Recordarle siempre

Recordarle siempre

ulisses-soares-official-portrait-2018-2070871-wallpaper-1

Por el élder Ulisses Soares
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
Liahona Abril 2022

Cuanto más recordemos al Señor, más poder tendremos para seguir en la senda, haciendo lo que Él espera de nosotros.

En las Escrituras aprendemos en cuanto al ciclo de prosperidad y orgullo que ha afectado a los hijos de Dios a lo largo de la historia de la humanidad. Cuando los pueblos recordaban al Señor, prosperaban. No obstante, cuando lo olvidaban, caían en un ciclo de orgullo a causa de sus riquezas, avances tecnológicos y oportunidades de formación académica. En consecuencia, se volvieron personas que rechazaban al Señor y Sus convenios.

Pensemos en uno de los convenios que hacemos cada semana al participar de la Santa Cena: el convenio de “recordarle siempre”, recordar al Salvador (D. y C. 20:77, 79). Este convenio se repite en las dos oraciones sacramentales. Una palabra importante de este convenio es recordar.

La palabra recordar aparece cientos de veces en las Escrituras. En el antiguo Israel, recordar se utilizaba en muchos casos con el fin de ayudar al pueblo del Señor a recordar lo que Él había hecho por ellos en tiempos pasados. Incluso se utilizaba de manera más habitual en el contexto de los convenios que el Señor hizo con Su pueblo.

A los hijos de Israel, como a muchas personas de la actualidad, les costaba recordar al Señor y Sus mandamientos, y debido a que se olvidaban, a menudo sufrían consecuencias dolorosas. Esa es una de las razones por las que el Señor empleaba la palabra recordar. Por ejemplo, el trayecto de Egipto a Israel comenzó con este mandamiento: “… Tened memoria de este día, en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de servidumbre, pues Jehová os ha sacado de aquí con mano fuerte” (Éxodo 13:3).

El término en inglés remember [recordar] proviene del vocablo en latín memor que significa “ser consciente de”. En ese contexto, la palabra recordar quiere decir tener en mente o poder traer a la mente una conciencia de alguien o algo que uno ha visto, conocido o vivido en el pasado1. Hay una gran correlación entre la emoción que se siente y el recuerdo que queda. Por ello, cuanto más fuerte sea la emoción, más vívido será el recuerdo y más huella dejará. En el contexto hebreo, la palabra recordar implica un conocimiento que va acompañado de un acto correspondiente. Por consiguiente, hacer es una parte esencial de recordar.

En el contexto hebreo, la palabra recordar implica un conocimiento que va acompañado de un acto correspondiente. Por consiguiente, hacer es una parte esencial de recordar.

Cuanto más recordemos al Señor, más poder tendremos para seguir en la senda correcta, haciendo lo que Él espera de nosotros. En este sentido, al participar de la Santa Cena testificamos ante Dios, el Padre Eterno, que recordaremos al Salvador en la mente y en el corazón en todo tiempo y en todo lugar. Prometemos mantener en el corazón vívidos sentimientos y emociones de gratitud por Su sacrificio, Su amor y los dones que Él nos da. También prometemos actuar de conformidad con esos recuerdos, sentimientos y emociones.

El porqué, el cómo y el qué de recordarle

Un año después de la organización de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el Señor dio una revelación a José Smith que ofrece una dimensión más amplia del convenio de recordarle siempre:

“Ofrecerás un sacrificio al Señor tu Dios en rectitud, sí, el de un corazón quebrantado y un espíritu contrito.

“Y para que más íntegramente te conserves sin mancha del mundo, irás a la casa de oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo […];

“sin embargo, tus votos se ofrecerán en rectitud todos los días y a todo tiempo;

“pero recuerda que en este, el día del Señor, ofrecerás tus ofrendas y tus sacramentos al Altísimo, confesando tus pecados a tus hermanos, y ante el Señor” (D. y C. 59:8–9, 11–12).

Mediante esta revelación, el Señor nos enseñó sobre el porqué, el cómo y el qué debemos hacer a fin de recordarle siempre.

El porqué: “para que más íntegramente te conserves sin mancha del mundo”.

El cómo: “tus votos se ofrecerán en rectitud” con “un corazón quebrantado y un espíritu contrito”.

El qué: “ofrecerás tus ofrendas y tus sacramentos al Altísimo, confesando tus pecados a tus hermanos, y ante el Señor”.

En este pasaje se menciona la palabra ofrendas. En las Escrituras, el término ofrenda implica una devoción total al Señor, ofreciéndole un corazón quebrantado y un espíritu contrito. También se refiere a cualquier sacrificio que hagamos por el Señor. De esa manera, el convenio de recordarle siempre tiene que ver con sacrificarlo todo por el Señor con un corazón quebrantado y un espíritu contrito. Todo esto confirma que recordar al Salvador es actuar conforme a las cosas que nos mantengan en la senda de la rectitud.

Qué inestimable dádiva es la que se nos ha dado de participar de los emblemas del cuerpo quebrantado y de la sangre derramada del Maestro en Su día de reposo. Al participar de la Santa Cena, comemos el pan partido en recuerdo de Su cuerpo. Bebemos el agua en recuerdo de Su sangre, que se derramó por nosotros. Además, hacemos convenio con el Señor de recordarle siempre.

Entonces recibimos la maravillosa promesa de “que siempre p[odamos] tener su Espíritu [con nosotros]” (D. y C. 20:77; véase también el versículo 79), si actuamos de conformidad con nuestro convenio. Nuestro Padre Celestial da tanta importancia al hecho de participar de la Santa Cena que se nos exhorta a hacerlo cada domingo.

Mis queridos amigos, el convenio de recordarle siempre debe influir e inspirarnos en todas las decisiones y actos de nuestra vida. El rey Benjamín enseñó:

“… por tanto, quisiera que tomaseis sobre vosotros el nombre de Cristo, todos vosotros que habéis hecho convenio con Dios de ser obedientes hasta el fin de vuestras vidas […].

“Y quisiera que también recordaseis que este es el nombre que dije que os daría, el cual nunca sería borrado, sino por transgresión; por tanto, tened cuidado de no transgredir, para que el nombre no sea borrado de vuestros corazones” (véase Mosíah 5:8, 11).

El convenio de recordarle siempre debe influir e inspirarnos en todas las decisiones y actos de nuestra vida.

Por tanto, recordar al Salvador todos los días afecta a cada una de las decisiones que tomamos. Por ejemplo, influye en la manera en que hablamos; en lo que optamos por hacer, ver, leer y escuchar, y en la forma en que nos tratamos los unos a los otros. Les puedo asegurar que el Señor mismo inspirará esas decisiones y nos guiará en nuestros desafíos, y que la cosecha será positiva.

Dada la realidad de la expiación de Jesucristo, la vida tiene posibilidades eternas y divinas para aquellos que lo recuerden siempre. Tiene una importancia fundamental que recordemos los sentimientos que tenemos al participar de la Santa Cena. Nos estamos preparando para la vida eterna y la exaltación a medida que participamos de la Santa Cena y prometemos recordar al Salvador en el corazón y la mente, a sabiendas de que el recordarlo nos guiará en cada decisión y acto.

“Asombro me da”

Los invito a que me acompañen a reflexionar sobre el impacto que este importante principio puede tener en nuestra vida. Les ruego que consideren algunas de las cosas que podemos hacer a fin de recordar siempre a Jesucristo todos los días. El Salvador dijo: “Vosotros sois mis amigos si hacéis las cosas que yo os mando” (Juan 15:14).

A nuestro Salvador Jesucristo lo motivaba Su compromiso de recordar siempre al Padre y de hacer siempre la voluntad de Dios debido al infinito amor que Él siente por Dios y por nosotros. La sincera oración que ofreció en Getsemaní aún resuena en mi mente: “… Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; pero no lo que yo quiero, sino lo que quieres tú” (Marcos 14:36).

Parafraseando la letra del himno “Asombro me da”2 , asombro me da el momento en que Jesús, clavado en la cruz, dijo: “… Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

Asombro me da que por mí Él fue crucificado; que por mí, un pecador, Él sufrió, sangró, murió y resucitó. Y Él me prometió que, si tengo un espíritu contrito y reconozco mis pecados y carencias, y que si estoy dispuesto a arrepentirme y a amar a los hijos de Dios como el Salvador los ama, el Señor garantizará mi perdón y un lugar a Su lado.

Sentir el amor del Salvador

Recuerden y reconozcan siempre al Salvador en su vida. Recuerden siempre venir a Él, permitir que Su influencia guíe sus pensamientos, sus sentimientos y sus decisiones, y recuerden siempre seguirlo a Él. Acudan siempre a Él en momentos de angustia, en momentos de dificultad, en momentos de depresión y en momentos de desafíos. Sientan el amor del Salvador y su preocupación sincera por el bienestar de ustedes.

Les ruego que recuerden que son hijos preciados de nuestro Padre Celestial, reservados para venir a la tierra en este momento de la historia. Recuerden que fueron escogidos por el Padre para venir en estos tiempos porque tienen el poder de afrontar los desafíos de esta época. Por favor, recuerden que la felicidad y la paz en esta vida y en el mundo venidero dependen de que recuerden a diario al Salvador y sus convenios con Él.

Tomado de un discurso pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young el 5 de febrero de 2019.


1. Véase Merriam-Webster.com Dictionary, “remember”.
2. Véase “Asombro me da”, Himnos, nro. 118.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s