La necesidad de un liderazgo inspirado

Conferencia General de Abril 1959

La Necesidad de un Liderazgo Inspirado

Alvin R. Dyer

por el Élder Alvin R. Dyer
Asistente al Consejo de los Doce Apóstoles


He llegado a comprender un poco más lo que significa la escritura: “El que persevere hasta el fin”. El hermano Hinckley dice que significa “la supervivencia del más apto”. No sé exactamente qué quiere decir con esto, pero sí sé que lo que se ha dicho en esta conferencia ha aumentado mucho mi fe, mi testimonio y mi deseo de servir al Señor.

En los pocos minutos que ocuparé, quisiera testificar de los profetas y leerles las palabras de la sección uno de Doctrina y Convenios:

“Porque yo, el Señor, sabiendo las calamidades que sobrevendrían a los habitantes de la tierra, llamé a mi siervo José Smith, hijo, y le hablé desde los cielos y le di mandamientos” (D. y C. 1:17).

Tuve una experiencia algunos meses antes de dejar el campo misional, cuando una asociación ministerial de uno de los estados de nuestra misión escribió una carta diciendo que estaban recibiendo un número creciente de consultas sobre la Iglesia Mormona y nos pedían literatura e información. Les proporcionamos esto, y también tuve la oportunidad de visitar la sede de esta asociación. Allí, en presencia de varios de estos hombres, algunos de los cuales eran ministros, tuve la oportunidad de explicarles los fundamentos bajo los cuales se había organizado la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Seguir leyendo

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No te canses de hacer el bien

No te canses de hacer el bien

por  Alvin R. Dyer
Conference Report, 11 octubre de 1958, pp. 51-53


Temprano por la mañana recibí dos llamadas telefónicas muy importantes. Una era del presidente McKay, y la otra era de un joven poseedor del sacerdocio que había estado en mi clase cuando yo era obispo. El tiempo que pasó desde la llamada del presidente McKay hasta que llegué a su oficina parecía casi como una eternidad, pero en realidad sólo fueron unos treinta minutos. Puedo asegurarles, mis hermanos y hermanas, que es un momento de gran presión e inspiración sentarse frente al Presidente de nuestra Iglesia, un profeta de Dios en esta dispensación, y ser llamados a servir en tal capacidad como esta.

Al mirar el rostro de este hombre maravilloso, su vida de repente se desnuda, y luego hay una oleada de gratitud, una gratitud no porque has sido llamado personalmente a servir, sino porque tienes inherente en su corazón el deseo de servir, y estoy muy agradecido por ese sentimiento. No es debido a ninguna habilidad que pueda tener que he aceptado el llamado, sino porque está en mi corazón servir al Señor.

Creo que fue Nathaniel Baldwin, el gran filántropo, un donante muy generoso, que hizo la declaración de que estaba agradecido no tanto por la capacidad de dar sino por el deseo que tenía de dar. Recuerdo tan vívidamente al Señor, hablando a los santos cansados en los primeros días en Missouri, cuando les dijo, en sustancia: Seguir leyendo

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Preparémonos para la adoración en el templo

Preparémonos para la adoración en el templo

Durante la dedicación del Templo de Kirtland, el profeta José Smith pidió “que todas las personas que pasen por el umbral de la casa del Señor… reciban la plenitud del Espíritu Santo; y se organicen de acuerdo con tus leyes y se preparen para recibir cuanto fuere necesario”. (D. y C. 109:13, 15)

Se llaman templos a los santuarios sagrados donde se llevan a cabo ordenanzas, ritos y ceremonias sagradas que tienen que ver con la salvación y exaltación en el reino de Dios. Son los sitios de adoración más sagrados sobre la tierra; cada uno es literalmente una Casa del Señor, una casa del gran Creador, una casa donde El y su Espíritu pueden morar, a la que puede venir, o enviar mensajeros, a conferir sacerdocio y llaves y dar revelación a las personas. Desde los días de Adán hasta el presente, cada vez que el Señor ha tenido un pueblo sobre la tierra, los templos y las ordenanzas del templo, han sido la obra que coronó su adoración. (Doctrina Mormona “Templo” Bruce R. McConKie)

El templo fue un lugar de aprendizaje para el Salvador cuando se hallaba en la tierra; era parte integral de Su vida. Las bendiciones del templo vuelven a estar a nuestro alcance en la actualidad” (James E. Faust, “La restauración de todas las cosas”, Conferencia General, Abril  de 2006).

“…el proceso de tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo que comienza en las aguas bautismales continúa y se amplía en la Casa del Señor… en las ordenanzas del Santo Templo tomamos sobre nosotros el nombre de Jesucristo de una forma más completa y plena” (David A. Bednar, “Honorablemente [retener] un nombre y una posición”,  Conferencia General Abril de 2009). Seguir leyendo

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Una cadena de bondad

Una cadena de bondad


Cada estación del año ofrece un nuevo clima, presenta diferentes desafíos, y brinda renovadas oportunidades a quienes abren sus ojos y su corazón.

En el invierno, los retos y las oportunidades a menudo se presentan como resultado de las tormentas de nieve. Un hombre siempre aclara el frente de la casa de sus vecinos antes de encargarse del suyo. ¿Por qué hace eso? Él dice que se siente feliz el resto del día cuando hace algo por otra persona. Un matrimonio a quien la tarea de retirar la nieve le resulta difícil, le están tan agradecidos al servicial hombre que a modo de retribución, hornean galletas para llevarle a él y a otros vecinos, lo cual los pone contentos el resto del día. Inspirados por tal gesto, otras personas encuentran maneras de mantener viva la llama del servicio.

Todos hemos experimentado las dulces bendiciones que resultan de ayudarnos unos a otros. A menudo, el beneficiado se transforma en benefactor de otras personas, y es así que la cadena de bondad nos une a todos y entibiece el corazón, aún en días fríos y tormentosos. Seguir leyendo

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Somos testigos: Los Doce Apóstoles en la actualidad

Somos testigos:
Los Doce Apóstoles en la actualidad

Por Sarah Jane Weaver y Jason Swensen
Noticias de la Iglesia
Liahona, Julio 2019

Los Apóstoles de la actualidad comparten sus pensamientos acerca de sus sagrados llamamientos.

En los 189 años que han transcurrido desde la organización de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, se ha llamado a 102 hombres a servir como miembros del Cuórum de los Doce Apóstoles. Si bien el Señor ha indicado muchos cambios en la Iglesia desde aquel entonces, los deberes fundamentales de un Apóstol siguen siendo los mismos.

Desde su oficina cerca de la Manzana del Templo, el presidente M. Russell Ballard, Presidente en Funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles, habló acerca del mandato espiritual que se ha dado a los Apóstoles de testificar del Salvador en todo el mundo, de la conexión especial que comparten con los misioneros, y de algunos conceptos erróneos pero comunes sobre lo que es ser un “apóstol, vidente y revelador”. Cuando se le preguntó si habría otros miembros del Cuórum de los Doce Apóstoles que él recomendaría entrevistar para este artículo sobre sus llamamientos sagra­dos, el presidente Ballard respondió rápidamente: “Sí; a todos ellos”.

Permanecer en sintonía

Los Apóstoles de la actualidad afrontan enormes desafíos. Ministran a congregaciones de todo el mundo que afrontan pruebas como la inestabilidad política, la desintegración de la familia, las presiones constantes de las redes sociales y la incertidumbre económica. Es importante que los Apóstoles comprendan los desafíos y las circunstancias que los miembros afrontan.

Como líderes de la Iglesia, los Apóstoles deben llegar a conocer a las personas y sus circunstancias para poder servir­les mejor.

“Necesitamos saber qué cosas afectan la vida de las perso­nas”, dijo el élder Ulisses Soares. “Los Apóstoles deben vivir en un proceso constante de aprendizaje, investigación y de recibir inspiración y revelación”. Seguir leyendo

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Un modelo de SERVICIO más santo

Un modelo de SERVICIO más santo

Por el élder Patrick Kearon
De la Presidencia de los Setenta
Liahona, Julio 2019

Ruego que sigamos al Cristo viviente con mayor deseo y de manera más eficaz mientras nos esforzamos por llegar a ser verdaderos discípulos de Él, ministrando como Él lo haría.

Cuando tenía 15 o 16 años era muy egocéntrico y, como muchos en la adolescen­cia, inestable, inseguro y vulnerable. Me sentía perdido, acomplejado y torpe. No me ayudó el que mis padres vivieran lejos, en Arabia Saudita, mientras yo residía en un internado de una zona desolada de la costa de Inglaterra. En cuanto a la escuela, no era un lugar muy acogedor.

El mal tiempo era común en esa costa, pero, cierto invierno, una tormenta parti­cularmente grande barrió el mar de Irlanda con vientos huracanados. Cerca de 5000 viviendas quedaron inundadas; los alimentos comenzaron a escasear y la gente se quedó sin electricidad y sin medios para calentar o iluminar sus hogares.

Cuando el nivel del agua empezó a bajar, la escuela nos envió para ayudar con la limpieza. Fue un gran impacto vivir un desastre natural de esa magnitud tan de cerca. Había agua y barro por todas partes. Los rostros de los propietarios de las viviendas inundadas estaban pálidos y demacrados; no habían dormido durante días. Mis com­pañeros de escuela y yo nos pusimos a trabajar, trasladando pertenencias empapadas a los pisos superiores y levantando las alfombras arruinadas. Seguir leyendo

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¿Quién ha visto al Padre y al Hijo?

¿Quién ha visto al Padre y al Hijo?

por Bruce R. McConkie
Liahona, Septiembre 1951


“. . . vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Este es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!1. José Smith, hijo.

Muchos profetas han visto a Dios José Smith vió al Padre y al Hijo juntos, mirándolos como personajes glorificados, hombres exaltados, presentes personalmente con él en la Arboleda Sagrada.

Los Santos de los Últimos Días naturalmente han pensado si esta aparición de los dos Gobernantes Supremos del universo fué una revelación reservada para esta última dispensación o si profetas y videntes anteriormente han tenido semejante honor de Dios.

Nuestro conocimiento de apariciones personales y otras manifestaciones de Dios al hombre caen en estas categorías:

1. Vimos y conocimos a ambos, el Padre y el Hijo en la preexistencia.

El Padre es el padre personal de nuestros espíritus. Nacimos a Su imagen él teniendo un cuerpo de carne y huesos, nosotros un cuerpo de materia espiritual. Cristo es nuestro hermano mayor el Primogénito Hijo en Espíritu del Padre.

Brigham Young dijo:

… si pudiéramos ver a nuestro Padre que mora en los cielos, aprenderíamos que somos tan bien conocidos a él como a nuestros padres terrenales; y él sería tan conocido a nosotros en su semblante y estaríamos listos para abrazarlo y besarlo, si tuviéramos el privilegio. 2

Nosotros también vimos al Hijo en la preexistencia. “Entonces sabréis que me habéis visto”, él dijo, y este conocimiento volverá en aquel día cuando los fieles “comprenderéis aun a Dios.” 3

2. Varios profetas, en visión han visto al Padre y al Hijo en los cielos.

Por ejemplo: Esteban, al tiempo de su martirio.

. . . Estando lleno del Espíritu Santo, puesto los ojos en el cielo, vió la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios. Seguir leyendo

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Seis pasos para conseguir empleo

LAS BENDICIONES DE LA AUTOSUFICIENCIA

Seis pasos para conseguir empleo

Por Bruno Vassel III
Liahona, Julio 2019

No podemos ser autosuficientes en lo material si necesitamos un empleo y no lo tenemos. Estos son seis pasos para llegar a conseguir un empleo.

¿Necesita un empleo o un trabajo mejor? ¿Sabe de alguien que lo necesite? La dificultad hoy en día para muchas personas que necesitan desesperadamente un empleo o un trabajo mejor es que con frecuencia no están seguros de cómo encontrar el empleo que desean. Se preguntan: “¿Preparo un currículo? ¿Me doy a conocer en internet? ¿Hago ambas cosas? ¿Y cómo lo hago?”. “¿Cuál es la manera adecuada de responder preguntas como: ‘¿Cuáles son sus puntos débiles?’ y ‘¿Por qué debería contratarlo para este trabajo?’”.

Este artículo contiene un plan de seis pasos (que ha demostrado ser eficaz) sobre lo que debe saber y hacer para conseguir el empleo que desea. Los seis pasos se basan, en parte, en los resultados de una encuesta que realicé sobre prácticas de contratación a 760 empleadores que acudieron a la Universidad Brigham Young en busca de trabajadores. Estos pasos también se elaboraron a partir de la información que recibí de expertos en contrataciones y de mi expe­riencia de más de 30 años proporcionando capacitación en formación laboral y contrataciones a miles de personas en más de 20 países. Por último, mi esposa y yo acabamos de prestar servicio como matrimonio misionero asignado a la implementación de los Servicios de Autosuficiencia en toda Europa. Nuestras experiencias reafirmaron que las personas que buscan empleo necesitan esta ayuda específica. Sin importar dónde viva, cuáles sean sus aptitudes laborales o el puesto de trabajo al que aspire, estos seis pasos pueden ayudarle.

El proceso de conseguir el empleo que desea puede tomar desde unos pocos días hasta varios meses, pero lo importante es que este proceso funciona. Los seis pasos pueden ayudar a las personas que buscan cualquier tipo de empleo dentro de estas tres categorías: (1) quienes buscan un primer empleo, (2) quienes quieren cambiar de empleo o ascender en la empresa para la que trabajan actualmente, y (3) quienes desean obtener un puesto en otra organización.

Paso 1. Determinar el empleo específico que desea ahora mismo.

Debe determinar un empleo realista que pueda desempeñar de inmediato, que encaje con sus aptitudes laborales actuales, su experiencia, sus logros o su formación académica. Cuando lo haya decidido, anote el título del puesto. Si precisa ayuda, hay varios sitios web con listas de muchos tipos de empleo y sus descripciones. Para el paso 1 no necesita encontrar una oferta de empleo, solo determinar el tipo de empleo para el que está preparado y que le interesa. Seguir leyendo

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¿Cómo podemos crear una cultura de inclusión en la Iglesia?

Principios de ministración

¿Cómo podemos crear una cultura de inclusión en la Iglesia?

Liahona, Julio 2019

Cuando echamos un vistazo a nuestros barrios y ramas, vemos personas que pare­cen congeniar con facilidad. De lo que no nos damos cuenta es que, incluso entre quienes parecen congeniar, hay muchos que se sienten excluidos. Por ejemplo, un estudio descubrió recientemente que cerca de la mitad de los adultos de los Estados Unidos se sienten solos, excluidos o aislados de los demás1.

Es importante sentirse incluido; es una necesidad humana fundamental y duele cuando nos sentimos excluidos. Ser excluido puede producir sentimientos de tristeza o enojo2.

Cuando sentimos que no formamos parte de algo, tendemos a buscar un lugar en el que estemos más cómodos. Debemos ayudar a todos a sentir que pertenecen a la Iglesia.

Incluir como lo hizo el Salvador

El Salvador fue el ejemplo perfecto de cómo valorar e incluir a los demás. Cuando escogió a Sus apóstoles, no prestó atención a posiciones sociales, riquezas ni profesiones encumbradas. Valoró a la mujer samaritana junto al pozo al testificarle de Su divinidad a pesar de que los judíos menospreciaban a los samaritanos (véase Juan 4). Él mira el corazón y no hace acepción de personas (véanse 1 Samuel 16:7; Doctrina y Convenios 38:16, 26).

El Salvador dijo:

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis los unos a los otros. Seguir leyendo

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El mayor ejemplo de caridad

El mayor ejemplo de caridad


No hace mucho tiempo, una niña de tres años veía una película con su familia. Con un gesto de perplejidad señaló la pantalla y dijo: “Mamá, ¡esa gallina es extraña!”.

Sonriendo, la madre respondió: “No es una gallina, es un pavo real”.

A veces creemos reconocer lo que vemos, pero nuestra comprensión es limitada —trátese de gallinas, pavos reales, o personas. No siempre conocemos la historia completa de otros, y no sabemos mucho sobre aquellos con quienes tenemos contacto diario.

Todos sabemos cuán frustrante es ser erróneamente juzgados. Lo cierto es que nadie tiene derecho a juzgar a otras personas ya que nuestras imperfecciones y falta del debido entendimiento nos impiden hacerlo. Además, nadie está preparado para abrir un juicio “terminante” ya que todos somos proyectos sin terminar.

Si nos centramos en lo que nos hace diferentes, y en las fallas de los demás, eso es lo que hallaremos, pero si tratamos de ver lo que tenemos en común y lo que nos une, habrá más posibilidades de conectarnos con otras personas y entendernos mutuamente. Todos compartimos esta tierra en la que vivimos, todos queremos la felicidad y la paz, y todos anhelamos amar y vivir en armonía. En comparación, nuestras diferencias son insignificantes. Seguir leyendo

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La pureza en pensamiento y obra

La pureza en pensamiento y obra

El presidente Gordon B. Hinckley exhorta a los Santos de los Últimos Días a elevarse “por encima de la maldad del mundo”. Aun cuando nos recuerda que “es un desafío trabajar en el mundo y vivir por encima de su inmundicia”, nos pide que seamos fuertes y que “nuestra integridad personal… [gobierne] nuestros actos” (“Los pastores del rebaño” , Conferencia General, abril 1999). Su consejo reafirma el mandato del Señor de que debemos “practicar la virtud y la santidad delante de [él] constantemente” (D. y C. 46:33).

Una vida pura emana de los pensamientos puros. El presidente David O. McKay concretó el proceso:
“Siembra un pensamiento y cose­charás un acto;
“Siembra un acto y cosecharás un hábito;
“Siembra un hábito y cosecharás un carácter;
“Siembra un carácter y cosecharás un destino” (citando en Conference Report, abril de 1962).

Aunque no siempre podemos evitar que los pensamientos impuros entren en nuestra mente, sí podemos evitar que se queden allí. Cuando era consejero del Obispado Presidente, el obispo H. Burke Peterson nos dio un importante consejo:

Primero, debemos impedir que entren en nuestra mente el torrente de… cuentos, chistes, fotografías y conversaciones vulgares y un sinnú­mero de otros productos satánicos…

“Ahora, suponiendo que hayamos cortado este torrente completa­mente —digo cortado por completo y no tan sólo disminuido—, el segundo paso que debemos dar es desarrollar un sistema de filtros que limpiará la gran represa de nuestra mente, de modo que los pensamientos vivifi­cantes que surjan de ella puedan ser nuevamente puros, aptos para el uso… Seguir leyendo

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Viviendo Conforme a la luz

Viviendo Conforme a la luz

Por el Presidente George Albert Smith
Liahona Junio 1951

Encontramos en el mundo un  gran número de hombres y mujeres muy buenos quienes, según su pun­to de vista, están procurando hacer el bien, pero comparativamente, hay muy pocos que tienen una seguridad satisfac­toria del plan y los propósitos de nuestro Padre Celestial para el progreso de sus hijos.

Seguramente nosotros como Santos de los Últimos Días debemos apreciar el co­nocimiento que el evangelio nos da, y de­bemos mostrar nuestra gratitud viviendo conforme a la luz de la verdad y ense­ñándola a otros.

El mormonismo, como es llamado, es el evangelio de Jesucristo; por consiguien­te, es el poder de Dios para la salvación a todo aquel que cree y obedece sus en­señanzas. Pero no son aquellos que sola­mente dicen, “Señor, Señor”, que gozan del compañerismo de su Espíritu, sino aque­llos que hacen su voluntad. Y si no somos más perfectos en nuestras vidas, si no so­mos más justos de lo que son aquellos que no han recibido un conocimiento de es­tas verdades, nos encontraremos atrás de ellos en recibir las bendiciones de nuestro Padre Celestial. Pero si obedecemos sus mandamientos, conservándonos limpios y sin mancha de los pecados del mundo, su poder descansará sobre nosotros, y cada generación en la Iglesia edificará sobre las virtudes de la generación que la ante­cedió.

Recuerden esta admonición: “Mas bus­cad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán aña­didas”. (Mateo 6:33.) Es sobre este pun­to que quiero llamarles la atención. Si los Santos de los Últimos Días guardan los mandamientos de Dios, serán felices; si se conservan puros y sin mancha de los pecados del mundo, el evangelio tal como es enseñado por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días redimirá al mundo por causa de la perfección de sus hombres y mujeres. Pero aquellos que con egoísmo se dedican a las cosas de es­te mundo, y a las aspiraciones egoístas de altas posiciones, ignorando o quebrantan­do las leyes naturales de Dios en su bus­ca del placer, y sembrando las semillas de disolución por permitir que sus pasiones más bajas les dominen, no sólo serán infe­lices sino que se marchitarán y morirán, y una raza más digna habitará la tierra. Seguir leyendo

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Un Ejemplo para todos los Hombres

Un Ejemplo para todos los Hombres

Por el Presidente David O. McKay
Liahona Junio 1951

En hechos de amor y servicio bondadoso, el Presidente Smith sobresale como uno que ama a sus semejantes; por consiguiente, “su nombre está a la cabeza de todos los demás” como uno que ama al Señor.

En las mentes de los miembros de la Iglesia y miles de amigos será despenado, como joyas en una diadema, las muchas virtudes que contribuyeron al carácter noble del Presidente Jorge Alberto Smith. De éstos mencionaré solamente dos —Amor y Confianza— mientras rindo tributo a aquel con quien fui honrado en asociarme y conocer íntimamente por más de medio siglo. A las virtudes que contribuyen al éxito en la vida, estas dos son lo que el diamante y la perla son para otras joyas preciosas.

Amor Para con sus Semejantes

Cuando a Jesús se le preguntó cuáles eran los dos mandamientos mayores, él respondió:

Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente.
Este es el primero y el grande mandamiento.
Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. —Mateo: 22:37-40.

El presidente Smith ejemplificó esta verdad durante toda su vida. Como un verdadero representante del Señor hizo siempre el bien —ministrando a los enfermos, consolando a los acongojados, amonestando con bondad a los descafilados, visitando a los huérfanos y las viudas, enseñando la luz del evangelio a los que basta entonces no conocían su gloria— ganando la gratitud de aquellos que habían creído que se les había tratado injustamente, y obteniendo el favor merecido de hombres en altas posiciones. Seguir leyendo

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La función de Adán al hacernos llegar la vida terrenal

La función de Adán
al hacernos llegar la vida terrenal

Por el Presidente Joseph Fielding Smith (1876–1972)
Discurso de la conferencia general de octubre de 1967

Cuando se puso a Adán en el Jardín de Edén, estaba en presencia de Dios nuestro Padre Eterno. Hablaba con el Padre y el Padre con él. Pero sucedió algo que tenía que suceder: Adán comió cierto fruto. En mi Biblia, la versión del rey Santiago [en inglés] dice [en una nota al pie] de la caída de Adán que fue “la vergonzosa caída del hombre”. Y bien, la Caída no fue en absoluto vergonzosa.

Adán vino aquí a traer la muerte a la tierra y eso dio como resultado que se expulsara a Adán y a Eva y a su posteridad de la presencia del Eterno Padre. A partir de entonces, el Hijo de Dios entra en escena como nuestro Redentor… El Salvador es quien se halla entre la humanidad y nuestro Padre Celestial… El Hijo es el Mediador entre la raza humana y el Padre Eterno. Raramente se oye una oración a nuestro Padre Celestial que no se ofrezca en el nombre de Su Hijo Amado, y así debe ser. Cristo vino a este mundo a representar a Su Padre; vino al mundo a enseñar a la humanidad quién es Su Padre, por qué debemos adorarlo y cómo debemos hacerlo. Por la ofrenda de Su sangre, Él llevó a cabo la obra más grandiosa que se haya realizado en este mundo terrenal, la cual pagó una deuda que el ser humano debe al Padre Eterno, deuda que heredamos por la caída de Adán.

Ellos nos abrieron la puerta

Adán sólo hizo lo que tenía que hacer: Comió de aquel fruto por un buen motivo, que era abrir la puerta para traernos a este mundo, a ustedes, a mí y a todos los demás, porque él y Eva habrían podido quedarse en el Jardín de Edén; podrían estar allí todavía si Eva no hubiese hecho algo.

Uno de estos días, si alguna vez llego al lugar en donde puedo hablar con nuestra madre Eva, quiero agradecerle el haber tentado a Adán para que comiera el fruto. Él aceptó la tentación, cuyo resultado fue el nacimiento de niños en este mundo… Si ella no hubiese tenido esa influencia en Adán, y si él hubiese actuado de acuerdo con el primer mandamiento que se les había dado, todavía estarían en el Jardín de Edén y nosotros no estaríamos aquí; no habríamos venido a este mundo. Por eso, los que pusieron las notas al pie en la Biblia cometieron un gran error al escribir… “la vergonzosa caída del hombre”.

Bien, eso era lo que el Señor esperaba que Adán hiciera, porque su acción abrió la puerta a la condición mortal; y vinimos aquí, a este mundo terrenal, para recibir capacitación en esa condición que no podíamos obtener en ninguna otra parte ni de ninguna otra manera. Vinimos a este mundo a tomar parte en todas las vicisitudes, para recibir las lecciones que se reciben en un cuerpo terrenal y de un mundo terrenal; así es como estamos sujetos al dolor, a la enfermedad. Somos, además, bendecidos por obedecer los mandamientos del Señor, con todo lo que Él nos ha dado, y si lo seguimos y somos constantes y fieles, eso nos llevará de regreso a la presencia de Dios nuestro Padre Eterno, como Sus hijos e hijas con el derecho de recibir la plenitud de la gloria celestial.

Somos privilegiados por ser mortales

No habría sido posible que recibiéramos esa gran bendición de la gloria celestial sin un período como seres mortales; por eso vinimos a este mundo terrenal. Estamos en la escuela, en una escuela de mortales, a fin de obtener las experiencias, la capacitación, los gozos y los sufrimientos por los que pasamos y así educarnos en todos esos aspectos y prepararnos, si somos fieles y constantes a los mandamientos de Dios, para llegar a ser los hijos y las hijas de Dios y coherederos con Jesucristo, y en Su presencia pasar a la plenitud y a la continuación de las simientes para siempre, y, tal vez por medio de nuestra fidelidad, tener la oportunidad de organizar mundos y de poblarlos.

Hermanos y hermanas, cuando oremos, démosle gracias al Señor por Adán. Si no hubiera sido por él, yo no estaría aquí; ustedes tampoco; estaríamos todavía en los cielos esperando como espíritus y rogando que alguien… pasara por cierta condición que produjera nuestro estado mortal.

Estamos en la vida terrenal para obtener la experiencia, la capacitación que no podríamos lograr de ninguna otra manera. Y a fin de que lleguemos a ser dioses, es necesario que sepamos algo sobre el dolor, sobre la enfermedad y sobre todo lo demás que pasamos en esta escuela terrenal.

Por eso, hermanos y hermanas, no nos quejemos de Adán ni deseemos que él no hubiera hecho lo que hizo. Yo se lo agradezco; estoy contento de tener el privilegio de estar aquí y de pasar por la vida terrenal; y si soy constante y fiel a los convenios y a las obligaciones que tengo como miembro de la Iglesia y en el reino de Dios, podré tener el privilegio de regresar a la presencia del Eterno Padre; y eso mismo les sucederá a ustedes, hijos e hijas de Dios con derecho a la plenitud de la gloria celestial.

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Cuando estamos equivocados

Cuando estamos equivocados


Bien sabemos que nadie es perfecto; las evidencias de ello abundan a nuestro alrededor. No es difícil notar fallas en otras personas, pero a menudo nos cuesta admitir nuestros propios errores, por ser vergonzoso, incómodo y hasta riesgoso. ¿Qué se pensará de nosotros cuando confesamos estar equivocados?

Una vez un alumno fue a hablar con su maestra para cuestionar la calificación recibida en una composición que había hecho. En vez de desentenderse del asunto, la maestra volvió a leer el texto y vio que lo había subestimado, y que había cometido un error. Tras corregir la nota, no sólo se sintió bien consigo misma, sino que causó una buena impresión en el alumno. En vez del joven perder confianza en su maestra, cobró más respeto hacia esa persona que estuvo dispuesta a asumir responsabilidad por su error.

El admitir errores no degrada sino que indica que estamos aprendiendo a ser más sabios de lo que éramos antes. Todos cuantos han logrado algo encomiable —inventores, científicos, artistas, deportistas, hombres de negocios— sufrieron muchos fracasos antes de alcanzar el éxito, pero estos son provechosos sólo si estamos dispuestos a aceptarlos como tales.

Quienes son demasiado orgullosos para reconocer sus imperfecciones se engañan únicamente a sí mismos. Se crean una imagen que no les permite ver lo que tienen por delante en su camino para ser mejores, y se privan de la paz que resulta de vivir honradamente, pese a su condición de ser imperfectos.

Cuando una persona admite un error, sentimos admiración hacia ella. Del mismo modo nos sentimos seguros al reconocer nuestras fallas y al saber que también nosotros podemos mejorar. Piense en el efecto que tiene en un hijo que nos ve admitir un error y esforzarnos por hacer las cosas mejor la próxima vez. Cuánto más vale eso que el tratar de hacerles creer que somos infalibles.

No es sino hasta que aceptamos que todos debemos mejorar que en realidad progresamos. Resulta hermosamente paradójico reconocer que no podemos avanzar hasta que admitimos que hemos estado retrocediendo. Aceptar nuestras debilidades es la mejor forma de demostrar fortaleza.


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