Tu estudio de — El Libro De Mormón
Primera Parte:
1 Nefi Hasta Palabras de Mormón
Segundo Nefi Capítulo 8
A continuación, Isaías hablará primero a los justos y enseñará un curso sobre perspectivas. Nos recuerda a todos que no debemos vendernos por poco.
Por el contrario, debemos recordar quiénes somos y vivir para desarrollar nuestro potencial.
1 Oídme, los que seguís la rectitud (el Señor está hablando ahora a los justos). Mirad a la roca (lo bueno, roca sólida—Abraham y Sara) de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera de donde os sacaron (considerad vuestros orígenes; ¡en realidad tenéis inmenso valor!).
2 Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz (Abraham y Sara, ambos tienen la misma valía e importancia); porque lo llamé a él solo (cuando no tenía hijos), y lo bendije (véase Abraham 2:9-11),
3 Porque el Señor consolará a Sión; consolará todas sus soledades y tornará su desierto en Edén, y su soledad en huerto del Señor (el Jardín de Edén). Allí habrá alegría y gozo, alabanza y voz de melodía (un galardón maravilloso para los justos).
4 ¡Atiende a mi palabra (a Cristo), oh pueblo mío, y escúchame, nación mía!, porque de mí saldrá una ley (enseñanzas, doctrinas; véase la nota a’ en Isaías 51:4, en la Biblia), y estableceré mi justicia para luz del pueblo (mis leyes traerán luz a las naciones).
El Señor le recuerda a los justos que Su expiación y Su evangelio siempre están cerca y disponibles para todos ellos.
5 Cercana (disponible para vosotros y muy cerca) está mi justicia (mi habilidad para salvaros; triunfo); salido ha mi salvación, y mi brazo juzgará a los pueblos. En mí esperarán (confiarán, dependerán) las islas (naciones del mundo), y en mi brazo (mi poder) confiarán.
A continuación, Isaías nos recuerda que podemos contar y confiar completamente y totalmente en la salvación que viene a través del Señor. No importa lo que pase, siempre funcionará.
6 Alzad a los cielos vuestros ojos, y mirad la tierra abajo; porque los cielos se desvanecerán como humo (DyC 29:23-24), y la tierra se envejecerá como ropa de vestir; y de igual manera perecerán sus moradores. Pero mi salvación (la salvación que os traigo) será para siempre, y mi justicia (triunfo, victoria) no será abrogada (eliminada). (Este es un mensaje alegre de esperanza; compárese con DyC 1:38).
7 Oídme, los que conocéis la rectitud (vosotros que sois justos), pueblo en cuyo corazón he escrito mi ley (vosotros que habéis llevado mi evangelio al corazón): No temáis la afrenta (los insultos) del hombre, ni tengáis miedo de sus ultrajes (críticas dañinas).
8 Porque como a vestidura los comerá la polilla (los inicuos que se revelen contra los justos se desvanecerán como la ropa que se come la polilla), como a la lana los consumirá el gusano. Pero (al final) mi justicia (salvación y liberación) permanecerá perpetuamente, y mi salvación de generación en generación (por toda la eternidad).
Isaías ahora representa a Israel como si estuviera respondiendo a las promesas que el Señor le ha hecho en los versículos anteriores. El Israel justo invitará ahora al Señor a que ejerza Su poder a favor de ellos, tal y como ya lo hizo en tiempos antiguos.
9 ¡Despierta, despierta; vístete de poder, oh brazo (símbolo de poder) del Señor! Despierta como en los días antiguos (ayúdanos como lo hiciste en días pasados). ¿No eres tú el que cortó a Rahab (redujo el tamaño de Egipto; Rahab es un monstruo marítimo de la mitología de la época y representa simbólicamente a Satanás y a las naciones que le sirven) e hirió al dragón (Satanás; véase Apoc. 12:7-9)?
10 ¿No eres tú el que secó el mar (el Mar Rojo), las aguas del gran abismo; quien tornó las profundidades del mar en camino, para que pasaran (la separación del Mar Rojo) los redimidos? (¿no redimiste o libraste a los Hijos de Israel de los egipcios y el poder de Egipto? Esto simboliza cómo la expiación nos redime o rescata de nuestros propios pecados).
11 Por tanto (debido a tu poder), los redimidos del Señor volverán (el recogimiento), e irán a Sión cantando; y perpetuo gozo y santidad habrá sobre sus cabezas; alegría y regocijo alcanzarán, y huirán el dolor y el llanto (las consecuencias o resultados finales de la rectitud).
El Señor responde ahora a la petición del Israel justo (véase el versículo 9, arriba).
12 Yo soy aquél; sí, yo soy el que os consuela. He aquí, ¿quién eres tú para temer al hombre (hombre mortal), que es mortal (confía en Dios, no en el hombre), y al hijo del hombre (hombres mortales), que será como el heno (su gloria será muy corta, como la vida de la hierba)?
13 ¿Y para olvidar al Señor tu Hacedor, que extendió los cielos y fundó la tierra (¿cómo podéis olvidarme, a Vuestro Creador, después de todo lo que he hecho por vosotros?); y temer continuamente todos los días a causa del furor del opresor (los que capturaron a Israel, los cuales la han oprimido), como si estuviera presto para destruir? (Biblia en alemán: cuya intención es destruir; ¿por qué vivís atemorizados de los hombres mortales?) ¿Y en dónde está el furor del opresor? (Si vivís rectamente, llegará el día en que los enemigos no podrán haceros más daño).
14 El cautivo desterrado se da prisa para ser suelto (llegará el día en que Israel será liberado; véase Isaías 52:1—2), para que no muera en la celda (no morirá en cautividad), ni le falte su pan (ni haya hambre, etc.).
15 Pero yo soy el Señor tu Dios, cuyas olas se embravecieron (para que las tropas de Faraón se ahogaran en el Mar Rojo; véase 1 Nefi 4:2); el Señor de los Ejércitos es mi nombre.
16 Y en tu boca he puesto mis palabras (os he dado mi evangelio), y con la sombra de mi mano te cubrí (protegí), para yo extender los cielos, y fundar los cimientos de la tierra (Yo creé los cielos y la tierra), y decir a Sión: He aquí, tú eres mi pueblo (no te he abandonado; no he desertado).
17 ¡Despierta, despierta, levántate, oh Jerusalén, tú que has bebido de la mano del Señor el cáliz (copa) de su furor; que has bebido del cáliz de temor (has pagado un precio espantoso por tu iniquidad) hasta las heces (los restos amargos en el fondo de la copa o cáliz)!
18 De todos los hijos que dio a luz (has pasado muchos años sin profetas), no hay quien la guíe (a Israel); ni quien la tome de la mano, de todos los hijos que crió (has pasado muchos años sin profetas).
19 A ti han venido estos dos hijos (dos profetas en los últimos días que ayudarán a que los judíos no sean completamente exterminados por sus enemigos; véase Apoc. 11) que te compadecerán (los cuales te cuidarán) —tu asolamiento y destrucción, y el hambre y la espada—y ¿con quién te consolaré yo?
20 Tus hijos (tu gente, los de tu pueblo) desfallecieron (Biblia en alemán: están en su último aliento), con excepción de estos dos (los dos profetas en Apocalipsis 11); (los de tu pueblo) se hallan tendidos en las encrucijadas de todas las calles (Biblia en alemán: están siendo destruidos por la derecha y la izquierda); como toro salvaje en una red (significa que están atrapados en una red que ha sido tejida con sus propias iniquidades), llenos están del furor del Señor (están recibiendo la furia, la ira, el juicio completo del Señor), de la reprensión de tu Dios (los castigos de Dios).
21 Por tanto, oye esto ahora, tú (Israel), afligida y ebria (has perdido el control), mas no de vino (sino de iniquidad),
22 así dice tu Señor, el Señor y tu Dios que aboga la causa de su pueblo (que no te ha abandonado): He aquí, he quitado de tu mano el cáliz de temor, las heces del cáliz de mi furor; nunca más lo volverás a beber (Cristo salvará a los judíos en los últimos días; véase 2 Nefi 9:1—2).
23 Sino lo pondré (el cáliz) en manos de los que te afligen (tus enemigos recibirán aquello que te dieron), los que dijeron a tu alma: Póstrate para que pasemos por encima (¡túmbate y así te pisoteamos!); y tú pusiste tu cuerpo como el suelo, y como la calle, para los que pasaran por encima (has sido pisoteada por tus enemigos).
24 ¡Despierta, despierta, vístete de tu poder, oh Sión (vuelve a usar correctamente el sacerdocio; véase DyC 113:7-8)! ¡Vístete tus ropas de hermosura (vístete con tus mejores ropas y prepárate para estar con el Salvador; véase Apoc. 21:2-3), oh Jerusalén, ciudad santa! Porque nunca más vendrá a ti el incircunciso ni el inmundo (los inicuos, los malvados).
25 ¡Sacúdete del polvo (el polvo de haber sido pisoteada, versículo 23; véase también 2 Nefi 13:26), levántate (y que ya no caminen más sobre ti, versículo 23) y toma asiento (con dignidad, al fin redimida), oh Jerusalén! ¡Suelta las ataduras (libérate a ti misma) de tu cuello (de la cautividad, esclavitud, maldad), oh cautiva hija de Sión!

























