El Respeto al Sacerdocio

La Restauración del Sacerdocio Aarónico

El Respeto al Sacerdocio

Joseph F. Smith

por el presidente Joseph F. Smith
(Tornado de The Improvement Era, January 1957)


Sacerdocio es la facultad de Dios delegada a aquellos que son llamados autorizadamente para oficiar en las ordenanzas del evangelio. “El Sacerdocio de Melquisedec tiene el derecho de presidir, y su poder y autoridad se extienden a todos los oficios de la Iglesia, en todas las edades del mundo, para administrar las cosas espirituales.” (D. y C. 107:8).

Aun cuando no sea posible respetar a los hombres en su calidad de hombres, sin embargo, si poseen el Sacerdocio se les debe respetar por esa razón. Dios no permitirá que el hombre indigno oficie con esta autoridad por mucho tiempo. ¿Qué significa el Sacerdocio? El Sacerdocio es la autoridad que Dios confiere a los hombres aquí en la tierra para que oficien en su nombre. “Y lo que hablaren —dice en Doctrinas y Convenios (68:4) — cuando fueren inspirados por el Espíritu Santo, será escritura, será la voluntad del Señor, será la intención del Señor, será la palabra del Señor, será la voz del Señor y el poder de Dios para la salvación.” Es una responsabilidad maravillosa y un encargo muy precioso que se da a toda persona que ha sido bendecida de Dios con esta facultad. En igual manera, se impone una obligación sobre aquellos que rechazan esta autoridad o la tratan ligeramente o no saben respetarla.

Tengo un amigo que vive en un país lejano. No puedo ir a verlo en persona, pero le mando un mensajero, comisionado para entregarle mi mensaje. Va, y es recibido con gozo. Se le trata de la mejor manera. Mi amigo lo recibe por causa de mí y respeta su palabra como si hablara yo. Mi mensajero le comunica mi mensaje. No me representa falsamente. Como hombre, me estima tanto, que no lo haría ni pensaría en traicionar el cargo y la confianza que he depositado en él. Así también en muchos de los asuntos comunes de nuestras vidas diarias, ninguno de nosotros pensaría en falsear la sincera confianza que tenemos el uno en el otro. Estimamos las responsabilidades, así del que las recibe, como del que comunica el mensaje de un hombre a otro.

¿No hemos de ser, entonces, más fieles aun en lo que respecta a los asuntos que nos son confiados de Dios? Hallamos la misma cosa en los gobiernos. Un embajador habla en nombre de su país, y el gobierno al cual se dirige recibe sus palabras como si fueran las del país que representa. Si violara su cargo, pronto se hallaría en dificultades; y si el país al cual comunica su mensaje no lo escucha, sería como si no escuchara al gobierno que representa. El tratamiento que se le da es el que su país recibe. Ambas partes incurren en responsabilidades que el honor exige que se respeten. Aquellos que son falsos a estas comisiones, sean privadas o públicas, son echados afuera y despreciados por los hombres.

Por estas sencillas ilustraciones, si captáis la idea que se tiene por objeto comunicar, comprenderéis desde luego la relación que existe entre Dios y los hombres que poseen el Sacerdocio, el cual es su poder, y entenderéis cuál es su responsabilidad, así como la de aquellos a quienes son enviados como sus agentes. Nos referimos nuevamente a Doctrinas y Convenios (84:35-39):

Y también todos los que reciben este sacerdocio, a mí me reciben, dice el Señor;
Porque el que recibe a mis siervos, me recibe a mí; y el que recibe a mí, recibe a mi Padre;
Y el que recibe a mi Padre, recibe el reino de mi Padre; por tanto, todo lo que mi Padre tiene le será dado.
Y esto va de acuerdo con el juramento y el convenio que corresponden a este sacerdocio.

Esto se refiere a aquellos a quienes se confiere este Sacerdocio. En vista de estas condiciones y promesas, ¿cómo puede una persona justificar su falta de respeto hacia los siervos de Dios que poseen este Santo Sacerdocio? Al hacerlo, tales personas son irrespetuosas para con los agentes de Dios y desprecian el mensaje del Señor, su mejor amigo verdadero y viviente. Hacen con Dios lo que no pensarían hacer con sus amigos y compañeros. ¿No hemos de conducirnos tan honorablemente con Dios y los mensajes que nos comunica por medio de sus agentes autorizados, como con nuestros semejantes? Algunos harán objeciones y dirán que el agente tiene debilidades: que no es sino un hombre, e igual que todos ellos, es imperfecto y, por lo consiguiente, no es digno de nuestro respeto. Este argumento es erróneo, porque entonces, ¿a quién podríamos respetar de entre nuestros amigos? ¿No están sujetos todos los hombres a las debilidades y las imperfecciones? Digamos más bien que por ser ellos los agentes del Padre, nosotros tenemos el deber de recibirlos y respetarlos como lo haríamos con la persona del Padre. “Porque el que recibe a mis siervos, me recibe a mí”.

Si los hombres que tienen esta responsabilidad de Dios, es decir, de ser sus siervos autorizados, abusan de la confianza que el Señor ha depositado en ellos, tendrán que responder por su conducta y serán premiados o castigados según el honor o falta de respeto con que hayan tratado la misión que les fue señalada. Nos es dicho en los pasajes citados, que todo lo que tiene el Padre les será dado y esto de acuerdo con el juramento y convenio que corresponden al Sacerdocio:

Así que, todos aquellos que reciben el sacerdocio reciben este juramento y convenio de mi Padre que no se puede quebrantar, ni tampoco puede ser traspasado.

Pero el que violare este convenio, después de haberlo recibido, y lo abandonare totalmente, no logrará el perdón de sus pecados ni en este mundo ni en el venidero. (D. y C. 84:40-41).

Por esto podemos ver la terrible responsabilidad que descansa sobre aquellos que le son falsos a Dios después de haber sido delegados para llevar a cabo su obra y comunicar sus mensajes. Se hallan bajo una condenación peor que la de aquellos que no estiman los mensajes que les llevan del Padre.

Los jóvenes no pueden pagar el precio de ser irrespetuosos para con los siervos del Señor, ni de tratar ligeramente la autoridad conferida de Dios al hombre, que es su facultad, su Santo Sacerdocio. Es una tremenda responsabilidad que se echan sobre ellos mismos cuando lo hacen. ¿A quién se le ocurriría burlarse de cosas tan sagradas? El hombre que posee el Sacerdocio ha sido comisionado por Dios para obrar en la tierra para que sea desatado en los cielos; bendecir y maldecir, y en todo respecto obrar en el nombre de Dios, el cual ha prometido reconocer estos hechos como su voluntad, su intención, su palabra, su voz y su poder para salvación. Más aun con todo esto, todavía hallamos hombres que no dan el debido respeto a esta autoridad, o se burlan de ella, o la desprecian por completo.

A tal grado se manifiesta la falta de respeto al Sacerdocio, que el presidente Jorge Q. Cannon habló sobre este tema en uno de sus discursos durante la conferencia de abril de 1900. Indicó la necesidad de un cambio en este sentido. Declaró que jamás había habido tanta falta de reverencia como entonces y suplicó a la gente que reflexionara el peligro que había en esa manera de proceder.

Quisiera suplicaros a vosotros, los jóvenes, a que mostréis el debido respeto al sacerdocio y a los siervos del Señor que lo poseen. Os hará más felices, os hará mejores personas. Tenéis aspiraciones: deseáis las bendiciones, temporales así como espirituales, que son el don de Dios. ¿Por qué no obtenerlas en la manera prescrita: honrando, recibiendo y respetando el Sacerdocio, para que os sea dado todo lo que el Padre tiene? ¿Podéis pedir más? Recordad que sin las ordenanzas y la autoridad de este sacerdocio, “el poder de Dios no se manifiesta a los hombres en la carne”.

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Una respuesta a El Respeto al Sacerdocio

  1. ARTURO MONDACA SMITH dijo:

    Nuestro querido Profeta tiene toda la razón y la debemos recordar siempre .- El Santo Sacerdocio es el Poder de Dios delegado al hombre para bendecir Sus hijos e hijas . Para respetarlo siempre no debemos olvidar los Convenios que hemos hecho con nuestro Padre Celestial .

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