¿Robará el Hombre a Dios?

¿Robará el Hombre a Dios?

Por Milton R. Hunter
del Primer Concilio de los Setenta.

Pronunciado en la Conferencia Semestral de la Iglesia en Octubre de 1950.

Cuando entramos en las aguas del bautismo y llegamos a ser miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, aceptamos todos los principios del evangelio, incluyendo el principio de los Diezmos.

En verdad esta es una experiencia que trae humildad—ocupando esta posición. Por eso, pido un interés en su fe y en sus oraciones, y que el Espíritu de Dios descanse sobre mí.

Hace más de dos mil años que un antiguo profeta hebreo, hablando por el Señor, dijo: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te liemos robado? Los diezmos y las primicias”. (Mal. 3:8)

Durante los últimos cinco años y medio, desde que fui hecho miembro del Primer Concilio de los Setenta, be tenido la maravillosa experiencia y oportunidad de viajar por todas las estacas de Sión y por las misiones, he notado con gozo la mucha fe expresada y manifestada por los Santos de los Últimos Días. Miles y miles de ellos están pagando al Señor sus diezmos y ofrendas completos, contribuyendo al programa de bienestar, mandando sus hijos e hijas a la misión, y en casi todos respectos viviendo el Evangelio de Jesucristo. Hacen todas aquellas cosas y mucho más, porque saben que Dios vive; que Jesús es el Cristo y el Salvador del mundo; que José Smith es un profeta de Dios; y que el Evangelio ha sido restaurado por medio del profeta José Smith en nuestros días.

Frecuentemente siento que estoy seguro que Dios está complacido con la Iglesia en general y con muchos de los Santos de los Últimos Días en particular.

Sin embargo, en cambio, he observado que hay ciertos miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días —y quizá miles de ellos— quienes cumplen la profecía o predicción de Malaquías en estos días. Ellos roban a Dios en diezmos y ofrendas. Muchas veces he pensado y aun he expresado la idea de que creo que casi todos los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días, si entendieran completamente la ley de los diezmos; esto es, si supieran la voluntad de Dios a este respecto y especialmente si se les pudieran enseñar a saber y apreciar las grandes bendiciones espirituales que se recibirían como resultado de dar obediencia a esta ley, pagarían sus diezmos y ofrendas al señor completamente. He sugerido en los cultos de los líderes del sacerdocio mientras he viajado Por la Iglesia, que los líderes de las estacas, presidentes de quórumes, obispos, y presidentes de las estacas procuren enseñarle a la gente, la ley de diezmos. Seguir leyendo

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Las Metas Determinan el Éxito del Hombre

Las Metas Determinan el Éxito del Hombre

Por El Presidente David O. McKay.
Segundo Consejero de la Primera Presidencia.

Discurso pronunciado el 19 de octubre de 1950 en la quinta sesión de la Conferencia Semestral número 121 de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.


Con el Presidente Smith y otros de los Hermanos y todos vosotros echo de menos al Presidente Jorge F. Richards, y al otro compañero íntimo de nosotros, el Hermano Frank Evans. Pero ¿quién sabe si no estén más cerca de lo que pensamos?

Y los dos discípulos le oyeron hablar y siguieron a Jesús.

Y volviéndose Jesús y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Y ellos le dijeron: Rabí (que interpretado quiere decir Maestro), ¿dónde moras?” (Juan 1:37-38)

Hace como cuarenta años, un extranjero se sentaba en este tabernáculo y escuchaba un mensaje tal como el que hemos escuchado durante esta conferencia. Mi informante no me dijo quién había hablado en, esa ocasión, pero pensaba que era Carlos W. Penrose. Al salirse el extranjero y su huésped, el visitante dijo a su compañero, “Daría todo lo que poseo si supiera que lo que ha dicho ese hombre esta tarde es verdad”.

Bueno, no tendría que dar todo lo que poseía para saber que si sólo hubiese seguido el ejemplo de estos dos discípulos hubiese conocido, como ellos, de la verdad de las palabras del Presidente Penrose o de quienquiera que habló en esa ocasión.

Con vuestra ayuda cooperativa y con la inspiración del Señor, deseo señalar esa senda.

“¿Qué Buscáis?” y la respuesta, “Maestro, ¿dónde moras?” Y su respuesta, “Venid y ved”. Estos dos discípulos buscaban a Jesús por el testimonio de Juan el Bautista, a quien habían estado siguiendo, quien solamente unos cuantos días antes, viendo a Jesús pasar cerca del Jordán, dijo, “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. (Juan 1:29) Parece que en esta ocasión ninguno dejó el lado de Juan, pero al día siguiente, Juan lo repitió y estos dos discípulos, uno de los cuales era Andrés, el hermano de Simón Pedro, siguieron a Jesús. Sólo podemos conjeturar de cuán claramente o profundamente sintieron ellos el hecho de que en así buscar al Hijo del Hombre estaban tomando el primer paso hacia la vida eterna. Pero esto sí sabemos, que el Salvador ha dado la seguridad divina que “…esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”. (Juan 17:3) Seguir leyendo

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Advertencia Proclamada contra las Herejías

Advertencia Proclamada contra las Herejías

Por el Presidente J. Ruben Clark Jr.
Primer Consejero de la Primera Presidencia.

Discurso pronunciado el día 30 de septiembre de 1950 en la cuarta sesión de la Conferencia Semestral número 121 de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.


Me siento muy humilde, hermanos y hermanas, al pararme ante vosotros este día, y es mi deseo más grande que el espíritu que hasta ahora ha estado presente en esta conferencia continúe con nosotros mientras hable yo. Y a ese fin pido humildemente por vuestra fe y oraciones para que pueda yo ser guiado a decir algo que será beneficioso para vosotros y para todos los que están escuchando por radio.

Podría principiar por dar tributo a aquella gran alma que no está con nosotros este día, quien estuvo en la última conferencia, el Presidente Jorge F. Richards. Jamás he conocido un hombre de espíritu más fino, mayor integridad, más devoción, más lealtad de lo que poseyó y practicó el Presidente Jorge F. Richards durante su vida.

El hermano Frank Evans también era un carácter espléndido, un hombre de gran habilidad, un hombre cuyo lugar será difícil llenar.

Estamos reunidos hoy como miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días— y estoy impresionado con ese nombre, La Iglesia de Jesucristo. Quisiera decir algunas palabras hoy tocante la necesidad de recordar nosotros ese nombre y rendir lealtad y obediencia a él.

En el Monte de las Olivas el día antes de su crucifixión, el Señor pronunció un gran discurso a sus Apóstoles, en el cual habló de los tiempos venideros. El Profeta José Smith nos ha dado una traducción revisada de ese gran discurso. En ese discurso habló de los tiempos cuando el anti-Cristo vendría. También habló de la destrucción de Jerusalén y lo que precedería ese evento, aparentemente la destrucción que vino por medio de Tito. Tendréis que leer el discurso con cuidado para entender cuándo Cristo hablaba de un evento y entonces del otro, pero la traducción inspirada os ayudará en vuestro estudio. Seguir leyendo

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Los Jóvenes Guerreros de Helamán y las Correspondencia Moroni-Pahoran (Alma 53-63)

Guía de estudio del Libro de Mormón

Los Jóvenes Guerreros de Helamán y las Correspondencia Moroni-Pahoran
(Alma 53-63)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase


Este capítulo contiene una gran cantidad de material, mucho más de lo que puede ser cubierto en una clase de Doctrina del Evangelio, o incluso en una lección del Instituto CES. Los materiales complementarios que se encuentran en este capítulo le ayudarán a llenar los espacios en blanco históricos y geográficos de este importante período de la historia nefita.

En este capítulo se nos presenta a los maravillosos jóvenes guerreros que lucharon por la libertad de los nefitas, a pesar de que ellos mismos eran lamanitas-hijos de paz pactada con los amonitas que habían enterrado sus armas con el compromiso de nunca más tomarlas de nuevo.

También profundizamos en los personajes nobles, tanto el capitán Moroni como Pahorán, el juez superior y gobernador del pueblo nefita, mediante la lectura de las cartas que escribieron el uno al otro durante algunos de los momentos más peligrosos de los nefitas.

•  Alma 53:8 «El mar al oeste, al sur»

Daniel H. Ludlow dijo:

Cuando los nefitas desembarcaron por primera vez en la tierra prometida, dieron nombre a algunos de los mares y las tierras que los rodeaban. En ese momento el mar al oeste de su lugar de aterrizaje se llama evidentemente el «mar del oeste.» Más tarde, Nefi dejó esa tierra, llevó a sus seguidores, y se dirigió hacia el norte, donde se establecieron en la tierra de Nefi. Los descendientes de Nefi y su grupo vivieron allí durante varios cientos de años.

Entonces Mosíah, bajo la inspiración del Señor, llevó a un grupo de nefitas incluso más al norte, a la tierra de Zarahemla. El grupo principal de nefitas se encuentra ahora en la tierra de Zarahemla, muy al norte del lugar del destino inicial. Por lo tanto, el «mar del oeste» original está en realidad mucho más al sur de donde viven ahora, y se refiere a «el mar al oeste, al sur.»1 Seguir leyendo

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Momentos, dichas, y la paternidad

Momentos, dichas, y la paternidad
Día del Padre


Casi todo padre sabe que la paternidad puede ser la fuente de las más grandes dichas, pero también saben que ninguna otra función requiere más energía física y emocional. Para que sea productiva, la paternidad demanda tiempo y esfuerzo.

Tomando en cuenta todo esto, quizá le resulte difícil a un padre bien intencionado saber si su escaso tiempo y sus modestos esfuerzos están dando resultado. Tal vez estos consejos de dos padres con experiencia sirvan de ayuda:

Uno de ellos dijo: “¡Cada momento es una molécula en la eternidad!”. El otro declaró: “No son tanto los grandes eventos, sino las pequeñas decisiones diarias las cosas que definen nuestra vida, la cual es la suma de esas medidas en apariencia irrelevantes y nuestra capacidad de vivir en base a ellas”. Seguir leyendo

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Teniendo entrelazados sus corazones


Muchos de los antepasados ya fallecidos de ustedes habrán recibido un testimonio de que el mensaje de los misioneros es verdadero. Cuando ustedes recibieron ese testimonio, pudieron pedirles a los misioneros el bautismo; pero los que están en el mundo de los espíritus no pueden hacerlo. Las ordenanzas que ustedes tanto apreciaron sólo se brindan en este mundo. Alguien en este mundo tiene que ir a un santo templo y aceptar los convenios por la persona que está en el mundo de los espíritus. Ésa es la razón por la que tenemos la obligación de buscar el nombre de nuestros antepasados y asegurarnos de brindarles lo que ellos no pueden recibir allá sin nuestra ayuda.

Para mí, el saber eso hace volver mi corazón no sólo a mis antepasados que esperan, sino también a los misioneros que les enseñan. Yo veré a esos misioneros en el mundo de los espíritus y ustedes también los verán. Piensen en el fiel misionero que estará allá con aquellos a los que ha amado y enseñado y que son antepasados de ustedes. Imagínense, como lo hago yo, la sonrisa que tendrá ese misionero en el rostro al caminar ustedes hacia él y hacia sus antepasados a los que él habrá convertido, pero que no pudieron bautizarse ni ser sellados a la familia sino hasta que ustedes efectuaron esas obras por ellos. No sé qué protocolo se utilizará en ese lugar, pero me imagino que recibirán ustedes abrazos con lágrimas de gratitud. Seguir leyendo

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El matrimonio: Convenios y determinación

El matrimonio: Convenios y determinación
«Viviréis juntos en amor»

El matrimonio es un convenio sagrado que exige amor, determinación y unidad.

Lo que pensamos los Santos de los Últimos Días sobre el matrimonio y la familia tiene un carácter único y hace profundo contraste con algunas prácticas de nuestros días. El Señor le reveló a José Smith, y lo ha confirmado por medio de otros profetas de los últimos días, la importancia y la santidad de este convenio. El conocimiento que tenemos del plan de Dios y nuestros deseos de seguirlo nos hacen diferentes del resto del mundo; nosotros comprendemos la naturaleza eterna del matrimonio y de las relaciones familiares.

El Señor le dijo a José Smith: «Y además, de cierto os digo, que quien prohíbe casarse no es ordenado de Dios, porque el matrimonio lo decretó Dios para el hombre» (D. y C. 49:15).

La elección del cónyuge es una decisión que tiene consecuencias eternas. El élder Dean L. Larsen (del Quorum de los Setenta) dio este consejo: «El momento mejor y más apropiado para preocuparse por los conflictos que puedan surgir sobre los principios esenciales para la felicidad matrimonial es antes de tomar la decisión de casarse.

Algunas de las mayores tragedias ocurren porque las decisiones se tomaron basadas principalmente en impulsos caprichosos y emocionales. Para tener éxito, todo matrimonio requiere un gran esfuerzo generoso y mucha adaptación de parte de ambos compañeros. Cuanto más ideales y propósitos fundamentales tengan en común marido y mujer con respecto a la vida, tanto más posibilidades de éxito habrá en su matrimonio. Cuando existen diferencias, éstas pueden llegar a convertirse en una fuente constante de tensión y contención» («Marriage and the Patriarchal Order», Ensign, septiembre de 1982). Seguir leyendo

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Dos principios para cualquier economía


El Señor no espera que trabajemos más duro de lo que podamos. Él no compara nuestro esfuerzo con el de los demás, ni tampoco nosotros debemos hacerlo. Nuestro Padre Celestial sólo nos pide que demos lo mejor de nosotros, que trabajemos con toda nuestra capacidad, sin importar cuán grande o pequeña sea.

El trabajo es un antídoto para la ansiedad, un bálsamo para las penas y un portal hacia las posibilidades. Sin importar nuestras circunstancias, mis queridos hermanos, esforcémonos lo mejor que podamos y cultivemos una reputación de excelencia en todo lo que hagamos. Centremos nuestra mente y nuestro cuerpo en la gloriosa oportunidad de trabajar que se nos presenta cada día.

Cuando nuestro carromato se atasque en el lodo, es más probable que Dios ayude al hombre que salga a empujar que al que sólo eleve la voz de súplica, sin importar cuán elocuente sea la plegaria. El presidente Thomas S. Monson lo dijo así: “No basta tener el deseo de hacer un esfuerzo y decir que lo intentaremos… La forma de lograr nuestras metas está en el hacer y no sólo en el pensar. Si constantemente postergamos nuestras metas, nunca las veremos realizadas”

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“…si estáis preparados, no temeréis”

 “…si estáis preparados, no temeréis”.

D. y C. 38:30


“Durante años se nos ha exhortado a cumplir por lo menos cuatro requisitos a fin de prepararnos para lo que ha de venir. Primero, obtengan una educación adecuada… Segundo, vivan estrictamente dentro de sus ingresos y ahorren algo para los días de ‘las vacas flacas’… Tercero, eviten las deudas excesivas… Cuarto, adquieran y almacenen una reserva de alimentos y bienes esenciales” (Élder L. Tom Perry, “Si estáis preparados, no temeréis”Liahona, enero de 1996).

“Los miembros de la Iglesia pueden iniciar su almacenamiento en el hogar almacenando los alimentos esenciales que serían necesarios para conservarles la vida…

“Algunos miembros no disponen del dinero ni del espacio para tener ese almacenamiento y a algunos se les prohíbe por ley tener un almacenamiento de alimentos para un año. Esos miembros deberán almacenar las cantidades que sus circunstancias les permitan. Las familias que no cuenten con los recursos para adquirir el almacenamiento para un año pueden iniciar dicho almacenamiento comprando artículos que les duren unos cuantos meses. Para lograrlo, los miembros deben ser prudentes y no dejarse llevar por el pánico ni irse a los extremos. Mediante un planeamiento cuidadoso y con el tiempo, la mayoría de los miembros de la Iglesia puede establecer tanto una reserva financiera como el almacenamiento de artículos indispensables para un año” (Carta de la Primera Presidencia, 20 de enero de 2002). Seguir leyendo

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Lo imperecedero

Lo imperecedero

Palabras de Inspiración


La primera vez que el afamado chelista Yo-Yo Ma actuó en público, interpretó una pieza de Juan Sebastián Bach. En los 60 años transcurridos desde entonces, él ha interpretado obras de muchos otros compositores, pero continuamente regresa a Bach. Cuando se le preguntó por qué, Yo-Yo Ma explicó que en cada etapa de la vida uno descubre cosas nuevas. “La forma como entiendo a Bach hoy es a semejanza de un río”, dice. “Es como si uno tocara un cauce de agua y, al tocarlo, al escucharlo, o al interpretarlo, uno entra en contacto con algo mucho más grande que uno mismo. Cambia de un día para el otro, de una estación a otra, y de un año al siguiente”.

Claro que la música de Bach no ha cambiado desde que él la compuso hace 300 años, pero nosotros sí cambiamos. Vemos, oímos, entendemos y valoramos distinto al ir madurando. Lo que hace su música imperecedera es que hallamos algo significativo en ella más allá de cuántas veces la escuchemos. El Coro del Tabernáculo sigue cantando muchas de las mismas selecciones musicales que presentaba hace más de 170 años. Ciertas interpretaciones musicales nunca parecen volverse arcaicas. Seguir leyendo

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Sintamos el Amor del Señor Cada Día

Sintamos el Amor del Señor Cada Día

Al amarle, ¿qué nos promete nuestro misericordioso Dios?

1 Corintios 2:9: “…Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman”.

2 Nefi 1:15: “…el Señor ha redimido a mi alma del infierno; he visto su gloria, y estoy para siempre envuelto entre los brazos de su amor”.

Amar al Señor no es simple­mente un consejo, no es sólo un buen deseo; es un mandamiento. Es el primero y grande mandamiento cuya obediencia se nos exige, porque el amor a Dios es la raíz de la cual brotan todos los demás tipos de amor. Es la raíz de toda virtud, de toda bondad, de toda fortaleza de carácter, de toda lealtad hacia la rectitud… Amemos al Señor nuestro Dios y amemos a Su Hijo, y agradez­camos siempre Su amor por noso­tros. Aunque cualquier otro amor falle, ese amor que Dios nos tiene, resplandeciente, trascendental y eterno, y el amor de Su Hijo, que dio Su vida por cada uno de noso­tros, siempre permanecerán”.

Las promesas del Señor son grandiosas. Lo que me parece más maravilloso es que el Señor nunca nos pide que hagamos algo que no traiga consigo una bendición. Vivir el Evangelio de Jesucristo no es un sacrificio; no podría ser un sacrifi­cio puesto que obtenemos más de lo que damos. Es una inversión. Y vivir de acuerdo con el Evangelio de Jesucristo llega a ser la mayor inversión de la que tengamos conocimiento, porque los dividen­dos que nos paga son eternos y permanentes” (“Las palabras del Profeta actual”, Liahona , diciembre de 1996). Seguir leyendo

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Prepararse para el regreso del Señor

Prepararse para el regreso del Señor

“Implorad al Señor, a fin de que su reino se extienda sobre la faz de la tierra, para que sus habitantes lo reciban y estén preparados para los días que han de venir, en los cuales el Hijo del Hombre descenderá en el cielo, revestido del resplandor de su gloria, para recibir el reino de Dios establecido sobre la tierra”.

¿Qué podemos hacer para prepararnos ahora para ese día? Podemos prepararnos como pueblo, podemos recoger al pueblo del convenio del Señor y podemos ayudar a cumplir la promesa de salvación “hecha a los padres”, nuestros antepasados.

También es vital en la preparación para la Segunda Venida el gran esfuerzo redentor en beneficio de nuestros antepasados. El Señor prometió enviar a Elías el profeta antes de la Segunda Venida, “el día de Jehová, grande y terrible”, para “[revelar] el sacerdocio” y “[plantar] en el corazón de los hijos las promesas hechas a los padres”. Elías sí vino, tal como se prometió. La fecha fue el 3 de abril de 1836; el lugar fue el Templo de Kirtland, Ohio. En ese lugar y en ese momento, él verdaderamente confirió el sacerdocio prometido, las llaves para la redención de los muertos y la unión de esposos, esposas y familias en todas las generaciones del tiempo y durante toda la eternidad. Sin eso, el propósito de la creación se frustraría y, en ese sentido, la tierra sería herida “con maldición” o sería “totalmente asolada”.

En el devocional de jóvenes que precedió a la dedicación del Templo de Roma, Italia, los cientos de hombres y mujeres jóvenes que asistieron mostraron al presidente Nelson las tarjetas que habían preparado con los nombres de sus antepasados. Estaban listos para entrar en el templo tan pronto como se abriera para realizar bautismos vicarios por aquellos antepasados. Fue un momento sumamente grato, pero solo un ejemplo del esfuerzo acelerado por establecer Sion para las generaciones que nos precedieron.

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Preciosas y grandísimas promesas

Preciosas y grandísimas promesas

Uno de los propósitos principales del templo es elevar nuestra visión: de las cosas del mundo a las bendiciones de la eternidad. Apartados durante un breve tiempo de los ambientes del mundo con los que estamos familiarizados, podemos recibir y recordar las preciosas y grandísimas promesas mediante las que llegamos a ser partícipes de la naturaleza divina a fin de “acudir a Dios para que [vivamos]”.

Tengan en cuenta que el día de reposo y el templo son un tiempo sagrado y un espacio sagrado, respectivamente, que se han apartado de forma específica para adorar a Dios, y a fin de recibir y recordar las preciosas y grandísimas promesas de Él a Sus hijos. Según lo ha instituido Dios, los propósitos principales de esas dos divinas fuentes de ayuda son exactamente las mismas: centrar potente y repetidamente nuestra atención en nuestro Padre Celestial, en Su Hijo Unigénito, en el Espíritu Santo y en las promesas relacionadas con las ordenanzas y los convenios del evangelio restaurado del Salvador.

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El Capitán Moroni y las Causas de la Guerra (Alma 43-52)

Guía de estudio del Libro de Mormón

El Capitán Moroni y las Causas de la Guerra
(Alma 43-52)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase


LA GUERRA EN EL LIBRO DE MORMÓN

Mormón y Moroni vieron mucha guerra, y vieron miles de muertos en batalla. De las 531 páginas del Libro de Mormón, casi un tercio (170 páginas, 68 capítulos) están dedicados al registro de las guerras entre los lamanitas y los nefitas. A partir de Alma 35, con la excepción de los siguientes siete capítulos (Alma 36-42), el Libro de Mormón contiene 44 capítulos consecutivos que se ocupan de las guerras y sus consecuencias. Así comenzó uno de los períodos más largos de la guerra de la historia nefita.

Recuerdo muy bien mis primeras experiencias de la lectura de estos capítulos en el Libro de Mormón. ¡Qué negativo y deprimente! Pensé. ¿Por qué hay tanto acerca de la guerra en un libro sagrado de la Escritura? En cuanto llegué a comprender que esta parte del Libro de Mormón fue tomada de las planchas mayores de Nefi, que eran principalmente de naturaleza histórica, pude entender por qué no parecen tan edificantes como 1 y 2 Nefi, que fueron tomados de l planchas pequeñas más espirituales. Aun así, me pregunté por qué incluyó Mormón tanto de la estrategia militar, los detalles sobre las batallas y el horrible derramamiento de sangre. Sabía que Mormón había seleccionado los eventos específicos de su libro y otros ignorados. ¿Por qué se incluye estos?

Con el paso de los años, en que nuestro mundo está más saturado con la guerra y el terrorismo, se ha vuelto más claro para mí por qué estos capítulos son relevantes para nuestros días. Estos nefitas vivieron en tiempos de terribles guerras de religión, y nosotros también. Hoy, sus respuestas son muy instructivas para nosotros. Esta parte del Libro de Mormón nos enseña a vivir con rectitud en tiempos de guerra.

•  D. y C. 87:3-6 La importancia para nosotros de los capítulos de guerra del Libro de Mormón. En nuestros días «la guerra se derrama sobre todas las naciones hasta que la consumación decretada haya destruido por completo a todas las naciones. «Mormón sabía que íbamos a vivir en un día de» guerras y rumores de guerras «(D. y C. 45:26) y desea darnos información importante acerca de cómo vivir como santos en tiempos de guerra.

En D. y C. 87—la «profecía de la guerra—el profeta José Smith predijo la Guerra Civil casi treinta años antes que ocurriera, incluyendo cuándo, dónde y por qué ocurriría (vv. 3-4). También predijo dificultades para más tarde, cuando los «restos que queden de la tierra [los lamanitas] se gobiernen a sí mismos, y se vuelvan extremadamente iracundos y sometan a los Gentiles a dolorosas vejaciones» (v. 5). Todavía no hemos visto ese día, aunque ciertamente, hemos visto un aumento de la tensión e incluso la ira de los pueblos lamanitas en los últimos años.

La profecía de la guerra concluye con estas palabras que dan que pensar: «Y así, con la espada y por el derramamiento de sangre los habitantes de la tierra llorarán por hambre, plagas, terremotos, y truenos del cielo, y por violentos e intensos relámpagos Asimismo, los habitantes de la tierra sentirán la ira, la indignación y la mano castigadora de un Dios Omnipotente, hasta que la consumación decretada haya destruido por completo a todas las naciones»(v. 6).

El presidente Ezra Taft Benson dijo: «En el Libro de Mormón encontramos un modelo para prepararnos para la Segunda Venida. Una gran parte del libro se centra en las décadas inmediatamente anteriores a la venida de Cristo a América. Del estudio cuidadoso de ese período, podemos determinar por qué algunos fueron destruidos en los terribles juicios que precedieron a su venida mientras que otros fueron llevados al templo en la tierra de Abundancia, y metieron las manos en las heridas de sus manos y pies. Del Libro de Mormón aprendemos cómo viven los discípulos de Cristo en tiempos de guerra.»1

LOS MANDAMIENTOS DEL SEÑOR CONCERNIENTES A LA GUERRA
(Alma 43)

•  Alma 35:3-15 Antecedentes de las guerras nefitas. Recordemos del capítulo 28 que los nefitas temían que los disidentes Zoramitas se unieran con los lamanitas, y Alma les predicó la palabra de Dios para evitar que eso sucediera (Alma 31:4-5). Los zoramitas que creyeron en la predicación de Alma fueron expulsados por los zoramitas incrédulos, los que temían la pérdida de su riqueza y poder, si se generalizaba la conversión (vv. 3-6). Los hijos de Amón, también conocidos como los anti-nefi-lehitas, se preocuparon por el bienestar de estos desterrados zoramitas, lo que promovió la ira de los apóstatas zoramitas contra ellos (w. 9-10). Los zoramitas, como se temía, se aliaron con los lamanitas y se prepararon para la guerra (v. 11). Seguir leyendo

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¿Mirar o ver?

¿Mirar o ver?


¿Pueden sus ojos ser engañados? Eso sucede a diario. Lo que parece ser una hoja, tal vez sea un insecto. Una sombra en la pared puede hacer que la rama de un árbol tenga la apariencia de algo mucho más alarmante, mientras que los objetos en el retrovisor a menudo están más cerca de lo que creemos.

Por lo general estos son simples errores pero, ¿qué tal nuestras percepciones cuando miramos a una persona? Tal vez creamos que podemos determinar tanto sus virtudes como defectos pero, ¿será que las apariencias a veces engañan?

Una reportera cubría la historia de un comedor comunitario donde alimentaban a gente desposeída. Allí entrevistó a una mujer y le preguntó qué pensaba de las instalaciones, a lo cual respondió con un cuidadoso y detallado análisis y expresó su gratitud, sorprendiendo a la reportera con su elocuencia. Aquella fue una lección de que no debemos juzgar a nadie por su apariencia.

Henry David Thoreau dijo una vez, “El asunto no es lo que estamos mirando, sino lo que vemos”. Cuando observamos una hermosa pintura, allí están las pinceladas, los colores y las líneas, pero lo que vemos depende de si permitimos o no que el arte nos llegue al corazón a fin de que nos mueva y nos inspire. Toda pintura es más que apenas brochazos.

Lo mismo sucede con los seres humanos. Cuando conocemos a alguien, ¿miramos más allá de su apariencia exterior para ver en su interior? Seguir leyendo

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