El tabaco relata su historia

El tabaco relata su historia

Élder Alfredo C. Reese

Discurso Pronunciado, el 13 enero  de 1937, transmitido por la estación radio-difusora KSL en la Ciudad de Lago Salado.

Ninguno sabe más acerca del tabaco que el tabaco mismo. Así que ¿por qué no entrevistamos al tabaco esta noche?, dejemos al tabaco relatar su propia historia. Va así:

“Soy una planta que crece lujuriosamente bajo condiciones favorables.

“Contengo un veneno mortal que se llama nicotina. Las personas han descubierto que cuando me usan por inhalación, produzco una sensación agradable de poder, pero de poder falso. Aquellos que me usan se hacen creer que avivo su inteligencia, que les doy más fuerza física; que les estímulo para hacer obras maravillosas que están más allá de su capacidad normal.

“¿Jamás han observado a las personas que me usan, alrededor de una mesa durante una conferencia? ¿Han notado que ellos extienden su mano para tomarme antes de comenzar a pensar o hablar? Soy su apoyo y sostén. Soy el dinamo que les hace funcionar.

“Por supuesto lo que hago después es dejarlos caer y retardar. Entonces me necesitan más que antes, para levantarlos y edificarlos nuevamente. Este es el modo en que les conquisto. De esta manera les hago sentir que soy indispensable. Así es como les hago esclavos míos e inútiles para defenderse. Seguir leyendo

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Una guía para la economía familiar

Una guía para la economía familiar

Por el élder Marvin J. Ashton
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Discurso pronunciado en la sesión de bienestar de la Conferencia General de abril de 1975.

Una vez tuve la oportunidad de conversar con una pareja extraor­dinaria de jóvenes, los cuales se iban a casar esa misma semana. Sus ojos brillaban de ilusión por el acontecimiento importante que se avecinaba, así como por el amor perdurable del uno por el otro. Ambos gozaban de las ventajas de una educa­ción universitaria, de buenos hogares y de experiencias culturales. Era un deleite ser partícipe de sus personalidades, de sus planes y su potencial. El cortejo parecía haber comen­zado, de manera apropiada, sobre una base eterna.

Durante nuestra entrevista, las respuestas que dieron a sólo una pregunta hicieron surgir en mí cierta preocupación. Espero que mis afán y suge­rencias les hayan impulsado a reexaminar su futuro enlace,

A la pregunta “¿Quién va a administrar el dinero en el matrimonio?”, ella contestó: “Él, creo”. Y él dijo: “Todavía no hemos hablado de ello”. Esos comentarios me sorprendieron y hasta me extrañaron.

¿Cuán importantes son las finanzas y la administración del dinero en los asuntos familiares y matrimoniales? Permítanme ser yo quien responda: “Tremendamente importantes”. La Asociación de Abogados Norteamericanos ha indicado que el 89% de todos los divorcios se deben a disputas o a acusa­ciones pertinentes al dinero. Otras asociaciones han calculado que el 75% de todos los divorcios son el resul­tado de conflictos sobre las finanzas. Algunos consejeros profesionales indican que cuatro de cada cinco familias sobrellevan la carga de serios problemas económicos.

En esta ocasión me apresuro a hacer hincapié en el hecho de que estas tragedias matrimoniales no se deben exclusivamente a la falta de dinero, sino a la mala administración de las finanzas personales. Una futura esposa haría bien en no interesarse demasiado por la cantidad mensual que va a ganar su futuro esposo, sino en cómo él (y ella) administrarán el dinero que llegue a sus manos. La administración del dinero debiera tener preferencia sobre la productividad del mismo. Un esposo, futuro que se ha comprometido con una muchacha que lo tiene todo haría bien en echar un nuevo vistazo y ver sí ella tiene la capacidad de administrar el dinero.

La administración del dinero en el hogar entre marido y mujer debe hacerse sobre una base de compañerismo, en la que ambas partes tengan voz en la adopción de normas y decisiones. Cuando los hijos nazcan y tengan los años suficientes para ser responsables de sus actos, debe hacérseles, también partícipes de los asuntos de dinero, aunque de manera más limitada. La paz, la alegría, el amor y la seguridad en el hogar no son posibles cuando prevalecen las preocupaciones y las discusiones sobre asuntos económicos. Ya sea que estemos a punto de casarnos o si ya lo hayamos hecho, éste es el momento de llevar a cabo una introspección y de arrepentimos, según sea necesario, para mejorar nuestra destreza en la admi­nistración económica y para vivir de acuerdo con nues­tras posibilidades. Seguir leyendo

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Jesús el Cristo—Nuestro Maestro y Más

Jesús el Cristo—Nuestro Maestro y Más

Russell M. Nelson

por Russell M. Nelson
del Cuórum de los Doce Apóstoles


Mi interés de toda la vida en el corazón humano tomó un giro inesperado en abril de 1984, cuando fui llamado a dejar el quirófano del hospital y entrar en la sala superior del templo. Allí me convertí en un Apóstol ordenado del Señor Jesucristo. No busqué tal llamamiento, pero humildemente he tratado de ser digno de esa confianza y privilegio de ser Su representante, ahora con la esperanza de reparar corazones espiritualmente como antes lo hice quirúrgicamente.

Así que vengo a ustedes como uno que ha sido llamado, sostenido y ordenado, uno de los doce testigos especiales de nuestro Señor y Maestro. Al hablar con ustedes, percibo nuestro deseo mutuo y responsabilidad sagrada de seguir este tema vital del Libro de Mormón: “Hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, [y] profetizamos de Cristo” (2 Nefi 25:26).

Le honramos como el individuo más importante que jamás haya vivido en el planeta Tierra. Él es Jesús el Cristo, nuestro Maestro y más. Tiene numerosos nombres, títulos y responsabilidades, todos de importancia eterna. La Guía de Tópicos tiene dieciocho páginas (240–58) bajo el encabezado “Jesucristo”, llenas de referencias listadas bajo cincuenta y siete subencabezados. En el espacio asignado no podríamos considerar ni comprender plenamente todos estos aspectos importantes de Su vida. Pero me gustaría revisar, aunque sea brevemente, diez de esas poderosas responsabilidades de Jesús el Cristo. No numeraré estas responsabilidades, no queriendo implicar ningún orden de prioridad, porque todo lo que Él logró fue igualmente sublime en su alcance. Seguir leyendo

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¿Qué finalidad tiene la Expiación?

¿Qué finalidad
tiene la Expiación?

Tad R. Callister
La Expiación infinita


Tres finalidades

¿Qué es la Expiación de Jesucristo? En pocas palabras, es ese sufrimiento soportado, ese poder demostrado y ese amor manifes­tado por el Salvador en tres lugares principales, a saber, el Jardín de Getsemaní, la cruz en el Calvario y la tumba de Arimatea. En un sentido más amplio, la Expiación comenzó cuando el Salvador planteó esa propuesta desinteresada en el concilio pre- terrenal, «Heme aquí; envíame» (Abraham 3:27), y continúa sin fin «[llevando] a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hom­bre» (Moisés 1:39).

La Expiación tiene al menos tres finalidades:

Primera: restaurar todo lo perdido por causa de la Caída de Adán. Esto se llevó a efecto: (1) haciendo posible la resurrec­ción de todos los hombres,1 venciendo a la muerte física (véase 1 Corintios 15:21-22); y (2) restaurando a todos los hombres a la presencia de Dios a fin de ser juzgados, venciendo así lo que las Escrituras denominan una primera muerte espiritual (véase Helamán 14:16; DyC 29:41). Ambas muertes se impusieron a todos los hombres por causa de Adán; ambas muertes fueron su­peradas para todos los hombres gracias a Cristo.

Segundo: brindar la oportunidad del arrepentimiento de modo que los hombres puedan verse purificados de sus propios pecados y vencer así lo que las Escrituras denominan una segunda muerte espiritual (véase Helamán 14:18).

Tercero: proporcionar el poder necesario a fin de exaltarnos hasta lograr el estado de un dios (véase DyC 76:69).

Las tres finalidades mencionadas están concebidas al objeto de ayudarnos a volver permanentemente a la presencia de Dios y llegar a ser como El.

Para ser «uno» con Dios y ser como Dios

La palabra inglesa atonement, tal y como se emplea en las Escrituras SUD en inglés, hace referencia por lo general a los acontecimientos que rodean a Getsemaní, al Calvario y a la tum­ba. Asimismo, el término se relaciona con los sacrificios que eran «símbolos» de dichos acontecimientos. Lo hechos transcurridos en estos tres lugares constituyen el resorte principal de la misión del Salvador. Hay quien ha sugerido que la estructura de esta palabra inglesa también nos ayuda a entender la finalidad pri­mordial que subyace a dichos acontecimientos sagrados, es decir, lograr la unidad con Dios (one-ness, en inglés). Seguir leyendo

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¿Podemos comprender plenamente la Expiación?

¿Podemos comprender
plenamente la Expiación?

Tad R. Callister
La Expiación infinita


Recibir conocimiento sobre conocimiento

¿En nuestro estudio de la Expiación podemos dominar sus complejidades y pormenores? ¿Podemos conocer los porqués y los cómos tan bien como conocemos las consecuencias? El élder James E. Talmage arrojó luz sobre nuestra incapacidad para com­prender plenamente esta doctrina:

«No todos los pormenores del glorioso plan, en virtud del cual se asegura la salvación de la familia humana, se encuentran al alcance de la comprensión humana; pero el hombre ha aprendi­do, incluso gracias a sus vanos intentos de desentrañar las causas primarias de los fenómenos de la naturaleza, que sus poderes de comprensión son limitados; y admitirá que negar un efecto sobre la base de su propia incapacidad para dilucidar su causa equivaldría a perder sus pretensiones como ser observador y pensante.

»Sencillo como es el plan de redención en sus características gene­rales, es un reconocido misterio en sus detalles para la mente finita».1

Nuestra incapacidad para «saberlo todo», no obstante, no exi­me de la necesidad (ni debería disminuir nuestro deseo de ello) de conocer lo «conocible». Puede que agotando lo conocible em­pujemos y exploremos, e incluso de vez en cuando, penetremos el infinito. El profeta José era nuestro ejemplo en este aspecto. Él era el «preguntador magistral». Sus interrogantes desencadenaron la Primera Visión, la Palabra de Sabiduría, la revelación sobre el matrimonio celestial, la visión de los tres grados de gloria y, ver­daderamente, casi todas y cada una de las revelaciones notables de esta dispensación. El hizo saltar por los aires los parámetros de conocimiento divino porque preguntó rectamente. El profeta mismo fue una prueba empírica de la invitación divina: «Si pides, recibirás revelación tras revelación, conocimiento sobre conoci­miento, a fin de que conozcas los misterios y las cosas apacibles» (DyC 42:61; véase también 1 Nefi 10:19; DyC 6:7; 11:7). Seguir leyendo

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La necesidad del equilibrio en nuestra vida

La necesidad del equilibrio en nuestra vida

por el presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Al emplear nosotros una balanza justa, de ese mismo modo seremos juzgados, pues con la medida con la que juzguemos seremos medidos. El Salvador enseñó: «No juzguéis [injustamente], para que no seáis juzgados».

Actualmente, mucha gente se interesa en una sola gama de temas y juzga los méritos de los candidatos políticos y de las causas en base a esos temas específicos. En la Iglesia hay también personas que sólo están interesadas en un solo principio o aspecto del Evangelio sobre todos los demás.

El sabio Job dijo: “Péseme Dios en balanzas de justicia, y conocerá mi integridad” (Job 31:6). Al emplear nosotros una balanza justa, de ese mismo modo seremos juzgados, pues con la medida con la que juzguemos seremos medidos.

El Salvador enseñó:

“No juzguéis [injustamente], para que no seáis juzgados.

“Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido” (Mateo 7:1-2; véase Traducción de José Smith, Mateo 7:1-2).

En años recientes parece que ha habido mucha gente que se ha pasado la vida protestando contra algo. Quizás han actuado así movidos por la impresión de haberse sentido reprimidos, porque deseaban llevar a cabo algún cambio o porque han actuado en base a motivos egoístas, creyendo que si hacían el ruido suficiente lograrían la atención que andaban buscando. Algunos de estos manifestantes han dicho haber actuado así para verse libres: libres de tradiciones y de normas morales, libres de todas las normas restric­tivas de la sociedad, libres del control del gobierno y de la ley, llegando algunos a ser ampliamente indulgentes consigo mismos. Tal y como destacó Harry Emerson Fosdick (1878-1969), estas personas tienen “hábitos que les atan, enfermedades que les maldicen y malas reputa­ciones que los arruinan”. Seguir leyendo

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Cinco virtudes pioneras que pueden salvar nuestro hogar hoy en día

Cinco virtudes pioneras que pueden
salvar nuestro hogar hoy en día

Por Valerie Durrant
La autora vive en California, EE. UU.

Los desafíos que afrontamos hoy en día tal vez sean diferentes, pero necesitamos la misma fortaleza que los pioneros de antaño.

¿Alguna vez te has preguntado si tu fe es tan grande como la de los pioneros? Aunque a los santos de la actualidad no se nos pida que caminemos 32 kilómetros al día por meses y meses, abandonemos todas nuestras posesiones ni afrontemos fuertes persecuciones, sí debemos tomar decisiones impopulares, protegernos de situaciones espiritualmente mortales y decir que no al flujo interminable de entretenimiento inapropiado que puede distraernos de las cosas más importantes.

Cuando escogemos seguir a Cristo, debemos apelar a las mismas virtudes que les dieron a nuestros antepasados pioneros su milagrosa fortaleza.

A continuación hay cinco de estas virtudes que pueden fortalecernos cada día:

  1. Fe. La fortaleza de los pioneros en realidad se hallaba a nivel personal. Cada uno de ellos sabía de forma personal que era un hijo de Dios. Tú también puedes desarrollar tu fe en Cristo a fin de que tu testimonio permanezca firme sin importar las tormentas que se desaten.
  2. Valor. Tal vez parezca absurdo comparar tu valor con el de ellos. Los pioneros afrontaron verdaderos peligros físicos cada día, pero nosotros debemos utilizar ese mismo valor en nuestro interior para compartir el Evangelio con los demás y vivir de manera diferente al mundo. Recordar el valor de los pioneros puede ayudarnos a superar nuestros desafíos.
  3. Determinación. Cuando ocurrían tragedias, hubiera sido fácil para los pioneros cuestionar si su situación era justa, pero su determinación los ayudó a seguir adelante, confiando en que todo estaría bien. En la actualidad, podemos tener esa misma convicción y darnos cuenta de que no importa lo que el mundo nos diga, “… todas las cosas han sido hechas según la sabiduría de aquel que todo lo sabe” (2 Nefi 2:24).
  4. Sacrificio. La gran visión de los pioneros en cuanto a la obra que estaban realizando les ayudó a hacer los sacrificios necesarios para avanzar. Nosotros podemos confiar en la misma visión que ayudó a los pioneros a seguir adelante —edificando la Iglesia de Dios— cuando tenemos que sacrificar cosas hoy en día.
  5. Unidad. El viajar en caravanas de carromatos significaba que todos se cuidaban mutuamente durante el viaje a Sion. Al trabajar para edificar Sion hoy en nuestros barrios, estacas, ramas, hogares y comunidades, nosotros también debemos tratar de elevar e incluir a aquellos que nos rodean.

¿Qué puedes hacer?

Elige una virtud que desees estudiar y desarrollar. ¿Cómo puede ayudarte en los desafíos que afrontas actualmente?

Descubre más

Aprende más en cuanto a ser un pionero en “La fe para seguir adelante”, “Cómo mantener la fe estando aislados”, y “Tres travesías de pioneros modernos”.

 

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Lo más importante

Lo más importante

por el élder Dallin H. Oaks
del Quorum de los Doce Apóstoles
Discurso dado en una reunión espiritual celebrada en la Universidad Brigham Young el 9 de febrero de 1999.

La diversidad y las elecciones no son lo más importante de la ley. Lo más importante que contribuye al progreso hacia nuestra meta de la vida eterna es el amor a Dios, la obediencia a sus mandamientos y la unidad en el cumplimiento de la obra de su Iglesia.

El libro de Mateo contiene las palabras conde­natorias del Salvador a los escribas y fariseos: “…diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello” (Mateo 23:23; cursiva agregada). Quisiera comentar algunas de las cosas “más importantes” que podríamos pasar por alto si nos centramos exclusivamente en las cosas sin trascendencia. Lo más importante a lo que quiero referirme son cuali­dades como la fe y el amor a Dios y Su obra, las cuales nos ayudan a avanzar con firmeza hacia nuestras metas eternas.

Al hablar de lo más importante, quisiera contrastar nuestras metas más elevadas de la eternidad con los métodos mortales u objetivos a corto plazo que empleamos en el intento de alcan­zarlas. El apóstol Pablo describió la diferencia exis­tente entre las perspectivas terrenales y las eternas con las siguientes palabras: “no [miramos] nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:18).

Si nos concentramos con demasiado celo en nuestros obvios métodos u objetivos terrenales, podemos perder de vista las metas eternas, a las que el Apóstol llamó “las cosas… que no se ven”. Si hacemos esto, podemos olvidar la dirección que debemos tomar y no alcanzar nada de importancia eterna. No mejoramos en nada nuestra posi­ción en la eternidad si tan sólo nos dedicamos, mientras estamos en la mortalidad, a alcanzar lo más posible lo antes posible, sino que sólo logramos esa posición al avanzar conscientemente en la dirección correcta. Tal y como el Señor nos dijo en la revelación moderna: “…y lo que el Espíritu os testifique, eso quisiera yo que hicieseis con toda santidad de corazón, andando rectamente ante mí, considerando el fin de vuestra salvación” (D. y C. 46:7; cursiva agregada). Seguir leyendo

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La Evidencia de la venida de Elías

La Evidencia de la venida de Elías

Por Joseph Fielding Smith

(Discurso pronunciado por radio el domingo, 8 de octubre de 1944 por la estación KSL de Salt Lake City, Utah).


Hablando de su segunda venida el salvador dijo:

«Mirad, velad y orad, porque no sabéis cuándo será el tiempo.
Es como el hombre que, yéndose lejos, dejó su casa y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su tarea, y al portero mandó que velase.
Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al atardecer, o a la medianoche, o al canto del gallo o a la mañana;
para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo.
Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad». (Marcos 13:32-37).

Malaquías dice que el Señor enviará a Elías, antes del día grande v terrible para preparar el camino, convirtiendo el corazón de los padres a los hijos y el de los hijos a los padres, siendo este el medio para salvar a la tierra de una maldición. De cualquier modo, salvaría a todos aquellos que estén velando y tengan voluntad para aceptar el mensaje de Elías cuando éste venga. José Smith y Oliverio Cowdery han testificado al mundo que Elías vino en el Templo de Kirtland, el día tres de abril de mil ochocientos treinta y seis, y les confirió las llaves por las cuales los corazones de los padres se convertirán al dé los hijos y los de los hijos al de padres. Al conferirles esta autoridad el mensajero Celeste dijo: “Por lo tanto, las llaves de esta dispensación son entregadas a vuestras’ manos; y por eso sabéis que el día grande y terrible del Señor está cerca, aun a las puertas”.

Las escrituras hablan de Elías

Las escrituras aclaran que Elías tenía que venir a alguien; ¿Por qué no a José Smith y a Oliverio Cowdery? Seguir leyendo

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¿Porqué estudiar la expiación?

¿Porqué estudiar la expiación?

por Tad R. Callister
La Expiación Infinita


El conocimiento lleva a la salvación

Si la Expiación es el cimiento de nuestra fe (y lo es), enton­ces nadie debería contentarse con un conocimiento superficial de esta doctrina. Todo lo contrario. La Expiación debería tener un lugar excepcional en nuestras aspiraciones intelectuales y espiri­tuales. El presidente John Taylor, quien meditaba fervientemen­te las complejidades de la Expiación, observó: «Debe existir una razón por la cual se permitió que [Cristo] sufriera y perseverara; por qué fue necesario que entregara su vida como sacrificio por los pecados del mundo… Estas razones nos conciernen estrecha­mente a nosotros y al resto del mundo; hay algo de gran im­portancia en todo esto para nosotros. Los porqués y los por tantos de estos acontecimientos extraordinarios rezuman importancia para todos nosotros».1

Lehi entendía la necesidad de explorar y enseñar la doctrina de la Expiación. Cuando aconsejó a su hijo Jacob, le dijo lo siguien­te: «Por lo tanto, cuán grande es la importancia de dar a conocer estas cosas [la Expiación] a los habitantes de la tierra, para que

sepan que ninguna carne puede morar en la presencia de Dios, sino por medio de los méritos, y misericordia, y gracia del Santo Mesías» (2 Nefi 2:8). Jacob captó la visión de este consejo, dado que durante un sermón que predicó a su pueblo, preguntó pen­sativo: «¿por qué no hablar de la expiación de Cristo, y lograr un perfecto conocimiento de él (…)?» (Jacob 4:12). El profeta José habló de las profundidades que hemos de explorar a fin de adqui­rir este «conocimiento perfecto»:

«Las cosas de Dios son profundas, y sólo se pueden descubrir con el tiempo, la experiencia y los pensamientos cuidadosos, se­rios y solemnes. Tu mente ¡oh hombre! (…) debe elevarse a la altura del último cielo, y escudriñar y contemplar el abismo más obscuro y la ancha expansión de la eternidad: debes tener comu­nión con Dios».2

B. H. Roberts, uno de los más insignes eruditos de la Iglesia, se refirió a «la doctrina difícil de la expiación».3 Después de un estudio intenso escribió: «A base de profundizar cada vez más en el tema, mi intelecto ofrece asimismo su asentimiento total y completo con respecto a la solidez de la filosofía y la necesidad absoluta de la expiación de Jesucristo (…) En lo que a mí respec­ta se trata de una nueva conversión, una conversión intelectual, a la expiación de Jesucristo; y me he estado regocijando sumamen­te por su causa».4 Seguir leyendo

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La venida de Elías

La venida de Elías

Por Joseph Fielding Smith

(Discurso pronunciado por radio el domingo, 1° de octubre de 1944 por la estación KSL de Salt Lake City, Utah).

En la restauración de todas las co­sas, lo cual declaró Pedro que, “Habló Dios por boca de sus Santos Pro­fetas que han sido desde el siglo”, había de venir el cumplimiento de la promesa hecha por Malaquías que regresaría Elías con el Sacerdocio el cual poseía, y tornaría los corazones de los padres a los hijos y los cora­zones de los hijos a sus padres. Esta profecía como la leemos de la traduc­ción de Cipriano de Valera, dice así:

He aquí, yo os envío a Elías el Profeta antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.
Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.”. (Malaquías 4:5-6).

El tiempo de esta venida ha de preceder al día grande y terrible, del cual declara Malaquías, que “viene el día ardiente como un horno; y todos los soberbios y todos los que hacen maldad, serán estopa; y aquel día que vendrá, los abrazará, ha dicho Jehová de los Ejércitos, el cual no les dejará ni raíz ni rama”. ¡Segura­mente este será un día terrible! Elías había de ser enviado para restaurar la autoridad por la cual todos los que vivan en cumplimiento de la volun­tad del Señor, puedan salvarse. Ade­más de esto se dice:

“Mas para vosotros, los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia y en sus alas traerá sanidad; y saldréis y saltaréis como terneros del establo”. (Malaquías 4:2).

Elías fué uno de los profetas más grandes que hayan vivido, pero aun siendo así no nos dejó ninguna pro­fecía. Se habla de él en las escrituras y en la tradición como “Elías el Profeta”, una expresión rara vez usada al referirse a otros profetas. La mira popular concerniente a un profeta es que él es uno que predice eventos, pe­ro esta no es la calificación máxima de un profeta. Como prueba de esto, algunos de los profetas más grandes no nos han dejado palabra alguna dándonos a conocer los eventos futuros. Las misiones que les fueron asignadas a Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel, Malaquías y Juan el Revelador y a muchos otros, fue de revelar para el bien de las generaciones futuras lo que había de acontecer; pero no tenemos ninguna profecía de Melquisedec, Elías y Juan el Bautista, y aún así el Señor dijo de Juan, “De cierto os digo, que no se levantó entre los que nacen de mujeres otro mayor que Juan el Bautista”.

Poder dado a Elías

¿Cuál pues, es la gran calificación que designa a un hombre como profeta? Es el poder del Sacerdocio; su fieldad, y el testimonio por el poder del Espíritu Santo que Jesús es el Cristo. Pocos si los hay, de los profetas han sido investidos con mayor autoridad de la que le fue dada a Elías. El Señor confirió sobre él el poder de atar y sellar tanto en la tierra como en el cielo. Tenía poder para cerrar los cielos para que no lloviese a menos que el lo mandara; los elementos le estaban sujetos; cuando la ocasión lo justificaba; tenía poder sobre la vida y la muerte; por su mandato las aguas se dividieron; se levantaron los muertos; reyes y profetas fueron ungidos y los malvados fueron revocados. Por su bendición, la botija de aceite v la tinaja de harina de la viuda, milagrosamente fueron llenadas de nuevo, como el gran milagro del Salvador al alimentar a la multitud con unos cuantos pescados y unos cuantos panes. Su fe fué perfecta; su confianza grande en el sublime Todopoderoso; su humildad digna de comentario y su obediencia digna de emulación por todos. Cuando llegó el tiempo para que se retirara, el Señor lo trasladó al cielo en una carroza tirada por caballos en una nube de fuego; pero cuando así se fué, su misión aun no había terminado, pues había más trabajo en lo futuro para él. En el libro Apócrifo llamado Eclesiastés se dice lo siguiente acerca de él: Seguir leyendo

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Cómo mantener la fe en aislamiento

Cómo mantener la fe en aislamiento

Por Ryan W. Saltzgiver
Departamento de Historia de la Iglesia
Liahona Julio 2018

Cuando la guerra, la enfermedad u otras circunstancias dejaron a estos miembros de la Iglesia solos en sus países, así es como se mantuvieron fieles.

La mayoría de los Santos de los Últi­mos Días adoran en barrios y ramas, donde pueden “[reunirse] a menudo para ayunar y orar, y para hablar unos con otros concerniente al bienestar de sus almas” (Moroni 6:5). Sin embargo, Moroni, el profeta que escribió estas palabras, realizó parte de su obra más duradera cuando era el único discípulo que quedaba después de la des­trucción de su pueblo.

A lo largo de la historia de la Iglesia, muchos Santos de los Últimos Días han con­servado la fe solos cuando las circunstancias los dejaron en aislamiento. Algunos, como Moroni, han pasado el resto de su vida como testigos y ejemplos para generaciones futu­ras. Otros han vivido hasta ver el día en que nuevamente pudieron compartir su fe.

Orando durante años por este día

Frantiska Brodilová difícilmente podría haber previsto la función que desempeña­ría en la historia de la Iglesia cuando un misionero llamó a su puerta en Viena en 1913. El año siguiente a su conversión, la Pri­mera Guerra Mundial sumió al imperio austrohúngaro, los misioneros regresaron a casa y muchos miembros varones fueron llamados al servicio militar, por lo que Frantiska y unas pocas hermanas debieron reunirse solas.

Ese fue el mayor contacto que Frantiska tendría con los miembros de la Iglesia por muchos años. Después de la guerra, al esposo de Frantiska, Frantisek, le prometieron un puesto en el nuevo gobierno de Checoslova­quia. Cuando se mudaron a Praga, Frantiska era la única miembro de la Iglesia en el país. Frantisek, falleció unos meses después, y Frantiska quedó sola para proveer para dos hijas pequeñas, Frances y Jane. Seguir leyendo

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La fe para seguir adelante

La fe para seguir adelante

Por el élder Ronald A. Rasband
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
Liahona Julio 2018

Armados con un testimonio del Señor Jesucristo, los miembros de la compañía de carros de mano de Willie siguieron adelante a pesar de la adversidad y el hambre.

El relato que me gustaría compartir comenzó en las ondulantes y verdes zonas rurales de Inglaterra, donde John Bennett Hawkins nació en Gloucester en 1825. Se bautizó en la Iglesia en 1849 y ese mismo año partió hacia los Estados Unidos con una compañía de Santos de los Últimos Días en el barco Henry Ware. Llegó a Utah en agosto de 1852, y fue uno de los herreros pioneros en los primeros días del asentamiento en Utah.

Su futura esposa, Sarah Elizabeth Moulton, también provenía de la zona rural de Inglaterra. Irchester es una pequeña aldea cerca del río Nene, alre­dedor de 105 km al norte de Londres y más o menos la misma distancia al este de Birmingham. Sarah Elizabeth nació allí en 1837, y fue hija de Thomas Moulton y Esther Marsh. La madre de Sarah Elizabeth murió cuando esta tenía apenas dos años, y en 1840 su padre se casó con Sarah Denton.

En junio de 1837, el élder Heber C. Kimball (1801-1868), del Cuórum de los Doce Apóstoles, y otros líderes de la Iglesia se encontraban en Inglaterra realizando la obra misional. Entre los muchos conversos que estos misione­ros enseñaron había una familia que les dio a los Moulton un ejemplar del folleto A Voice of Warning [Una voz de amonestación], por el élder Parley P. Pratt (1807-1857), del Cuórum de los Doce Apóstoles. Cuando lo leyeron, Thomas y Sarah se convirtieron, y fueron bautizados el 29 de diciembre de 1841. En ese entonces, su familia consistía de solo dos hijas: Sarah Elizabeth, de cuatro años, y Mary Ann, de siete meses.

El espíritu de recogimiento se sentía fuertemente en el corazón de los conversos de Europa. Su gran deseo era emigrar a los Estados Unidos, don­de podrían estar con la mayoría de los santos. Al igual que muchos otros, los Moulton no tenían suficiente dinero para cumplir dicho deseo, pero su deter­minación era fuerte, y comenzaron a ahorrar dinero en un frasco de conservas. Seguir leyendo

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No dejemos de sentir

No dejemos de sentir

Por el élder Jorge F. Zeballos
De los Setenta
Liahona Julio 2018

Hay una fuerza más poderosa que los terremotos, los impetuosos vientos y los fuegos descontrolados, pero es apacible y delicada, y debemos prestar atención si queremos que nos guíe.

El 27 de febrero de 2010, a las 3:34 de la madrugada, un terremoto de magnitud 8.8 en la escala sismológi­ca agitó con violencia gran parte de Chile, causando pánico, temor y preocupación en millones de personas.

Unos días más tarde fui asignado a presidir una confe­rencia de estaca en un lugar próximo al epicentro de ese gran sismo. Me preguntaba si el terremoto y las continuas réplicas influirían en la asistencia a la conferencia; quedé sorprendido cuando el número de personas que asistieron a cada sesión de la conferencia fue mayor de lo que nunca había sido en conferencias anteriores.

Aparentemente, el terremoto les recordó a los miembros de la estaca, al menos temporalmente, la importancia de acercarse a Dios, santificar el día de reposo y asistir a las reuniones. Varias semanas después, telefoneé al presidente de estaca. Le pregunté si la asistencia a las reuniones de la Iglesia seguía siendo elevada, y él respondió que a medida que el número y la magnitud de las réplicas descendió, lo hizo también la asistencia a la Iglesia. Seguir leyendo

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Principios para ministrar —Tender una mano compasiva

Principios para ministrar
Tender una mano compasiva

Liahona Julio 2018

Al seguir el ejemplo de compasión del Salvador, usted descubrirá que puede marcar una diferencia en la vida de los demás.

La compasión es tener conciencia de la angustia de las demás personas junto con el deseo de aligerarla o aliviarla. El convenio de seguir al Señor es un con­venio de compasión para “llevar las cargas los unos de los otros” (Mosíah 18:8). La asignación de velar por los demás es una oportunidad de ministrar como lo haría el Señor: con “compasión, marcando una dife­rencia”, según la versión en inglés de Judas 1:22. El Señor mandó: “…haced misericor­dia y piedad, cada cual con su hermano” (Zacarías 7:9).

La compasión del Salvador

La compasión fue la fuerza impulsora del ministerio del Salvador (véase el recuadro: “Un Salvador compasivo”). Su compasión por el prójimo lo llevó a tender Su mano, en innumerables ocasiones, a quienes lo rodeaban. Al discernir las necesidades y los deseos de las personas, Él pudo bendecir­los y enseñarles de la manera que más les importaba. El deseo del Salvador de elevar­nos por encima de nuestra angustia lo llevó al mayor acto de compasión: Su expiación por los pecados y el sufrimiento del género humano.

Su capacidad para responder a las necesidades de las personas es algo que debemos esforzarnos por lograr al prestar servicio. A medida que vivamos rectamente y escuchemos las impresiones del Espíritu, se nos inspirará para tender nuestra mano de maneras significativas.

Nuestro convenio de compasión

Nuestro Padre Celestial desea que Sus hijos sean compasivos (véase 1 Corintios 12:25-27). Para llegar a ser verdaderos discípulos, debemos desarrollar y mostrar compasión hacia los demás, en especial hacia los necesitados (D. y C. 52:40).

Al tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo por medio de nuestro convenio bautismal, somos testigos de que estamos dispuestos a ejercer la compasión. El presi­dente Henry B. Eyring, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, enseñó que el don del Espíritu Santo nos ayuda a hacerlo: “Ustedes son miembros bajo convenio de la Iglesia de Jesucristo. Seguir leyendo

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