La paz de Cristo pone fin a las enemistades

La paz de Cristo pone fin a las enemistades

Élder Dale G. Renlund
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
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La paz de Cristo pone fin a las enemistades

La unidad requiere esfuerzo.

Jesucristo explicó que Su doctrina no era “agitar con ira el corazón de los hombres, el uno contra el otro; antes bien [Su] doctrina es […] que se acaben tales cosas” [3 Nefi 11:28–30].

Después de la visita del Salvador a las Américas, la gente se unificó. Sus diferencias no se comparaban al amor que compartían por el Salvador y estaban unidos como “herederos del reino de Dios” [4 Nefi 1:17]. El resultado fue que “no podía haber un pueblo más dichoso […] cread[o] por la mano de Dios” [4 Nefi 1:16].

La unidad requiere esfuerzo y se desarrolla cuando cultivamos el amor de Dios en nuestros corazones y nos centramos en nuestro destino eterno. Estamos unidos por nuestra identidad primaria común como hijos de Dios y nuestro compromiso con las verdades del Evangelio restaurado. [N]uestro amor por Dios y nuestro discipulado de Jesucristo generan una preocupación genuina por los demás.

Cuando el amor de Cristo envuelve nuestra vida, tratamos los desacuerdos con mansedumbre, paciencia y bondad. Nos preocupamos menos por nuestra propia susceptibilidad y más por la de nuestro prójimo. Nosotros “trata[mos] de moderar y unificar”. No nos inmiscuimos en “cont[iendas] sobre opiniones”, no juzgamos a aquellos con quienes no estamos de acuerdo ni tratamos de hacerles tropezar. En cambio, suponemos que aquellos con quienes estamos en desacuerdo están haciendo lo mejor que pueden con sus experiencias de vida.

Mi invitación es que seamos valientes al poner nuestro amor por Dios y el discipulado del Salvador por encima de todas las demás consideraciones. Sostengamos el convenio inherente a nuestro discipulado: el convenio de ser uno.