En las manos del Salvador en medio de las pruebas

En las manos del Salvador en medio de las pruebas

Por Tamara Wood Runia
Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Dios usa las pruebas y los dolores que no podemos reparar para moldearnos y refinarnos, y podemos confiar en él aun cuando no entendamos el porqué, porque nuestro sufrimiento tiene propósito y él nos ama.


Me encanta reparar cosas. Si hay un nudo en un cordón o collar, yo lo desenredo. También soy buena quitando manchas. Es como un desafío. Algunos me llaman la domadora de manchas.

Como humanos queremos reparar las cosas y nos frustramos cuando hay algo que no podemos reparar. Hace 13 años, nuestro hijo mayor, Ryan, se levantó un lunes por la mañana, se despidió de su esposa y sus hijos con un beso y se fue a trabajar. Ese día murió a causa de una cardiopatía hipertrófica. Su corazón simplemente se detuvo. Al día siguiente era el cumpleaños de su hija Piper. Al encender las velas en su pastel y comenzar a cantar, ella buscaba a su papá. Y me di cuenta de que eso era algo que yo no podría reparar.

Hay una escritura que ha cambiado la perspectiva con la que veo mi vida. El escenario es una cárcel en la que José Smith suplica a Dios un alivio de sus circunstancias, y en cambio se le dijo: «Todas estas cosas te servirán de experiencia y serán para tu bien». Me pregunto si el profeta tenía idea, cuando recibió esa revelación, de lo que significarían esas palabras para nosotros ahora, que también buscamos a Dios suplicando alivio.

La respuesta de Dios implica que la experiencia es valiosa y que la única manera de obtenerla es pasar por ella. No podemos saltárnosla. ¿Hay alguna otra manera? No hay otra manera. Aprendimos estas lecciones en la vida preterrenal. Lo estudiamos allá y lo vivimos aquí, en el laboratorio de la vida, en la que nos revestimos de Cristo.

  1. S. Lewis explicó: «Dios se propone darnos lo que necesitamos, no lo que ahora creemos que queremos», pero a veces nos desconcierta recibir lo que no necesitamos. ¿Cómo puede nuestro Padre Celestial vernos pasar estas experiencias? Esto ha sido una lucha para mí, y tal vez para ustedes también. Y en la vida terrenal ganamos experiencia.

¿Por qué me sorprendo cada vez que paso por esto? Tal vez porque crecí escuchando: «Si guardas los mandamientos, tendrás bendiciones. Paga tus diezmos y se abrirán las ventanas de los cielos. Sigue la Palabra de Sabiduría y tendrás salud y protección». Promesas verdaderas, ¿cierto? El evangelio parecía un paraguas que me protegía de la lluvia, pero he aprendido que la lluvia nos va a mojar a todos y a veces nos va a golpear bien fuerte. El evangelio no es el paraguas; es la roca firme que nos sostiene durante la tormenta, el fundamento sobre el cual, si los hombres edifican, no caerán.

Cuando un ángel le preguntó a Nefi: «¿Comprendes la condescendencia de Dios?», él respondió: «Sé que ama a sus hijos; sin embargo, no sé el significado de todas las cosas». El amor de Dios me ha hecho pasar de preguntar «¿por qué?» a reflexiones que comienzan con «sé que Dios me ama». Entonces, ¿qué se supone que está pasando aquí? Porque él nos ama, tenemos estas experiencias que nos refinan, y estamos aquí para llegar a ser como él y poder vivir con él.

Las pruebas difíciles tallan una vida como la de Dios. Las cosas desgarradoras que suceden y los deseos justos no cumplidos… Testifico que en esas experiencias santificadoras en las que Dios obra, es posible que nuestra historia no parezca de éxito para los demás. De hecho, desde afuera podría parecer que las cosas se están derrumbando y, de hecho, se sentirá así. Dios nos está moldeando para llegar a ser lo que él sabe que podemos ser.

Así como Nefi, yo no sé el significado de todas las cosas. Cuando hablé en el funeral de Ryan, miré a su esposa, Carrie, y a sus cuatro hijos con el corazón encogido, y dije: «No entiendo por qué sucedió todo esto, pero permítanme ser clara: no entender no es lo mismo que no creer. Creo con toda seguridad que Dios los ve, los ama y conoce su historia, la cual tiene un propósito y es a la vez personal. Su historia es personal, así que no tienen por qué preguntarse: ‘¿Cómo es que mi vida no es como la de ellos?'». Y tiene un significado, porque nuestro sufrimiento significa algo: no es el desvío del camino, le da propósito a nuestro camino. Dios está íntimamente al tanto de su experiencia y tiene un plan para todo, aun si no podemos verlo ahora.

En el funeral de Ryan, su hijo Jack, de 7 años, compartió un discurso de la Primaria que él y su papá habían preparado dos semanas antes. Jack dijo: «Me encantan los Legos, y cuando recibo una caja nueva, saco las piezas y sigo las instrucciones. También nuestro Padre Celestial tiene un plan. Si lo seguimos, nos guiará y podremos construir cosas difíciles». Entonces Carrie le preguntó a Jack: «¿Qué harías si no tuvieras la imagen en la caja y solo las instrucciones? ¿Seguirías con el plan?». Él respondió: «Sí, porque puedes confiar en quien lo diseñó, y siempre resulta».

Pero ¿qué pasaría si creías que tu vida iba a contar una historia hermosa y en cambio tuviste que renunciar a ella? Esa punzada es real y esa herida es grande. Necesitarán su fe más firme en Cristo para seguir encajando las piezas que tengan sentido y también las que no. La obra de Cristo en su vida y su amor por ustedes son más grandes que su historia actual, y él puede arreglar lo que está estropeado.

Un día antes de fallecer, Ryan fue apartado como presidente del quórum de élderes. Esa tarde visitó a un vecino cuya esposa e hijos acababan de abandonarlo. Al regresar a casa, le pidió a Carrie que escribiera lo que le había dicho a ese hombre. Ryan dijo: «Hermano, tienes una decisión importante que tomar. ¿Puedes maldecir a Dios y culparlo? ¿O puedes dejar que él te sane? Todos tenemos una decisión que tomar. Elijamos a Cristo, quien puede sanar las heridas y llenar nuestra vida de gozo».

Dios está diciendo: «Confía en mí». Y estamos aprendiendo a decir que sí. Testifico que esta es la única manera en que podemos progresar y llegar a ser como nuestros Padres Celestiales y como nuestro Salvador. También es una especie de reparación divina que transforma lo que te está sucediendo a ti en algo que está sucediendo para ti.

Les comparto esta imagen visual de una clase de escultura a la que asistió mi hermano Kent. Él dijo: «Nuestro trabajo final consistía en esculpir un busto de nosotros mismos en arcilla». Pensé: «Esto va a ser muy fácil». Al empezar me di cuenta de que no era nada fácil. Al ver la obra, veía que los ojos quedaban horribles. Por más que lo intentaba, no conseguía que los ojos parecieran reales. Miré a mis compañeros y noté que el instructor los ayudaba. Él era muy bueno en eso. Pero yo no quería ayuda; quería que esta fuera mi obra. Me esforcé solo por mucho tiempo, hasta que dejé de lado el orgullo y pedí ayuda.

El instructor se acercó y comenzó a esculpir con destreza. Lo hizo de manera tan enérgica y brusca que me sorprendió. Ahondó la arcilla profundamente y en pocos minutos los ojos cobraron vida. Quedó increíble. No podría haberlo hecho por mí mismo. Al contemplar la obra, vi que era yo, y solo yo. Y no había duda de que la mano de un maestro había moldeado lo que la mía no había podido.

En nuestras almas se está llevando a cabo un proceso de esculpido. Invitar al Salvador a participar es difícil; nuestro orgullo se interpone. Él nos reprenderá con amor para que lo escuchemos, pero espera una invitación antes de ponerse a trabajar. Comenzará a esculpir y a veces nos sorprenderá la fuerza con la que lo hace. Con el paso del tiempo veremos la obra de su mano. Dios nos está moldeando para convertirnos en algo que él sabe que podemos llegar a ser.

Y cuando el sufrimiento y la soledad terminen y desaparezca el dolor, podremos mirarnos en el espejo de nuestra alma, y entonces el asombro nos embargará y desearemos postrarnos a los pies del Salvador y agradecerle por el moldeado, el dolor y la adversidad que nos ayudaron a llegar a ser más como él, porque lo veremos tal como él es y seremos semejantes a él.

Testifico con gozo en el nombre de Jesucristo. Amén.

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