La solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro
Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Reunión Mundial de Capacitación de Líderes “Apoyemos a la familia” 11 de febrero de 2006
En todas las épocas de la historia, Él ha dado Su ley dvina para amparar y proteger la santa unión entre marido y mujer.
El tema que se me ha asignado es el siguiente razonamiento de la proclamación sobre la familia: “El esposo y la esposa tienen la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro, y también a sus hijos”1. Deseo abordar el tema de un modo muy distinto del que suelen recibirlo en otras reuniones de capacitación, por lo que no haré muchas citas de manuales; en lugar de ello, deseo hablar con ustedes de corazón a corazón acerca de su servicio en el reino de nuestro Padre Celestial. El objetivo será ver si juntos podemos comprender con mayor claridad la forma de equilibrar nuestras responsabilidades de amar a nuestra familia y de cuidar de ella con los llamamientos especiales que nuestro Padre Celestial nos ha encomendado.
Cuando se organizó la Iglesia el 6 de abril de 1830, el profeta José Smith recibió la revelación que se encuentra registrada en la sección 21 de Doctrina y Convenios, parte de la cual dice:
“He aquí, se llevará entre vosotros una historia; y en ella serás llamado vidente, traductor, profeta, apóstol de Jesucristo, élder de la iglesia por la voluntad de Dios el Padre, y la gracia de tu Señor Jesucristo,
“habiendo sido inspirado por el Espíritu Santo para poner los cimientos de ella y edificarla para la fe santísima…
“Por tanto, vosotros, es decir, la iglesia, daréis oído a todas sus palabras y mandamientos que os dará según los reciba, andando delante de mí con toda santidad;
“porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca” (D. y C. 21:1-2, 4-5).
Entre las primeras instrucciones que se dieron a esta Iglesia cuando fue organizada estaba la de acatar la inspiración y la revelación que viniera del Señor, por medio de Su profeta, al cumplir con nuestras responsabilidades de edificar Su reino. Él ha prometido dirigirnos por el camino que recorramos para llevar a cabo esta grandiosa obra. Seguir leyendo





































