Verdades esenciales, nuestra necesidad de actuar

Conferencia General Octubre 2017

Verdades esenciales, nuestra necesidad de actuar

Por el élder Adilson de Paula Parrella
De los Setenta

La Primera Visión y el profeta José Smith sacaron a la luz conocimiento y verdades adicionales que son esenciales para nuestra felicidad en esta vida y nuestra exaltación.

Cuando tenía unos siete años, pregunté a mi madre: “Cuando tú y yo muramos y vayamos al cielo, ¿seguirás siendo mi madre?”. Ella no esperaba tal pregunta, pero respondiendo lo mejor que pudo, dijo: “No, en el cielo vamos a ser hermanos y hermanas; no seré tu madre”. Esa no era la respuesta que yo esperaba.

Poco tiempo después de esa breve conversación, dos jóvenes llegaron a nuestra puerta. Por algún milagro, mi padre los dejó pasar. Dijeron que eran misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Esos élderes, como aprendimos a llamarlos, comenzaron a enseñar a nuestra familia. Recuerdo vívidamente nuestros sentimientos de felicidad y emoción cada vez que venían a casa. Nos dijeron que un jovencito había ido a una arboleda a preguntar a Dios qué iglesia era la verdadera y que vio a Dios y a Jesucristo1. Los élderes nos mostraron una lámina de esa visión y cuando la vi, supe que José Smith ciertamente había visto a Dios el Padre y a Jesucristo. Los misioneros dijeron que debido a esa visión, la verdadera Iglesia de Jesucristo estaba otra vez en la tierra2.

La Primera Visión

Los misioneros también nos enseñaron el plan de felicidad de Dios y respondieron las preguntas de nuestra familia sobre religión. Nos enseñaron que las familias verdaderamente pueden estar juntas después de esta vida, como padre, madre, hijos e hijas.

Nuestra familia fue bautizada. El camino para cambiar antiguos hábitos, abandonar tradiciones y llegar a ser miembros activos de la Iglesia fue en ocasiones accidentado. Sin embargo, debido a la misericordia y al amor de Dios, y con la ayuda de muchos líderes y miembros superamos los primeros años que constituyeron un reto.

Los millones que ya se han unido a la Iglesia, así como los muchos que se están convirtiendo y bautizando cada semana, han obtenido un testimonio de la Primera Visión. A menudo, el Espíritu Santo puede repetir ese testimonio a cada uno de nosotros cuando nos esforzamos por vivir las sencillas verdades del evangelio de Jesucristo.

La Primera Visión y el profeta José Smith sacaron a la luz conocimiento y verdades adicionales que son esenciales para nuestra felicidad en esta vida y nuestra exaltación en la presencia de Dios. Mencionaré tres de las verdades que obtuvimos y sobre las cuales debemos proceder, gracias a que un jovencito se arrodilló en oración sincera. Seguir leyendo

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¿Confiamos en Él? Lo difícil es bueno

Conferencia General Octubre 2017

¿Confiamos en Él? Lo difícil es bueno

Por el élder Stanley G. Ellis
Miembro emérito de los Setenta

No importa de lo que se trate, lo difícil puede ser bueno para aquellos que avanzarán con fe y confianza en el Señor y en Su plan.

Antes de comenzar, como uno que representa a todos nosotros, impactados por la devastación de los recientes huracanes y terremotos, quiero expresar mi más sincero agradecimiento a todos los integrantes de Manos Mormonas que Ayudan y a sus facilitadores, quienes nos dieron ayuda y esperanza.

En octubre de 2006, di mi primer discurso de conferencia general. Sentí que un importante mensaje para la Iglesia mundial incluiría la afirmación “El Señor confía en nosotros”.

En verdad, Él confía en nosotros de muchas maneras. Nos ha dado el evangelio de Jesucristo, y en esta dispensación, su plenitud. Nos ha confiado la autoridad de Su sacerdocio junto con las llaves para su debido uso. Con ese poder podemos bendecir, servir, recibir ordenanzas y hacer convenios. Nos confía Su Iglesia restaurada, incluso el santo templo. Confía a Sus siervos el poder para sellar, ¡para atar en la tierra y que sea atado en los cielos! Él incluso nos confía ser padres terrenales, maestros y personas responsables del cuidado de Sus hijos.

Después de estos años de servicio como Autoridad General en muchas partes del mundo, declaro incluso con más certeza: Él confía en nosotros.

Ahora la pregunta para esta conferencia es: “¿Confiamos nosotros en Él?”.

¿Confiamos en Él?

El presidente Thomas S. Monson a menudo nos recuerda: “Confía en Jehová con todo tu corazón,y no te apoyes en tu propia prudencia.

“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.

“No seas sabio en tu propia opinión” (Proverbios 3:5–7).

¿Confiamos en que Sus mandamientos sean para nuestro bien? ¿En que Sus líderes, aunque imperfectos, nos guíen bien? ¿En que Sus promesas sean seguras? ¿Confiamos en que el Padre Celestial y Jesucristo nos conocen y desean ayudarnos? Incluso en medio de pruebas, desafíos y momentos difíciles, ¿confiamos todavía en Él?

En retrospectiva, aprendí algunas de las mejores lecciones durante los momentos más difíciles, ya fuera como joven, en una misión, empezando una nueva profesión, esforzándome por magnificar mi llamamiento, criando una familia numerosa o luchando por ser autosuficiente. Parece claro que ¡lo difícil es bueno!

Lo difícil es bueno

Lo difícil nos hace fuertes, nos hace humildes y nos da la oportunidad de probarnos a nosotros mismos. Nuestros queridos pioneros de carros de mano llegaron a conocer a Dios en sus situaciónes extremas. ¿Por qué le tomó a Nefi y a sus hermanos dos capítulos para obtener las planchas de bronce y solo tres versículos para conseguir que la familia de Ismael se uniera a ellos en el desierto? (véase  1 Nefi 347:3–5). Parece que el Señor deseaba fortalecer a Nefi mediante la lucha por obtener las planchas. Seguir leyendo

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Separados, pero aún unidos

Conferencia General Octubre 2017

Separados, pero aún unidos

Por el élder Joni L. Koch
De los Setenta

En la Iglesia, a pesar de nuestras diferencias, ¡el Señor espera que seamos uno!

En junio de 1994, manejaba entusiasmado de regreso a casa del trabajo para ver en la televisión a nuestro equipo nacional de fútbol jugar en la Copa Mundial. Apenas empecé el recorrido, vi de lejos en la acera a un hombre yendo con prisa en una silla de ruedas, la cual me di cuenta de que estaba decorada con nuestra bandera brasileña. ¡Entonces supe que él también iba a casa a ver el partido!

Cuando nos acercamos el uno al otro y nos miramos a los ojos, por una fracción de segundo ¡me sentí fuertemente unido a ese hombre! Íbamos en direcciones opuestas, no nos conocíamos y claramente nuestras condiciones sociales y físicas eran diferentes, pero ¡nuestra misma pasión por el fútbol y nuestro amor por el país nos unieron en ese momento! No he vuelto a ver a ese hombre, pero hoy, décadas después, todavía puedo ver esos ojos y sentir esa fuerte conexión con aquel hombre.Después de todo, ¡ganamos el partido y la Copa Mundial ese año!

En la Iglesia, a pesar de nuestras diferencias, ¡el Señor espera que seamos uno! En Doctrina y Convenios, Él dijo: “Sed uno; y si no sois uno, no sois míos”1.

Al entrar todos a una capilla o a un templo para adorar como grupo, debemos dejar atrás nuestras diferencias, incluso nuestra raza, posición social, preferencias políticas, logros académicos y profesionales, y, en lugar de ello, concentrarnos en nuestros objetivos espirituales comunes. Juntos cantamos himnos, meditamos sobre los mismos convenios durante la Santa Cena y decimos en alto “amén” simultáneamente después de los discursos, las lecciones y las oraciones, mostrando conjuntamente que estamos de acuerdo con lo que se dijo.

Estas cosas que hacemos en forma colectiva ayudan a crear un sentido de unidad en la congregación.

Sin embargo, lo que realmente determina, consolida o destruye nuestra unidad es la manera en que actuamos cuando estamos lejos de los miembros de la Iglesia. Como todos sabemos, es inevitable y normal que en algún momento hablemos los unos de los otros. Seguir leyendo

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El testigo convincente de Dios: El Libro de Mormón

Conferencia General Octubre 2017

El testigo convincente de Dios: El Libro de Mormón

Por Tad R. Callister
Presidente General de la Escuela Dominical

El Libro de Mormón es el testigo convincente deDios de la divinidad de Jesucristo, del llamado profético de José Smith y de la verdad absoluta de esta Iglesia.

El Libro de Mormón no solamente es la piedra angular de nuestra religión, sino que también puede llegar a ser la piedra angular de nuestro testimonio, para que así, cuando afrontemos pruebas y preguntas sin respuesta, podamos mantener nuestro testimonio firme. Este libro es la pesa en la balanza de la verdad que sobrepasa todas las pesas combinadas de los argumentos de los críticos. ¿Por qué? Porque si es verdad, entonces José Smith fue un profeta y esta es la Iglesia restaurada de Jesucristo, sin importar cualquier argumento histórico o de otro tipo que diga lo contrario. Por esa razón, los críticos tienen la determinación de refutar el Libro de Mormón, pero los obstáculos a los que se enfrentan son inconmensurables, ya que este libro es verdadero.

En primer lugar, los críticos deben explicar cómo José Smith, un chico granjero de 23 años con educación académica limitada, creó un libro con cientos de nombres propios y lugares únicos, así como relatos y acontecimientos detallados. Por tanto, mucho críticos proponen que era un genio creativo que se basó en muchos libros y otros recursos locales para crear el contenido histórico del Libro de Mormón. Pero en contra de su afirmación, no hay ni un solo testigo que declare haber visto a José con ninguno de estos supuestos recursos antes de que comenzara la traducción.

Aunque este argumento fuera verdad, es tristemente insuficiente para explicar la existencia del Libro de Mormón. También se debe contestar la siguiente pregunta: ¿Cómo leyó José todos estos supuestos recursos, cómo separó lo irrelevante y cómo mantuvo los hechos en orden en cuanto a quién estaba en qué lugar y cuándo, yentonces cómo los recitó perfectamente de memoria? Puesto que, cuando José Smith traducía, no tenía ningún apunte en absoluto. De hecho, su esposa Emma recordó: “Él no tenía ningún manuscrito ni libro del cual pudiera leer… Si hubiera tenido algo así, no me lo habría podido ocultar”1.

¿Cómo entonces llevó a cabo José Smith la increíble hazaña de dictar un libro de más de quinientas páginas sin ningún apunte? Para hacerlo, no solo tuvo que ser un genio creativo, sino también tener una memoria fotográfica de proporciones prodigiosas. Pero si eso es verdad, ¿por qué sus críticos no resaltan ese talento maravilloso?

Pero hay más que eso. Esos argumentos solamente explican el contenido histórico del libro. Pero los temas reales siguen en pie: ¿Cómo produjo José un libro del que irradia el Espíritu, y de dónde sacó doctrina tan profunda, mucha de la cual aclara o contradice las creencias cristianas de su tiempo?

Por ejemplo, el Libro de Mormón enseña, contrario a la mayoría de las creencias cristianas, que la caída de Adán era un paso positivo hacia adelante. Revela los convenios que se hacen durante el bautismo, lo cuales la Biblia no menciona. Seguir leyendo

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¡El viaje continúa!

Conferencia General Octubre 2017

¡El viaje continúa!

Por el élder M. Russell Ballard
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

El viaje de regreso a nuestro Padre Celestial es el viaje más importante de nuestra vida.


Hace ciento setenta años, Brigham Young contempló el valle de Salt Lake por primera vez y declaró: “¡Este es el lugar correcto!”1. Conocía el sitio porque el Señor se lo había revelado.

Para 1869, más de 70 000 santos habían realizado un viaje similar. A pesar de sus muchas diferencias de idioma, cultura y nacionalidad, compartían el testimonio del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; de la restauración del evangelio de Jesucristo; y el deseo de edificar Sion; un lugar de paz, dicha y belleza, en preparación para la segunda venida del Salvador.

Jane Manning James

Entre aquellos primeros santos en llegar a Utah estaba Jane Manning James, que era hija de un esclavo liberado, conversa de la Iglesia restaurada y una discípula muy admirable que afrontó difíciles retos. La hermana James continuó siendo una fiel Santo de los últimos días hasta su muerte en 1908.

Ella escribió: “Quiero decir ahora mismo que mi fe en el evangelio de Jesucristo —tal como lo enseña La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días— es tan firme hoy como lo era en el día de mi bautismo o, mejor dicho, si acaso es posible, aún más firme. Pago mis diezmos y ofrendas; guardo la Palabra de Sabiduría; me acuesto y me levanto temprano; y trato, a mi débil manera, de dar un buen ejemplo a todos”2.

La hermana James, como tantos otros Santos de los Últimos Días, no solo edificó Sion con sangre, sudor y lágrimas, sino que también procuró las bendiciones del Señor al vivir los principios del Evangelio lo mejor que podía, mientras perseveraba con fe en Jesucristo, el gran Sanador de todos los que lo buscan con sinceridad.

Los primeros santos no fueron perfectos, pero establecieron el cimiento sobre el cual formamos familias y una sociedad que aman y guardan convenios, lo cual se recalca en diversas noticias de todo el mundo debido a nuestro compromiso para con Jesucristo y a nuestras labores voluntarias para ayudar a personas cercanas y distantes3.

Presidente Eyring, quiero agregar mi agradecimiento a las decenas de miles de ángeles con camiseta amarilla sirviendo en Texas, México y otros lugares, y rendirles homenaje. Seguir leyendo

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No tengáis miedo de hacer lo bueno

Conferencia General Octubre 2017

No tengáis miedo de hacer lo bueno

Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

El Señor nos dice que cuando permanecemos con fe sobre Su roca, la duda y el temor disminuyen y aumenta el deseo de hacer lo bueno.

Mis queridos hermanos y hermanas, ruego humildemente que el Espíritu del Señor esté con nosotros mientras les hablo. Mi corazón rebosa de gratitud al Señor, cuya Iglesia esta es, por la inspiración que hemos recibido de las oraciones fervientes, los sermones inspirados y los cantos angelicales durante esta conferencia.

El pasado mes de abril, el presidente Thomas S. Monson dio un mensaje que conmovió corazones en todo el mundo, incluso el mío; habló del poder del Libro de Mormón. Nos instó a estudiarlo, a meditar en él y a aplicar sus enseñanzas. Prometió que, si todos los días dedicábamos tiempo a estudiar, meditar y observar los mandamientos que contiene el Libro de Mormón, tendríamos un testimonio vital de su verdad, y el testimonio resultante del Cristo viviente nos mantendría a salvo en los momentos de tribulación (véase “El poder del Libro de Mormón”, Liahona, mayo de 2017, págs. 86–87).

Como muchos de ustedes, oí las palabras del profeta como si fuera la voz del Señor dirigiéndose a mí; y también como muchos de ustedes, decidí obedecer esas palabras. Desde que era niño, he sentido el testimonio de que el Libro de Mormón es la palabra de Dios, que el Padre y el Hijo se aparecieron a José Smith y hablaron con él, y que Apóstoles de la antigüedad visitaron al profeta José para restaurar las llaves del sacerdocio a la Iglesia del Señor.

Teniendo ese testimonio, he leído el Libro de Mormón todos los días durante más de 50 años, por lo que hubiera sido razonable pensar que las palabras del presidente Monson iban dirigidas a otra persona. Sin embargo, al igual que muchos de ustedes, sentí que la exhortación y la promesa del profeta me invitaban a hacer un esfuerzo mayor. Muchos de ustedes han hecho lo que hice yo: orar con mayor intención, meditar en las Escrituras más intensamente y esforzarse más por servir al Señor y a otras personas por Él.

El feliz resultado para mí, y para muchos de ustedes, ha sido lo que el profeta prometió. Aquellos que aceptamos su consejo inspirado hemos oído el Espíritu con más claridad; hemos hallado un poder mayor para resistir la tentación y hemos tenido una fe mayor en un Jesucristo resucitado, en Su evangelio y en Su Iglesia viviente.

En una época de cada vez más conmoción en el mundo, esos aumentos de testimonio han expulsado la duda y el temor, y nos han brindado sentimientos de paz. Haber dado oído al consejo del presidente Monson ha tenido otros dos efectos maravillosos en mí. En primer lugar, el Espíritu que él prometió ha producido un sensación de optimismo sobre lo que depara el futuro, aun cuando la conmoción en el mundo parece aumentar; y en segundo lugar, el Señor me ha dado a mí, y a ustedes, un sentimiento aun mayor de Su amor por quienes sufren; hemos sentido un aumento en el deseo de ir y rescatar a los demás; un deseo que ha sido la esencia del ministerio y la enseñanza del presidente Monson.

El Señor prometió amor por los demás y valor al profeta José Smith y a Oliver Cowdery cuando las tareas que tenían por delante podrían haberles parecido abrumadoras. El Señor dijo que el valor necesario procedería de su fe en Él como su roca:

“No tengáis miedo, hijos míos, de hacer lo bueno, porque lo que sembréis, eso mismo cosecharéis. Por tanto, si sembráis lo bueno, también cosecharéis lo bueno para vuestra recompensa.

“Así que, no temáis, rebañito; haced lo bueno; aunque se combinen en contra de vosotros la tierra y el infierno, pues si estáis edificados sobre mi roca, no pueden prevalecer.

“He aquí, no os condeno; id y no pequéis más; cumplid con solemnidad la obra que os he mandado.

“Mirad hacia mí en todo pensamiento; no dudéis; no temáis.

“Mirad las heridas que traspasaron mi costado, y también las marcas de los clavos en mis manos y pies; sed fieles; guardad mis mandamientos y heredaréis el reino de los cielos” (D. y C. 6:33–37). Seguir leyendo

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Señor, que sean abiertos nuestros ojos

Conferencia General Octubre 2017

Señor, que sean abiertos nuestros ojos

Por el élder W. Craig Zwick
Miembro emérito de los Setenta

Debemos mirar a los demás a través de los ojos de nuestro Salvador.

El rey león es una película clásica animada sobre la sabana africana. Cuando el rey león muere tratando de salvar a su hijo, el príncipe león es forzado al exilio mientras un gobernante déspota destruye el equilibrio de la sabana. El príncipe león reclama su reinado mediante la ayuda de un mentor, y sus ojos se abren a la necesidad de crear un equilibrio en el gran ciclo de la vida de la sabana. Reclamando su lugar legítimo como rey, el joven león sigue el consejo de “mirar más allá de lo que ve”1.

Al aprender a ser herederos de todo lo que nuestro Padre tiene, el Evangelio nos enseña a mirar más allá de lo que vemos. Para mirar más allá de lo que vemos, debemos mirar a los demás a través de los ojos de nuestro Salvador. La red del Evangelio está llena de una gran variedad de personas. No podemos comprender plenamente las decisiones y los antecedentes psicológicos de las personas en nuestro mundo, congregaciones de la Iglesia, ni aun en nuestra familia, ya que muy rara vez tenemos la visión total de quiénes son ellos. Debemos mirar más allá de las suposiciones y estereotipos fáciles de hacer, y ampliar el pequeño lente de nuestra experiencia.

Mis ojos fueron abiertos para “mirar más allá de lo que podía ver” cuando servía como presidente de misión. Un joven élder llegó con una mirada atemorizada. Cuando lo entrevisté, él con tristeza dijo: “Quiero regresar a casa”. Yo pensé: “Bueno, podemos arreglar esto”. Le aconsejé que trabajara con ahínco y orara acerca de ello por una semana y que luego me llamara. Una semana después, casi a la misma hora, llamó. Todavía quería irse a casa. Otra vez le aconsejé orar, trabajar arduamente y que me llamara en una semana. En nuestra próxima entrevista, las cosas no habían cambiado; él insistía en irse a casa.

Yo sencillamente no iba a dejar que eso sucediera, así que empecé a enseñarle sobre la sagrada naturaleza de su llamamiento. Lo animé a “olvidarse de sí mismo y ponerse a trabajar”2; pero sin importar qué consejo le daba, no cambiaba de idea. Por último, se me ocurrió pensar que yo no tenía la visión plena. Fue entonces cuando sentí la impresión de preguntarle: “Élder, ¿qué es lo que le resulta difícil?”. Lo que dijo me partió el corazón: “Presidente, no sé leer”.

El sabio consejo que yo pensaba que era tan importante que él escuchara no era para nada relevante a sus necesidades. Lo que él más necesitaba era que yo mirara más allá de mi apresurado juicio y permitiera que el Espíritu me ayudara a entender lo que realmente estaba pensando ese élder. Él necesitaba que yo lo viera de la manera correcta y le ofreciera una razón para tener esperanza; en cambio, actué como una bola de demolición gigante. Este valiente élder aprendió a leer y se convirtió en un discípulo de Jesucristo muy puro. Él abrió mis ojos a las palabras del Señor: “… porque Jehová no mira lo que el hombre mira, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7)”. Seguir leyendo

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Volverse al Señor

Conferencia General Octubre 2017

Volverse al Señor

Por el obispo W. Christopher Waddell
Segundo Consejero del Obispado Presidente

No podemos controlar todo lo que nos sucede, pero tenemos el control absoluto de cómo respondemos a los cambios en nuestra vida.

En la primavera de 1998, Carol y yo pudimos combinar un viaje de negocios con unas vacaciones familiares y llevar a nuestros cuatro hijos, junto con mi suegra que recién había enviudado, a Hawái por unos días.

La noche anterior a nuestro vuelo a Hawái, a nuestro hijo de cuatro meses, Jonathon, se le diagnosticó infección en ambos oídos y se nos dijo que no podría viajar por lo menos en tres o cuatro días. Se tomó la decisión de que Carol se quedaría en casa con Jonathon, mientras que yo haría el viaje con el resto de la familia.

Mi primera indicación de que ese no era el viaje que yo había imaginado ocurrió poco después de nuestra llegada. Mientras caminábamos por un sendero iluminado por la luna y bordeado de palmeras, con una vista del océano frente a nosotros, me volví para comentar sobre la belleza de la isla, y en ese momento romántico, en lugar de ver a Carol, me encontré mirando a los ojos de mi suegra… a quien, puedo agregar, le tengo un gran cariño. Simplemente no era lo que había anticipado. Tampoco Carol esperaba pasar sus vacaciones sola en casa con nuestro hijito enfermo.

Habrá momentos en nuestras vidas en los que nos encontraremos en un camino inesperado, enfrentando circunstancias mucho más graves que unas vacaciones desorganizadas. ¿Cómo respondemos cuando los acontecimientos, a menudo fuera de nuestro control, alteran la vida que habíamos planeado o esperado?

Hyrum Smith Shumway

El 6 de junio de 1944, Hyrum Shumway, un joven subteniente del ejército de los EE. UU., desembarcó en la playa Omaha como parte de la invasión del día D. Realizó el desembarco sin ningún percance, pero el 27 de julio, como parte del avance de los Aliados, resultó gravemente herido por una mina antitanque que explotó. En un instante, su vida y su futura carrera médica se habían visto afectadas de forma dramática. Después de varias cirugías, que le ayudaron a recuperarse de la mayoría de sus graves heridas, el hermano Shumway nunca recobró la vista. ¿Cómo iba a responder?

Después de pasar tres años en un hospital de rehabilitación, regresó a su hogar en Lovell, Wyoming. Sabía que su sueño de convertirse en médico ya no era posible, pero estaba decidido a seguir adelante, casarse y mantener a una familia.

Finalmente consiguió trabajo en Baltimore, Maryland, como consejero de rehabilitación y especialista en empleo para ciegos. En su propio proceso de rehabilitación había aprendido que los ciegos son capaces de hacer muchas más cosas de lo que él había pensado, y durante sus ocho años en ese cargo colocó en empleos a más personas ciegas que cualquier otro consejero del país.

Shumway family

Ahora confiado en su capacidad de proveer para una familia, Hyrum le propuso matrimonio a su novia, diciéndole: “Si tú lees el correo, organizas los calcetines y conduces el auto, yo puedo hacer el resto”. Al poco tiempo se sellaron en el Templo de Salt Lake y finalmente fueron bendecidos con ocho hijos. Seguir leyendo

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Preciosas y grandísimas promesas

Conferencia General Octubre 2017

Preciosas y grandísimas promesas

Por el élder David A. Bednar
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

El gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial incluye la doctrina, las ordenanzas, los convenios y las preciosas y grandísimas promesas mediante las que podemos llegar a ser partícipes de la naturaleza divina.

Uno de los grandes retos que cada uno de nosotros afronta cada día es no dejar que los afanes de este mundo dominen tanto nuestro tiempo y energía que descuidemos las cosas eternas que más importan1. Podemos ser distraídos, con demasiada facilidad, alrecordar y centrarnos en las prioridades espirituales esenciales debido a nuestras muchas responsabilidades y ajetreadas agendas. A veces, tratamos de correr tan rápido que podemos olvidar hacia dónde vamos y por qué corremos.

El apóstol Pedro nos recuerda que, a los discípulos de Jesucristo, “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, por el conocimiento de Aquel que nos ha llamado por medio de Su gloria y virtud,

“por conducto de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia”2.

Mi mensaje pone énfasis en la importancia de las preciosas y grandísimas promesas que Pedro describe como verdaderos recordatorios de hacia dónde vamos en nuestra travesía terrenal y por qué. Además, trataré las respectivas funciones que cumplen el día de reposo, el Santo Templo y nuestro hogar para ayudarnos a recordar esas importantes promesas espirituales.

Ruego fervientemente que el Espíritu Santo nos instruya a cada uno de nosotros al considerar juntos estas importantes verdades.

Nuestra identidad divina

El gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial incluye la doctrina, las ordenanzas, los convenios y las preciosas y grandísimas promesas mediante las que podemos llegar a ser partícipes de la naturaleza divina. Su plan define nuestra identidad eterna y la senda que debemos seguir para aprender, cambiar, crecer y al final morar con Él para siempre.

Como se explica en “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”:

“Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija procreado en espíritu por Padres Celestiales y, también como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos…

“En el mundo premortal, hijos e hijas, procreados como espíritus, conocieron a Dios y lo adoraron como su Padre Eterno, y aceptaron Su plan por medio del cual Sus hijos podrían obtener un cuerpo físico y ganar experiencia terrenal para progresar hacia la perfección y finalmente lograr su destino divino como herederos de la vida eterna”3.

Dios promete a Sus hijos que, si siguen los preceptos de Su plan y el ejemplo de Su Hijo Amado, guardan los mandamientos y perseveran con fe hasta el fin, entonces, en virtud de la redención del Salvador, “[tendrán] la vida eterna, que es el mayor de todos los dones de Dios”4. La vida eterna es la preciosa y grandísima promesa suprema.

Renacimiento espiritual

Comprendemos más plenamente las preciosas y grandísimas promesas, y empezamos a ser partícipes de la naturaleza divina al responder de modo afirmativo al llamado del Señor a la gloria y a la virtud. Tal como Pedro lo describió, dicho llamado se cumple al esforzarse por huir de la corrupción que hay en el mundo. Seguir leyendo

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¿Ha cesado el día de los milagros?

Conferencia General Octubre 2017

¿Ha cesado el día de los milagros?

por el élder Donald L. Hallstrom
De los Setenta

Nuestra atención suprema debe centrarse en los milagros espirituales que están al alcance de todos los hijos de Dios.

Hace un año, al llevar a cabo una asignación en el Estado de California, fui con un presidente de estaca a visitar a Clark y Holly Fales y a su familia en su casa. Me contaron que hacía poco habían experimentado un milagro. Al llegar, Clark tuvo dificultades para ponerse de pie y saludarnos, ya que tenía aparatos ortopédicos en la espalda, el cuello y los brazos.

Hacía solo dos meses, Clark, su hijo Ty, y alrededor de otros 30 hombres jóvenes y líderes emprendieron una actividad de aventura extrema, al ir de excursión a la cima del monte Shasta que está a 4322 m, uno de los picos más elevados de California. Al segundo día de la rigurosa caminata, la mayoría de los alpinistas alcanzaron la cima, un logro emocionante que fue posible gracias a meses de preparación.

Ese día, una de las primeras personas que llegaron a la cima fue Clark. Después de un breve descanso cerca del borde de la cumbre, se puso de pie y empezó a caminar. Al hacerlo, tropezó y cayó de espaldas por el borde de un acantilado, sufriendo una caída libre de 12 m y luego una serie de volteretas fuera de control por la gélida ladera otros 91 m. Sorprendentemente, Clark sobrevivió, pero estaba gravemente herido y no podía moverse.

Los milagros que Clark experimentó durante ese suceso traumático estaban solo por comenzar. Algunas de las primeras personas que lo localizaron “por casualidad” pertenecían a un grupo de excursionistas que incluía guías de rescate en montaña y profesionales médicos de urgencias. De inmediato atendieron el estado de choque de Clark y proporcionaron el equipo para mantenerlo abrigado. Además, también “por casualidad”, el grupo estaba probando un nuevo dispositivo de comunicación y solicitó ayuda de urgencia desde una zona donde los teléfonos celulares no podían recibir señal. De inmediato, desde un lugar a una hora de distancia, se envió un pequeño helicóptero al monte Shasta. Después de dos intentos peligrosos pero infructuosos por aterrizar a una altitud que sobrepasaba los límites de la aeronave, y de luchar en condiciones de viento adversas, el piloto comenzó un tercer y último intento. Mientras el helicóptero se acercaba desde un ángulo diferente, “por casualidad” los vientos cambiaron y el avión aterrizó solo el tiempo suficiente para que el grupo metiera a Clark rápidamente, y con dolor para él, en el pequeño compartimiento detrás del asiento del piloto. Seguir leyendo

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Para que tu gozo sea cabal

Conferencia General Octubre 2017

Para que tu gozo sea cabal

Por Jean B. Bingham
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Jesucristo es la fuente de toda sanidad, paz y progreso eterno.

Hermanos y hermanas, me da mucho gozo estar con ustedes; y de eso me gustaría hablarles esta mañana, tener una plenitud de gozo.

En un reciente titular se lee: “Los desastres estremecen la nación [y] el mundo”1. Desde huracanes e inundaciones a olas de calor y sequías, desde incendios forestales y terremotos a guerras y enfermedades devastadoras, parece que “toda la tierra [está] en conmoción”2.

Millones de personas han quedado desplazadas, e innumerables vidas se han visto interrumpidas por esos desafíos. La contención en las familias y en las comunidades, así como las luchas internas con el temor, la duda, y las expectativas frustradas también nos dejan desconcertados. Puede ser difícil sentir que el gozo del cual Lehi enseñó es el propósito de la vida3. En ocasiones todos hemos preguntado: “¿Dónde hallo el solaz, dónde, el alivio…?”4. Nos preguntamos, “¿cómo puedo encontrar gozo a pesar de las dificultades de la vida terrenal?”.

La respuesta puede parecer demasiado simple, pero ha demostrado ser cierta desde los días de Adán. El gozo duradero se encuentra al centrarse en nuestro Salvador, Jesucristo, y vivir el Evangelio tal como Él lo demostró y enseñó. Cuanto más aprendemos de Jesucristo, tenemos fe en Él y lo emulamos, más llegamos a entender que Él es la fuente de toda sanidad, paz y progreso eterno. Él invita a cada uno a venir a Él5, una invitación que el presidente Henry B. Eyring ha calificado como “la invitación más importante que cualquier persona pueda aceptar”6.

Aprender de Jesucristo

¿Cómo venimos a Él? El pasado abril, el presidente Russell M. Nelson y el élder M. Russell Ballard nos animaron a estudiar “El Cristo Viviente”7 como parte del aprendizaje acerca del Salvador. Muchos han aceptado el reto y han sido bendecidos. No hace mucho tiempo, una querida amiga dio a cada uno de sus hijos adultos copias del documento con imágenes del Evangelio para ilustrar cada frase. Los animó para que ayudaran a los nietos de ella a entenderlo y a memorizarlo. Un tiempo después, mi amiga compartió un video de su nieta de seis años, Leyna, recitando con entusiasmo y elegancia su versión memorizada. Me di cuenta de que si una pequeña de seis años lo podía hacer, ¡yo también puedo hacerlo!

Laynie, quien memorizó “El Cristo viviente”

A medida que he estudiado la vida y las enseñanzas de Jesucristo con más atención y he aprendido de memoria ‘El Cristo Viviente’, mi gratitud y mi amor por nuestro Salvador han aumentado. En cada frase de ese documento inspirado se halla un sermón y ha aumentado mi comprensión de Sus funciones divinas y de Su misión terrenal. Lo que he aprendido y sentido durante ese período de estudio y reflexión confirma que Jesús verdaderamente “es la luz, la vida y la esperanza del mundo”8. Las Escrituras antiguas y las palabras de los profetas de los últimos días, escritas o habladas en alabanza a Él, testifican que “Su camino es el sendero que lleva a la felicidad en esta vida y a la vida eterna en el mundo venidero”9.

Tener fe en Jesucristo

A medida que estudien la vida y las enseñanzas de Cristo en innumerables maneras, su fe en Él aumentará. Llegarán a saber que Él los ama individualmente y los entiende perfectamente. En Sus 33 años en la vida terrenal, Él sufrió rechazo, persecución, hambre corporal, sed y fatiga10, soledad, abuso verbal y físico y, finalmente, una muerte atroz en manos de hombres pecadores11. En el Jardín de Getsemaní y en la cruz del Calvario, sintió todos nuestros dolores, aflicciones, tentaciones, enfermedades y debilidades12.

No importa lo que hayamos sufrido, Él es la fuente de sanidad. Aquellos que han experimentado cualquier forma de abuso, pérdida devastadora, enfermedad crónica o aflicción discapacitante, acusaciones falsas, persecución cruel o daño espiritual por el pecado o los malentendidos, pueden ser todos sanados por el Redentor del mundo. Sin embargo, Él no entrará sin invitación. Debemos venir a Él y permitirle efectuar Sus milagros. Seguir leyendo

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El Señor dirige Su Iglesia

Conferencia General Octubre 2017

El Señor dirige Su Iglesia

Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

El liderazgo del Señor sobre Su Iglesia requiere una fe grande y constante de todos los que le sirven en la tierra.

Mis queridos hermanos que poseen el sacerdocio de Dios, esta noche deseo hablar de la maravillosa manera en que el Señor dirige Su reino sobre la tierra. Ya conocen los principios fundamentales. Ruego que el Espíritu Santo se los confirme.

Primero, Jesucristo es la cabeza de la Iglesia en toda la tierra.

Segundo, Él dirige Su Iglesia en la actualidad hablando con hombres llamados como profetas, y lo hace mediante la revelación.

Tercero, Él dio revelaciones a Sus profetas hace mucho tiempo, aún lo hace y continuará haciéndolo.

Cuarto, Él da revelación confirmadora a quienes prestan servicio bajo el liderazgo de Sus profetas.

Teniendo en cuenta estos aspectos fundamentales, reconocemos que el liderazgo del Señor sobre Su Iglesia requiere una fe grande y constante de todos los que le sirven en la tierra.

Por ejemplo, se necesita fe para creer que el Señor resucitado vela por los detalles diarios de Su reino. Se necesita fe para creer que Él llama a personas imperfectas a posiciones de confianza. Se necesita fe para creer que Él conoce perfectamente a las personas que llama, tanto su capacidad como su potencial, por lo que no comete errores en Sus llamamientos.

Al escuchar esto, algunos de esta congregación tal vez sonrían o nieguen con la cabeza; tanto los que piensan que su propio llamado a servir pudo haber sido un error como quienes consideran que conocen a algunos que no parecen estar a la altura de su cargo en el reino del Señor. Mi consejo para ambos grupos es que eviten tales consideraciones hasta que puedan ver más claramente lo que el Señor ve. Lo que deben considerar, en cambio, es que ustedes tienen la capacidad de recibir revelación y de actuar de acuerdo con ella valientemente.

Se necesita fe para hacer eso, Se necesita una fe aun más grande para creer que el Señor ha llamado a siervos humanos imperfectos para guiarlos… Mi propósito esta noche es edificar su fe en que Dios los dirige en el servicio que le prestan a Él. Y lo que es aun más importante, espero edificar su fe en que el Señor inspira a las personas imperfectas que Él ha llamado como líderes de ustedes.

Quizás piensen, al principio, que tal fe no es importante para el éxito de la Iglesia y reino del Señor. Sin embargo —sin importar en qué eslabón de la cadena del servicio del sacerdocio se encuentren, desde el profeta del Señor hasta un nuevo poseedor del Sacerdocio Aarónico—, tal vez descubran que esa fe es esencial.

Comencemos con lo que significa la fe para un presidente del cuórum de maestros o de diáconos. Para él es importante tener fe en que el Señor lo llamó personalmente, conociendo las debilidades y fortalezas de ese maestro. Debe tener fe en que el hombre que extendió el llamamiento recibió revelación por el Espíritu de Dios. Sus consejeros y los miembros de su cuórum necesitan la misma fe para seguirlo con una confianza sin miedo.

Vi semejante confianza cuando un jovencito se reunió con la presidencia de su cuórum de diáconos un domingo por la mañana; acababa de ser llamado como su secretario. Esa joven presidencia deliberó en consejo. Hablaron de varias maneras en que podían llevar a cabo el pedido del obispo de ayudar a un jovencito menos activo a regresar a la Iglesia. Después de orar y analizar el asunto, designaron al secretario para que fuera a la casa de un jovencito que nunca había ido a una reunión y lo invitara.

El secretario no conocía al joven, pero sabía que uno de sus padres era menos activo y que el otro no era miembro ni muy amigable. El secretario sintió ansiedad, pero no temor; sabía que el profeta de Dios les había pedido a los poseedores del sacerdocio que trajeran de vuelta las ovejas perdidas; y había escuchado la oración de su presidencia; escuchó que llegaron a un acuerdo sobre el nombre del joven a rescatar y sobre su propio nombre.

Observé cuando el secretario caminó hasta la casa del jovencito menos activo. Caminaba lentamente, como si se acercara a un gran peligro, pero en menos de media hora regresó con el joven, sonriendo de felicidad. No estoy seguro de si en ese momento él lo sabía, pero se había encaminado con fe en que estaba en la obra del Señor. Esa fe ha permanecido con él y ha crecido a lo largo de sus años como misionero, padre, líder de los Hombres Jóvenes y obispo. Seguir leyendo

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Portadores de luz celestial

Conferencia General Octubre 2017

Portadores de luz celestial

Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Como poseedores del sacerdocio de Dios y como discípulos de Jesucristo, ustedes son portadores de luz.

Un hombre de avanzada edad estaba parado en la fila de la oficina de correos para comprar estampillas en el mostrador. Una joven mujer notó que el hombre caminaba con dificultad y se ofreció para mostrarle cómo podía ahorrar tiempo comprando las estampillas en una máquina. El anciano amablemente le dijo: “Gracias, pero prefiero esperar. La máquina no me va a preguntar cómo sigue mi artritis”.

A veces, nos hace bien conversar con alguien que se interesa por nuestros problemas.

El dolor, la tristeza y la enfermedad son experiencias comunes a todos, los momentos de infortunio, miseria y desgracia pueden acumularse y ocupar mucho espacio en la memoria del disco duro de nuestras almas.

Cuando se trata de nuestro bienestar físico, aceptamos el envejecer y la enfermedad como parte de nuestra jornada terrenal. Buscamos la ayuda de profesionales que tienen conocimiento del cuerpo humano. Cuando sufrimos angustias emocionales o enfermedades mentales, acudimos a los expertos que tratan este tipo de trastornos.

Así como afrontamos dificultades físicas y emocionales en esta vida, también afrontamos desafíos espirituales. Muchos de nosotros hemos experimentado momentos en los que nuestro testimonio ardía radiante; También podemos haber experimentado momentos en que nuestro Padre Celestial parecía estar distante. Hay momentos en que atesoramos las cosas del Espíritu con todo nuestro corazón; también puede haber momentos en que parezcan menos valiosas o de menor importancia.

Hoy deseo hablar acerca del bienestar espiritual, de cómo podemos hallar sanación para salir de la inactividad y caminar por una senda de salud vibrante y espiritual.

La enfermedad espiritual

A veces, la enfermedad espiritual es el resultado del pecado o de heridas emocionales. A veces, los colapsos espirituales ocurren tan gradualmente que apenas podemos darnos cuenta de lo que está sucediendo. Tal como las capas de roca sedimentaria, el dolor y la aflicción espirituales se van acumulando con el tiempo, pesando sobre nuestro espíritu hasta que es casi imposible de soportar. Por ejemplo, esto puede suceder, cuando nuestras responsabilidades en el trabajo, en casa y en la Iglesia se vuelven tan abrumadoras que perdemos de vista el gozo del Evangelio. Podríamos sentir que ya no tenemos nada más que dar o que ya no tenemos fuerzas para vivir los mandamientos de Dios.

Pero el solo hecho de que las aflicciones espirituales sean reales, no significa que sean incurables.

Podemos sanar espiritualmente.

Aun las heridas más profundas —sí, aun las que parecen incurables— pueden sanar.

Mis queridos amigos, el poder sanador de Jesucristo no está ausente en nuestros días.

El toque sanador del Salvador puede transformar vidas hoy en día, tal como lo hizo en el pasado. Si tan solo tenemos fe, Él puede tomar nuestras manos, llenar nuestra alma de sanidad y luz celestiales y decirnos las palabras benditas: “Levántate, toma tu lecho y anda”1.

Las tinieblas y la luz

Nuestras dolencias espirituales, sean cuales sean, tienen algo en común: la ausencia de luz divina.

Las tinieblas restringen nuestra capacidad de ver con claridad; nublan nuestra visión de lo que en algún momento era claro y nítido. Cuando nos hallamos en tinieblas, tendemos a hacer malas elecciones porque no podemos ver los peligros en nuestro camino. En la oscuridad, somos más propensos a perder la esperanza, ya que no podemos ver la paz y el gozo que nos esperan si tan solo seguimos adelante.

Por otra parte, la luz nos permite ver las cosas como realmente son. Hace que discernamos entre la verdad y el error, entre lo que es vital y lo trivial. Cuando nos hallamos en la luz, podemos hacer elecciones correctas basadas en principios verdaderos. Cuando estamos en la luz, tenemos “un fulgor perfecto de esperanza”2 porque podemos ver nuestras dificultades terrenales desde una perspectiva eterna. Seguir leyendo

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Ganar la confianza del Señor y la de su familia

Conferencia General Octubre 2017

Ganar la confianza del Señor y la de su familia

Por el élder Richard J. Maynes
De los Setenta

Los hombres que tienen “integridad de corazón” son hombres de confianza, porque la confianza se edifica sobre la integridad.


Hermanos, tal vez no haya mayor halago que podamos recibir del Señor que saber que Él confía en que nosotros somos dignos poseedores del sacerdocio y buenos esposos y padres.

Una cosa es cierta: ganar la confianza del Señor es una bendición que viene por medio de un gran esfuerzo de nuestra parte. La confianza es una bendición basada en la obediencia a las leyes de Dios. Ganar la confianza del Señor viene como resultado de ser fieles a los convenios que hemos hecho en las aguas del bautismo y en el santo templo. Cuando guardamos nuestras promesas al Señor, Su confianza en nosotros crece.

Amo las Escrituras, tanto las antiguas como las modernas, que tienen la frase: “integridad de corazón”, cuando describen a una persona de carácter recto1. La integridad, o la falta de ella, es un elemento fundamental en el carácter de alguien. Los hombres que tienen “integridad de corazón” son hombres de confianza, porque la confianza se edifica sobre la integridad.

Ser un hombre de integridad simplemente significa que nuestras intenciones, así como nuestros hechos, son puros y rectos en todos los aspectos de nuestra vida, tanto en público como en privado. Con cada decisión que hacemos, ameritamos más la confianza de Dios o la disminuimos. Este principio es tal vez más claramente manifestado en nuestras responsabilidades, divinamente asignadas, como esposos y padres.

Como esposos y padres hemos recibido un encargo divino de los profetas antiguos y modernos, videntes y reveladores, en el documento “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”. Ese documento nos enseña que 1, “los padres presiden la familia con amor y rectitud”; 2, “los padres son responsables de proveer las cosas necesarias de la vida”; y 3, “los padres son responsables de proteger a sus familias”2.

Para que nosotros ganemos la confianza de Dios, necesitaremos cumplir con nuestras familias esas tres responsabilidades, divinamente asignadas, a la manera del Señor. Como se declara más adelante en la Proclamación para la Familia, la manera del Señor significa cumplir esas responsabilidades junto con nuestra esposa “como compañeros iguales”3. Para mí, esto significa que no tomaremos ninguna decisión importante, respecto a esas tres responsabilidades, sin la unidad total con nuestra esposa.

El primer paso en nuestra búsqueda para ganar la confianza del Señor, es poner nuestra confianza en Él. El profeta Nefi ejemplificó este tipo de compromiso cuando oró: “Oh Señor, en ti he puesto mi confianza, y en ti confiaré para siempre. No pondré mi confianza en el brazo de la carne”4. Nefi estaba completamente comprometido en hacer la voluntad del Señor. Adicionalmente, al decir él: “haré lo que el Señor ha mandado”, Nefi estaba firme en su compromiso de cumplir sus asignaciones, como se ilustra en esta declaración: “Así como el Señor vive, y como nosotros vivimos, no descenderemos hasta nuestro padre en el desierto hasta que hayamos cumplido lo que el Señor nos ha mandado”5.

Debido a que Nefi confió primero en Dios, Dios puso gran confianza en él. El Señor lo bendijo con un gran derramamiento del Espíritu que bendijo su vida, la vida de su familia y las vidas de su pueblo. Por razón de que Nefi presidió con amor y rectitud, y proveyó para su familia y la protegió igual que a su pueblo, él escribió: “Y aconteció que vivimos de una manera feliz” 6.

A fin de representar la perspectiva de una mujer en este asunto, le pedí a mis dos hijas casadas que me ayudaran. Les pregunté si podrían darme una frase o dos de cómo ellas ven la importancia de confiar y cómo afecta eso a sus matrimonios y vidas familiares. Y estos son los pensamientos de Lara Harris y Christina Hansen:

Primero, Lara: “Una de las cosas más importantes para mí es saber que mi esposo se ocupa de su rutina diaria tomando decisiones que muestran respeto y amor hacia mí. El poder confiar el uno en el otro de esta manera trae paz a nuestro hogar, donde podemos disfrutar de la crianza de nuestra familia juntos”.

Ahora los pensamientos de Christina: “Tener confianza en alguien es igual a tener fe en alguien. Sin esa confianza y fe, hay temor y dudas. Para mí, una de las mayores bendiciones que vienen de estar dispuesta a confiar totalmente en mi esposo, es la paz, la tranquilidad de saber que está haciendo lo que dijo que haría. La confianza trae paz, amor y un ambiente en donde ese amor puede crecer”. Seguir leyendo

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La verdad de todas las cosas

Conferencia General Octubre 2017

La verdad de todas las cosas

Por el élder David F. Evans
De los Setenta

Cada uno de nosotros tiene la responsabilidad personal de hacer lo que sea necesario para obtener y mantener un testimonio fuerte.

Asistimos esta noche con la esperanza y la fe de que, de alguna manera, saldremos fortalecidos y bendecidos por el Espíritu Santo que enseña la verdad1. La búsqueda individual de la verdad es de lo que deseo hablar.

Cuando era joven, tenía muchas preguntas acerca de la Iglesia; algunas eran sinceras y otras no lo eran, y reflejaban las dudas de los demás.

A menudo hablaba sobre mis preguntas con mi madre. Estoy seguro de que ella podía darse cuenta de que muchas de mis preguntas eran sinceras y provenían del corazón. Pienso que estaba un poco desilusionada con aquellas preguntas que eran menos sinceras y más argumentativas. Sin embargo, ella nunca me hizo sentir mal por tener dudas; me escuchaba y trataba de contestarlas. Cuando ella percibía que había dicho todo lo que podía y que yo aún tenía dudas, decía algo así: “David, esa es una buena pregunta”. Mientras tú buscas, lees y oras para recibir una respuesta, ¿por qué no haces las cosas que tú sabes que debes hacer y dejas de hacer las cosas que sabes que no debes hacer?”. Eso llegó a ser el modelo a seguir en mi búsqueda de la verdad. Por medio del estudio, de la oración y de guardar los mandamientos, descubrí que hay respuestas para todas mis preguntas importantes. También descubrí que para algunas preguntas se necesita fe, paciencia y revelación constantes2.

Mamá me encomendó la responsabilidad de aumentar la fe y de encontrar respuestas; ella sabía que las respuestas importantes vendrían al buscar yo la verdad de la manera que el Padre Celestial ha establecido; sabía que yo tenía que encontrar la verdad, que debía ser sincero en mis preguntas y estar dispuesto a actuar según lo que yo ya sabía que era verdadero. Ella sabía que al buscar respuestas del Señor, yo tenía que estudiar, orar y desarrollar mayor paciencia. El deseo de ser pacientes forma parte de nuestra búsqueda de la verdad y también del modelo del Señor para revelar la verdad3.

Con el tiempo llegué a comprender que mi madre me estaba enseñado el modelo del Padre Celestial para buscar la verdad. La fe aumentó, las respuestas empezaron a llegar y acepté un llamamiento misional.

A inicios de mi misión, llegó un momento en el que debía saber si la Iglesia era verdadera y José Smith era un profeta de Dios. Sentí lo que el presidente Thomas S. Monson expresó de manera muy clara en la última conferencia general: “Si no tienen un firme testimonio de estas cosas, hagan lo necesario para obtenerlo. Es esencial que tengan un testimonio propio en estos tiempos difíciles, ya que los testimonios de los demás solo les servirán hasta cierto punto”4. Yo sabía lo que era necesario; debía leer el Libro de Mormón con un corazón sincero, con verdadera intención y preguntar a Dios si era verdadero.

Escuchen la extraordinaria promesa que nuestro Padre Celestial dio por medio del profeta Moroni: “Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo”5. Seguir leyendo

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