Cantares

Cantares 5

El amor conyugal se fortalece cuando el esposo y la esposa cultivan una amistad profunda y responden oportunamente a las necesidades del otro.

Presenta un cambio en la relación de los amantes. El capítulo comienza con la alegría de compartir los frutos del jardín, pero pronto describe una oportunidad perdida: el amado llama a la puerta y la joven demora en responder. Cuando finalmente decide abrir, él ya se ha marchado. La escena muestra literariamente cómo la indiferencia momentánea puede producir distancia, búsqueda dolorosa y deseo de reconciliación.
José Smith indicó que Cantares no es un escrito inspirado; por ello, este capítulo no debe emplearse como fuente independiente para establecer doctrinas. Sin embargo, algunas de sus imágenes permiten reflexionar sobre principios confirmados en otras Escrituras, como la diligencia, la sensibilidad espiritual, la comunicación, el arrepentimiento y el cuidado constante del matrimonio.
La experiencia de la joven enseña que el amor no debe darse por sentado. Las relaciones pueden debilitarse cuando la comodidad, el egoísmo o la demora impiden responder a las necesidades de la otra persona. No obstante, el capítulo también muestra que la admiración puede sobrevivir a una experiencia dolorosa: cuando le preguntan qué hace especial a su amado, ella recuerda sus virtudes y finalmente lo llama no solo «mi amado», sino también «mi amigo».


Cantares 5:1 — Disfrutar los frutos del amor
«He venido a mi huerto […] he recogido mi mirra y mis especias aromáticas».

El huerto cultivado en el capítulo anterior ahora produce frutos. Aplicada al matrimonio, la imagen enseña que la fidelidad, la paciencia y el servicio constante generan confianza, intimidad y alegría. Los frutos de una relación saludable no aparecen de inmediato; son el resultado de decisiones rectas repetidas a través del tiempo.
La invitación a comer y beber también presenta el amor matrimonial como algo digno de celebración. Dentro de los límites establecidos por Dios, el afecto entre esposo y esposa es bueno, sagrado y forma parte del plan divino.
La llegada al huerto y la recolección de sus especias representan el momento de disfrutar aquello que se ha cultivado con paciencia. Aplicada al matrimonio, la imagen enseña que la confianza, la intimidad y el gozo son frutos de la fidelidad, el servicio y el respeto sostenidos a lo largo del tiempo. Una relación saludable no se construye mediante un solo gesto extraordinario, sino por medio de pequeñas decisiones diarias que demuestran amor y honran los convenios.
La invitación a comer y beber muestra que el amor conyugal es digno de celebración. Dentro de los límites establecidos por Dios, el afecto y la intimidad entre esposo y esposa son buenos, sagrados y forman parte de Su plan para la felicidad de Sus hijos. El Evangelio no presenta el matrimonio únicamente como una responsabilidad, sino también como una fuente legítima de compañerismo y deleite. Al recibir esos dones con gratitud, pureza y generosidad, los esposos fortalecen su unidad y reconocen al Señor como la fuente de sus bendiciones.


Cantares 5:2 — Un corazón que permanece despierto
«Yo dormía, pero mi corazón velaba. La voz de mi amado que llama».

La joven duerme físicamente, pero afirma que su corazón permanece despierto. Esta contradicción poética puede representar una sensibilidad que todavía reconoce la voz de la persona amada. En las relaciones familiares debemos mantener el corazón atento a las necesidades, preocupaciones y sentimientos de los demás.
La imagen también permite una aplicación espiritual prudente: podemos reconocer la voz del Espíritu y, sin embargo, no responder inmediatamente. La sensibilidad espiritual requiere algo más que escuchar; demanda disposición para actuar.
La expresión «Yo dormía, pero mi corazón velaba» describe un corazón que conserva la sensibilidad suficiente para reconocer la voz de la persona amada. Aplicada al matrimonio y la familia, enseña que no debemos permitir que la rutina, el cansancio o las preocupaciones nos vuelvan indiferentes a las necesidades de quienes amamos. Mantener el corazón despierto significa observar, escuchar con atención y responder con ternura cuando el cónyuge o los hijos buscan apoyo, comprensión y cercanía.
Sin convertir al amado del poema en una representación directa del Señor, esta imagen también permite reconocer un principio espiritual: escuchar una impresión del Espíritu no equivale a obedecerla. Podemos percibir una invitación a arrepentirnos, servir, perdonar o cambiar y, sin embargo, postergar nuestra respuesta. La sensibilidad espiritual se conserva cuando actuamos con prontitud y fe. Un corazón verdaderamente despierto no solo reconoce la voz que llama, sino que se levanta y abre la puerta.


Cantares 5:2–3 — El peligro de las excusas
«Ábreme, hermana mía, amiga mía».
«Me he quitado la ropa; ¿cómo he de ponérmela otra vez? He lavado mis pies; ¿cómo los he de ensuciar?».

El amado solicita entrar, pero ella responde pensando en su propia comodidad. Sus razones parecen pequeñas, aunque producen una consecuencia dolorosa. En el matrimonio, podemos ignorar una necesidad emocional porque estamos cansados, ocupados o distraídos. Cuando estas demoras se vuelven habituales, crean distancia.
Doctrinalmente, esta escena recuerda que el discipulado exige vencer la comodidad. Las oportunidades de servir, perdonar o seguir una impresión espiritual no siempre llegan en el momento más conveniente. Una respuesta tardía puede convertirse en una oportunidad perdida.
La respuesta de la joven muestra cómo la comodidad puede impedirnos atender una necesidad importante. Sus excusas parecen pequeñas y razonables, pero la demora produce distancia. En el matrimonio y la familia, algo semejante ocurre cuando el cansancio, las ocupaciones o las distracciones nos llevan a ignorar repetidamente una petición de compañía, escucha o afecto. No siempre podremos responder de inmediato, pero el amor procura no convertir la postergación y la indiferencia en hábitos que cierren el corazón.
Doctrinalmente, la escena enseña que el discipulado requiere vencer la comodidad y actuar con prontitud. Las oportunidades de servir, perdonar, arrepentirnos o seguir una impresión del Espíritu rara vez llegan en condiciones perfectas. Si esperamos hasta que obedecer no implique esfuerzo, podemos perder ocasiones de bendecir y ser bendecidos. La fe verdadera no solo reconoce la voz que llama; está dispuesta a levantarse, abrir la puerta y responder aun cuando hacerlo exija sacrificio.


Cantares 5:5–6 — Responder antes de que sea tarde
«Yo me levanté para abrir a mi amado […] pero mi amado se había retirado, ya se había ido».

Finalmente, la joven decide abrir, pero su reacción llega demasiado tarde. El amor necesita respuestas oportunas. Una disculpa demorada, una conversación evitada o una muestra de afecto constantemente aplazada puede permitir que una herida se profundice.
La imagen invita a actuar cuando percibimos una necesidad. Si debemos pedir perdón, expresar gratitud, escuchar a alguien o corregir una conducta, el mejor momento generalmente es ahora. El arrepentimiento verdadero no consiste solamente en sentir pesar, sino en levantarse y abrir la puerta mediante acciones concretas.
La joven finalmente se levanta para abrir, pero descubre que su amado ya se ha retirado. Esta escena muestra que el amor requiere sensibilidad y respuestas oportunas. En el matrimonio y la familia, una disculpa postergada, una conversación evitada o una expresión de afecto continuamente aplazada puede aumentar la distancia y profundizar las heridas. Aunque nunca es inútil procurar reparar una relación, responder con prontitud evita sufrimientos que podrían haberse prevenido.
Doctrinalmente, levantarse y abrir la puerta representa el paso de la intención a la acción. El arrepentimiento verdadero no consiste únicamente en reconocer el error o sentir pesar, sino en acudir a Jesucristo, confesar, reparar el daño cuando sea posible y cambiar la conducta. Cuando el Espíritu nos invita a perdonar, agradecer, escuchar o corregirnos, no debemos endurecer el corazón. Actuar ahora demuestra humildad y permite que la gracia del Salvador restaure aquello que la indiferencia o la demora comenzaron a debilitar.


Cantares 5:6 — Buscar después del distanciamiento
«Lo busqué y no lo hallé; lo llamé, y no me respondió».

La ausencia muestra las consecuencias de la demora, pero también despierta en la joven el deseo de buscar. Cuando una relación ha sufrido distanciamiento, la restauración requiere humildad, comunicación y perseverancia. No siempre se recupera inmediatamente la confianza; puede ser necesario demostrar mediante acciones constantes que existe un deseo sincero de cambiar.
La declaración «Lo busqué y no lo hallé; lo llamé, y no me respondió» muestra que algunas consecuencias no desaparecen inmediatamente cuando reconocemos nuestros errores. En el matrimonio, una disculpa sincera puede iniciar la reconciliación, pero la confianza dañada quizá necesite tiempo para sanar. Buscar después del distanciamiento significa actuar con humildad, escuchar el dolor de la otra persona y demostrar mediante cambios constantes que existe un deseo verdadero de reparar la relación.
Doctrinalmente, este proceso se relaciona con el arrepentimiento y la restitución. Jesucristo ofrece perdón y poder para cambiar, pero el arrepentimiento no exige que la persona herida recupere de inmediato la confianza ni ignore las consecuencias. Quien procura reconciliarse debe respetar el tiempo, los límites y el albedrío del otro, perseverando sin manipular ni presionar. Cuando ambos están dispuestos y la relación es segura, la gracia del Salvador puede transformar la búsqueda paciente en un camino de sanación, confianza renovada y unidad.


Cantares 5:10 — Recordar las virtudes
«Mi amado es […] distinguido entre diez mil».

Cuando otras personas le preguntan qué hace especial a su amado, la joven enumera aquello que admira en él. En momentos de conflicto, es fácil concentrarnos únicamente en los defectos del otro. Recordar sus virtudes, los sacrificios realizados y las razones por las que lo amamos puede ayudarnos a recuperar una perspectiva más justa y generosa.
Esto no significa ignorar conductas dañinas ni permanecer en situaciones de abuso. La admiración saludable debe ir acompañada de respeto, seguridad y límites correctos.
Al describir a su amado como «distinguido entre diez mil», la joven dirige su atención hacia aquello que valora y admira en él. En el matrimonio, los conflictos pueden estrechar nuestra perspectiva hasta hacer que solo veamos las faltas del cónyuge. Recordar sus virtudes, sus sacrificios y las experiencias que han compartido no elimina los problemas, pero ayuda a contemplarlo con mayor justicia y misericordia. Esta mirada generosa se relaciona con el amor cristiano, que reconoce la imperfección sin permitir que esta oculte todo lo bueno.
Cultivar la admiración mediante la gratitud y el reconocimiento sincero fortalece el afecto y protege la relación del desprecio. Sin embargo, recordar virtudes no significa justificar pecados graves, minimizar conductas dañinas ni permanecer en una situación de abuso. El amor conforme al Evangelio procura tanto la misericordia como la verdad y respeta la dignidad y la seguridad de cada persona. La admiración es saludable cuando está acompañada de responsabilidad, límites apropiados y un compromiso mutuo con el arrepentimiento y el crecimiento.


Cantares 5:16 — El amado también es amigo
«Tal es mi amado, tal es mi amigo».

Este es el versículo más significativo del capítulo. La mujer no describe solamente atracción o deseo; reconoce en su amado a un amigo. El matrimonio necesita una amistad profunda basada en confianza, respeto, conversación y propósitos compartidos.
El afecto romántico puede variar durante las diferentes etapas de la vida, pero una amistad cultivada ayuda a sostener la relación. Los esposos fortalecen su matrimonio cuando disfrutan estar juntos, se escuchan, se apoyan en las dificultades y procuran el bienestar eterno del otro.
La declaración «Tal es mi amado, tal es mi amigo» une el afecto romántico con una amistad profunda. Doctrinalmente, el matrimonio es un compañerismo en el que ambos cónyuges se ayudan como iguales a cumplir sus responsabilidades y avanzar hacia Dios. La atracción tiene un lugar legítimo, pero una unión duradera también necesita confianza, respeto, conversación sincera y propósitos compartidos. Ser amigos significa sentirse seguros para mostrar tanto las fortalezas como las debilidades sin temor al desprecio.
El afecto romántico puede cambiar durante las distintas etapas de la vida, mientras que una amistad cultivada proporciona estabilidad al matrimonio. Los esposos la fortalecen cuando apartan tiempo para estar juntos, se escuchan con interés, comparten alegrías y se sostienen durante las pruebas. Por encima de todo, un amigo conyugal procura el bienestar eterno del otro y lo ayuda a acercarse a Jesucristo. Así, el amor madura hasta convertirse en un compañerismo fiel capaz de perdurar más allá de las circunstancias.