Permanecer sobre la roca de la revelación

Permanecer sobre la roca de la revelación

Por el élder Lawrence E. Corbridge
Miembro emérito de los Setenta
Liahona, Octubre 2020

Tomado del discurso “Permanecer para siempre”, pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young, el 22 de enero de 2019.

Si estamos fundados sobre la roca de la revelación, podremos hallar respuestas a las preguntas más importantes.


Como parte de una asignación que tuve como Autoridad General hace algunos años, leí gran cantidad de material antagonista hacia La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el profeta José Smith, el Libro de Mormón y los acontecimientos de la Restauración. Desde que tuve esa asignación, ya no he vuelto a encontrarme en esa incómoda situación.

La lectura de ese material siempre me dejó con una sensación de penumbra y un día, esa sensación de oscuridad me inspiró a escribir una respuesta parcial a dichas aseveraciones hostiles. Quisiera compartir algunas de las ideas que escribí ese día y, si bien eran para mi beneficio propio, espero que a ustedes también les sirvan.

¿Permaneceremos para siempre?

El profeta Daniel dijo que en los últimos días “el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido ni será dejado el reino a otro pueblo; despedazará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (Daniel 2:44).

El Reino de Dios es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y “permanecerá para siempre”. La pregunta es: ¿Permaneceremos ustedes y yo o “también quer[remos] ir[nos]?” (Juan 6:67). Y si nos vamos, ¿hacia dónde iremos?

El engaño es una señal de nuestros tiempos

Cuando el Señor describió las señales de Su venida y del fin del mundo, mencionó muchas cosas, entre ellas guerras y rumores de guerras, nación levantándose contra nación, hambre, pestilencias, terremotos y muchas otras señales como esta: “… porque en aquellos días [ahora] también se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, a tal grado que engañarán, si fuere posible, aun a los mismos escogidos, que son los escogidos conforme al convenio” (José Smith—Mateo 1:22; véase también Mateo 24:24).

No sé con certeza todo lo que implica la afirmación “engañarán, si fuere posible, aun a los mismos escogidos”, pero creo que al menos significa que todos afrontaremos ese reto en nuestros días.

Hay muchos que engañan y el espectro del engaño es amplio. En un extremo están los que atacan la Restauración, al profeta José Smith y el Libro de Mormón. Después vemos a quienes creen en la Restauración, pero aseguran que la Iglesia es deficiente y se ha descarriado. Otros afirman creer en la Restauración pero se desilusionan con la doctrina que entra en conflicto con las actitudes cambiantes de nuestros días. Algunas personas sin autoridad aseguran tener visiones, sueños y visitas que tienen como fin enderezar el barco, guiarnos hacia un sendero más elevado o preparar a la Iglesia para el fin del mundo. Otras son engañadas por espíritus falsos.

En el otro extremo del espectro encontramos todo un universo de distracciones. Nunca ha habido más información, información errónea y desinformación; más productos, aparatos y juegos; y más opciones, lugares a dónde ir y cosas que ver y hacer para ocupar el tiempo y centrar la atención lejos de lo que es más importante. Todo eso y mucho más se disemina de forma instantánea por todo el mundo a través de los medios electrónicos. Este es un día de engaños.

El conocimiento es fundamental

La verdad nos permite ver con claridad porque es “el conocimiento de las cosas como son, como eran y como han de ser” (Doctrina y Convenios 93:24). El conocimiento es fundamental para evitar el engaño, para discernir entre la verdad y el error, y para ver con claridad y trazar un curso al navegar por los peligros de nuestro día.

El profeta José Smith dijo: “El conocimiento es necesario para la vida y para la divinidad […]. El conocimiento es revelación. Escuchen […] esta grandiosa clave: el conocimiento es el poder de Dios para la salvación”1.

La gente dice: “Debes ser fiel a tus creencias”. Si bien eso es cierto, no podemos ser mejores que lo que sabemos. La mayoría de nosotros actuamos basándonos en nuestras creencias, en particular lo que creemos que es para nuestro interés personal. El problema es que a veces nos equivocamos.

Algunas personas podrían creer en Dios y en que la pornografía es mala, y aun así hacen clic en un sitio web pornográfico, creyendo erróneamente que serán más dichosas si lo hacen, que no pueden resistir hacer clic o que no están lastimando a nadie más. Simplemente están equivocadas.

Otras personas quizás crean que es malo mentir y aun así mientan de vez en cuando, con la errónea creencia de que les irá mejor si no se sabe la verdad. Simplemente están equivocadas.

Puede que una persona crea e incluso sepa que Jesús es el Cristo y aun así negarlo a Él no solo una, sino tres veces, debido a la errónea creencia de que le irá mejor si apacigua a la muchedumbre. Pedro no era malo. Ni siquiera sé si era débil. Simplemente estaba equivocado (véase Mateo 26:34, 69–75).

Cuando actuamos mal, tal vez pensemos que somos malos, cuando en verdad simplemente estamos equivocados. El reto no radica tanto en cerrar la brecha entre nuestros actos y nuestras creencias; más bien, radica en cerrar la brecha entre nuestras creencias y la verdad.

¿Cómo cerramos esa brecha? ¿Cómo evitamos el engaño?

Preguntas primarias y preguntas secundarias

Hay preguntas primarias y hay preguntas secundarias. Comiencen respondiendo las preguntas primarias. Las preguntas primarias son las más importantes. Solamente hay unas cuantas preguntas primarias. Mencionaré cuatro:

  1. ¿Hay un Dios que es nuestro Padre?
  2. ¿Es Jesucristo el Hijo de Dios, el Salvador del mundo?
  3. ¿Fue José Smith un profeta?
  4. ¿Es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días el Reino de Dios sobre la tierra?

Por el contrario, las preguntas secundarias son interminables. Entre ellas se encuentran preguntas sobre la historia de la Iglesia, el matrimonio plural, las personas de ascendencia africana y el sacerdocio, las mujeres y el sacerdocio, la traducción del Libro de Mormón, la Perla de Gran Precio, el ADN y el Libro de Mormón, el matrimonio entre personas del mismo sexo, los diferentes relatos de la Primera Visión, etc., etc.

Si responden las preguntas primarias, las secundarias también se responderán, o perderán importancia. Si responden las preguntas primarias, podrán lidiar con las cosas que entiendan y con las que no entiendan, y con las cosas con las que estén de acuerdo y con las que no, sin abandonar la Iglesia.

El método divino de aprendizaje

Hay distintos métodos de aprendizaje, entre ellos el método científico, el analítico, el académico y el divino. Los cuatro métodos son necesarios para conocer la verdad. Todos ellos comienzan de la misma manera: con una pregunta. Las preguntas son importantes, en particular las preguntas primarias.

El método divino de aprendizaje incorpora los elementos de las demás metodologías, pero al final las supera a todas al echar mano de los poderes del cielo. A fin de cuentas, las cosas de Dios se dan a conocer por el Espíritu de Dios, que normalmente es una voz apacible y delicada. El Señor dijo: “Dios os dará conocimiento por medio de su Santo Espíritu, sí, por el inefable don del Espíritu Santo” (Doctrina y Convenios 121:26).

El apóstol Pablo enseñó que no podemos conocer las cosas de Dios sino por el Espíritu de Dios (véase 1 Corintios 2:9–11; véase también Traducción de José Smith, 1 Corintios 2:11). Él dijo: “… el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura”. Eso lo vemos todos los días. Pablo continúa: “… y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14).

De todos los problemas a los que hacemos frente en la vida, hay uno que sobresale y es el que menos se entiende. La peor de las condiciones humanas no es la pobreza, la enfermedad, la soledad, el maltrato ni la guerra, por terribles que estas sean. La peor de todas las condiciones humanas es la más común: es morir espiritualmente. Es estar separado de la presencia de Dios y, en esta vida, Su presencia es Su Espíritu o poder.

Por otro lado, la mejor de todas las condiciones humanas no es la riqueza, la fama, el prestigio, la buena salud, los honores de los hombres ni la seguridad. La mejor de todas las condiciones humanas es estar investido con poder divino. Es nacer de nuevo, tener el don y la compañía del Espíritu Santo que es la fuente de conocimiento, revelación, fuerza, claridad, amor, gozo, paz, esperanza, confianza, fe y casi todas las demás cosas buenas.

Jesús dijo: “… el Consolador, el Espíritu Santo […], os enseñará todas las cosas” (Juan 14:26). Es el poder mediante el cual “pod[emos] conocer la verdad de todas las cosas” (Moroni 10:5). “Él [nos] mostrará todas las cosas que deb[emos] hacer” (2 Nefi 32:5). Es la fuente de “agua viva” que brota para vida eterna (Juan 7:38; véase también el versículo 37).

Paguen cualquier precio que haya que pagar, lleven toda carga que haya que llevar y hagan cualquier sacrificio que haya que hacer para recibir y conservar en su vida la guía y el poder del Espíritu Santo. Todas las cosas buenas dependen de recibir y mantener el poder del Espíritu Santo en nuestra vida.

“Lo que no edifica”

Entonces, ¿qué fue esa penumbra que sentí años atrás cuando leí materiales antagonistas? Algunos dirían que la penumbra es el producto de la parcialidad en las creencias, que es la inclinación hacia escoger solo aquellas cosas que van de acuerdo con nuestras suposiciones y creencias. La idea de que todo lo que uno ha creído y lo que se le ha enseñado podría ser erróneo, particularmente sin que haya nada mejor que lo sustituya, es en verdad una idea lúgubre y perturbadora.

No obstante, la penumbra que sentí al escuchar ese oscuro coro de voces que se levantaba en contra del profeta José Smith y de la restauración de la Iglesia de Jesucristo es diferente. Esa penumbra no es la parcialidad en las creencias ni es el temor a estar equivocado. Es la ausencia del Espíritu de Dios. Es la condición en la que el hombre “queda abandonado a sí mismo” (Doctrina y Convenios 121:38). Es la penumbra de las tinieblas y el “estupor de pensamiento” (Doctrina y Convenios 9:9; véase también el versículo 8).

El Señor dijo:

“Y lo que no edifica no es de Dios, y es tinieblas.

“Lo que es de Dios es luz; y el que recibe luz y persevera en Dios, recibe más luz, y esa luz se hace más y más resplandeciente hasta el día perfecto” (Doctrina y Convenios 50:23–24).

La revelación del Espíritu de Dios reemplaza la parcialidad en las creencias debido a que no se basa solamente en evidencias. Llevo toda una vida procurando escuchar la palabra del Señor y aprendiendo a reconocer y seguir el Espíritu de Dios. El espíritu asociado con esas oscuras voces que atacan al profeta José Smith, el Libro de Mormón y la Restauración no es el espíritu de luz, inteligencia y verdad. Hay mucho que no conozco, pero sí conozco la voz del Señor y Su voz no está en ese oscuro coro.

En absoluto contraste con ese oscuro y horrible estupor de pensamiento que llena el pantano de la duda está el espíritu de luz, inteligencia, paz y verdad que respalda los acontecimientos y la gloriosa doctrina de la Restauración, particularmente las Escrituras reveladas al mundo por medio del profeta José Smith. Solo basta leerlas y preguntarse a uno mismo y preguntar a Dios si son palabras de mentira, engaño y falsedad, o si son la verdad.

No se puede aprender la verdad por eliminación

Los que tienen temor de que la Iglesia no sea verdadera dedican su tiempo y atención avanzando penosamente por el pantano de las preguntas secundarias. Tratan erróneamente de aprender la verdad por proceso de eliminación, intentando eliminar cada una de sus dudas. Esa es siempre una mala idea que nunca funciona.

Hay innumerables aseveraciones y opiniones que ponen la verdad en entredicho. Cada vez que se encuentra una respuesta a una aseveración antagonista y se alza la vista, hay que confrontar otra. No trato de decir que deban ignorarlas deliberadamente, sino que podrían pasarse la vida entera buscando la respuesta a cada declaración contra la Iglesia y nunca llegar al conocimiento de las verdades más importantes.

Las respuestas a las preguntas primarias no se reciben al responder las secundarias. Hay respuestas a las preguntas secundarias, pero no se puede comprobar un enunciado positivo desmintiendo cada enunciado negativo. No se puede comprobar que la Iglesia es verdadera desmintiendo cada declaración que se haga en contra de ella. Se trata de una estrategia deficiente. En definitiva, tiene que haber una prueba afirmativa y, con las cosas de Dios, una prueba afirmativa final, la cual con certeza se recibe por revelación mediante la guía y el poder del Espíritu Santo.

Jesús preguntó a Sus discípulos:

“… ¿quién decís que soy yo?

“Respondió Simón Pedro y dijo: ¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!

“Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

“… tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:15–18; véanse también los versículos 13–14).

La Iglesia de Jesucristo está fundada sobre la roca de la revelación y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Ustedes y yo somos la Iglesia. Debemos estar fundados sobre la roca de la revelación y, aunque no sepamos la respuesta a cada pregunta, debemos conocer las respuestas a las preguntas primarias. Si las conocemos, las puertas del infierno no prevalecerán contra nosotros y permaneceremos para siempre.

Permanecer sobre la roca de la revelación

Hay un Dios en el cielo que es nuestro Padre Eterno. Jesucristo es el Hijo de Dios y el Redentor del mundo. José Smith fue un profeta de Dios que puso los cimientos de la restauración del Reino de Dios. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es el Reino de Dios sobre la tierra. Todo esto lo sé por experiencia propia. Lo sé por las evidencias, y las evidencias son contundentes. Sé esto mediante el estudio. Y, con mayor certeza, lo sé por la guía y el poder del Espíritu Santo.

Y con eso, sé todo lo que necesito saber a fin de permanecer para siempre. Ruego que permanezcamos sobre la roca de la revelación, en particular respecto a las preguntas primarias. Si lo hacemos, permaneceremos para siempre y nunca nos alejaremos.

 

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