Cantares 3
El amor verdadero se busca con diligencia, se conduce hacia un compromiso honorable y se conserva mediante la fidelidad.
Presenta dos escenas relacionadas con el amor. En la primera, una mujer busca durante la noche «al que ama mi alma» y no se detiene hasta encontrarlo. En la segunda, aparece una procesión nupcial asociada con Salomón, rodeada de perfumes, guardias y materiales preciosos. El capítulo avanza desde la angustia de la ausencia hasta la seguridad y el gozo del compromiso matrimonial.
José Smith indicó que Cantares no es un escrito inspirado; por ello, este capítulo no debe utilizarse como fundamento para establecer doctrinas. Sin embargo, sus imágenes literarias permiten reflexionar sobre principios confirmados en otras Escrituras, como la diligencia, la castidad, la fidelidad conyugal y la necesidad de proteger espiritualmente el matrimonio.
La búsqueda nocturna enseña que el amor verdadero requiere iniciativa y perseverancia, mientras que la procesión nupcial sitúa ese amor dentro de un compromiso público y honorable. No basta con experimentar sentimientos profundos; el amor debe dirigirse hacia relaciones responsables, protegidas por límites correctos y, finalmente, por el convenio matrimonial.
Cantares 3:1–2 — Buscar con diligencia
«Busqué […] al que ama mi alma; lo busqué, mas no lo hallé. Me levantaré ahora y recorreré la ciudad».
La joven no permanece inmóvil ante la ausencia, sino que decide levantarse y buscar. Esta imagen enseña que las relaciones significativas necesitan iniciativa. Cuando la comunicación o la cercanía se debilitan, debemos conversar, pedir perdón y trabajar activamente para recuperar la unidad.
El principio también puede aplicarse con prudencia a nuestra vida espiritual. Cuando sentimos a Dios distante, debemos levantarnos y buscarlo mediante la oración, las Escrituras, el arrepentimiento y la adoración. Esta aplicación no convierte al amado del poema en Jesucristo, sino que reconoce un principio confirmado en otros textos sagrados: quienes buscan diligentemente al Señor pueden encontrarlo.
La determinación «Me levantaré ahora […] y buscaré al que ama mi alma» enseña que el amor requiere iniciativa y esfuerzo perseverante. Cuando en el matrimonio disminuyen la comunicación, la confianza o la cercanía, no basta con lamentar la distancia y esperar pasivamente. Es necesario levantarse: iniciar una conversación sincera, reconocer los errores, pedir perdón y realizar actos concretos que permitan recuperar la unidad. Las relaciones significativas se fortalecen cuando ambos procuran encontrarse emocional y espiritualmente.
Sin convertir al amado del poema en una representación directa de Jesucristo, esta imagen también permite reconocer un principio presente en otros pasajes de las Escrituras: debemos buscar diligentemente al Señor. Cuando lo sentimos distante, podemos acercarnos a Él mediante la oración, el estudio de Su palabra, el arrepentimiento, la adoración y la participación en las ordenanzas. Dios no siempre elimina inmediatamente nuestra sensación de ausencia, pero la búsqueda fiel prepara el corazón para reconocer Su presencia y recibir nuevamente Su luz.
Cantares 3:3 — Buscar orientación
«Me hallaron los guardias que rondan la ciudad, y les dije: ¿Habéis visto al que ama mi alma?».
La joven solicita ayuda a los guardias de la ciudad. En nuestros momentos de confusión, no tenemos que afrontar solos todas las dificultades. Dios puede ayudarnos por medio de padres, líderes, amigos fieles o consejeros capacitados. Buscar orientación prudente no representa falta de fe, sino humildad y sabiduría.
La pregunta dirigida a los guardias —«¿Habéis visto al que ama mi alma?»— muestra la humildad de reconocer que, en ocasiones, necesitamos la perspectiva y la ayuda de otras personas. Dios no espera que afrontemos solos todas nuestras dificultades; con frecuencia, responde nuestras oraciones mediante padres, líderes inspirados, amigos fieles o profesionales capacitados. Buscar orientación prudente no debilita la fe, sino que demuestra sabiduría, disposición para aprender y confianza en los recursos que el Señor ha puesto a nuestro alcance.
Sin embargo, no toda voz ofrece una guía igualmente segura. La orientación recibida debe evaluarse a la luz de las Escrituras, los convenios, la enseñanza profética y la confirmación del Espíritu Santo. En los problemas matrimoniales o personales, pedir ayuda oportunamente puede evitar que las heridas se profundicen y puede abrir caminos hacia la comprensión y la sanación. El Señor puede utilizar a buenos “guardias” para acompañarnos y orientarnos, pero la revelación personal y Jesucristo continúan siendo nuestra fuente suprema de verdad y dirección.
Cantares 3:4 — Encontrar y conservar el amor
«Hallé luego al que ama mi alma; me aferré a él, y no lo dejé».
Este versículo resume la búsqueda y el encuentro. “Aferrarse” no debe entenderse como controlar o dominar a otra persona, sino como cuidar una relación valiosa y permanecer fieles a los compromisos asumidos. En el matrimonio, significa no abandonar los convenios ante las primeras dificultades, sino procurar resolver los problemas con paciencia, arrepentimiento y perdón.
El hecho de llevarlo a la casa de su madre también sitúa el amor dentro de un ambiente familiar y honorable. El afecto digno no se fundamenta en el engaño o el secreto, sino que se dirige hacia un compromiso responsable.
La expresión «me aferré a él, y no lo dejé» representa la determinación de cuidar una relación valiosa. No sugiere posesión, dependencia ni control, sino fidelidad al compromiso asumido. En el matrimonio, aferrarse al amor significa no abandonar precipitadamente los convenios ante las primeras dificultades, sino acudir a Jesucristo y esforzarse por sanar la relación mediante la paciencia, la comunicación, el arrepentimiento y el perdón. La perseverancia matrimonial es virtuosa cuando está acompañada de respeto, seguridad y rectitud; nunca exige tolerar el abuso o permanecer en peligro.
Al llevar al amado a la casa de su madre, la joven sitúa la relación dentro de un contexto familiar, visible y honorable. Esto enseña que el afecto digno no se alimenta del engaño ni busca evadir responsabilidades, sino que avanza hacia un compromiso claro y responsable. Cuando el amor se cultiva a la luz de los mandamientos de Dios, honra a las personas, protege su dignidad y puede convertirse en una unión estable que bendiga tanto a la pareja como a las generaciones futuras.
Cantares 3:5 — Respetar el tiempo del amor
«No despertéis ni desveléis al amado, hasta que quiera».
Este consejo, repetido en el libro, invita a no apresurar prematuramente el amor ni sus expresiones íntimas. Doctrinalmente, armoniza con la ley de castidad y el dominio propio. El amor verdadero sabe esperar, respeta los límites y no presiona a otra persona para demostrar afecto de una manera contraria a los mandamientos de Dios.
La repetición de «No despertéis ni desveléis al amado, hasta que quiera» recalca que el amor y sus expresiones íntimas tienen un tiempo apropiado. Este principio armoniza con la ley de castidad, que sitúa los deseos físicos dentro de los límites establecidos por Dios. El dominio propio no rechaza el amor ni considera impura la intimidad; la protege para que pueda expresarse con dignidad, compromiso y respeto dentro del matrimonio.
El amor verdadero no exige pruebas de afecto, no manipula los sentimientos ni presiona para traspasar límites personales o divinos. Sabe esperar porque procura el bienestar espiritual de la persona amada por encima de la satisfacción inmediata. Respetar el consentimiento, la libertad y los mandamientos del Señor permite construir una relación fundada en la confianza y la pureza. Lo que se espera y se cultiva con paciencia puede convertirse en una expresión más profunda, segura y duradera del amor.
Cantares 3:7–8 — Proteger la relación
«Sesenta valientes la rodean […] cada uno su espada sobre el muslo, por los temores de la noche».
Los guardias protegen la procesión ante los peligros nocturnos. De manera semejante, el matrimonio necesita defensas espirituales. La oración familiar, la fidelidad, la honestidad, el estudio del Evangelio y los límites apropiados protegen a la familia contra influencias que podrían debilitar su unidad.
La imagen de los valientes preparados ante «los temores de la noche» enseña que aquello que es valioso debe protegerse con previsión y vigilancia. De manera semejante, el matrimonio necesita defensas espirituales que resguarden la confianza y la unidad: la oración, el estudio del Evangelio, la honestidad, la fidelidad y el cumplimiento de los convenios. Estas prácticas no eliminan todas las pruebas, pero fortalecen a los esposos para reconocer los peligros y afrontarlos unidos.
Llevar la espada sobre el muslo representa estar preparados antes de que llegue la amenaza. En el hogar, esto significa establecer límites claros frente a la infidelidad, las influencias dañinas, el uso imprudente de la tecnología y cualquier hábito que pueda desplazar a Dios o al cónyuge. La mejor protección no nace del temor ni del control, sino de la confianza acompañada de decisiones prudentes. Cuando ambos invitan al Salvador a su relación, crean una defensa espiritual capaz de darles paz aun en medio de las noches difíciles.
Cantares 3:10 — Un interior lleno de amor
«Su interior tapizado de amor por las hijas de Jerusalén».
La carroza está construida con madera, plata, oro y telas costosas; sin embargo, su detalle más significativo es que su interior está lleno de amor. Esta imagen recuerda que la felicidad familiar no depende principalmente de los bienes materiales ni de una apariencia perfecta. Lo esencial es aquello que llena el interior del hogar: respeto, bondad, seguridad emocional, servicio y devoción a Dios.
Aunque la carroza está adornada con materiales valiosos, su cualidad más significativa es que su interior está «tapizado de amor». Esta imagen enseña que la verdadera riqueza de una familia no se mide por la apariencia de la casa, las posesiones ni la posición social, sino por el espíritu que se siente en su interior. Un hogar puede ser sencillo y, sin embargo, abundar en las bendiciones más importantes: respeto, bondad, seguridad emocional, gratitud y devoción a Dios.
El amor que llena el hogar se construye mediante decisiones cotidianas: hablar con ternura, escuchar con paciencia, servir sin buscar reconocimiento, perdonar y orar juntos. Cuando Jesucristo ocupa el centro de la vida familiar, Su influencia transforma la convivencia y convierte la casa en un refugio espiritual. Los adornos exteriores pueden deteriorarse, pero un interior consagrado por el amor cristiano fortalece las relaciones y produce una felicidad capaz de perdurar más allá de las circunstancias materiales.
Cantares 3:11 — El gozo del matrimonio
«El día de su boda, y el día del gozo de su corazón».
La boda aparece como un acontecimiento de alegría y compromiso público. Desde la perspectiva del Evangelio restaurado, el matrimonio alcanza su significado más elevado cuando un hombre y una mujer son sellados mediante la autoridad del sacerdocio y permanecen fieles a sus convenios. La boda no es la conclusión del amor, sino el comienzo de una vida dedicada a cultivarlo.
La expresión «el día de su boda, y el día del gozo de su corazón» presenta el matrimonio como una ocasión de alegría, entrega y compromiso público. Desde la perspectiva del Evangelio restaurado, ese gozo alcanza su dimensión más elevada cuando un hombre y una mujer son sellados en el templo por la autoridad del sacerdocio. Mediante este convenio, su unión puede proyectarse más allá de la muerte si permanecen fieles a Dios y el uno al otro.
Sin embargo, la boda no representa la culminación del amor, sino el comienzo de una vida dedicada a cultivarlo. El gozo matrimonial se conserva mediante decisiones diarias de fidelidad, servicio, arrepentimiento, perdón y afecto. Los convenios no eliminan automáticamente las dificultades, pero proporcionan propósito, poder espiritual y una razón eterna para afrontarlas unidos. Así, el gozo de aquel día puede crecer y madurar hasta convertirse en una felicidad profunda y perdurable.

























