Las ordenanzas del templo: Cómo prepararse para regresar a la presencia de Dios

Las ordenanzas del templo:
Cómo prepararse para regresar a la presencia de Dios

David A. Bednar

Por el élder David A. Bednar
Del Cuórum de los Doce Apóstoles


Los invito a aprender diligentemente y a apreciar la importancia eterna de los convenios y las ordenanzas del templo y la adoración en el templo conforme se esfuerzan por venir al Salvador.

La obra de Dios y Su gloria es “[ll]evar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39); prepararnos para vivir “de una manera más elevada y santa”1 para que podamos regresar a Su presencia.

En Su infinita y eterna misericordia, el Señor, por medio de Sus profetas y apóstoles, ha invitado continuamente a Sus hijos e hijas a prepararse para Su venida y llegar a ser un pueblo de Sion, listos para ser levantados a fin de recibirlo (véanse Alma 12:24; 34:32Doctrina y Convenios 45:4565:588:96–97). Y siempre ha sido fundamental para esa preparación aprender la doctrina de Jesucristo, ejercer la fe en Él, arrepentirse, y recibir convenios y ordenanzas sagrados.

Los ejemplos del Antiguo Testamento de la invitación de Dios a Sus hijos de prepararse para vivir una ley mayor y recibir los convenios y las ordenanzas de salvación resultan instructivos para nosotros en la actualidad.

En Éxodo, Dios instó a Israel a convertirse en un “especial tesoro” y a santificarse como preparación para recibirlo (véase Éxodo 19:4–6, 10–11, 17). Jehová dio a Israel “tablas de piedra, y la ley y los mandamientos” (Éxodo 24:12), e hicieron convenio con Dios, diciendo: “Todo lo que Jehová ha dicho haremos” (Éxodo 19:8; véase también 24:3). El Señor prometió que, si eran obedientes a sus convenios, Él moraría entre ellos (véase Éxodo 29:45–46). Sin embargo, cuando Israel fue testigo de “la gloria de Jehová” (Éxodo 24:16) sobre el monte Sinaí, tuvieron miedo, se mantuvieron lejos y finalmente se rebelaron contra Dios (véanse Éxodo 20:18–21; 32:1–6).

Un segundo ejemplo en el Antiguo Testamento es el del rey Salomón, que edifica una Casa al Señor (véase 1 Reyes 6:11–13). El arca del convenio y otros utensilios sagrados se colocaron en “el lugar santísimo” (1 Reyes 8:6), y “la gloria de Jehová [llenó] la casa de Jehová” (1 Reyes 8:11). Salomón ofreció una oración dedicatoria y pidió que se otorgaran bendiciones temporales y espirituales al Israel arrepentido y piadoso. El Señor escuchó sus oraciones de súplica y prometió a Israel grandes bendiciones, si eran obedientes. No obstante, Israel abandonó al Señor y adoraron a dioses falsos (véase 1 Reyes 9–11).

Otros profetas del Antiguo Testamento procuraron diligentemente enseñar y santificar a Israel “a fin de que vieran la faz de Dios; mas endurecieron sus corazones y no pudieron aguantar su presencia” (Doctrina y Convenios 84:23–24).

De forma repetida, los hijos de Israel eran incrédulos, temerosos o no estaban dispuestos a cambiar; deseaban un camino más fácil; tenían el corazón puesto en cosas mundanas; o se rebelaban de forma voluntaria contra el Señor y Sus profetas. Cada vez que Israel se apartaba de Dios y abandonaba sus convenios y ordenanzas, la “ira [del Señor] se […] encend[ía] en contra de ellos” (Doctrina y Convenios 84:24), y no podían recibir la plenitud de Su gloria.

El propósito divino del recogimiento

Los esfuerzos del Señor por recoger a Su pueblo y bendecirlos por medio de los convenios y las ordenanzas del templo también se relatan en el Nuevo Testamento y en el Libro de Mormón. El Señor se lamentó de este modo: “¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mateo 23:37; véase también 3 Nefi 10:4–6).

El profeta José Smith enseñó: “¿Cuál era el objeto del recogimiento del […] pueblo de Dios en cualquier época del mundo? […]. El objeto principal era edificar una Casa al Señor en la cual Él pudiera revelar a Su pueblo las ordenanzas de Su casa y las glorias de Su reino, y enseñar a la gente el camino de la salvación; […] para que así […] recibiesen revelaciones de los cielos y se perfeccionaran en las cosas del Reino de Dios; pero ellos no quisieron”2.

El Señor desea recoger a Sus hijos en esta dispensación y ha revelado “cosas que han estado escondidas desde antes de la fundación del mundo […], todas las cosas pertenecientes a esta casa, y su sacerdocio” (Doctrina y Convenios 124:41–42). Él nos alienta a todos nosotros a prepararnos para regresar a Su presencia, lo cual es posible mediante Su sacrificio expiatorio: “He aquí, es mi voluntad que todos los que invoquen mi nombre, y me adoren de acuerdo con mi evangelio eterno, se congreguen y permanezcan en lugares santos” (Doctrina y Convenios 101:22).

¿Por qué son tan importantes las ordenanzas del templo?

De todos los lugares de adoración, los templos son los más santos. Todo lo que se aprende y todo lo que se hace en los templos de los últimos días hace hincapié en el gran plan de felicidad del Padre Celestial, en la divinidad de Jesucristo y en Su función como nuestro Salvador. Los convenios que se reciben y las ordenanzas que se efectúan en los templos son esenciales para la santificación de nuestro corazón y para la exaltación final de los hijos y las hijas de Dios.

“Y este sacerdocio mayor administra el evangelio y posee la llave de los misterios del reino, sí, la llave del conocimiento de Dios.

“Así que, en sus ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad.

“Y sin sus ordenanzas y la autoridad del sacerdocio, el poder de la divinidad no se manifiesta a los hombres en la carne” (Doctrina y Convenios 84:19–21).

Las sagradas ordenanzas que se reciben de manera digna y se recuerdan de forma continua abren los canales celestiales a través de los cuales el poder de la divinidad puede fluir a nuestra vida. Al recibir las ordenanzas del sacerdocio y al hacer y guardar convenios sagrados, nos sujetamos al yugo del Salvador y lo tomamos con Él (véase Mateo 11:28–30)3, y podemos ser bendecidos con una fortaleza que excede la nuestra a fin de vencer las tentaciones y los desafíos de la vida terrenal conforme nos preparamos para regresar a la presencia de Dios.

Las bendiciones de los convenios y las ordenanzas del templo

Dos de las importantes bendiciones que se reciben de los convenios y las ordenanzas del templo son un gozo y un poder cada vez mayores.

El Redentor es la suprema y única fuente del gozo duradero. El verdadero gozo viene de ejercer la fe en el Señor Jesucristo, de recibir dignamente y honrar fielmente convenios y ordenanzas sagrados, y de esforzarnos por llegar a convertirnos profundamente al Salvador y a Sus propósitos.

Alma enseñó a su hijo que una mayor santidad y gozo en nuestra vida son posibles conforme somos limpiados y santificados mediante la expiación de Jesucristo. Solo podremos recibir la felicidad duradera que todos deseamos experimentar y retener al tener fe en nuestro Redentor, arrepentirnos y cumplir con los convenios4.

Noten la promesa del presidente Russell M. Nelson: “… invitamos a todos los hijos de Dios en ambos lados del velo a venir a su Salvador, recibir las bendiciones del santo templo, tener gozo duradero y hacerse merecedores de la vida eterna”5.

En nuestros días, cuando los poderes de las tinieblas se desatan “y amenazan quitarnos la paz”6, hay un poder protector al alcance de cada uno de nosotros tanto en los convenios y ordenanzas del templo, como por medio de ellos (véanse Doctrina y Convenios 38:3243:1676:39–42105:11–12, 33138:12–15). Nefi tuvo una visión y vio “que el poder del Cordero de Dios descendió […] sobre el pueblo del convenio del Señor […] y tenían por armas su rectitud y el poder de Dios en gran gloria” (1 Nefi 14:14).

En la oración dedicatoria del Templo de Kirtland, el profeta José Smith pidió esto al Padre: “… que tus siervos salgan de esta casa armados con tu poder” y “que ninguna combinación inicua [se] levant[e] y ven[za] a los de tu pueblo, sobre quienes se ponga tu nombre en esta casa”(Doctrina y Convenios 109:22, 26).

Cada uno de nosotros debe esforzarse por aprender y comprender mejor el poder protector de los convenios y las ordenanzas disponibles en la Casa del Señor, a fin de que nosotros, como discípulos, podamos “esta[r] en lugares santos y no se[r] movidos” (Doctrina y Convenios 45:32) y podamos “resistir en el día malo” (Efesios 6:13).

Invitación y testimonio

Los invito a aprender diligentemente y a apreciar la importancia eterna de los convenios del templo, de las ordenanzas del templo y de la adoración en el templo conforme se esfuercen por venir al Salvador y recibir las bendiciones que son posibles mediante Su expiación; y testifico con gozo que Dios el Padre y Su Hijo Jesucristo viven, y que Su mayor deseo es que nosotros regresemos a Su presencia y participemos de Su gloria (véanse Doctrina y Convenios 97:16101:38).


  1. Russell M. Nelson, “Palabras de clausura”, Liahona, noviembre de 2019, pág. 121.
  2. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, págs. 443–444.
  3. Véase David A. Bednar, “Con el poder de Dios en gran gloria”, Liahona, noviembre de 2021, pág. 29.
  4. Véase Henry B. Eyring, “La santidad y el plan de felicidad”, Liahona, noviembre de 2019, pág. 100; véase también Alma 42:4–16.
  5. Russell M. Nelson, “Trabajemos hoy en la obra”, Liahona, mayo de 2018, págs. 118–119.
  6. “Te damos, Señor, nuestras gracias”, Himnos, nro. 10.
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