La obra por los muertos

La obra por los muertos

por John A. Widtsoe
Teoloquia Raciales

La doctrina de la hermandad del hombre y el principio de cooperación muestran la necesidad que tenemos de darnos al bien común. El más profundo deseo de la Iglesia para servir a todos, en hermandad humana, está mejor demostrado en la obra por los muertos, que en parte alguna.

Todos deben salvarse. — La obra del templo descansa en el principio del Gran Plan que todos deben salvarse o al menos darles la oportunidad de salvación. A las personas que en la tierra no tuvieron la oportunidad de aceptar las ordenanzas del evangelio, no pueden negárseles los privilegios de asociación en la Iglesia ni las bendiciones que vienen a aquellos que aceptan la verdad. Para tales personas muertas, debe hacerse la obra vicaria con todas las ordenanzas esenciales de la Iglesia; las que pueden ser aceptadas o rechazadas por el muerto. La obra vicaria no es nueva porque ha sido practicada en varias formas desde el principio. En la vida diaria a un hombre le es conferido, por poder, la autoridad legal para oficiar por otro. La obra de Jesucristo fué principalmente vicaria.

Ordenanzas terrenales. — El plan del Evangelio está compuesto de grandes verdades eternas. Todos los requisitos para la guía terrenal del hombre tienen su duplicado espiritual y eterno. Las ordenanzas terrenales del evangelio son reflejos de ordenanzas celestiales. Por ejemplo, el bautismo, el don del Espíritu Santo, y la obra del Templo son realmente símbolos terrenales de realidades universales, y verdades que deben ser reconocidas si es que el Gran Plan debe cumplirse. La aceptación de estos símbolos terrenales es parte de la vida correcta y siendo ellos exclusivamente de la tierra no pueden ser ejecutados en otra parte. Para que una imparcialidad absoluta pueda prevalecer y la eterna justicia cumplirse, todos los hombres deben aceptar estas ordenanzas terrenales para poder obtener la plenitud de su gozo. Seguir leyendo

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El símbolo de nuestra fe

El símbolo de nuestra fe

Presidente Gordon B. Hinckley

La vida de nuestros miembros debe llegar a ser la expresión más significativa de nuestra fe y el símbolo de nuestra adoración.

Después de la renovación del Templo de Mesa, Arizona, hace algunos años, se invitó a clérigos de otras religiones a fin de que lo recorrieran el primer día en que se abrió para las visitas del público. Cientos se presentaron. Al dirigirles la palabra, les indiqué que nos complacería responder a las preguntas que tuvieran. Entre ellas se encontraba la de un ministro protestante.

Él dijo: “He visitado todo este edificio, un templo que lleva en su fachada el nombre de Jesucristo, sin haber podido encontrar ninguna representación de la cruz, que es el símbolo del cristianismo. He observado también sus edificios en otras partes, y del mismo modo que en éste, encuentro una total ausencia del símbolo de la cruz. ¿Cómo puede ser, si ustedes profesan creer en Jesucristo?”

A lo que respondí: “No quisiera ofender a ninguno de mis hermanos cristianos que utilizan la cruz en las agujas de sus catedrales y en los altares de sus capillas, que la llevan como parte de su vestimenta e imprimen su imagen en los libros, al igual que en otros materiales impresos. Sin embargo, para nosotros la cruz es el símbolo del Cristo agonizante, mientras que nuestro mensaje es una declaración del Cristo viviente”.

Mi interlocutor volvió a preguntar: “Si ustedes no utilizan la cruz, ¿cuál es entonces el símbolo de su religión?”.

Contesté que la vida de nuestros miembros debe llegar a ser la expresión más significativa de nuestra fe y, de hecho, el símbolo de nuestra adoración.

Espero que por mi respuesta no haya pensado que yo era presumido ni que me las daba de perfecto. A primera vista, nuestra posición tal vez parezca contradecir nuestra creencia de que Jesucristo es la figura principal de nuestra fe. El nombre oficial de la Iglesia es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Nosotros lo adoramos como nuestro Señor y Salvador; la Biblia es nuestra Escritura; creemos que los profetas del Antiguo Testamento que predijeron la venida del Mesías hablaron bajo inspiración divina; nos regocijamos con los relatos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan que narran los acontecimientos del nacimiento, el ministerio, la muerte y la resurrección del Hijo de Dios, el Unigénito del Padre en la carne y, al igual que el antiguo apóstol Pablo, nosotros no nos avergonzamos “del evangelio [de Jesucristo], porque es poder de Dios para salvación” (Romanos 1:16). Del mismo modo, al igual que Pedro, afirmamos que Jesucristo es el único nombre “dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

El Libro de Mormón, al cual consideramos como el testamento del Nuevo Mundo, que declara las enseñanzas de los profetas que vivieron antiguamente en este hemisferio occidental, testifica de Aquel que nació en Belén de Judea y murió en el Monte del Calvario, y constituye otro poderoso testigo de la divinidad del Señor a un mundo de fe incierta. Su prefacio, escrito por un profeta que vivió en las Américas hace mil quinientos años, declara categóricamente que el libro se escribió para “convencer al judío y al gentil de que Jesús es el Cristo, el Eterno Dios, que se manifiesta a sí mismo a todas las naciones”.

En nuestro libro de revelaciones modernas, Doctrina y Convenios, el Señor declara con estas firmes palabras: “Yo soy el Alfa y la Omega, Cristo el Señor; sí, soy él, el principio y el fin, el Redentor del mundo” (D. y C. 19:1). Seguir leyendo

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Korihor y los Zoramitas (Alma 30-31)

Guía de estudio del Libro de Mormón

Korihor y los Zoramitas
(Alma 30-31)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase


INTRODUCCIÓN
El Propósito y los Efectos de la Adversidad

Después de la masacre innecesaria de mi padres, esposos y hermanos, junto con las inocentes las mujeres y niños durante las últimas guerras lamanitas, los nefitas fueron humillados y comenzaron nuevamente a imponer el orden en su sociedad.

La adversidad puede tener ese efecto sobre una persona, pero también puede alejar a otras.

El presidente Spencer W. Kimball dijo: «En algún momento nos vamos a enfrentar a la adversidad como se enfrenta a un viento helado.

Un hombre huye de ella, y como una cometa sin resistencia, cae al suelo. Otro no se da en retirada ni un ápice, y el viento que lo destruiría lo levanta a las alturas con la misma facilidad. No se nos juzga por las pruebas a las que nos encontramos, sino sólo por aquellos que superamos.»1

Un factor importante en esta diferencia es el grado de fe en Dios de una persona. El objetivo de este capítulo es sobre dos grupos de personas que experimentaron la misma miseria y desgracia de los nefitas, pero cuyas reacciones fueron muy diferentes. Para algunos, la humildad llevó a la fe, al dominio de sí mismo, y a la salvación. Para otros, la falta de fe los llevó a la apostasía.

KORIHOR EL ANTI-CRISTO (Alma 30)

¿Que (Quién) es un Anti-cristo?

  • 1 Juan 2:22; 1 Juan 4:2-3 Un anti-Cristo aquel que niega la existencia de Cristoo del Padre, o se niega a confesar su conocimiento de ellos.

El Diccionario de la Biblia, bajo el título «Anticristo» (p. 609), dice un anti-Cristo es «cualquier persona o cualquier cosa que falsifica el verdadero evangelio o el plan de la salvación y que abiertamente o en secreto se estableció en oposición a Cristo.»

El élder Bruce R. McConkie dijo: «Un anticristo es un adversario de Cristo, es el que está en oposición a la verdad del Evangelio, a la Iglesia verdadera y al verdadero plan de salvación. (1 Juan 2:19;. 4:4-6) Es el que ofrece la salvación a los hombres bajo otras condiciones que las establecidas por Cristo. Sherem (Jacob 7:1-23), Nehor (Alma 1:2- 16), y Korihor (Alma 30:6-60) eran anticristos que difundieron sus ideas delirantes entre los nefitas.»2

Korihor desvía el corazón de muchos en Zarahemla

  • Alma 30:1-5 Los nefitas viven en paz durante casi dos años después de establecer el pueblo de Amón en la tierra de Jersón y sacar de la tierra a los belicosos lamanitas (75-74 AC). Enterraron sus innumerables muertos, y luego participan en el ayuno, llanto y oración (vv. 1-2). Eran estrictos en su obediencia a los mandamientos y las ordenanzas de la ley de Moisés (v. 3), y como resultado, el Señor los bendijo con la paz continua (vv. 4-5).
  • Alma 30:6-12 Korihor (un anti-Cristo) viene al pueblo predicando contra Cristo y sus profetas.Hacia finales del año 74 AC, «llegó un hombre a la tierra de Zarahemla, y él era el Anticristo, porque empezó a predicar al pueblo contra las profecías que habían declarado los profetas, relativas a la venida de Cristo «(v. 6). Su nombre era Korihor, y de acuerdo a la ley nefita» la ley no podía tener dominio sobre él» a causa de sus creencias (vv. 7, 12). Las personas son libres de elegir a quién querían servir espiritualmente (v. 8). Si han cometido delitos como el asesinato, el robo, el robo, el adulterio se castiga conforme a las leyes de la tierra (vv. 9-10). Sin embargo, «no hay ninguna ley en contra de la creencia de un hombre, por lo tanto, un hombre era castigado sólo por los crímenes que había cometido, por lo que todos los hombres estaban en igualdad de condiciones» (v. 11). Por lo tanto, Korihor era libre de venir y «predicar al pueblo que no había ningún Cristo» (v. 12).

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Los conversos del Libro de Mormón

Los conversos del Libro de Mormón

(Tomado de the Church News)

Los misioneros en todo el mundo saben que el Libro de Mormón es la mejor arma para convertir a la gente. Miles de personas han testificado de esto al relatar su conversión.

Algunas misiones han distribuido este volumen por miles durante el año pasado. Ya que este libro de escrituras modernas es tan efectivo para convertir a los no miembros, ¿por qué no usarlo dentro de la Iglesia para convertir a nuestras propias familias?

El Libro de Mormón puede convertir a los miembros de la Iglesia de la misma manera que convierte a los no miembros. Todo miembro necesita tener un testimonio de la verdad. Hay muchos que dicen que creen, pero que no tienen un conocimiento definido de la veracidad del evangelio, que les haga decir: «Yo sé que es verdad.»

El Libro de Mormón puede ayudar a vencer esta dificultad, ya que toda persona que lo lea sinceramente y ore acerca de él, podrá saber de su veracidad y comprender que todo el evangelio es verdadero.

Al saber que el Libro de Mormón es la palabra de Dios, sabrán que José Smith fue un profeta, ya que el libro fue revelado y traducido por medio de él, y además fue el representante de Dios para establecer esta obra maravillosa en nuestros días.

La lectura del Libro de Mormón puede ser un proyecto familiar. Puede leerse, en grupos en la “Noche de Hogar” para la Familia; se pueden leer algunos versículos cada día antes del almuerzo o la cena; cada miembro de la familia puede leerlo independientemente y así todos tendrán un conocimiento íntimo de su contenido.

Muchas personas regalan copias del Libro de Mormón para el cumpleaños de sus familiares y es una idea muy buena ya que todos los miembros de la familia pueden tener su propio juego de escrituras.

Quizá algunos digan: «Yo ya lo he leído una vez, ¿es necesario que lo lea de vuelta?» ¡Es tan poco lo que aprovechamos la primera vez que lo leemos! Hay muchos que leen el libro una y otra vez y confiesan que con cada lectura extraen más comprensión de sus ideas. Y en verdad es así. Seguir leyendo

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La prueba de nuestra fe

La prueba de nuestra fe

por Joseph Fielding Smith
Conferencia General de octubre de 1961

Quisiera dirigirme a los poseedores del sacerdocio, particularmente, y a sus esposas y a todos los demás miembros de la Iglesia. Ningún miembro de esta Iglesia podrá ser aprobado delante de la presencia de Dios, si no ha leído cuidadosa y seriamente el Libro de Mormón, y creo que a esto también podríamos agregar, en lo que toca a los varones, las Doctrinas y Convenios. . .

Quisiera llamar vuestra atención a una cosa del Libro de Mormón. El Señor nos ha prometido mayor conocimiento, mayor comprensión de la que encontramos en este libro en cuanto estemos preparados para recibirlo. Cuando el hermano de Jared subió al monte para que el Señor tocara las piedras que iluminaron su viaje a través del gran océano, el Señor le reveló la historia de este mundo desde el principio hasta el final. Nosotros no poseemos este conocimiento.

Voy a leer uno o dos versículos del Libro de Mormón relacionados con este tema.

«Y les explicó (esto es, Cristo) todas las cosas, sí, desde el principio hasta la época en que él viniera en su gloria; sí, todas las cosas que habían de suceder sobre la faz de la tierra, hasta que los elementos se derritieran con intenso calor, y la tierra se plegara como rollo, y desaparecieran los cielos y la tierra; . . . (3 Nefi 26:3).

Todo eso fue escrito y entregado a los nefitas.

Nosotros no poseemos ese registro, y el Señor dijo lo siguiente que nos concierne principalmente a nosotros, y Mormón lo escribió:

Y he escrito estas cosas, que son la menor parte de lo que enseñó al pueblo; y las he escrito con objeto de que nuevamente lleguen de los gentiles a este pueblo, según las palabras que Jesús ha hablado. Seguir leyendo

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El lamanita y el evangelio

El lamanita y el evangelio

por el élder Spencer W. Kimball

(BYU Campus Education Week General Assembly Address 13 de junio de 1969).

Siempre me alegra decir algo específico acerca de los indígenas, porque está muy arraigado dentro de mí. Por lo mismo me gustaría decir unas cuantas palabras a este respecto.

Los indígenas estadounidenses

En marzo estuvimos en Londres visitando las misiones de la Gran Bretaña. Recorté de una revista local un anuncio pagado por Trans World Airlines, usando a los indígenas para vender sus productos. Con tipo de letra grande decía:

En 1626 los indígenas vendieron Manhattan por 17 libras. Por otras 137 libras les daremos además Washington y Filadelfia.

Y después en tipo más pequeño aparecía lo siguiente:

Estas son las mejores ofertas desde que los indígenas vendieron Manhattan a Peter Minuit por «sesenta florines» de mercancía.

Por ejemplo, les daremos Manhattan.

Les daremos los cafés y los centros nocturnos de Greenwich Village.

Les daremos el Empire State Building y el Centro Rockefeller.

Les daremos los mundos totalmente distintos de Harlem y en el barrio Chino.

Les daremos todo el chic y la excitación que se puede encontrar en New York.

Después, les daremos Washington, la Casa Blanca, el Pentágono, el Capitolio, el Memorial Lincoln, la tumba de Kennedy en Arlington.

Después Filadelfia, la Campana de la Libertad, la casa de Betsy Ross, Independence Hall y el asombroso Museo de Arte de Filadelfia.

Les daremos catorce noches en hoteles finos.

Les daremos paseos turísticos.

Les daremos todo esto por solo 154 libras. Todo lo que tienen que hacer es visitar a su agente de viajes.

Ahora, hagan de cuenta que son Peter Minuit. ¿Piensan por un momento que titubearía? Entonces recordamos: Seguir leyendo

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Los motivos hacen la diferencia

Los motivos hacen la diferencia

por el élder Hartman Rector, Hijo.
Conferencia General, de octubre de 1968

Seguramente la razón o motivo es muy importante para determinar la culpabilidad o inocencia de nuestros actos.

Nefi fue a Jerusalén con la determinación de obtener los registros de su pueblo. El Señor se lo mandó. Al llevar a cabo su asignación reconoció el riesgo que representaba. Labán lo había amenazado con quitarle la vida a él y a sus hermanos. Encontró borracho a Labán y recibió el mandamiento claro del Señor de matarlo, y obedeció.

Ahora considerad a Caín. Él tenía celos de Abel, un hombre justo, cuyo holocausto era aceptable ante el Señor Dios. En sus celos y avaricia, Caín escuchó a Satanás y, animado por él, asesinó a Abel para poder obtener sus rebaños.

En el primer caso, Nefi tenía un motivo completamente justo. En el otro, el motivo era completamente inicuo. El motivo es la diferencia principal entre estos actos en los que se mató a un hombre.

Por medio de Pedro, el Señor dice que todos los hombres deben estar «siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros. . .» (1 Pedro 3:15).

Si es tan importante la razón o el motivo y el Señor nos lo requiere a todos, entonces cada hombre deberá examinar sus motivos, no sea que se nos encuentre culpable en el último día. Seguir leyendo

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Algo más elevado que uno mismo

Algo más elevado que uno mismo

por el presidente David O. McKay
Conferencia General, abril de 1958.

Me ha sido difícil bosquejar el mensaje que he tenido en mi corazón para los miembros de la Iglesia y el resto del mundo. Pablo dijo que «el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz» (Rom. 8:6).

Lo carnal, como ya saben, se relaciona con lo físico y también incluye lo sensual. Pero esta mañana tenemos en mente lo físico que nos rodea y nuestros instintos animales, el enojo que sentimos, las palabras ingratas que decimos; haciendo desagradable la vida en vez de enfatizar el aspecto espiritual de la vida, el verdadero aspecto de nuestra naturaleza.

Recibí la sugerencia del texto de mi discurso hace varias semanas de un informe que recibí en cuanto a algunas situaciones desagradables que sucedían en un hogar, y me pregunté por qué no podemos enfatizar en nuestros hogares las actitudes espirituales y no las desagradables; por qué, teniendo ante nosotros todas las amonestaciones del Señor, todas las oportunidades que nos ofrece la Iglesia, no podemos expresar actitudes espirituales cada día de nuestra vida. ¿Para qué sirve la relación si no es para mejorar nuestras vidas diarias? ¿Para qué enfatizar el aspecto carnal de nuestra naturaleza? Es verdad que esa es la reacción natural de todos los animales, pero teniendo en nuestro poder los altos principios del evangelio revelados por Cristo, ¿por qué en vez del aspecto carnal no pueden los miembros de la Iglesia enfatizar el aspecto espiritual por lo menos en el hogar, la escuela y en todas sus asociaciones?

Supe a través de una carta, de un incidente que no tiene justificación para un miembro de la Iglesia. Un marido y su mujer discutiendo —él rebajándose hasta llegar a maldecirla, y en un momento de rabia voltear una mesa de trastos—, un ser en forma de hombre que guarda dentro de sí la naturaleza de un animal. Un hombre en tal condición mental que el mismo enojo le daña más que la causa de éste, y en realidad, hermanos, él sufre más por el enfado que por la causa de éste.

Me pregunto cuánto tiempo se requerirá para que nos demos cuenta que, tratándose de la ira, solamente nosotros nos podemos hacer daño —somos responsables por lo que nos beneficia y lo que nos daña—, que el daño que cada uno de nosotros nos hacemos lo llevamos a cuestas y solamente sufrimos por nuestra propia culpa. Me parece que comprenden ese pensamiento y sin embargo; la tendencia de cada uno es la de culpar a los demás, la esposa culpando a su marido, el esposo a la esposa, los hijos criticando a los padres cuando ellos mismos tienen la culpa. Si dentro de la dignidad de la hombría tal hombre dejara de magnificar sus problemas; se enfrentara a las cosas como realmente son; reconociera las bendiciones que lo rodean; dejara de guardar deseos malignos hacia otras personas; cuánto mejor sería como hombre, y esposo y cuánto más digno como padre. Un hombre que no puede controlar su ira, probablemente no podrá controlar su pasión, y sin tomar en cuenta sus pretensiones en cuanto a la religión, se desenvuelve diariamente en un nivel cercano al de los animales. Seguir leyendo

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Poned a prueba mis palabras

Poned a prueba mis palabras

John A. Widtsoe
(Evidences and Reconciliations, [Salt Lake City: Murray and Gee, 1943]

El evangelio del Señor Jesucristo aconseja a los hombres poner a prueba su veracidad. Definitivamente aprueba el método experimental. El Salvador estableció este principio con una brillante declaración: «Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta» (Juan 7:16, 17). Otra ocasión señaló: «Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí y yo en el Padre» (Juan 10:37,38). Las palabras del apóstol Pablo: «Examinadlo todo; retened lo bueno» (Tesalonicenses 5:21), tienen la misma importancia. En las Escrituras hay constantes consejos de que permitamos que los efectos de vivir el evangelio sean la evidencia de su verdad, como por ejemplo: «Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mateo 5:16); o «manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras» (1 Pedro 2:12).

José Smith, el Profeta, usó este método de comprobar la verdad. Leyó las palabras de Santiago: «Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y les será dada» (Santiago 1:5); y, creyendo en Dios, fue al bosque a verificar la realidad de la promesa hecha allí. Así fue como tuvo la Primera Visión… Seguir leyendo

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Las mujeres y la Sociedad de Socorro

Las mujeres y la Sociedad de Socorro

(Tomado de the Church News)

Las mujeres, al igual que los hombres, necesitan un medio de expresión. Necesitan una organización que puedan considerar propia y por medio de la cual puedan ayudar a la humanidad.

La Sociedad de Socorro de nuestra Iglesia es una organización de esta clase y es el deseo de los hermanos de la presidencia, que cada mujer que pertenezca a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, se una a ella. ¿En qué puede ayudar la Sociedad de Socorro a la mujer?

Primera y principalmente, proporciona un medio de consuelo a los enfermos y necesitados, a los afligidos, los moribundos, los huérfanos, las viudas y todos aquellos que necesitan el tierno cuidado que sólo una mujer puede dar.

Este fue el objeto principal para el cual la organizó el Profeta José Smith en Nauvoo el 17 de marzo de 1842. El Profeta les dijo que buscaran personas que necesitaran caridad, les suplieran sus necesidades y cuidaran de los pobres.

La Sociedad de Socorro, suministra además un medio por el cual la mujer que tenga ideales elevados de moral y conducta, puede usar su influencia para mantener limpia e inmaculada la moral de su hogar y su comunidad.

Esto es muy necesario hoy día. Las mujeres, aún más que los hombres, son los guardianes y custodias de la generación de mañana.

El problema más grave de la juventud actual, es moral. Parece que todas las influencias malignas se han desatado en su contra. Hay en circulación revistas pornográficas, malas películas, se han relajado los niveles de moralidad, se celebran fiestas a obscuras en las que se sirven licores, se fuma, se practica el gangsterismo juvenil. Seguir leyendo

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Los anti-Nefi-Leitas (Alma 23-29)

Guía de estudio del Libro de Mormón

Los anti-Nefi-Leitas
(Alma 23-29)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase


LOS ANTI-NEFI-LEITAS SON CONVERTIDOS
(Alma 23-26)

Proclama del Rey de los lamanitas

• Alma 23:1-3 El rey de los lamanitas emite una proclama a su pueblo des su conversión. Prohibió que nadie interfiera con, o persiguiera a los hijos de Mosíah mientras salían a predicar el evangelio

• Alma 23:4-7 Miles de lamanitas se convierten al Evangelio, ni uno solo de los cuales se cae. En el momento estos misioneros llegaron, los lamanitas eran «un pueblo ocioso, lleno de maldad y astucia» (2 Nefi 5:24). Enós dijo que eran «salvajes.. feroces.. sedientos de sangre… llenos de idolatría y suciedad» Enós 1:20).

Y Jarom dijo que «les gustaba el asesinato y bebían la sangre de las bestias» (Jarom 6). Por lo tanto, no fue un exageración cuando Mormón dijo acerca de sus misiones que el trabajo «fue genial, ya que habían emprendido la predicación de la palabra de Dios a un salvaje, empedernido y feroz pueblo » (Alma 17:14). Y ahora, literalmente, miles de ellos se habían convertido y fueron a partir de entonces constantemente fieles. El equivalente en nuestros días serían los misioneros que han penetrado en los escondites montañosos de los terroristas que han jurado nuestra total destrucción, convirtiendo a miles de ellos al evangelio de Jesucristo.

El El élder Marión G. Romney dijo:

En el vigésimo tercero y vigésimo cuarto capítulos de Alma tenemos un dramático relato del poder del evangelio de cómo cambia a casi toda una nación de un pueblo sanguinario, guerrero indolente a industriosos, amantes de la paz. De estas personas el registro dice que miles fueron llevados al conocimiento del Señor y que todos los que fueron traídos al conocimiento de la verdad nunca más se desviaron… Ese es el gran mensaje que quiero dejar aquí. Es el ablandamiento de los corazones que ese Evangelio hace a las personas que lo reciben….

Ahora bien, esta notable transformación obrada en los corazones de miles de personas se llevó a cabo en un período de tiempo muy corto bajo la influencia y el poder del evangelio de Jesucristo. Pasaría lo mismo hoy a todos los pueblos de la tierra si quisieran recibirlo.1

• Alma 23:8-18 Los lamanitas convertidos son bendecidos «por ser un pueblo muy industrioso;… y la maldición de Dios no los seguirá más.” «Hoy vemos esta misma disposición a ser industriosos entre los pueblos lamanitas que se están reuniendo en la iglesia con mayor rapidez que cualquier otro pueblo sobre la tierra.

El presidente Spencer W. Kimball dijo con respecto a la elevación de los lamanitas en nuestros días: Seguir leyendo

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Geografía del Libro de Mormón – (Alma 22)

Guía de estudio del Libro de Mormón

Geografía del Libro de Mormón
(Alma 22)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase


¿DONDE VIVIERON LOS PUEBLOS DEL LIBRO DE MORMÓN?

El Libro de Mormón puede ser frustrante para aquellos que buscan respuestas definitivas sobre su geografía. Ni Nefi ni Mormón pretendían que sus escritos fueran principalmente históricos, arqueológicos o científicos. Son textos religiosos, y cada incidente seleccionado para ser incluido en las planchas tenía una finalidad didáctica. Si, al hacerlo, se habló de la geografía, fue sólo para dar un sentido de dirección y su ubicación general, no para proporcionar una hoja de ruta.

En este punto en el Libro de Mormón recibimos bastantes más detalles acerca de la geografía que en cualquier otro lugar, por lo que vamos a hacer una pausa y considerar la disposición general de los sitios del Libro de Mormón. El mapa adjunto fue creado por Daniel H. Ludlow para lograr este propósito, sin ninguna intención de relacionarlo a una particular geografía en Norte, Centro o Sudamérica.

•  Alma 22: 27-34 Las tierras nefita y lamanita Sigue una descripción que define los territorios numerados en el mapa de arriba.

Los lamanitas ocuparon una zona al sur de la tierra de Zarahemla, desde el mar del este al oeste. Estas áreas lamanitas estaban divididas de las tierras nefitas por las fronteras del desierto montañoso. Las tierras nefitas (Zarahemla y Abundancia) estaban en una elevación menor que el desierto al sur y la tierra de Nefi, que se describe como «arriba» a partir de allí (v. 31).

Los lamanitas también ocuparon la zona oeste de la tierra de Zarahemla, a la orilla del marzo de Sus áreas de vivienda en sus propias tierras se extendían hasta llegar a la orilla del mar al oeste, que era el lugar donde aterrizó originalmente Lehi (v. 28). Los lamanitas también vivieron en el este de la tierra de Zarahemla, cerca de la orilla del mar en lo que se llamaba la tierra de Abundancia. Por lo tanto, los nefitas se hallaban casi rodeados por los lamanitas que viven a su oeste, sur y este (v. 29).

Al norte de la tierra de Zarahemla estaba la tierra de Desolación, llamada así porque fue el área donde los jareditas llegaron por primera vez y donde finalmente fueron completamente destruidos (v. 30). Seguir leyendo

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El espíritu de Perdón

El espíritu de Perdón

Por el presidente George Albert Smith

(Tomado de «The Improvement Era» 1945)

Hay una cosa que bien podríamos tratar de cultivar, y eso es, la disposición de perdonar el uno al otro sus traspasos. El espíritu de perdón es una virtud sin la cual nunca realizaremos las bendiciones que esperamos recibir. Algunas veces algún hermano en la autoridad ha ofendido, en alguna manera, a uno de los miembros de la Iglesia, quizá, sin darse cuenta, y ese hijo de nuestro Padre silenciosamente continúa sintiéndose lastimado, en vez de hacer como el Señor ha mandado : de ir al hombre ofendido y decirle, en amor, los sentimientos de su corazón, y dar a ese hermano la oportunidad de decir, «Siento mucho haberle ofendido y espero que me perdone», El resultado es que a veces encontramos un espíritu resentido existente que ha sido instigado por Satanás. Tenemos que ponernos en una condición donde podamos perdonar a nuestros hermanos.

Relacionado con este asunto, me refiero a dos versículos del capítulo dieciocho de San Mateo empezando con el verso veintiuno. Parece que los apóstoles estaban con el Señor en esta ocasión, y que Pedro vino a Él y dijo:

Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que pecare contra mí? ¿Hasta siete?
Jesús le dice: No te digo hasta siete, más aún hasta setenta veces siete» (Mateo 18: 21-22)

Entonces el Señor les contó una parábola de dos hombres, uno de los cuales debía a su Señor una cantidad enorme de dinero, y vino a él y le dijo que no podía pagarle lo que le debía, y pidió que le perdonara la deuda. El señor del dinero se movió por compasión y le perdonó la deuda. Inmediatamente salió el deudor perdonado y encontró a otro sirviente que le debía una pequeña cantidad y demandó su pago. El pobre hombre no pudo pagar su deuda y también pidió que le perdonara la deuda. Pero no fué perdonado; al contrario fué llevado a la cárcel por el que ya había sido perdonado por su señor. Cuando los demás siervos vieron lo que se había hecho, fueron al señor y le contaron lo que había pasado. El señor se enojó en grande manera y mandó al que había perdonado al tormento, hasta que pagara todo lo que se debía. Su alma no era suficiente grande para apreciar la misericordia que le habían mostrado, y por esa falta de caridad perdió todo. Seguir leyendo

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Para recibir una corona de gloria

Para recibir una corona de gloria

Por el Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

¿Qué eficacia tendrá la expiación de Jesús en nuestra vida si no hay arrepentimiento? Si no sacamos rápidamente las astillas del pecado y las espinas de la tentación carnal, ¿cómo sanará el Señor nuestra alma?

La vida nos presenta retos que nos producen desazón tal como lo hacen las espinas, los cardos, las astillas o una corona de espinas. Nuestro Salvador padeció al llevar una corona de espinas. Sin embargo, la vida también cuenta con exquisita belleza y fragancia, así como con una corona de gloria.

Quisiera comprender mejor todos los propósitos divinos de tener que contender con tantos dolores en esta vida. Lehi explicó que una de las razones es para que apreciemos y percibamos todo lo bueno y lo bello del mundo1. A Adán se le dijo que la tierra sería maldecida con espinas y cardos por nuestra causa2. De igual manera, la vida terrenal está “maldecida” con las espinas de las tentaciones mundanas y con las astillas del pecado para que seamos probados, lo cual es necesario para nuestro progreso eterno. El apóstol Pablo explicó: “…para que… no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne”3.

El negar nuestros pecados, nuestro egoísmo y nuestras debilidades es como una corona de espinas que nos impide avanzar un paso más hacia nuestro progreso personal. Si negamos que somos pecadores, ¿se nos podrá perdonar algún día? ¿Qué eficacia tendrá la expiación de Jesús en nuestra vida si no hay arrepentimiento? Si no sacamos rápidamente las astillas del pecado y las espinas de la tentación carnal, ¿cómo sanará el Señor nuestra alma? El Salvador dijo: “…¿no os volveréis a mí ahora, y os arrepentiréis de vuestros pecados, y os convertiréis para que yo os sane?”4. Seguir leyendo

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Ha resucitado

Ha resucitado

Por el Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

La realidad de la resurrección nos da a cada uno esa paz que sobrepasa todo entendimiento.


Una vez, un visitante me preguntó: “¿Qué puntos de interés puedo visitar mientras esté en Salt Lake City?”. Sin pensarlo mucho, le sugerí una visita a la Manzana del Templo, un recorrido por las montañas cercanas, un paseo a la mina de cobre Bingham y quizá ir a nadar al Gran Lago Salado. El temor a que me fuera a interpretar mal me contuvo de añadir: “¿Ha considerado la idea de pasar una hora o dos en uno de nuestros cementerios?”. No le dije que cada vez que viajo, intento visitar el cementerio local. Es un tiempo de meditación, de reflexión sobre el significado de la vida y de la certeza de la muerte.

Mayor amor

Recuerdo que en el pequeño cementerio del pueblo de Santa Clara, Utah, predominan los apellidos suizos que adornan las gastadas lápidas. Muchas de esas personas dejaron su hogar y su familia en la fértil Suiza, como respuesta al llamado “Venid a Sión”, para establecer las comunidades donde ahora “descansan en paz”. Sobrevivieron a las inundaciones de la primavera, las sequías del verano, las escasas cosechas y las arduas tareas del campo, y nos dejaron un legado de sacrificio. Seguir leyendo

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