Cómo abrir la puerta a las bendiciones de Abraham

Cómo abrir la puerta a las
bendiciones de Abraham

Hermana Julie B. Beck
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Charla Fogonera del SEI para Jóvenes Adultos • 2 de marzo de 2008 Universidad Brigham Young


¡Qué privilegio es hablarles a ustedes, una generación selecta y real, escogida desde antes de la fundación del mundo para venir en este tiempo a efectuar una importante obra! Al servir en la Iglesia, he conocido a muchos de ustedes y me han impresionado su inteligencia y bondad. Puedo imaginarlos ahora congregados por todo el mundo, desde los Estados Unidos, México, Brasil y otras naciones de Sudamérica hasta las Filipinas, Japón, Corea y muchos países europeos. En la República Dominicana les he visto llegar a las reuniones a bordo de camiones repletos.

En el Libro de Mormón aprendemos que cuando una nueva generación —o sea, ustedes— se convierte al evangelio de Jesucristo y guarda sus convenios, el futuro es prometedor para todo el pueblo del Señor. Sin embargo, cuando la nueva generación no obtiene un testimonio y no asume sus responsabilidades, las personas mayores y más fieles comienzan a desalentarse (véase Mosíah 26:1–4; véase también 1 Nefi 8:23). Gracias por sus vidas excelentes y por el futuro prometedor que harán posible para mí y para muchas otras personas.

Esta noche estamos aquí ante todo porque tenemos un testimonio del evangelio restaurado de Jesucristo. Sin este testimonio, no habría motivo para continuar con este mensaje. Sé que poseen una firme convicción de nuestro Padre Celestial, del Salvador y de los profetas modernos, o no habrían hecho el esfuerzo por asistir a esta reunión. Cuando sabemos que el Evangelio restaurado es verdadero, aceptamos y cumplimos su totalidad y no sólo las partes que nos convienen. Creemos en el plan de nuestro Padre Celestial y en todo lo que los profetas y apóstoles nos han enseñado. Sé que al participar esta noche con espíritu de oración y con un corazón receptivo, el Espíritu le transmitirá a cada uno enseñanzas personales e importantes.

Al meditar y orar al Señor para saber lo que Él desea que les diga esta noche, mis pensamientos se volvieron con frecuencia a mis 79 sobrinos y sobrinas. He caminado y cantado con ellos, he escuchado sus testimonios, y los amo a todos. Sé que todos ellos tienen el deseo de ejercer una influencia para bien en el mundo y de que su vida tenga un impacto positivo. Veintidós de mis sobrinos son adultos solteros de su misma edad; de esos veintidós, once están sirviendo o han servido misiones de tiempo completo y otros se están preparando para ello. Algunos se están preparando para el matrimonio; otros han terminado su formación académica y están buscando su lugar en el mundo. Todos ellos han cursado o están cursando estudios superiores.

Estos sobrinos poseen dones singulares, y hay entre ellos quienes han experimentado enfermedades, heridas y tragedias. Dado que mis sobrinos los representan a ustedes de muchas maneras, preparé este mensaje pensando en ellos; y al pensar en ellos, pienso en ustedes. Todos ustedes han estado, están o estarán en las mismas situaciones que mis sobrinos. He buscado inspiración para saber cómo ayudarlos con algunas de sus preguntas y, al hacerlo, espero también ser una ayuda para ustedes. Les invito a ser parte de nuestra familia esta noche; les hablaré como una tierna y afectuosa tía.

Las bendiciones de Abraham

El profeta Abraham pasó por la misma etapa de la vida en la que ustedes están. Leemos de ello en La Perla de Gran Precio: “En la tierra de los caldeos, en la morada de mi padre, yo, Abraham, vi que me era necesario buscar otro lugar donde morar” (Abraham 1:1). Abraham había llegado a la etapa de independizarse y comenzar su vida como adulto. Dijo que era un “seguidor de la rectitud” y que deseaba poseer “un conocimiento mayor, y ser padre de muchas naciones, un príncipe de paz” (vers. 2). Sabía que había “mayor felicidad, paz y reposo” de los que en ese entonces tenía (vers. 2).

Abraham buscó esas bendiciones; las deseó e hizo lo necesario para recibirlas. El Señor le dijo a Abraham:

“Haré de ti una nación grande y te bendeciré sobremanera, y engrandeceré tu nombre entre todas las naciones, y serás una bendición para tu descendencia después de ti, para que en sus manos lleven este ministerio y sacerdocio a todas las naciones.

“Y las bendeciré mediante tu nombre; pues cuantos reciban este evangelio serán llamados por tu nombre; y serán considerados tu descendencia, y se levantarán y te bendecirán como padre de ellos; “y bendeciré a los que te bendijeren, y maldeciré a los que te maldijeren; y en ti… y en tu descendencia… pues te prometo que en ti continuará este derecho, y en tu descendencia después de ti… serán bendecidas todas las familias de la tierra, sí, con las bendiciones del evangelio, que son las bendiciones de salvación, sí, de vida eterna” (Abraham 2:9–11).

Ese convenio nos fue reafirmado por medio de José Smith en la sección 132 de Doctrina y Convenios (véanse los versículos 30–32). Estas bendiciones de mayor felicidad, paz y reposo son las que cada uno de nosotros recibe al hacer convenios en santos templos y al formar familias eternas. La bendición patriarcal de ustedes les ayuda a entender su linaje personal desde Abraham.

A menudo los líderes de la Iglesia les hablan a los jóvenes adultos solteros sobre buscar tales bendiciones, que sólo pueden hallarse al formar familias eternas. Cada uno de ustedes sabe que su futura felicidad, su progreso eterno y el crecimiento del reino del Señor sobre la tierra dependen de que ustedes formen familias eternas fuertes y felices.

Como fieles Santos de los Últimos Días de la nueva generación, la mayoría de ustedes tiene un testimonio de la responsabilidad que tienen de casarse y de formar una familia. Saben que no pueden recibir todas las bendiciones de Abraham si están solteros; sin embargo, la mayor parte de ustedes no va a casarse mañana; de hecho, muchos de ustedes aún no tienen idea de con quién se casarán. De modo que, cuando hablamos de su responsabilidad de casarse, podríamos ocasionarles frustración, dado que esta parte importante de su progreso eterno no está sucediendo según su propio cronograma.

Eso me recuerda a una experiencia que mi esposo tuvo mientras jugaba baloncesto en el equipo de la escuela secundaria. Se habían preparado bien y habían viajado hasta el gimnasio del equipo rival; estaban listos mental y físicamente para vencer a sus oponentes. Se hallaban en los vestidores y el entrenador acababa de terminar de hablarles para infundirles ánimo; rebosantes de energía y seguridad en sí mismos, corrieron hacia la puerta que llevaba a la cancha y, ¡estaba cerrada! Los jugadores se estrellaron uno contra el otro con la puerta y su energía desapareció en los vestidores antes de que el partido siquiera empezara.

En ocasiones pienso que eso es lo que les ocurre cuando les hablamos sobre el matrimonio y la familia. Les alentamos a entusiasmarse sobre las posibilidades, pero en realidad sienten que empujan una puerta cerrada. No deben vivir una vida de espera e incertidumbre ni deben perder el impulso y el entusiasmo que ahora poseen y que el Señor necesita de ustedes a fin de edificar Su reino.

Por lo tanto, concentrémonos en cuatro actividades que pueden hacer ahora, que pueden ser las llaves que les ayuden a abrir la puerta de las bendiciones de Abraham. Las cuatro actividades son servir al prójimo, compartir el Evangelio, participar en la obra del templo y de historia familiar, y prepararse para el futuro.

Todas esas actividades invitan al Espíritu Santo a ser su compañero. Los mantienen en los lugares correctos, haciendo lo correcto con las personas correctas, y los distinguen como discípulos de Jesucristo. Al participar en esas cuatro actividades con sus compañeros, entablarán amistades y relaciones, y tendrán la sociabilidad que puede ayudarles a hallar a alguien con quien casarse en el templo y formar una familia eterna.

Servir al prójimo

Primero, sirvan al prójimo. Por lo general, los años en que uno es adolescente y joven adulto son épocas de gran interés personal. Hay que tomar muchas decisiones y es fácil encerrarse en uno mismo. Lo primero que yo, como tía afectuosa, les instaría a hacer es olvidarse de ustedes mismos. Probablemente deban participar en menos actividades con fines exclusivamente recreativos, a fin de participar más en la búsqueda de formas de hacerle la vida un poco más llevadera a otra persona.

La forma más rápida de hallar amigos y felicidad, de sentirse agradecido y de tener la compañía del Espíritu Santo es arrodillarse y preguntar al Señor: “¿Quién necesita de mi ayuda hoy?”, y luego disponerse a ayudar.

No hace mucho vi una película sobre dos jóvenes adultos que vivían en Inglaterra en el siglo XIX y que se preguntaron: “¿Quién necesita de mi ayuda?”. Ellos habían presenciado el terrible mal del comercio de esclavos y se les ocurrió que podrían cambiar el mundo si eliminaban ese negocio. Se trataba del proyecto de servicio más imposible. Significaba que tendrían que cambiar toda la economía de su país, sin mencionar los códigos éticos y sociales; no obstante, esos jóvenes dijeron: “¡Podemos hacerlo!”. ¡Llegaron a la conclusión de que eran tan jóvenes que ignoraban que no podían hacerlo! Les tomó algo de tiempo terminar el proyecto, pero con el tiempo brindaron este gran servicio a la humanidad. En la actualidad, en cada nación de este mundo, existen muchas causas importantes que podrían valerse de la energía y la visión de ustedes. Por todas partes hay ciudades y parques que necesitan limpieza; se necesita construir escuelas y orfanatos y dotarlos de personal voluntario. Los gobiernos necesitan ayuda para seguir principios correctos y ustedes poseen la energía mental, emocional y física para hacer estas cosas.

En la historia, muchas causas importantes han sido dirigidas por jóvenes; pueden prestar servicio individualmente u organizarse con espíritu de oración en sus llamamientos con los grupos de adultos solteros, con grupos de barrio y de instituto, y con la Sociedad de Socorro y los quórumes del sacerdocio; juntos pueden afectar un cambio para bien en el mundo. La mayoría de las oportunidades de servicio se hallan muy cerca de su casa, dentro de su familia y de su propio barrio. Ahora son lo bastante adultos y maduros para encabezar la planificación y organización de este tipo de actividades; también saben cómo recibir respuesta a sus oraciones para saber lo que el Señor desea que hagan.

A medida que se centren en el prójimo, el Espíritu les acompañará para guiarles en todas las decisiones trascendentales que estén tomando, ya que Él siempre acompaña el servicio recto. No les será difícil hallar lugares donde servir; al prestar servicio con sus compañeros, entablarán buenas amistades y tendrán experiencias sociales significativas; y debido a que sus relaciones y amistades irán en aumento, tendrán mayor probabilidad de hallar a su cónyuge y formar una familia eterna.

Compartir el Evangelio

Segundo, compartan el Evangelio. El mundo está lleno de personas que aún no conocen las buenas nuevas del Evangelio. Ustedes son un grupo especialmente preparado que puede ayudar a que la justicia y la verdad inunden la tierra.

Algunos de ustedes han tenido la oportunidad de ser los primeros misioneros en utilizar Predicad Mi Evangelio. Considerando ese hecho, aquellos que se están preparando para la misión deberían ser los misioneros más preparados que el mundo haya conocido. Los que se preparan ahora para el servicio misional están mejor capacitados que ninguna otra generación para ser eficaces desde el primer día de la misión. Dadas sus oportunidades hasta este momento, deben llegar listos para servir. Deben saber cómo recibir la ayuda del Espíritu y lo que deben hacer para merecerla. Además, quienes saben cómo trabajar arduamente a diario son mucho más felices durante la misión. He disfrutado mucho las cartas de mis sobrinos y sobrinas misioneros que describen los singulares desafíos y oportunidades de la misión. Sus cartas rebosan de vitalidad y gozo; escriben sobre su misión como si estuvieran experimentando la mayor aventura de su vida.

Ese entusiasmo por compartir el Evangelio debe continuar después de la misión y, por supuesto, ustedes, grandes misioneros, nunca querrán que sus habilidades misionales caigan en desuso. Debido a que son solteros y que no tienen la responsabilidad de cuidar una familia, se hallan en una situación óptima para continuar compartiendo el Evangelio. Todos ustedes tienen amigos o familiares que aún no se han convertido al Evangelio y que no conocen a Dios como deberían. Casi cada barrio o rama de la Iglesia tiene listas de personas que por una razón u otra han dejado de asistir para renovar sus convenios en la reunión sacramental; su ayuda es esencial para traerlos de regreso. En sus llamamientos, como amigos o individualmente, pueden asumir una actitud más presta a tomar la iniciativa de predicar el Evangelio y así activar a quienes hayan dejado de asistir.

Cuando era niña, vi un ejemplo de este tipo de obra misional en Brasil, donde mi padre servía como presidente de misión. Pocas semanas después de terminar su misión, una de nuestras hermanas brasileñas le dijo a mi padre que no veía en su futuro una familia formada dentro del Evangelio, ya que en su pueblo no había hombres miembros de la Iglesia con quien casarse.

Su presidente de misión le dijo: “Acaba de terminar una misión en la que enseñó y convirtió personas al Evangelio. ¿Fue una buena misionera?”.

“¡Sí!”, respondió ella.

“¿Aún posee las habilidades y el Espíritu para compartir el Evangelio?”

“¡Sí!”, afirmó.

“Entonces sugiero que vuelva a su pueblo. Vaya a sitios donde vayan jóvenes dignos y buenos, y busque un hombre con apariencia de misionero o de futuro obispo. Hágase su amiga, comparta el Evangelio con él y conviértalo. Es posible que halle un hombre para casarse si lo hace”.

La hermana hizo precisamente eso. Conoció a un hombre bueno y digno en su pueblo; se convirtió en su amiga, compartió el Evangelio con él y éste se bautizó. Luego, creció más el sentimiento de amor entre ellos, se casaron en el templo, y de hecho ¡él sirvió como obispo, presidente de estaca, de misión y de templo!

Ahora bien, mis jóvenes amigos, no estoy diciendo que esta sea una fórmula mágica para encontrar un cónyuge. Por favor, recuerden, como lo hizo esta hermana brasileña, que los profetas les han aconsejado reiteradamente que busquen a sus compañeros eternos sólo entre los miembros dignos de la Iglesia. Les cuento este relato para ilustrar que cuando se sigue compartiendo el Evangelio después de la misión, hay probabilidades de encontrar amigos dignos con quienes disfrutar las bendiciones del Evangelio, y que esos miembros nuevos podrían llegar a ser parte de su grupo de posibles compañeros eternos.

Si ustedes se organizaran con espíritu de oración en sus llamamientos —en sus grupos de adultos solteros, grupos de barrio y de instituto, y en la Sociedad de Socorro y los quórumes del sacerdocio— podrían planificar y llevar a cabo actividades misionales bajo la dirección de los líderes del sacerdocio. Ustedes ya son lo bastante adultos y maduros como para encabezar la planificación y organización de este tipo de actividades. La Iglesia necesita su energía en esta importante obra; muchos hijos de nuestro Padre Celestial necesitan el mensaje del Evangelio y aún no conocen la verdad. Ustedes poseen las habilidades y el testimonio para compartir el Evangelio, así como las habilidades y el testimonio para sacar adelante la obra del Señor. También saben cómo recibir respuesta a sus oraciones para saber lo que el Señor desea que hagan.

A medida que compartan el Evangelio, el Espíritu los acompañará para guiarlos en todas las decisiones importantes que estén tomando, ya que Él siempre nos acompaña cuando enseñamos y testificamos de la verdad. Al compartir el Evangelio con sus compañeros, entablarán buenas amistades y tendrán experiencias sociales significativas; y debido a que sus relaciones y amistades aumentarán y a que el Espíritu obrará con ustedes, tendrán mayor probabilidad de hallar a su cónyuge y formar una familia eterna.

Participar en la obra del templo y de historia familiar

Tercero, participen en la obra del templo y de historia familiar. Ustedes son la fuerza perfectamente preparada para participar en la obra del templo y de historia familiar.

Cuando eran hombres y mujeres jóvenes, se les pidió trabajar en los programas “Deber a Dios” y el “Progreso Personal”. Recuerden que los cuadernillos tenían la imagen del templo; eso se debe a que la Primera Presidencia ha escogido el templo como símbolo de la juventud de la Iglesia. Mujeres, si recibieron el medallón, ¿es el templo aún un símbolo en su vida? ¿Aún tienen la vista en él? Varones, ¿pueden decir lo mismo?

Ustedes saben que a lo largo de los siglos muchas personas han fallecido sin el conocimiento del Evangelio; son sus parientes cercanos y lejanos, y esperan que ustedes hagan la investigación necesaria para unir a sus familias y efectuar las ordenanzas salvadoras en su favor.

El poseer algo de conocimiento sobre tecnología facilita la obra del templo y de historia familiar. Resulta obvio que ustedes pertenecen a una generación especialmente preparada con las aptitudes tecnológicas para efectuar esta obra. Mi abuela Bangerter tenía un gran testimonio y un sentimiento de urgencia por la obra de historia familiar; hace muchos años, cuando ella estaba compilando 25 mil nombres familiares, debía ingresar cada uno de manera manuscrita en los formularios. Hubiera estado tan agradecida por un programa informático que la ayudara a ser más precisa y eficiente. Ahora ella cuenta con cientos de jóvenes talentosos entre sus descendientes capaces de ayudarla desde este lado del velo. La familia de ustedes necesita de su ayuda en esta importante actividad, al igual que sus barrios o ramas.

La mayoría de los templos del mundo no están lo suficientemente ocupados. El Señor ha prometido que plantaría en sus corazones las promesas hechas a los padres, y que sus corazones se volverían hacia los padres para que la tierra no sea totalmente asolada en Su venida (véase D. y C. 2:2–3). Sus aptitudes tecnológicas son un cumplimiento parcial de esta profecía y espero que tengan un sentimiento de ur gencia hacia esta obra. Nacieron en esta época para efectuar la obra del templo y de historia familiar.

También se reciben bendiciones personales como resultado de la participación en la obra del templo y de historia familiar. Una de ellas es que pueden reunir los requisitos para obtener una recomendación para el templo, la cual representa su dignidad ante el Señor. La recomendación para el templo es en realidad un símbolo de obediencia. Cuando participan con sus compañeros en esta obra saben que ellos también son dignos.

Una conocida experiencia que sucedió en nuestra familia ilustra la importancia de la recomendación para el templo. Cuando una de mis hermanas era una joven adulta soltera, pensó que le agradaría conocer más a un joven con el que había bailado una noche. Al regresar a casa, le contó a mi madre sobre él. Mi madre se mostró dudosa y le dijo que no había forma de saber si un hombre era bueno simplemente por bailar con él. Mi hermana le respondió: “Tiene una recomendación para el templo, así que debe ser bastante bueno”. Mi madre preguntó: “¿Cómo sabes que tiene una recomendación? ¿Le preguntaste mientras bailaban si tenía una recomendación?”.

Mi hermana rió y dijo: “No, pero mencionó que mañana planeaba asistir al templo con un compañero de la misión. Para poder hacerlo debe tener una recomendación”.

Entonces deliberadamente, mi madre le preguntó: “¿Por qué es tan importante saber eso?”.

Mi hermana contestó: “Bien, si sé que un hombre tiene una recomendación, entonces sé que guarda la Palabra de Sabiduría, que paga el diezmo, que asiste a las reuniones, que honra su sacerdocio, que sostiene a los líderes de la Iglesia, y que tiene un testimonio de nuestro Padre Celestial y de Jesucristo. Quiero comenzar con una recomendación como punto de partida de cualquier relación. Cuando sé que un hombre tiene una recomendación, hay muchas preguntas que no tengo que hacerle”.

Las instrucciones recientes de la Primera Presidencia aclaran las normas para obtener la recomendación para el templo y recibir la investidura. En ellas reiteran que recibir la investidura del templo es un asunto serio que debe extenderse sólo a quienes estén preparados y sean lo suficientemente maduros como para guardar los convenios que hagan. Asimismo, declararon que a los miembros solteros que estén entre los últimos años de la adolescencia y unos pocos más de los veinte años de edad, que no hayan recibido un llamamiento misional o que no estén comprometidos para casarse en el templo, no se les debe recomendar para recibir su propia investidura; no obstante, todos los miembros de doce años en adelante pueden recibir una recomendación de uso limitado para efectuar bautismos por los muertos1 .

Todo aquel que no sea digno del privilegio de portar una recomendación debe trabajar con su obispo o presidente de rama para reunir los requisitos para ello tan pronto como le sea posible. Por favor, no se queden sin ese documento vital. Testifico que la Expiación es real y que los pecados pueden perdonarse tras el debido arrepentimiento.

Ustedes pueden y deben mantener los templos muy ocupados. La obra del templo y de historia familiar es su obra. ¡Mucho depende de ustedes! La Iglesia necesita de su energía en esta importante labor. Son ustedes los que pueden lograr tantas cosas con su energía y sus habilidades.

Al participar en la obra del templo y de historia familiar se asegurarán de tener el Espíritu para que los consuele en las dificultades y para que los guíe en todas las decisiones importantes que estén tomando. A medida que participen en esta obra individualmente, en su barrio y en grupos de instituto, y en la Sociedad de Socorro y quórumes del sacerdocio, entablarán buenas amistades y tendrán experiencias sociales significativas; y debido a que sus relaciones y amistades aumentarán y a que el Espíritu obrará con ustedes, tendrán mayor probabilidad de hallar a su cónyuge y formar una familia eterna.

Prepararse para el futuro

Cuarto, prepárense para el futuro. Se encuentran en una etapa única de la vida. Deben estar preparándose para sus futuras funciones y responsabilidades. Sólo vivirán esta etapa una vez; ¡acéptenla con entusiasmo y disfrútenla!

Con el transcurso del tiempo, la mayoría de ustedes se convertirán en esposos y esposas, padres y madres. Serán líderes y maestros de la Iglesia, así como empleados y empleadores. ¿Se están preparando para tales responsabilidades?

Muchos de ustedes participan en varios aspectos de la formación académica. Los profetas modernos han aconsejado reiteradamente que obtengan toda la ca pacitación que les sea posible. Ustedes viven en un mundo cada vez más tecnológico y sofisticado. La formación académica les ayudará a edificar el reino de Dios y proveer para su futura familia. Debido a que estudiar es tan importante para la nueva generación, se estableció el Fondo Perpetuo para la Educación que ahora beneficia a más de 30 mil jóvenes de todo el mundo. Además, la Iglesia ha invertido muchos recursos alrededor del mundo en Institutos de Religión y en grandes escuelas y universidades de la Iglesia. Espero que estén siguiendo el consejo profético de obtener toda la formación y capacitación posible.

Es verdad que tendrán mayor capacidad de servir en la Iglesia y de edificar el reino del Señor si tienen un buen empleo. Serán mejores padres y madres si están preparados académicamente y saben cómo resolver los problemas familiares y administrar el hogar de manera sabia.

Algunas de ustedes, hermanas, están decidiendo si deben casarse y formar una familia o escoger una carrera. Son inteligentes y competentes y disponen de oportunidades que sus abuelas jamás soñaron tener. Las posibilidades de obtener logros académicos y alcanzar los logros del mundo nunca han sido mayores; pero espero que tomen sus decisiones considerando las bendiciones de Abraham.

Las mujeres Santos de los Últimos Días deben comprender que no importa la ayuda de cuántas personas más obtengan para el hogar y los hijos, ellas no pueden delegar su función principal de enseñar y de criar con amor a su familia. Ser una madre recta exige todos los recursos que se poseen para satisfacer las necesidades de su familia. En calidad de hijas de Dios que han hecho convenios con Él, ustedes poseen la mitad femenina vital e indispensable de la responsabilidad de cumplir con el plan del Señor.

Cada una de ustedes posee el albedrío para decidir, con espíritu de oración y de humildad, qué debe hacer ante sus oportunidades profesionales. Cada elección tiene una consecuencia; no se puede tener todo y hacer todo. Deben escoger teniendo en cuenta las prioridades eternas. Espero que comprendan que no hay carreras glamurosas, sino que todo tipo de empleo trae consigo sus propias dificultades innatas. Muchas opciones disponibles en el mundo de hoy compiten con las responsabilidades y metas eternas. Muchas alternativas podrían persuadirles a limitar la cantidad de hijos que inviten a su familia o a posponer tenerlos; otras decisiones quizás les priven del tiempo y de la energía cruciales y necesarios para cuidar apropiadamente de su cónyuge, de sus hijos y de sus responsabilidades en el reino del Señor. Esas decisiones son entre ustedes y el Señor. Él conoce los deseos de su corazón y sus circunstancias individuales.

La mayoría de ustedes en esta congregación se casará algún día. En esta etapa de preparación, ¿están desarrollando y buscando las cualidades correctas de un compañero eterno?

Hace algún tiempo, el presidente Hinckley dijo a los hombres: “La joven con la cual se casen se jugará la suerte con ustedes. Ella le entregará todo su ser al joven con quien contraiga matrimonio. En gran forma, él determinará el resto de [la] vida [de ella]”2.

Varones, ¿se están convirtiendo en la clase de persona que podría pedirle a una joven que se juegue la suerte con ustedes?

Mujeres, podría preguntarles lo mismo. El hombre con el que se casen también se jugará la suerte con ustedes. En la sección 25 de Doctrina y Convenios el Señor imparte a las esposas el buen consejo de “ser un consuelo para… [su] marido… con palabras consoladoras, con el espíritu de mansedumbre” (D. y C. 25:5). ¿Son esa clase de mujer? El hombre con el que se casen será feliz en gran medida debido a la influencia que tengan en su felicidad.

Algunos de ustedes ya han hallado a alguien que les atrae, con quien son compatibles y que posee cualidades que admiran, pero quizás estén temerosos de comprometerse porque se preguntan si mañana, o la semana o el año entrantes encontrarán alguien aún más ideal.

Ya que esta decisión es tan importante, a muchos les preocupa hacer la elección correcta. Los ejemplos que hallamos ilustrados en películas y libros sobre cómo escoger un cónyuge no nos ayudan mucho. A menudo muestran esta elección como un asunto de suerte o destino, y como un evento mágico y, por lo general, tales romances aparecen representados de manera irracional como el descubrimiento repentino de un alma gemela única.

En cuanto a las denominadas almas gemelas, el presidente Spencer W. Kimball dijo: “La idea de las ‘almas gemelas’ es una quimera, una ilusión; y aunque toda persona joven, hombre o mujer, tratará con toda dili gencia y devoción de encontrar a la persona con la cual la vida pueda ser más compatible y hermosa, también es cierto que casi todo buen hombre y toda buena mujer podrían tener felicidad y éxito en el matrimonio si ambos estuvieran dispuestos a pagar el precio”3.

Los profetas han proporcionado algunas pautas inspiradas para ayudarles a hallar un compañero eterno. Hace unos veinte años, el presidente Ezra Taft Benson enumeró algunas cualidades que los hombres deben buscar en una compañera. Sus palabras todavía son verdaderas:

“Ahora, hermanos, les digo que no esperen la perfección en la esposa que elijan. No sean demasiado exigentes y fíjense más en las cualidades que son realmente importantes en ella: que posea un fuerte testimonio, que viva los principios del Evangelio, que desee dedicarse a su hogar, que quiera ser una madre en Sión y que les apoye en sus responsabilidades del sacerdocio…

“Y una buena forma de determinar si la joven es la elegida para ustedes es analizar si cuando están con ella tienen los pensamientos más nobles, aspiran a alcanzar las cosas más bellas y quieren ser mejores de lo que son”4.

Ahora escuchemos lo que el presidente Hinckley aconseja a las mujeres: “[Ustedes] esperan conseguir al hombre perfecto. Yo todavía no he visto a ninguno que lo sea. Pónganse metas altas, pero no tan altas que no las puedan alcanzar. Lo que en verdad importa es que él las ame, las respete, las honre y les sea absolutamente fiel, que les dé la libertad para expresarse y les permita desarrollar sus propios talentos. Él no va a ser perfecto, pero si es bondadoso y considerado, si sabe trabajar y ganarse la vida, si es honrado y lleno de fe, la posibilidad es que no se equivoquen y que sean inmensamente felices”5.

Permítanme preguntarles: Si fueran a casarse mañana, ¿estarían preparados para ser un buen cónyuge? ¿Aportarían a su matrimonio virtudes personales que los harían un buen compañero? ¿Saben comunicarse? ¿Saben resolver problemas? ¿Poseen las aptitudes para crear en el hogar un ambiente de amor? ¿Tienen suficiente fe, esperanza y caridad para crear un matrimonio que sobreviva y prospere?

Varones, como una tía que ahora les hablará claramente, espero que comprendan que no hay mujer digna a quien podrán conquistar con ropa sucia, hábitos desagradables o apariencia desaliñada. Sí, una mujer justa los amará por lo que haya en su mente y en su corazón, pero valorará muchísimo sus esfuerzos sinceros por mostrarle buenos modales y consideración. También deben saber que no existe una compañera que de buena gana pase por alto el egoísmo. Por favor, recuerden que no existe una recta hija de Dios que por voluntad propia tolere el hábito de la pornografía en el joven con quien salga y se case. Es más, si una joven notara cualquier indicio de que el joven que le interesa está involucrado en la pornografía en cualquiera de sus formas, yo le diría que esa es una banderilla roja que significa que debe abandonar esa relación. Ahora es la etapa para desarrollar hábitos rectos y respetuosos y atributos cristianos que bendigan a su futura familia y matrimonio.

Mujeres, les hablo como una tía que les ama y les digo que no existe un príncipe mágico que alegremente aprecie sus hábitos desagradables o sucios, ni su apariencia desaliñada. Sí, un hombre justo las amará por lo que haya en su mente y corazón, pero estará aún más agradecido por una mujer que valore la limpieza y belleza en sí misma y en lo que la rodea. A los hombres rectos les atraen las mujeres de rostro radiante; además, ningún recto poseedor del sacerdocio tolerará por voluntad propia que su esposa tenga hábitos pornográficos, ni estará de acuerdo en que ella muestre y anuncie su precioso cuerpo a otros hombres por medio de la ropa ajustada o de otra forma inmodesta e inapropiada manera en la que se vista y comporte. Asimismo, aún no he conocido a un hombre que disfrute escenas dramáticas y berrinches temperamentales. No existe un compañero que de buena gana pase por alto el egoísmo. Ahora es la etapa para desarrollar hábitos rectos y respetuosos y atributos cristianos como la bondad y la longanimidad que bendecirán a su futuro hogar y familia.

Por favor comprendan lo que acabo de decir. Quiero que entiendan que sus imperfecciones y debilidades los acompañarán al matrimonio y se maximizarán en él. A menos que se vayan a casar hoy, aún tienen tiempo para desechar malos hábitos y cultivar buenos hábitos y cualidades que bendecirán su matrimonio y familia. El presidente Thomas S. Monson ha enseñado: “Es importante mirar hacia adelante, fijar un curso y estar por lo menos parcialmente listos para cuando llegue el momento de la decisión”6.

La mayoría de ustedes serán también padres que crearán hogares rectos para sus familias. Cuando era joven, mi madre me enseñó que mientras fuera soltera debía aprender cómo ocuparme de una vida y de una habitación, con el fin de estar preparada para ocuparme de varias vidas y varias habitaciones. En Doctrina y Convenios el Señor nos da el modelo para lograr un hogar lleno del Espíritu. Debe ser “una casa de oración, una casa de ayuno, [y] una casa de fe” (D. y C. 109:8); debe ser una casa donde el Espíritu del Señor pueda morar, donde no se permita entrar ninguna cosa impura; y una casa de conocimiento, donde se estudien los mejores libros, que incluyen las Escrituras (véase el vers. 7).

Eso lleva a plantear las siguientes preguntas: ¿Es así la casa o habitación donde ahora residen? ¿Oran, ayunan y leen las Escrituras en su habitación? ¿Viven en un lugar de orden o de desorden? ¿Permiten que entren cosas impuras en ella mediante películas, libros o internet? ¿La llenan con cosas edificantes, con las mejores cosas? ¿Es su hogar actual un lugar donde el Espíritu del Señor puede morar?

Además, hay habilidades importantes que deben desarrollar que les ayudarán a ser un buen padre o una buena madre y a formar un hogar feliz. Dichas habilidades incluyen cocinar, limpiar y reparar cosas rotas o descompuestas. Los prudentes hábitos financieros también son cruciales para un matrimonio feliz; éstos incluyen la administración cuidadosa de los préstamos estudiantiles. El presidente Hinckley dijo: “No hay nada que cause más tensión en el matrimonio que las deudas agobiantes”7. Parte de su preparación para el matrimonio y la familia es la práctica de buenos hábitos financieros ahora para que cuando se casen, ustedes y su cónyuge comiencen su vida juntos sin enormes cargas económicas.

Ahora se les considera personas adultas y ustedes saben cómo ser responsables. Espero que estén aprovechando al máximo este precioso don del tiempo que tienen para prepararse para sus futuros papeles y responsabilidades; y cuando se preparen de manera apropiada para ellos, tendrán el Espíritu para guiarles en las decisiones importantes. Al prepararse para el futuro tendrán más posibilidades de entablar las amistades que les ayudarán a hallar a alguien con quien casarse en el templo y formar una familia eterna.

Ahora, mis queridos sobrinos y sobrinas, mis amigos, deseo expresarles el amor y la confianza que tengo en ustedes. Mucho depende de ustedes. Se les ha enseñado reiteradamente sobre la responsabilidad que tienen de buscar las bendiciones de Abraham, que incluyen la formación de familias eternas. Les insto a no demorar de manera innecesaria el matrimonio o el tener hijos. Ahora mismo, los espíritus de niños valientes están esperando que ustedes los inviten a venir a una familia feliz que ha sido sellada.

Están en la etapa de la vida en la que deben estar buscando las bendiciones de Abraham. Posponer el matrimonio hasta después de alcanzar alguna otra meta, independientemente de cuán importante el mundo diga que ésta es, sólo aumentará su vulnerabilidad a la inmoralidad que pone en peligro sus probabilidades de recibir estas bendiciones. Por favor, no se arriesguen a la tentación al demorar este paso natural e importante de su progreso eterno. Cuando tomen la decisión de con quién casarse, lo que más necesitarán será fe. Esperar a lograr otras metas como el obtener más formación académica, más dinero o más propiedades antes del matrimonio simplemente demorará las bendiciones prometidas.

Les he hablado esta noche como una tía que los ama. Asimismo, sus propios tíos y tías quizás los hayan aconsejado. Estoy segura de que sus líderes del sacerdocio, maestros y asesores se han interesado en su futuro del mismo modo. Espero que en esta etapa importante de sus vidas también escuchen detenidamente el consejo de padres justos que tienen responsabilidad eterna por su bienestar.

El presidente Monson ha dicho: “Al tomar una decisión tan trascendental como con quién casarse, sugiero que busquen la ayuda de sus padres. Tómense el tiempo para hablar en confianza con ellos, ya que no los dejarán ni abandonarán. Les aman profundamente y desean para una preciosa hija o para un firme hijo lo mejor de la vida y las supremas promesas de la eternidad”8.

Esta noche les he hablado sobre cuatro llaves que les ayudarán a abrir la puerta de esas bendiciones: Pueden y deben estar sirviendo al prójimo. Pueden y deben estar compartiendo el Evangelio. Pueden y deben ser salvadores en el monte de Sión al participar en la obra del templo y de historia familiar. Y pueden y deben estar haciendo todo lo posible a fin de prepararse en sus futuras funciones y responsabilidades.

Las cuatro actividades que he explicado aumentarán su fe y felicidad durante toda su vida. Son características del discipulado que fortalecerán sus futuros matrimonios y familias e invitarán a que el Espíritu los acompañe. Al participar en esas actividades individualmente, con sus amigos, quórumes y grupos de la Sociedad de Socorro y de instituto, entablarán amistades y sociabilidad que los mantendrán en los lugares correctos, haciendo lo correcto, y con las personas correctas; y de esa forma aumentarán sus probabilidades de conocer a personas que podrían ser sus futuros cónyuges.

Testifico que esta Iglesia es guiada por apóstoles y profetas que supervisan y dirigen los asuntos del Señor en todo el mundo. El evangelio restaurado de Jesucristo es verdadero y, debido a ello, mucho depende de ustedes, la nueva generación. Como una amorosa tía, espero que ustedes, al igual que Abraham, sean seguidores de la rectitud, que busquen las bendiciones de los padres al efectuar convenios en el templo y formar familias eternas, y que de ese modo hallen mayor conocimiento, felicidad, paz y reposo. En el nombre de Jesucristo. Amén.


NOTAS

  1. Véase Carta de la Primera Presidencia, 7 de septiembre de 2007.
  2. “Sean dignos de la joven con la cual se van a casar algún día”, Liahona, julio de 1998, pág. 53.
  3. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball, pág. 216.
  4. Véase “A los mayores solteros de la Iglesia”, Liahona, julio de 1988, pág. 49.
  5. “A las mujeres de la Iglesia”, Liahona, noviembre de 2003, pág. 114.
  6. “Whom Shall I Marry?”, New Era, octubre de 2004, pág. 4.
  7. “Sean dignos de la joven con la cual se van a casar algún día”, Liahona, julio de 1998, pág. 55.
  8. New Era, octubre de 2004, pág. 7.
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