguridad que los hombres tienen de la existencia de las cosas que no han visto, y el principio de acción de todos los seres inteligentes.

“Si los hombres fueran debidamente a considerarse a sí mismos, y tornaran sus pensamientos y reflexiones a la operación de sus propias mentes, pronto descubrirían que es la fe, y solamente la fe, la causa que mueve toda acción en ellos; y sin ella ambos mente y cuerpo estarían en un estado de inactividad y todos sus esfuerzos físicos y mentales cesarían.

¿Qué principio excito la acción?

“Si esta clase se regresara y reflexionara sobre la historia de sus vidas, desde la época de su primera recordación y se preguntasen a sí mismos ¿qué principio los excitó a la acción, o quien les dio a ellos energía y actividad en todas sus vocaciones legales, llamamientos, y continuación, cuál sería la respuesta? ¿Acaso no sería la seguridad que ellos tuvieron de las cosas existentes que no habían visto aún? ¿Acaso no era la esperanza que ellos tenían, en consecuencia a su creencia de las cosas existentes que no se ven, que les estimuló a la acción y al esfuerzo para poder obtener aquellos anhelos? ¿Acaso no depende usted de su propia fe o creencia, para la adquisición de todo conocimiento, sabiduría e inteligencia? ¿Acaso se esforzaría a sí mismo para obtener sabiduría e inteligencia si no creyera que los iba a lograr? ¿Acaso hubiera sembrado si no hubiera creído que iba a segar? ¿Acaso hubiera plantado si no hubiera creído que iba a cosechar? ¿Acaso hubiera pedido, a menos que hubiera creído que iba a recibir? ¿Acaso hubiera buscado si no hubiera creído que iba a encontrar? o, ¿acaso hubiera llamado en cualquier tiempo, si no hubiera creído que se os abriría? En una palabra, ¿acaso hay alguna cosa que usted hubiera hecho, ya fuera física o mentalmente, si no hubiera creído de antemano? ¿Acaso no están todos nuestros esfuerzos, no importa cuál fuese, dependientes de la fe? o, nos podemos preguntar, ¿qué tenemos, o qué poseemos que no haya sido obtenido por medio de la fe? Nuestro alimento, nuestros vestidos, nuestros hogares, ¿acaso no los hemos obtenido por medio de la fe? Reflexionemos, y preguntémonos si estas cosas no son así. Tornemos nuestros pensamientos a nuestras propias mentes y veamos que la fe es la causa de toda la acción en nosotros; y, si la causa que nos mueve está en nosotros, ¿acaso no está en todo ser inteligente?

“Así como la fe es la causa que mueve en toda acción de negocios temporales, así también es en las cosas espirituales; porque el Salvador ha dicho que en verdad, ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo’ “.

La fe que mueve

Así es que podemos ver por nuestras propias reflexiones que es el principio de la fe el que nos mueve a uno y a todos a la acción. Muchas maravillas se han ejecutado en estos días modernos por medio del ejercicio de la fe cuando va propiamente acompañada con obras. Es verdad ha llegado el tiempo que fué prometido por Joel. El Señor ha derramado su espíritu sobre toda carne. Los grandes descubrimientos de la física, química, medicina, cirugía, mecánica, por medio de la inspiración que se le ha dado al hombre en todas partes del mundo, nos han traído a un mundo de maravillas. Es verdaderamente cierto que ninguna de estas grandes cosas se hubiera ejecutado si el espíritu de la fe no hubiese descansado sobre estos científicos, inventores y descubridores que fueron inspirados por el Todopoderoso; si no, todavía estuviéramos viviendo sin estas cosas modernas como lo hicieron nuestros padres. Muchas horas de trabajo arduo y largas horas de sufrimientos fueron súmelas por estos buscadores para traernos estas condiciones mejores, pero el mundo nunca llegará a saber lo que ellos sufrieron. Nosotros les damos honor a los nombres de Pasteur, Lister, Janner, Morton, los Curie, y a Roentgen; también a muchos otros que no podemos enumerar y mucho menos mencionar, quienes por medio de su fe y trabajos alivianaron los sufrimientos e hicieron ligeras las cargas de sus semejantes. De la misma manera le damos honor a Edison, a Whitney, a Watt, a Morse, a Marconi y a todos los que hicieron la vida más agradable por sus descubrimientos e invenciones. ¿Acaso no estamos todos agradecidos por el desarrollo de la transfusión de sangre y los beneficios que vienen del plasma de la sangre que hoy día está salvando las vidas de centenares de hombres que andan peleando para mantener las libertades de un pueblo libre?

Instrumentos diabólicos desarrollados

Desafortunadamente los hombres muchas veces ponen su fe en el desarrollo de instrumentos diabólicos, cambiando los descubrimientos más beneficiosos para propósitos satánicos. Satanás ha inspirado a hombres para que hagan su mandato. No hay un solo descubrimiento venido a la humanidad que no haya tenido cambiada su vía legítima y su propósito beneficioso para efectuar algún diseño egoísta y diabólico. Uno de los más diabólicos de éstos es el uso de descubrimientos científicos para manufacturar bombas, las cuales matan mucha gente inocente en las ciudades, siendo su único fin el destruirlos y de dominarles. Todo esto viene por medio de la fe que ha sido mal colocada e inspirada por la vía diabólica. Es verdad que la fe puede ser, y con frecuencia es, usada para traernos lo malo; y por medio de su mala aplicación ambos conocimientos y poder se han logrado temporalmente. Todos los diseños traídos a la existencia por medio del mal uso del poder y por la mala aplicación del conocimiento, y ejercicio falso de la fe, deben tener y tendrán su fin rápidamente. Solamente la fe que está fundada en justicia permanecerá.

Andamos por fe

Nosotros andamos por fe y por lo tanto nuestra fe debe ser inspirada y basada sobre principios de justicia. En otras palabras, debe de venir del manantial de luz y verdad. Santiago verdaderamente ha dicho, “Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, y desciende del Padre de las luces, en quien no hay cambio ni sombra de variación“. (Santiago 1:17). Nuestra fe, entonces, debe descansar en Dios como un manantial de toda luz, sabiduría y poder, siendo El la plenitud donde mora toda perfección. Debemos tener fe en su hijo Jesucristo, como el Redentor del Mundo, y esto viene únicamente por medio de nuestra obediencia y humilde sumisión a “…de toda palabra que sale de la boca de Dios“. (Mateo 4:4).

La fe es el principio del evangelio de sabiduría

Mi colaborador, el Élder Juan A. Widtsoe, ha dicho: “La fe es el principio del Evangelio de Sabiduría; el fundamento de la ejecución de la humanidad, el elemento vital del progreso. Es mejor tener fe en Dios que el tener pan. Los dones de la fe son dos: conocimiento y poder. Cada uno de éstos es un escudo para uno y otro. Donde se halla uno, allí también se halla el otro. Estos dones estuvieron en la mente del Apóstol San Pablo cuando definió la fe tal como, ‘La sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven’. La fe es conocimiento que sobresale en todos los límites ordinarios. El espacio que vemos con los ojos físicos está escasamente limitado, tan solamente alcanza a ver parte del mundo material; pero la visión de la fe nos da a conocer el misterio del mundo invisible y sus límites para siempre se extienden. Tal conocimiento elevado está edificado sobre las experiencias humanas. Es suma de todo lo que la existencia nos ha enseñado. La comunión con Dios, en oración, el ofrecimiento de los resultados de la vida se transmiten en fe. Por lo tanto, la fe es todo el conocimiento del hombre más la interpretación divina. El conocimiento humano es como la Crisálida, con la oruga adentro; la fe es como la mariposa, con su prisión muerta atrás. Tal conocimiento no conoce duda ninguna, porque no es necesario andamio donde la verdad está enteramente revelada”.

El evangelio revelado

El evangelio revelado nos enseña que nosotros somos hijos de Dios, hijos e hijas. Nosotros moramos con Él en el mundo preexistente de los espíritus, antes de venir a este mundo para tomar tabernáculos de carne y hueso. Todos hemos visto a nuestro Padre Eterno, porque en la vida anterior anduvimos en su presencia, pero para que el hombre pudiera llenar los medios de su creación fué necesario que él tuviese una probación en la vida mortal, donde se le requeriría que anduviera por fe y no por vista.

Para que se llevase a cabo este gran plan todo nuestro conocimiento anterior nos fue quitado y vinimos a este mundo como niños, imposibilitados, para empezar de nuevo a aprender, línea tras línea, precepto sobre precepto, poquito aquí y poquito allí. Le fué revelado a José Smith que en el concilio que se celebró en el cielo en el cual el Plan de salvación para este mundo mortal fué considerado, Jesús dijo:

Y estaba entre ellos uno que era semejante a Dios, y dijo a los que se hallaban con él: Descenderemos, pues hay espacio allá, y tomaremos de estos materiales y haremos una tierra sobre la cual estos puedan morar;
y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare;
y a los que guarden su primer estado les será añadido; y aquellos que no guarden su primer estado no tendrán gloria en el mismo reino con los que guarden su primer estado; y a quienes guarden su segundo estado, les será aumentada gloria sobre su cabeza para siempre jamás” (P. de Gran P. Abraham 3: 24-26).

Por lo tanto, cuando el mundo fue preparado, los espíritus de los hombres fueron enviados a este mundo y aquí fueron investidos con cuerpos de carne y hueso; pero fueron desterrados de la presencia del Todopoderoso. Sin embargo, no fueron abandonados ni dejados para andar en obscuridad espiritual, porque el Señor les reveló por medio de ángeles y por su propia voz, los mandamientos diciéndoles que los guardaran porque es el medio por el cual pueden regresar a su presencia. Es aquí en esta vida donde el gran principio de la fe se debe ejercer por todos y es por medio de ella que nosotros todos seremos puesto a prueba y así hacernos dignos, por medio de nuestro libre albedrío y del ejercicio de la fe, para recibir las recompensas que el Señor tiene reservadas para todos aquellos que le sirven.

La voluntad del padre eterno

La voluntad de nuestro Padre Eterno se nos ha dado a conocer. Nos ha sido proclamado por su Unigénito Hijo, Jesucristo, y por sus siervos los Profetas desde la fundación del mundo. Ningún hombre debe estar ignorante de este plan de salvación, el cual nos llevará a la presencia de Dios para ser coronados con inmortalidad y vida eterna. Todo principio necesario para efectuar ese propósito ha sido revelado y el Señor justamente ha dicho:

“El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina si viene, de Dios, o si yo hablo de mí mismo”.

Y otra vez:

“Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos: Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará”. (San Juan 7:17 y San Juan 8:31-32).

Una de las doctrinas más perniciosas que jamás se haya sostenido pollos hombres, es la doctrina de “La justificación por la fe solamente”, la cual ha entrado en los corazones de centenares desde los días de la así llamada “Reforma”. En cierta ocasión un ministro de escuela de tal doctrina nos dijo a mi compañero y a mí, Élder W. Walker, “Si todas las Biblias estuvieran perdidas excepto el versículo noveno del capítulo décimo del libro de los Romanos, bastaría para salvar el mundo. Este pasaje dice:

Si confiesas con tu boca al Señor Jesús, y crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo“. (Romanos 10:9).

Pasajes separados de su contexto

Este hombre hizo lo que centenares de personas han hecho, separó un pasaje de su contenido, lo apartó y puso su fe en él, rehusando la necesidad de todo lo demás que es enseñado para la salvación del hombre. También, él menospreció el hecho de que estas palabras fueron escritas para aquellos quienes ya eran miembros de la Iglesia por sus obras. Cuando le pedí que me explicara el significado de las palabras del Señor, para que estuvieran de acuerdo, no pudo hacerlo. Esas palabras son como siguen:

Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.
Así que, por sus frutos los conoceréis.
No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios y en tu nombre hicimos muchos milagros?
Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.
A cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las hace, le compararé a un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca.
Y descendió la lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos y azotaron aquella casa; pero no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.
Y a cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena.
Y descendió la lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina“. (Mateo 7:19-27).

Es una idea falsa de aquellos que reclaman que Pablo enseñó que el hombre se salvará simplemente por la confesión de los labios, o por tan sólo declarar que Jesucristo es el Hijo de Dios. Pablo enseñó que ningún hombre puede salvarse a menos que su fe vaya acompañada con obras. Todavía más enérgicas son las palabras de Pablo a los Santos de Roma:

Mas por tu dureza, y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios,
quien pagará a cada uno conforme a sus obras:”. (Romanos 2:5-6).

Cuando Santiago les enseñó a los Santos, “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos“, (Santiago 1:22) porque, “…como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin obras es muerta“, (Santiago 2:26) él estaba en perfecta armonía con Pablo y también con el Maestro, Jesucristo. Cuando el hombre llevó a su hijo afligido y les pidió a los discípulos que lo sanaran, ellos fracasaron. Cuando Jesús apareció, el hombre le dijo:

Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático y padece terriblemente; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas otras en el agua.
Y lo he traído a tus discípulos, pero no lo han podido sanar.
Y respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá.
Y Jesús reprendió al demonio, y este salió del muchacho, y quedó sano desde aquella hora.
Entonces, los discípulos se acercaron a Jesús aparte y dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?
Y Jesús les dijo: Por vuestra incredulidad; porque de cierto os digo que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.
Pero este género no sale sino con oración y ayuno“. (Mateo 17:15-21).

En otras palabras, para ejercer tal fe, se necesitan obras. Verdaderamente la fe sin obras es y siempre será muerta.

Hoy día el mundo carece de fe en Dios. El Señor predijo qué tal sería el caso. Mientras andaba en su ministerio les hizo la siguiente pregunta a sus discípulos: “¿Cuándo el Hijo del hombre viniere, hallará fe en la tierra?” Él contestó su misma pregunta declarando que como en los días de Noé, así será en la venida del Hijo del hombre.

La burla, el orden del día

Escepticismo, incredulidad y la ridiculización de los milagros de las escrituras parecen ser el orden del día. Hombres doctos han visto claramente los milagrosos hechos de las Escrituras y han tratado de deshacerse de ellos. Ellos han tratado de ridiculizar las sagradas palabras de nuestro Señor cuando él dice:

…Tened fe en Dios.
Porque de cierto os digo que cualquiera que diga a este monte: Quítate y échate al mar, y no dude en su corazón, sino que crea que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.
Por tanto, os digo que todo lo que pidáis en oración, creed que lo recibiréis, y os vendrá“. (Mar. 11:22-24).

Fe verdadera acompañada con el espíritu de humildad llevará al hombre a un conocimiento de la verdad. No hay razón ninguna por la cual los hombres no puedan conocer la verdad, la cual hace a los hombres libres. No hay razón alguna por qué los hombres no pueden descubrir la luz de la verdad para que sepan si el Señor ha hablado en estos últimos días o no. Pablo declara que los hombres deben “…buscasen a Dios, si en alguna manera, palpando, le hallasen; aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros“. (Hechos 17:27). Aun en medio de la obscuridad espiritual y en la carencia de la fe, que cubren el mundo, el brazo del Señor no se ha acortado. El Señor escucha las súplicas de los honestos que buscan la verdad; y nadie tiene necesidad de andar sin el conocimiento de la verdad divina y de cómo encontrar la Iglesia de Jesucristo. Todo lo que una persona necesita es una fe humilde y un espíritu contrito con una determinación de andar en la luz, y el Señor se lo revelará.

Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe y que es galardonador de los que le buscan“. (Hebreos 11:6).

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