Un plan divino para encontrar seguridad y paz mental

Conferencia General Octubre 1966

Un plan divino
para encontrar seguridad y paz mental

por el presidente David O. McKay


Estamos agradecidos por las bendiciones del Señor a su Iglesia en todo el mundo y por la seguridad que tenemos de su divina guía e inspiración. Con profunda gratitud reconocemos su cercanía y su bondad. Es una fuente de aliento el contemplar la lealtad y enérgicos esfuerzos con que los miembros de la Iglesia están contribuyendo con su tiempo y medios para edificar el Reino de Dios aquí en la tierra.

De acuerdo a los cálculos e informes de la Iglesia, ha habido una respuesta en general, por parte de la gente en todo el mundo. Las responsabilidades que tienen, el empeño que ponen en compartir con nosotros el precio de sus casas de oración, es admirable.

¡Amo la vida! Considero que es un placer vivir en esta época. Cada mañana, cuando veo desde mi ventana las montañas del este y saludo al sol cuando anuncia estos inigualables días de otoño, siento la alegría y el privilegio de la vida, y aprecio la bondad de Dios. Agradezco y tengo en cuenta, en cierto grado, los logros de esta maravillosa era atómica en la que vivimos. Los descubrimientos científicos actuales conmueven la imaginación; casi diariamente leemos acerca de un logro casi increíble.

La era del átomo ha comenzado y nadie sabe los descubrimientos conmovedores que aún se realizarán, cuando se complete la investigación atómica que ahora está en progreso. Su potencia como fuerza de bien, sobrepasa a la fuerza de destrucción.

Los descubrimientos e invenciones de esta era no tienen parangón en ningún período previo de la historia del mundo; descubrimientos que laten con tal fuerza potencial, ya como una bendición o como la destrucción de los seres humanos, que hacen de la responsabilidad del hombre de controlarlos, la tarea más gigantesca jamás dada a mano humana.

Sí, en verdad es realmente gloriosa la era en que vivimos, pero la persona sin sentido común dudará de que estos días están llenos de peligros ilimitados así como de incalculables posibilidades. Hay aspectos realmente aprehensivos en las condiciones del mundo, y al estudiar y aprender acerca del aumento de la delincuencia y la falta de respeto por la ley y el orden que existe aquí en nuestro país, nos alarmamos.

El otro día leía un artículo en el Deseret News, el cual informaba que aproximadamente seis millones de norteamericanos sufren de alcoholismo. El Servicio de Salud Pública cataloga al alcoholismo como el cuarto problema de salud en los Estados Unidos. En el momento actual, afortunadamente el estado de Utah contribuye en pequeña escala a este problema. Contrariamente a lo que muchas personas piensan, Utah está colocada en el cuadragésimo sexto lugar entre los cincuenta estados de la Unión, en cuanto a la cantidad de alcohólicos en comparación al total de la población. Es más aún, es el único estado donde el consumo de alcohol per cápita, al mismo tiempo que la proporción de alcohólicos, ha decrecido de manera notable durante varios años. Esperemos que Utah no adopte la ley que se ha propuesto sobre la venta libre de bebidas alcohólicas y que tentaría a más gente a darse más a la bebida en toda oportunidad. Tal como el artículo lo mencionaba, nuestro estado, con todas sus tradiciones y normas, debería hacer lo opuesto. La venta libre de bebidas alcohólicas, como lo demostró un estudio realizado recientemente en el estado de Iowa, tiende a aumentar el alcoholismo y sus males derivados. Todos conocemos la moral deteriorada, la mala salud, los hogares deshechos, y el aumento de muertes en accidentes de tránsito que resultan del alcoholismo.

Es debido a estos amenazadores peligros, que el mundo debería asegurarse con las verdades eternas de Jesucristo y darse cuenta de que son invariables en este mundo tan cambiante.

El doctor Charles Foster Kent, comentando acerca del “caótico estado” del mundo civilizado, ha dicho:

“Las organizaciones y los ideales políticos que nos han fortalecido al mismo tiempo que nos han estorbado, han sido dejados de lado. Las teorías sociales aceptadas por largo tiempo, han sido rechazadas de repente y se están adoptando nuevas ideas. Muchas de las normas morales de nuestros antepasados, han sido abandonadas tanto en teoría, como en práctica. La nueva generación no tiene temor ni respeta a los ancianos. . . Los dogmas religiosos, que por tanto tiempo fueron considerados la piedra angular de la religión y de la Iglesia, han sido desaprobados o suplantados.”

Se están haciendo esfuerzos por privar al hombre de su Ubre albedrío—por robarle al individuo su libertad—y nunca debemos olvidar que junto con la vida misma, el libre albedrío es el don más grande que Dios ha dado al hombre.

Los dos documentos más importantes que marcan el destino de los Estados Unidos son su Declaración de Independencia y su Constitución. Estos dos inspirados e inmortales documentos se refieren principalmente a la libertad del individuo. Basados en el principio de libre empresa apoyado por estos documentos, los Estados Unidos de Norteamérica, en menos de dos siglos, han logrado un poder que excede ampliamente al de cualquier otro país en el mundo.

La gran preocupación de cada ciudadano en cuanto a la amenaza de la pérdida de nuestra libertad, ha sido expresada muy bien por el señor Fred G. Clark, director de The American Economic Foundation de la ciudad de Nueva York, quien en un discurso pronunciado hace una década, expresó su temor de que “el código del hombre” esté reemplazando al “código de Dios”.

Sus palabras me impresionaron tanto que las incluí en un discurso que pronuncié en 1952. Declaró además que “algo anda mal en los Estados Unidos. En estos momentos de la historia, cuando se nos ha confiado la tarea de dirigir al mundo, estamos confundidos, maldispuestos y vacilantes. Ya no estamos seguros en cuanto a lo que apoyamos, y esto, según mi opinión, se debe a que hemos olvidado las circunstancias en que nació nuestra nación. . .

“Durante varias décadas ha sido costumbre en nuestro país, entre los intelectuales cínicos, el despreciar y burlarse de lo que llaman tradiciones del americanismo.

“Los instrumentos de este sabotaje fueron palabras e ideas aparentes, verdades expresadas a medias, astutos llamados a esa chispita de maldad que hay escondida en todo corazón humano, insidiosas sugerencias de naturaleza atea y una cuidadosa educación encaminada a patrocinar ideas en contra de todo lo que los Estados Unidos han considerado bueno y sagrado.

“La gente que comenzó a implantar estas ideas quizá haya sido tonta o maligna, necios o agentes extranjeros, organizadores presuntuosos o astutos. Lo que importa no es lo que fueron, sino lo que lograron hacer.

“Todos los que ocupan posiciones directivas tienen que estar al tanto de esto porque el daño ha llegado a cada aspecto de nuestra vida. Los lugares donde comenzó el sabotaje fueron las escuelas, iglesias, sitios de asociación de obreros dominados por fuerzas comunistas, plataformas conferénciales, películas cinematográficas, el teatro, nuestras revistas, periódicos y radios. Todo medio de comunicación ha sido utilizado en contra nuestra. . .

“El hombre (o nación) que tiene un plan, una norma de vida, en la que cree, tiene seguridad mental. Para destruir su seguridad, habrá que destruir la fe de este hombre en su plan. . .

“La confianza en un determinado método de vida, sostenido en común con nuestros semejantes, trae tranquilidad a la mente y desarrolla la habilidad del grupo como tal. . .

“El grado en que dicho método ha sido debilitado puede demostrarse simplemente poniendo atención en el grado en que la base del mismo ha decaído. La referida base (y en cuanto a esto no puede caber la menor duda), está formada por los Diez Mandamientos y la Regla de Oro. Dentro de este código moral tenemos una norma de vida completa. La aceptación de estos preceptos, cuidará toda faceta de la vida humana—espiritual, política, social y económica. . .

“Los Estados Unidos han sido siempre una nación de gente que tiene fe en su sistema político y económico. . . debido a que tiene fe en Dios, y ha elaborado su sistema basándose en sus enseñanzas.

“Todo colectivista, desde Carlos Marx hasta los directores actuales, han coincidido en que antes de que el socialismo pueda dominar el mundo, habrá que destruir la fe en Dios. Por lo tanto, es obvio que el empeño en sabotear la fe del norteamericano en su país, ha sido realmente un esfuerzo para transferir la fe de la gente, de Dios al estado,

“La moral existente en la política, negocios y contratos privados, debía abandonarse. . . La gente debía acostumbrarse a considerar la moralidad como una superstición anticuada. La religión para muchos miembros de las iglesias, era la manera de morir en la salvación en lugar de un buen método de vida.” (Tomado de “The Code of the People Is Replacing the Code of God,” por Fred G. Clark.)

Todos sabemos que estos problemas en las normas nacionales han aumentado desde el tiempo en que se pronunció este discurso. Sabemos que ha habido además un aumento alarmante en el abandono de los ideales que forman la base de la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica y del hogar norteamericano y estoy seguro que coinciden conmigo en que hay realmente razones para preocuparnos. En este mismo momento, mientras nosotros estamos aquí adorando, la guerra está destrozando y destruyendo la vida de jóvenes, ancianos, mujeres y niños en Viet Nam. Las normas del hogar, y aún el criterio para criar a los hijos se ha derrumbado.

  1. William Hudson, ex profesor de filosofía de la Universidad de Misuri, declara: “Las ocupaciones ociosas de la juventud, características de toda época, no solamente están dirigidas hacia el hedonismo sin control, sino que han cruzado las fronteras de lo que se considera decoroso, no debido a la moral nueva y liberal, como muchas veces decimos, sino por la carencia absoluta de la misma.

“La popularidad de ciertos bailes modernos, antes prohibidos hasta en las zonas de ‘luz roja’, es ahora típica. Lo mismo sucede con cierto material periódico de lectura, y gran cantidad de películas que pasan el límite de lo erótico y que la censura no las prohíbe por dudas morales y de carácter financiero.”

Menciona también el hecho de que “la falta de honradez ha penetrado tanto la vida pública como la privada, corrompiendo la administración de justicia, las cámaras legislativas, la conducción de negocios privados e infectando en ciertos casos hasta a las mismas iglesias.”

Sigue diciendo que: “Si en nuestro país y en el resto del mundo vamos a hacer una regeneración de carácter social y político, debemos comenzar con los ideales morales.” ¿Que debemos hacer al respecto?

Cuando Pablo estaba prisionero en Roma, envió una carta a Timoteo diciendo en esencia:

“Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.

“Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conformes a sus propias concupiscencias.

“Y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” (2 Timoteo 4:2-4.)

Es tan importante hoy día, como cuando Pablo escribió este mensaje de despedida a Timoteo, que los oficiales, maestros y demás miembros en todas partes, “prediquen la palabra e insten (es decir que estén dispuestos y ansiosos) a tiempo y fuera de tiempo”.

Hoy día, en medio de la perplejidad del mundo, no debe haber duda alguna en la mente de todo Santo de los Últimos Días en cuanto a lo que se debe predicar. La respuesta es tan clara como el sol en medio de un despejado cielo al mediodía.

En el año 1830, se dio a la gente de esta tierra y del mundo, un plan divino por medio del cual las personas pueden lograr seguridad y paz y vivir en armonía con sus semejantes. En todas las teorías humanas y los experimentos realizados desde que la historia comenzó, la inteligencia humana no ha logrado inyectar un sistema, que, al aplicarlo a sus necesidades, pueda siquiera acercarse en eficacia a dicho plan. En pocas palabras, entonces, es éste el plan que debemos predicar—el plan de salvación del evangelio.

Los fundadores de esta gran república tenían fe en el bienestar económico y político de este país porque tenían: fe en Dios. Hoy día es común notar una actitud llena de excusas por parte del hombre, cuan do se refiere a la necesidad de un gobierno de Dios en los asuntos de los hombres. En verdad, ya se ha señalado que el éxito del comunismo depende en gran parte de la substitución de la creencia en Dios por la creencia en la supremacía del estado. Pero yo os digo: predicad a tiempo y fuera de tiempo la creencia en Dios el Padre Eterno, en su Hijo Jesucristo y en el Espíritu Santo. Proclamad que en el plan del evangelio es fundamental la santidad del individuo, que la obra y la gloria de Dios es “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”. (Moisés 1:39.)

Con este concepto, es una imposición muy grande, por no decir un crimen, que un gobierno, un sindicato o cualquier otra organización, niegue al hombre el derecho de hablar, adorar y obrar.

Aun el niño más pequeño fue importante para Jesús: “. . . No es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.” (Mateo 18:14.) ¿Qué quiere decir esta sencilla verdad en este mundo? “. , . De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” (Mateo 25:40.) Y en nuestros días dijo: “Recordad que el valor de las almas es grande. . .” (D. y C. 18:10.)

Un concepto claro de este principio divino cambiaría la actitud del mundo para beneficio y felicidad de todo ser humano. Pondría en práctica la Regla de Oro: “Como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.” Cuan diferente sería el mundo si los hombres acumularan riquezas, por ejemplo, no como el fin de sus vidas, sino como un medio de bendecir a los seres humanos y mejorar sus relaciones.

Declarad la verdad de que el hombre tiene el poder inherente de hacer bien o hacer mal, ya que tiene el libre albedrío, para elegir lo bueno y obtener la salvación o elegir lo malo y cometer abominaciones.

Predicad que el plan de salvación incluye la creencia de que los gobiernos fueron creados por Dios para el beneficio del hombre. El hombre no ha nacido para beneficiar al estado.

Enseñad que ningún gobierno pueda existir en paz, y les cito un pasaje de las Doctrinas y Convenios, “si no se formulan, y se guardan invioladas, leyes que garantizarán a cada individuo el libre ejercicio de la conciencia, el derecho de tener y administrar propiedades y la protección de su vida”. (D. y C. 134:2.)

Proclamad la necesidad de la honradez y la lealtad, realizando un día de trabajo honrado a cambio de un día de pago honrado. Predicad que la honradez en el gobierno es esencial para la perpetuación y estabilidad de nuestro gobierno como para la estabilidad del carácter del individuo. “Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer bien a todos los hombres. . . Si hay algo virtuoso, bello, o de buena reputación o digno de alabanza, a esto aspiramos.” (Decimotercer artículo de fe.)

Proclamad que Dios vive, que su Hijo Amado es el Redentor y Salvador de la humanidad; que está al frente de la Iglesia que lleva su nombre, que inspira a aquellos que ha autorizado para representarle aquí en la tierra—autorizados por el sacerdocio cuando los mensajeros celestiales confirieron al profeta José Smith y sus colaboradores, su autoridad divina.

Predicad que la responsabilidad de declarar este plan de vida, este método de vida, este plan de salvación, descansa sobre todos los miembros de la Iglesia, pero más particularmente sobre los que han sido ordenados en el sacerdocio y han sido llamados como directores y siervos del resto de la gente.

Estas eternas verdades son tan aplicables ahora en el año 1966, como cuando Jesús las promulgó, y seguirán siendo fundamentales y esenciales para el progreso y la felicidad del hombre, mientras la vida y la existencia continúen.

En los días de duda de mi niñez, fue cuando sentí la cercanía de Cristo, nuestro Señor y Salvador. Conozco su amor y su guía divina y que es el Hijo del Hombre, exento de pecados.

“. . . Yo soy el primero y el último y. . . que vivo por los siglos de los siglos.” (Ver Apocalipsis 1:17-18.)

Sólo mediante la obediencia a sus enseñanzas puede el hombre hallar felicidad y paz. Es un Padre amable y amoroso y está dispuesto y ansioso de bendecir y guiar a todos sus hijos que sinceramente le busquen, de lo que os doy mi testimonio.

Que Dios nos ayude a caminar en la luz en que Él está, a evitar la infelicidad, pecados, y miserias de este mundo descarriado, y a encontrar gozo y paz en la hermosa vida aquí en este estado probatorio y en la vida venidera, lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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