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Las verdades más dignas de ser conocidas
Devocional del SEI para jóvenes adultos • 6 de noviembre de 2011 • Universidad Brigham Young
Las verdades más dignas de ser conocidas
Presidente Boyd K. Packer
Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles
Me siento muy agradecido por las bendiciones que les permiten verme y oírme a lo largo y ancho de la tierra. Pero estoy más agradecido por el don del Espíritu Santo, un milagro que no requiere transmisión satelital y que me permite verlos en mi imaginación. Ustedes son muy apreciados. Esperamos con ansias el día en que podamos pasarles las llaves del reino.
En vez de tomar apuntes, presten atención a las impresiones que reciban mientras analizamos un tema muy sagrado. Si lo único que recuerdan después de esta noche son mis palabras, habrán pasado por alto el significado de esta presentación.
Algunos han venido con interrogantes y están buscando guía. Otros se preguntan cómo se extraviaron del sendero del Evangelio y cómo pueden regresar. Aunque hablo a todos, me dirijo más encarecidamente al que anda buscando.
Buscar y aceptar guía
He visto a las Autoridades Generales que me antecedieron ir avanzando en los puestos del apostolado y luego graduarse del otro lado del velo, tantas personas extraordinarias. El presidente Harold B. Lee me dijo que debía relacionarme con los mayores y aprender de sus experiencias. He seguido ese consejo.
De Henry Wordsworth Longfellow:
Las vidas de los grandes hombres nos recuerdan
que podemos sublimar las nuestras,
y al partir, dejar atrás
huellas en las arenas del tiempo.
Huellas por las que quizás otro que navegue
por el solemne océano de la vida,
un hermano náufrago desolado,
al verlas, vuelva a recobrar la esperanza1.
Esas “huellas en las arenas del tiempo” permanecerán siempre visibles para guiarlos.
Cuando era un joven miembro del Quórum de los Doce, después de nuestra reunión semanal caminábamos desde el templo a nuestras oficinas. Yo me quedaba atrás con el élder LeGrand Richards, quien de joven había quedado discapacitado por un accidente y andaba más lento que los demás.
Los otros hermanos decían: “Eres muy bondadoso por cuidar al élder Richards”, y yo contestaba: “¡Ustedes no saben por qué lo hago!”.
Mientras caminábamos, yo escuchaba. Él recordaba al presidente Wilford Woodruff. Tenía 12 años la última vez que lo escuchó hablar. El élder Richards era un eslabón con esa generación. Yo asimilaba cada palabra que él decía.
En Doctrina y Convenios se da un mandato a los Doce: “Los doce consejeros viajantes son llamados para ser llamados los Doce Apóstoles, o sea, testigos especiales del nombre de Cristo en todo el mundo”2.
Yo he tenido un insaciable deseo de dar testimonio del Padre y de Jesucristo. Cristo dijo: “Si me conocierais, también a mi Padre conoceríais”3. He ansiado decirles lo que sé sobre lo que hizo Cristo y quiénes son el Padre y el Hijo.
Sé que las palabras que trasmite el don del Espíritu Santo pueden llevarlos al conocimiento de “la verdad de todas las cosas”4. Toda verdad es digna de ser conocida. Algunas verdades son más útiles, pero hay verdades que son más dignas de ser conocidas.
Las experiencias nos ayudan a comprender el amor de nuestro Padre Celestial por Sus hijos
Le he preguntado a misioneros jóvenes: “¿Saben qué significa la palabra padre?”. Ellos dicen que por supuesto lo saben. Respeto sus respuestas, pero muy dentro de mí pienso: “Ustedes saben muy poco”. Ellos saben lo que significa la palabra padre, pero su conocimiento es inmaduro.
Para los que están casados y tienen un hijo, la palabra padreadquiere un nuevo significado, la palabra padre cobra un sentido más claro.
Quizás llegará el día en que un doctor les diga: “Creo que su hijo no sobrevivirá”. Finalmente, aprenderán sobre el Padre Celestial y sobre ustedes mismos.
Teníamos nueve años de casados cuando oímos por primera vez esas palabras del doctor: “Creo que su hijo no sobrevivirá”. Como padres, miramos a nuestro pequeño bebé e hicimos lo único que podíamos hacer. Se le dio un nombre y recibió una bendición de su padre en el hospital. Oramos, tuvimos fe y dijimos en voz alta: “Hágase Tu voluntad”.
Pasaban las horas y los días. Los médicos y las enfermeras seguían atendiendo a nuestro hijo. Seguir leyendo
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Etiquetado Amor de Dios, Arrepentimiento, Boyd K. Packer, Devocional, Perdón, Sufrimiento
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La verdad y la tolerancia
Devocional del SEI para jóvenes adultos • 11 de septiembre de 2011 • Universidad Brigham Young
La verdad y la tolerancia
Élder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Mis queridos jóvenes hermanos y hermanas, Kristen y yo nos sentimos privilegiados de estar con ustedes en esta significativa ocasión. Nos hallamos reunidos hoy, 11 de septiembre, cuando se cumple el décimo aniversario de un suceso que ha afectado profundamente nuestra vida y nuestra forma de pensar y lo seguirá haciendo por muchos años más. Es algo relacionado con las Torres Gemelas.
He sentido la inspiración de hablarles esta noche acerca de otro conjunto de gemelos: los conceptos gemelos de la Verdad y la Tolerancia. No se han escogido estos temas porque sean inquietudes exclusivas de los jóvenes adultos; como los son las salidas en pareja, el juntarse para pasar el rato y el matrimonio; los cuales describí ante esta audiencia hace unos años. Mi enfoque de la verdad y la tolerancia les invitará a considerar y enseñar estos dos temas gemelos porque son vitales para la nueva generación, de la que ustedes son los miembros mayores.
Creemos en la verdad absoluta
Primero: la verdad. Creemos en la verdad absoluta, lo que incluye la existencia de Dios y del bien y del mal, como se han establecido en Sus mandamientos. Nosotros cantamos:
Aunque cielo y tierra dejaran de ser,
la verdad, la esencia de todo vivir,
Seguiría por siempre jamás1.
En palabras del presidente Joseph F. Smith:·“Creemos en toda la verdad, pese al asunto que se refiera. Ninguna secta o denominación religiosa del mundo posee un solo principio de verdad que no aceptemos o que rechacemos. Estamos dispuestos a recibir toda verdad, sea cual fuere la fuente de donde provenga, porque la verdad se sostendrá, la verdad perdurará”2.
La existencia y la naturaleza de la verdad es una de las preguntas fundamentales de la vida mortal. Al gobernador romano Pilato, Jesús le dijo que Él había venido al mundo “para dar testimonio de la verdad”. “¿Qué es la verdad?”, le respondió ese incrédulo (véase Juan 18:37–38). Anteriormente el Salvador había declarado: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida” (Juan 14:6). En la revelación moderna Él declaró: “La verdad es el conocimiento de las cosas como son, como eran y como han de ser” (D. y C. 93:24).
Mis jóvenes hermanos y hermanas, sabemos que la existencia de Dios y la existencia de la verdad absoluta son fundamentales para la vida sobre esta tierra, bien sea que se crea en ello o no. También sabemos que existe el mal y que algunas cosas son simple, grave y perpetuamente incorrectas. Ustedes, a quienes me dirijo, evitan el mal y buscan la verdad. Reconozco sus obras rectas y sus deseos justos. Como Apóstol del Señor Jesucristo, procuro ayudarles a tomar decisiones correctas en un mundo que se polariza más y más entre la fe y la incredulidad, entre el bien y el mal.
Las impactantes noticias de los últimos dos meses acerca de robos y engaños a gran escala en las sociedades civilizadas dan indicios de que hay un vacío moral en el que muchas personas poseen poco sentido sobre el bien y el mal. El mes pasado, los masivos disturbios y saqueos en Inglaterra, y las trampas en los exámenes estatales ampliamente difundidas que hicieron los maestros de primaria y secundaria en Atlanta, Georgia, hacen que muchos se pregunten si estamos perdiendo el cimiento moral que el mundo occidental obtuvo de su herencia judeocristiana3.
Cuídense del relativismo moral
Está bien que nos preocupemos por nuestro cimiento moral. Vivimos en un mundo donde cada vez hay más personas de influencia que enseñan y actúan con la creencia de que no hay un bien y un mal absolutos; que toda autoridad y toda regla de comportamiento constituyen decisiones que hace el hombre y que pueden anteponerse a los mandamientos de Dios. Muchos cuestionan incluso que hay un Dios.
La filosofía del relativismo moral, que sostiene que cada quien es libre de determinar por sí mismo lo que es bueno y malo, se está convirtiendo en el credo extraoficial de muchas personas en los Estados Unidos y en otras naciones occidentales. En su grado extremo, las perversidades que antes se localizaban y ocultaban como una llaga, ahora se legalizan y exhiben como un estandarte. Persuadidos por esta filosofía, muchos de los de la nueva generación —jóvenes y jóvenes adultos— están atrapados en los placeres autocomplacientes, las perforaciones y los tatuajes paganos de las partes del cuerpo, el lenguaje soez, la vestimenta atrevida, la pornografía, la deshonestidad y la indulgencia sexual degradante.
Existe un alarmante contraste entre las generaciones jóvenes y las anteriores en cuanto a la creencia fundamental en el bien y el mal. De acuerdo con los datos de encuestas de hace dos décadas el “79 por ciento de los estadounidenses adultos [creían] que ‘existen pautas claras sobre lo que es bueno y malo que se aplican a todos independientemente de la situación’”4. En cambio, un sondeo más reciente entre estudiantes universitarios indica que “tres cuartas partes piensan que las diferencias entre el bien y el mal son relativas”5.
Muchos líderes religiosos enseñan la existencia de Dios como Legislador Supremo, por cuya acción cierto comportamiento es absolutamente correcto y verdadero, mientras que otro comportamiento es absolutamente incorrecto y falso6. Los profetas de la Biblia y El Libro de Mormón predijeron esta época cuando los hombres serían “amadores de los deleites más que de Dios” (2 Timoteo 3:4) y, de hecho, cuando negarían a Dios ( véase Judas 1:4; 2 Nefi 28:5; Moroni 7:17; D. y C. 29:22).
Ante estas difíciles circunstancias, los que creemos en Dios y en la consiguiente verdad del bien y del mal absolutos, tenemos el desafío de vivir en un mundo ateo y cada vez más inmoral. En esta situación, todos nosotros —y en particular ustedes los de la nueva generación— tenemos el deber de levantarnos y hablar para afirmar que Dios existe y que hay verdades absolutas establecidas por Sus mandamientos. Al actuar así, los Santos de los Últimos Días nos apoyamos sobre la verdad que cantamos en el himno que cité anteriormente:
Mas eterno será el pilar de verdad,
Y su firme baluarte jamás caerá,
Para siempre tendrá gran poder7.
Al dirigirme a una audiencia de jóvenes dedicados, sé que algunos de ustedes estarán preguntándose por qué estoy hablando de algo que les resulta obvio y que piensan que es obvio para los demás. Recuerden los resultados de la encuesta que mencioné, que indican que tres cuartas partes de los estudiantes universitarios creen que las diferencias entre el bien y el mal son relativas.
He escogido hablar sobre la verdad porque los maestros en las escuelas, academias y universidades están enseñando y practicando la moralidad relativa. Esto está moldeando las actitudes de muchos jóvenes estadounidenses que van ocupando los puestos de maestros de nuestros hijos y los formadores de actitudes públicas a través de los medios de comunicación y del entretenimiento popular. Esta filosofía del relativismo moral es una negación de lo que millones de creyentes cristianos, judíos y musulmanes sostienen como fundamental, y esa negación genera serios problemas para todos nosotros. Lo que los creyentes deben hacer al respecto, da pie al segundo de mis temas gemelos: la tolerancia.
La tolerancia
Se define la tolerancia como una actitud amistosa y justa hacia las opiniones y prácticas poco comunes o hacia las personas que las sostienen o practican. Tenemos una mayor necesidad de tolerancia, toda vez que los medios de transporte y comunicación nos han acercado a todos a pueblos e ideas diferentes. Cuando yo era un adulto joven, hace 60 años, la mayoría de los estadounidenses sólo podía enterarse sobre las grandes diferencias entre culturas, valores y pueblos por medio de libros y revistas. Hoy en día, vemos tales diferencias en la televisión, internet y muchas veces en relaciones interpersonales directas en nuestros vecindarios y supermercados. Seguir leyendo
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Etiquetado Dallin H. Oaks, Devocional, Tolerancia, Verdad
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A los solteros de la Iglesia
Devocional del SEI para jóvenes adultos • 11 de septiembre de 2011 • Universidad Brigham Young
A los solteros de la Iglesia
Kristen M. Oaks
11/09/2011. Esta noche es una ocasión importante para quienes saldrán a llevar el estandarte de Jesucristo al mundo en los últimos días. No será una tarea fácil.
Quisiera empezar con una cita de la hermana Margaret Nadauld, y parafrasear sus palabras para aplicarlas tanto a los hombres como a las mujeres: “El mundo tiene suficientes hombres y mujeres que son duros; necesitamos hombres y mujeres que sean delicados. Hay suficientes hombres y mujeres que son groseros; necesitamos hombres y mujeres que sean amables. Hay suficientes hombres y mujeres que son rudos; necesitamos hombres y mujeres que sean refinados. Hay suficientes hombres y mujeres que tienen fama y dinero; necesitamos más hombres y mujeres que tengan fe. Hay suficiente codicia; necesitamos más abnegación. Hay suficiente vanidad; necesitamos más virtud. Hay suficiente popularidad; necesitamos más pureza”1. Y yo agregaría que ustedes son las personas que abastecerán de esas virtudes a un mundo que está muy necesitado.
Por causa de que me casé a los 53 años, a veces me considero una referencia para los adultos solteros. Fui participante del programa de jóvenes adultos solteros, de adultos solteros y de adultos solteros mayores. Les tengo un aprecio especial porque he recorrido algunos de los senderos que ustedes ahora recorren, he enfrentado algunas de las dudas que ustedes ahora enfrentan, y les tengo una empatía y un respeto tremendos.
Mi objetivo esta noche es testificarles de las verdades que aprendí durante mi período de soltería, verdades que considero eternas, eternas verdades que los protegerán del desaliento, de la posible apostasía individual y que les recordarán sus obligaciones ante nuestro Padre Celestial.
Verdad número uno: El Señor nos ama, contesta las oraciones y, lo que es más importante, se deleita en bendecir a quienes guardan Sus mandamientos, pero lo hace en Su propio tiempo y a Su propia manera.El Señor está obligado a cumplir lo que nos promete. Todos tenemos un origen divino. En la tierra, nacimos en familias y, si guardamos los mandamientos, regresaremos a vivir en familias eternas. Para lograr esa meta, tenemos que recordar siempre a Jesucristo y guardar Sus mandamientos. Cada día es importante para ustedes, porque la forma en que decidan pasar su tiempo determinará qué clase de persona llegarán a ser. Sean la mejor persona que puedan ser. Basándome en mi propia experiencia, también les aconsejo que se preocupen más por convertirse en discípulos de Cristo que por casarse. La luz que emanen atraerá a otros hacia ustedes —la luz atrae a la luz—, y las bendiciones que el Padre Celestial les tiene reservadas serán más maravillosas de lo que puedan imaginar. Disfruten este tiempo, esta oportunidad de crecer y de conocer su religión, a fin de que puedan vivir “de una manera feliz” (2 Nefi 5:27; véase también Alma 50:23), así como los nefitas, y lleguen a ser un pueblo del convenio. Cuanto más nos entregamos a las Escrituras, más se nos protege de la tentación, de la pornografía y de la maldad. Cuanto más asistimos a la capilla y al templo y servimos en nuestros llamamientos, más fuertes nos volvemos y más felices llegamos a ser.
Verdad número dos: No nos salvamos de forma aislada. Esta vida no se trata solo de mí. Se nos coloca en la tierra para bendecir a quienes nos rodean, para que actuemos como agentes de rectitud y, como nos indicará el élder Oaks, para estar “anhelosamente consagrados a una causa buena” (D. y C. 58:27) a fin de promover la superación de todos los que nos rodean. Seguir leyendo
Llegar a saber y conocer
Charla fogonera del SEI para jóvenes adultos • 1 de mayo de 2011 • Universidad del Estado de Utah
Llegar a saber y conocer
Rosemary M. Wixom
Presidenta General de la Primaria
Estoy agradecida por estar aquí en Logan, Utah, en la Universidad del Estado de Utah. Esta noche, cuando mi esposo Jack y yo pasamos por el cañón Sardine de camino a este valle, en cierta forma me sentía como si estuviera regresando a casa. Permítanme decirles por qué.
Aquí fue donde empecé a saber y a conocer por mi propia cuenta
Hace años, en un bello día otoñal, estábamos cargando el auto familiar con todas nuestras pertenencias, porque mi hermana gemela y yo íbamos a empezar a asistir a la universidad y mi madre nos iba a traer a Logan en el auto para que estudiáramos aquí en la Universidad del Estado de Utah. Habíamos visto fotografías de este hermoso campus. En algunas de ellas se veían árboles que crecían inclinados. Nos dijeron que no hay mucho viento en Logan, que los árboles crecen así por naturaleza, así que estábamos muy entusiasmadas. Metimos en el auto toda la ropa y los zapatos que teníamos, y lo atestamos de comida hasta que quedó literalmente repleto. Apenas podíamos ver por las ventanas. Yo sentía como si tuviera mariposas en el estómago a media que llegábamos al valle. Nos aguardaba una gran aventura.
Uno podía percibir en el campus el entusiasmo de los estudiantes que descargaban sus pertenencias de los autos y las llevaban a sus habitaciones y apartamentos. Ésa era la primera vez que mi hermana y yo íbamos a vivir fuera de casa y nos sentíamos adultas mientras colgábamos la ropa en el armario y organizábamos nuestro cuarto. Teníamos dos carteles en la pared. En uno decía: “Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia” (Proverbios 3:5). En el otro, que nos había dado nuestro hermano mayor, decía: “Los labios que prueben licor jamás probarán los míos”.
Una vez vaciado el auto, mi hermana y yo estábamos en la acera que está enfrente de Moen Hall, con las últimas cosas que habían quedado en el asiento trasero. Allí, sosteniendo unos frascos de duraznos envasados, nos despedimos de nuestra madre. Al perder de vista el auto, nos percatamos de nuestra realidad. Nos miramos la una a la otra y con lágrimas rodándonos por las mejillas nos dijimos: “¿Qué hemos hecho? ¿En qué estábamos pensando? ¿Cómo es posible que lo que antes pensábamos que era una aventura ahora nos parezca tan aterrador e intimidante?”. No tenía idea de que en los años siguientes, en este campus, yo tomaría decisiones que definirían el resto de mi vida. Aquí fue donde descubrí que tenía mis propias creencias y tuve que defender mi fe. Hice amistades perdurables. Mis oraciones se volvieron más sinceras. Mi testimonio empezó a crecer. Aprendí que defender mis normas era una decisión que debía tomar yo, como también lo era esforzarme académica y espiritualmente.
¿Quién era yo en realidad? Durante esos años, a veces me sentí derrotada y fracasada, y alguna que otra vez saboreé la esperanza y el éxito. Fue un duro proceso pasar de añorar amargamente mi casa —sí, amargamente— a disfrutar ampliamente de la independencia. Era como Ammón y sus hermanos, quienes experimentaron a la vez “congojas… aflicciones… [e] incomprensible gozo” (Alma 28:8). Ahora me doy cuenta de que precisaba abandonar la comodidad de mi hogar para progresar y aprender estas lecciones de la vida. No es de extrañar que este valle Cache, esta universidad y este campus me parezcan tan hermosos; ya que fue aquí donde comencé a conocerme a mí misma, y en el proceso de llegar a conocerme, empecé a conocer al Salvador. Y ustedes, ¿qué cosas han llegado a saber en la vida y dónde las han aprendido?
Es acerca del proceso de “llegar a conocer o saber” que deseo hablarles esta noche.
Encuentren un sitio donde puedan llegar a conocerse a ustedes mismos
Al partir de la presencia de nuestro Padre Celestial y de nuestro cómodo hogar en la existencia preterrenal para venir a esta tierra, vinimos preparados para aprender y ser probados; pero una vez aquí en la tierra, quizás pensemos: “¿Qué hemos hecho?”. Estamos siguiendo un camino; estamos viviendo el plan de nuestro Padre Celestial: el plan de salvación, la plenitud de este Evangelio. ¡Y es un plan de felicidad! José Smith dijo que el plan de salvación es “uno de los mejores dones que del cielo ha venido al género humano”1.
La experiencia de la vida terrenal que antes pensábamos que era una aventura, en ocasiones puede resultar aterradora e intimidante y ¡absolutamente ardua! El velo nos impide recordar lo que una vez sabíamos. Ahora andamos por fe, pero lo hacemos con el conocimiento de que, con la ayuda del Señor, podemos llegar a saber lo que una vez sabíamos. Nuestro Padre Celestial nos ama muchísimo. Fuimos creados no sólo con el propósito de regresar a Él, sino de llegar a ser como Él. Ahora estamos aprendiendo nuevamente lo bien que lo conocíamos. Brigham Young dijo: “Todos ustedes conocen bien a Dios, nuestro Padre Celestial… pues no hay ningún alma que no haya vivido con Él en Su morada año tras año [en la existencia preterrenal]; y aunque ahora se esfuercen [en esta tierra] por conocerle, la verdad es que han olvidado lo que ya sabían”2.
Lo conocíamos allá, pero sólo si nos esforzamos lo llegaremos a conocer aquí. No estamos solos en la búsqueda, pues Él declaró: “Estaré a vuestra diestra y a vuestra siniestra, y mi Espíritu estará en vuestro corazón, y mis ángeles alrededor de vosotros, para sosteneros” (D. y C. 84:88).
Alma llegó a conocer al Salvador y luego enseñó al pueblo en las aguas de Mormón. Él les predicó “el arrepentimiento y la redención y la fe en el Señor” (Mosíah 18:7). Fue allí donde los del pueblo concertaron un convenio bautismal de “ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar… para que [tuvieran] vida eterna” (Mosíah 18:9). Crecieron en la fe, aprendieron a observar el día de reposo, a trabajar con sus propias manos para su sostén y “anduvieron rectamente ante Dios, ayudándose el uno al otro temporal y espiritualmente” (Mosíah 18:29; véanse los versículos 20–29).
Seguimos leyendo: “Y ahora bien, aconteció que todo esto se hizo en Mormón, sí, al lado de las aguas de Mormón, en el bosque inmediato a las aguas de Mormón; sí, el paraje de Mormón, las aguas de Mormón, el bosque de Mormón, ¡cuán hermosos son a los ojos de aquellos que allí llegaron al conocimiento de su Redentor…!” (Mosíah 18:30).
En estos versículos, ¿por qué se nos conduce a las aguas de Mormón pasando por entre todo el entorno circundante? ¿Cómo nos hace sentir esta descripción con respecto a ese paraje de las aguas de Mormón? Tal vez debiéramos considerar nuestro entorno y la función que cumple en nuestra búsqueda de llegar al conocimiento de nuestro Redentor.
Ahora es el momento. Si aún no lo han hecho, éste es el momento de buscar el paraje donde puedan llegar al conocimiento de su Redentor. ¿Dónde están sus aguas de Mormón? ¿Cuán bello les resulta ese lugar?
A fin de encontrar ese hermoso lugar, tal vez quieran hacerse estas preguntas.
1. Llegar a conocer al Espíritu Santo
Pregunta número 1: ¿Cómo llegaré a conocer las impresiones del Espíritu Santo?
Un adolescente tuvo una experiencia durante su tierna infancia, cuando tenía menos de tres años. Lo adoptó una familia miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, por lo que su entorno cambió de manera drástica. Dejó su anterior hogar en Europa Oriental y se vino a vivir al este de los Estados Unidos: una tierra con una familia nueva, un idioma nuevo y sentimientos nuevos. Los domingos, su nueva familia lo llevaba a la guardería de la Iglesia. Fue allí en la capilla, al final del pasillo, en ese cuarto de la guardería, donde sintió, donde llegó a conocer una seguridad y un amor que no había sentido antes. Fue la primera vez que tuvo la experiencia de reconocer realmente el Espíritu. Ahora en su adolescencia, de vez en cuando recorre aquel pasillo hasta ese mismo cuarto de la guardería para oír los sonidos, ver el lugar y sentir el Espíritu que una vez sintió allí. Qué bella es esa guardería a los ojos de ese joven que allí llegó al conocimiento de las impresiones del Espíritu Santo.
Mormón nos dice: “…por motivo de la mansedumbre y la humildad de corazón viene la visitación del Espíritu Santo, el cual Consolador llena de esperanza y de amor perfecto” (Moroni 8:26).
Mormón estaba describiendo lo que el Salvador describe de esta manera: “…recibirás mi Espíritu, el Espíritu Santo, sí, el Consolador, que te enseñará las cosas apacibles del reino” (D. y C. 36:2).
En el libro de Alma aprendemos la manera en que los hijos de Mosíah llegaron a conocer las impresiones del Espíritu Santo. Dice así:
“Habían escudriñado diligentemente las Escrituras para conocer la palabra de Dios.
“Mas esto no es todo; se habían dedicado a mucha oración y ayuno” (Alma 17:2–3).
Entonces salieron a enseñar. Eran jóvenes comunes y corrientes con un valor extraordinario gracias al Espíritu Santo y al deseo de conocer la palabra de Dios.
Ammón dijo: “Y mora en mí parte de ese Espíritu, el cual me da conocimiento, y también poder, de conformidad con mi fe y mis deseos que están en Dios” (Alma 18:35).
El padre de Lamoni sintió el Espíritu por medio de las enseñanzas de Aarón y dijo: “Daré cuanto poseo; sí, abandonaré mi reino a fin de recibir este gran gozo” (Alma 22:15). Seguir leyendo
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Nosotros fuimos la generación más grandiosa
Charla fogonera del SEI para jóvenes adultos • 6 de marzo de 2011 • Universidad Brigham Young
Nosotros fuimos la generación más grandiosa
Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Siempre me siento intimidado cuando me levanto y veo a este hermoso y apuesto grupo de jóvenes adultos. Es aún más inquietante saber que hay decenas de millares de ustedes reunidos en congregaciones alrededor del mundo.
Ustedes son el futuro de la Iglesia
Con el rápido correr de los años, recordarán esta época como uno de los periodos más emocionantes de su vida. Tengo gran confianza en los jóvenes adultos de la Iglesia. Cuando me preparaba para presidir en el Área Europa Central, recibí una de las revelaciones más claras que jamás he recibido.
Una noche de insomnio, recibí la impresión de que los jóvenes adultos eran el futuro de la Iglesia en Europa y que debía concentrarme en ellos, y eso terminó siendo uno de los periodos más gratificantes de mi largo ministerio. En los últimos años se han obtenido algunos resultados muy satisfactorios al haber escuchado las ideas y las preocupaciones de ustedes.
Juntos hemos aprendido a ayudarles a traer muchos amigos a adorar junto con ustedes. He visto el ferviente poder espiritual de los jóvenes adultos de la Iglesia; conozco su capacidad; he visto cómo se fortalecen unos a otros y traen a sus amistades al conocimiento del evangelio restaurado de Jesucristo.
Ustedes son jóvenes y yo soy viejo. Nos separan muchos años. Cuando yo tenía la edad de ustedes usaba una regla para sacar mis cálculos en la clase de contabilidad. Les voy a dar una demostración de cómo funciona. Yo hablo a un ritmo de 140 palabras por minuto cuando doy un discurso. Si muevo la parte deslizante de la regla hasta el número de palabras que hablo, veo cuánto durará mi discurso. Para mí esto es mucho más rápido que una calculadora moderna. Pero para estar a la par de la mente brillante de ustedes, para casi todos los cálculos he tenido que mantenerme al día con los aparatos modernos.
Para estar al ritmo de ustedes, he tenido que hacer muchos cambios con el fin de seguir de cerca a la tecnología de vanguardia. He aprendido a usar el comptómetro, una tarjeta perforada 1401, una computadora con almacenaje de disco 360, una computadora portátil y una de mano, un Blackberry, un iPod, un iPhone y ahora tengo un iPad. A esos agréguenle Facebook, Twitter, blogs y YouTube. ¡Consideren lo que significa para un anciano de 88 años tratar de mantenerse a la par de ustedes!
Qué prueba tan grande es para mi generación observar y tratar de vivir con lo que ustedes están desarrollando. Pero nosotros les llevamos una ventaja, pues hemos pasado por todos los cambios; hemos adquirido experiencia al obtener conocimiento de algunos de los fundamentos básicos que todavía son de gran valor y constituyen un cimiento sobre el cual edificar; mientras que ustedes sólo pueden leer al respecto. Quiero hablarles de algunos de esos fundamentos que nunca se deben desechar ni descartar.
Hagan que su generación sea la más grandiosa
Hace unos años un autor muy conocido describió a algunos de los hombres y mujeres de mi época como “la generación más grandiosa”. El autor, Tom Brokaw, explicó:
“Esos hombres y mujeres llegaron a ser adultos durante la Gran Depresión, cuando la desesperación económica azotaba la tierra como una plaga. Habían visto a sus padres perder sus negocios, sus granjas, sus empleos, sus esperanzas. Habían aprendido a aceptar un futuro que se desplegaba día a día. Entonces, justo cuando un destello de recuperación económica empezaba a asomarse, estalló la guerra en Europa y en Asia. Esa generación fue convocada a las armas y se le dijo que se entrenara para la guerra. Dejaron sus haciendas…, sus empleos en la ciudad…, su lugar en las líneas de ensamblaje… y sus posiciones en Wall Street; abandonaron los estudios o pasaron directamente de la toga y el birrete al uniforme militar…
“Empezaron tarde y con grandes reveses, pero no protestaron. En esa época de su vida en la que los días y las noches debían estar llenos de aventuras inocentes, amor y lecciones del mundo cotidiano; peleaban, a menudo mano a mano, en las condiciones más primitivas… Surcaban los aires todos los días, cielos llenos de terror, y zarpaban al mar sobre aguas hostiles muy lejos de las costas de su patria… Seguir leyendo
“Danos hoy el pan nuestro de cada día”
Charla fogonera del SEI para jóvenes adultos • 9 de enero de 2009 • Universidad Brigham Young
“Danos hoy el pan nuestro de cada día”
Élder D. Todd Christofferson
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Nosotros los adultos mayores; incluyendo los padres, los líderes de la Iglesia, sus profesores o amigos; solemos instarles a planificar para el futuro. Les alentamos a continuar sus estudios y formación profesional como preparación para la vida de los años venideros. Les instamos a sentar las bases para el matrimonio y la familia y a actuar de acuerdo con esos planes. Les advertimos que piensen en las posibles consecuencias futuras al decidir lo que hacen hoy (por ejemplo, lo que publican en internet). Les aconsejamos que piensen en cómo medirán el éxito en su vida y después establezcan los patrones y las prácticas que les conduzcan a ese éxito.
Todo esto nos lleva a un curso sabio y prudente en la vida; y en lo que diré esta noche, no minimizo en modo alguno la importancia de pensar y planificar con antelación. Una planificación y preparación cuidadosas son la clave para un futuro gratificante; pero no vivimos en el futuro, vivimos en el presente. Es en el día a día que concretamos nuestros planes para el futuro; es con el día a día que alcanzamos nuestras metas. Es un día a la vez que criamos y cuidamos a nuestra familia. Es un día a la vez que superamos nuestras imperfecciones. Perseveramos en la fe hasta el fin un día a la vez. Es la acumulación de muchos días bien vividos lo que resulta en una vida plena y una persona santa. Así que me gustaría hablar con ustedes acerca de vivir bien día a día.
Acudir a Dios para lo que es necesario cada día
En Lucas se registra que uno de Sus discípulos le pidió a Jesús: “Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos” (Lucas 11:1). Jesús entonces le dio un modelo de oración conocido como el Padrenuestro. Igual se registra en Mateo como parte del Sermón del Monte (véase Mateo 6:9–13).
En el Padrenuestro está la petición: “Danos hoy el pan nuestro de cada día” (Mateo 6:11) o “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Lucas 11:3). Pienso que nos resulta fácil reconocer que tenemos necesidades diarias en las que queremos la ayuda de nuestro Padre Celestial para atenderlas. Para algunos, en algunos días, es literalmente el pan, es decir, los alimentos necesarios para mantenerse con vida ese día. También podría ser fuerza espiritual y física para enfrentar un día más con una enfermedad crónica o una lenta y dolorosa rehabilitación. En otros casos, puede tratarse de necesidades menos tangibles, como lo relacionado con las obligaciones o actividades propias de ese día: enseñar una lección o presentar un examen, por ejemplo.
Jesús nos enseña a nosotros, Sus discípulos, que debemos acudir a Dios cada día por el pan, la ayuda y el sustento, que necesitemos ese día en particular. Esto va de acuerdo con el consejo de “orar siempre, y no desmayar; que nada debéis hacer ante el Señor, sin que primero oréis al Padre en el nombre de Cristo, para que él os consagre vuestra acción, a fin de que vuestra obra sea para el beneficio de vuestras almas” (2 Nefi 32:9).
La invitación del Señor de buscar el pan de cada día de la mano de nuestro Padre Celestial, nos habla de un Dios amoroso, consciente aun de las pequeñas necesidades diarias de Sus hijos y deseoso de ayudarlos, uno a uno. Él dice que podemos pedir con fe a ese Ser “quien da a todos abundantemente y sin reproche, y [nos] será [dado]” (Santiago 1:5). Eso, por supuesto, es sumamente reconfortante, pero aquí está en juego algo que es más importante que tan sólo la ayuda para salir adelante día a día. Al procurar y recibir diariamente el pan divino, crecen nuestra fe y confianza en Dios y Su Hijo.
Acudir a Dios diariamente por nuestras necesidades nutre la fe
Recordarán el gran éxodo de las tribus de Israel desde Egipto y los cuarenta años que pasaron en el desierto antes de entrar en su tierra prometida. Esta masiva hueste de más de un millón de personas tenía que ser alimentada. Sin duda, esa cantidad de personas en un lugar, no podría subsistir por mucho tiempo sólo de la caza de animales; y su estilo de vida seminómada no era propicio para sembrar ni criar ganado en cantidad suficiente. Jehová resolvió el problema brindando Su pan diario desde el cielo: el maná. Esta partícula comestible que aparecía sobre la tierra cada mañana era algo nuevo y desconocido. De hecho, el nombre maná proviene de palabras que significan: “¿Qué es esto?” Por medio de Moisés, el Señor instruyó al pueblo a recoger a diario lo suficiente para ese día, excepto en la víspera del día de reposo, cuando debían recoger suficiente para dos días. Seguir leyendo
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Somos los arquitectos de nuestra propia felicidad
Somos los arquitectos de nuestra propia felicidad
Obispado Presidente Gérald Caussé
Primer Consejero del Obispado Presidente
Queridos hermanos y hermanas, esta noche me siento honrado y privilegiado por la oportunidad de dirigirles la palabra. Siento profunda admiración por los jóvenes adultos de la Iglesia, y me alegra el poder pasar tiempo con ustedes esta noche.
Varios miles de ustedes están en este hermoso Tabernáculo, pero hay más que no puedo ver que están congregados en miles de centros de reuniones alrededor del mundo. Sé que están atentos y deseosos de aprender. A pesar de la distancia que nos separa, sé que el Espíritu Santo puede estar presente dondequiera que estemos. Aún más que esta transmisión, lo que crea un lazo singular entre todos nosotros es la presencia del Espíritu Santo. Ruego que Él nos acompañe, que nos enseñe, nos guíe y nos inspire esta noche.
La vida nos depara muchas sorpresas
Estamos en una sala magnífica, un monumento histórico que rinde homenaje a la fe y el trabajo arduo de los pioneros que fundaron Salt Lake City. Entré a este Tabernáculo por vez primera cuando tenía 16 años durante mi primer viaje a los Estados Unidos de Norteamérica. Mi padre había sugerido que lo acompañara en uno de sus viajes de negocios a California. Como yo me crié en el sur de Francia, esa invitación me dio gran alegría. ¡Finalmente iba a ver América! Mi entusiasmo aumentó aún más porque nuestro itinerario incluía un fin de semana en Salt Lake City para asistir a la conferencia general.
Recuerdo que llegamos a Utah en un Ford Mustang alquilado. En las muchas horas que pasamos en la carretera, atravesamos rachas de nieve, desiertos sin fin, magníficos cañones color anaranjado y majestuosas montañas. Para mí, el paisaje era característico del Oeste Americano, y mantuve los ojos bien abiertos con la esperanza de ver cowboys o indios al lado de la carretera.
Al día siguiente, gracias a la bondad de un amigo, nos encontramos sentados en las primeras filas de este Tabernáculo para asistir a las sesiones de la conferencia. Quedé muy impresionado. En todas las reuniones, traté de encontrarle el sentido a las pocas palabras que entendía del inglés. Aún recuerdo el discurso del presidente Ezra Taft Benson; no recuerdo las palabras sino la profunda impresión que causó en mi corazón joven. Sentí que vivía un sueño, una aventura maravillosa.
En ese entonces, ¿cómo podría haberme imaginado lo que ocurriría esta noche? ¿Podría haberme imaginado dando un discurso en este mismo Tabernáculo ante tal congregación? ¡Jamás!
La vida nos depara muchas sorpresas, ¿verdad? Incluso hace cinco años jamás me lo hubiera imaginado. En esa época vivía con mi familia en París, y nuestra vida parecía estar totalmente planeada. Nuestros cinco hijos nacieron en la misma clínica cerca de nuestro hogar. Para nosotros, no nos imaginábamos la vida de otra forma ni en ningún otro lugar fuera de ese vecindario pacífico en las afueras de París, rodeados de los hijos y los anticipados nietos. Pero una noche el presidente Monson llamó a casa y nuestra vida dio una vuelta al revés.
A partir de entonces mi familia y yo hemos descubierto el gozo de la vida en Utah: los sitios históricos de la Iglesia, caminatas en las montañas, parrilladas en el patio al ponerse el sol, disfrutar de todo tipo de hamburguesas (¡de las mejores y las peores!), partidos de fútbol de BYU… o de la Universidad de Utah. Y quién sabe. El cowboy que vean mañana al lado de la carretera, ¡tal vez sea yo!
El futuro no está trazado
Mi asignación como miembro del Obispado Presidente es emocionante e inspiradora; no obstante, esta experiencia es muy diferente de lo había planeado en mi juventud. De niño quería ser arqueólogo. Mi abuela se propuso que recibiera una buena preparación académica. Me dio un libro sobre el joven faraón ahora llamado el rey Tut, y partiendo de allí, nació en mí una pasión por las civilizaciones antiguas. Pasé muchos fines de semana creando dibujos de batallas antiguas, y con ellos cubrí las paredes de mi habitación. Soñé ir algún día a Egipto para participar en las excavaciones de los antiguos templos egipcios y las tumbas de los faraones.
Cuatro décadas después, sigo sin ser arqueólogo y lo más probable es que nunca lo sea. Nunca he ido a Egipto, y mi último empleo antes de ser Autoridad General era sobre la distribución de alimentos. ¡Nada que ver con mis planes de niño!
En general, la juventud es la época perfecta para hacer planes personales. Cada uno de nosotros tuvimos sueños infantiles. Como jóvenes adultos, ¡cada uno aún debe tener sueños para el futuro! Quizás sea la esperanza de un logro deportivo, la creación de una gran obra de arte o recibir un diploma o un puesto profesional que se esforzarán por adquirir mediante el trabajo y la perseverancia. Tal vez tengan en mente una imagen preciada de su futuro esposo o esposa, su apariencia física, sus características personales, el color de sus ojos o de su cabello y los hermosos hijos que serán una bendición para su familia.
¿Cuántos de sus sueños se cumplirán? La vida está llena de incertidumbre. Habrá sorpresas a lo largo de la vida. ¿Quién sabe qué sucederá mañana, en dónde estarán en unos años y lo que estarán haciendo? La vida es como una novela de suspense cuya trama es muy difícil de adivinar.
Habrá momentos clave para ustedes que podrían cambiar el curso de su vida en un instante. Ese momento puede constar de una sola mirada o una conversación, un evento no planeado. Valérie y yo aún recordamos el momento exacto en que nos enamoramos. Fue durante un ensayo del coro en nuestro barrio de jóvenes adultos en París. ¡Y fue totalmente inesperado! Nos conocíamos desde niños, pero nunca habíamos tenido sentimientos románticos el uno por el otro. Esa noche yo tocaba el piano y ella cantaba en el coro. Nos miramos a los ojos ¡y en un segundo sucedió algo que duraría toda la eternidad!
Habrá nuevas oportunidades que se presentarán en la vida de ustedes, como la declaración reciente del presidente Monson respecto a la edad para dar servicio misional. Después de ese anuncio del profeta, probablemente haya miles de jóvenes y jovencitas en la Iglesia en este mismo momento que estén en el proceso de modificar sus planes para salir a servir en una misión1.
A veces, el cambio de rumbo en nuestra vida ocurre por desafíos o desilusiones inesperados. Por experiencia he aprendido que sólo tenemos control parcial de las circunstancias de nuestra vida. Seguir leyendo
Israel, Jesús os llama
Israel, Jesús os llama
Élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Dondequiera que estén en esta gran Iglesia, bienvenidos a la transmisión del servicio devocional. Gracias por interesarse lo suficiente para asistir, incluso ustedes que están aquí en mi pueblo natal en el campus de Dixie State College.
Se han hecho muchos llamados a salir de Babilonia
Para invitar la presencia del Espíritu, pedí el himno que cantamos: “Israel, Jesús os llama”. Es uno de los grandes himnos clásicos de la Restauración y establece el fundamento de mucho de lo que quiero decirles en esta ocasión. Podríamos haber agregado “Oh élderes de Israel” con el mismo propósito. Me encanta escuchar a los misioneros en todo el mundo cantar a plena voz, “Adiós, oh Babilonia; vamos ya a marchar. Iremos al monte de paz a morar” 1. El mensaje de esos dos himnos es esencialmente el mismo: que Dios siempre llama a los hijos de Israel a un lugar donde, al final, todo estará bien.
Israel, Jesús os llama
de las tierras de pesar.
Babilonia va cayendo;
Dios sus torres volcará.
A Sión venid, pues, prestos;
en sus centros paz gozad…
A Sión venid, pues, prestos,
y cantad a Dios loor2.
En efecto, esa ha sido la historia de Israel a través de las épocas. Cuando se volvía muy pecaminosa o había demasiada corrupción o la vida con los gentiles destruía el código moral y los mandamientos que Dios había dado, se mandaba a los hijos del convenio huir al desierto para restablecer Sión y comenzar de nuevo.
En el Antiguo Testamento, Abraham, padre de este convenio, tuvo que huir de Caldea, literalmente Babilonia, para salvar su vida y buscar una vida consagrada en Canaán (que ahora llamamos la Tierra Santa)3. En pocas generaciones los descendientes de Abraham (y de Isaac y Jacob), que para entonces eran israelitas, perdieron su Sión y eran esclavos en el lejano Egipto pagano4. Entonces el Señor tuvo que levantar a Moisés para llevar a los hijos de la promesa al desierto de nuevo, esta vez a medianoche sin siquiera tener tiempo para que la masa de pan leudara. Seguramente cantaron a su manera, “Israel, Jesús os habla; escuchad al Salvador”5.
Pocos siglos después, se desarrolla una historia de interés especial para nosotros cuando a una de esas familias israelitas, encabezada por el profeta Lehi, se le mandó huir de la amada Jerusalén porque Babilonia estaba de nuevo a las puertas6. ¡Y lo mismo volvió a pasar! Ellos no sabían que irían a un continente totalmente nuevo para establecer un concepto enteramente nuevo de Sión7, pero así sucedería, ni tampoco sabían que ya antes había ocurrido algo similar con un grupo de sus antepasados llamados los jareditas8.
Como se dijo, ésta es una transmisión mundial a una Iglesia cada vez más internacional, pero para todo el que celebra la Restauración del Evangelio es de interés el que la colonización de América se originara con un grupo que huía de su patria para adorar como deseaba hacerlo. Un erudito distinguido de la colonia puritana de América describió esa experiencia como la “misión [del cristianismo] en el desierto”, el esfuerzo de los israelitas de nuestros tiempos por librarse de la impiedad del Viejo Mundo y buscar de nuevo los caminos del cielo en una tierra nueva9.
Para los fines de esta noche, les recuerdo una última huida, para la cual se compuso el himno que cantamos. Fue nuestra propia Iglesia, guiada por nuestros propios profetas y dirigiendo a nuestros antepasados religiosos. Al ser perseguido José Smith en los estados de Nueva York, Pensilvania, Ohio, Misuri, y al ser finalmente asesinado en Illinois, vemos la representación en los últimos días de los hijos de Israel que de nuevo buscaban aislamiento. Brigham Young, el Moisés americano, como se le ha nombrado con admiración, llevó a los santos a los valles de las montañas mientras los santos cansados cantaban:
Hacia el sol, do Dios lo preparó,
buscaremos lugar
Do, libres ya de miedo y dolor,
nos permitan morar10.
Sión. La tierra prometida. La Nueva Jerusalén. ¿Dónde se encuentra? No estamos seguros, pero la hallaremos. Durante más de 4.000 años de historia de hacer convenios, éste ha sido el modelo: huir y buscar. Correr y poblar. Escapar de Babilonia. Edificar los muros de protección de Sión.
Hasta ahora. Hasta esta noche. Hasta nuestros días.
Nuestro llamamiento es el de edificar Sión donde estemos
Una de las muchas características singulares de nuestra dispensación de la plenitud de los tiempos —la última y la más grande de todas las dispensaciones— es la naturaleza cambiante de la forma en que establecemos el reino de Dios sobre la tierra. Algo emocionante de esta dispensación es que ya es la hora del cambio grande y acelerado. Y algo que ha cambiado es que la Iglesia de Dios nunca más huirá. Nunca más partirá de Ur para luego salir de Harán, y luego de Canaán, y después de Jerusalén, para no volver a salir de Inglaterra, para salir de Kirtland, ni para salir de Nauvoo, para ir a quién sabe dónde. No, como dijo Brigham Young por todos nosotros: “Nos han lanzado de la sartén a las llamas, de las llamas al suelo, pero aquí estamos, y aquí nos quedaremos”11. Seguir leyendo
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Estar en la Arboleda Sagrada
Devocional del SEI para jóvenes adultos • 6 de mayo de 2012 • Sacramento, California
Estar en la Arboleda Sagrada
Élder Marlin K. Jensen
De los Setenta
Buenas noches, hermanos y hermanas. Me siento muy agradecido, pero también lleno de mucha humildad, de que la Primera Presidencia me haya dado la asignación especial de hablarles hoy. Para comenzar, quiero que sepan que una vez yo fui como ustedes, sin arrugas, con cabello oscuro, y lleno de vida, parte de lo que las Escrituras llaman “la generación que va creciendo” o “la nueva generación”. No estoy seguro de cuál sería el antónimo o lo opuesto de nuevo o creciente, quizás “viejo” o “decreciente”, pero cualquiera que sea, esa palabra describe la etapa de la vida en la que estoy ahora, ¡y no suena muy prometedora!
Aunque les hablo desde un hermoso centro de estaca cerca del Templo de Sacramento, California, mentalmente alcanzo a visualizar a las decenas de millares de ustedes que hablan casi 40 idiomas diferentes y están congregados por todo el mundo. He tenido la bendición de visitar muchos de sus países, de escucharles discursar y dar testimonio en su propio idioma, y ver personalmente su fe y devoción al Señor. Los amo y los felicito por su rectitud. Sé que la vida a la edad de ustedes puede ser difícil, y sé que a veces erramos y tenemos necesidad de arrepentirnos. Pero les agradezco sinceramente el que se esfuercen por ser firmes en la fe en Cristo y Su evangelio restaurado. Mi mayor deseo esta noche es que reciba la bendición de hablarles por el poder del Espíritu Santo y de esa manera contribuir a aumentar la fe de ustedes.
Lugares sagrados
Hay lugares en la tierra que se han convertido en sagrados por lo que ha ocurrido allí. Según el Antiguo Testamento, uno de esos lugares es el Sinaí, Horeb, o “monte de Dios” (Éxodo 3:1; véase también Éxodo 3:12; 34:2), en donde el Señor se apareció a Moisés en la zarza ardiente. Al acercarse Moisés a la zarza, el Señor le dijo: “No te acerques acá; quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás tierra santa es” (Éxodo 3:5).
Mi familia y yo tuvimos la bendición de vivir en un lugar sagrado. En 1993, cuatro años después de mi llamamiento a los Setenta, nos pidieron que sirviéramos dos años en la Misión Nueva York Rochester. En esa misión se halla el pueblo de Palmyra (en el que vivieron José Smith y su familia durante gran parte de la década de 1820), y Fayette (donde se organizó la Iglesia en abril de 1830). A más de 170 kilómetros al sur de Palmyra, en el estado de Pensilvania, está el sitio de Harmony (donde José Smith conoció a Emma Hale y donde vivieron de recién casados mientras se traducía gran parte del Libro de Mormón a finales de la década de 1820). Esa región general se conoce como la “Cuna de la Restauración”, ya que fue allí donde nació la Iglesia. Es una región pintoresca llena de cerros ondulantes y boscosos, lagos y arroyos cristalinos, y gente cálida y efusiva. También es un lugar sagrado por lo que ocurrió allí.
La Arboleda Sagrada
En una arboleda de altos robles, hayas, arces y otros árboles, como a medio kilómetro al oeste de la casa de la familia de Joseph y Lucy Mack Smith, cerca de Palmyra, José Smith, quien tenía catorce años, vio en visión a Dios el Padre y a Su Hijo Jesucristo en la primavera de 1820. Esa manifestación divina, como respuesta a la oración de José en la que pidió conocer la verdad acerca de la religión y de cómo podía obtener la remisión de sus pecados, dio inicio a la restauración del Evangelio en esta última dispensación. También convirtió esa arboleda en un lugar venerado en la historia de nuestra Iglesia, el lugar que honramos con el nombre de la “Arboleda Sagrada”.
Mientras yo servía como presidente de misión, mi familia y yo llegamos a amar esa arboleda y a sentir su naturaleza sagrada. Íbamos allá a menudo. Cada mes, cuando llegaban misioneros nuevos y se iban los que terminaban la misión, los llevábamos allí. La costumbre era reunirnos en la entrada de la arboleda y, después de cantar el himno de apertura que cantamos esta noche, “La oración del Profeta”1, invitábamos a los élderes y a las hermanas a dispersarse y buscar un lugar privado donde pudieran comunicarse con Dios en oración, hacer compromisos personales con Él y darle un informe de los mismos. Esas visitas a la Arboleda Sagrada fueron y siguen siendo experiencias que valoramos los que tuvimos la bendición de vivirlas.
Sin embargo, reconozco que sólo una pequeña cantidad de ustedes podrá visitar la Arboleda Sagrada en persona. Por esa razón, en esta primavera de 2012, 192 años después de la Primera Visión de José Smith, quiero que me acompañen de manera virtual a la Arboleda Sagrada. Estén allí conmigo mientras comparto con ustedes algunas escenas de la arboleda, las razones por las que amo ese lugar sagrado y las valiosas lecciones de la vida que uno puede aprender allí.
Estoy en deuda con el hermano Robert Parrott, silvicultor, naturalista y empleado de la Iglesia que vive en Palmyra, por hacerme notar algunas de las verdades acerca de la Arboleda Sagrada que compartiré con ustedes. Aunque aún no es miembro de nuestra fe, el hermano Parrott venera la Arboleda Sagrada y le brinda atención amorosa y muy profesional.
Símbolos relacionados con árboles en las Escrituras
Al caminar reverentemente por la Arboleda Sagrada o al sentarme a meditar en las bancas que se encuentran allí, a menudo he reflexionado en la abundancia de símbolos que hay en las Escrituras relacionadas con árboles, ramas, raíces, semillas, frutos y bosques. Adán y Eva, nuestros primeros padres, sin duda recibieron la primera lección de arboricultura. El profeta Jacob, citando a Zenós en el Libro de Mormón, comparte una compleja alegoría o historia de olivos cultivados y silvestres al enseñarnos acerca del esparcimiento y el recogimiento de Israel (véase Jacob 5). ¿Y quién no ha leído, vuelto a leer, y meditado en oración acerca de la semilla de la fe que Alma nos invita a sembrar, que con paciencia y buena nutrición llega a ser “un árbol que brotará para vida eterna”? (Alma 32:41; véanse los versículos 27–43).
Y así es con la Arboleda Sagrada. El que observa detenidamente la naturaleza, especialmente acompañado de un naturalista tan hábil como el hermano Robert Parrott, puede aprender lecciones importantes del ecosistema que allí existe. Esta noche deseo compartir brevemente con ustedes cuatro de esas lecciones:
Las lecciones de la vida que enseña la Arboleda Sagrada
Lección Nº 1: Los árboles siempre crecen hacia la luz.
Un fenómeno interesante que se observa en la Arboleda Sagrada son los árboles que crecen en el perímetro del bosque original, así como muchos que bordean los senderos interiores. Han crecido hacia afuera, para escapar el follaje que los ensombrece, y hacia arriba para absorber la mayor cantidad posible de luz. Sus torcidos troncos y ramas contrastan claramente con los árboles vecinos que crecen casi perfectamente derechos. Los árboles, como la mayoría de los organismos vivientes, necesitan luz para sobrevivir y crecer. Harán todo lo posible por absorber la mayor cantidad de luz solar que puedan para promover la fotosíntesis, que es el proceso de convertir la luz en energía química o el “combustible” usado por casi todo organismo vivo. Seguir leyendo
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El inefable don del Espíritu Santo
Devocional del SEI para jóvenes adultos • 8 de enero de 2012 • Universidad Brigham Young
El inefable don del Espíritu Santo
Élder Jay E. Jensen
De la Presidencia de los Setenta
La hermana Jensen y yo estamos complacidos de estar con ustedes. Agradezco sinceramente al coro no sólo por el modo en que cantaron, sino también por lo que cantaron. Los himnos invitan al Espíritu del Señor, crean un sentimiento de reverencia y nos enseñan las doctrinas del reino. Ésta es una asignación que me llena de humildad, y he orado y sigo orando, para que el Espíritu Santo sea nuestro verdadero maestro.
Mi mensaje se titula “El inefable don del Espíritu Santo”, una frase de Doctrina y Convenios: “Dios os dará conocimiento por medio de su Santo Espíritu, sí, por el inefable don del Espíritu Santo, conocimiento que no se ha revelado desde el principio del mundo hasta ahora” (D. y C. 121:26). Quizás reconozcan algunos conceptos de un discurso que ofrecí en la conferencia general de octubre de 2010. Con el tiempo que me han asignado hoy, voy a ampliarlos más.
La importancia del Espíritu Santo
La importancia del Espíritu Santo y el hecho de que Él es un don inefable se pueden resaltar por medio de dos ejemplos, cada uno con un mensaje propio. El primero es del Libro de Mormón y el segundo de un acontecimiento de la historia de la Iglesia.
Cuando Jesucristo visitó al pueblo del Libro de Mormón, les enseñó, bendijo a sus hijos, instituyó la Santa Cena y después se marchó. Las personas regresaron a su casa y trabajaron toda la noche a fin de reunir a los demás en el lugar en el que Él había dicho que se les aparecería al día siguiente.
Debido a la gran cantidad de personas, los doce discípulos separaron al pueblo en doce grupos para enseñarles lo que el Salvador les había enseñado a ellos el día anterior, y después oraron. De todas las cosas por las que podían orar, “oraron por lo que más deseaban; y su deseo era que les fuese dado el Espíritu Santo” (3 Nefi 19:9), con lo cual se hace hincapié en el Espíritu Santo y en la importancia que posee, la cual es única en todas las Escrituras.
Después de su oración, y en respuesta a sus ruegos, Nefi bautizó a los discípulos, luego de lo cual “el Espíritu Santo descendió sobre ellos, y fueron llenos del Espíritu Santo y de fuego” (3 Nefi 19:13). Ellos recibieron la evidencia convincente o el testimonio de Él.
Entonces el Salvador se les apareció:
“Y sucedió que Jesús… se alejó de ellos un poco y se inclinó a tierra, y dijo:
“Padre, gracias te doy porque has dado el Espíritu Santo a éstos que he escogido…
“Padre, te ruego que des el Espíritu Santo a todos los que crean en sus palabras” (3 Nefi 19:19–21).
No conozco ningún pasaje de las Escrituras que exprese mejor cuán importante el Señor piensa que es el Espíritu Santo.
El segundo ejemplo proviene de las enseñanzas del presidente Brigham Young. Los santos se encontraban en Winter Quarters y se preparaban para emigrar al Oeste en la primavera. Hacía ya más de dos años y medio que José Smith había fallecido cuando el presidente Young tuvo una visión, un sueño, en el que habló con el profeta José Smith. A medida que escuchen, adviertan la cantidad de veces que él hizo hincapié en la importancia del Espíritu del Señor:
“‘Hermano José,… los hermanos están ansiosos por comprender los… principios de sellamiento; si usted tiene un consejo para darme, lo recibiría gustoso’.
“José se acercó a mí, y mirándome muy seriamente pero con cordialidad me dijo: ‘Diga a la gente que sea humilde y fiel y se asegure de conservar el Espíritu del Señor, el cual los guiará con justicia. Que tengan cuidado y no se alejen de la voz apacible; ésta les enseñará lo que deben hacer y a dónde ir, les proveerá los frutos del reino. Diga a los hermanos que tengan el corazón dispuesto al convencimiento para que cuando el Espíritu Santo venga a ellos, su corazón esté listo para recibirlo. Ellos podrán distinguir al Espíritu del Señor de todos los demás espíritus; Él les susurrará paz y gozo a su alma; quitará de su corazón la malicia, el odio, las contiendas y toda maldad, y todo su deseo será hacer el bien, fomentar la rectitud y edificar el reino de Dios. Diga a los hermanos que si siguen al Espíritu del Señor, les irá bien. Asegúrese de decirle a la gente que guarde el Espíritu del Señor y, que si lo hacen, se encontrarán organizados tal como nuestro Padre Celestial los organizó antes de venir al mundo. Nuestro Padre Celestial organizó la familia humana…’. Seguir leyendo
La voz del Señor
Conferencia General Octubre 2017
La voz del Señor
Por el élder Neil L. Andersen
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
Testifico que en esta conferencia hemos escuchado la voz del Señor.La prueba para cada uno de nosotros es cómo respondemos.
Primero, una palabra de aliento para los niños pequeños. Sí, esta es la última sesión y, sí, yo soy el último discursante.
Recientemente, mientras visitaba el Templo del Centro de la Ciudad de Provo, admiré un cuadro que tenía el título: La Primera Visión, desde lejos. El cuadro ilustra la luz y el poder de los cielos cuando el Padre y el Hijo visitaron al joven José Smith.

Aunque no estoy haciendo una comparación con el muy sagrado acontecimiento que dio inicio a la Restauración, puedo imaginarme una imagen similar que refleje la luz y el poder espiritual de Dios descendiendo sobre esta conferencia general y, a su vez, ese poder y luz extendiéndose a todo el mundo.


Les testifico que Jesús es el Cristo, que Él guía los asuntos de esta obra sagrada y que la conferencia general es uno de los momentos sumamente importantes en los que Él da dirección a Su Iglesia y a nosotros en forma personal.
Recibir instrucción de lo alto
El día en que se organizó la Iglesia, el Señor nombró a José Smith profeta, vidente y apóstol del Señor Jesucristo1, y dijo a la Iglesia:
“porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca.
“Porque si hacéis estas cosas, las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros… y Dios el Señor dispersará los poderes de las tinieblas de ante vosotros, y hará sacudir los cielos para vuestro bien”2.
Posteriormente, todos los miembros de la Primera Presidencia y del Cuórum de los Doce Apóstoles también fueron sostenidos y ordenados como profetas, videntes y reveladores3.
Ahora, al congregarnos bajo la dirección del presidente Thomas S. Monson, esperamos escuchar “… la voluntad del Señor… la intención del Señor… la voz del Señor y el poder de Dios para salvación”4. Confiamos en Su promesa: “… sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo”5.
En medio de la conmoción y confusión del mundo moderno, confiar y creer en las palabras de la Primera Presidencia y del Cuórum de los Doce es vital para nuestro crecimiento y resistencia espirituales6.
Nos hemos reunido para esta maravillosa conferencia. Millones de Santos de los Últimos Días y otras personas de fe en más de 200 países, que hablan más de 93 idiomas, asisten a estas sesiones o leen los mensajes de la conferencia.
Venimos después de orar y prepararnos. Muchos de nosotros tenemos preocupaciones apremiantes y preguntas sinceras; deseamos renovar la fe en nuestro Salvador Jesucristo, fortalecer nuestra capacidad de resistir la tentación y evitar las distracciones. Venimos para que se nos enseñe de lo alto.
La intención y la voluntad del Señor
Para la Primera Presidencia y los Doce, que por lo general hablan en todas las conferencias, la enorme responsabilidad de preparar sus mensajes es tanto una carga recurrente como un deber sagrado.
Hace años, antes de prestar servicio como Autoridad General, le pregunté al élder Dallin H. Oaks si preparaba un discurso diferente para cada conferencia de estaca. Respondió que no, pero agregó: “Pero mis discursos de la conferencia general son diferentes; tal vez escribo de 12 a 15 borradores para asegurarme de decir lo que el Señor desea que diga”7.
¿Cuándo y cómo llega la inspiración para los discursos de la conferencia general?
Sin tener temas asignados, vemos los cielos coordinar de forma hermosa los temas de la verdad eterna para cada conferencia.
Uno de mis hermanos de las Autoridades Generales me dijo que sintió cuál debía ser su tema para esta conferencia inmediatamente después de dar su discurso el pasado abril. Otro mencionó hace tres semanas que aún estaba orando y esperando una respuesta del Señor. Otro, cuando se le preguntó cuánto tiempo le había llevado escribir un discurso particularmente delicado, respondió: “Veinticinco años”.
En ocasiones, la idea principal le puede venir a uno con rapidez, pero el contenido y los detalles todavía requieren un enorme esfuerzo espiritual. El ayuno y la oración, el estudio y la fe, siempre son parte del proceso. El Señor no desea que haya ningún pretexto que reste fuerza a Su voz para Sus santos.
La dirección para un discurso de la conferencia por lo general se recibe de noche o en las primeras horas de la mañana, cuando uno no está necesariamente pensando en el discurso. De repente, surge una idea inesperada y, en ocasiones, brotan palabras y frases específicas como revelación pura8.
Cuando ustedes escuchen, los mensajes que reciban podrán ser muy literales o personalizados especialmente para ustedes.
Cuando discursé en la conferencia general hace muchos años, mencioné una frase que me vino a la mente al preguntarme si estaba preparado para servir en una misión. La frase era: “No lo sabes todo, ¡pero sabes lo suficiente!”9. Una joven, presente ese día en la conferencia general, me dijo que estaba orando sobre una propuesta de matrimonio, preguntándose si conocía bien al joven. Cuando pronuncié las palabras “No lo sabes todo, pero sabes lo suficiente”, el Espíritu le confirmó que sí lo conocía lo suficiente. Ellos llevan muchos años felizmente casados.
Les prometo que, si preparan su espíritu y vienen con la expectativa de escuchar la voz del Señor, acudirán a su mente pensamientos y sentimientos personalizados especialmente para ustedes. Ya los han sentido en esta conferencia, o los sentirán al estudiar los mensajes a lo largo de las próximas semanas.
Ahora y durante los próximos meses
El presidente Monson ha dicho:
“… tomen tiempo para leer los mensajes de la conferencia”10.
“[Medítenlos]… He descubierto… que saco aún más provecho de estos sermones inspirados cuando los estudio en mayor profundidad”11.
Las enseñanzas de la conferencia general son los temas que el Señor desea que tengamos presentes ahora y durante los próximos meses.
El pastor “va delante de [sus ovejas]; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz”12.
Con frecuencia, Su voz nos indica que cambiemos algo en nuestra vida. Él nos invita a arrepentirnos; nos invita a seguirle.
Piensen en las siguientes declaraciones de esta conferencia:
El presidente Eyring dijo esta mañana: “Testifico que Dios el Padre vive y desea que ustedes vuelvan a casa con Él. Esta es la Iglesia verdadera del Señor Jesucristo. Él los conoce, los ama y vela por ustedes”13.
El presidente Uchtdorf dijo ayer: “Testifico que cuando nos embarcamos o continuamos en el increíble viaje que conduce a Dios, nuestra vida será mejor, y el Señor nos utilizará de maneras sorprendentes para bendecir a los que nos rodean y llevar a cabo Sus propósitos eternos”14.
El presidente Nelson dijo ayer por la tarde: “Les prometo que si cada día se sumergen en el Libro de Mormón, estarán vacunados contra los males de esta época, incluso la plaga esclavizante de la pornografía y otras adicciones que entumecen la mente”15.
El élder Oaks dijo ayer: “Testifico que la proclamación sobre la familia es una declaración de verdad eterna, la voluntad del Señor para Sus hijos que procuran la vida eterna”16.
Y el élder Ballard dijo hace tan solo unos minutos: “Debemos acoger a los hijos de Dios con compasión y eliminar todo prejuicio, incluso el racismo, el sexismo y el nacionalismo”17.
Ya que tenemos un minuto adicional, me gustaría añadir una breve reflexión sobre el élder Robert D. Hales. La Primera Presidencia le había dicho al élder Hales que podría dar un breve mensaje en la sesión del domingo por la mañana, si su salud se lo permitía. Si bien su salud no se lo permitía, él preparó un mensaje, que terminó la semana pasada y que compartió conmigo. Dado que ha fallecido hace aproximadamente tres horas, les comparto tres líneas de su discurso.
Cito al élder Hales: “Cuando elegimos tener fe, estamos preparados para estar ante la presencia de Dios… Después de la crucifixión del Salvador, Él se apareció solo a aquellos ‘que habían sido fieles en el testimonio de [Él] mientras vivieron en la carne’. [D. y C. 138:12.] En cambio, no ‘vieron [la presencia del Salvador] ni contemplaron su faz los… que rechazaron el testimonio… de los… profetas’. (D. y C. 138:21)… Nuestra fe nos prepara para estar en la presencia del Señor”.
Qué bueno que fue el Señor al inspirar al presidente Russell M. Nelson, justo al final de la sesión de esta mañana, a que saliera rápidamente del edificio, no almorzara, y se apresurara a estar junto al élder Hales, donde pudo llegar y estar allí, como su presidente de cuórum, con la angelical Mary Hales, mientras el élder Hales se graduaba de esta vida mortal.
Responder a la voz del Señor
Testifico que en esta conferencia hemos escuchado la voz del Señor.
No debemos alarmarnos cuando las palabras de los siervos del Señor van en contra de las ideas del mundo y, en ocasiones, de nuestra propia forma de pensar. Siempre ha sido así. Me arrodillo en el templo con mis hermanos de las Autoridades Generales; doy fe de la bondad de sus almas. Su mayor deseo es complacer al Señor y ayudar a los hijos de Dios a regresar a Su presencia.
Los Setenta; el Obispado; las Presidencias Generales de la Sociedad de Socorro, las Mujeres Jóvenes, la Primaria; y otros líderes de organizaciones auxiliares han aportado gran inspiración a esta conferencia, al igual que la hermosa música y las oraciones sinceras.
Hay un cofre de tesoro de dirección divina en los mensajes de la conferencia general esperando que ustedes la descubran. La prueba para cada uno de nosotros es cómo respondemos a lo que escuchamos, a lo que leemos y a lo que sentimos.
Permítanme compartir una experiencia de la vida del presidente Russell M. Nelson sobre cómo responder a las palabras proféticas:
En 1979, cinco años antes de ser llamado como Autoridad General, el hermano Nelson asistió a una reunión justo antes de la conferencia general. “El presidente Spencer W. Kimball desafió a todos los presentes a apresurar el paso para llevar el Evangelio al mundo entero. Uno de los países que el presidente Kimball mencionó específicamente fue China, y declaró: ‘Deberíamos servir a los chinos; deberíamos aprender su idioma; deberíamos orar por ellos y ayudarles’”18.

A sus 54 años, el hermano Nelson sintió en esa reunión que debía estudiar el idioma mandarín. Aunque era un cirujano cardiovascular muy ocupado, solicitó de inmediato los servicios de un tutor.
Poco después de comenzar sus estudios, mientras se encontraba en una convención, el Dr. Nelson se encontró, de improviso, sentado al lado de “un distinguido cirujano chino, el Dr. Wu Yingkai… Debido a que [el hermano Nelson] había estado estudiando mandarín, entabló [una] conversación [con el Dr. Wu]”19.

El deseo del Dr. Nelson de seguir al profeta dio como resultado la visita del Dr. Wu a Salt Lake City y que el Dr. Nelson viajara a China para dar conferencias y realizar operaciones quirúrgicas.
Su amor por la gente de China, y el amor y respeto de ellos por él, creció.
En febrero de 1985, diez meses después de ser llamado al Cuórum de los Doce, el élder Nelson recibió una llamada telefónica inesperada de China rogándole que el Dr. Nelson viajara a Beijing para operar el debilitado corazón de la cantante de ópera más famosa de China. Con el incentivo del presidente Gordon B. Hinckley, el élder Nelson regresó a China. La última operación quirúrgica que realizó fue en la República Popular China.

Hace apenas dos años, en octubre de 2015, el presidente Russell M. Nelson fue nuevamente honrado con una declaración oficial que lo nombraba “viejo amigo de China”.
Ayer escuchamos al presidente Russell M. Nelson, que ahora tiene 93 años, hablar de la súplica del presidente Thomas S. Monson (en la conferencia del pasado abril) de que “cada día todos estudiemos y meditemos en el Libro de Mormón con espíritu de oración”.
Tal como hizo cuando era un atareado cirujano cardiovascular, que contrató a un tutor de mandarín, el presidente Nelson aceptó de inmediato el consejo del presidente Monson y lo puso en práctica en su vida. Más que limitarse a leerlo, él dijo que hizo “listas de lo que es el Libro de Mormón, lo que afirma, lo que refuta, lo que cumple, lo que aclara y lo que revela”20.
Y luego, curiosamente, justo esta mañana, como un segundo testigo, el presidente Henry B. Eyring también habló acerca de cómo respondió a la admonición del presidente Monson. ¿Recuerdan estas palabras? “Como muchos de ustedes, oí las palabras del profeta como si fuera la voz del Señor dirigiéndose a mí; y también como muchos de ustedes, decidí obedecer esas palabras”21.
Ruego que estos sean ejemplos para nuestra propia vida.
Una promesa y una bendición
Les prometo que cuando escuchen la voz del Señor dirigida a ustedes en las enseñanzas de esta conferencia general, y luego sigan esas impresiones, sentirán la influencia del cielo sobre ustedes, y su vida y la vida de quienes los rodean serán bendecidas22.
Durante esta conferencia, hemos pensado en nuestro querido profeta. Lo amamos, presidente Monson. Concluyo con sus palabras dadas desde este púlpito. Creo que es una bendición que él querría darnos a cada uno hoy, si pudiera estar con nosotros. Dijo: “Ahora, al partir de esta conferencia, invoco las bendiciones del cielo sobre cada uno de ustedes… ruego que nuestro Padre Celestial les bendiga a ustedes y a sus familias. Ruego que los mensajes y el espíritu de esta conferencia se manifiesten en todo lo que hagan en sus hogares, en su trabajo, en sus reuniones y en todos sus quehaceres”.
Y finalizó: “Les amo; oro por ustedes. Ruego que Dios les bendiga; que Su promesa de paz esté con ustedes ahora y siempre”23.
En el nombre de Jesucristo. Amén.
Referencias
1. Véase Doctrina y Convenios 21:1.
2. Doctrina y Convenios 21:5–6.
3. José Smith registró que lo siguiente ocurrió en la dedicación del Templo de Kirtland, el 27 de marzo de 1836:
“Pronuncié un breve discurso y pedí a los varios cuórums y a toda la congregación de los santos que reconocieran a la [Primera] Presidencia como profetas y videntes, y los sostuvieran con sus oraciones. Todos convinieron en hacerlo, levantándose.
“Entonces pedí a los cuórums y a la congregación de los santos que aceptaran a los Doce Apóstoles, que se hallaban presentes, como profetas, videntes, reveladores y testigos especiales a todas las naciones de la tierra, ya que tenían las llaves del reino, para abrirlo o mandar que tal se hiciera entre ellos; y que los sostuviesen por medio de sus oraciones, a lo cual accedieron poniéndose de pie” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, págs. 209–210).
4. Doctrina y Convenios 68:4.
5. Doctrina y Convenios 1:38.
6. El presidente Henry B. Eyring una vez dijo: “… la elección de no aceptarlo sacude el mismo suelo que pisamos; este se torna más peligroso. El no seguir el consejo profético disminuye nuestro poder de aceptarlo en el futuro. El mejor momento para haberse decidido a ayudar a Noé a construir el arca fue la primera vez que él lo pidió; después, cada vez que él pedía ayuda, toda respuesta negativa disminuía la sensibilidad al Espíritu. Y así, cada vez que solicitaba ayuda, su petición parecía más insensata, hasta que descendió la lluvia; y para entonces era demasiado tarde.
“En mi vida, siempre que he elegido posponer seguir el consejo inspirado o que he decidido que yo era la excepción, he llegado a darme cuenta de que me encontraba en peligro. Siempre que he escuchado el consejo de los profetas, lo he confirmado por medio de la oración y lo he seguido, he visto cómo me he dirigido hacia un lugar seguro” (“Busquemos seguridad en el consejo”, Liahona, julio de 1997, pág. 28).
7. Véase Neil L. Andersen, “Teaching Our Children to Love the Prophets”, Ensign, abril de 1996, pág. 47.
8. Boyd K. Packer dijo una vez:
“Escuché al presidente Harold B. Lee comenzar muchas declaraciones sobre asuntos que se relacionaban con la revelación con una expresión similar a esta: ‘En las primeras horas de la mañana, mientras meditaba ese tema…’. Acostumbraba ocuparse de los problemas que requerían revelación en las horas frescas y alertas del inicio de la mañana.
“El Señor sabía lo que decía cuando indicó en Doctrina y Convenios: ‘… cesad de dormir más de lo necesario; acostaos temprano para que no os fatiguéis; levantaos temprano para que vuestros cuerpos y vuestras mentes sean vigorizados’ (D. y C. 88:124)…
“He aprendido el poder que tiene el dicho: ‘Al que madruga, Dios lo ayuda’. Cuando estoy bajo presión, no me quedo despierto hasta altas horas; prefiero acostarme temprano y levantarme a primera hora de la madrugada, cuando puedo estar cerca de Aquel que guía esta obra” (Teach Ye Diligently, 2005, págs. 244–245).
9. Neil L. Andersen, “Sabes lo suficiente”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 13.
10. Thomas S. Monson, “Hasta que nos volvamos a ver”, Liahona, mayo de 2014, pág. 115.
11. Véase Thomas S. Monson, “Para siempre Dios esté con vos”, Liahona,noviembre de 2012, pág. 110.
12. Juan 10:4.
13. Henry B. Eyring, “No tengáis miedo de hacer lo bueno,” Liahona,noviembre de 2017, pág. 103.
14. Dieter F. Uchtdorf, “El anhelo de volver a casa,” Liahona, noviembre de 2017, págs. 22, 24.
15. Russell M. Nelson, “El Libro de Mormón: ¿Cómo sería su vida sin él?”,Liahona, noviembre de 2017, pág 63.
16. Dallin H. Oaks, “El plan y la proclamación”, Liahona, noviembre de 2017, pág. 30.
17. M. Russell Ballard, “¡El viaje continúa!”Liahona, noviembre de 2017, pág 106.
18. Spencer J. Condie, Russell M. Nelson: Father, Surgeon, Apostle, 2003, pág. 215.
19. Spencer J. Condie, Russell M. Nelson, pág. 215.
20. Russell M. Nelson, “El Libro de Mormón: ¿Cómo sería su vida sin él?” pág. 61.
21. Henry B. Eyring, “No tengáis miedo de hacer lo bueno,” 100.
22. Gordon B. Hinckley dijo una vez:
“Los resultados se verán al aplicar a nuestra vida las enseñanzas recibidas. Si en lo sucesivo somos un poco más amables, si tratamos mejor a nuestros vecinos, si nos hemos acercado más al Señor con una resolución más firme de seguir Sus enseñanzas y Su ejemplo, entonces esta conferencia habrá tenido gran éxito. Pero si, por lo contrario, nuestra vida no mejora en ningún sentido, entonces quienes nos han hablado habrán fracasado en gran medida.
“Esos cambios tal vez no se podrán ver en un día, ni en una semana ni en un mes. Las resoluciones se hacen y se olvidan con rapidez. Pero si de aquí a un año, nos comportamos mejor de lo que lo hemos hecho en el pasado, entonces los esfuerzos de estos días no habrán sido en vano” (“Un corazón humilde y contrito”, Liahona, enero de 2001, pág. 102).
23. Thomas S. Monson, “Palabras de clausura”, Liahona, mayo de 2010, pág. 113.
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Amémonos unos a otros como Él nos ha amado
Conferencia General Octubre 2017
Amémonos unos a otros como Él nos ha amado
Por el élder José L. Alonso
De los Setenta
A medida que servimos y perdonamos a los demás con verdadero amor, podemos ser sanados y recibir la fuerza para vencer nuestros desafíos.
Durante la Última Cena, el Salvador le dio un nuevo mandamiento a Sus discípulos, dijo:
“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis los unos a los otros.
“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros”1.
Los discípulos del Salvador recibieron un nuevo mandamiento de hacer algo más, algo más significativo y algo más divino. Este nuevo mandamiento e invitación se resume en la frase clave: “como yo os he amado”.
El amor es acción, el amor es servicio
“El amor es un sentimiento de profunda devoción, interés y afecto. La muestra más grande del amor de Dios por Sus hijos se encuentra en la infinita expiación de Jesucristo”2. “Porque de tal manera amó Dios al mundo”, registró Juan, “que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”3. “El amor por Dios y por los semejantes es una característica de los discípulos de Jesucristo”4.
Hace unos años, cuando José, nuestro nieto mayor, tenía cuatro años de edad, estaba jugando con mi esposa. Mientras se reían y divertían juntos, nuestro nieto le preguntó: “Abuela, ¿me amas?”.
Ella contestó: “Sí, José, te amo”.
Luego él hizo otra pregunta: “¿Cómo sabes que me amas?”.
Ella le explicó sus sentimientos y también le dijo todo lo que ha hecho y estaría dispuesta a hacer por él.
Después, mi esposa le hizo a José las mismas preguntas, incluyendo la penetrante pregunta: “¿Cómo sabes que me amas?”.
Con una respuesta inocente pero sincera, él dijo: “Te amo porque lo siento dentro de mi corazón”. El comportamiento amoroso de José hacia su abuela ese día y siempre, demuestra que el amor es una combinación de acciones al igual que sentimientos profundos.
El rey Benjamín enseñó: “He aquí, os digo estas cosas para que aprendáis sabiduría; para que sepáis que cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, sólo estáis al servicio de vuestro Dios”5.
En el mundo de hoy lleno de tanto sufrimiento por diferentes circunstancias, el enviar un mensaje de texto con un emoticón divertido o publicar una linda foto con las palabras “Te amo”, es bueno y valioso. Pero lo que muchos de nosotros debemos hacer es dejar atrás nuestros dispositivos móviles y, con nuestras manos y nuestros pies, ayudar a otras personas necesitadas. El amor sin servicio es como la fe sin obras; en verdad está muerto.
El amor es perdonar
El amor puro de Cristo, que es la caridad,6 no solo nos inspira a actuar y proporcionar servicio, sino también a tener la fuerza para perdonar, sin importar la situación. Permítanme compartir una experiencia que ha impactado y cambiado mi vida. Ted y Sharon, los padres de Cooper, quienes están aquí hoy, me han dado permiso para compartir lo que le ocurrió a su familia hace más de nueve años. Contaré la experiencia desde el punto de vista de Ted, el padre de Cooper: Seguir leyendo
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Buscad… de los mejores libros
Conferencia General Octubre 2017
Buscad… de los mejores libros
Por el élder Ian S. Ardern
De los Setenta
Al estudiar de los mejores libros, nos protegemos de las mandíbulas amenazantes de aquellos que procuran carcomer nuestras raíces espirituales.
Temprano una mañana, vi una oruga hambrienta y bien camuflada en un hermoso rosal. Al ver algunos de los brotes sin hojas, era obvio, incluso para el observador casual, que la oruga se abría camino carcomiendo las tiernas hojas con sus mandíbulas amenazantes. Alegóricamente, no pude evitar pensar que hay algunas personas que son como esa oruga; se encuentran por todo el mundo, y algunos se disfrazan con tanta habilidad que quizás les demos cabida en nuestras vidas y, antes de que nos demos cuenta, han carcomido nuestras raíces espirituales y las de nuestros familiares y amigos.
Vivimos en una época en la que abunda la desinformación sobre nuestras creencias. En tiempos como esos, el no proteger y no hacer nuestras raíces espirituales más profundas es una invitación a que las carcoman quienes procuran destruir nuestra fe en Cristo y nuestra creencia en Su Iglesia restaurada. En la época del Libro de Mormón, fue Zeezrom quien procuró destruir la fe de los creyentes.
Sus acciones y palabras eran “una trampa del adversario, la cual [tendió] para entrampar [al] pueblo, a fin de [sujetarlos] a él, para [ligarlos] con sus cadenas” (Alma 12:6). Esas mismas trampas existen hoy y, a menos que estemos espiritualmente alerta y establezcamos un fundamento seguro sobre nuestro Redentor (véase Helamán 5:12), quizás nos encontremos sujetos con las cadenas de Satanás y se nos conduzca cuidadosamente por los senderos prohibidos de los que se habla en el Libro de Mormón (véase 1 Nefi 8:28).
El apóstol Pablo hizo sonar una advertencia en sus días, que es aplicable en nuestra época: “Porque yo sé que… de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas, para arrastrar a los discípulos tras sí” (Hechos 20:29–30).
Su advertencia y la de nuestros profetas y apóstoles nos recuerdan que debemos hacer todo lo posible por fortificarnos espiritualmente contra las palabras de oposición y engaño. Al visitar los barrios y las estacas de la Iglesia, me siento edificado por lo que veo, oigo y siento a medida que los santos responden de manera positiva y fiel a las enseñanzas del Salvador y Sus siervos. Seguir leyendo
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