El Mesías: Un ejemplo de sencillez y autodominio

El Mesías:
Un ejemplo de sencillez y autodominio

por Jeffrey R. Holland
Presidente de la Universidad Brigham Young
Liahona Marzo 1989

“La vida fue muy difícil para el Salvador y creo que muchas veces lo es también para nosotros cuando tomamos la decisión de seguirlo.”

Hay ciertas responsabili­dades que tenemos que afrontar cuando elegimos seguir a Jesucristo. En la vida del Salvador, y tam­bién en la nuestra, Satanás lu­cha contra la disciplina incitán­donos a buscar una vida fácil, ofreciéndonos un “cristianismo práctico y cómodo”. Jesús resis­tió esa tentación, y nosotros también debemos ha­cerlo. La vida fue muy difícil para Él, y creo que muchas veces lo es también para nosotros cuando to­mamos la decisión de seguirlo.

Probablemente el tipo de maldad que más obvia­mente se reconoce es aquella que simple y abierta­mente se rebela contra el cielo, de la misma manera que lo hizo Satanás antes de que se creara el mundo, o sea que se manifiesta una premeditada oposición contra Dios. Desde la época de Caín hasta las hostili­dades nacionales e internacionales de nuestros días, Satanás ha tratado de tentar y llevar con engaños a los hijos de la promesa hacia la violencia y a un re­chazo destructivo del evangelio y sus enseñanzas.

Esos son serios pecados que el mundo conoce muy, pero muy bien.

Existe, sin embargo, otra estrategia más sutil que utiliza Satanás, la cual no es tan violenta ni venga­tiva y que, a primera vista, no parece ser tan per­versa. Pero en realidad, es ahí donde radica el pro­blema, ya que tal estrategia es aún más siniestra, puesto que se nos presenta engalanada, con el agra­dable atractivo de lo que es fácil y cómodo. A los seudo cristianos les susurra al oído: “¡Disfruten del encanto de la comodidad y la vida holgada!” Recuerdan cuando “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto. . .

“Y después de haber ayunado cuarenta días y cua­renta noches, tuvo hambre.

“Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.

“Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

“Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo,

“y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; por­que escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra.

“Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.

“Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos,

“Y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.

“Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.

“El diablo entonces le dejó…” (Mateo 4:1-11).

Aun nosotros, los miembros de la Iglesia, día tras día, y hora tras hora, nos vemos acosados por las ten­taciones que asaltan nuestros pensamientos. Y debido a que para nosotros, de la misma manera que pasó con Cristo, esas tentaciones son más sutiles y taima­das que las tentaciones fácilmente reconocibles, es que voy a hablar brevemente sobre ellas.

“Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se convier­tan en pan.

Sea lo que sea lo que Satanás haga, no hay duda de que trata de seducimos por medio de nuestros apetitos. Para él es mucho mejor tratar de utilizar nues­tras necesidades naturales en vez de esforzarse por crear otras artificiales. Jesús sufrió, real y comprensi­blemente, hambre de alimentos, ya que era por me­dio de ellos que se mantenía en la vida mortal. Él había ayunado por cuarenta días y cuarenta noches. ¿Por qué no comer entonces? Todo parecía indicar que estaba a punto de terminar su ayuno, o que lo haría muy pronto. ¿Por qué entonces no convertir las piedras en pan y comer?

La tentación no radicaba en el hecho de comer. Él había comido antes, muy pronto lo volvería a hacer y seguiría haciéndolo por el resto de su vida terrenal.

La tentación radicaba en la sugerencia de Satanás de hacerlo en esa forma, satisfaciendo su necesidad de comer en la forma más fácil, abusando del poder que poseía sin tener la fuerza de voluntad para espe­rar el momento apropiado y hacerlo en la forma co­rrecta. Era la tentación de convertirse en un Mesías práctico. ¿Por qué complicarse la vida? ¿Por qué ne­garse a uno mismo la satisfacción de un placer cuando sólo con un pequeño desliz se puede obtener lo ansiado? Pero Jesucristo no optó egoístamente por procurarse un pan que no se había ganado. Si hu­biera sido necesario, El habría pospuesto su satisfac­ción indefinidamente, en vez de aplacar su apetito con algo que no fuera suyo.

La expresión sexual es también una sagrada y su­blime satisfacción física, mediante la cual podemos obtener gozo. Es algo natural y apetecible; nos la ha dado Dios para que podamos ser como El. Pero he­mos de recordar que no se nos ha dado gratis, ni en forma instantánea, ni fácilmente, ni tampoco como una cómoda corrupción de los poderes eternos. Te­nemos que ganarla, con tiempo y disciplina. Es como todo lo bueno: sólo Dios tiene el derecho de otor­garla, y no Satanás. Cuando un discípulo de Cristo se enfrenta con ese apetito inherente, debe decir sin vacilar: “Sí, pero no de esa forma”, sino a su tiempo, con amor y dentro de los lazos del matrimonio. La relación física apropiada, correcta y santificada de un hombre y una mujer forma una parte tan importante del plan de Dios para nosotros, como el comer el pan de cada día, y quizás más aún. Pero no existe el Mesías práctico y cómodo. La salvación sólo se obtiene por medio de la disciplina y el sacrificio. Por lo tanto, ruego, tanto a los jóvenes como a los viejos, que no sucumban a las tentaciones de la carne. Seguir leyendo

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La Memoria

La Memoria

por el élder Carlos E. Asay
del Primer Quórum de los Setenta
Liahona Marzo 1989

(Tomado de un discurso dado en la Universidad Brigham Young)

Se obtiene conocimiento y se revela la verdad cuando todas las cosas concuerdan unas con otras de una manera comprensible. En ese proceso la mente comienza a trabajar, se aviva la memoria y el corazón se prepara para responder a los susurros del Espíritu.

Parece algo increíble el que el cerebro humano tenga la capacidad de retener mil billones de bits (unidades elementa­les de información del sistema binario) de información. Si ello es verdad, aun cuando haya un error de diez a doce bits, ¿por qué entonces tenemos tanta dificultad para recordar los trece Artículos de Fe, las charlas misionales o lo básico de las materias que estudiamos en los cen­tros de enseñanza?

Para mí es también algo increíble el que haya una relación tan estrecha entre la memoria y el es­tado de ánimo, entre la memoria y el testimonio, entre la memoria y los ejemplos que tomamos como modelos, entre la memoria y los pensamien­tos y, finalmente, entre la memoria y nosotros. Per­mitidme, por lo tanto, explicar algunas de las con­clusiones a las que he llegado acerca de esas cinco relaciones, vistas a la luz del evangelio.

La memoria y el estado de ánimo

La memoria, según los entendidos, es la que mu­chas veces determina nuestro estado de ánimo.

Las personas que sólo recuerdan las experiencias negativas que han tenido en la vida tienden a comportarse amargada y cínicamente. Los que so­lamente recuerdan a sus enemigos y todo lo que está en contra de ellos pueden llegar a perder su valentía. Así también, los que sólo recuerdan los daños que han recibido pueden vivir en una conti­nua pugna con el mundo. En cambio, aquellos que sólo, recuerdan los momentos buenos y positivos se mantienen alegres, vivaces y optimistas.

Recuerdo a un misionero con el que trabajé en la obra proselitísta, que tenía un carácter bastante irritable. Era obvio que le carcomía una gran carga de dolorosos y amargos recuerdos, los cuales afec­taban completamente su perspectiva de la vida. Pienso que tiene que ser muy triste que los recuer­dos amargos de una persona le hagan ir por la vida con un concepto distorsionado de todas las cosas.

No sé en qué estado de ánimo se encontraría Enós cuando fue a cazar bestias en los bosques y sostuvo una lucha ante Dios. Todo nos hace pensar que en cierto modo se sentía deprimido por el he­cho de no haber recibido una remisión de sus pe­cados. Sin embargo, a medida que volvió a su me­moria el recuerdo de las palabras que su padre había pronunciado sobre la vida eterna, y al refle­xionar sobre el gozo de los miembros de la Iglesia, se disipó la nube de desaliento que lo abatía. Por medio de la oración y el ejercicio de la fe, Enós salió del bosque, sintiéndose elevado y aliviado de sus pesares (véase Enós 1-8).

Cuando Alma y sus amigos buscaron destruir la Iglesia de Dios, un ángel del cíelo se les apareció y los reprendió. Alma dijo que, cuando recordó to­dos sus pecados, se vio martirizado por un tor­mento eterno; pero luego, cuando recordó todo lo que su padre había profetizado acerca de la expia­ción de Jesucristo, le ocurrió algo maravilloso. Esto fue lo que dijo:

«Y he aquí que cuando pensé esto, ya no me pude acordar más de mis dolores; sí, dejó de ator­mentarme el recuerdo de mis pecados.

«Y ¡oh qué gozo, y qué luz tan maravillosa fue la que vi! Sí, mi alma se llenó de un gozo tan pro­fundo como lo había sido mi dolor.

»Sí, hijo mío, te digo que no podía haber cosa tan intensa ni tan amarga como mis dolores. Sí, hijo mío, y también te digo que por otra parte no puede haber cosa tan exquisita y dulce como lo fue mi gozo.» (Alma 36:19-21.)

Yo os pregunto: ¿Dejáis que vuestra mente alber­gue los daños y las amarguras del pasado, y que éstos empañen vuestra visión de todo lo demás? ¿O recordáis en cambio todo aquello bueno y positivo que alegra vuestra vida y os permite ser optimis­tas? ¿En qué estado de ánimo se encuentran vues­tros recuerdos? No olvidéis que los recuerdos son vuestros y que sólo vosotros podréis determinar vuestro propio estado de ánimo.

La memoria y el testimonio

Cuando trabajamos en la obra misional, gene­ralmente instamos a los investigadores a leer el Libro de Mormón y a orar sobre su contenido con el fin de poder obtener un testimonio. Para ello utili­zamos los versículos del tres al cinco del capítulo diez de Moroni. Usualmente les decimos a nuestros amigos: «Lean este libro y luego pregúntenle a Dios si es verdadero». En seguida agregamos, tal como dice el libro: «y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad …»

De ninguna manera critico a las personas que utilizan el método descrito anteriormente; sin em­bargo, os sugiero una forma más eficaz de condu­cir la situación. Permitidme leeros esos versículos, destacando cuatro pasos que llevan a un testimo­nio, dos de los cuales a menudo se pasan por alto.

«He aquí, quisiera exhortaros [a] que cuando [1] leáis estas cosas … [2] recordéis cuán misericor­dioso ha sido el Señor con los hijos de los hombres, desde la creación de Adán hasta el tiempo en que recibáis estas cosas, y que lo [3] meditéis en vues­tros corazones.

«y …quisiera exhortaros a que [4] preguntéis a Dios … si son verdaderas estas cosas; y … él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Es­píritu Santo.» (Moroni 10:3-4; cursiva agregada.) Seguir leyendo

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El Don del Conocimiento

El Don del Conocimiento

por el élder F. Burton Howard
del Primer Quórum de los Setenta
Adaptado de un discurso dado en una charla fogonera en la Universidad Brigham Young, el 31 de octubre de 1982
Liahona Febrero 1989

Por medio de la libre elección podemos descubrir qué es en verdad lo que deseamos, y por ese medio saber quiénes y cómo realmente somos.

Es sumamente difícil elegir o saber qué hacer en cada una de las innumerables encrucijadas con las que nos en­frentamos a diario en nuestra vida, especial­mente cuando las opcio­nes que se nos presentan parecen ser igualmente buenas. Después de reci­birme de abogado, tuve la suerte de comenzar a trabajar como auxiliar en la Suprema Corte de Justicia del estado de Utah. Allí aprendí cómo funcionan los tribunales y tuve la oportunidad de conocer personalmente a los jueces. Recuerdo claramente cuando escuchaba las persuasivas disertaciones de los abogados que defen­dían las partes discordantes y me sentía influido pri­mero por una y luego por la otra.

Varios años más tarde, cuando ya no trabajaba en los tribunales, me encontré con el presidente de la Suprema Corte, a quien conocía muy bien. Nuestra conversación se tornó hacia los problemas adminis­trativos que implica la dirección de un tribunal. Mi amigo se sentía cansado y fastidiado. En pocos meses tendría la edad para jubilarse y dejar toda la conten­ción y las polémicas en manos de otros. Según me dijo, estaba pensando muy seriamente en hacerlo.

—¿Qué pensarías si me jubilara? —me preguntó.

Aun cuando comprendía muy bien sus deseos de querer escapar de tan agobiantes responsabilidades, le contesté:

— ¡Oh, juez, no haga eso! Usted no puede imagi­narse el consuelo tan grande que es tener a alguien en los tribunales que siempre trata de hacer lo justo.

Me sorprendió ver que se enfadara, y alzando la voz me dijo:

—Burt, cualquier tonto puede hacer lo justo; lo difícil es saber qué es lo justo.

Mi amigo acababa de confiarme su más grande preocupación como juez, y trataba de hacerme com­prender que aunque no todas las personas aplican la ley a su comportamiento, eso no era difícil de lograr una vez que la ley estuviera claramente definida.

Pero lo que sí era mucho más difícil, era determinar qué ley se debía aplicar y decidir entre las opciones que los inteligentes abogados presentaban en forma competente, atractiva y elocuente. Lo más difícil para él era determinar cuál de las dos partes represen­tadas tenía la razón.

Dificultad para elegir

¿No sucede lo mismo en nuestra vida? Es suma­mente difícil elegir o saber qué hacer en cada una de las innumerables encrucijadas con las que nos enfren­tamos a diario en nuestra vida, especialmente cuando las opciones que se nos presentan parecen ser igualmente buenas.

Permítame darle un ejemplo. Imagínese que usted ha estado buscando trabajo por varios meses. Sacó un préstamo para comprar un auto y si no consigue trabajo pronto el banco tomará posesión del vehículo. Seguir leyendo

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¿De Nazaret puede salir algo de bueno?

¿De Nazaret puede salir algo de bueno?

por el presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia
Liahona Abril 1989

Hace dos mil años el Hijo del Hombre nació en un mundo similar al nuestro, un mundo desgarrado por la tensión y el dolor. Habían transcurrido sesenta y tres años desde que los soldados romanos habían conquistado Pales­tina y tomado posesión de Jerusalén; los cascos, las espadas y los emblemas de la legión romana se veían por todas partes.

Habían pasado muchas generaciones desde que el profeta Isaías había declarado:

“He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo… y el principado sobre su hombro; y se lla­mará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.” (Isaías 7:14; 9:6.) Después de haber oído esa promesa, ¿podemos aca­so imaginar el gozo supremo que debe de haber sen­tido Felipe cuando el Salvador del mundo se dirigió a él, pronunciando la inmortal palabra “Sígueme”? (Juan 1:43). Sí, el Rey de reyes y Señor de señores había venido al mundo.

No era fácil ocultar el conocimiento de un acon­tecimiento como ese, y Felipe no pudo guardarlo para sí. La Biblia nos dice que “Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Fe­lpe: Ven y ve” (Juan 1:45-46).

¿Cómo podía Nazaret tener ese honor? ¿Nazaret, el valle más insignificante de una desdeñada provincia, ubicada en una tierra que había caído bajo la conquista romana?

Sigamos a Natanael y veamos.

Nazaret, a tan sólo 128 kilómetros de Jerusalén, estaba ubicada sobre la ruta principal mercantil que partía de Damasco, pasaba por las ciudades de Gali­lea y conducía hacia la costa del Mediterráneo. Pero ésta no era la razón por la que la villa se iba a des­tacar, ni tampoco ganaría su gloria en la belleza de los paisajes que la rodeaban. Nazaret era el lugar donde se iban a suscitar eventos imperecederos y de más importancia que los que ocurrieran a lo largo de las rutas mercantiles o en medio de los hermosos panoramas.

Fue precisamente en esa ciudad de Galilea, Naza­ret, donde se apareció el ángel Gabriel, enviado de Dios; se apareció a una virgen cuyo nombre era María y le declaró: “María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús… y será llamado Hijo del Altísimo” (Lucas 1:30—32).

Después del nacimiento del niño Jesús, y luego de la huida a Egipto, el sagrado registro dice que “vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que ha­bría de ser llamado nazareno” (Mateo 2:23).

Fue en Nazaret donde Jesús creció “en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52).

De Nazaret vino Aquel que hizo que los ciegos vie­ran, que los mendigos paralíticos caminaran, aun que los muertos vivieran. El nos dio el ejemplo; fue per­fecto en todas las cosas; enseñó las buenas nuevas que cambiarían el curso de la humanidad.

Analicemos en detalle y en forma individual esos grandiosos acontecimientos a fin de saber por nosotros mismos si realmente salió algo bueno de Nazaret.

Primero, recurramos a aquel de quien Jesús dijo:

“De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista” (Mateo 11:11). A su vez, sabiendo que venía uno “más poderoso que él” (Eclesiastés 6:10), Juan el Bau­tista se dedicó a “enderezar el camino del Señor” (vé­ase Juan 1:23). Seguir leyendo

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La influencia de la mujer

La influencia de la mujer

por el presidente David O. McKay
Liahona Noviembre 1965

Vivimoss en un mundo inconstante. Los cambios se su­ceden con tal rapidez que la mayoría de las veces no nos damos cuenta cuándo se originan. Pude darme cuenta de esto durante un viaje. En agosto de 1963 fui a dedicar una capilla a Gales, lugar donde nació mi madre. Observé el progreso logrado en los medios de transporte. Sesenta y seis años antes había ido de Filadelfia a Gran Bretaña en un buque de vapor. El viaje demoró siete días y medio. Esta vez lo realicé en seis horas y media desde Nueva York. Son asombrosos los cambios ocurridos en sólo se­senta y seis años.

Uno de los cambios más notables que se han llevado a cabo en estos dos tercios del siglo, es el referente al lugar que ocupa la mujer. No sé de ningún impedimento para que entre al campo de la literatura, la ciencia, el arte o la economía social; para que estudie, progrese y adquiera toda clase de conocimientos; para que participe en cualquier actividad que la ayude a desarrollarse en su plenitud y aumente su influencia edificadora en el mundo. Pero sé de tres campos o dominios en los que reina la mujer; en ellos debería sentirse siempre la influencia de su belleza, virtudes e inteligencia.

El primero es el hogar, el segundo la en­señanza y el tercero la caridad.

No es necesario convencer a ninguno de nosotros de la importancia del hogar en la formación del carácter. Hay verdades con las cuales todos estamos de acuerdo con tan sólo mencionarlas. Podemos olvidar todo, pero las experiencias de la niñez son imbo­rrables.

El más caro ideal de las jovencitás de hoy, es el mismo que acariciaron nuestras madres, abuelas y bisabuelas: Contraer matrimonio y crear un hogar, y esta virtud en la cual el amor encuentra su verdadera expresión, se basa en los atributos espirituales, no en nuestro aspecto físico.

Una de las necesidades más grandes del mundo actual es una maternidad inteligente y alerta, porque las virtudes fundamentales que contribuyen al bienestar y felicidad humanas, se inculcan en el hogar.

La mujer debe ser inteligente y pura por­que ella es la fuente de la que brota la vida. Aquella que ensucia esta fuente con el uso del cigarrillo o drogas venenosas, contaminándose con gérmenes que afectan al ser que lleva en las entrañas; es desleal a su sexo y enemiga de la salud y perpetuidad de la raza.

Las leyes naturales y la palabra que Dios ha revelado se combinan para delegar sobre el padre y la madre la responsabilidad de dar a los niños no sólo un nacimiento limpio, sino instrucción en fe y bondad. Debe enseñár­seles: “a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, cuando éstos tuvieren ocho años de edad. . . .” Cuan­do se descuide el cumplimiento de esta respon­sabilidad, “el pecado recaerá sobre las cabezas de los padres.” (Doc. y Con. 68:25)

Parece que una ola de incredulidad estu­viera arrasando las naciones de la tierra; la falta de honradez está a la orden del día; se violan acuerdos en los asuntos personales, ci­viles e internacionales. Estamos volviendo a la ley de la selva, prevalece la ley del más fuerte.

La madre no es la única que ejerce influencia con sus enseñanzas. A veces hay en la familia una tía soltera que ejerce más influencia que la propia madre, mas a pesar de toda su labor, “sus doradas esperanzas, sus sacrificios desapercibidos, sus medi­taciones solitarias, lo que ambiciona para otros; muy pocas veces ha merecido la atención del historiador o biógrafo. Ha vivido para educar y formar a sus sobrinos, se ha afanado y ha muerto sin que se le prodigara ninguna alabanza.”

Así escribió Phillips Russel en cuanto a la in­fluencia que Mary Moody Emerson ejerció sobre su sobrino Ralph Waldo Emerson. Seguir leyendo

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Mantener la fe es importante

Mantener la fe es importante

por Delbert L. Stapley
del Consejo de los Doce
Liahona Noviembre 1965

Mis hermanos y amigos, auditorio que me escu­cha por televisión, quiero expresarles algunos puntos de vista acerca de un importante tópico de actualidad.

El alarmante la tendencia a la inmoralidad y la falta de ética, los cimientos de nuestra sociedad se están desmoronando. Esto fue lo que tan elocuen­temente nos dijo esta mañana el Presidente McKay. Sin lugar a dudas, Satanás tiene poder sobre sus dominios.

Por todo el mundo hay en acción muchas serpien­tes de siete cabezas. Sin querer o sin saber, muchas personas están apoyando planes astutos y perversos que son un peligro para la humanidad, sin darse cuenta han caído en las redes de hombres sin escrú­pulos. Estas influencias perniciosas se introducen inadvertidamente y a menos que tomemos medidas para anularlas, se perfila un alarmante futuro.

Los resultados aparentemente no son muy signi­ficativos al principio, pero aumentan en considera­ción y frecuencia por la apatía del público y el apoyo de hombres y mujeres prominentes que desempeñan importantes cargos públicos o privados. Muchos pecamos de ingenuos, no nos damos cuenta ni sos­pechamos lo que pasa a nuestro alrededor, no esta­mos al corriente de muchos asuntos de vital im­portancia, ni averiguamos lo que se oculta tras ellos.

Es necesario estar alerta, al tanto de los aconte­cimientos en la nación y en la comunidad para poder defendemos de las maquinaciones y ardides de quienes viven del vicio, la degradación física, moral y espiritual de viejos y jóvenes.

Guando estas influencias satánicas se insinúan en la puerta, derriban todas las barreras de la decencia para ensanchar su campo de acción y llevar a cabo sus diabólicos planes. Barren con todos los medios ideados para detener su avance, y los inocentes y los ingenuos quedan expuestos a la nefasta influencia de estas poderosas organizaciones.

Debemos estar listos para defender nuestros de­rechos e ideales, tomando parte activa en todo lo que nos concierne. Todos podemos cooperar con los propósitos justos y legítimos, pero preferimos adap­tarnos en vez de defender lo que sabemos que es correcto.

No quiero decir que la gente o determinado gru­po tome las riendas, contraviniendo la ley, pero sí podrían gestionar enmiendas, hacer peticiones per­sonales o escritas de acuerdo con los derechos y privilegios que les concede la constitución. Para asegurarse de que los propósitos son buenos, el Señor advirtió lo siguiente:

“. . . Cuando el inicuo gobierna, el pueblo se la­menta.

“De modo que, se debe buscar diligentemente a hombres honrados y sabios, y a hombres buenos y sabios debéis apoyar de lo contrario, lo que fuere menos que esto procede del mal.” (Doc. y Con. 98: 9-10.)

Hay muchas organizaciones que confunden el valor de las cosas y tratan de dominar al hombre por coerción e intimidación. La gente honrada es el blanco de los agentes de las tinieblas.

El Señor dice:

“Atended, oh pueblo, abrid vuestros corazones y dad oído desde lejos escuchad, vosotros los que os llamáis el pueblo del Señor, oíd su palabra y su voluntad concerniente a vosotros.

“Porque éste es un día de amonestación y no de muchas palabras. Porque yo, el Señor, no he de ser burlado en los últimos días.” (Ibid., 63:1, 58.)

Más adelante dijo que requiere el corazón, men­tes dispuestas y obediencia de los hijos de los hombres en estos últimos días, y que espera que caminemos en la senda de los mandamientos de Dios. (Véase Ibid., 63:22, 34; 88:133.)

¿Por qué estamos reunidos aquí? Para perfeccionarnós, para ser ejemplo viviente de lo que pro­clamamos al mundo: la ley y la palabra de Dios. De aquí sale la palabra de Dios a todo el mundo. Las leyes que salen de Sión no surtirán efecto si no damos el ejemplo; la actitud animosa de los Santos debe apoyar todo principio, norma o ideal del evan­gelio de Jesucrito.

Los enemigos de la justicia deben enterarse de nuestras obras, convicciones y sinceridad de propó­sito; lo que apoyamos como Iglesia y como indivi­duos.

Todos los hombres y mujeres buenos y honrados están invitados y serán bien recibidos en nuestra co­munidad, en ella disfrutarán los beneficios de nues­tra sociedad, ambiente espiritual, compañerismo y amistad. Todos deberíamos estar interesados en mantener un ambiente sano en la comunidad en que vivimos, para que las familias no se vean expuestas a la influencia del vicio. No debemos permitir la en­trada a influencias dudosas para no exponer a nues­tros seres queridos. Ninguna institución humana puede ofrecer nada comparable a lo que el Señor ha dado a su pueblo. Lo que buscamos es su evan­gelio y el camino de la justicia; lo contrario no puede traer paz ni felicidad. Como pueblo de Dios somos diferentes, hemos elegido ser diferentes y espero que siempre tengamos el valor de serlo.

Se nos ha escogido para que sostengamos los caminos del Señor y seamos símbolo de esperanza y buena voluntad entre los hombres.

El Señor ha dicho que «. . .Los rebeldes serán afligidos con mucho pesar. . . .

“Porque se han desviado de mis ordenanzas, y han violado mi convenio sempiterno.

“No buscan al Señor para establecer su justicia sino que todo hombre anda por su camino, y con­forme a la imagen de su propio Dios, cuya imagen es a semejanza del mundo. . .» (Ibid1:3, 15-16.)

¿Podemos arriesgarnos a exponer con liberalidad nuestros puntos de vista; interpretando como mejor nos convenga las revelaciones del Señor contenidas en las Escrituras; y las palabras de hombres llama­dos divinamente, despreciando los mandamientos del Señor? Se nos ha aconsejado no jugar con las cosas sagradas. No es prudente hacer caso omiso de los consejos de Dios o caminar por nuestra propia senda, porque encontraremos muchos escollos. Toda alma debería buscar, por medio de la rectitud, la luz del Espíritu, como guía durante toda su vida mortal.

La verdad en estos días ha sido tan disfrazada y burlada que es difícil reconocerla. Para ello no sólo se requiere un verdadero conocimiento de la palabra revelada, la que a su vez constituye la vía más segura hacia la clase de vida que el Salvador quiere que vivamos; sino también fe y un testimonio de las cosas que nos impulsan a actuar según su voluntad. Nuestro Señor dijo que vino “. . . no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me en­vió. . . .”          “. . .porque yo hago siempre lo que le agrada.” (Juan 6:38, 8:29.)

La misma actitud reverente y la misma obedien­cia debería morar en el corazón de los hombres hoy día.

¿Existe alguna justificación para sacrificar las enseñanzas de los principios eternos, en aras de obtener favores, de satisfacer nuestras vanas ambi­ciones o deseos? ¿Tenemos, justificación cuando aprobamos a individuos u organizaciones cuyos fines son contrarios a la moral y bienestar espiritual de la gente?

Mormón, un antiguo profeta de las Américas dijo lo siguiente:

“Por consiguiente, toda cosa buena viene de Dios, y lo que es malo viene del diablo; porque el diablo es enemigo de Dios, y siempre está contenien­do con él, e invitando e incitando a pecar y hacer lo que es malo sin cesar.

“Pero he aquí, lo que es de Dios invita e incita continuamente a hacer lo bueno; de manera que todo aquello que invita e incita a hacer lo bueno, y amar a Dios y servirlo, es inspirado de él.” (Moroni 7:12-13.)

Estas palabras irradian verdad y comprensión.

Nefi, otro gran profeta americano, declara que el Espíritu lo guió en todo lo que hizo. En una oca­sión, tratando de hacer comprender a sus hermanos las enseñanzas de su padre, las cuales ellos no po­dían entender, Nefi les preguntó: “¿Os habéis diri­gido al Señor para ello?” (1 Nefi 15:8)

He aquí la llave. Es necesario tener fe para pre­guntarle al Señor, y la fe requiere vivir rectamente para poder recibir respuesta de El.

Otro profeta de las Américas aconsejó:

“Porque el hombre natural es enemigo de Dios, y lo ha sido desde la caída de Adán, y lo será para siempre jamás, a menos que se someta al influjo del Espíritu Santo. . . .” (Mosiah 3:19.)

¿Puede alguien dirigirse al Señor con sinceridad, pidiendo la guía del Espíritu Santo, y al mismo tiem­po apoyar y aprobar planes que promueven el mal o que son contrarios a sus convicciones?

No somos fieles a Dios ni estamos defendiendo como debemos el evangelio de su Hijo, nuestro Sal­vador, cuando apoyamos causas inicuas y degra­dantes, que destruyen las virtudes de la naturaleza cristiana y los fundamentos de la verdadera religión.

Alma, aconsejando a su pueblo dijo:

“¿Podéis imaginaros ante el tribunal de Dios con vuestras almas llenas de culpa y remordimiento, re­cordando todas vuestras transgresiones; sí, con un conocimiento completo de todas vuestras iniquida­des; sí, con el recuerdo de haber desafiado los man­damientos de Dios?

“Os pregunto: ¿Podréis mirar a Dios en aquel día con un corazón puro y manos limpias?

“¿Podréis pensar en ser salvos—os pregunto— cuando os habéis dejado sujetar por el diablo?” (Alma 5:18-20.)

Más adelante, en el mismo discurso, agrega:

“Porque os digo que todo lo que es bueno viene de Dios; y cuanto es malo, del diablo procede.” (Ibid.f 5:40.)

No tenemos ninguna excusa para desviarnos del conocimiento y comprensión del mal y el bien por­que Dios ha marcado el camino que conduce a la vida eterna, la vía recta y angosta. Un profeta de las antiguas Américas dijo: “los hombres tienen el cono­cimiento suficiente para poder discernir el bien del mal. . .” (2 Nefi 2:5.) La oposición del hombre no puede cambiar la verdad o los principios que Dios ha revelado; por lo tanto, los hombres no tienen ninguna excusa para no obtener las respuestas co­rrectas y hacer las decisiones debidas en todo lo que se les presenta. Preguntando al Señor, oyendo la voz del Espíritu Santo y estando dispuestos a guiar­nos por él, estaremos siempre en el camino del Señor, dispuestos a defender y apoyar lo bueno y aceptable a los ojos de Dios.

Otro profeta se dirigió a su pueblo diciendo:

“He aquí, tenéis las Escrituras por delante, y si queréis pervertirlas, será para vuestra destruc­ción.” (Alma 13:20.)

“Porque he aquí, el Señor ha dicho: No soco­rreré a los de mi pueblo en el día de su transgresión, sino que obstruiré sus caminos para que no pros­pere, y sus actos serán como tropiezo delante de ellos.” (Mosíah 7:29.)

Alma, aconsejando a su hijo contra las maquina­ciones de las tinieblas, le dijo:

“… No confíes esos planes secretos a este pueblo, sino inculca en ellos un odio perpetuo hacia el pe­cado y la iniquidad.” (Alma 37:22.)

Y continuando con su admonición agrega:

“Enséñales a no cansarse nunca de las buenas obras, sino a ser mansos y humildes de corazón; porque estos hallarán descanso para sus almas.” (Ibid., 37:34.)

En nuestros días, el Señor ha declarado:

“. . . Mi enojo está encendido en contra de los rebeldes. . .”

“Y el que no quiera tomar su cruz para seguirme y guardar mis mandamientos, no será salvo.

“He aquí, yo, el Señor, mando; y el que no qui­siere obedecer, será desarraigado en mi propio y debido tiempo, después que yo haya mandado, y el mandamiento haya sido quebrantado.” (Doc. y Con. 56:1-3.)

Las siguientes escrituras adicionales son muy significativas, alentarán a toda persona a vivir una vida recta y a seguir los caminos de Dios:

“De cierto, de cierto te digo: ¡Ay de aquel que miente para engañar, porque se supone que otro miente para engañar! porque los tales no quedan exentos de la justicia de Dios.” (Ibid., 10:28.)

“Y os doy el mandamiento de desechar todo lo malo y adheriros a todo lo bueno, para que viváis de acuerdo con cada palabra que salga de la boca de Dios.” (Ibid., 98:11.)

“No temáis, pues, a vuestros enemigos, porque yo he decretado en mi corazón probaros en todas las cosas, dice el Señor, para ver si permanecéis en mi convenio, aun hasta la muerte, a fin de que seáis hallados dignos.

“Porque si no permanecéis en mi convenio, no sois dignos de mí.” (Ibid., 98:14-15.)

“Y este será nuestro convenio: Andaremos en todas las ordenanzas del Señor.” (Ibid., 136:4.)

“Por tanto, cuídese cada hombre, no sea que haga lo que no es recto y verdadero ante mí.” (Ibid., 50:9.)

“Porque aquel a quien mucho se da, mucho se requiere; y el que pecare contra mayor luz, mayor condenación recibirá.

“. . .Y si no observáis mis instrucciones que os doy, os hacéis transgresores, y justicia y juicio son el castigo que prescribe mi ley.” (Ibid., 82:3-4.)

Mis hermanos y amigos, estas escrituras definen claramente el verdadero camino que Dios quiere que sigamos. Guardar los mandamientos de Dios es una obligación para el hombre, porque El ha dis­puesto que su ley se cumpla en toda la tierra.

Es nuestra obligación unirnos y permanecer fir­mes en el cumplimiento de los mandamientos de Dios y apoyar lo que El ha revelado y enseña tan clara­mente a todos los que quieran entender. No pode­mos permanecer impasibles ante aquello que des­truye los derechos, privilegios y libertades que Dios nos ha concedido.

Si un individuo o grupo desaprueba o toma con liviandad los asuntos relacionados con la moral y el espíritu, no podrá recibir las bendiciones del cielo. No podemos seguir a la mayoría y actuar como ellos. Hemos escogido actuar diferente porque somos di­ferentes. Si nuestra mente está ocupada en asuntos terrenales, no tendremos las oportunidades de lo­grar verdadera paz y felicidad.

No debemos vacilar en apoyar lo justo. Cual­quier vacilación nos pondrá a prueba y nos veremos en la alternativa de aceptar o rechazar ideas dañi­nas por naturaleza. Esto me recuerda los retos que los jóvenes se hacen entre sí cuando quieren hacer algo indebido. Cuando se aceptan tales retos, gene­ralmente se termina mal. Prestar oído a tales desa­fíos indica falta de sabiduría. Debemos apoyar con firmeza nuestras creencias y lo que sabemos que es correcto. Esto fortalecerá la moral y la influencia espiritual en nuestra comunidad, lo cual atraerá a aquéllos que buscan un ambiente sano y tranquilo para establecer su hogar, donde sus hijos puedan crecer en compañía de jóvenes que tengan los mismos ideales.

Ruego que Dios nos bendiga, que seamos since­ros y mantengamos la fe en las verdades, obligaciones y convenios que hemos hecho con El. Hago este humilde ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.

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La libertad y la responsabilidad

La libertad y la responsabilidad

por Truman G. Madsen
(Tomado de the Instructor)
Liahona Noviembre 1965

Todo intento de desentrañar la naturaleza hu­mana conduce al tema de la libertad. ¿En qué sentido es libre el hombre, si acaso lo es?

Paradójicamente, ésta es una pregunta que no podemos ignorar. La vivimos diariamente. El im­pacto de la vida en nosotros, o si lo preferimos, nues­tro impacto en la vida, nos empuja a preguntarnos: ¿Qué cosas están bajo mi control, y cuáles no lo están? ¿Tenía yo que existir? ¿Era necesario que sucediera lo que sucede? Bajo las mismas circuns­tancias, ¿podría yo haber sido diferente?

Preguntamos: ¿Puede el hombre cambiar el cur­so de los acontecimientos? Los deterministas con­testan “No”, y los indeterministras “Sí”. El tema ha cobrado actualidad por los recientes estudios e investigaciones de las tres teorías existentes:

  1. La opinión del determinismo.

Algunas formas de psicología y psicoanálisis des­tacan el inmenso dominio del subsconciente del hombre, el que a su vez se alimenta de estímulos detectables. Estos últimos aparentemente están re­lacionados con causas anteriores. A una persona hipnotizada, por ejemplo, se le puede decir que al despertar se despoje de la camisa y se pare de cabeza, pero que deberá olvidar lo que se le dijo. La persona hará tal como se le dijo, y al mismo tiempo inven­tará la más ingeniosa, pero evidentemente falsa “razón” para justificar su comportamiento. Pregun­ta: ¿No será que nuestra conducta está controlada y lo que llamamos “libertad” no será más que nuestra ignorancia de las causas ocultas?

  1. La opinión del indeterminismo

El llamado principio de Heisenberg, relacionado con la física, afirma que las partículas inanimadas, al nivel sub-atómico se comportan de manera incier­ta, Ni su posición ni su velocidad pueden ser predichas con seguridad. La explicación por tanto, debe ser estadística. Del mismo modo, podemos predecir aproximadamente la cantidad, pero no la identidad, de las personas que perecerán o resultarán heridas durante las próximas vacaciones de Semana Santa. La lógica de su punto, al menos para Eddington y Born, es que al estar indeterminadas, las partículas están “libres”. Pregunta: ¿Si las partículas inani- mades se comportan “libremente”, por qué rechazar la idea de que el hombre también lo hace?

  1. Surge entonces el análisis de la existencia

Quienes han escrito respecto de la conciencia del hombre, desde Nietzsche hasta Sartre, y de Berdyaev a Heidegger, declaran que la libertad es un hecho incontrovertible en las profundidades de la conciencia. Descubren un infierno de culpa en el pasado—lo que podría haber hecho; y otro infierno de ansiedad, (no simplemente de suspenso) en cuan­to al futuro—lo que podré ser. En forma dramática demuestran que nadie, ni siquiera el más obstinado determinista, puede librarse de una desagradable sensación de libertad personal. Si de veras pudiéra­mos creer cabalmente que lo que somos y hacemos es inevitable, no nos sentiríamos culpables, en vista de que tampoco podríamos sentirnos verderamente responsables. Pregunta: ¿Por qué entonces no admi­tir en la superficie lo que todos encontramos en las profundidades?

En el principio

Hay una suposición que tanto en las delibera­ciones clásicas como en las contemporáneas es indis­cutible. Tanto los deterministas como los indetermi­nistas, suponen que el hombre tuvo un comienzo con el cual éste no tuvo nada que ver. Hay diferentes versiones—la causa primera, la naturaleza, la casua­lidad, Dios. Pero en todos los casos, se admite que la conciencia y la libertad, sean lo que sean, surgieron con esta creación o después de ella.

Las revelaciones modernas, no sólo contradicen estas ideas sino que las rebaten terminantemente. Decir que “El hombre fue también en el principio con Dios”, y que “Toda inteligencia queda en liber­tad de obrar por sí misma en aquella esfera en la que Dios la colocó . . .” (Doc. y Con. 93:29-30), equivale a decir que el hombre no ha tenido prin­cipio. Su increada inteligencia es activa y se mueve por sí misma. El proceso de generación y combina­ción de elementos que resulta en espíritus y cuerpos físicos, es posterior y no anterior a su existencia independiente. En este sentido el hombre es una causa eterna a través de todos sus estados y todas las secuencias de su existencia.

El destino del hombre

Pero esta doctrina de libertad también es una doctrina de destino. La naturaleza del hombre in­cluye no sólo la innata posibilidad de una inteli­gencia suprema, sino también la naturaleza embrio­naria de su Padre Eterno. En el proceso de su de­senvolvimiento, ha hecho decisiones que son irrevo­cables y eternas en alcance. Estas decisiones, mas el ambiente eterno, son las que preparan al hombre. No puede escapar de los resultados.

Tratar de aclarar las extensas implicaciones filo­sóficas que este punto de vista acarrea y los muchos enigmas que de él se derivan, es una tarea imposible de realizar aquí. En cambio, quisiera examinar cui­dadosamente algunas de nuestras reflexiones diarias en cuanto a la libertad, porque al aceptar como cier­tas estas reflexiones, tendríamos que revisar muchas de nuestras teorías.

¿Qué es la libertad?

Generalmente difinimos y defendemos la libertad como el anhelo de respirar libremente, de vernos libres de la opresión de los padres, policías fanfarro­nes y de los grillos de las reglamentaciones. Por estar a la defensiva, a veces rehusamos hacer algo que ya habíamos decidido, simplemente porque al­guien nos dice que “debemos” hacerlo. (Tenemos la ligera sospecha de que tal actitud en lugar de defender nuestra libertad, no hace sino manifestar hasta qué grado nos tiene esclavizados nuestro or- gulo.) Muchos han muerto por alguna de las “cua­tro libertades” (de prensa, de palabra, de religión y de asociación), o por el “derecho de. . .” tal o cual cosa. Pero más preciosa es la “libertad pa­ra. . .» la libertad para transformar los problemas externos en beneficios internos, para desarrollarnos al nivel de nuestras posibilidades, para hacer surgir nuestro verdadero yo. Esta libertad puede florecer o marchitarse independientemente de los “derechos inalienables”. Esta clase de libertad es la que no se pudo negar a José Smith, aun estando en el oscuro calabozo de la Cárcel de Cartage.

La libertad y la ley

Parecería que la libertad estuviese en oposición a la ley cuando decimos: “Debería haber una ley que prohíba esto o aquello,” o cuando nos lamen­tamos de “la mano fuerte” de la ley.

Pero a pesar de todo lo que digamos en cuanto a las leyes de los hombres, en el plan eterno, la ley garantiza la libertad. La continuidad de nuestra existencia y las condiciones de vida, dan a la liber­tad su eterno poder. Si cuando echamos al aire una moneda, puede caer indistintamente de uno u otro lado, si cualquier cosa puede suceder después de la acción, entonces la libertad de ambos, hombre y moneda, no tiene objeto. El poder de acción del hombre, debido al gran poder de Dios, puede trans­formar las condiciones y los hechos en algo benéfico. Cuando tratamos de hacer “nuestras propias leyes”, no estamos sujetando la ley, sino convirtiéndonos en sus esclavos y obligándonos a quedar sin lograr nues­tras aspiraciones. No nos regocijamos diciendo que estamos cometiendo un crimen impunemente, cuan­do lo que estamos matando son nuestras propias posibilidades.

La libertad y la responsabilidad son hermanos

Hablamos como si la libertad fuera incompatible con la presciencia, como cuando decimos que ciertos actos espontáneos son “simplemente un impulso” o “nada más porque sí”. ¿No es aparente que el total ejercicio de la libertad requiere presciencia, conoci­miento de nuestras posibilidades y limitaciones? Sin esto, seríamos como topos en un laberinto, buscando inútilmente la manera de sobrevivir, ¿para qué? La desilusión de nuestro tiempo es un gran parte el re­sultado de habernos apartado del camino, y al final del mismo sólo nos espera el terrible suspenso de lo desconocido. Por esta causa desfallece el corazón del hombre. De aquí surgen una docena de teorías fata­listas, porque parece más soportable creer que el futuro está determinado, en vez de creer que depende solamente de nosotros. Por esta causa las religiones que sólo predican la gracia y las psicologías que sólo hablan de “ajustes”, perpetúan la cautividad. Nos alientan a aceptar las enfermedades del alma con la convicción de no podemos hacer nada para re­mediarlas.

Por lo general relatamos una serie de disculpas, excusándonos de manera tal que no logramos separar las ovejas de los cabritos. Cualquiera que lo desee, puede culpar a otros, y éstos a su vez culparán a otros con la mayor frescura. Hasta el mismo diablo encuentra justificación para su culpa. La lógica, o mejor dicho la psicología de este punto de vista sería la siguiente: En vista de que el diablo da muestras de ser un sádico cumpulsivo, no debemos juzgarlo ni debería ser castigado, porque sin duda alguna ¡sus padres fueron unos delincuentes!

La verdad es que si seguimos las huellas de nues­tras acciones, nos conducirán al punto de partida, o sea a nosotros mismos. El carácter extremista se justifica diciendo: “No puedo evitarlo”, pero siem­pre se podrá contestar verdaderamente: “Sí pudiste haberlo evitado.”

Estamos en libertad de cambiar

Por otra parte, a veces hablamos como si la liber­tad fuese constante, siempre a disposición nuestra. “Podría hacerlo (o dejar de hacerlo) si quisiera.” Cuando surge el elogio, se acostumbra decir que se logró por “esfuerzo propio”. Como si, por ejemplo, si así se nos antojara, pudiéramos vivir sin respirar o respirar sin aire.

En realidad, el poder de la libertad que más ate­moriza, es que disfrutan de ella aun aquellos que la restringen. Una bellota puede transformarse en un roble o en algo menor que un roble, pero no en algo diferente. Lo mismo sucede con nosotros. En la bellota existen los elementos indispensables para su desarrollo. También en nosotros, pero a diferencia de la bellota, tenemos iniciativa, la cual podemos encauzar por mal camino. En este aspecto, la tarea de Cristo es traspasar los límites de nuestra libertad en decadencia y reajustar nuestros comienzos. El es el único que puede ayudarnos a comenzar de nuevo. Pero al mismo tiempo, no podrá hacer nada si no le damos la oportunidad. Debemos buscar su poder y aplicarlo en la medida de control que aún nos quede. “El espíritu nunca es demasiado viejo para allegarse a Dios.” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 230.)

La libertad implica un cometido

Generalmente hablamos de la libertad como si ésta consistiera en una gran variedad de opciones y como si una decisión final limitara nuestra inicia­tiva. ¿Acaso la libertad aumenta cuando se crea un nuevo sabor de helado?

Realmente cuando nos elevamos por encima de decisiones triviales y nos preguntamos seriamente: “¿Qué es lo que yo quiero?”, nos libramos del yugo de una forma de vida voluble y sin perspectiva. El aspecto más maravilloso de nuestra libertad es que podemos hacer decisiones de largo alcance, convenios eternos. Una vez hechas, una vez “renovadas y con­firmadas”, nos liberan del tormento continuo de tener que decidir una y otra vez. Las decisiones se reflejan en todo el universo. Y aún las formas de vida más simples, sus distracciones y reveses, toman distinto color como instrumentos de una gran meta.

¿Cómo puede ser—nos preguntamos—que el Pa­dre y el Hijo “no puedan” romper sus convenios eternos? ¿Es que no son “libres”? Todo lo contra­rio, porque han pactado conceder completa libertad a todos, para beneficio del género humano. Posponer una decisión no exige esfuerzo, pero para tomar una decisión se requiere el uso inteligente de todos los talentos del individuo. A semejanza de la libertad divina, el libre albedrío del hombre es el cometido más audaz, más poderoso, más amplio y emocionante que podamos imaginar.

Debemos enfrentarlo inteligentemente. Al salir de las eternidades elegimos y fuimos elegidos para ser hijos de Dios, y solamente rechazando tan glo­rioso destino, podemos vernos libres de las decisiones que implica. Si tal hacemos, nuestra libertad se incrementará en la esfera que llamamos la Vida Eterna.

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La verdad y la revelación moderna

La verdad y la revelación moderna

por el presidente David O. McKay
Liahona Octubre 1965

El evangelio y las cosas espirituales debe­rían ocupar siempre el primer lugar en las mentes de los miembros de nuestra Iglesia. Si dedicáramos más tiempo a las cosas real­mente importantes de la vida, y menos a las cosas pasajeras; si resistiéramos las tenta­ciones que se presentan en nuestro camino y aplicáramos el evangelio en nuestro diario vivir, realmente llegaríamos a ser una Luz en el monte, una Luz que no se puede ocultar.

Si dedicáramos más tiempo a estudiar la revelación moderna que las Doctrinas y Convenios contienen, apreciaríamos más la magni­tud de la maravillosa obra que ha sido estable­cida en esta dispensación. Es muy común decir que la Iglesia es lo más maravilloso del mundo. Y lo es, pero a medida que penetramos más y más en su doctrina, nos damos cuenta a qué grado se adapta al individuo, a nuestra vida en el hogar, y a nuestras relaciones so­ciales. Cuando estudiamos la doctrina desde el punto de vista del ambiente en que vivimos o de los descubrimientos científicos, nuestros corazones se regocijan al ver la bondad de Dios al darnos el privilegio de conocer el evangelio de Jesucristo.

La revelación condene consejos

Casi podríamos decir que todos los pasajes de las Doctrinas y Convenios están repletos de admoniciones, y rebozan de inspiración y revelación para el hombre* Algunas veces esa revelación está concentrada en unas pocas pa­labras, pero si nos detenemos a analizarlas; podemos apreciar cuan íntimamente relacio­nadas están con la verdad. Tomemos por ejemplo la maravillosa y sencilla revelación en cuanto al gobierno del sacerdocio: “Nin­gún poder o influencia se puede ni se debe mantener, en virtud del sacerdocio, sino por persuasión, longanimidad, benignidad y man­sedumbre, y por amor sincero.” (Doc. y Con. 121:41.) Pensad solamente en la palabra “sincero”.

El amor que se simula no tiene ninguna influencia, pero el amor sincero tiene el poder de llegar al corazón. La revelación continúa: “Reprendiendo a veces con severidad,… y entonces demostrando amor crecido hacia aquel que has reprendido, no sea que te estime como su enemigo.” (Doc. y Con. 121:43.) ¡Qué maravi­llosa amonestación en cuanto al gobierno, no sólo en los quórumes del sacerdocio de la Iglesia, sino también en nuestra vida en el hogar y en todos los aspectos de nuestras relaciones con nuestros semejantes.

Considerad un momento las palabras del Señor en cuanto al valor de las almas: “Recordad que el valor de las almas es grande en la vista de Dios” (Doc. y Con. 18:10.) O la revelación en cuanto a las riquezas: “No busquéis riquezas sino sabiduría; y he aquí, los misterios de Dios os serán revelados y entonces seréis ricos. He aquí, rico es él que tiene la vida eterna.” (Doc. y Con. 6:7.)

La fidelidad produce fe y regocijo

Podemos seguir analizando revelación por revelación, tal como están expresadas en las Doctrinas y Convenios, lo que dará como resultado que el Santo de los Últimos Días logre una fe que lo haga regocijarse dentro de esta grande y maravillosa organización colocada entre los hom­bres para su salvación.

Yo no es de menor valor la revelación conocida como la Palabra de Sabiduría. Hay solamente uno o dos pequeños párrafos que se refieren al uso de bebidas fuertes: “Que si entre vosotros hay quien beba vino o bebidas alcohólicas, he aquí, nos es bueno. … (Doc. y Con. 89:5.) Simplemente unas pocas palabras que parecen no tener mucha importancia, pero allí están. Las bebidas alcohólicas no son buenas para el cuerpo. Esta revelación que fue dada hace 132 años, es la palabra de Dios, no sólo para las personas que son miembros de la Iglesia, sino para todos los habitantes de la tierra, doquiera que este libro haya sido publicado, doquiera que haya sido distribuido por los élderes de la Iglesia, la palabra de Dios ha sido proclamada al mundo.

Por revelación se dijo a la gente que estas bebi­das intoxicantes no son buenas, y sin embargo mu­chos rechazaron estas palabras. Han sido como la gente del Israel antiguo con los dioses de Baal. Elías vino entre ellos y les dijo: “¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre los pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra” (7 Reyes 18:21.) En esa época, la gente también vaciló; muchos de ellos sabían que el Dios de Israel era omnipotente, que podía salvarlos, pero los otros dioses ofrecían placeres, indulgencia. La gente titubeó, y algunos trataron de servir y prestar obediencia a ambos dioses. El profeta Elías les dijo que dejaran de servir hoy a un Dios para volver mañana a las en­señanzas del otro. Vosotros sabéis de la prueba que se realizó, los resultados y la muerte que sobrevino a los sacerdotes de Baal.

Muchos vacilan entre dos opiniones

Durante 132 años la gente ha estado recibiendo la palabra de Dios, y se le ha dicho que prescinda del uso del tabaco y las bebidas fuertes, y aún así muchos desobedecen. ¿Por cuánto tiempo, Israel, dudarás entre dos opiniones? El Señor ha dicho que las bebidas alcohólicas no son buenas. Los hombres declaran: “No queremos que la gente beba más cer­veza; lo que queremos es más gente que beba cerve­za.” ¿Cuál de estas dos enseñanzas seguirá la gente? Una es la voz del Señor que declara que la cerveza, y otras bebidas alcohólicas no son buenas; la otra dice que sí que son buenas, y quiere que más gente desarrolle el gusto por ellas. “¿Hasta cuándo claudi­caréis vosotros entre dos mandamientos?”

¿Qué significado tiene para la raza humana la obediencia a la palabra de Dios y la abstención del uso de narcóticos y de bebidas alcohólicas? Signi­fica una humanidad más fuerte, intelectos más bri­llantes, organismos más vigorosos y perfectos, espo­sos mejores y más fieles, padres más cariñosos y dedicados; que la paternidad transmitirá a sus descendientes hábitos sanos y fuerza de voluntad para resistir las tentaciones; significa hogares felices, es­posas contentas, niños mejor vestidos y educados, una ciudadanía que se preocupa por edificar una nación vigorosa y libre. Significa salvación para todos en el Reino de Dios. ¿Os parece poco?

La tolerancia conduce a la depravación

Analicemos ahora lo que quiere decir tolerancia. Significa una humanidad débil, sin voluntad, orga­nismos que transmitirán enfermedades a las genera­ciones venideras, acortar la vida en un suicidio lento, desordenar las facultades mentales; es sinónimo de hogares deshechos, de viudas desconsoladas, niños indigentes, una sociedad débil; mutilación y muerte en nuestras carreteras. ¡Este es el significado de la tolerancia!

Los miembros de la Iglesia deben resolverse a vivir de acuerdo con las enseñanzas y consejos que se nos han dado. Deberíamos ser lo suficientemente fuertes para poner en práctica los principios que se nos enseñan y después de hacerlo, ver que podamos influir en nuestros hijos, recordando siem­pre que en la enseñanza de nuestros hijos, el ejemplo en el hogar es de más valor que las palabras. Los niños tienen derecho a nacer en un hogar decente, ya sea en una choza de barro o en un palacio, no importa dónde, lo que importa es que nazcan con fuerza, moral y rodeados de valiosas fuerzas espiri­tuales.

“¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él.”

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Seis maneras de ser misionero digital

Seis maneras de ser misionero digital

Faith Sutherlin Blackhurst

¡Nivela tu juego de misionero digital con estos consejos!

Te sudan las manos; te muerdes los labios de la ansiedad. Casi envías el mensaje que has estado escribiendo y volviendo a escribir por la última media hora. ¿Es una locura pensar que tu vecino, quien es estrella de fútbol, podría estar interesado en los jóvenes guerreros?

¡No puede ser!

¡Todo el mundo necesita el Evangelio: tus amigos, compañeros de clase, maestros, compañeros de equipo, vecinos e incluso los extraños! A medida que crece tu amor por ellos, tu deseo de revelarles la verdad y las bendiciones aumentan. A diferencia de ti, puede que ellos no sepan que son hijos de Dios o que tienen potencial divino. Esa es tu oportunidad. Cuando el Espíritu te inspire a compartir algo, ¡sigue esa impresión de inmediato!

La obra misional a veces puede ser abrumadora, pero no es tan difícil como parece. Si tienes acceso a las redes sociales, esta es una manera fácil de empezar conversaciones con amigos y familiares. ¡Tú puedes ser misionero al agregar el Evangelio a las redes!

Estos consejos pueden ayudarte a saber qué hacer, de principio a fin:

  1. Orar para escoger a personas específicas con quienes compartir el Evangelio.Cuando ores, dile al Padre Celestial que deseas compartir el Evangelio. Pregúntale a quién Él desea que tú tiendas una mano. Después de orar para saber a quién debes contactar, prueba buscar a través de tu lista de amigos o seguidores. Una vez que se destaque el nombre de alguien, ¡es el momento de enviarle un mensaje! Aunque no le hayas hablado a alguien en años, puedes volver a contactarlo y con el tiempo trata de compartir un mensaje del Evangelio. Los amigos rara vez se ofenden si tienes un interés verdadero.
  2. No dejar que pase el momento.Una vez que has recibido inspiración, ¡actúa de inmediato! Mientras más esperes, más fácil será que lo olvides o te dé flojera. El Espíritu Santo te ha inspirado en un momento específico por una razón, ¡así que hazlo! Podrías ayudar a un amigo cuando más lo necesita.
  3. Adaptar tu mensaje a las necesidades de una persona en particular.Si contactas a un amigo con un mensaje específico adaptado a él, se sentirá querido y especial. Considera sus circunstancias actuales, ¿qué podría ser alentador que escuchara? Por ejemplo, si la abuela de tu amigo falleció recientemente, puede que sea de consuelo escuchar sobre la resurrección del Salvador o las familias eternas.
  4. Buscar puntos en común.¿Qué tienen ustedes en común? Utiliza eso como punto de partida para la conversación. Si tu amigo y tú tienen pruebas similares, comparte Escrituras u otras ideas que te han dado esperanza. Si a tu amigo le encanta pasar tiempo con la familia, invítalos a una noche de hogar en tu casa. Si eres parte de un coro o un grupo musical con amigos, toquen canciones del sitio web para los jóvenes SUD que ellos podrían disfrutar.
  5. Incluir al Espíritu.Siempre incluye al Espíritu Santo en cada paso de tu aventura misional. Puede que no siempre sepas lo que las personas necesitan, pero Dios lo sabe y Él te lo puede decir a través del Espíritu. El Espíritu puede ayudarte a saber a quién contactar, qué decir y cómo decirlo, así que asegúrate de prestar atención a cualquier impresión que puedas tener durante la conversación. Realiza una pausa antes de presionar Enviar. ¿Hay algo que el Espíritu Santo desea que agregues o cambies?
  6. Compartir un testimonio sencillo pero poderoso.Recuerda, cuando testificas de la verdad, el Espíritu Santo puede enseñar con poder y tocar el corazón de tu amigo. Comparte lo que sabes en pocas palabras como: “Sé que todos somos hijos de Dios y que Él nos ama”.

A veces las redes sociales parecen ser el lugar con menos posibilidades de que los misioneros tengan éxito, pero en realidad, hay muchas personas que esperan escuchar la verdad, ¡sin importar dónde la encuentren! Sé valiente y pide que el Espíritu te guíe a los amigos que necesitan apoyo espiritual. Nunca se sabe; ¡puedes cambiarles el día!


Cómo compartir el Evangelio

Élder M. Russell Ballard
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Cuando contamos con la compañía del Espíritu Santo, podemos hacer algunas cosas muy sencillas para ayudar a los miembros menos activos de la Iglesia y a los que no son miembros a obtener un mejor entendimiento del Evangelio en su vida. No necesitamos un nuevo programa para hacer esto; no necesitamos tener un manual, un llamamiento ni una reunión de capacitación. Lo único que se necesita es que los buenos miembros de la Iglesia aprendan a confiar en el poder del Espíritu Santo y, con ese poder, tiendan una mano e influyan en la vida de los hijos de nuestro Padre. No podemos prestar mejor servicio que el de compartir nuestro testimonio personal con aquellos que carecen de un entendimiento del Evangelio restaurado de Jesucristo.

Así que, hermanos y hermanas, ¿estamos listos para hacer algo? ¿Puede cada uno de nosotros decidirse hoy a incrementar su propia preparación espiritual procurando la guía del Espíritu Santo y, entonces, con la compañía de Su poder, bendecir a otros hijos de nuestro Padre Celestial con el entendimiento y el conocimiento de que la Iglesia es verdadera?

Yo doy testimonio de que el Salvador vive y de que bendecirá a cada uno de nosotros si hacemos todo lo posible para que progrese la gran obra de Su Iglesia. Ruego que cada uno de nosotros tome la determinación de hacer algo más.

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Al avanzar juntos

MENSAJE DE LA PRIMERA PRESIDENCIA

Al avanzar juntos

Por el presidente Russell M. Nelson
Liahona Abril 2018

Nota del editor: El presidente Russell M. Nelson, apartado como decimoséptimo Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días el 14 de enero de 2018, pronunció estas palabras el 16 de enero de 2018, durante una transmisión en vivo desde el edificio anexo del Templo de Salt Lake. Él solicitó que sus palabras se publicasen en este ejemplar.

new First Presidency

Estimados hermanos y hermanas, me siento humilde al estar con ustedes esta mañana. Hace cuatro días descansó en paz un hombre gigante, un profeta de Dios: el presidente Thomas S. Monson. No hay palabras que hagan justicia a la magnitud y magnificencia de su vida. Siempre atesoraré con gratitud nuestra amistad por lo que me enseñó. Ahora debemos mirar hacia el futuro con total fe en nuestro Señor Jesucristo, a quien pertenece esta Iglesia.

Hace dos días, todos los Apóstoles vivientes se congregaron en la sala superior del Templo de Salt Lake. Allí tomaron la decisión unánime, primero, de reorganizar la Primera Presidencia ahora y, segundo, que yo sirviese como Presidente de la Iglesia. Las palabras no son suficientes para decirles lo que sentí cuando mis hermanos —los hermanos de las Autoridades Generales quienes poseen todas las llaves del sacerdocio restauradas por medio del profeta José Smith en esta dispensación— colocaron sus manos sobre mi cabeza para ordenarme y apartarme como Presidente de la Iglesia. Fue una experiencia sagrada y humilde.

En seguida, tuve la responsabilidad de discernir a quiénes había preparado el Señor para que fuesen mis consejeros. ¿Cómo podría elegir a solo dos de los Doce apóstoles, a cada uno de los cuales amo tanto? Estoy profundamente agradecido al Señor por contestar mis fervientes oraciones. Estoy muy agradecido que el presidente Dallin Harris Oaks y el presidente Henry Bennion Eyring estén dispuestos a servir conmigo como Primer y Segundo Consejeros, respectivamente. El presidente Dieter F. Uchtdorf ha vuelto a tomar su lugar en el Cuórum de los Doce Apóstoles. Él ya ha recibido asignaciones importantes para las cuales está sumamente capacitado.

Le rindo tributo a él y al presidente Eyring por el magnífico servicio que prestaron como consejeros del presidente Monson. Han sido totalmente capaces, dedicados e inspirados, y les estamos sumamente agradecidos. Cada uno está dispuesto a prestar servicio ahora donde más se le necesita.

Como el Apóstol que ocupa el segundo lugar en antigüedad, el presidente Oaks también se convierte en Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles. No obstante, dado su llamamiento en la Primera Presidencia, y de acuerdo con el orden de la Iglesia, el presidente M. Russell Ballard, quien ocupa el lugar siguiente en antigüedad, servirá como Presidente en Funciones de ese cuórum. La Primera Presidencia trabajará conjuntamente con los Doce para discernir la voluntad del Señor y adelantar Su sagrada obra.

Les agradecemos sus oraciones, las cuales se han ofrecido por nosotros por todo el mundo. Una de esas oraciones la ofreció un niño de cuatro años llamado Benson, la mañana después del fallecimiento del presidente Monson. Cito fragmentos de la carta que la madre de él le escribió a mi esposa, Wendy. Benson oró: “Padre Celestial, gracias que el presidente Thomas S. Monson pudiera ver otra vez a su esposa. Gracias por nuestro nuevo profeta. Ayúdalo a ser valiente y a no tener miedo por ser nuevo. Ayúdalo a crecer sano y fuerte. Ayúdalo a tener poder porque él tiene el sacerdocio; y ayúdanos a ser siempre buenos”.

Doy gracias a Dios por los niños como ese y por los padres que toman en serio su compromiso con la paternidad recta y deliberada; por todo padre, maestro y miembro que lleva cargas pesadas y, sin embargo, sirve con tan buena disposición. En otras palabras, estoy humildemente agradecido por cada uno de ustedes.

El Señor está a la cabeza

current Quorum of the Twelve Apostles

Al avanzar juntos, los invito a pensar en la manera majestuosa mediante la cual el Señor gobierna Su Iglesia. Cuando el Presidente de la Iglesia fallece, no hay ningún misterio acerca de quién es el siguiente llamado a servir en esa función. No hay campañas electorales ni políticas, sino solo las calladas obras de un divino plan de sucesión impuesto por el Señor mismo.

Cada día del servicio que presta un apóstol es un día de aprendizaje y de preparación para una mayor responsabilidad en el futuro. Toma décadas de servicio para que un apóstol pase del puesto de menor antigüedad en el círculo al de mayor antigüedad. Durante ese tiempo, obtiene experiencia personal sobre cada faceta de la obra de la Iglesia. También llega a conocer de cerca a los pueblos de la tierra, incluso sus historias, culturas e idiomas, a medida que las asignaciones lo llevan repetidamente a través del mundo. Ese proceso de sucesión en el liderazgo de la Iglesia es único; no sé de nada que se le compare. Eso no debe sorprendernos, ya que esta es la Iglesia del Señor. Él no obra a la manera de los hombres.

He servido en el Cuórum de los Doce bajo cinco Presidentes de la Iglesia previos. He visto a cada Presidente recibir revelación y responder a dicha revelación. El Señor siempre ha instruido e inspirado a Sus profetas, y siempre lo hará. El Señor está a la cabeza. Nosotros, los que hemos sido ordenados para dar testimonio de Su santo nombre en todo el mundo, seguiremos procurando conocer Su voluntad y seguirla.

Permanecer en el camino de los convenios

taking the sacrament

Ahora bien, a cada miembro de la Iglesia le digo: Manténgase en el camino de los convenios. Su compromiso de seguir al Salvador al hacer convenios con Él y luego guardar esos convenios abrirá la puerta a toda bendición y privilegio espiritual que están al alcance de hombres, mujeres y niños en todas partes.

Como nueva Presidencia, queremos empezar con el fin en mente. Por esa razón, nos dirigimos a ustedes hoy desde un templo. El fin por el que cada uno nos esforzamos es ser investidos con poder en una Casa del Señor, ser sellados como familias, ser fieles a los convenios hechos en el templo que nos hacen merecedores del don más grande de Dios, que es la vida eterna. Las ordenanzas del templo y los convenios que ustedes hagan allí son clave para fortalecer su vida, su matrimonio y su familia, y su habilidad para resistir los ataques del adversario. Su adoración en el templo y el servicio que presten allí por sus antepasados los bendecirá con mayor revelación personal y paz, y los fortalecerá en su compromiso de mantenerse en el camino de los convenios.

Ahora bien, si se han apartado del camino, los invito con toda la esperanza de mi corazón a que por favor regresen. Cualesquiera que sean sus preocupaciones o desafíos, hay un lugar para ustedes en esta, la Iglesia del Señor. Ustedes y las generaciones aún por venir serán bendecidas por las acciones que tomen ahora para regresar al camino de los convenios. Nuestro Padre Celestial atesora a Sus hijos y desea que cada uno de nosotros regresemos a Él. Esta es la gran meta de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días: ayudar a cada uno de nosotros a regresar a casa.

Expreso mi profundo amor por ustedes, ese amor que ha crecido durante décadas de conocerlos, de adorar con ustedes y de servirles. Nuestro mandato divino es ir a toda nación, tribu, lengua y pueblo, para ayudar a preparar al mundo para la segunda venida del Señor. Lo haremos con fe en el Señor Jesucristo, sabiendo que Él está al mando. Esta es Su obra y Su Iglesia. Somos Sus siervos.

Declaro mi devoción a Dios nuestro Padre Eterno y a Su Hijo, Jesucristo. Los conozco; los amo, y me comprometo a servirles a Ellos —y a ustedes— con cada aliento de vida que me quede. En el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.

 

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Esa resplandeciente mañana de domingo

Esa resplandeciente mañana de domingo

Por el élder Joseph B. Wirthlin (1917–2008)
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
Tomado de un discurso de la Conferencia General de octubre de 2006.
Liahona Abril 2018

Ese día, el Señor resucitado rompió los lazos de la muerte; se levantó de la tumba y apareció gloriosamente triunfante como el Salvador de toda la humanidad.

Mary Magdalene at the tomb

Sabemos lo que es la resurrección: la unión del espíritu y el cuerpo en su forma perfecta…

¿Pueden imaginarlo? ¿Vida en la plenitud de la vida? ¿Siempre sanos, sin dolor, sin las cargas que tan a menudo nos acosan?

La Resurrección es el centro de nuestras creencias como cristianos.

… cuando el Salvador se levantó de la tumba… hizo lo que nadie más podía hacer. Rompió los lazos de la muerte, no solo para Él sino para todos los que han vivido: los justos y los injustos.

… Cristo hizo que ese don estuviera disponible para todos. Y con ese acto sublime, alivió el pesar devastador que atormenta el alma de los que han perdido a sus seres queridos.

Pienso cuán oscuro fue aquel viernes en que levantaron a Cristo en la cruz.

… la tierra tembló y se oscureció…

Los hombres inicuos que deseaban su muerte se regocijaron…

Ese día el velo del templo se rasgó en dos.

María Magdalena y María, la madre de Jesús, estaban abrumadas por el dolor… El maravilloso hombre al que habían amado y honrado pendía sin vida en la cruz…

Los apóstoles estaban desolados. Jesús, su Salvador, el hombre que había andado sobre el agua y levantado a los muertos, Él mismo, estaba a merced de hombres inicuos…

Fue un viernes lleno de pesar devastador…

Creo que, de todos los días desde el comienzo de la historia del mundo, aquel viernes fue el más tenebroso.

[Pero] la desesperación no tardó en desaparecer, puesto que el domingo el Señor resucitado rompió los lazos de la muerte; se levantó de la tumba y apareció gloriosamente triunfante como el Salvador de toda la humanidad.

En un instante, se enjugaron las lágrimas que habían sido derramadas. Los labios que habían susurrado oraciones de aflicción ahora llenaban el aire con alabanzas, pues Jesús el Cristo, el Hijo del Dios viviente, estaba ante ellos como… prueba de que la muerte es solo el principio de una existencia nueva y maravillosa.

Cada uno de nosotros tendrá sus propios viernes, días en los que el universo mismo parece deshecho y los pedazos de nuestro mundo yacen esparcidos hechos trizas…

Pero les testifico, en el nombre de Aquel que conquistó la muerte: el domingo llegará. En las tinieblas de nuestro pesar, el domingo llegará.

… no importa nuestro pesar, el domingo llegará. En esta vida o en la próxima, el domingo llegará.

Les testifico que la Resurrección no es una fábula. Tenemos los testimonios personales de quienes lo vieron a Él. Miles, tanto en el Viejo como el Nuevo mundo, fueron testigos del Salvador resucitado. Palparon las heridas de Sus manos, de Sus pies y de Su costado…

Después de la Resurrección, los discípulos cobraron nuevas energías. Viajaron por el mundo… para proclamar intrépidamente que Jesús es el Cristo, el Hijo resucitado del Dios viviente.

Muchos de ellos… murieron como mártires y con el testimonio del Cristo resucitado en sus labios hasta que perecieron.

La Resurrección transformó la vida de quienes fueron testigos de ella. ¿No debería transformar la nuestra?

Todos nos levantaremos de la tumba…

Por motivo de la vida y del sacrificio eterno del Salvador del mundo, nos reuniremos con aquellos a quienes hemos amado.

… ese día nos regocijaremos en que el Mesías venció todo para que vivamos eternamente.

Debido a las ordenanzas sagradas que recibimos en los santos templos, nuestra partida de esta breve vida terrenal no puede ya separar las relaciones que se han unido con hilos hechos con vínculos eternos.

Es mi solemne testimonio que la muerte no es el fin de la existencia…

Que entendamos y vivamos en gratitud por los invalorables dones que recibimos como hijos e hijas de un amoroso Padre Celestial y por la promesa de ese día luminoso en que nos levantaremos triunfantes de la tumba.

… no importa cuán tenebroso sea nuestro viernes, el domingo llegará.

 

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6 símbolos de la Pascua judía que podrían cambiar tu visión de la Pascua de Resurrección

6 símbolos de la Pascua judía que podrían cambiar tu visión de la Pascua de Resurrección

Por Valerie Durrant
Revistas de la Iglesia
Liahona Abril 2018

Al recordar el simbolismo de la Pascua judía, se profundiza nuestro entendimiento y nuestro gozo por la realidad de la Resurrección.

Me encanta la Pascua de Resurrección, un día festivo que conmemora que Jesucristo libró a los hijos de Dios del cautiverio de la muerte y del infierno.

Sin embargo, 1500 años antes de la Resurrección, una festividad similar conmemoraba que Jehová había librado a los hijos de Israel del cautiverio en Egipto.

La Pascua de Resurrección rememora el sacrificio expiatorio del Salvador; la Pascua judía lo presagió. Juntas pueden profundizar nuestro entendimiento de la Resurrección. A continuación vemos solo algunas conexiones entre la Pascua judía y la Pascua de Resurrección.

Pascua judía Pascua de Resurrección
1. La Pascua judía se centraba en el cordero pascual, un macho sin defecto (véase Éxodo 12:5) y sin ningún hueso quebrado (véase Éxodo 12:46). 1. Jesús es el Cordero de Dios (véase Juan 1:29), libre de pecado y sin ningún hueso quebrado (véase Juan 19:36).
2. La cena de Pascua iba acompañada de panes sin levadura, libres de toda corrupción (véanse Bible Dictionary [Diccionario bíblico], “Leaven” [Levadura] y Éxodo 12:8, 15). 2. Jesús es el Pan de Vida, en quien no hay impureza alguna (véase Juan 6:35).
3. La cena de Pascua iba acompañada de hierbas amargas, símbolo del cautiverio de los israelitas (véase Éxodo 12:8). 3. Aunque estemos bajo el yugo del pecado, gracias a que Jesús bebió la amarga copa (véase D. y C. 19:18), podemos superarlo mediante Su expiación (véase 1 Corintios 15:22).
4. La cena de Pascua había de comerse apresuradamente (véase Éxodo 12:11). 4. El cuerpo del Salvador fue preparado con prisa para su sepultura (véase Juan 19:31).
5. Los creyentes que pintaron el marco de la puerta con la sangre del cordero fueron salvos de la muerte física (véase Éxodo 12:7, 13). 5. Los creyentes que toman simbólicamente la sangre del Cordero cada semana durante la Santa Cena y “siempre se acuerdan de él” (D. y C. 20:77, 79) pueden salvarse tanto de la muerte espiritual como de la muerte física (véase Mosíah 4:2).
6. Al día siguiente de que los primogénitos fueron muertos, se declaró la libertad a los israelitas cautivos (véase Éxodo 12:29–32). 6. Al día siguiente de que el Primogénito fue muerto, Jesús declaró la libertad a los que estaban cautivos en el mundo de los espíritus (véase D. y C. 138:18, 31, 42).

¿Qué puedo hacer?

Al tomar la Santa Cena, piensa en cómo podría considerarse como “nuestra Pascua, la forma de recordar nuestra protección, salvación y redención” (Jeffrey R. Holland, “Haced esto en memoria de mí”, Liahona, enero de 1996, pág. 77).

Descubre más

Descubre más maneras de enriquecer la época de la Pascua en el artículo de Liahona “La jornada final y solitaria del Salvador”.

 

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Compartamos nuestro conocimiento de un Salvador

Compartamos nuestro conocimiento
de un Salvador

Por el élder Gary E. Stevenson
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
Liahona Abril 2018

Tomado del discurso “The Knowledge of a Savior” [El conocimiento de un Salvador], pronunciado en la Conferencia de la Universidad Brigham Young para Mujeres, el 5 de mayo de 2017.

Nuestro es el mensaje de paz, y ustedes son los mensajeros que lo predican. Pueden hacerlo por medio de nuevos y emocionantes canales de tecnología.

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Somos la Iglesia de Jesucristo, establecida en los últimos días. Tal como el Señor instruyó a Sus discípulos de antaño, en los últimos días se nos ha mandado “[ir] por todo el mundo y [predicar] el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).

Nefi, el profeta de la antigüedad, resumió de forma concisa esa misión y mensaje, así como su propósito: “Y hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo y escribimos según nuestras profecías, para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados” (2 Nefi 25:26).

En el libro de Mosíah, leemos que el rey Benjamín, antiguo profeta del Libro de Mormón, congregó en el sitio del templo al pueblo que se hallaba en toda aquella tierra, hizo que se edificara una torre y les enseñó. Al enseñarles, también les profetizó de nuestra época: “Y además, te digo que vendrá el día en que el conocimiento de un Salvador se esparcirá por toda nación, tribu, lengua y pueblo” (Mosíah 3:20).

“El conocimiento de un Salvador”

Uno de los dones más preciados que podemos atesorar en nuestra familia y dar a otras personas es “el conocimiento de un Salvador”, o de Jesucristo.

Con el inicio de la dispensación del cumplimiento de los tiempos, la humanidad fue investida de un mayor entendimiento y de un torrente de avances tecnológicos. Esta dispensación vino acompañada de la era industrial y de medios de comunicación, lo que permitió que se cumpliera la profecía del rey Benjamín.

Como miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, llamado a ser un testigo especial “del nombre de Cristo en todo el mundo” (D. y C. 107:23), con asignaciones específicas en el Comité de Asuntos Públicos y en el Comité de Servicios de Comunicación, tengo la oportunidad de centrarme en el cumplimiento de esta profecía —que “el conocimiento de un Salvador” se esparza por todo el mundo— utilizando las últimas tecnologías que están a nuestra disposición.

“Por toda nación, tribu, lengua y pueblo”

Históricamente, los avances que hubo en la imprenta y el invento de la radio y la televisión permitieron que el mensaje de la Restauración llegara a todo el mundo. Hay numerosos ejemplos de eso, algunos de los cuales podemos llegar a recordar.

Diez años después de la Primera Visión, y un mes antes de que se organizara la Iglesia, se publicaron 5000 ejemplares del Libro de Mormón. Desde entonces, se han impreso más de 175 millones de ejemplares.

Cualquier domingo por la mañana, podemos escuchar o mirar la transmisión de Música y palabras de inspiración, programa que se aproxima a su transmisión número 5000. La primera transmisión se llevó a cabo por radio en directo en 1929. La primera transmisión por televisión de la conferencia general se realizó en 1949.

Curiosamente, en 1966, el presidente David O. McKay (1873–1970) comenzó a hablar de cosas que habían de venir: “Descubrimientos con un potencial tan poderoso, tanto para la bendición como para la destrucción de los seres humanos, que hacen que la responsabilidad del hombre de controlarlos sea la más gigantesca que jamás se haya colocado en manos humanas… Esta época está repleta de peligros ilimitados, así como de incontables posibilidades”1.

En 1974, el presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) describió su visión de un día venidero: “El Señor ha bendecido al mundo con muchos… satélites. Están posicionados en lo alto del cielo, transmitiendo señales a casi cada rincón de la superficie de la tierra… Sin duda, estos satélites son solo el comienzo de lo que nos depara el futuro de las transmisiones mundiales… Creo que el Señor está ansioso de poner en nuestras manos inventos que los hombres comunes difícilmente hayamos vislumbrado”2.

Con los avances tecnológicos en los medios de comunicación que en gran parte se producen con el desarrollo de internet, parece que hemos sido testigos en el transcurso de nuestra vida del cumplimiento literal de las profecías del rey Benjamín, del presidente McKay y del presidente Kimball.

Existe, además, un claro modelo de que se están adoptando esas tecnologías para edificar el reino del Señor sobre la tierra. Me gustaría compartir con ustedes algunos ejemplos de eso.

LDS.org y Mormon.org

En 1996, la Iglesia comenzó oficialmente a utilizar internet como una plataforma de mensajería y comunicación. Desde entonces, se han creado alrededor de 260 sitios web patrocinados por la Iglesia, incluso sitios disponibles en casi cada país en el que habitan los miembros de la Iglesia, en el idioma local.

Comparto dos ejemplos conocidos de estos sitios web. El primero es LDS.org, establecido en 1996, que hoy en día recibe más de 24 millones de visitantes nuevos al año y un promedio de más de un millón de visitantes cada semana. Muchos miembros encuentran aquí materiales para enseñar y discursos de conferencias generales pasadas. El segundo es Mormon.org, un sitio web diseñado para presentar el Evangelio a nuestros vecinos y amigos que no son miembros de la Iglesia. Este sitio recibe más de 16 millones de visitantes diferentes al año.

Aplicaciones móviles

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Por supuesto, las tecnologías evolucionan a un ritmo vertiginoso, lo que requiere un esfuerzo y recursos considerables para mantenerse al día. El invento de los teléfonos inteligentes trajo consigo el poder de emplear y acceder a enormes cantidades de información en un dispositivo portátil. Gran parte de esta información está organizada bajo el formato de aplicaciones móviles, o “apps”. La primera aplicación patrocinada por la Iglesia se lanzó en 2007.

Abundan los ejemplos del beneficioso uso de las aplicaciones móviles para difundir nuestro “conocimiento de un Salvador”. No describiré el contenido de las muchas aplicaciones que tenemos al alcance de la mano, pero a continuación aparecen algunos ejemplos de aplicaciones que es probable que reconozcan:

  • Biblioteca del Evangelio
  • Canal Mormón
  • Herramientas SUD
  • Música SUD
  • Árbol Familiar

Millones de usuarios utilizan estas aplicaciones millones de veces a la semana.

Redes sociales

Por definición, las redes sociales son tecnologías computarizadas que permiten que las personas y las organizaciones vean, creen y compartan información, ideas y otras formas de expresión a través de comunidades y redes virtuales.

A partir de alrededor del 2010, la Iglesia comenzó a adoptar seriamente el uso de las redes sociales para difundir “el conocimiento de un Salvador”. Esta es una forma de comunicación digital rápida y dinámica; la velocidad con la que cambia es casi incomparable.

Una característica visible de las redes sociales es que apenas uno se siente familiarizado o cómodo con una plataforma, entonces surge una más nueva, más grande o aparentemente más genial o mejor.

Describiré en pocas palabras cinco plataformas de redes sociales que la Iglesia utiliza como canales de comunicación.

  1. Facebook tiene más de dos mil millones de usuarios alrededor del mundo. Aquí, los usuarios crean su propia red social de amigos en línea.
  2. Instagram es un sitio social que se centra en fotografías y videos.
  3. Pinterest es como una cartelera virtual. Las imágenes, llamadas “pines”, se fijan en un tablero; estas pueden ser frases inspiradoras o imágenes fotográficas de nuestras aspiraciones.
  4. Twitter es una red social que permite a los usuarios enviar y leer mensajes cortos, de 280 caracteres, llamados “tuits”.
  5. Snapchat presenta fotografías y videos cortos que desaparecen inmediatamente o en 24 horas.

Como institución, utilizamos estos sitios de redes sociales de manera poderosa.

Facebook

Tal vez recordarán el tierno mensaje sobre la depresión que el élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dio hace unos años durante la conferencia general3. A partir de ese discurso, se produjo un segmento de video que tuvo más de dos millones de reproducciones tan solo en Facebook, así como muchos miles de Me gusta y comentarios positivos4.

Instagram

grandson in the cockpit

En agosto de 2016, el presidente Dieter F. Uchtdorf publicó un video en Instagram en el que le enseñaba principios del Evangelio a su nieto Erik dentro de —adivinen— ¡la cabina de un avión!5 Miles de personas disfrutaron la publicación del presidente Uchtdorf, y fue acompañada de numerosos comentarios positivos.

En noviembre de 2017, la Iglesia también publicó en su cuenta de Instagram un video del élder Dallin H. Oaks y del élder M. Russell Ballard en el que daban respuesta a la pregunta que hizo una joven adulta acerca de las hermanas que sirven en misiones. Esa publicación fue vista por más de 112 000 personas.

Pinterest

En Pinterest, uno puede hallar miles de pines de LDS.org y aun más de miembros individuales, que inspiran a los demás.

Por ejemplo, muchas personas comparten las palabras de los profetas pasados y presentes. Un pin de una de las enseñanzas del presidente Thomas S. Monson dice: “Tantas cosas en la vida dependen de nuestra actitud”6.

Twitter

Un tuit que el élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, compartió la mañana de Pascua de Resurrección del año pasado se vio 210 000 veces. El élder Bednar demostró que un mensaje simple y breve: “No está aquí, porque ha resucitado” (Mateo 28:6), puede tener un impacto profundo y duradero.

Snapchat

Por último, recientemente aparecieron en Snapchat imágenes y palabras que compartían uno de los mensajes de la Primera Presidencia del presidente Monson.

Riesgos relacionados

Ahora bien, habiendo elogiado todas las virtudes de estas nuevas tecnologías y demostrado el uso apropiado de las mismas, considero que también es prudente analizar algunos de los riesgos relacionados con ellas.

Todos debemos ser conscientes del tiempo que puede consumirse en las redes sociales o con el uso de las aplicaciones móviles. El uso de las redes sociales también supone el riesgo de reducir el contacto cara a cara, lo cual podría perjudicar el desarrollo de las habilidades sociales de muchos de nuestros jóvenes.

No pueden minimizarse los peligros relacionados con el contenido inapropiado; existe en la sociedad una creciente epidemia de adicción a la pornografía, la cual está teniendo un efecto negativo y victimizando aun a los miembros de la Iglesia y sus familias.

Por último, menciono dos riesgos adicionales que se combinan y que afectan prácticamente a todos, incluso a las mujeres jóvenes y a las madres y esposas milénicas. Catalogo estos riesgos como “realidad idealizada” y “comparaciones debilitantes”. Pienso que la mejor manera de describir estos dos riesgos es presentar algunos ejemplos.

En general, las fotografías que se publican en las redes sociales tienden a representar la vida de la mejor manera y, a menudo, hasta de un modo poco realista. Con frecuencia están llenas de imágenes hermosas de decoración del hogar, maravillosos sitios turísticos y preparaciones de comidas elaboradas. El peligro, por supuesto, está en que muchas personas se desalientan porque aparentemente no están a la altura de esta realidad virtual idealizada.

Inspirada por el pin de un pastel de cumpleaños hecho con panqueques, mi sobrina recientemente publicó el resultado de cuando intentó hacer lo mismo. En vez de dejar que eso creara una presión injustificada, ella decidió inspirar a los demás publicando su “fracaso de Pinterest” (véase la foto de los panqueques).

pancake fail

Espero que podamos aprender a tener más humor y sentirnos menos desalentados al contemplar imágenes que puedan representar una realidad idealizada y que, con demasiada frecuencia, podrían conducirnos a hacer comparaciones debilitantes.

Según parece, esto no es una señal exclusiva de nuestra época, sino que, considerando las palabras de Pablo, también sucedía en épocas pasadas: “… pero ellos, midiéndose a sí mismos y comparándose consigo mismos, no son juiciosos” (2 Corintios 10:12).

El élder J. Devn Cornish, de los Setenta, recientemente también ofreció un consejo oportuno: “… nos torturamos inútilmente al competir y compararnos. Erróneamente juzgamos nuestra autoestima según las cosas que tenemos o no tenemos y por las opiniones de los demás. Si tenemos que comparar, comparemos cómo éramos en el pasado a cómo somos hoy, e incluso a cómo queremos ser en el futuro”7.

Permítanme compartir uno de nuestros secretos de familia, el cual se encuentra en esta foto familiar (véase la foto en la siguiente página), tomada hace algunos años, antes de la llegada de las redes sociales. Si esta foto se hubiera tomado hoy en día, probablemente se habría publicado en las redes sociales, presentando a una familia de cuatro chicos apuestos y bien educados, con colores combinados y disfrutando de la oportunidad de tomarse una armoniosa foto familiar todos juntos. ¿Les gustaría conocer la verdadera historia?

Stevenson family photo

Aún recuerdo la llamada de mi esposa. “Gary, ¿dónde estás? Estamos en el estudio exterior del fotógrafo; estamos listos para sacarnos la fotografía. No ha sido fácil cambiar a los niños, coordinarlos y prepararlos. ¿Estás por llegar?”.

En realidad, ¡me había olvidado y aún no había salido de la oficina! Tenía media hora de retraso, y las cosas no habían salido del todo bien en mi ausencia, sino que estaban al borde del caos.

¿Qué había pasado? Mi hijo mayor había estado corriendo por el jardín y había encontrado un manzano, había tomado algunas manzanas y había comenzado a arrojárselas a los otros niños. Le pegó con una manzana en la espalda a nuestro tercer hijo y lo hizo caer, por lo que este empezó a llorar.

Mientras tanto, cuando eso sucedía, mi segundo hijo se sentó y los pantalones se le subieron un poco. Los otros niños vieron que sus calcetines eran calcetas deportivas blancas, y no los calcetines de domingo que su madre le había dejado preparados. Ella le preguntó: “¿Por qué no te pusiste los calcetines para ir a la Iglesia?”.

Él respondió: “Es que no me gustan; son ásperos”.

Y mientras ella está hablando con él, nuestro pequeño de dos años corría por el jardín, tropezó con algo, cayó y comenzó a sangrarle la nariz. La sangre le gotea sobre la camisa blanca de cuello alto, la cual queda manchada. En ese momento llego yo. La única forma de salvar la fotografía fue dar vuelta al cuello y ponerle la camisa al revés para esconder las manchas de sangre.

Resulta que mientras nuestro hijo mayor corría por todas partes arrojando manzanas, se cayó y le quedó una mancha de césped en la rodilla. Así que, en la fotografía, su brazo aparece colocado estratégicamente para tapar las manchas de césped.

En cuanto a nuestro tercer hijo, bueno, esperamos 20 minutos para que sus ojos ya no estuviesen rojos de tanto llorar.

Y, por supuesto, las manchas de sangre ahora están en la parte de atrás de la camisa de nuestro hijo menor.

Ahora, nuestro segundo hijo coloca las manos estratégicamente sobre sus calcetines deportivos blancos a fin de que todo combine.

En cuanto a mí, bueno, Gary se ha metido en un buen problema porque lo que ocasionó todo esto fue que yo llegara tarde.

Así que, cuando vean esta hermosa fotografía de nuestra familia y se lamenten: “¿Por qué no podemos organizarnos y tener una familia perfecta como la de ellos?”, ¡ya saben la verdad!

Las redes sociales y la obra misional

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Como pueden ver, tenemos que ser conscientes de los peligros y riesgos, entre ellos la realidad idealizada y las comparaciones debilitantes. El mundo, por lo general, no es tan radiante como aparece en las redes sociales. No obstante, hay muchas cosas buenas que se han realizado y que se realizarán por medio de estas plataformas de comunicación.

En 2017, el Departamento Misional dio algunas nuevas instrucciones sobre maneras prácticas en que se pueden utilizar las redes sociales en la obra misional. Los muchos recursos digitales que están a nuestra disposición pueden usarse de formas poderosas, fáciles, simples y extremadamente eficaces.

Hay muchísimas aplicaciones para el uso de la tecnología de maneras apropiadas e inspiradas. Debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para enseñar a la nueva generación el uso digno de la tecnología, así como también advertir y prevenir su mal uso y los peligros que eso conlleva. Esto debería ayudarnos a estar seguros de que los beneficios de la tecnología son mayores que los riesgos que conlleva.

“Cuán hermosos son los mensajeros”

Durante el tiempo que pasé meditando y orando profundamente acerca de este mensaje, me levanté temprano una mañana pensando en una canción y la sencillez de su letra: “Cuán hermosos son los mensajeros que nos predican el Evangelio de paz”8.

Nosotros tenemos el mensaje de paz, y ustedes son los hermosos mensajeros que lo predican. Pueden hacerlo por medio de estos nuevos y emocionantes canales de tecnología. Vivimos en un mundo único, en el cumplimiento de los tiempos, con la capacidad de predicar el Evangelio de paz literalmente al alcance de la mano.

Tenemos las palabras proféticas de los profetas antiguos, las cuales describen nuestra época a la perfección y nos ofrecen guía para nuestros días: “Y además, te digo que vendrá el día en que el conocimiento de un Salvador se esparcirá por toda nación, tribu, lengua y pueblo” (Mosíah 3:20).

Asimismo tenemos las palabras que recibimos por medio de la revelación moderna, las cuales nos guían en nuestra época y en nuestras circunstancias. Cito al élder Bednar: “… creo que ha llegado el momento de que nosotros, como discípulos de Cristo, utilicemos estos medios inspirados de manera apropiada y mucho más eficaz para testificar de Dios el Eterno Padre, de Su plan de felicidad para Sus hijos, y de Su Hijo Jesucristo como el Salvador del mundo; para proclamar la realidad de la restauración del Evangelio en los últimos días y para llevar a cabo la obra del Señor”9.

Invito a cada uno de ustedes a considerar plenamente su función de predicar el Evangelio de paz como hermosos mensajeros. Cada uno de nosotros debe hacer su parte para compartir nuestro “conocimiento de un Salvador” con cada nación, tribu, lengua y pueblo. La mejor manera de hacerlo es paso a paso y de un modo único que mejor se adapte a ustedes y a sus familias. Ruego que cada uno de ustedes tenga el valor de bloguear, crear pines, hacer clic en Me gusta, compartir, publicar, conectarse, tuitear y tomar fotos de manera tal que glorifique, honre y respete la voluntad de nuestro amoroso Padre Celestial y lleve el conocimiento de un Salvador a sus familiares, seres queridos y amigos, incluso a sus amigos de las redes sociales.

Notas

  1. David O. McKay, en Conference Report, octubre de 1966, pág. 4.
  2. Spencer W. Kimball, “When the World Will Be Converted”,Ensign,octubre de 1974, págs. 11, 10.
  3. Jeffrey R. Holland, “Como una vasija quebrada”, Liahona,noviembre de 2013, págs. 40–42.
  4. Véase Jeffrey R. Holland, “Mormon Message: Like a Broken Vessel”, 20 de junio de 2016, org.
  5. Véase “President Uchtdorf Relates Flying to Gospel in Post and Video with Grandson”, 30 de septiembre de 2016, org.
  6. Presidente Thomas S. Monson, “Vivamos la vida abundante”,Liahona,enero de 2012, pág. 4.
  7. Devn Cornish, “¿Soy lo suficientemente bueno? ¿Lo lograré?”Liahona,noviembre de 2016, pág. 33.
  8. “How Lovely Are the Messengers”, hymnary.org.
  9. David A. Bednar, “Inundar la tierra a través de las redes sociales”, Liahona,agosto de 2015, pág. 50; véase también David A. Bednar, “Inundar la tierra como con un diluvio” (video),org.

 

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Santos: La historia de la Iglesia – Las planchas de oro

Capítulo 3
Las planchas de oro

Este es el capítulo 3 de una nueva historia de la Iglesia narrada en cuatro tomos y titulada Santos: La historia de la Iglesia de Jesucristo en los últimos días. El libro estará disponible en 14 idiomas en papel impreso, en la sección Historia de la Iglesia de la aplicación Biblioteca del Evangelio y en línea en santos.lds.org. Los siguientes capítulos se irán publicando en los próximos ejemplares hasta que el tomo I se publique más adelante este año. Dichos capítulos estarán disponibles en 47 idiomas en la aplicación Biblioteca del Evangelio y en santos.lds.org. El capítulo 2 describe la Primera Visión de José, en la que vio al Padre y al Hijo en la primavera de 1820.
Liahona Abril 2018

Me llamó por mi nombre, por Michael Malm

Pasaron tres años y tres cosechas. José se ocupaba casi todos los días desmalezando terrenos, removiendo la tierra y trabajando como jornalero a fin de ahorrar dinero para el pago en efectivo que la familia hacía una vez al año por su propiedad. Debido a estas labores, le era imposible ir a la escuela muy a menudo y pasaba la mayor parte del tiempo libre con su familia o con otros jornaleros.

José y sus amigos eran jóvenes y alegres y a veces hacían tonterías, pero José aprendió que ser perdonado una vez no significaba que nunca más tendría que volver a arrepentirse. Tampoco su gloriosa visión dio respuesta a todas sus preguntas ni acabó para siempre con su confusión1, así que trató de permanecer cerca de Dios. Leyó la Biblia, confió en el poder de Dios para salvarle y obedeció el mandamiento del Señor de que no debía unirse a ninguna iglesia.

Al igual que mucha gente del lugar, como su padre, José creía que Dios podía revelar conocimiento por medio de objetos como varas y piedras, como lo había hecho con Moisés, Aarón y otras personas de la Biblia2. Un día, mientras ayudaba a un vecino a cavar un pozo, encontró una pequeña piedra enterrada profundamente. Consciente de que a veces la gente utiliza piedras especiales para buscar objetos perdidos o tesoros ocultos, José se preguntó si habría encontrado una de esas piedras y, al examinarla, vio cosas que eran invisibles para el ojo natural3.

El don que José tenía para usar la piedra impresionó a su familia, que lo vio como una señal de la aprobación divina4. Pero aun cuando tenía el poder de un vidente, José aún no estaba seguro de si Dios estaba complacido con él. Ya no sentía el perdón ni la paz que había sentido después de la visión del Padre y del Hijo. En cambio, solía sentirse censurado a causa de sus debilidades e imperfecciones5.

El 21 de septiembre de 1823, José, que ya tenía 17 años, estaba acostado despierto en la habitación del ático que compartía con sus hermanos. Esa noche se había quedado levantado hasta tarde, escuchando a su familia hablar de las diferentes iglesias y las doctrinas que enseñaban. Ahora todos dormían y el silencio reinaba en la casa6.

En la oscuridad de su habitación, José comenzó a orar, suplicando con fervor que Dios le perdonara sus pecados. Anhelaba estar en comunión con un mensajero celestial que pudiera asegurarle su condición y posición ante el Señor y darle el conocimiento del Evangelio que se le había prometido en la arboleda. José sabía que Dios había contestado sus oraciones antes y confiaba plenamente en que lo haría otra vez.

Mientras oraba, junto a la cama apareció una luz que se hizo más brillante hasta iluminar toda la estancia. José miró hacia arriba y vio a un ángel en el aire. El ángel llevaba puesta una túnica blanca que le llegaba hasta las muñecas y los tobillos. La luz parecía emanar de él, y su rostro brillaba como un relámpago.

Al principio José tuvo miedo, pero pronto rebosó de paz. El ángel lo llamó por su nombre y dijo que se llamaba Moroni; le declaró que Dios le había perdonado sus pecados y que ahora tenía una obra para él. Dijo que el nombre de José se tomaría para bien y para mal entre todo pueblo7.

Moroni habló de unas planchas de oro enterradas en un cerro cercano. En ellas estaba grabada la historia de un pueblo que habitó antiguamente en las Américas. El registro relataba sus orígenes y narraba cómo el Salvador los había visitado y les había enseñado la plenitud de Su evangelio8. Moroni dijo que enterradas con las planchas había dos piedras de vidente que, tiempo después, José llamó el Urim y Tumim, o intérpretes. El Señor había preparado esas piedras para ayudar a José a traducir el registro. Ambas piedras diáfanas estaban sujetas una a la otra y aseguradas a un pectoral9.

Durante el resto de la visita Moroni citó profecías de los libros bíblicos de Isaías, Joel, Malaquías y Hechos, y explicó que el Señor vendría pronto, y que la familia humana no cumpliría el propósito de su creación a menos que antes se renovara el antiguo convenio de Dios10. Moroni dijo que Dios había escogido a José para renovar el convenio y que si decidía ser fiel a los mandamientos, él sería quien revelaría el registro que se hallaba en las planchas11.

Antes de partir, el ángel mandó a José que cuidara de las planchas y no las mostrara a nadie, a menos que se le indicara hacerlo, y le advirtió que sería destruido si desobedecía ese consejo. Entonces la luz se concentró alrededor de Moroni y este ascendió al cielo12.

Mientras José permanecía acostado pensando en la visión, la luz inundó el cuarto nuevamente y Moroni se apareció y repitió el mismo mensaje de antes. Luego partió, solo para volver a aparecer y comunicar su mensaje por tercera vez.

“Ahora bien, José, ten cuidado”, dijo. “Cuando vayas a obtener las planchas, tu mente se llenará de oscuridad, y por ella pasará toda clase de mal para evitar que guardes los mandamientos de Dios”. A fin de que José recibiera apoyo, Moroni lo instó a hablarle a su padre acerca de las visiones.

—Él creerá cada una de tus palabras —le prometió el ángel13.

A la mañana siguiente José no dijo nada en cuanto a Moroni, aunque sabía que su padre también creía en las visiones y los ángeles. Junto con su padre y Alvin, pasó la mañana cosechando un campo cercano.

El trabajo era arduo y y José intentaba seguirle el paso a su hermano mientras oscilaban sus guadañas de un lado a otro entre las altas espigas. Pero las visitas de Moroni lo habían tenido despierto toda la noche y sus pensamientos se dirigían una y otra vez al registro antiguo y al cerro donde estaba enterrado.

Pronto dejó de trabajar y Alvin se dio cuenta. “Debemos seguir trabajando”, le gritó, “o no acabaremos nuestra labor”14.

José intentó trabajar con mayor ahínco y rapidez, pero no importaba lo que hiciera, no podía seguir el ritmo de Alvin. Tras unos momentos, su padre notó que estaba pálido y que había dejado de trabajar de nuevo. “Vete a casa”, le dijo, creyendo que su hijo estaba enfermo.

José obedeció a su padre y se dirigió a casa tambaleante, pero al tratar de cruzar una cerca, se desplomó y quedó exhausto en el suelo.

Mientras yacía allí, recobrando las fuerzas, vio una vez más a Moroni arriba de él, rodeado de luz. “¿Por qué no le dijiste a tu padre lo que te conté?”, le preguntó.

José respondió que tenía miedo de que su padre no le creyera.

—Te creerá —le aseguró Moroni, y entonces repitió el mensaje que había comunicado la noche anterior15.

Su padre lloró cuando José le habló del ángel y su mensaje. “Fue una visión de Dios”, le dijo. Haz lo que te ha mandado16.

Fotografía aérea del cerro Cumorah y sus alrededores por Craig Dimond

José partió de inmediato hacia el cerro. Durante la noche, Moroni le había mostrado en una visión dónde estaban escondidas las planchas, por lo que sabía a donde ir. El cerro, uno de los mayores del lugar, estaba a unos cinco kilómetros de su casa. Las planchas estaban enterradas bajo una piedra grande y redonda en la ladera occidental, no lejos de la cima.

Mientras caminaba, José pensaba en las planchas; aunque sabía que eran sagradas, le costaba resistirse a pensar en cuánto valdrían. Había oído relatos de tesoros escondidos, protegidos por espíritus guardianes, pero Moroni y las planchas que describió eran diferentes de esos relatos. Moroni era un mensajero celestial designado por Dios para entregar el registro de forma segura a Su vidente escogido, y las planchas no eran valiosas porque fueran de oro, sino porque testificaban de Jesucristo.

Aun así, José no podía dejar de pensar en que ahora sabía exactamente dónde encontrar un tesoro lo bastante grande como para librar a su familia de la pobreza17.

Al llegar al cerro, José halló el sitio que había visto en la visión y comenzó a cavar en la base de la roca hasta que logró ver las orillas. Entonces tomó una rama de buen tamaño y la utilizó como palanca para levantar la piedra y moverla a un lado18.

Debajo de la roca había una caja cuyas paredes, al igual que la base, estaban hechas de piedra. Al mirar dentro, José vio las planchas de oro, las piedras de vidente y el pectoral19. Las planchas estaban cubiertas de una escritura antigua y unidas entre sí por tres anillas o aros; cada plancha era delgada y medía unos 15 centímetros de ancho por 20 largo. Además, una sección de las planchas parecía estar sellada para que nadie pudiera leerlas20.

Asombrado, José se preguntó nuevamente cuánto valdrían las planchas. Extendió la mano para tocarlas y sintió como una descarga que recorrió su cuerpo. Alejó rápidamente la mano, aunque luego intentó tomar las planchas dos veces más, y cada vez volvió a recibir una sacudida.

—¿Por qué no puedo obtener el libro? —exclamó—.

—Porque no has guardado los mandamientos del Señor —declaró una voz cercana21.

José se dio la vuelta y vio a Moroni. En ese mismo instante el mensaje de la noche anterior colmó su mente y entendió que había olvidado el verdadero propósito del registro. Comenzó a orar y su mente y su alma se abrieron al Espíritu Santo.

“Mira”, mandó Moroni. Se desplegó otra visión ante José y vio a Satanás rodeado de sus innumerables huestes. “Todo esto se te muestra: lo bueno y lo malo, lo santo y lo impuro, la gloria de Dios y el poder de las tinieblas”, declaró el ángel, “para que de aquí en adelante conozcas ambos poderes y nunca influya en ti, ni te venza, lo inicuo”.

Mandó a José que purificara su corazón y fortaleciera su mente para recibir el registro. “Si estas cosas sagradas han de obtenerse, debe ser por la oración y la fidelidad para obedecer al Señor”, explicó Moroni. “No se hallan depositadas aquí a fin de acumular ganancias y riqueza para la gloria de este mundo. Fueron selladas por la oración de fe”22.

José preguntó cuándo podría tener las planchas.

—El próximo 22 de septiembre —dijo Moroni—, si la persona correcta viene contigo.

—¿Quién es la persona correcta? —inquirió José—.

—Tu hermano mayor23.

Ya desde niño, José sabía que podía confiar en su hermano mayor. Alvin tenía 25 años y probablemente se podría haber comprado su propia granja si hubiera querido, pero había decidido quedarse en la granja de la familia porque deseaba ayudar a sus padres a establecerse y estar seguros en sus tierras cuando envejecieran. Alvin era serio y muy trabajador, y José lo amaba y admiraba muchísimo24.

Tal vez Moroni sintió que José necesitaba de la sabiduría y fortaleza de su hermano para llegar a ser la clase de persona a la que el Señor podía confiar las planchas.

Cuando regresó a casa esa noche, José estaba cansado, pero no bien cruzó la puerta, los miembros de su familia se juntaron alrededor de él, ansiosos por saber qué había encontrado en el cerro. José comenzó a hablarles de las planchas, pero Alvin lo interrumpió cuando se dio cuenta de lo agotado que se veía.

“Vamos a dormir”, dijo, “y nos levantaremos temprano en la mañana para ir a trabajar”. Al día siguiente habría tiempo de sobra para escuchar el resto del relato de José. “Si madre nos prepara la comida temprano”, prosiguió, “entonces tendremos una linda y larga velada para sentarnos a escucharte”25.

La noche siguiente José compartió lo que había sucedido en el cerro y Alvin le creyó. Por ser el hijo mayor de la familia, siempre se había sentido responsable del bienestar físico de sus padres ya entrados en años. Él y sus hermanos habían comenzado, incluso, a edificar una casa más grande para la familia para que estuvieran más cómodos.

Ahora parecía que José estaba velando por el bienestar espiritual de ellos. Noche tras noche cautivaba a la familia hablándoles de las planchas de oro y del pueblo que las había escrito. La familia se volvió más unida y en su hogar reinó la paz y la felicidad. Todos sentían que algo maravilloso estaba a punto de suceder26.

Pero entonces, una mañana de otoño, menos de dos meses después de la visita de Moroni, Alvin volvió a casa con un intenso dolor en el estómago. Sumido en la agonía, le rogó a su padre que pidiera ayuda. Cuando finalmente llegó un médico, le dio a Alvin una abundante dosis de una medicina blancuzca que solo empeoró las cosas.

Alvin pasó varios días en cama, retorciéndose de dolor. Sabiendo que posiblemente iba a morir, mandó llamar a José. “Haz todo lo que esté a tu alcance para obtener el registro”, le dijo Alvin. “Sé fiel para recibir instrucciones y guardar todo mandamiento que se te dé”27.

Alvin murió poco tiempo después y el hogar se sumió en el pesar. En su funeral, un predicador dio a entender que Alvin había ido al infierno y utilizó su muerte para advertir a los demás de lo que les sucedería a menos que Dios intercediera para salvarlos. Joseph Smith estaba furioso. Su hijo había sido un buen muchacho y no podía creer que Dios lo condenaría28.

Sin Alvin, se acabaron las conversaciones sobre las planchas. Él había sido un defensor tan acérrimo del llamamiento divino de José, que cualquier mención de ellas les recordaba su muerte y la familia no podía soportarlo.

José echaba terriblemente de menos a Alvin y su muerte fue un mal trago para él. Había tenido la esperanza de contar con su hermano mayor para obtener el registro, pero ahora se sentía abandonado29.

En la cima del cerro Cumorah hay una estatua de Moroni para conmemorar el lugar en el que José Smith vio por primera vez las planchas del Libro de Mormón el 22 de septiembre de 1823, y que obtuvo exactamente cuatro años más tarde.

Cuando finalmente llegó el día de regresar al cerro, José fue solo. Sin Alvin, no estaba seguro de si el Señor le confiaría las planchas, pero pensó que podría guardar todo mandamiento que el Señor le había dado, como le había aconsejado su hermano. Las instrucciones de Moroni para obtener las planchas eran claras. “Debes tomarlas e ir directamente a casa sin demora”, le había dicho el ángel, “y asegurarlas bajo llave”30.

Una vez en el cerro, José movió la roca, metió las manos en la caja de piedra y sacó las planchas. Entonces le pasó por la mente el pensamiento de que los demás objetos de la caja eran valiosos y que debía ocultarlos antes de irse. Depositó las planchas en el suelo y se dio la vuelta para cubrir la caja, pero cuando volvió a donde las había dejado, estas habían desaparecido. Alarmado, se arrodilló y suplicó para saber dónde se hallaban.

Se apareció Moroni, quien le dijo que un vez más no había seguido las instrucciones. No solo había depositado las planchas en el suelo sin haberlas asegurado, sino que también las había apartado de su vista. Aun cuando el joven vidente estaba dispuesto a hacer la obra del Señor, todavía no era capaz de proteger el antiguo registro.

José estaba decepcionado consigo mismo, pero Moroni le dijo que volviera por las planchas al año siguiente. También le enseñó más sobre el plan del Señor para el reino de Dios y la gran obra que empezaba a desplegarse.

Sin embargo, después de la partida del ángel, José descendió el cerro cabizbajo, preocupado por lo que pudiera pensar su familia cuando lo vieran llegar con las manos vacías31. Al entrar en la casa, todos le estaban aguardando. Su padre le preguntó directamente si tenía las planchas.

—No —dijo—, no pude obtenerlas.

—¿Las viste?

—Sí, pero no pude traerlas.

—Si yo fuera tú, las habría traído —dijo su padre.

—No sabes lo que dices —dijo José—. No pude obtenerlas porque el ángel del Señor no me lo permitió32.

En saints.lds.org hay, en inglés, una lista completa de las obras citadas.

La palabra Tema en las notas indica que existe información adicional en línea en santos.lds.org.

Notas

  1. Joseph Smith History, 1838–1856, volume A-1, 4–5, en JSP,H1, pág. 220 (borrador 2); Joseph Smith History, alrededor del verano de 1832, pág. 1, en JSP, H1, pág. 11.
  2. “Joseph Smith as Revelator and Translator”, en JSP,MRB, pág. XXI; Turley, Jensen y Ashurst-McGee, “Joseph the Seer”, págs. 49–50; véase también Mosíah 8:17Alma 37:6–7, 41 y Doctrina y Convenios 10:1, 4 (Revelation, primavera de 1829, en josephsmithpapers.org).
  3. Bushman, Rough Stone Rolling,págs. 48–49; Bushman, “Joseph Smith as Translator”, pág. 242. Tema: Seer Stones [Piedras de vidente]
  4. Lucy Mack Smith, History, 1845, pág. 95; véase también Alma 37:23.
  5. Joseph Smith History, alrededor del verano de 1832, pág. 4, en JSP,H1, págs. 13–14; José Smith—Historia 1:28–29; Joseph Smith History, 1838–56, volume A-1, 5, en JSP, H1, págs. 218–220 (borrador 2).
  6. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 3, pág. [10].
  7. Joseph Smith History, alrededor del verano de 1832, pág. 4, en JSP,H1, págs. 13–14; José Smith—Historia 1:29–33; Joseph Smith History, 1838–56, volume A-1, 5, en JSP, H1, págs. 218–222 (borrador 2); Pratt, Interesting Account, pág. 6, en JSP H1, pág. 524; Hyde, Ein Ruf aus der Wüste, págs. 17–20. Tema: Angel Moroni [El ángel Moroni]
  8. Joseph Smith, Journal, 9–11 de noviembre de 1835, en JSP,J1, pág. 88.
  9. José Smith—Historia 1:35; Joseph Smith History, 1838–1856, volume A-1, 5, en JSP,H1, pág. 222 (borrador 2); Joseph Smith History, alrededor del verano de 1832, pág. 4, en JSP, H1, pág. 14; Oliver Cowdery, “Letter IV”, LDS Messenger and Advocate,febrero de 1835, tomo I, págs. 65–67; Turley, Jensen y Ashurst-McGee, “Joseph the Seer”, págs. 49–54; “Mormonism—No. II”,Tiffany’s Monthly, julio de 1859, pág. 164. Tema: Seer Stones [Piedras de vidente]
  10. José Smith—Historia 1:36–41; Joseph Smith History, 1838–56, volume A-1, 5–6, en JSP,H1, págs. 222–226 (borrador 2); Joseph Smith, Journal, 9–11 de noviembre de 1835, en JSP, J1, págs. 88–89.
  11. Oliver Cowdery, “Letter IV”, LDS Messenger and Advocate,febrero de 1835, tomo I, págs. 78–79; Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 3, [pág. 11].
  12. José Smith—Historia 1:42–43; Joseph Smith History, 1838–56, volume A-1, 6, en JSP,H1, pág. 226 (borrador 2).
  13. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 3, págs. [10]–[11]; Oliver Cowdery, “Letter IV”, LDS Messenger and Advocate,febrero de 1835, tomo I, págs. 79–80; Oliver Cowdery, “Letter VII”, LDS Messenger and Advocate,julio de 1835, tomo I, págs. 156–157; José Smith—Historia 1:44–46; Joseph Smith History, 1838–56, volume A-1, 6–7, en JSP, H1, págs. 230–232 (borrador 2); Joseph Smith, Journal, 9–11 de noviembre de 1835, en JSP, J1, págs. 88–89.
  14. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 3, pág. [11]; véase también Smith, William Smith on Mormonism,pág. 9.
  15. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 3, pág. [11]; Smith, Biographical Sketches,pág. 82; José Smith—Historia 1:48–49; Joseph Smith History, 1838–56, volume A-1, pág. 7, en JSP,H1, págs. 230–232 (borrador 2); Joseph Smith, Journal, 9–11 de noviembre de 1835, en JSP, J1, pág. 89.
  16. Joseph Smith, Journal, 9–11 de noviembre de 1835, en JSP,J1, pág. 89.
  17. Oliver Cowdery, “Letter VIII”, LDS Messenger and Advocate,octubre de 1835, tomo II, págs. 195–197.Tema: Treasure Seeking [Buscadores de tesoros]
  18. Oliver Cowdery, “Letter VIII”, LDS Messenger and Advocate,octubre de 1835, tomo II, págs. 195–197; José Smith—Historia 1:51–52; Joseph Smith History, 1838–56, volume A-1, págs. 6–7, en JSP,H1, págs. 230–232 (borrador 2); véase también Packer, “A Study of the Hill Cumorah”, págs. 7–10.
  19. José Smith—Historia 1:52; Joseph Smith History, 1838–56, volume A-1, pág. 7, en JSP,H1, pág. 232 (borrador 2). Tema: Las planchas de oro
  20. José Smith, “Church History”, Times and Seasons,1 de marzo de 1842, tomo III, pág. 707, en JSP, tomo H1, pág. 495.
  21. Oliver Cowdery, “Letter VIII”, LDS Messenger and Advocate,octubre de 1835, tomo II, págs. 197–198; véase también Pratt,Interesting Account,pág. 10, en JSP, H1, págs. 527–529.
  22. Oliver Cowdery, “Letter VIII”, LDS Messenger and Advocate,octubre de 1835, tomo II, págs. 198–199.
  23. Knight, Reminiscences, pág. 1; Joseph Smith, Journal, 9–11 de noviembre de 1835, en JSP,J1, pág. 89; José Smith—Historia 1:53–54; Joseph Smith History, 1838–56, volume A-1, pág. 7, enJSP, H1, págs. 232–234 (borrador 2); véase también Jessee, “Joseph Knight’s Recollection of Early Mormon History”, pág. 31.
  24. Joseph Smith, Journal, 23 de agosto de 1842, en JSP,J1, págs. 116–117.
  25. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 3, pág. [12]; libro 4, pág. [3]; Smith, Biographical Sketches,pág. 83.
  26. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 4, págs. [1]–[3]; Smith, Biographical Sketches,págs. 86–87; véanse también Lucy Mack Smith, History, 1845, pág. 89; y Bushman, Refinement of America, págs. 425–427. Tema: Joseph Sr. and Lucy Mack Smith Family [La familia de Joseph y Lucy Mack Smith]
  27. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 4, págs. [3]–[5].
  28. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 4, págs. [6]–[8]; “Wm. B. Smith’s Last Statement”, Zion’s Ensign,13 de enero de 1894, pág. 6.
  29. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 4, pág. [7]; Joseph Smith, Journal, 23 de agosto de 1842, en JSP,J2, págs. 116–117.
  30. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 4, págs. [2]–[3].
  31. Lucy Mack Smith, History, 1844–1845, libro 4, págs. [2]–[3]; Smith, Biographical Sketches,págs. 85–86; Knight, Reminiscences, pág. 1José Smith—Historia 1:54; Lucy Mack Smith, History, 1845, pág. 88; véase también Jessee, “Joseph Knight’s Recollection of Early Mormon History”, pág. 31.
  32. Smith, Biographical Sketches, pág. 86.

 

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Entendamos el islam

Entendamos el islam

Por Daniel C. Peterson
Profesor de Estudios Islámicos y Árabe de la Universidad Brigham Young
Liahona Abril 2018

Nota: Debido a que es importante entender a los miembros de otras religiones, los líderes de la Iglesia sintieron que podría ser de utilidad brindar un resumen de la historia y de las enseñanzas del islam, la segunda religión más grande del mundo.

Fotografías de Getty Images

Mosaico del siglo XIX que ilustra la Kaaba en La Meca, la ciudad donde nació Mahoma y la más sagrada del mundo islámico.

Para bien o para mal, prácticamente no pasa un día sin que el islam o los musulmanes aparezcan en las noticias. Es de comprender que muchas personas que no son musulmanas —entre ellas los Santos de los Últimos Días— sientan curiosidad, y hasta preocupación. ¿Tenemos algo en común con nuestros vecinos musulmanes? ¿Podemos vivir y trabajar juntos?

En primer lugar, podría ser útil entender algunos antecedentes históricos:

En el año 610 d. C., un mercader árabe llamado Mahoma ascendió a los montes de su ciudad natal de La Meca para reflexionar y orar sobre la confusión religiosa que lo rodeaba. Luego comentó que había recibido una visión en la que fue llamado como un profeta para su pueblo. Este acontecimiento marca el inicio de la religión conocida como el islam, palabra que significa “sumisión” (a Dios). A un creyente del islam se le llama musulmán, lo cual significa “que se somete”.

A partir de entonces, Mahoma dijo que recibió muchas revelaciones hasta el día de su muerte casi 25 años después. Las compartió primero con los residentes de su ciudad natal, advirtiéndoles de juicios divinos que vendrían; llamando a quienes lo escuchaban a arrepentirse y a tratar debidamente a las viudas, los huérfanos y los pobres; y predicando la resurrección universal de los muertos y el juicio final de Dios.

Sin embargo, el ridículo y la persecución que él y sus seguidores padecieron se volvieron tan intensos que se vieron obligados a huir a la ciudad de Medina, a unos cuatro días a camello hacia el norte.

Allí, el rol de Mahoma cambió drásticamente1. De ser solamente un predicador y una voz de advertencia, llegó a ser el legislador, el juez y el líder político de una importante ciudad árabe y, con el tiempo, de la península arábiga. Ese primer establecimiento de una comunidad de creyentes le dio al islam una identidad religiosa arraigada en la ley y la justicia que continúa siendo una de sus características más notables y significativas.

Después de la muerte de Mahoma en el año 632 d. C., surgieron dos facciones principales entre sus seguidores, las cuales se dividieron inicialmente por estar en desacuerdo sobre quién debía sucederlo como líder de la comunidad islámica2. La mayor de ellas ha llegado a llamarse sunismo (debido a que afirma seguir la Sunna, o las prácticas habituales de Mahoma). La otra, que creció en torno al yerno de Mahoma, Alí, se llamó shi‘at ‘Ali (la facción de Alí) y en la actualidad es ampliamente conocida como el chiismo. A diferencia de los suníes, los chiíes (conocidos como musulmanes chiitas) creen que el derecho de suceder a Mahoma como líderes de la comunidad pertenece propiamente al familiar varón más cercano del profeta Mahoma, Alí, y a sus herederos.

A pesar de tales desacuerdos, el mundo islámico ha sido más unido, como religión, que el cristianismo. Es más, por varios siglos, hasta después de alrededor del año 800 d. C., podría decirse que la civilización islámica era la más avanzada del mundo en cuanto a la ciencia, la medicina, la matemática y la filosofía.

Fuentes de la doctrina y las prácticas musulmanas

Las revelaciones declaradas por Mahoma se agruparon en un libro llamado el Corán (del verbo árabe qara’a, “leer” o “recitar”) una década o dos después de su muerte. El Corán, que se compone de 114 capítulos, no es un relato acerca de Mahoma. Al igual que Doctrina y Convenios, no es una narrativa en lo absoluto; los musulmanes lo consideran la palabra (y las palabras) de Dios dadas directamente a Mahoma3.

Los cristianos que lo lean hallarán temas familiares. Enseña, por ejemplo, que Dios creó el universo en siete días, que colocó a Adán y a Eva en el Jardín de Edén, que el diablo los tentó, que cayeron y que se llamó a una línea de profetas posteriores (la mayoría de los cuales también aparecen en la Biblia). Estos profetas se describen en el Corán como musulmanes, debido a que habían sometido su voluntad a Dios.

Abraham, quien se describe como un amigo de Dios, aparece de forma destacada en el texto4. (Entre otras cosas, se cree que él recibió revelaciones que escribió, pero que se han perdido5). Moisés, Faraón y el éxodo de los hijos de Israel también aparecen en el texto.

Sorprendentemente, María, la madre de Jesús, se menciona 34 veces en el Corán, en comparación con las 19 veces que se hace mención de ella en el Nuevo Testamento. (Ella es, de hecho, la única mujer que se nombra en el Corán).

Un refrán coránico constante es la doctrina del tawhid, una palabra que podría traducirse como “monoteísmo” o, más literalmente, “hacer uno”. Representa uno de los principios fundamentales del islam: que solo hay un único ser divino. “No ha engendrado ni ha sido engendrado”, declara el Corán, “y no hay nadie igual a Él”6. Lo que se desprende de esto es seguramente la distinción más importante entre el islam y el cristianismo: los musulmanes no creen en la deidad de Jesucristo o del Espíritu Santo. Esto también indica que, aunque todas las personas son creaciones de Dios por igual, según la doctrina islámica no somos Sus hijos.

Sin embargo, los musulmanes creen que Jesús ha sido un profeta de Dios sin pecado, nacido de una virgen y destinado a desempeñar un rol principal en los sucesos de los últimos días. Se lo menciona con frecuencia y reverencia en el Corán.

Enseñanzas y prácticas musulmanas básicas

Los denominados “cinco pilares del islam” —resumidos de forma más concisa no en el Corán sino en una declaración que tradicionalmente se atribuye a Mahoma— establecen una doctrina básica del islam:

  1. El testimonio

Si el islam tiene un credo universal, es la shahada, “profesión de fe” o “testimonio”. El término hace referencia a una fórmula árabe que, traducida, dice lo siguiente: “Testifico que no hay más divinidad que Dios [Alá] y que Mahoma es el mensajero de Dios”. La shahada es la entrada al islam; el recitarla con una convicción sincera es convertirse en musulmán.

El equivalente árabe de la palabra Dios es Alá. Es una contracción de las palabras al- (“el”) y ilah (“dios”); no se trata de un nombre propio sino de un título y está íntimamente relacionado con la palabra hebrea Elohim.

Debido a que no existe el sacerdocio islámico, no hay ordenanzas del sacerdocio, ni tampoco hay una única “iglesia” islámica. Por consiguiente, profesar la shahada es, en cierto sentido, el equivalente islámico del bautismo. La actual falta de una estructura de liderazgo formal, unificada y mundial tiene otras implicaciones. Por ejemplo, no hay un líder global de los musulmanes, nadie que hable en nombre de toda la comunidad. (Mahoma es considerado casi universalmente el último profeta). Esto también significa que no existe una iglesia de la cual los terroristas o “herejes” puedan ser excomulgados.

  1. La oración

Muchos que no son musulmanes están al tanto del rito musulmán de la oración llamado salat, el cual implica un número específico de postraciones físicas, cinco veces al día. Recitar versículos prescritos del Corán y tocar el suelo con la frente demuestra una humilde sumisión a Dios. Una clase de oración más espontánea, llamada du‘a,puede ofrecerse en cualquier momento sin necesidad de que uno se postre.

Para las oraciones del viernes al mediodía, los musulmanes varones deben orar en una mezquita (del término árabe masjid, o “lugar de postración”) y se alienta a las mujeres musulmanas a que hagan lo mismo. Allí, en grupos separados por sexo, forman líneas y oran dirigidos por el imán (del término árabe amama, el cual significa “frente a”) de la mezquita y escuchan un breve sermón. Los viernes, sin embargo, no son el equivalente al día de reposo; si bien el “fin de semana” en la mayoría de los países musulmanes se centra en el yawm al-jum‘a (“el día de reunión”) o viernes, trabajar ese día no se considera un pecado.

  1. La limosna

El zakat (que significa “aquello que purifica”) supone hacer donaciones caritativas para ayudar a los pobres, así como también a mezquitas y otros proyectos islámicos. Por lo general se estima que es el 2,5 por ciento del capital total de cada musulmán por encima de cierto monto mínimo. En algunos países musulmanes lo recaudan las instituciones gubernamentales; en otros es voluntario.

  1. El ayuno

Cada año, los musulmanes devotos se abstienen de comer, beber y tener relaciones sexuales desde la salida hasta la puesta del sol durante todo el mes lunar de Ramadán. Además, se dedican a hacer actos de caridad especiales para los pobres y a leer el Corán durante el mes7.

  1. La peregrinación

Los musulmanes que cuenten con la salud y los recursos para hacerlo deben realizar una peregrinación hasta La Meca al menos una vez en la vida. (Por lo general se incluye, pero no se requiere, una visita a Medina, la segunda ciudad más sagrada del islam). Para los musulmanes fieles, dicha peregrinación es un acontecimiento profundamente espiritual y emotivo, algo similar a ir a la conferencia general en persona o a entrar en el templo por primera vez.

Algunos asuntos de actualidad

Los tres puntos centrales de la preocupación de los que no son musulmanes con respecto al islam son la violencia religiosa, la ley islámica —o sharia— y la forma en que el islam trata a las mujeres.

Algunos extremistas han utilizado el término yihad para referirse exclusivamente a la “guerra santa”, pero la palabra en realidad significa “esfuerzo práctico”, a diferencia de “simplemente” orar y estudiar las Escrituras.

Los juristas y pensadores musulmanes han ido variando su interpretación de la yihad. Las fuentes legales convencionales sostienen, por ejemplo, que una yihad militar aceptable debe ser defensiva y que se debe advertir a los oponentes y darles la oportunidad de cesar las acciones provocadoras. Hoy en día, algunos juristas y otros pensadores musulmanes sostienen que la yihad puede indicar cualquier acción práctica que tenga la intención de beneficiar a la comunidad islámica o mejorar el mundo en general. Se dice que Mahoma había señalado una diferencia entre la “yihad mayor” y la “yihad menor”. Esta última, dijo él, es la guerra, pero la yihad mayor es combatir la injusticia, así como también la resistencia personal que uno demuestra al vivir con rectitud.

El terrorismo islamista actual se adjudica raíces religiosas, pero podría decirse que refleja reclamos sociales, políticos y económicos que guardan poca o ninguna relación con la religión como tal8. Además, es importante reconocer que la gran mayoría de los musulmanes del mundo no se han unido a la violencia de los terroristas9.

La sharia es otro tema de preocupación para algunas personas que no son musulmanas. Se trata de un código de conducta musulmana tomado del Corán y del hadiz —pequeños informes de lo que Mahoma y sus compañeros dijeron o hicieron que proporcionan un modelo de conducta musulmana y asimismo complementan y explican pasajes coránicos—10. La sharia contiene reglas de vestimenta tanto para el hombre como para la mujer (tales como el uso del hiyab, o velo); aunque algunos países musulmanes las imponen, en otras naciones se deja a criterio personal. La sharia también cubre aspectos tales como la higiene personal, la hora y el contenido de la oración y las reglas que regulan el matrimonio, el divorcio y la herencia. Por consiguiente, cuando los musulmanes señalan en las encuestas que desean regirse por la sharia, pueden estar haciendo una declaración política o no; simplemente podrían estar declarando que aspiran a tener una verdadera vida musulmana.

Muchas personas que no son musulmanas, cuando piensan en la forma en que el islam trata a la mujer, piensan de inmediato en la poligamia y en los velos. Sin embargo, la realidad cultural es mucho más compleja. Muchos pasajes del Corán declaran que la mujer es igual al hombre, mientras que otros parecen asignarle roles secundarios. Ciertamente, existen prácticas en muchos países islámicos —a menudo con raíces en la cultura tribal preislámica u otras costumbres preexistentes— que consideran a la mujer como subordinada. Sin embargo, la forma en que los musulmanes ven los papeles de las mujeres varía considerablemente de país a país e incluso dentro de los países.

Cómo perciben el islam los Santos de los Últimos Días

A pesar de la diferencia en nuestras creencias, ¿en qué forma pueden los Santos de los Últimos Días abordar el hecho de entablar relaciones con los musulmanes?

Antes que nada, debemos reconocer el derecho de los musulmanes de que “adoren cómo, dónde o lo que deseen” (Artículos de Fe 1:11). En 1841, los Santos de los Últimos Días del municipio de Nauvoo aprobaron una ordenanza sobre la libertad religiosa que garantizaba “la libre tolerancia y los mismos privilegios” para “los católicos, presbiterianos, metodistas, bautistas, Santos de los Últimos Días, cuáqueros, episcopales, universalistas, unitarios, mahometanos [musulmanes] y todas las demás sectas y denominaciones religiosas, cualesquiera que sean”11.

Debemos recordar, además, que nuestros líderes de la Iglesia por lo general han sido profundamente positivos en su aprecio por el fundador del islam. En 1855, por ejemplo, en una época en la que muchos cristianos tachaban a Mahoma de anticristo, los élderes George A. Smith (1817–1875) y Parley P. Pratt (1807–1857), del Cuórum de los Doce Apóstoles, dieron extensos sermones no solo manifestando un conocimiento impresionantemente amplio e imparcial de la historia islámica, sino también elogiando a Mahoma mismo. El élder Smith destacó que Mahoma “fue sin duda levantado por Dios con el propósito” de predicar en contra de la idolatría, y expresó su simpatía por los musulmanes, de quienes, al igual que los Santos de los Últimos Días, rara vez se escribe “una historia sincera”. El élder Pratt tomó la palabra inmediatamente después y expresó su admiración por las enseñanzas de Mahoma y por la moralidad y las instituciones de la sociedad musulmana12.

Una declaración oficial más reciente fue la que hizo la Primera Presidencia en 1978. Específicamente menciona a Mahoma entre “los grandes líderes religiosos del mundo”, y señala que, como ellos, él “recibió una porción de la luz de Dios. Dios dio verdades morales a [estos líderes]”, escribieron los presidentes Spencer W. Kimball, N. Eldon Tanner y Marion G. Romney, “para iluminar a naciones enteras y para brindar un nivel más alto de entendimiento a las personas”13.

Edificar sobre terreno común

Aunque los Santos de los Últimos Días y los musulmanes discrepamos en asuntos importantes —en particular la divinidad de Jesucristo, Su función como Salvador y el llamamiento de profetas modernos—, tenemos muchas cosas en común. Ambos creemos, por ejemplo, que somos moralmente responsables ante Dios, que debemos procurar tanto la rectitud personal como una sociedad buena y justa, y que resucitaremos y compareceremos ante Dios para ser juzgados.

Tanto los musulmanes como los Santos de los Últimos Días creemos en la importancia vital de que haya familias fuertes, en el mandato divino de ayudar a los pobres y a los necesitados y en que demostramos nuestra fe por medio de acciones de discipulado. Parece no haber ninguna razón por la que los Santos de los Últimos Días y los musulmanes no puedan vivir su religión lado a lado e incluso, cuando se presente la oportunidad, cooperar juntos en comunidades en las que, más y más, convivimos como vecinos en un mundo cada vez más secular. Juntos podemos demostrar que la fe religiosa puede ser una potente fuerza para bien y no meramente una fuente de conflicto e incluso violencia, como sostienen algunos críticos.

El Corán mismo sugiere una manera de vivir en paz juntos a pesar de nuestras diferencias: “Si Dios hubiera querido, habría hecho de vosotros una sola comunidad, pero quiso probar vuestra fe en lo que os reveló. Apresuraos a realizar obras de bien, porque todos compareceréis ante Dios, y Él os informará acerca de las cosas en que discrepabais”14.

Notas

  1. De hecho, 622 d. C. —el año de la hégira,o migración, a Medina— es el primer año del calendario (hijri) musulmán, y las revelaciones que recopila el Corán se clasifican como de La Meca o de Medina.
  2. A lo largo de los siglos, ambas facciones también se han distanciado una de la otra debido a otros asuntos secundarios.
  3. Es significativo, no obstante, que aunque se permite la traducción del Corán en otros idiomas, solo el original en árabe se considera como el verdadero Corán y como Escritura.
  4. Véase Corán 4:125.
  5. Véanse Corán 53:36–62; 87:9–19; véase también Daniel C. Peterson, “News from Antiquity”, Ensign,enero de 1994, págs. 16–21.
  6. Corán 112:3–4. Las traducciones del Corán en inglés son de Daniel C. Peterson.
  7. Las ediciones convencionales del Corán se dividen en 30 partes iguales precisamente con ese propósito.
  8. Véanse, por ejemplo, Robert A. Pape, Dying to Win: The Strategic Logic of Suicide Terrorism, 2005; Graham E. Fuller, A World without Islam, 2010; Robert A. Pape y James K. Feldman,Cutting the Fuse: The Explosion of Global Suicide Terrorism and How to Stop It, 2010.
  9. Véase Charles Kurzman, The Missing Martyrs: Why There Are So Few Muslim Terrorists, 2011; véase también John L. Esposito y Dalia Mogahed, Who Speaks for Islam? What a Billion Muslims Really Think, 2008; James Zogby, Arab Voices: What They Are Saying to Us, and Why It Matters, 2010.
  10. Es bastante similar, de hecho, a la ley rabínica del judaísmo.
  11. Ordenanza en relación a las sociedades religiosas, ciudad de Nauvoo, [Illinois] sede de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1 de marzo de 1841.
  12. Véase Journal of Discourses,3:28–42.
  13. Declaración de la Primera Presidencia, 15 de febrero de 1978. En su revisión de Introduction to the Qur’an, 1970, por Richard Bell, W. Montgomery Watt, erudito eminente del islam y sacerdote anglicano, ofreció una manera posible en la que un cristiano creyente pudiera considerar que el Corán es inspirado.
  14. Corán 5:48; compárese con 2:48.

 

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