El sacerdocio y el poder redentor del Salvador

Conferencia General Octubre 2017

El sacerdocio y el poder redentor del Salvador

Por el élder Dale G. Renlund
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Para que los propósitos del Padre Celestial se cumplan, el poder expiatorio de Cristo tiene que ponerse a disposición de los Hijos de Dios. El sacerdocio proporciona esas oportunidades.

Imaginen conmigo un cohete que se está colocando en una plataforma de lanzamiento en preparación para el despegue. Ahora imaginen que se enciende; el combustible, ardiendo en forma controlada, se convierte en gas caliente y es expulsado, proporcionando la propulsión necesaria para impulsar el cohete al espacio. Por último, piensen en la carga útil o cargamento en la parte superior del cohete. El valor de la carga se manifiesta por completo cuando llega adonde tiene que estar y funciona como debe. No hace falta ser un genio para apreciar que un costoso satélite de comunicaciones globales tiene poco valor si permanece en un almacén. La misión del cohete es únicamente distribuir la carga útil.

Esta noche quisiera comparar el sacerdocio que poseemos con un cohete y la oportunidad de beneficiarnos del poder expiatorio del Salvador a la carga útil que lleva el cohete.

A causa de Su sacrificio expiatorio, Jesucristo tiene el poder y autoridad para redimir a la humanidad. Para que Su poder expiatorio esté al alcance de todos, Él ha delegado una porción de Su poder y autoridad a los hombres sobre la tierra. Ese poder y autoridad delegados se llama sacerdocio, el cual permite a quienes lo poseen ayudar al Padre Celestial y a Jesucristo en Su obra: llevar a cabo la salvación y la exaltación de los hijos de Dios; y lo hace porque da a Sus hijos la oportunidad de recibir las bendiciones del poder expiatorio del Salvador.

El poder expiatorio de Jesucristo es esencial debido a que ninguno de nosotros puede regresar a nuestro hogar celestial sin ayuda. En la vida terrenal, constantemente cometemos errores y quebrantamos las leyes de Dios; quedamos manchados por el pecado y no se nos puede permitir regresar a vivir a la presencia de Dios; necesitamos el poder expiatorio del Salvador para reconciliarnos con nuestro Padre Celestial. Jesucristo rompió las ligaduras de la muerte física, haciendo posible que todos resucitemos; Él brinda el perdón de los pecados, supeditado a la obediencia de las leyes y ordenanzas de Su evangelio; y mediante Él se ofrece la exaltación. La oportunidad de beneficiarse del poder expiatorio del Salvador es la carga útil más importante de la creación.

Para que los propósitos del Padre Celestial se cumplan, el poder expiatorio de Cristo tiene que ponerse a disposición de los Hijos de Dios1. El sacerdocio proporciona esas oportunidades; es el cohete. El sacerdocio es esencial, puesto que las ordenanzas y los convenios que son necesarios en la tierra se administran solo por medio de su autoridad. Si el sacerdocio no proporcionara la oportunidad de beneficiarse del poder expiatorio del Salvador, ¿qué propósito tendría? ¿Sería solo un complejo petardo para llamar la atención? Dios espera que se use el sacerdocio para algo más que solo una clase el día domingo o una oportunidad de servicio; Él espera que distribuya la carga útil.

Pequeños defectos en los cohetes pueden causar el fracaso de la misión; las selladuras frágiles y la fatiga del material pueden causar el mal funcionamiento del cohete. Para proteger al sacerdocio, hablando metafóricamente, de las selladuras frágiles y de la fatiga del material, Dios protege tanto su otorgamiento como su uso2. El otorgamiento del sacerdocio está salvaguardado mediante las llaves del sacerdocio, que son los derechos de presidencia dados al hombre3. De la misma manera, el uso del sacerdocio está protegido por las llaves del sacerdocio, pero también por los convenios que los poseedores del sacerdocio hacen. En consecuencia, el uso del sacerdocio está gobernado tanto por las llaves como por los convenios del sacerdocio. La comisión del sacerdocio de un hombre se da individualmente y no es independiente de la persona4; el sacerdocio no es una fuente amorfa de poder autónomo.

Tanto el Sacerdocio Aarónico como el de Melquisedec se reciben mediante convenios5. Dios establece los términos y el hombre los acepta. En sentido general, los poseedores del sacerdocio hacen convenio de ayudar a Dios en Su obra. En los comienzos de esta dispensación, Jesucristo explicó que el convenio del sacerdocio se ha “confirmado por vuestro bien; y no solo por el bien de vosotros, sino del mundo entero… porque no vienen a mí”6. Seguir leyendo

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El Libro de Mormón: ¿Cómo sería su vida sin él?

Conferencia General Octubre 2017

El Libro de Mormón: ¿Cómo sería su vida sin él?

Por el presidente Russell M. Nelson
Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles

El Libro de Mormón nos enseña sobre Jesucristo y Su evangelio de una manera sumamente milagrosa y singular.


En 1986 se me invitó a dar una conferencia especial en una universidad de Accra, Ghana. Allí conocí a un número de dignatarios, incluso un rey de una tribu africana. Mientras conversábamos antes de la conferencia, el rey me habló solo a través de su intérprete, que tradujo para mí; yo le respondía al intérprete y él traducía mis respuestas al rey.

Tras la conferencia, el rey vino directamente hacia mí, pero esta vez sin el intérprete. Para mi sorpresa, me habló en perfecto inglés; ¡el inglés británico, debo aclarar!

El rey parecía perplejo. “¿Quién es usted?”, preguntó.

“Un Apóstol ordenado de Jesucristo”, respondí.

El rey preguntó: “¿Qué puede enseñarme acerca de Jesucristo?”.

Contesté con una pregunta: “¿Puedo saber qué es lo que ya sabe de Él?”.

La respuesta del rey reveló que era un estudiante serio de la Biblia y que amaba al Señor.

Entonces le pregunté si sabía del ministerio de Jesucristo a la gente de la antigua América.

Como anticipaba, dijo que no.

Le expliqué que, después de Su crucifixión y resurrección, el Salvador visitó a la gente de la antigua América, donde enseñó Su Evangelio, organizó Su Iglesia y pidió a Sus discípulos que llevaran un registro de Su ministerio entre ellos.

“Dicho registro”, proseguí, “es lo que conocemos como el Libro de Mormón, el cual es otro testamento de Jesucristo y un libro de Escrituras como la Biblia”.

Al decir esto el rey se mostró muy interesado. Me volví al presidente de misión que me acompañaba y le pregunté si tenía una copia extra del Libro de Mormón consigo, y sacó uno de su maletín.

Lo abrí en 3 Nephi capítulo 11 y ambos, el rey y yo, leímos el sermón del Salvador a los nefitas; entonces le regalé el libro. Su respuesta permanecerá en mi mente y mi corazón para siempre: “Podría haberme dado diamantes o rubíes, pero no hay nada más preciado para mí que este conocimiento adicional acerca del Señor Jesucristo”.

Después de experimentar el poder de las palabras del Salvador en 3 Nefi, el rey proclamó: “Si me convierto y me uno a la Iglesia, traeré a toda mi tribu conmigo”.

“Oh, rey”, le dije, “no funciona así. La conversión es un asunto individual. El Salvador ministró a los nefitas uno por uno; cada persona individualmente recibe un testimonio del evangelio de Jesucristo”1.

Jesus Christ ministering to the Nephites

Mis hermanos y hermanas, ¿cuán preciado es el Libro de Mormón para ustedes? Si se les diera a elegir entre diamantes y rubíes o el Libro de Mormón, ¿qué escogerían? Con toda honestidad, ¿cuál es de mayor valor para ustedes?

Recuerden que en la sesión del domingo por la mañana de la Conferencia General de abril de 2017, el presidente Thomas S. Monson imploró que “cada día todos estudiemos y meditemos en el Libro de Mormón con espíritu de oración”2. Muchos han respondido a la súplica de nuestro profeta.

Déjenme decirles que ni yo ni Riley, que tiene ocho años, sabíamos que nos estaban tomando una foto. Fíjense en que Riley está leyendo su ejemplar del Libro de Mormón con la ayuda de un marcador que dice en inglés: “Soy un hijo de Dios”.

President Nelson and Riley studying the scriptures

Algo portentoso sucede cuando un hijo de Dios procura saber más acerca de Él y de Su Hijo Amado. En ningún lugar se enseñan esas verdades de manera más clara y poderosa que en el Libro de Mormón.

Desde que el presidente Monson nos dio ese reto hace seis meses, he procurado seguir su consejo. Entre otras cosas, he hecho listas de lo que es el Libro de Mormón, lo que afirma, lo que refuta, lo que cumple, lo que aclara y lo que revela. ¡Contemplar el Libro de Mormón a través de esas lentes ha sido un ejercicio esclarecedor e inspirador! Se lo recomiendo a cada uno de ustedes.

Durante estos seis meses, he invitado a varios grupos —incluso a mis hermanos del Cuórum de los Doce, a misioneros de Chile y a presidentes de misión y sus esposas reunidos en Argentina— a considerar tres preguntas relacionadas sobre las cuales hoy los insto a pensar:

Primera: ¿Cómo sería su vida sin el Libro de Mormón?. Segunda: ¿Qué no sabrían?. Y tercera: ¿Qué no tendrían?.

Las respuestas entusiastas de estos grupos vinieron directamente del corazón. Estos son algunos de sus comentarios:

“Sin el Libro de Mormón me confundirían las enseñanzas y opiniones contradictorias acerca de muchas cosas. Estaría como antes de conocer la Iglesia, cuando buscaba conocimiento, fe y esperanza”.

Otra persona dijo: “Desconocería la función que el Espíritu Santo tiene en mi vida”.

Otra: “¡No entendería con claridad mi propósito en la tierra!”.

Otra respondió: “No sabría que hay progreso continuo después de esta vida. Gracias al Libro de Mormón sé que realmente hay vida después de la muerte; esa es la meta final para la que estamos trabajando”.

Este último comentario me hizo reflexionar en mi vida décadas atrás, cuando era un joven cirujano residente. Una de las responsabilidades penosas que un cirujano tiene en ocasiones es la de informar a la familia cuando fallece un ser querido. En un hospital en el que trabajé, se había construido una sala especial con las paredes acolchadas donde los familiares podían recibir este tipo de noticias. Allí, algunas personas expresaban su dolor golpeando su cabeza contra las paredes acolchadas. Cuánto deseaba enseñarles que la muerte, aunque difícil para los deudos del difunto, es una parte necesaria de nuestra existencia inmortal. La muerte nos permite avanzar hacia el mundo siguiente3.

Otra persona que respondió a mi pregunta dijo: “Yo no tuve vida hasta leer el Libro de Mormón. Aunque había orado e ido a mi iglesia toda la vida, el Libro de Mormón me ayudó a realmente comunicarme con mi Padre Celestial por primera vez”.

Otra dijo: “Sin el libro de Mormón no podría entender que el Salvador no solo padeció por mis pecados, sino que puede sanarme de mis dolores y pesares”4.

Y otra más: “No sabría que tenemos profetas que nos guían”.

Profundizar con regularidad en las verdades del Libro de Mormón puede ser una experiencia que nos cambie la vida. Una de nuestras nietas misioneras, la hermana Olivia Nelson, le prometió a un investigador que si leía el Libro de Mormón a diario, mejorarían los resultados de sus exámenes de la universidad. Él lo hizo, y mejoraron.

Hermana Olivia Nelson

Mis queridos hermanos y hermanas, testifico que el Libro de Mormón es ciertamente la palabra de Dios; contiene las respuestas a los interrogantes más acuciantes de la vida, enseña la doctrina de Cristo5, expande y aclara muchas de las verdades “claras y preciosas”6 que se perdieron a través de los siglos y de numerosas traducciones de la Biblia.

El Libro de Mormón brinda el entendimiento más pleno y autorizado acerca de la expiación de Jesucristo que se pueda encontrar; enseña el verdadero significado de nacer de nuevo. En el Libro de Mormón aprendemos acerca del recogimiento del Israel esparcido y sabemos por qué estamos en la tierra. Estas y otras verdades se enseñan con mayor poder y persuasión en el Libro de Mormón que en cualquier otro libro. El Libro de Mormón contiene todo el poder del evangelio de Jesucristo. ¡Punto!

El Libro de Mormón ilumina las enseñanzas del Maestro y revela las tácticas del adversario7; enseña doctrina verdadera para disipar falsas tradiciones religiosas, como la práctica errada de bautizar a los niños pequeños8; da sentido a la vida al instarnos a que meditemos en el potencial de la vida eterna y una “interminable felicidad”9; destruye las falsas creencias de que se puede hallar felicidad en la iniquidad10 y que la bondad individual es todo lo que se requiere para regresar a la presencia de Dios11; abole para siempre los falsos conceptos de que la revelación terminó con la Biblia y que los cielos están sellados en la actualidad.

Cuando pienso en el Libro de Mormón, pienso en la palabra poder. Las verdades del Libro de Mormón tienen el poder para sanar, reconfortar, restaurar, socorrer, fortalecer, consolar y animar nuestra alma.

Mis queridos hermanos y hermanas, les prometo que si cada día estudian el Libro de Mormón con espíritu de oración, cada día tomarán mejores decisiones. Les prometo que cuando mediten en lo que estudien, se abrirán las ventanas de los cielos y recibirán respuestas a sus preguntas y dirección para su vida. Les prometo que si cada día se sumergen en el Libro de Mormón, estarán vacunados contra los males de esta época, incluso la plaga esclavizante de la pornografía y otras adicciones que entumecen la mente.

Siempre que oigo a alguien, incluso a mí mismo, decir: “Sé que el Libro de Mormón es verdadero”, quiero exclamar: “¡Qué bien, pero no es suficiente!”. Es necesario que sintamos profundamente en “lo más íntimo” del corazón12 que el Libro de Mormón es, sin lugar a dudas, la palabra de Dios. Debemos sentirlo tan profundamente que jamás querríamos vivir un día sin él. Parafraseando al presidente Brigham Young (1801–1877): “Desearía con voz de siete truenos despertar a la gente”13 a la verdad y el poder del Libro de Mormón.

Necesitamos ser como este joven misionero que presta servicio en Europa y que tenía sentimientos tan profundos acerca de la verdad del Libro de Mormón que, literalmente, corrió con un ejemplar de este registro sagrado hasta el hombre que él y su compañero acababan de conocer en un parque.

Missionary running

Testifico que José Smith fue y es el profeta de la última dispensación; que fue él quien tradujo este santo libro por medio del don y el poder de Dios. Este es el libro que nos ayudará a preparar al mundo para la segunda venida del Señor.

Testifico que Jesucristo es el Hijo literal y viviente de nuestro Dios viviente. Él es nuestro Salvador y Redentor, nuestro gran Ejemplo y nuestro Abogado ante el Padre. Él fue el Mesías prometido, el Mesías terrenal, y será el Mesías del milenio. Testifico con toda mi alma que el Libro de Mormón nos enseña sobre Jesucristo y Su evangelio de una manera sumamente milagrosa y singular.

Sé que el presidente Thomas S. Monson es el profeta de Dios en la tierra en la actualidad. Lo amo y lo sostengo con todo mi corazón; y de ello testifico, en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.


La listas del Libro de Mormón del presidente Nelson

El Libro de Mormón es:

  • Otro Testamento de Jesucristo. Sus principales autores (Nefi, Jacob, Mormón, Moroni) y su traductor, José Smith, fueron todos ellos testigos oculares del Señor.
  • Un registro de Su ministerio entre las personas que vivieron en la antigua América.
  • Verdadero, como atestiguó el Señor mismo.

El Libro de Mormón afirma:

  • La identidad individual del Padre Celestial y de Su Hijo Amado, Jesucristo.
  • La necesidad de la caída de Adán y la sabiduría de Eva, para que los hombres tengan gozo.

El Libro de Mormón refuta las nociones de que:

  • La revelación terminó con la Biblia.
  • Los niños pequeños tienen necesidad de bautizarse.
  • La felicidad puede hallarse en la maldad.
  • La bondad individual es suficiente para la exaltación (las ordenanzas y los convenios son necesarios).
  • La caída de Adán mancilló al género humano con el “pecado original”.

El Libro de Mormón cumple con las profecías bíblicas de que:

  • “Otras ovejas” oirán Su voz.
  • Dios llevará a cabo “una obra maravillosa y un prodigio” hablando “desde el polvo”.
  • El “palo de Judá” y el “palo de José” llegarán a ser uno.
  • El Israel esparcido será recogido “en los últimos días”, y la manera en que se efectuará.
  • La tierra de la herencia del linaje de José se encuentra en el hemisferio occidental.

El Libro de Mormón aclara nociones como:

  • La existencia preterrenal.
  • La muerte. Es un componente necesario del gran plan de felicidad de Dios.
  • La existencia posterrenal, que empieza en el paraíso.
  • La resurrección del cuerpo, reunido con el espíritu, llega a ser un alma inmortal.
  • El Señor nos juzgará de acuerdo con nuestras obras y los deseos de nuestro corazón.
  • La manera correcta de efectuar las ordenanzas: por ejemplo, el bautismo, la Santa Cena y la manera de conferir el Espíritu Santo.
  • La expiación de Jesucristo.
  • La Resurrección.
  • La función importante de los ángeles.
  • La naturaleza eterna del sacerdocio.
  • La manera en que la conducta humana es más susceptible al poder de la palabra que al de la espada.

El Libro de Mormón revela información previamente desconocida:

  • Se efectuaban bautismos antes del nacimiento de Jesucristo.
  • Los antiguos pobladores de América edificaban templos y los utilizaban.
  • José, el undécimo hijo de Israel, previó la función profética de José Smith.
  • Nefi (600–592 a. C.) previó el descubrimiento y la colonización de América.
  • Se perdieron partes claras y preciosas de la Biblia.
  • Cada persona recibe la Luz de Cristo.
  • La importancia del albedrío y la necesidad de que haya una oposición en todas las cosas.
  • Advertencias acerca de las “combinaciones secretas”.

Referencias

  1. Véase 3 Nefi 17:9–12.
  2. Thomas S. Monson, “El poder del Libro de Mormón”, Liahona, mayo de 2017, pág. 87.
  3. Véase Alma 42:8.
  4. Véase Alma 7:11–12.
  5. Véase, por ejemplo, 2 Nefi 31:2–21.
  6. Véase 1 Nefi 13:29–33.
  7. Véase 2 Nefi 26–33.
  8. Véase Moroni 8:11–15.
  9. Mosíah 2:41; véase también Alma 28:12.
  10. Véase Alma 41:10–11.
  11. También se requieren ordenanzas y convenios sagrados y especiales.
  12. Véase Alma 13:27.
  13. Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Brigham Young, 1997, pág. 299. Se estaba refiriendo a la importancia del templo y la obra de historia familiar.

 

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El corazón de la viuda

Conferencia General Octubre 2017

El corazón de la viuda

Por el élder O. Vincent Haleck
De los Setenta

Hagamos lo que sea necesario para tener el corazón de la viuda, regocijándonos verdaderamente en las bendiciones que satisfarán la “pobreza” que resulte.

He tenido la gran bendición de servir entre los santos del Pacífico la mayor parte de mi vida adulta. La fe, el amor y los sacrificios increíbles de esos santos devotos me llenan de inspiración, gratitud y gozo. Sus relatos son como los de ustedes.

Me ha pasado por la mente que esos santos tienen mucho en común con la viuda a la que el Salvador observaba mientras Él “sentado… miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho.

“Y vino una viuda pobre y echó dos blancas…

“Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado al arca,

“porque… han echado de lo que les sobra; pero esta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento”1.

Aunque sus dos blancas eran una pequeña contribución, para el Salvador su dádiva era de valor supremo, porque ella lo dio todo. En ese momento, el Salvador conoció por completo a la viuda porque la dádiva de ella le mostró a Él su corazón. La calidad y la profundidad de su amor y su fe fueron tales que ella dio sabiendo que su “pobreza” sería provista.

He visto el mismo sentimiento en los santos del Pacífico. En una pequeña aldea de una de esas islas, un hombre mayor y su esposa aceptaron la invitación de los misioneros de preguntar sinceramente al Señor si las lecciones que se les enseñaban eran verdaderas. Durante ese proceso, ellos también consideraron las consecuencias de los compromisos que tendrían que hacer si la respuesta que recibieran los llevara a aceptar el Evangelio restaurado. Ayunaron y oraron para conocer la veracidad de la Iglesia y la autenticidad del Libro de Mormón. La respuesta a sus oraciones llegó como una afirmación dulce y clara: “¡Sí! ¡Es verdad!”.

Habiendo recibido ese testimonio, escogieron ser bautizados. Esa no fue una elección sin consecuencias; su decisión y su bautismo tuvieron un alto precio. Perdieron su empleo, sacrificaron su posición social, se disolvieron amistades importantes y la familia les retiró su apoyo, amor y respeto. Ahora ellos caminaban a la Iglesia cada domingo, intercambiando miradas incómodas con sus amigos y vecinos que iban en la dirección opuesta.

Durante esas circunstancias difíciles, a ese buen hermano se le preguntó cómo se sentía sobre la decisión que tomaron de unirse a la Iglesia. Su respuesta sencilla y firme fue: “Es verdadera, ¿no es así? Nuestra elección fue clara”.

Esos dos santos recién convertidos en verdad tenían el corazón de la viuda. Ellos, al igual que la viuda, “echaron todo” lo que podían dar, sabiendo que daban de su “pobreza”. Como resultado de su corazón creyente y su fe inquebrantable durante esos momentos difíciles, sus cargas fueron aliviadas. Recibieron ayuda y los rodearon miembros de la Iglesia que los apoyaron y ministraron, y fueron fortalecidos personalmente por su servicio en sus llamamientos de la Iglesia.

Después de dar su “todo”, el día más grandioso llegó cuando fueron sellados en el templo como una familia eterna. Al igual que Él hizo con los conversos bajo el liderazgo de Alma, “el Señor los fortaleció de modo que pudieron soportar sus cargas con facilidad, y se sometieron alegre y pacientemente a toda la voluntad del Señor”2. Tal es el corazón de la viuda que se manifiesta en esta pareja maravillosa.

Deseo hablar sobre otra experiencia en la que el corazón de la viuda quedó claramente a la vista. En Samoa, trabajamos con los consejos de las aldeas para obtener acceso para que los misioneros prediquen el Evangelio. Hace algunos años, tuve una conversación con el jefe de una aldea donde se habían prohibido los misioneros durante muchos, muchos años. Mi conversación ocurrió no mucho tiempo después de que el jefe principal hubo abierto la aldea a la Iglesia, permitiendo que nuestros misioneros enseñaran a aquellos interesados en aprender sobre el Evangelio y sus doctrinas.

Después de tantos años de tener ese cambio milagroso, sentí curiosidad de saber lo que había sucedido para que el jefe principal tomara esa acción. Pregunté sobre eso y el jefe con quien estaba conversando respondió: “Un hombre puede vivir en la oscuridad por un tiempo, pero llegará un momento en el que deseará ver la luz”.

El jefe principal, al abrir la aldea, demostró el corazón de la viuda; un corazón que se suaviza cuando la calidez y la luz de la verdad se revelan. Ese líder estaba dispuesto a ir en contra de años de tradición, enfrentar mucha oposición y permanecer firme para que otras personas pudieran ser bendecidas. Era un líder cuyo corazón estaba centrado en el bienestar y la felicidad de su pueblo, antes que en inquietudes sobre tradición, cultura y poder personal. Descartó esas preocupaciones a favor de lo que el presidente Thomas S. Monson nos ha enseñado: “Al seguir el ejemplo del Salvador, tendremos la oportunidad de ser una luz en la vida de otras personas”3.

Finalmente, permítanme compartir con ustedes una experiencia más entre los santos del Pacífico que permanece profunda y espiritualmente arraigada en mi alma. Hace varios años, fui un joven consejero de un obispo en un barrio nuevo en Samoa Americana. Teníamos 99 miembros que eran pequeños granjeros, trabajadores de plantas de envasado, empleados gubernamentales y sus familias. Cuando la Primera Presidencia anunció en 1977 que se iba a construir un templo en Samoa, todos nosotros expresamos gozo y agradecimiento. Ir al templo desde Samoa Americana en ese momento requería viajar a Hawái o a Nueva Zelanda. Era un viaje costoso que muchos miembros fieles de la Iglesia no podían costear.

Durante ese período de tiempo se animó a los miembros a que donaran a un fondo para ayudar en la construcción de templos. Con eso en mente, nuestro obispado pidió a los miembros del barrio que consideraran en oración qué podrían dar. Se fijó una fecha para que las familias se reunieran para ofrecer sus donativos. Luego, cuando esos donativos se abrieron en privado, nuestro obispado se sintió humilde y conmovido por la fe y la generosidad de los maravillosos miembros del barrio.

Conociendo a cada familia y sus circunstancias, experimenté un sentimiento profundo y duradero de admiración, respeto y humildad. Esas eran, en todos los sentidos, las blancas de la viuda de hoy dadas libremente de la “pobreza” de ellos, con gozo en la construcción prometida de un santo templo del Señor en Samoa. Esas familias habían consagrado todo lo que podían al Señor, con la fe de que no se les dejaría sin sustento. Esa dádiva manifestó el corazón de la viuda en ellos. Todos los que dieron tan diligente y gozosamente debido al corazón de la viuda en ellos pudieron ver con el ojo de la fe las más grandes bendiciones que estaban disponibles para sus familias, y para todas las personas de Samoa y Samoa Americana, para las generaciones venideras. Sé que sus ofrendas consagradas, sus blancas de la viuda, fueron conocidas y aceptadas por el Señor.

El corazón de la viuda que dio dos blancas es un corazón que dará todo al hacer sacrificios; al soportar dificultades, persecución y rechazo; y al llevar cargas de muchos tipos. El corazón de la viuda es un corazón que experimenta, siente y conoce la luz de la verdad y que da todo para aceptar esa verdad. También ayuda a otras personas a ver la misma luz y a llegar a la misma medida de felicidad y gozo eternos. Finalmente, el corazón de la viuda se define por una disposición de dar todo para la edificación del reino de Dios en la tierra.

Unámonos como santos en todo el mundo para hacer lo que sea necesario para tener el corazón de la viuda, regocijándonos verdaderamente en las bendiciones que satisfarán la “pobreza” que resulte. Mi ruego por cada uno de nosotros es una súplica para que tengamos el corazón para llevar nuestras cargas, hacer los sacrificios necesarios y tener la voluntad de dar y hacer. Prometo que el Señor no los dejará sin sustento. El corazón de la viuda está lleno de agradecimiento de que el Salvador fue “varón de dolores y experimentado en quebranto”4 para que no tuviéramos que probar la “amarga copa”5. A pesar de nuestras debilidades y fallas, y debido a estas, Él sigue ofreciendo Sus manos, que fueron traspasadas para nuestro beneficio. Él nos elevará si estamos dispuestos a entrar en la luz de Su Evangelio, aceptarlo a Él y permitirle saciar nuestra “pobreza”.

Doy testimonio del gran amor que podemos compartir como discípulos y seguidores del Señor Jesucristo. Amo y sostengo al presidente Thomas S. Monson como el profeta de Dios en la tierra. El Libro de Mormón es otro testimonio de Jesucristo al mundo, e invito a todos que lo lean y descubran su mensaje para ustedes. Todos los que acepten la invitación del Señor de venir a Él hallarán paz, amor y luz. Jesucristo es nuestro gran Ejemplo y Redentor. Solo por medio de Jesucristo y del milagro de Su expiación infinita es que podemos recibir la vida eterna. De esto testifico, en Su santo nombre, sí, Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Marcos 12:41–44.
  2. Mosíah 24:15.
  3. Thomas S. Monson, “Sean un ejemplo y una luz”, noviembre de 2015, pág. 88.
  4. Isaías 53:3.
  5. 3 Nefi 11:11.

 

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Por designio divino

Conferencia General Octubre 2017

Por designio divino

Por el élder Ronald A. Rasband
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

La mano del Señor los guía. Por “designio divino”, Él se ocupa de los pequeños detalles de su vida, así como de los sucesos importantes.

Hermanos y hermanas, al ponerme de pie aquí, en esta inspiradora conferencia general mundial y sentir su fortaleza y su espíritu, no puedo evitar pensar en las palabras del apóstol Pedro: “[Señor], bueno es que estemos aquí”1.

Eso no es exactamente lo que dijo Alma tras predicar al pueblo de Ammoníah. Alma dejó la ciudad debido a la iniquidad del pueblo; pronto se le apareció un ángel y mandó “que [volviera] a la ciudad de Ammoníah y [predicara] otra vez a los habitantes de esa ciudad”2.

Alma lo hizo “prestamente ”, entrando “en la ciudad por otro camino”3.

“Y tuvo hambre al entrar en la ciudad, y dijo a un hombre: ¿Quieres dar algo de comer a un humilde siervo de Dios?

“Y le dijo el hombre: Soy nefita, y sé que eres un santo profeta de Dios, porque tú eres el hombre de quien un ángel dijo en una visión: Tú lo recibirás”4.

El hombre era Amulek.

Ahora bien, ¿se encontró Alma con Amulek por azar? No, no fue coincidencia que entrara en la ciudad por el camino que lo llevaría hasta aquel hombre fiel que llegaría a ser su compañero de misión.

El élder Neal A. Maxwell explicó en una ocasión: “Ninguno de nosotros utiliza todas las oportunidades tocantes a las personas que se nos asignan dentro de nuestros círculos de amistades. Ustedes y yo podríamos llamar ‘coincidencia’ a dichas confluencias; es comprensible que los mortales usen esa palabra, pero coincidencia no es un término apropiado para describir las obras de un Dios omnisciente. Él no hace las cosas por ‘coincidencia’, sino… por ‘designio divino’”5.

Nuestra vida es como un tablero de ajedrez y el Señor nos mueve de un lugar a otro, si es que somos receptivos a las impresiones del Espíritu. En retrospectiva, podemos ver Su mano en nuestra vida.

Vemos tal intervención celestial cuando Nefi regresa a buscar las planchas de manos de Labán. Este “iba guiado por el Espíritu, sin saber de antemano lo que tendría que hacer”6. No mucho después, Labán se halló ante él en el sopor de la embriaguez y Nefi lo mató, tomó las planchas, y huyó de regreso adonde estaban sus hermanos. ¿Tuvo la fortuna de hallar a Labán por azar? ¿O fue por “designio divino”?

Hay acontecimientos significativos que suceden en el Evangelio y en la Iglesia que hacen avanzar el Reino de Dios sobre la tierra; no ocurren por accidente, sino según el plan de Dios. Aquel que formó este mundo puede calmar los mares por Su palabra, y puede conducir tanto a Alma y a Amulek, como a Nefi y a Labán, a estar en el lugar indicado precisamente en el momento indicado.

De igual modo, hay acontecimientos y relaciones que ocurren en cada una de nuestras vidas que hacen avanzar la obra de Dios sobre la tierra.

Nuestro querido élder Joseph B. Wirthlin se refirió a una ocasión en que el presidente Monson le dijo: “‘Existe una influencia celestial sobre todas las cosas. A menudo, cuando suceden las cosas, no es por accidente. Un día, cuando miremos atrás a aquello que pareció coincidencia en nuestra vida, nos daremos cuenta de que quizás, después de todo, tal vez no haya sido así’”7.

En su mayoría, solo algunas personas conocen nuestras buenas obras; sin embargo, estas quedan registradas en el cielo. Un día, seremos testigos de nuestra íntegra dedicación a las obras de rectitud. Ninguna prueba ni calamidad puede alterar el plan de salvación de felicidad. Ciertamente, por “designio divino”, “a la mañana vendrá la alegría”8. Jesús enseñó: “Vine al mundo a cumplir la voluntad [del] Padre”9. Queridos hermanos y hermanas, nosotros también tenemos que cumplirla.

Gracias a la experiencia de mi propia travesía por la vida, sé que el Señor nos moverá sobre aquel imaginario tablero de ajedrez para hacer Su obra. Lo que podría parecer una oportunidad al azar está, de hecho, dirigido por un amoroso Padre Celestial, quien puede conocer el número de cabellos en cada cabeza10. Ni siquiera un pajarillo cae a tierra sin que lo note nuestro Padre11. El Señor se ocupa de los pequeños detalles de nuestra vida, y esos incidentes y oportunidades han de prepararnos para elevar a nuestra familia y otras personas conforme edificamos el Reino de Dios en la tierra. Recuerden, tal como el Señor dijo a Abraham: “Conozco el fin desde el principio; por lo tanto, te cubriré con mi mano”12.

El Señor me puso en un hogar con padres amorosos. Según los estándares del mundo, eran personas muy comunes; mi padre, un hombre dedicado, era conductor de camiones; mi angelical madre permanecía en casa para cuidarnos. El Señor me ayudó a encontrar a mi amada esposa, Melanie. Inspiró a un empresario, que llegó a ser un querido amigo, a darme una oportunidad laboral. El Señor me llamó a servir en el campo misional, tanto cuando era un jovencito y posteriormente como presidente de misión; me llamó al Cuórum de los Setenta; y ahora me ha llamado como Apóstol. En retrospectiva, entiendo que yo no dirigí ninguno de esos movimientos; fue el Señor, tal y como dirige importantes movimientos para ustedes y para aquellos a quienes ustedes aman.

¿Qué deben procurar ustedes en su vida? ¿Cuáles son los milagros de Dios que les recuerdan que Él está cerca y que dice: “Aquí estoy”? Piensen en esos momentos, algunos de ellos diarios, en que el Señor ha actuado en su vida, y en los que Él ha vuelto a actuar. Atesórenlos como momentos en que el Señor ha mostrado confianza en ustedes y en sus decisiones; pero permítanle magnificarlos a ustedes más de lo que pueden hacerlo por sí mismos. Atesoren Su participación. A veces, consideramos que los cambios en nuestros planes durante nuestra travesía son pasos en falso. Véanlos más como los primeros pasos para estar “en la obra del Señor”13.

Hace algunos meses, nuestra nieta se unió a un grupo de jóvenes para recorrer varios sitios históricos de la Iglesia. El itinerario final indicaba que pasaría por la zona donde su hermano misionero, nuestro nieto, estaba prestando servicio. Nuestra nieta no tenía la intención de ver a su hermano durante la misión. Sin embargo, mientras el autobús entraba en la ciudad donde prestaba servicio su hermano, vieron a dos misioneros caminando por la calle; uno de ellos era su hermano.

El autobús rebosaba de expectación conforme los jóvenes pedían al conductor que estacionara para que ella pudiese saludar a su hermano. En menos de un minuto, tras algunas lágrimas y dulces palabras, su hermano se encaminó de vuelta a cumplir con sus deberes misionales. Más adelante, supimos que su hermano había estado en aquella calle por menos de cinco minutos, al dirigirse al automóvil después de una cita.

El Padre Celestial puede colocarnos en situaciones con cierta intención específica en mente. Así lo ha hecho en mi vida y así lo hace en la de ustedes, tal como lo hizo en la vida de nuestros queridos nietos.

Cada uno de nosotros es preciado y amado para el Señor, quien se preocupa, susurra y vela por nosotros de forma particular para cada uno. Él es infinitamente más sabio y más poderoso que los hombres y mujeres mortales. Conoce nuestros retos, nuestros triunfos, y los deseos rectos de nuestro corazón.

Hace más de un año, mientras caminaba por la Manzana del Templo, una de las hermanas misioneras se me acercó y preguntó, “¿Se acuerda de mí? Soy de Florida”. Me dijo su nombre; era la hermana Aida Chilan. Sí; recordaba haberla conocido a ella y a su familia. Su presidente de estaca había sugerido que visitáramos a la familia de ella; resultó claro que estábamos allí por su hija Aida, que no se había bautizado. Tras nuestra visita y después de más de un año de enseñanza y hermanamiento, Aida se bautizó.

Después de encontrarnos en la Manzana del Templo, me escribió una carta. Decía: “Sé con todo mi corazón que el Padre Celestial nos conoce a cada uno de nosotros y que sigue cruzando nuestros caminos por alguna razón. Gracias por ser uno de mis misioneros, por tenderme la mano y buscarme hace cinco años”14. Aida también me envió la historia de su conversión, la cual relata las “divinas coincidencias” que han tenido lugar en su vida y la han conducido al bautismo y la confirmación, a servir en una misión en la Manzana del Templo y a su reciente matrimonio en el templo15.

¿Fue mera coincidencia que el presidente de estaca nos hubiera llevado a la casa de la familia Chilan, o que ella y yo nos hubiéramos encontrado luego en la Manzana del Templo? El testimonio de Aida da fe de que todo era parte del “designio divino” de Dios.

El Señor ama estar con nosotros; no es coincidencia que, al sentir Su Espíritu y actuar de conformidad con los primeros susurros, sientan lo que Él ha prometido: “Iré delante de vuestra faz. Estaré a vuestra diestra y a vuestra siniestra, y mi Espíritu estará en vuestro corazón, y mis ángeles alrededor de vosotros, para sosteneros”16.

A todos nos suceden cosas semejantes en la vida. Quizás conozcamos a alguien que nos parezca familiar, reanudemos una relación con un conocido o encontremos puntos en común con un extraño. Cuando esas cosas ocurren, tal vez sea el Señor que nos recuerda que en verdad todos somos hermanos y hermanas. Ciertamente, estamos consagrados a la misma causa; aquella que José Smith llamó “la causa de Cristo”17.

Ahora bien, ¿qué lugar ocupa el albedrío en el “designio divino”? Tenemos la opción de seguir o no a nuestro Salvador y a Sus líderes escogidos. El proceso resulta claro en el Libro de Mormón cuando los nefitas se habían apartado del Señor. Mormón se lamentó:

“Y vieron… que el Espíritu del Señor no los preservaba más; sí, se había apartado de ellos, porque el Espíritu del Señor no habita en templos impuros;

“por lo tanto, el Señor cesó de preservarlos por su milagroso e incomparable poder, porque habían caído en un estado de incredulidad y terrible iniquidad”18.

No todo lo que el Señor nos pide es resultado de lo fuertes que somos, lo fieles que somos, ni de lo que podamos saber. Consideren a Saulo, a quien el Señor detuvo en el camino a Damasco. Iba en la dirección equivocada en la vida; y eso no tenía nada que ver con el norte ni el sur. A Saulo se lo redirigió de manera divina. Cuando más adelante fue conocido como Pablo, su ministerio apostólico reflejó lo que el Señor ya sabía que este era capaz de hacer y llegar a ser, y no lo que él se había propuesto hacer como Saulo. De igual manera, el Señor sabe lo que cada uno de nosotros es capaz de hacer y llegar a ser. ¿Qué enseñó el apóstol Pablo? “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas obrarán juntamente para su bien, para los que conforme a su propósito son llamados”19.

Cuando somos rectos y capaces, y estamos dispuestos, cuando luchamos por ser dignos y estar calificados, progresamos hasta lugares que jamás imaginamos y llegamos a ser parte del “designio divino” del Padre Celestial. Cada uno de nosotros tiene divinidad dentro de sí. Ruego que cuando veamos a Dios obrar mediante nosotros y con nosotros, nos sintamos alentados, e incluso agradecidos por esa guía. Cuando nuestro Padre Celestial dijo: “Esta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”20, se refería a todos Sus hijos; y a usted en particular.

La mano del Señor los guía. Por “designio divino”, Él se ocupa de los pequeños detalles de su vida, así como de los sucesos importantes. Tal como dice en Proverbios: “Confía en Jehová con todo tu corazón, … y él enderezará tus veredas”21. Testifico que Él los bendecirá, los sostendrá y les brindará paz. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Lo eterno de cada día

Conferencia General Octubre 2017

Lo eterno de cada día

Por el élder Quentin L. Cook
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

La humildad en cuanto a quiénes somos y el propósito que Dios tiene para nosotros es esencial.

Desde que presté servicio en la Misión Británica cuando era joven, he disfrutado el humor británico. A veces se caracteriza por una visión autocrítica, modesta y humilde de la vida. Un ejemplo de ello es la forma en que se representa el verano. Los veranos en Inglaterra son relativamente cortos e impredecibles. Tal como un escritor dijo de modo discreto: “Me encanta el verano británico, es mi día favorito del año”1. Uno de mis personajes favoritos de caricaturas británicas aparecía levantándose tarde de su cama una mañana y diciendo a sus perros: “¡Santo cielo! Creo que nos quedamos dormidos y nos hemos perdido el verano”2.

En este tipo de humor se encierra una analogía con nuestra vida en esta hermosa tierra. Las Escrituras indican claramente que nuestra preciada existencia mortal es un tiempo muy breve. Podría decirse que, desde una perspectiva eterna, nuestro tiempo en la tierra es tan fugaz como un verano británico3.

En ocasiones, el propósito y la existencia misma del hombre también se describen de forma muy humilde. El profeta Moisés creció en lo que en la actualidad algunos llamarían un ambiente privilegiado. Como se recoge en la Perla de Gran Precio, el Señor, preparando a Moisés para su asignación profética, le mostró fugazmente el mundo y todos los hijos de los hombres que son y fueron creados4. La reacción algo sorpresiva de Moisés fue: “… ahora sé que el hombre no es nada, cosa que yo nunca me había imaginado”5.

Posteriormente, en lo que equivale a una refutación de cualquier sentimiento de insignificancia que Moisés pudo haber sentido, Dios proclamó Su verdadero propósito: “Porque, he aquí, esta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”6.

Todos somos iguales ante Dios; Su doctrina es clara; en el Libro de Mormón leemos: “… todos son iguales ante Dios”, entre ellos los que son “… negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres…”7. Por consiguiente, a todos se les invita a venir al Señor8.

Cualquiera que sostenga que es superior en el plan de Dios debido a características como la raza, el sexo, la nacionalidad, el idioma o las circunstancias económicas está moralmente equivocado y no comprende el verdadero propósito del Señor para todos los hijos de nuestro Padre9.

Por desgracia, casi en cada segmento de la sociedad actual, vemos que se hace alarde de la presunción y la arrogancia, mientras que la humildad y la responsabilidad ante Dios se ven menospreciadas. Gran parte de la sociedad ha perdido el sentido de lo que es correcto y no comprende por qué estamos en esta tierra. La verdadera humildad, la cual es esencial para lograr el propósito que el Señor tiene para nosotros, rara vez es evidente10.

Es importante comprender la magnitud de la humildad, la rectitud, el carácter y la inteligencia de Cristo según se ve ejemplificado en las Escrituras. Es insensato subestimar la necesidad de esforzarnos continuamente, día a día, por desarrollar estas cualidades y atributos cristianos, en particular la humildad11.

Las Escrituras indican con claridad que aunque esta vida es relativamente corta, es increíblemente significativa. Amulek, quien fue compañero misional de Alma en el Libro de Mormón, dijo: “… esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios; sí, el día de esta vida es el día en que el hombre debe ejecutar su obra”12. No queremos, como el personaje de caricatura, que se nos pase la vida durmiendo.

El ejemplo del Salvador de humildad y de sacrificio por toda la humanidad es el acontecimiento más profundo de la historia. El Salvador, aun siendo miembro de la Trinidad, estuvo dispuesto a venir a la tierra como un humilde bebé y comenzar una existencia que incluía enseñar y sanar a Sus hermanos y hermanas, y finalmente sufrir un dolor indescriptible en Getsemaní y en la cruz a fin de perfeccionar Su expiación. Ese acto de amor y humildad de parte de Cristo se conoce como Su condescendencia13. Él lo hizo por cada hombre y mujer que Dios ha creado o creará.

Nuestro Padre Celestial no desea que Sus hijos se sientan descorazonados ni se den por vencidos en su búsqueda de la gloria celestial. Cuando realmente contemplamos a Dios el Padre y a Cristo el Hijo, quiénes son y qué han hecho por nosotros, eso nos llena de reverencia, asombro, gratitud y humildad.

La humildad es esencial para ayudar al Señor a establecer Su Iglesia

Alma hizo una pregunta en su época que es relevante hoy en día: “… si habéis experimentado un cambio en el corazón, y si habéis sentido el deseo de cantar la canción del amor que redime, quisiera preguntaros: ¿Podéis sentir esto ahora?”14. Alma continúa: “… Si os tocase morir en este momento, ¿podríais decir… que habéis sido suficientemente humildes?”15.

Cada vez que leo sobre la ocasión en que Alma, hijo, renunció a su cargo de jefe de estado para predicar la palabra de Dios16, me siento impresionado. Es evidente que Alma tenía un profundo testimonio de Dios el Padre y Jesucristo, y se sentía completamente responsable ante Ellos, sin reserva alguna. Tenía las prioridades correctas y la humildad para abandonar su estatus y posición porque comprendía que servir al Señor era más importante.

El tener suficiente humildad en nuestra vida para ayudar a establecer la Iglesia es particularmente valioso. Hay un ejemplo en la historia de la Iglesia que es revelador. En junio de 1837, mientras se encontraba en el Templo de Kirtland, el profeta José recibió la inspiración de llamar al apóstol Heber C. Kimball a llevar el evangelio de Jesucristo a “Inglaterra… y abrir la puerta de la salvación a esa nación”17. El apóstol Orson Hyde y algunos otros recibieron la asignación de acompañarlo. La respuesta del élder Kimball fue excepcional. “La idea de que se me designara una misión tan importante era casi más de lo que podía soportar… Estaba casi a punto de hundirme bajo la carga que se me había dado”18. No obstante, él emprendió la misión con absoluta fe, compromiso y humildad.

A veces la humildad es aceptar llamamientos cuando no nos sentimos capaces. A veces la humildad es servir fielmente cuando nos sentimos aptos para tener una asignación más importante. Hay líderes humildes que han demostrado con sus palabras y con su ejemplo que no importa dónde sirvamos, sino lo fielmente que servimos19. A veces la humildad es superar los resentimientos cuando sentimos que los líderes u otras personas nos han tratado mal.

El 23 de julio de 1837, el profeta José se reunió con el élder Thomas B. Marsh, Presidente del Cuórum de los Doce. Aparentemente, el élder Marsh estaba frustrado porque el Profeta había llamado a dos miembros de su cuórum a ir a Inglaterra sin consultarle. Cuando José se reunió con el élder Marsh, cualquier resentimiento quedó a un lado, y el Profeta recibió una revelación extraordinaria. Ahora es la sección 112 de Doctrina y Convenios 20.Representa una increíble guía de los cielos con respecto a la humildad y a la obra misional. El versículo 10 dice: “Sé humilde; y el Señor tu Dios te llevará de la mano y dará respuesta a tus oraciones”21.

Esta revelación tuvo lugar exactamente el mismo día en que los élderes Kimball, Hyde y John Goodson, llenos de humildad, declaraban la restauración del evangelio de Jesucristo en la capilla de Vauxhall en Preston, Inglaterra22. Era la primera vez que los misioneros habían proclamado el Evangelio restaurado fuera de Norteamérica en esta dispensación. Sus esfuerzos misionales dieron como resultado, casi de inmediato, bautismos de conversos, y como resultado hubo muchos miembros fieles23.

Algunas partes subsiguientes de la revelación guían los esfuerzos misionales en nuestros días. En parte, dicen: “… quienesquiera que envíes en mi nombre…tendrán el poder para abrir la puerta de mi reino en cualquier nación… si se humillan delante de mí, permanecen en mi palabra y dan oído a la voz de mi Espíritu”24.

La humildad que fundamentaba ese increíble esfuerzo misional permitió que el Señor estableciera Su Iglesia de un modo sorprendente.

Afortunadamente, hoy en día vemos esto en la Iglesia de forma constante. Los miembros, incluso los de la nueva generación, dan de su tiempo y posponen sus estudios y empleo para servir misiones. Muchos miembros mayores abandonan sus empleos y hacen otros sacrificios a fin de servir a Dios en cualquier cargo al que se les llame. No dejamos que los asuntos personales nos distraigan o nos impidan lograr Sus propósitos25. El servicio en la Iglesia requiere humildad. Servimos humildemente en el cargo al que somos llamados con toda nuestra alma, mente y fuerza. En cada nivel de la Iglesia, es importante comprender el atributo cristiano de la humildad.

La humildad constante es esencial para ayudar a preparar a las personas para comparecer ante Dios

El objetivo de honrar al Señor y someternos a Su voluntad26 no se valora tanto en la sociedad actual como en el pasado. Algunos líderes cristianos de otras religiones creen que vivimos en un mundo poscristiano27.

A través de las generaciones, la virtud de la humildad basada en principios religiosos y las virtudes sociales de la modestia y la finura han sido la norma predominante.

En el mundo actual se hace más hincapié en el orgullo, el engrandecimiento propio y la supuesta “autenticidad”, lo cual a veces conduce a la falta de verdadera humildad. Algunos sugieren que los valores morales que conducen a la felicidad en la actualidad incluyen “ser auténtico, ser fuerte, ser productivo y, lo que es más importante, no depender de otras personas… porque tu destino está… en tus propias manos”28.

Las Escrituras proponen un enfoque diferente; sugieren que debemos ser verdaderos discípulos de Jesucristo. Eso implica establecer un poderoso sentimiento de responsabilidad ante Dios y una humilde visión de la vida. El rey Benjamín enseñó que el hombre natural es enemigo de Dios y aconsejó que debemos someternos “al influjo del Santo Espíritu”. Él explicó, entre otras cosas, que eso requiere que uno llegue a ser “sumiso, manso, humilde, paciente [y] lleno de amor”29.

Algunos hacen mal uso de la autenticidad como una celebración del hombre natural y de cualidades que son opuestas a la humildad, la bondad, la misericordia, el perdón y la cortesía. Podemos celebrar nuestra singularidad individual como hijos de Dios sin usar la autenticidad como excusa de una conducta poco cristiana.

En nuestra búsqueda de la humildad, la internet moderna genera desafíos para evitar el orgullo. Dos ejemplos son la actitud frívola de “mírenme a mí” y el atacar a otras personas criticándolas en las redes sociales. Otro ejemplo es la falsa modestia. Se define como “una declaración [o fotografía] aparentemente modesta o autocrítica cuyo verdadero propósito es llamar la atención hacia algo que a uno lo enorgullece”30. Los profetas siempre han advertido acerca del orgullo y de hacer hincapié en las cosas vanas del mundo31.

El deterioro generalizado del diálogo cortés también es una preocupación. El principio eterno del albedrío requiere que respetemos muchas decisiones con las que no estamos de acuerdo. El conflicto y la contienda a menudo traspasan “los límites de la decencia”32. Necesitamos más modestia y humildad.

Alma advierte en contra de “[inflarse] con el orgullo de vuestros corazones”, al “suponer que unos sois mejores que otros” y al perseguir a los humildes que “caminan según el santo orden de Dios”33.

He hallado una bondad genuina en las personas de todas las religiones que son humildes y se sienten responsables ante Dios. Muchas de ellas están de acuerdo con Miqueas, el profeta del Antiguo Testamento, quien declaró: “… lo que pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar la misericordia y humillarte para andar con tu Dios”34.

Cuando somos verdaderamente humildes, oramos para obtener el perdón y perdonamos a los demás. Como leemos en Mosíah, Alma enseñó que cuantas veces nos arrepintamos, el Señor perdonará nuestras transgresiones35. Por otro lado, como se indica en el Padrenuestro36, cuando no perdonamos las ofensas de los demás, traemos la condenación sobre nosotros mismos37. Gracias a la expiación de Jesucristo, mediante el arrepentimiento nuestros pecados son perdonados. Cuando no perdonamos a quienes nos ofenden, estamos, en efecto, rechazando la expiación del Salvador. Guardar rencor, negarnos a perdonar y negarnos a relacionarnos humildemente de una manera cristiana es lo que de verdad nos pone bajo condenación. El guardar rencor es veneno para nuestra alma38.

Permítanme asimismo advertirles sobre cualquier tipo de arrogancia. El Señor, mediante el profeta Moroni, establece un drástico contraste entre el arrogante y el humilde: “… Los insensatos hacen burla, mas se lamentarán; y mi gracia es suficiente para los mansos…” El Señor además declaró: “Doy a los hombres debilidad para que sean humildes; y basta mi gracia a todos los hombres que se humillan ante mí; porque si se humillan ante mí, y tienen fe en mí, entonces haré que las cosas débiles sean fuertes para ellos”39.

La humildad también incluye ser agradecidos por nuestras abundantes bendiciones y ayuda divina. La humildad no es un gran logro identificable ni tampoco superar algún gran desafío. Es una señal de fortaleza espiritual; es tener la serena confianza de que, día a día y hora tras hora, podemos confiar en el Señor, servirle y lograr Sus propósitos. Ruego que en este mundo lleno de disputas nos esforcemos constantemente por lograr la verdadera humildad cada día. Uno de mis poemas favoritos lo expresa de la siguiente manera:

La prueba de la grandeza es la manera
en que encontramos lo eterno de cada día40.

Les doy mi firme testimonio del Salvador y Su expiación, y de la enorme importancia de servirle con humildad cada día. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Kathy Lette, en “Town and Country Notebook”, ed. Victoria Marston, Country Life, 7 de junio de 2017, pág. 32; cursiva agregada.
  2. Annie Tempest, “Tottering-by-Gently”, Country Life, 3 de octubre de 2012, pág. 128.
  3. Véase  Salmos 90:4. Ya sea corta o larga en cuanto a años terrenales, la duración de nuestra vida es muy breve desde una perspectiva eterna. “… todo es como un día para Dios, y solo para los hombres está medido el tiempo” (Alma 40:8). El apóstol Pedro declaró: “Pero, oh amados, no ignoréis esto, que para el Señor un día es como mil años y mil años como un día” (2 Pedro 3:8).
  4. Véase Moisés 1:6–9. Aquí Cristo habla con investidura divina de autoridad (véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph Fielding Smith, 2013, pág. 49, nota 11).
  5. Moisés 1:10.
  6. Moisés 1:39.
  7. 2 Nefi 26:33; véanse tambiéno Doctrina y Convenios 1:34–3538:16Declaración oficial 2.
  8. Doctrina y Convenios 20:37 comienza con las palabras: “Todos los que se humillen ante Dios”. Establece los requisitos para el bautismo. Véase también Mateo 11:28.
  9. Véase Doctrina y Convenios 20:37.
  10. Sabemos que si no nos arrepentimos, recibimos las ordenanzas y seguimos la senda del convenio que nos prepara para la eternidad, “… viene la noche de tinieblas en la cual no se puede hacer obra alguna” (Alma 34:33).
  11. Véase 3 Nefi 27:27.
  12. Alma 34:32.
  13. Véanse 1 Nefi 11:26–332 Nefi 9:53Jacob 4:7Doctrina y Convenios 122:8.
  14. Alma 5:26.
  15. Alma 5:27.
  16. Véase Alma 4:19.
  17. José Smith, en Heber C. Kimball, “History of Heber Chase Kimball By His Own Dictation”, aprox. 1842–1856, Documentos de Heber C. Kimball, pág. 54, Biblioteca de Historia de la Iglesia; véase también Orson F. Whitney, Life of Heber C. Kimball, An Apostle; The Father and Founder of the British Mission, 1888, pág. 116.
  18. Heber C. Kimball, “History of Heber Chase Kimball By His Own Dictation”, pág. 54; véase también Orson F. Whitney, Life of Heber C. Kimball, pág. 116.
  19. El presidente J. Reuben Clark Jr. enseñó: “Cuando servimos al Señor, no interesa dónde sino cómo lo hacemos. En La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días uno acepta el lugar al que se le haya llamado ocupar, el cual ni se procura ni se rechaza” (en Conference Report, abril de 1951, pág. 154).
  20. Véase The Joseph Smith Papers, Documents, Tomo V: Octubre de 1835–Enero de 1838, ed. Brent M. Rogers y otros, 2017, págs. 412–417. Vilate Kimball informó en una carta a su esposo, Heber C. Kimball, que había copiado la revelación del “libro del élder Marsh tal cual él la escribió de boca de José” (carta de Vilate Murray Kimball a Heber C. Kimball, 6 de septiembre de 1837, en The Joseph Smith Papers, Documents, Tomo V: Octubre de 1835–Enero de 1838, pág. 412).)
  21. Doctrina y Convenios 112:10; cursiva agregada.
  22. Véase Orson F. Whitney, Life of Heber C. Kimball, págs. 136–137.
  23. Véase Orson F. Whitney, Life of Heber C. Kimball, pág. 149.
  24. Doctrina y Convenios 112:21–22; cursiva agregada.
  25. “Aunque no pedimos que se nos releve de un llamamiento, si nuestras circunstancias cambian, es apropiado consultar con aquellos que nos hayan dado el llamamiento y permitir que ellos tomen una decisión al respecto” (Boyd K. Packer, “Llamados a servir”, Liahona, enero de 1998, pág. 8).
  26. Véase “Humildad”, en el capítulo 6 de Predicad Mi Evangelio: Una guía para el servicio misional , 2004, pág. 127.
  27. Véase Charles J. Chaput, Strangers in a Strange Land, 2017, págs. 14–15; véase también Rod Dreher, The Benedict Option, 2017.
  28. Carl Cederstrom, “The Dangers of Happiness”, New York Times, 19 de julio de 2015, pág. SR8.
  29. Mosíah 3:19.
  30. English Oxford Living Dictionaries, “humblebrag,” [falsa modestia] oxforddictionaries.com.
  31. En cierto modo, esto hace eco de la descripción en el libro de Alma de aquellos que habían adquirido “toda clase de objetos preciosos que habían obtenido por su industria… [pero] se envanecieron en el orgullo de sus ojos” (Alma 4:6). Se ha observado que la falsa modestia es una forma de vanagloria.
  32. David Brooks, “Finding a Way to Roll Back Fanaticism”, New York Times, 15 de agosto de 2017, pág. A23.
  33. Alma 5:53, 54.
  34. Miqueas 6:8.
  35. Véase Mosíah 26:30.
  36. Véase Mateo 6:12, 15.
  37. Véase Mosíah 26:31.
  38. Como dijo Nelson Mandela: “Guardar resentimiento es como tomar veneno y esperar que mate a tus enemigos” (en Jessica Durando, “15 of Nelson Mandela’s Best Quotes”, USA Today, 5 de diciembre de 2013, usatoday.com).
  39. Éter 12:26, 27; cursiva agregada.
  40. Edmund Vance Cooke, “The Eternal Everyday”, Impertinent Poems, 1907, pág. 21.

 

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El arrepentimiento es siempre positivo

Conferencia General Octubre 2017

El arrepentimiento es siempre positivo

Por Stephen W. Owen
Presidente General de los Hombres Jóvenes

En el momento que ponemos un pie en el sendero del arrepentimiento, invitamos al poder redentor del Salvador a nuestra vida.

Hace varios años, el presidente Gordon B. Hinckley asistió a un partido de fútbol americano en una universidad. Estaba allí para anunciar que el estadio llevaría el nombre del amado entrenador del equipo de hacía mucho tiempo, quien estaba a punto de jubilarse. El equipo deseaba desesperadamente ganar el partido en honor a su entrenador. Se invitó al presidente Hinckley a visitar los vestidores y compartir unas palabras de encomio. Inspirado por sus palabras, el equipo fue ese día a ganar ese partido y acabo la temporada con un registro ganador.

Hoy día, quisiera dirigirme a aquellos que puedan preocuparse de que no están ganando en la vida. La verdad es que, por supuesto, “todos [hemos pecado] y [estamos] destituidos de la gloria de Dios”1. Aunque en los deportes tal vez haya temporadas invictas, en la vida no las hay; sin embargo, testifico que el Salvador Jesucristo logró una perfecta Expiación y nos dio el don del arrepentimiento, nuestro camino de regreso a un fulgor perfecto de esperanza y a una vida victoriosa.

El arrepentimiento brinda felicidad

Con demasiada frecuencia consideramos el arrepentimiento como algo triste y deprimente, ¡pero el plan de Dios es el plan de felicidad, no el plan de sufrimiento! El arrepentimiento es edificante y ennoblecedor; es el pecado el que acarrea la desdicha2. ¡El arrepentimiento es nuestra ruta de escape! Tal como explicó el élder D. Todd Christofferson: “Sin el arrepentimiento no hay verdadero progreso… solo mediante el arrepentimiento obtenemos acceso a la gracia expiatoria de Jesucristo y a la salvación. El arrepentimiento… nos conduce a la libertad, la confianza y la paz”3. Mi mensaje a todos —especialmente a los jóvenes— es que el arrepentimiento es siempre positivo.

Cuando hablamos del arrepentimiento, no nos referimos solo a los esfuerzos por mejorar personalmente; el verdadero arrepentimiento es más que eso: lo inspira la fe en el Señor Jesucristo y en Su poder para perdonar nuestros pecados. Como el élder Dale G. Renlund nos ha enseñado: “Sin el Redentor… el arrepentimiento se convierte simplemente en una modificación de conducta lamentable”4. Podemos intentar cambiar nuestro comportamiento por nosotros mismos, pero solo el Salvador puede quitar nuestras manchas y aligerar nuestras cargas, permitiéndonos seguir el camino de la obediencia con confianza y fortaleza. El gozo del arrepentimiento es más que el gozo de vivir una vida decente. Es el gozo del perdón, de ser limpios otra vez, y de estar más cerca de Dios. Una vez que la persona experimente ese gozo, ningún sustituto menor será suficiente.

El verdadero arrepentimiento nos inspira a hacer de nuestra obediencia un compromiso, un convenio que comienza con el bautismo y que se renueva cada semana en la cena del Señor, la Santa Cena. Allí recibimos la promesa de que “siempre [podemos] tener su Espíritu [con nosotros]”,5 con todo el gozo y la paz que resultan al tener Su compañía constante. Ese es el fruto del arrepentimiento, ¡y eso es lo que hace que el arrepentimiento sea gozoso!

El arrepentimiento requiere perseverancia

Me encanta la parábola del hijo pródigo6. Hay algo conmovedor en ese momento crucial en que el hijo pródigo “[volvió] en sí”. Mientras estaba sentado en una pocilga, deseando “llenar su vientre con las algarrobas que comían los cerdos”, finalmente se dio cuenta de que había desperdiciado no solo la herencia de su padre, sino también su propia vida. Con la fe de que su padre volviese a aceptarlo, si no como hijo, al menos como siervo, decidió dejar atrás su pasado rebelde y volver a casa.

A menudo me he preguntado acerca de la larga caminata del hijo a casa. Hubo momentos en que dudó y se preguntó: “¿Cómo me recibirá mi padre?”. Tal vez incluso retrocedió unos cuantos pasos hacia los cerdos. Imaginen cómo sería diferente la historia si se hubiese dado por vencido. No obstante, la fe lo mantuvo activo, y la fe mantuvo a su padre observando y esperando pacientemente, hasta que por fin:

“… cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello y le besó.

“Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.

“Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad la mejor ropa y vestidle; y poned un anillo en su mano y sandalias en sus pies…

“porque este, mi hijo, muerto era y ha revivido; se había perdido y ha sido hallado”.

El arrepentimiento es para todos

Hermanos y hermanas, todos somos hijos pródigos. Todos tenemos que “volver en nosotros” —por lo general más de una vez— y elegir el sendero que conduce a casa. Es una elección que hacemos a diario, a lo largo de nuestras vidas.

A menudo asociamos el arrepentimiento con los pecados graves que requieren “un potente cambio”7. Mas el arrepentimiento es para todos, tanto para los que andan errantes en “senderos prohibidos y se [pierden]”8 así como para los que “[han] entrado en [la] estrecha y angosta senda” y ahora deben “seguir adelante”9. El arrepentimiento nos pone en el camino correcto y nos mantiene en el camino correcto. Es para aquellos que están empezando a creer, los que han creído todo el tiempo, y los que necesitan empezar a creer de nuevo. Como enseñó el élder David A. Bednar: “La mayoría de nosotros entiende claramente que la Expiación es para los pecadores; sin embargo, no estoy seguro de que sepamos y comprendamos que la Expiación es también para los santos, para los buenos hombres y mujeres que son obedientes, dignos y… que están esforzándose por llegar a ser mejores”10.

Hace poco visité un centro de capacitación misional cuando llegó un grupo de misioneros nuevos. Me emocioné profundamente mientras los veía y observaba la luz de sus ojos; parecían tan alegres, felices y entusiastas. Entonces me vino un pensamiento: “Han experimentado la fe para arrepentimiento. Por eso están llenos de esperanza y gozo”.

No creo que eso signifique que todos tuviesen serias transgresiones en su pasado, pero creo que sabían arrepentirse; habían aprendido que el arrepentimiento es positivo, y estaban listos y dispuestos a compartir ese alegre mensaje con el mundo.

Eso es lo que sucede cuando sentimos el gozo del arrepentimiento. Consideren este ejemplo de Enós. Él también “volvió en sí”, y después de que “[su] culpa fue expurgada”, su corazón se volvió de inmediato al bienestar de los demás. Enós pasó el resto de su vida invitando a todas las personas a arrepentirse y “en ello… [se regocijó] más que en lo del mundo”11. El arrepentimiento hace eso; vuelve nuestro corazón hacia nuestro prójimo porque sabemos que el gozo que sentimos es para todos.

El arrepentimiento es una búsqueda de toda la vida

Tengo un amigo que se crió en una familia Santo de los Últimos Días menos activa. Cuando era un joven adulto, él también “volvió en sí” y decidió prepararse para una misión.

Llegó a ser un misionero excelente. El último día antes de que volviera a casa, el presidente de misión lo entrevistó y le pidió que expresara su testimonio. Lo hizo, y después de un abrazo conmovedor, el presidente le dijo: “Élder, usted podría olvidar o negar todo lo que ha testificado en cuestión de meses si no continúa haciendo las cosas que edificaron su testimonio en primer lugar”.

Mas tarde, mi amigo me dijo que desde que regresó de su misión ha orado y leído las Escrituras a diario. El ser constantemente “[nutrido] por la buena palabra de Dios” lo ha mantenido “en la vía correcta”12.

Los que estén preparándose para una misión de tiempo completo, y los que estén regresando de ella, ¡tomen nota! No basta con obtener un testimonio; tienen que mantenerlo y fortalecerlo. Como todo misionero lo sabe, si dejan de pedalear una bicicleta, esta caerá, y si dejan de nutrir su testimonio, este se debilitará. Ese mismo principio se aplica al arrepentimiento: es una búsqueda que dura toda la vida, no una experiencia única en la vida.

A todos los que busquen el perdón —a los jóvenes, a los jóvenes adultos solteros, a los padres, a los abuelos y, sí, incluso a los bisabuelos— los invito a volver a casa. Ahora es el momento de comenzar. No demoren el día de su arrepentimiento13.

Luego, una vez que hayan tomado esa decisión, sigan en ese sendero. Nuestro Padre está esperando, deseando recibirlos. Él les extiende Sus brazos “todo el día”14. La recompensa vale el esfuerzo.

Recuerden estas palabras de Nefi: “Por tanto, debéis seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres. Por tanto, si marcháis adelante, deleitándoos en la palabra de Cristo, y perseveráis hasta el fin, he aquí, así dice el Padre: Tendréis la vida eterna”15.

A veces el trayecto parecerá largo; después de todo, es el que lleva a la vida eterna; pero puede ser un trayecto gozoso si lo procuramos con fe en Jesucristo y esperanza en Su Expiación. Testifico que en el momento que ponemos un pie en el sendero del arrepentimiento, invitamos al poder redentor del Salvador a nuestra vida. Ese poder estabilizará nuestros pies, ensanchará nuestra visión, y profundizará nuestra determinación de seguir avanzando, paso a paso, hasta ese glorioso día en que finalmente regresemos a nuestro hogar celestial y oigamos a nuestro Padre Celestial decirnos: “Bien, buen siervo”16. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Romanos 3:23.
  2. Véase Alma 41:10.
  3. D.Todd Christofferson, “El divino don del arrepentimiento”Liahona, noviembre de 2011, pág. 38.
  4. Dale G. Renlund, “El arrepentimiento: Una gozosa elección”, Liahona,noviembre de 2016, pág. 122.
  5. Doctrina y Convenios 20:77.
  6. Véase Lucas 15:11–32.
  7. Alma 5:12.
  8. 1 Nefi 8:28.
  9. 2 Nefi 31:19, 20.
  10. David A. Bednar, “La Expiación y la travesía de la vida mortal”, Liahona, abril de 2012, pág. 14.
  11. Véase Enós 1.
  12. Moroni 6:4.
  13. Véase Alma 13:27.
  14. Jacob 6:4.
  15. 2 Nefi 31:20.
  16. Mateo 25:21.

 

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El eclipse espiritual

Conferencia General Octubre 2017

El eclipse espiritual

Por el élder Gary E. Stevenson
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

No permitan que las distracciones de la vida eclipsen la luz del cielo.


El 21 de agosto de este año ocurrieron dos acontecimientos poco comunes que captaron la atención de las personas alrededor del mundo. El primero fue la celebración de los 90 años de nuestro amado profeta, el presidente Thomas S. Monson. Ese día, me encontraba en una asignación en el Área Pacífico, y me emocionó ver que los santos en Australia, Vanuatu, Nueva Zelanda y Polinesia Francesa no solo estaban al tanto de ese hito en la vida del profeta, sino que se regocijaban de celebrarlo. Me sentí afortunado de presenciar las sinceras expresiones de fe y afecto hacia este gran hombre. ¡Qué inspirador es ver la conexión que une a los Santos de los Últimos Días con su profeta!

El presidente Monson, consciente de aquellos que querían desearle un feliz cumpleaños, describió el regalo ideal: “Busquen a alguien que esté teniendo dificultades, o esté enfermo o solo, y hagan algo por esa persona. Eso es todo lo que pediría”1. Lo amamos y lo sostenemos, presidente Monson.

Eclipse solar

El otro acontecimiento poco común y astronómico que ocurrió ese mismo día y que cautivó a millones por todo el mundo fue un eclipse total de sol. Era la primera vez en 99 años que un eclipse así recorría todo Estados Unidos2. ¿Alguna vez han visto un eclipse solar? Permítanme explicar esto con más detalle.

Un eclipse total de sol ocurre cuando la luna se interpone entre la tierra y el sol y bloquea casi enteramente la luz proveniente de la superficie del sol3. El hecho de que esto pueda suceder es una maravilla para mí. Si imaginan el sol como del tamaño de una llanta normal de una bicicleta, en comparación la luna apenas sería del tamaño de una piedrecita.

Bicycle tire and pebble

¿Cómo es posible que nuestra fuente de calor, luz y vida pueda ser oscurecida de tal modo por algo comparativamente insignificante en tamaño?

Aunque el sol es 400 veces más grande que la luna, se halla a una distancia de la tierra 400 veces mayor que la luna4. Visto desde la tierra, esta geometría hace que el sol y la luna parezcan que son del mismo tamaño. Cuando ambos cuerpos se alinean perfectamente, la luna parece oscurecer al sol completamente. Mis familiares y amigos, que se hallaban en la zona del eclipse total, describieron cómo la luz dio paso a las sombras, aparecieron estrellas y los pájaros dejaron de cantar. El aire se enfrió, ya que durante un eclipse la temperatura puede descender más de 11 grados Celsius5.

Crowd with eclipse glasses

Ellos relatan la sensación de asombro, estupor e incluso ansiedad, al saber los riesgos que entraña un eclipse. Por eso, durante el eclipse, todos ellos tomaron precauciones para evitar daños permanentes en los ojos o “la ceguera por eclipse”. Estuvieron a salvo usando lentes o anteojos con filtros especiales que protegen los ojos de cualquier peligro potencial.

La analogía

Del mismo modo que la diminuta luna puede bloquear al inmenso sol y extinguir su luz y calor, un eclipse espiritual puede ocurrir cuando permitimos que obstrucciones pequeñas e inquietantes —esas que enfrentamos a diario— se acerquen tanto a nosotros que bloqueen la magnitud, el fulgor y la calidez de la luz de Jesucristo y de Su Evangelio.

El élder Neal A. Maxwell amplió esta analogía cuando declaró: “Incluso, algo tan pequeño como el dedo pulgar de una persona, si se acerca mucho al ojo, puede ocultar de su vista el enorme sol. El sol sigue estando allí; es la propia persona quien se provoca la ceguera. Cuando acercamos otras cosas en exceso a nosotros mismos, poniéndolas en primer lugar, oscurecemos nuestra visión del cielo”6.

Naturalmente, ninguno de nosotros desea oscurecer a propósito su visión del cielo o permitir que ocurra un eclipse espiritual en su vida. Permítanme compartir algunas reflexiones que pueden ayudarnos a prevenir que los eclipses espirituales nos produzcan daños espirituales permanentes.

Los lentes del Evangelio: Mantener la perspectiva del Evangelio

¿Recuerdan que mencioné que hay lentes o anteojos especiales que en un eclipse solar nos protegen de daños en la vista e incluso de la ceguera por eclipse? Ver un eclipse espiritual a través de los lentes protectores del Espíritu nos brinda la perspectiva del Evangelio, la cual nos protege de la ceguera espiritual.

Consideremos algunos ejemplos. Teniendo las palabras de los profetas en el corazón y el Espíritu Santo como nuestro consejero, podemos contemplar una luz celestial parcialmente bloqueada con los “lentes del Evangelio” y así evitar el daño de un eclipse espiritual.

Entonces ¿cómo nos ponemos los lentes del Evangelio? Les doy algunos ejemplos: Los lentes del Evangelio nos hacen saber que el Señor desea que tomemos la Santa Cena cada semana y que desea que estudiemos las Escrituras y oremos diariamente. También nos dicen que Satanás nos tentará a que no lo hagamos. Sabemos que él tiene otros objetivos y procura privarnos de nuestro albedrío mediante distracciones y tentaciones mundanas. Aun en los tiempos de Job, tal vez hubo algunos que experimentaron eclipses espirituales, descrito de esta forma: “De día estos se topan con tinieblas y a mediodía andan a tientas como de noche”7.

Hermanos y hermanas, cuando hablo de ver a través de los lentes del Evangelio, sepan por favor que no estoy sugiriendo que nos neguemos a reconocer o analizar los desafíos que enfrentamos en el mundo ni que andemos con ingenuidad, ajenos a las trampas y los males que el enemigo ha colocado ante nosotros. No me refiero a que usemos anteojeras, sino todo lo contrario. Sugiero que veamos los desafíos a través de los lentes del Evangelio. El élder Dallin H. Oaks observó que la “perspectiva es la capacidad de ver toda la información relevante en una relación significativa” 8; La perspectiva del Evangelio expande nuestra visión a una perspectiva eterna.

Al usar sus “lentes del Evangelio”, ustedes piensan acerca de sus prioridades, sus problemas, sus tentaciones e incluso sus equivocaciones de una manera centrada y con una perspectiva ampliada; verán una luz más brillante que no se puede ver sin ellos.

Gospel glasses

Irónicamente, las cosas negativas no son las únicas que pueden causar un eclipse espiritual en nuestras vidas. Con frecuencia, al centrarnos demasiado en actividades admirables y positivas a las que nos dedicamos, llegan a bloquear la luz del Evangelio y dan paso a la oscuridad. Entre los peligros y las distracciones pueden contarse la formación académica y la prosperidad, el poder y la influencia, la ambición e incluso los talentos y los dones.

El presidente Dieter F. Uchtdorf enseñó que “cualquier virtud, cuando se lleva al extremo, se convierte en un vicio… Llega un punto en el que las metas se pueden convertir en piedras de molino y las ambiciones en una carga”9.

Permítanme dar ejemplos más específicos de cosas que pueden causarnos eclipses espirituales.

Redes sociales

Hace unos meses, hablé en la Conferencia de la Mujer de BYU10. Hablé de cómo la tecnología, incluso las redes sociales, ayudan a difundir “el conocimiento de un Salvador… por toda nación, tribu, lengua y pueblo”11. Estas tecnologías incluyen los sitios web de la Iglesia, tales como LDS.org y Mormon.org; las aplicaciones móviles como Biblioteca del Evangelio, Canal Mormón, Herramientas SUD y FamilySearch; y las plataformas de las redes sociales como Facebook, Instagram, Twitter y Pinterest. Estas modalidades han generado cientos de millones de clics en me gusta, compartir, retuitear y pins, y han llegado a ser muy efectivos para compartir el Evangelio con familiares, amigos y colegas.

A pesar de las virtudes y el uso apropiado de estas tecnologías, hay riesgos inherentes en ellas que, si las acercamos en exceso a nosotros, nos pueden colocar en un eclipse espiritual y pueden bloquear la luz y la calidez del Evangelio.

El uso de las redes sociales, de las aplicaciones móviles y de los juegos puede consumir tiempo en forma desmesurada y reducir las interacciones cara a cara. Esta disminución de la conversación personal puede afectar a los matrimonios, tomar el lugar de prácticas espirituales valiosas y truncar el desarrollo de habilidades sociales, especialmente entre los jóvenes.

Hay dos riesgos adicionales relacionados con las redes sociales: la realidad idealizada y hacer comparaciones debilitantes.

Muchas, o la mayoría de las imágenes que se publican en las redes sociales tienden a presentar la vida en su mejor estado, que suele ser poco realista. Todos nosotros hemos contemplado hermosas imágenes de hogares decorados, lugares vacacionales maravillosos, “selfies” sonrientes, comidas muy elaboradas y cuerpos físicos casi imposibles de alcanzar.

Aquí ven, por ejemplo, una imagen que podrían ver en la cuenta de cualquier persona en las redes sociales. Sin embargo, eso no capta el panorama completo de lo que realmente ocurre en la vida real.

Behind the scenes of muffin making

Al comparar nuestras vidas, aparentemente corrientes, con la representación retocada y perfeccionada de la vida de los demás, tal como se muestran en las redes sociales, pueden surgir en nosotros sentimientos de desánimo, envidia e incluso fracaso.

Una persona que había compartido numerosas publicaciones dijo, parcialmente en broma: “¿De qué sirve estar feliz, si no vas a publicarlo?”12.

Como nos recordó la hermana Bonnie L. Oscarson esta mañana, el éxito en la vida no depende de cuántos “me gusta” recibamos ni cuántos amigos o seguidores tengamos en las redes sociales; pero sí tiene que ver con relacionarnos con los demás de formas significativas y aportar luz a sus vidas.

Espero que podamos aprender a ser más auténticos, a tener más humor y sentirnos menos desalentados al contemplar imágenes que puedan presentan una realidad idealizada y que, con demasiada frecuencia, conducen a comparaciones debilitantes.

Aparentemente, las comparaciones no son una característica exclusiva de nuestros tiempos, sino que también las fueron en el pasado. El apóstol Pablo advirtió al pueblo de su época que “ellos, midiéndose a sí mismos y comparándose consigo mismos, no son juiciosos”13.

Habiendo tantos usos apropiados e inspirados de la tecnología, usémosla para enseñar, inspirar, elevarnos y alentar a los demás a ser lo mejor que puedan ser, en lugar de presentar una imagen virtual idealizada de nosotros mismos. Enseñemos y mostremos a las nuevas generaciones el uso digno de la tecnología y advirtámosles además de los peligros que conlleva y de su uso destructivo. Ver las redes sociales a través de los lentes del Evangelio puede evitar que lleguen a convertirse en un eclipse espiritual en nuestra vida.

Orgullo

Consideremos ahora el orgullo, la piedra de tropiezo desde tiempos remotos. El orgullo es lo opuesto a la humildad, la cual es “la disposición a someterse a la voluntad del Señor”14. Cuando somos orgullosos, tendemos a honrarnos a nosotros mismos en lugar de honrar a los demás o dar la gloria a Dios. Con frecuencia, el orgullo es competitivo; es la tendencia a procurar obtener más y a creernos mejores que los demás. Por lo general, el orgullo trae como resultado sentimientos de ira y de odio; hace que uno guarde rencores y se abstenga de perdonar. Sin embargo, el orgullo puede ser consumido en el atributo de humildad de Cristo.

Las relaciones, incluso con familiares cercanos y seres queridos, especialmente con familiares cercanos y seres queridos —aun entre esposos y esposas— se nutren con la humildad y se bloquean con el orgullo.

Hace muchos años, un ejecutivo de una gran empresa comercial me llamó para conversar sobre su compañía, que iba a ser vendida a sus competidores. Él, junto con muchos otros colegas de la sede de la empresa, estaban muy preocupados de que pudieran perder sus empleos. Como él sabía que yo conocía bien a los directores ejecutivos de la empresa compradora, me preguntó si estaría dispuesto a presentarlo y darles una buena referencia, e incluso a programar que se reunieran con él. Él concluyó con la siguiente declaración: “Ya sabes lo que dicen: ‘¡Los mansos perecerán!’”.

Entendí que su comentario fue expresado en tono humorístico; capté el chiste, pero había un principio importante que pensé que podría venirle bien a él. Respondí: “En realidad, eso no es lo que dicen. Lo que se dice es justamente lo contrario: ‘Los mansos… heredarán la tierra’15; eso es lo que se dice”.

En mi experiencia en la Iglesia, así como en mi carrera profesional, algunas de las mejores personas que he conocido, y de las más eficaces, han estado entre las más mansas y humildes.

La humildad y la mansedumbre encajan como la mano en el guante. Recordemos que “nadie es aceptable a Dios sino los mansos y humildes de corazón”16.

Ruego que nos esforcemos por adquirir la virtud de la humildad para evitar el eclipse espiritual del orgullo.

Conclusión

Para concluir, un eclipse solar es, efectivamente, un extraordinario fenómeno de la naturaleza durante el cual la belleza, la calidez y la luz del sol pueden quedar completamente opacadas por un objeto comparativamente insignificante, produciéndose oscuridad y frío.

Un fenómeno similar puede suceder en sentido espiritual, cuando permitimos que los asuntos pequeños e insignificantes se acerquen tanto que bloqueen la belleza, la calidez y la luz celestiales del evangelio de Jesucristo, dejando en su lugar una fría oscuridad.

Los objetos diseñados para proteger la vista de las personas que se hallen en una zona de un eclipse solar total pueden prevenir daños permanentes e incluso la ceguera17. Los lentes del Evangelio, que comprenden el conocimiento y el testimonio de los principios y las ordenanzas del Evangelio, proporcionan la perspectiva del Evangelio que, de manera similar, brinda protección a quien esté expuesto a los peligros de un eclipse espiritual.

Si ustedes hallan algo que parezca bloquear la luz y el gozo del Evangelio en sus vidas, les invito a colocarlo en la perspectiva del Evangelio. Miren a través de los lentes del Evangelio y estén alertas para no dejar que ningún asunto insignificante o intrascendente de la vida les oscurezca su visión del gran plan de felicidad. En síntesis, no permitan que las distracciones de la vida eclipsen la luz del cielo.

Testimonio

Doy testimonio de que, sin importar la naturaleza de la obstrucción que impida nuestra visión de la luz del Evangelio, la luz sigue estando allí. El evangelio de Jesucristo es esa fuente de calor, verdad y fulgor. Doy testimonio de un amoroso Padre Celestial; de Su Hijo, Jesucristo; y de la función del Hijo como nuestro Salvador y Redentor. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Thomas S. Monson, en Sarah Jane Weaver, “What Gift Does President Monson Want for His 90th Birthday?”, Deseret News, 17 de agosto de 2017, deseretnews.com.
  2. Véase Christina Zdanowicz y Judson Jones, “An Eclipse Will Cross the US for the First Time in 99 Years”, 24 de julio de 2017, cnn.com.
  3. Véase “Eclipse: Who? What? Where? When? and How?”, eclipse2017.nasa.gov.
  4. Véase EarthSky in Space, “Coincidence That Sun and Moon Seem Same Size?”, earthsky.org.
  5. Véase Brian Lada, “5 Surprising Effects the Total Solar Eclipse Will Have besides Darkness”, accuweather.com.
  6. Neal A. Maxwell, Of One Heart: The Glory of the City of Enoch, 1975, pág. 19.
  7. Job 5:14.
  8. Dallin H. Oaks, discurso dado en la charla fogonera de jóvenes adultos solteros de la estaca Salt Lake Bonneville, Salt Lake City, Utah, 8 de febrero de 2015.
  9. Dieter F. Uchtdorf, “De las cosas que más importan”, Liahona,noviembre de 2010, pág. 20.
  10. Véase Gary E. Stevenson, “The Knowledge of a Savior”, Conferencia de la Mujer de BYU, 5 de mayo de 2017.
  11. Mosíah 3:20.
  12. Jade, “The Obsession of Creating a Picture-Perfect Life on Social Media”.
  13. 2 Corintios 10:12.
  14. Véase Predicad Mi Evangelio: Una guía para el servicio misional, 2004, pág. 127.
  15. Mateo 5:53 Nefi 12:5.
  16. Moroni 7:44.
  17. Véase “Solar Eclipse and Your Eyes”, preventblindness.org.

 

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Sed, pues, vosotros perfectos… con el tiempo

Conferencia General Octubre 2017

Sed, pues, vosotros perfectos… con el tiempo

Por el élder Jeffrey R. Holland
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Si perseveramos, en algún momento de la eternidad nuestro refinamiento habrá terminado y será completo.

Las Escrituras se escribieron para bendecirnos y alentarnos, y ciertamente lo hacen. Agradecemos al cielo todos los capítulos y versículos que se nos han dado; pero, ¿se han dado cuenta que de vez en cuando aparece un pasaje que nos recuerda que no estamos cumpliendo como deberíamos? Por ejemplo, el Sermón del Monte comienza con las tranquilizadoras y dulces bienaventuranzas, pero en los versículos siguientes se nos dice, entre otras cosas, no solo que no debemos matar, sino que ni siquiera debemos enojarnos. Se nos dice que no solo no debemos cometer adulterio, sino que tampoco debemos tener pensamientos impuros. A quienes la pidan, debemos darle nuestra túnica y después también darle nuestra capa. Debemos amar a nuestros enemigos, bendecir a quienes nos maldicen y hacer bien a quienes nos aborrecen1.

Si ese es nuestro estudio matutino de la Escrituras, y después de leer hasta aquí estamos bastante seguros de que no obtendremos buenas notas en nuestra libreta de calificaciones del Evangelio, entonces el último mandamiento de la cadena no nos dejará duda: “Sed, pues, vosotros perfectos, así como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”2. Con ese final imperativo, queremos volver a la cama y cubrirnos hasta la cabeza. Esas metas celestiales parecen estar fuera de nuestro alcance. Sin embargo, el Señor nunca nos daría un mandamiento que Él supiera que no podríamos cumplir. Veamos adónde nos lleva esta confusa encrucijada.

En la Iglesia oigo a muchos que luchan con este asunto, diciendo: “No soy lo suficientemente bueno”. “Tengo tanto que mejorar”. “Nunca estaré a la altura”. Oigo que lo dicen los adolescentes, los misioneros, los nuevos conversos y los miembros de hace muchos años. Una sabia hermana Santo de los Últimos Días, la hermana Darla Isackson, ha observado que, de alguna manera, Satanás ha logrado hacer que los convenios y los mandamientos parezcan maldiciones y condenaciones. Para algunas personas él ha convertido los ideales y la inspiración del Evangelio en algo que los hace sufrir y aborrecerse3.

Lo que digo ahora no niega ni disminuye de ninguna manera ningún mandamiento que Dios nos haya dado. Creo en Su perfección y sé que somos Sus hijos e hijas en espíritu con el potencial divino de llegar a ser como Él es. También sé que, como hijos de Dios, no debemos menospreciarnos ni vilipendiarnos, como si el hecho de castigarnos a nosotros mismos de alguna manera va a convertirnos en las personas que Dios desea que seamos. ¡No! Con el deseo de arrepentirnos y de siempre ser más rectos en nuestro corazón, espero que procuremos mejorar personalmente de una manera que no incluya provocar úlceras o anorexia, depresión o destrucción de nuestra autoestima. Eso no es lo que el Señor quiere para los niños de la Primaria ni para ninguna otra persona que sinceramente cante: “Yo trato de ser como Cristo”4.

Para poner este asunto en contexto, recordemos todos que vivimos en un mundo caído y por ahora somos personas caídas. Estamos en el Reino Telestial, escrito con t y no con c. Como nos ha enseñado el presidente Rusell M. Nelson, aquí en la mortalidad, la perfección todavía está “pendiente”5.

De modo que yo creo que Jesús no tenía la intención de que Su sermón sobre este tema fuera un martillo verbal para castigarnos por nuestras debilidades. No, creo que pretendía que fuera un tributo a quién y qué es Dios, el Eterno Padre, y a lo que nosotros podemos lograr con Él en la eternidad. En todo caso, estoy agradecido de saber que, a pesar de mis imperfecciones, al menos Dios es perfecto; que al menos Él es capaz, por ejemplo, de amar a Sus enemigos, porque con demasiada frecuencia, debido al “hombre [o mujer] natural”6 en nosotros, ustedes y yo a veces somos ese enemigo. Cuán agradecido estoy de que al menos Dios puede bendecir a aquellos que lo ultrajan porque, sin querer o queriendo, en ocasiones todos lo ultrajamos. Estoy agradecido de que Dios es misericordioso y pacificador, porque yo necesito misericordia y el mundo necesita paz. Por supuesto, todo lo que decimos de las virtudes del Padre también lo decimos de Su Hijo Unigénito, que vivió y murió con la misma perfección.

Me apresuro a decir que centrarnos en los logros del Padre y del Hijo, en lugar de en nuestros fracasos, no nos da ni un ápice de justificación para vivir una vida indisciplinada ni para rebajar nuestras normas. No, desde el principio el Evangelio ha sido para “perfeccionar a los santos… hasta que… lleguemos… a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”7. Sencillamente sugiero que al menos un propósito de un pasaje de las Escrituras o de un mandamiento puede ser recordarnos lo magnífica que realmente es “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”8, e inspirar en nosotros mayor amor y admiración por Él y un mayor deseo de ser como Él es.

“Sí, venid a Cristo, y perfeccionaos en él…”, implora Moroni. “[Amad] a Dios con todo vuestro poder, mente y fuerza, entonces… por su gracia [podréis ser] perfectos en Cristo”9. Nuestra única esperanza para tener la verdadera perfección es en recibirla como un regalo de los Cielos; no podemos “ganárnosla”. Por tanto, la gracia de Cristo nos ofrece no solo salvación del pesar, el pecado y la muerte, sino de nuestra persistente autocrítica.

Permítanme usar una parábola del Salvador para decir esto de una manera diferente. Un siervo tenía una deuda con su rey por la cantidad de 10 000 talentos. Al escuchar la súplica del siervo pidiendo paciencia y misericordia, “el señor, movido a misericordia… le perdonó la deuda”; pero después, ese mismo siervo no perdonó a uno de sus consiervos que le debía 100 denarios. Al saber eso, el rey le recriminó al siervo que había perdonado: “¿No debías tú también haber tenido misericordia de tu consiervo, así como yo tuve misericordia de ti?”10.

Hay diferencia de opiniones entre los eruditos en cuanto a los valores monetarios mencionados aquí —y perdonen la referencia de la moneda norteamericana—, pero para simplificar las matemáticas, si la deuda más pequeña de 100 denarios que no se perdonó fuera, digamos, cien dólares en el presente, entonces la deuda de 10 000 talentos que se perdonó gratuitamente podría ser aproximadamente de mil millones de dólares… ¡o más!

Para una deuda personal, esa es una suma astronómica, totalmente fuera de nuestra comprensión. (¡Nadie puede ir de compras y comprar tanto!) Ahora bien, para el propósito de la parábola, se esperaba que fuera incomprensible, se esperaba que estuviera fuera de nuestra compresión, ¡sin mencionar nuestra capacidad de pagarla! Eso es debido a que este no es un relato sobre dos siervos que discuten en el Nuevo Testamento; es un relato sobre nosotros, la familia humana caída, todos los deudores, transgresores y prisioneros mortales. Todos somos deudores, y el veredicto era la prisión para todos; y hubiéramos permanecido allí de no ser por la gracia de nuestro Rey que nos liberó porque nos ama y tiene “compasión por nosotros”11.

Jesucristo usa una medida inconmensurable aquí porque Su expiación es un don inconmensurable dado a un costo incomprensible. Ese, me parece a mí, es al menos parte del significado que encierra el mandato de Jesucristo de ser perfectos. Quizás no podamos demostrar todavía la perfección de 10 000 talentos que el Padre y el Hijo han alcanzado, pero no es mucho que Ellos nos pidan que seamos un poquito más semejantes a Dios en cosas pequeñas: que hablemos y actuemos, amemos y perdonemos, nos arrepintamos y mejoremos al menos al nivel de perfección de 100 denarios, que claramente está dentro de nuestra capacidad.

Mis hermanos y hermanas, con la excepción de Jesucristo, no ha habido comportamientos perfectos en este viaje terrenal en el que estamos embarcados; así que, mientras estemos en la tierra procuremos mejorar de forma continua sin obsesionarnos con lo que los científicos de la conducta llaman el “perfeccionismo tóxico”12. Debemos evitar tener esas expectativas excesivas de nosotros y de los demás y, agregaría yo, de aquellos que son llamados a servir en la Iglesia, lo que para los Santos de los Últimos Días significa todos, pues a todos se nos llama a servir en algún lugar.

Respecto a ello, Leo Tolstói escribió una vez sobre un sacerdote al que uno de sus feligreses criticó por no vivir con la resolución que debería, lo que llevó al hombre a concluir que los principios que el predicador descarriado enseñaba también debían ser erróneos.

Para responder a esa crítica, el sacerdote dice: “Mira mi vida ahora y compárala con mi vida anterior. Verás que estoy tratando de vivir según la verdad que proclamo”. Al no poder vivir a la altura de los ideales que enseña, el sacerdote admite que ha fracasado, pero exclama:

“Condéname, [si quieres], yo mismo lo hago; pero [no] ataques… el sendero que sigo… Si conozco el camino a casa [pero] lo recorro dando tumbos, ¿es menos recto el camino porque me tambaleo de un lado al otro?…

“No grites con deleite: ‘¡Mírenlo!… ¡Allí está, arrastrándose hacia el pantano!’. No, no te deleites, sino da… tu ayuda [a cualquiera que esté tratando de transitar el sendero de regreso a Dios]”13.

Hermanos y hermanas, todos nosotros aspiramos a una vida más cristiana de la que frecuentemente logramos vivir. Si admitimos con sinceridad que estamos tratando de mejorar, no somos hipócritas, somos humanos. Ruego que no dejemos que nuestras imprudencias humanas y las inevitables flaquezas de aun los mejores hombres y mujeres a nuestro alrededor nos vuelvan cínicos sobre las verdades del Evangelio, la veracidad de la Iglesia, nuestra esperanza por el futuro o la posibilidad de la divinidad. Si perseveramos, en algún momento de la eternidad nuestro refinamiento habrá terminado y será completo, que es lo que en el Nuevo Testamento significa la perfección14.

Testifico de ese gran destino, puesto a nuestro alcance mediante la expiación del Señor Jesucristo, quien también continuó “de gracia en gracia”15hasta que en Su inmortalidad16 recibió una plenitud perfecta de gloria celestial17. Doy testimonio de que en este y en todo momento Él extiende, con manos heridas por los clavos, esa misma gracia a nosotros, aferrándonos a Él y alentándonos, negándose a soltarnos, hasta que estemos a salvo en casa bajo el amparo de Padres Celestiales. Para llegar a ese momento perfecto continúo esforzándome, aunque sea torpemente; por ese perfecto don, continúo agradeciendo, aunque sea de forma inadecuada; y lo hago en el nombre de la Perfección misma, de Él que nunca ha sido torpe ni inadecuado, pero que nos ama a todos nosotros que sí lo somos, el Señor Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Véase Mateo 5:1-47.
  2. Mateo 5:48.
  3. Véase Darla Isackson, “Satan’s Counterfeit Gospel of Perfectionism”, Meridian Magazine, 1 de junio de 2016, ldsmag.com.
  4. “Yo trato de ser como Cristo”, Canciones para los niños, págs. 40–41.
  5. Véase Russell M. Nelson, “La inminencia de la perfección”, Liahona, enero de 1996, págs. 99–102.
  6. Mosíah 3:19.
  7. Efesios 4:12–13.
  8. Efesios 4:13.
  9. Moroni 10:32; cursiva agregada.
  10. Véase Mateo 18:24-33.
  11. Doctrina y Convenios 121:4.
  12. Véase Joanna Benson y Lara Jackson, “Nobody’s Perfect: A Look at Toxic Perfectionism and Depression”, Millennial Star, 21 de marzo de 2013, millennialstar.org.
  13. “The New Way”, Leo Tolstoy: Spiritual Writings , selección de Charles E. Morre, 2006, págs. 81–82.
  14. Para un análisis esclarecedor del significado de la palabra griega usada en el Nuevo Testamento para perfecto (“teleios”), véase el discurso del presidente Russell M. Nelson de la Conferencia General de octubre de 1995: “La inminencia de la perfección” (Liahona, enero de 1996, págs. 99–102).
  15. Doctrina y Convenios 93:13.
  16. Véase Lucas 13:32.
  17. Véase Doctrina y Convenios 93:13.
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El pan vivo que ha descendido del cielo

Conferencia General Octubre 2017

El pan vivo que ha descendido del cielo

Por el élder D. Todd Christofferson
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Si anhelamos morar en Cristo y hacer que Él more en nosotros entonces lo que procuramos es la santidad.


El día después de que Jesús milagrosamente alimentó a los cinco mil en Galilea con solo “cinco panes de cebada y dos pescados”1, habló de nuevo a la gente en Capernaum. El Salvador se dio cuenta de que muchos no estaban tan interesados en Sus enseñanzas como en que se les volviera a dar de comer2. Por consiguiente, Él trató de convencerlos del valor inmensamente mayor de “la comida que… el Hijo del Hombre os dará”3. Jesús declaró:

“Yo soy el pan de vida.

“Vuestros padres comieron el maná en el desierto y están muertos.

“Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él coma no muera.

“Yo soy el pan vivo que ha descendido del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo”4.

Los que lo escuchaban perdieron totalmente el sentido que le dio el Señor y entendieron Sus palabras solo de manera literal. Con repugnancia al solo pensarlo, se preguntaban: “¿Cómo puede este darnos a comer su carne?”5. Jesús continuó explicando:

“De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre ni bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

“El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el día postrero.

“Porque mi carne verdaderamente es comida, y mi sangre verdaderamente es bebida”6.

Después expresó el profundo significado de Su metáfora:

“El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.

“Así como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo, el que me come también vivirá por mí”7.

Aún así, los que lo oyeron no comprendieron lo que Jesús les decía: “Entonces, al oírlo, muchos… dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?… [Y] desde entonces, muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con él”8.

Comer Su carne y beber Su sangre es una manera contundente de expresar cuán completamente debemos traer al Salvador a nuestra vida —a nuestro mismo ser— para que seamos uno. ¿Cómo se logra?

Primero, entendemos que al sacrificar Su carne y Su sangre, Jesucristo expió nuestros pecados y venció la muerte, tanto física como espiritual9. Entonces queda claro que participamos de Su carne y bebemos Su sangre cuando recibimos de Él el poder y las bendiciones de Su expiación…

La doctrina de Cristo expresa lo que debemos hacer para recibir la gracia expiatoria. Es creer y tener fe en Cristo, arrepentirse y ser bautizado, y recibir el Espíritu Santo, “y entonces viene una remisión de vuestros pecados por fuego y por el Espíritu Santo”10. Esa es la puerta, nuestro acceso a la gracia expiatoria del Salvador y al camino recto y angosto que conduce a Su reino.

“Por tanto, si marcháis adelante [en ese sendero], deleitándoos en la palabra de Cristo, y perseveráis hasta el fin, he aquí, así dice el Padre: Tendréis la vida eterna”.

“… he aquí, esta es la doctrina de Cristo, y la única y verdadera doctrina del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, que son un Dios, sin fin”11.

El simbolismo del sacramento de la Santa Cena del Señor es hermoso de contemplar. El pan y el agua representan la carne y la sangre de Aquel que es el Pan de Vida y el Agua Viva12, recordándonos dolorosamente el precio que Él pagó para redimirnos. Cuando se parte el pan, recordamos la carne desgarrada del Salvador agonizante. El élder Dallin H. Oaks una vez observó que “debido a que está partido y desgarrado, cada pedazo es único, así como las personas que participan de él son únicas. Todos tenemos diferentes pecados de qué arrepentirnos; todos necesitamos ser fortalecidos en diferentes circunstancias mediante la Expiación del Señor Jesucristo, a quien recordamos en esta ordenanza”13. Al beber el agua, pensamos en la sangre que Él derramó en Getsemaní y en la cruz y en su poder santificador14. Al saber que “nada impuro puede entrar en su reino”, tomamos la resolución de que estaremos entre “aquellos que han lavado sus vestidos en [la] sangre [del Salvador], mediante su fe, y el arrepentimiento de todos sus pecados y su fidelidad hasta el fin”15.

He hablado de recibir la gracia expiatoria del Salvador para quitar nuestros pecados y la mancha de esos pecados en nosotros; pero, en sentido figurado, el comer Su carne y beber Su sangre tiene un significado adicional, y es el interiorizar las cualidades y el carácter de Cristo, despojándonos del hombre natural y haciéndonos santos “por la expiación de Cristo el Señor”16 Al participar del pan y del agua de la Santa Cena cada semana, bien haríamos en considerar cuán plena y completamente debemos incorporar Su carácter y el modelo de Su vida sin pecado en nuestra propia vida y nuestro ser. Jesús no podría haber expiado los pecados de los demás a menos que El mismo fuese sin pecado. Puesto que la justicia no podía reclamarlo a Él, Él pudo ofrecerse en nuestro lugar para satisfacer la justicia y luego extender misericordia. Al recordar y honrar Su sacrificio expiatorio, también debemos contemplar Su vida sin pecado.

Eso indica la necesidad de un potente esfuerzo de nuestra parte. No podemos conformarnos con permanecer como somos, sino que debemos avanzar constantemente hacia “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”17. Al igual que el padre de Lamoni en el Libro de Mormón, debemos estar dispuestos a abandonar todos nuestros pecados18 y centrarnos en lo que el Señor espera de nosotros, individual y colectivamente.

No hace mucho, un amigo me relató una experiencia que tuvo mientras servía como presidente de misión. Lo habían operado y eso requirió varias semanas de recuperación. Mientras se recuperaba, dedicó tiempo a escudriñar las Escrituras. Una tarde, al meditar las palabras del Salvador que se hallan en el capítulo 27 de 3 Nefi, se quedó dormido. Después relató lo siguiente:

“Caí en un sueño en el que se me dio una visión vívida y panorámica de mi vida. Se me mostraron mis pecados, las malas decisiones, las veces… que había tratado a la gente con impaciencia, además de las omisiones de las cosas buenas que debería haber dicho o hecho… Se me mostró un [repaso] total de mi vida, en solo cuestión de minutos, aunque pareció ser mucho más largo. Desperté, sorprendido y… al instante me arrodillé junto a la cama y comencé a orar, a suplicar perdón, expresando los sentimientos de mi corazón como nunca antes lo había hecho.

“Antes del sueño, no sabía que tenía tanta necesidad de arrepentirme. Mis defectos y debilidades se volvieron tan claros para mí que la brecha entre la persona que yo era y la santidad de Dios parecía ser de millones de kilómetros. En mi oración esa tarde, expresé mi más profunda gratitud a mi Padre Celestial y al Salvador con todo mi corazón por lo que Ellos habían hecho por mí y por las relaciones que atesoraba con mi esposa e hijos. Mientras estaba de rodillas también sentí el amor y la misericordia de Dios que eran tan palpables, a pesar de mi sentimiento de indignidad…

“Puedo decir que desde aquel día no soy el mismo… Mi corazón cambió… Lo que ocurrió es que desarrollé más empatía hacia los demás, con una mayor capacidad de amar, junto con un sentimiento de urgencia para predicar el Evangelio… Podía identificarme, como nunca antes, con los mensajes de fe, esperanza y el don del arrepentimiento que se hallan en el Libro de Mormón”19.

Es importante reconocer que esa vívida revelación de sus pecados y defectos no desalentó a ese buen hombre ni lo condujo a a la desesperación. Sí, sintió conmoción y remordimiento; sintió intensamente la necesidad de arrepentirse. Había sido humillado, y sin embargo sintió gratitud, paz y esperanza -verdadera esperanza- a causa de Cristo, “el pan vivo que ha descendido del cielo”20.

Mi amigo habló de la brecha que percibía en su sueño entre su vida y la santidad de Dios. Santidad es la palabra correcta. Comer la carne y beber la sangre de Cristo significa procurar la santidad. Dios manda: “Sed santos, porque yo soy santo”21.

Enoc nos dio el siguiente consejo:“Enséñalo, pues, a tus hijos, que es preciso que todos los hombres, en todas partes, se arrepientan, o de ninguna manera heredarán el reino de Dios, porque ninguna cosa inmunda puede morar allí, ni morar en su presencia; porque en el lenguaje de Adán, su nombre es Hombre de Santidad, y el nombre de su Unigénito es el Hijo del Hombre, sí, Jesucristo”22. Cuando era niño, me preguntaba por qué en el Nuevo Testamento a menudo se refiere a Jesús (e incluso Él se refiere a Sí mismo) como el Hijo del Hombre cuando Él es en realidad el Hijo de Dios, pero la declaración de Enoc deja claro que esas referencias son en realidad un reconocimiento de Su divinidad y santidad; Él es el Hijo del Hombre de Santidad, Dios el Padre.

Si anhelamos morar en Cristo y hacer que Él more en nosotros23, entonces lo que procuramos es la santidad, tanto en cuerpo como en espíritu24. La procuramos en el templo donde está inscrito: “Santidad al Señor”. La procuramos en nuestro matrimonio, familia y hogar. La procuramos cada semana al deleitarnos en el día santo del Señor25. La procuramos incluso en los detalles del diario vivir: nuestra manera de expresarnos, nuestro modo de vestir, nuestros pensamientos. Tal como ha declarado el presidente Thomas S. Monson: “Somos el producto de todo lo que leemos, lo que vemos, lo que oímos y lo que pensamos”26. Procuramos la santidad al tomar nuestra cruz cada día27.

La hermana Carol F. McConkie ha observado: “Reconocemos la infinidad de pruebas, tentaciones y tribulaciones que pudieran alejarnos de todo lo que es virtuoso y digno de alabanza ante Dios; sin embargo, nuestras experiencias terrenales nos ofrecen la oportunidad de elegir la santidad. La mayoría de las veces son los sacrificios que hacemos para guardar nuestros convenios que nos santifican y hacen que seamos santas”28. Y a los sacrificios que hacemos yo añadiría también el servicio que damos.

Sabemos que “cuando [nos hallamos] al servicio de [n]uestros semejantes, solo [estamos] al servicio de [n]uestro Dios”29. Y el Señor nos recuerda que ese tipo de servicio es primordial en Su vida y carácter: “Porque el Hijo del Hombre tampoco vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos”30. El presidente Marion G. Romney explicó sabiamente: “El servicio no es algo que soportamos en esta tierra a fin de ganar el derecho de vivir en el reino celestial; es la fibra misma de la que se compone una vida exaltada en el reino de los cielos”31.

Zacarías profetizó que en el día del reino milenario del Señor, incluso las campanillas de los caballos llevarían la inscripción: “Santidad a Jehová”32. En ese espíritu, los santos pioneros en estos valles pusieron ese recordatorio: “Santidad al Señor”, en cosas aparentemente comunes o mundanas, así como aquellas que estaban más directamente relacionadas con la práctica religiosa. Se inscribió en las copas y bandejas de la Santa Cena, se imprimió en certificados de ordenación de Setentas, y en un estandarte de la Sociedad de Socorro. “Santidad al Señor” también se exhibió en vitrinas de las tiendas ZCMl, la Institución Cooperativa Mercantil de Zion. Se encontraba en la cabeza de un martillo y en un tambor. “Santidad al Señor” se grabó en las perillas de la casa del presidente Brigham Young. Esas referencias a la santidad en lugares aparentemente inusuales o inesperados tal vez parezcan incongruentes para algunos, pero indican lo generalizada y constante que debe ser nuestra atención en la santidad.

Sacrament cup

Sacrament plate

ZCMI display window

Hammer

Drum

Doorknob

Participar de la carne del Salvador y beber Su sangre significa eliminar de nuestras vidas cualquier cosa que no sea compatible con un carácter semejante al de Cristo y adoptar Sus atributos. Este es el significado más amplio del arrepentimiento, no solo apartarse de los pecados del pasado, sino de ahí en adelante “entregar [el] corazón y [la] voluntad a Dios”33. Tal como sucedió con mi amigo en su sueño revelador, Dios nos mostrará nuestros defectos y fracasos, pero también nos ayudará a convertir las debilidades en fortalezas34 Si con sinceridad preguntamos: “¿Qué más me falta?”35, Él no nos dejará con dudas, sino que con amor Él responderá por el bien de nuestra felicidad; y nos dará esperanza.

Es un esfuerzo consumidor, y sería terriblemente desalentador si en nuestro esfuerzo por la santidad estuviéramos solos. La gloriosa verdad es que no estamos solos; tenemos el amor de Dios, la gracia de Cristo, el consuelo y la guía del Espíritu Santo, y el compañerismo y aliento de los santos compañeros en el cuerpo de Cristo, la Iglesia. No nos contentemos con dónde estamos, pero tampoco nos desanimemos. Como nos insta un himno sencillo y a la vez reflexivo:

Aparta un tiempo para ser santo, el mundo con prisa pasa;
pasa mucho tiempo en secreto con Jesús a solas.
Al buscar a Jesús, como Él serás.
Tus amigos, por tu conducta, Su semejanza verán.36
Doy testimonio de Jesucristo, “el pan vivo que ha descendido del cielo”37, y que “[el] que come [Su] carne y bebe [Su] sangre tiene vida eterna”38, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Juan 6:9.
  2. Véase Juan 6:26.
  3. Juan 6:27.
  4. Juan 6:48–51.
  5. Juan 6:52.
  6. Juan 6:53–55.
  7. Juan 6:56–57.
  8. Juan 6:60, 66. Fue en esa ocasión en que el Salvador preguntó a Sus Doce: “¿También vosotros queréis iros?”. (Juan 6:67). Respondiendo por los Doce con fe firme, Pedro contestó: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y sabemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Juan 6:68–69). No sé si, en ese momento, Pedro y sus hermanos comprendieron lo que el Señor estaba enseñando mejor que los discípulos que estaban abandonando al Maestro, pero Pedro sabía por el testimonio seguro del Espíritu que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios viviente (véase Mateo 16:15–17), y que la salvación no se puede encontrar en ninguna otra parte. Por lo tanto, estaba totalmente decidido a seguir a Jesús de todos modos. Si él tenía preguntas, se podrían resolver a su debido tiempo, pero no se le podría disuadir de su lealtad al Hijo de Dios, estableciendo un ejemplo maravilloso para todos nosotros.
  9. Véanse Lucas 22:44Hebreos 13:12Mosíah 3:715:7–8Alma 7:13Doctrina y Convenios 19:1838:445:4–5.
  10. 2 Nefi 31:17.
  11. 2 Nefi 31:20-21.
  12. Véase Juan 4:10.
  13. Dallin H. Oaks, “Mensaje de introducción” (discurso impartido en el Seminario para nuevos presidentes de misión), 25 de junio de 2017, 2.
  14. Véase Moisés 6:60.
  15. 3 Nefi 27:19; véase también Moroni 10:32–33.
  16. Mosíah 3:19.
  17. Efesios 4:13.
  18. Véase Alma 22:18.
  19. Correspondencia personal.
  20. Juan 6:51.
  21. 1 Pedro 1:16.
  22. Moisés 6:57.
  23. Véase Juan 6:56.
  24. Véase Romanos 12:1.
  25. Véase Isaías 58:13.
  26. Teachings of Thomas S. Monson, comp. Lynne F. Cannegieter (2011), 267.
  27. Véase Traducción de José Smith, Mateo 16:25–26 (en Mateo 16:24, nota e); Lucas 9:2314:27–30; Traducción de José Smith, Lucas 14:27–28 (en Lucas 14:27, nota b); Traducción de José Smith, Lucas 14:31 (en Lucas 14:30, nota a).
  28. Carol F. McConkie, “La hermosura de la santidad”, Liahona, mayo de 2017, pág. 10.
  29. Mosíah 2:17.
  30. Marcos 10:45; véase también Alma 34:28.
  31. Marion G. Romney, “La naturaleza celestial de la autosuficiencia,”Liahona, marzo de 2009, pág. 19.
  32. Zacarías 14:20.
  33. Guía para el estudio de las Escrituras, “Arrepentimiento”.
  34. Véase Éter 12:27.
  35. Mateo 19:20.
  36. William D. Longstaff, “Take Time to Be Holy,” The United Methodist Hymnal (1989), nro. 395.
  37. Juan 6:51.
  38. Juan 6:54.

 

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“Tengo una obra para ti”

Conferencia General Octubre 2017

“Tengo una obra para ti”

Por el élder John C. Pingree Jr.
De los Setenta

Cada uno de nosotros tiene una función importante que cumplir para hacer avanzar la obra de Dios.

Dios declaró a Moisés: “Tengo una obra para ti” (Moisés 1:6). ¿Alguna vez se han preguntado si nuestro Padre Celestial tiene una obra para ustedes? ¿Hay cosas importantes que lograr para las cuales Él los haya preparado a ustedes específicamente? Testifico que la respuesta es ¡sí!

Girish Ghimire

Consideren a Girish Ghimire, que nació y se crió en Nepal. De adolescente, estudió en China, donde un compañero de clase compartió el evangelio de Jesucristo con él. Después de un tiempo, Girish vino a la Universidad Brigham Young para cursar estudios de posgrado y conoció a su futura esposa. Se establecieron en el valle de Lago Salado y adoptaron a dos niños de Nepal.

Años después, cuando más de 1500 refugiados de campamentos en Nepal fueron trasladados a Utah1, Girish se sintió inspirado a ayudar. Con la capacidad de hablar el idioma y un conocimiento de la cultura, Girish sirvió como intérprete, maestro y mentor. Después de establecerse en la comunidad, algunos refugiados nepaleses mostraron interés en el Evangelio; se organizó una rama de habla nepalí y posteriormente Girish sirvió como el presidente de rama. También él fue parte fundamental a la hora de traducir el Libro de Mormón al nepalés.

Girish Ghimire con un Libro de Mormón Nepalés

¿Pueden ver cómo el Padre Celestial preparó y está utilizando a Girish?

Dios tiene una obra para cada uno de nosotros

Hermanos y hermanas, Dios tiene una obra importante para cada uno de nosotros. Dirigiéndose a las hermanas, pero enseñando verdades que se aplican a todos, el presidente Spencer W. Kimball enseñó: “En el mundo preterrenal, [se nos] dieron ciertas asignaciones… Aunque no recordemos ahora esos detalles, ello no altera la gloriosa realidad de que en una oportunidad estuvimos de acuerdo con ese plan”2. ¡Qué verdad tan ennoblecedora! Nuestro Padre Celestial tiene cosas específicas e importantes para que hagamos ustedes y yo (véase Efesios 2:10).

Estas asignaciones divinas no están reservadas para unos pocos privilegiados, sino que son para todos nosotros, sin importar nuestro sexo, edad, raza, nacionalidad, nivel de ingresos, estatus social o llamamiento en la Iglesia. Cada uno de nosotros tiene una función importante que cumplir para hacer avanzar la obra de Dios (véase Moisés 1:39).

Algunos dudamos de que el Padre Celestial pueda utilizarnos, a nosotros, para hacer contribuciones importantes; pero recuerden, Él siempre ha utilizado a personas comunes y corrientes para lograr cosas extraordinarias (véanse  1 Corintios 1:27–28D. y C. 35:13124:1). “[Somos] agentes” y “el poder está en [nosotros]” para “efectuar mucha justicia” (D. y C. 58:27–28)3.

El presidente Russell M. Nelson explicó:

“El Señor tiene más en mente para ustedes de lo que ustedes tienen en mente para ustedes mismos! “Ustedes han sido reservados y preservados para esta época y lugar…

“El Señor necesita que cambien el mundo. A medida que aceptan y siguen Su voluntad para ustedes, ¡se encontrarán logrando lo imposible!”4.

De modo que, ¿cómo llegamos a comprender y hacer la obra que Dios espera que hagamos? Permítanme compartir cuatro principios que ayudarán:

Centrarse en los demás

Primero, centrarse en los demás. Podemos seguir a Cristo, quien “anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38; véase también 2 Nefi 26:24).

Cuando regresé de mi misión de tiempo completo, extrañaba el propósito diario del que había disfrutado. Obviamente, necesitaba guardar mis convenios, recibir una educación, establecer una familia y ganarme la vida; pero me preguntaba si había algo más, o incluso algo especial, que el Señor quería que yo hiciera. Después de meditarlo por varios meses, leí este versículo: “Si quieres, serás el medio para hacer mucho bien en esta generación” (D. y C. 11:8) El Espíritu me ayudó a comprender que el propósito principal de las asignaciones divinas es bendecir a los demás y “hacer mucho bien”.

Podemos abordar las decisiones importantes de nuestra vida —como qué estudiar, en qué trabajar o dónde vivir— dentro del contexto de ayudar a los demás.

Una familia se mudó a una nueva ciudad, y en lugar de buscar una casa en un barrio próspero, sintieron la impresión de establecerse en un zona con grandes necesidades sociales y económicas. A través de los años, el Señor ha trabajado por medio de ellos para apoyar a muchas personas y para edificar su barrio y estaca.

Un profesional médico tenía un consultorio típico, pero se sintió guiado a proporcionar atención gratuita un día a la semana a personas que no tenían seguro médico. Gracias a la disposición de este hombre y su esposa de bendecir a los demás, el Señor proporcionó una manera para que ellos apoyaran a cientos de pacientes necesitados al mismo tiempo que criaban a su gran familia.

Descubrir y cultivar dones espirituales

Segundo, descubrir y cultivar dones espirituales. El Padre Celestial nos dio estos dones para ayudarnos a determinar, llevar a cabo y disfrutar de la obra que Él tiene para nosotros.

Algunos de nosotros nos preguntamos: “¿Tengo algún don?”. De nuevo, la respuesta es, ¡sí!. “A todo hombre [y mujer] le es dado un don por el Espíritu de Dios… para que así todos se beneficien”  (D. y C. 46:11–12; énfasis agregado)5. Varios dones espirituales se documentan en las Escrituras (véanse  1 Corintios 12:1-11, 31Moroni 10:8–18D. y C. 46:8–26), pero hay muchos más6. Algunos podrían ser: tener compasión, expresar esperanza, llevarse bien con las personas, organizar eficazmente, hablar o escribir de modo persuasivo, enseñar con claridad y trabajar arduamente.

Entonces, ¿cómo llegamos a conocer nuestros dones? Podemos consultar nuestra bendición patriarcal, preguntar a las personas que mejor nos conocen y reconocer personalmente lo que naturalmente podemos hacer bien y lo que disfrutamos. Más importante aun, podemos preguntarle a Dios (véanse  Santiago 1:5D. y C. 112:10); Él sabe cuáles son nuestros dones, ya que fue Él quien nos los dio (véase D. y C. 46:26).

A medida que descubrimos nuestros dones, tenemos la responsabilidad de desarrollarlos (véase Mateo 25:14–30). Aun Jesucristo “no recibió de la plenitud al principio, sino que continuó de gracia en gracia hasta que recibió la plenitud” (D. y C. 93:13).

Cuadro del Salvador por Ben Simonsen

Un joven creó ilustraciones para promover valores religiosos. Mi favorita es un retrato del Salvador, una copia del cual está colgada en nuestro hogar. Este hermano desarrolló y utilizó sus dones artísticos; por medio de él, el Padre Celestial ha inspirado a otras personas a que mejoren su discipulado.

A veces sentimos que no tenemos ningún don que sea particularmente importante. Un día, una hermana que se sentía desanimada rogó: “Señor, ¿cuál es mi ministerio personal?”. Él contestó: “Estar pendiente de los demás”. ¡Era un don espiritual! Desde entonces, ella ha encontrado gozo al estar pendiente de aquellas personas que a menudo están olvidadas, y Dios ha bendecido a muchas personas por medio de ella. Mientras que algunos de nuestros dones espirituales tal vez no nos hagan prominentes según las normas del mundo, son esenciales para Dios y Su obra7.

Utilizar la adversidad

Tercero, utilizar la adversidad. Nuestras pruebas nos ayudan a descubrir la obra que el Padre Celestial tiene para nosotros y a prepararnos para ella. Alma explicó: “… después de mucha tribulación, el Señor… me ha hecho instrumento en sus manos” (Mosíah 23:10)8. Igual que el Salvador, cuyo sacrificio expiatorio le permite socorrernos (véase  Alma 7:11–12), nosotros podemos usar el conocimiento que adquirimos de las experiencias difíciles para levantar, fortalecer y bendecir a los demás.

Después de que un exitoso ejecutivo de recursos humanos fue despedido, leyó su bendición patriarcal y se sintió inspirado a fundar una compañía para ayudar a otros profesionales a encontrar empleo. (Incluso me ayudó a mí a encontrar trabajo cuando nuestra familia regresó de servir una misión). El Señor usó esa prueba como un peldaño para bendecir a los demás, mientras que le proporcionó a él una carrera más significativa.

Una pareja joven tuvo una bebé que nació muerta. Con corazones rotos, para honrar a su hija, decidieron proporcionar terapia y apoyo material a padres que estaban pasando por situaciones parecidas. El Señor ha trabajado por medio de esa pareja debido a la empatía especializada que obtuvieron por medio de la adversidad.

Confiar en Dios

Y cuarto, confiar en Dios. Cuando le preguntamos a Él con fe y verdadera intención, Él nos revelará nuestras asignaciones divinas9. Una vez que las descubramos, Él nos ayudará a cumplir esas asignaciones. “Todas las cosas… están presentes ante [Sus] ojos” (D. y C. 38:2; véase también Abraham 2:8), y en el momento adecuado, Él abrirá las puertas que sean necesarias para nosotros (véase Apocalipsis 3:8). Hasta envió a Su Hijo, Jesucristo, a fin de que podamos depender de Él para obtener fuerza más allá de nuestras habilidades naturales (véanse Filipenses 4:13Alma 26:12).

Un hermano, preocupado por las decisiones del gobierno local, sintió la impresión de postularse para un cargo público. A pesar del proceso abrumador de hacer campaña, él ejerció la fe y reunió los recursos para hacerlo. Al final, no ganó, pero sintió que el Señor le dio guía y fortaleza para abordar temas que eran importantes para la comunidad.

Una madre soltera, que tiene hijos con discapacidades de desarrollo, dudaba de poder satisfacer las necesidades de su familia adecuadamente. Aunque ha sido difícil, ella siente fortaleza por parte del Señor para cumplir con éxito su misión tan importante.

Palabras de advertencia

Al mismo tiempo que Dios nos ayuda a cumplir con nuestras asignaciones divinas, el adversario intenta distraernos y disuadirnos de tener una vida significativa.

El pecado probablemente es nuestra piedra de tropiezo más grande, nos insensibiliza al Espíritu Santo y restringe nuestro acceso al poder espiritual. Para efectuar la obra que el Padre Celestial tiene para nosotros, debemos esforzarnos por ser puros (véase 3 Nefi 8:1). ¿Vivimos de tal manera que Dios pueda trabajar por medio de nosotros?

Satanás también busca distraernos con cosas menos importantes. El Señor advirtió a un líder de los comienzos de la Iglesia: “Tus pensamientos han estado en las cosas de la tierra más que en las que son de mí… y en el ministerio al cual has sido llamado” (D. y C. 30:2).¿Estamos tan preocupados con las cosas del mundo que nos distraemos de nuestras asignaciones divinas?

Además, Satanás nos desalienta con sentimientos de ineptitud; hace que nuestro trabajo parezca demasiado difícil o intimidatorio. Sin embargo, ¡podemos confiar en Dios!. Él nos ama. Él desea que tengamos éxito. Él “va delante de [nosotros]; él estará [con nosotros], no [nos] dejará” (Deuteronomio 31:8; véanse también Salmo 32:8Proverbios 3:5–6Mateo 19:26D y C 78:18).

Puede que Satanás también intente convencernos de que nuestra labor no es tan importante como la labor asignada a los demás; Pero cada asignación que venga de Dios es importante, y sentiremos satisfacción a medida que nos “[gloriemos]… en lo que el Señor [nos] ha mandado” (Alma 29:9).

Al trabajar Dios por medio de nosotros, puede que el adversario nos tiente a atribuirnos el mérito de cualquier logro; no obstante, podemos emular la humildad del Salvador al desviar los elogios personales y glorificar al Padre (véanse Mateo 5:16Moisés 4:2). Cuando un reportero intentó reconocer a la Madre Teresa por la misión de su vida de ayudar a los pobres, ella respondió: “Es la obra de [Dios]. Yo soy como un… lápiz en Su mano… Él es el que piensa. Él es el que escribe. el lápiz no tiene nada que ver. El lápiz solo tiene que permitir que lo usen”10.

Conclusión

Mis queridos hermanos y hermanas, invito a cada uno de nosotros a que nos “[presentemos] a Dios… como instrumentos de justicia” (Romanos 6:13). Eso significa hacerle saber que queremos ser útiles, buscar Su dirección y acceder a Su fortaleza.

Como siempre, podemos acudir a Jesucristo, nuestro ejemplo perfecto. En la vida preterrenal, el Padre Celestial preguntó: “¿A quién enviaré?”.

Y Jesús respondió: “Heme aquí; envíame” (Abraham 3:27; véase también Isaías 6:8).

Jesucristo aceptó Su función preordinada como nuestro Salvador y Redentor, se preparó para ella y la llevó a cabo. Él cumplió la voluntad del Padre (véanse Juan 5:306:383 Nefi 27:13) y completó Sus asignaciones divinas.

A medida que seguimos el ejemplo de Cristo y nos sometemos a Dios, testifico que Él también nos utilizará para hacer avanzar Su obra y bendecir a los demás. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

1. Véase Refugee Processing Center, “Admissions and Arrivals,” ireports.wrapsnet.org/Interactive-Reporting.
2. Spencer W. Kimball, “Vuestro papel como mujeres justas”, Liahona, enero de 1980, pág. 168.
3. El presidente Gordon B. Hinckley compartió: “Crean en ustedes mismos y en la capacidad que tienen de hacer cosas grandes… Son hijos de Dios y tienen una capacidad infinita” ( Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Gordon B. Hinckley [2016], pág. 77).
4. Russell M. Nelson, Accomplishing the Impossible: What God Does, What We Can Do, 2015, pág. 147.
5. El presidente Dieter F. Uchtdorf dijo: “Nuestro Padre Celestial ve nuestro verdadero potencial. Él sabe cosas de nosotros que ni nosotros mismos sabemos. Durante nuestra vida, Él nos impulsa a cumplir con la medida de nuestra creación…
“Decidamos seguir al Salvador y trabajar con diligencia a fin de llegar a ser la persona que fuimos creados a ser. Escuchemos y obedezcamos las indicaciones del Santo Espíritu; al hacerlo, el Padre Celestial nos revelará cosas que no sabíamos sobre nosotros mismos. Él iluminará el camino por delante y nos abrirá los ojos para que veamos nuestros desconocidos y quizá nunca imaginados talentos” (“Lamentos y resoluciones,” Liahona, noviembre, 2012, págs. 22-23).
6. El élder Bruce R. McConkie, explicó: “Los dones espirituales son infinitos, tanto en número como en diversidad. Los que se mencionan en la palabra revelada son sencillamente una muestra de lo que la gracia divina de un Dios benevolente concede ilimitadamente a quienes le aman y le prestan servicio” (A New Witness for the Articles of Faith,1985, pág. 371).
7. El élder Marvin J. Ashton enseñó: “Quisiera mencionar algunos de ellos al azar, a modo de ejemplo, los cuales no siempre son evidentes, pero sí son muy importantes. Tal vez entre ellos encuentren algunos de los dones que ustedes tienen; dones no muy evidentes pero sí reales y valiosos.
“Repasemos algunos de estos dones menos obvios: el don de preguntar, el don de escuchar, el don de oír y de emplear una voz suave y apacible, el don de poder llorar, el don de evitar la contención, el don de congeniar, el don de evitar las repeticiones vanas, el don de procurar lo que es recto, el don de no condenar, el don de buscar la guía de Dios, el don de ser un discípulo, el don de preocuparse por los demás, el don de ser capaces de meditar, el don de ofrecer oraciones, el don de testificar elocuentemente y el don de recibir el Espíritu Santo” (“Hay muchos dones”, Liahona, enero de 1988, pág. 19).
8. Pablo también instruyó: “[Dios] nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, con la consolación con que nosotros somos consolados por Dios” (2 Corintios 1:4).
9. El élder Richard G. Scott explicó: “Dios tiene un plan específico para tu vida. Él te revelará partes de ese plan a medida que las busques con fe y obediencia constantes” (“Cómo vivir bien en medio de la creciente maldad”, Liahona, mayo de 2004, pág.102).
10. Madre Teresa, en Edward W. Desmond, “Interview with Mother Teresa: A Pencil in the Hand of God,” Time, 4 de diciembre de 1989, time.com.

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El plan y la proclamación

Conferencia General Octubre 2017

El plan y la proclamación

Por el élder Dallin H. Oaks
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

La proclamación para la familia es la reiteración dada por el Señor de las verdades del Evangelio que necesitamos para sustentarnos a través de los desafíos actuales de la familia.

Como es evidente en nuestra Proclamación para la Familia, los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días somos bendecidos con una doctrina única y una manera diferente de ver el mundo. Participamos e incluso nos destacamos en muchas actividades del mundo, pero renunciamos a participar en algunos asuntos para procurar seguir las enseñanzas de Jesucristo y Sus apóstoles, tanto antiguos como modernos.

I.

En una parábola, Jesús describió a aquellos que “[oyen] la palabra” pero se vuelven infructuosos cuando esa palabra es ahogada por “el afán de este mundo y el engaño de las riquezas” (Mateo 13:22). Más adelante, Jesús corrigió a Pedro por no disfrutar “lo que es de Dios, sino lo que es de los hombres” al declarar: “Porque, ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?” (Mateo 16:23, 26). En Sus últimas enseñanzas en la vida terrenal, les dijo a Sus apóstoles: “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo… os aborrece el mundo” (Juan 15:19; véase también Juan 17:14, 16).

De manera similar, los escritos de los primeros apóstoles de Jesús a menudo usan la imagen del “mundo” para representar la oposición a las enseñanzas del Evangelio. “Y no os adaptéis a este mundo” (Romanos 12:2), enseñó el apóstol Pablo. “Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios” (1 Corintios 3:19). “Mirad”, advirtió, “que ninguno os engañe… según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Colosenses 2:8). El apóstol Santiago enseñó que “la amistad del mundo es enemistad con Dios[.] Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios” (Santiago 4:4).

A menudo, el Libro de Mormón usa esa imagen de la oposición del “mundo”. Nefi profetizó la destrucción final de aquellas personas “que se hayan fundado para hacerse populares ante los ojos del mundo, y aquellas que busquen… las cosas del mundo” (1 Nefi 22:23; véase también 2 Nefi 9:30). Alma condenó a aquellos que se inflan “con las vanidades del mundo” (Alma 31:27). El sueño de Lehi demuestra que aquellos que procuran seguir la barra de hierro, la palabra de Dios, se enfrentarán a la oposición del mundo. Los ocupantes del “edificio grande y espacioso” que Lehi vio estaban “burlándose y señalando” con “dedo de escarnio” (1 Nefi 8:26–27, 33). En la visión que tuvo de la interpretación del sueño, Nefi aprendió que el ridículo y la oposición llegaban de “las multitudes de la tierra, … el mundo y su sabiduría;… el orgullo del mundo” (1 Nefi 11:34–36).

Retrato del presidente Thomas S. Monson

¿Cuál es el significado de estas advertencias y estos mandamientos de las Escrituras de no ser “del mundo” o el mandamiento de nuestros días de “renunciar al mundo”? (D. y C. 53:2). El presidente Thomas S. Monson resumió estas enseñanzas: “Debemos estar atentos en un mundo que se ha alejado tanto de lo que es espiritual. Es esencial que rechacemos cualquier cosa que no se ajuste a nuestras normas, negándonos, en el proceso, a renunciar a lo que más deseamos: la vida eterna en el reino de Dios”1.

Dios creó esta tierra de acuerdo con Su plan de ofrecer a Sus hijos en espíritu un lugar donde experimentar la mortalidad como un paso necesario hacia las glorias que Él desea para todos Sus hijos. Aunque hay varios reinos y glorias, lo que más desea el Padre Celestial para Sus hijos es lo que el presidente Monson llamó “la vida eterna en el reino de Dios”, que es la exaltación en familias. Eso es más que la salvación. El presidente Russell M. Nelson nos ha recordado: “En el plan eterno de Dios, la salvación es un asunto individual y la exaltación es un asunto familiar”2.

El evangelio restaurado de Jesucristo y la inspirada Proclamación para la familia, de la que hablaremos más adelante, son enseñanzas esenciales para guiarnos en la preparación terrenal para la exaltación. Aunque debemos vivir con las leyes y otras tradiciones del matrimonio de un mundo en declive, aquellos que se esfuerzan por obtener la exaltación deben tomar decisiones personales sobre la vida familiar de acuerdo a la manera del Señor, cuando esta difiera de la manera del mundo.

En esta vida terrenal, no tenemos memoria de lo que sucedió antes de nuestro nacimiento, y ahora experimentamos la oposición. Crecemos y maduramos espiritualmente al escoger obedecer los mandamientos de Dios en una sucesión de decisiones correctas, las cuales incluyen los convenios y las ordenanzas, así como el arrepentimiento cuando nuestras decisiones no son las correctas.Por el contrario, si no tenemos fe en el plan de Dios y somos desobedientes o nos abstenemos deliberadamente de actuar de la manera requerida, nos privamos de ese crecimiento y madurez. El Libro de Mormón nos enseña que “esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios” (Alma 34:32).

II.

Los Santos de los Últimos Días que comprenden el Plan de Salvación tienen un punto de vista único acerca del mundo que les ayuda a ver la razón de los mandamientos de Dios, la naturaleza inalterable de Sus ordenanzas requeridas y el rol fundamental de nuestro Salvador, Jesucristo. La expiación de nuestro Salvador nos recupera tras la muerte y, de acuerdo a nuestro arrepentimiento, nos salva del pecado. Con ese punto de vista del mundo, los Santos de los Últimos Días tienen prioridades y prácticas específicas y son bendecidos con la fortaleza para aguantar las frustraciones y los pesares de la vida terrenal.

Inevitablemente, las acciones de las personas que intentan seguir el Plan de Salvación de Dios pueden causar malentendidos e incluso conflicto con familiares o amigos que no crean en esos principios. Tal conflicto es siempre así. Cada generación que ha procurado seguir el plan de Dios ha tenido sus desafíos. En la antigüedad, el profeta Isaías dio fortaleza a los Israelitas, a quienes llamó “los que conocéis rectitud… en cuyo corazón está mi ley”. A ellos declaró, “No temáis afrenta de hombre ni tengáis miedo de sus ultrajes” (Isaías 51:7; véase también 2 Nefi 8:7).Sea cual sea la causa del conflicto con aquellos que no entienden o creen el plan de Dios, aquellos que sí lo creen tienen el mandamiento de escoger la manera del Señor en lugar de la manera del mundo.

III.

El plan del Evangelio que cada familia debería seguir para prepararse para la vida eterna y la exaltación se encuentra delineado en la proclamación de la Iglesia de 1995: “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”3. Por supuesto, sus declaraciones son visiblemente diferentes de algunas leyes, prácticas y posturas actuales que se defienden en el mundo en que vivimos. En nuestros días, las diferencias más evidentes son la cohabitación sin el matrimonio, el matrimonio entre personas del mismo sexo, y el criar hijos cuando se es parte de tales relaciones. Aquellos que no creen en la exaltación o no aspiran a ella, y que son a los que más persuaden las maneras del mundo, consideran que esta proclamación sobre la familia es tan solo una declaración de normas que se debería cambiar. Por el contrario, los Santos de los Últimos Días afirman que la proclamación para la familia define el tipo de relaciones familiares donde la parte más importante de nuestro desarrollo eterno se puede dar.

Hemos sido testigos de una aceptación pública rápida y creciente de la cohabitación sin el matrimonio y del matrimonio entre personas del mismo sexo.La correspondiente propaganda en los medios de comunicación, la educación e incluso los requisitos ocupacionales crean desafíos difíciles para los Santos de los Últimos Días. Debemos intentar equilibrar las demandas en tensión de seguir la ley del Evangelio en nuestra vidas y enseñanzas personales, aun mientras procuramos mostrar amor hacia todas las personas4. Al hacer eso, a veces nos enfrentamos a lo que Isaías llamó “afrenta de hombre”.

Los Santos de los Últimos Días convertidos creen que la proclamación para la familia, publicada hace casi un cuarto de siglo y ahora traducida a muchos idiomas, es el énfasis reiterado por el Señor de las verdades del Evangelio que necesitamos para sustentarnos a través de los desafíos actuales de la familia. Dos ejemplos son el matrimonio entre personas del mismo sexo y la cohabitación fuera del matrimonio. Tan solo veinte años después de la proclamación sobre la familia, la Corte Suprema de los Estados Unidos autorizó el matrimonio entre personas del mismo sexo, anulando miles de años en los que el matrimonio estaba limitado a efectuarse entre un hombre y una mujer. El impactante porcentaje de niños en Estados Unidos nacidos de una madre que no está casada con el padre llegó de manera más gradual: 5% en 19605, 32% en 19956 y ahora el 40%7.

IV.

La proclamación para la familia comienza declarando que “el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y que la familia es fundamental en el plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos”. También afirma que “el ser hombre o el ser mujer es una característica esencial de la identidad y del propósito premortales, mortales y eternos de la persona”. Además, declara que “Dios ha mandado que los sagrados poderes de la procreación han de emplearse sólo entre el hombre y la mujer legítimamente casados como esposo y esposa”.

La proclamación afirma el deber continuo del esposo y la esposa de multiplicarse y henchir la tierra, así como “la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro, y también a sus hijos”: “Los hijos merecen nacer dentro de los lazos del matrimonio y ser criados por un padre y una madre que honran sus votos matrimoniales con completa fidelidad”. Advierte solemnemente contra el abuso del cónyuge o de los hijos, y afirma que “la felicidad en la vida familiar tiene mayor probabilidad de lograrse cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo”. Por último, pide que se promuevan, de manera oficial, “medidas designadas a fortalecer a la familia y a mantenerla como la unidad fundamental de la sociedad”.

En 1995, un Presidente de la Iglesia y otros catorce apóstoles del Señor emitieron estas importantes declaraciones doctrinales. Como uno de entre solamente siete de esos apóstoles que todavía viven, siento la obligación de compartir lo que llevó a la proclamación para la familia, para la información de todo aquel que la tenga en cuenta.

La inspiración que identificaba la necesidad de una proclamación sobre la familia llegó al liderazgo de la Iglesia hace más de veintitrés años. Sorprendió a algunos que pensaban que las verdades doctrinales sobre el matrimonio y la familia se entendían bien sin necesidad de reafirmación8. Sin embargo, sentimos la confirmación y nos pusimos a trabajar. Durante casi un año, los miembros del Cuórum de los Doce determinaron y analizaron los temas. Se propuso, se analizó y se revisó el contenido lingüístico. Con espíritu de oración, rogamos continuamente al Señor que nos diera Su inspiración sobre lo que debíamos decir y de qué manera hacerlo. Todos aprendimos “línea sobre línea, precepto tras precepto”, como el Señor ha prometido (D. y C. 98:12).

Retrato del presidente GordonB. Hinckley

Durante este proceso de revelación, un texto propuesto fue presentado a la Primera Presidencia, que supervisa y promulga las enseñanzas y la doctrina de la Iglesia. Después de que la Presidencia hiciera algunos cambios más, el Presidente de la Iglesia, Gordon B. Hinckley, anunció la proclamación sobre la familia. En la reunión para las mujeres del 23 de septiembre de 1995, él presentó la proclamación con las siguientes palabras: “Con tanta sofistería que se hace pasar como verdad, con tanto engaño en cuanto a las normas y los valores, con tanta tentación de seguir los consejos del mundo, hemos sentido la necesidad de amonestar y advertir sobre todo ello”9.

Testifico que la proclamación sobre la familia es una declaración de verdad eterna, la voluntad del Señor para Sus hijos que buscan la vida eterna. Ha sido la base de la enseñanza y la práctica de la Iglesia durante los últimos veintidós años y seguirá siéndolo en el futuro. Considérenla como tal, enséñenla, vívanla y serán bendecidos al esforzarse ustedes hacia la vida eterna.

Hace cuarenta años, el presidente Ezra Taft Benson enseñó que “Cada generación tiene sus pruebas y su oportunidad de resistir y probarse a sí misma”10. Creo que nuestra actitud hacia la proclamación y nuestro uso de ella es una de esas pruebas para esta generación. Es mi oración que todos los Santos de los Últimos Días se mantengan firmes ante esta prueba.

Concluyo con las enseñanzas que el presidente Gordon B. Hinckley pronunció dos años después de que se anunciara la proclamación. Dijo: “Veo un maravilloso futuro en un mundo muy incierto. Si nos aferramos a nuestros valores, si edificamos sobre nuestro legado, si andamos en obediencia ante el Señor, si tan solo vivimos el Evangelio, seremos bendecidos en forma magnífica y maravillosa. Se nos contemplará como un pueblo peculiar que ha encontrado la clave para una felicidad peculiar”11.

Testifico de la veracidad y de la importancia eterna de la proclamación de la familia, que reveló el Señor Jesucristo a Sus apóstoles para la exaltación de los hijos de Dios (véase Doctrina y Convenios 131:1–4). En el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Thomas S. Monson, “Permaneced en lugares santos”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 83.
  2. Russell M. Nelson, “La salvación y la exaltación”, Liahona, mayo de 2008, pág. 10.
  3. Véase “Véase “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.
  4. Véase Dallin H. Oaks, “El amor y la ley,” Liahona, noviembre de 2009, págs. 26–29.
  5. Véase “‘Disastrous’ Illegitimacy Trends”, Washington Times, 1º de diciembre de 2006, washingtontimes.com.
  6. Véase Joyce A. Martin y otros, “Report of Final Natality Statistics, 1996”, Monthly Vital Statistics Report, 30 de junio de 1998, pág. 9.
  7. Véase Joyce A. Martin y otros, “Births: Provisional Data for 2016”, Vital Statistics Rapid Release, junio de 2017, pág. 10.
  8. Veinte años después, nuestra Presidenta General de las Mujeres Jóvenes lo expresó muy bien: “Sin embargo, en ese entonces no nos dimos cuenta de lo mucho que íbamos a necesitar esas declaraciones básicas hoy en día como la norma para juzgar cada nueva ráfaga de creencias mundanas que nos llega a través de las publicaciones, internet, los eruditos, la televisión, el cine, e incluso los legisladores. La proclamación sobre la familia se ha convertido en nuestro modelo para juzgar las filosofías del mundo; y testifico que los principios que allí se declaran son tan verdaderos hoy como lo eran hace casi veinte años, cuando los recibimos de un profeta de Dios” (Bonnie L. Oscarson, “Defensoras de la Proclamación sobre la Familia”,, Liahona, mayo de 2015, págs. 14–15).
  9. Gordon B. Hinckley, véase “Permanezcan firmes frente a las asechanzas del mundo”, Liahona, enero de 1996, pág. 116.
  10. Ezra Taft Benson, “Our Obligation and Challenge”, seminario para representantes regionales, 30 de septiembre de 1977, pág. 2; no se publicó el texto; citado en David A. Bednar, “¿Quién sigue al Señor? Las lecciones del Campo de Sion”, Liahona, julio de 2017.
  11. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Gordon B. Hinckley 2016, pág. 74; véase también Gordon B. Hinckley, “Miren hacia el futuro,” Liahona, enero de 1998, pág.82.
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Las necesidades ante nosotros

Conferencia General Octubre 2017

Las necesidades ante nosotros

Por Bonnie L. Oscarson
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Algunas de las necesidades más importantes que podemos encontrar están en nuestras propias familias, nuestros amigos, en nuestros barrios y comunidades.

Recientemente hemos presenciado un gran número de desastres naturales, en México, Estados Unidos, Asia, el Caribe y África. Eso ha sacado a relucir lo mejor de las personas a medida que miles han intervenido para ayudar a quienes están en peligro o necesidad y quienes han sufrido pérdidas. Me ha maravillado ver a jovencitas en Texas y Florida quienes, junto con muchos otros, se han puesto las camisetas amarillas de Manos Mormonas que Ayudan y están colaborando para quitar los escombros de casas tras los recientes huracanes. Muchos miles más irían gustosamente a centros donde más los necesitan si no fuera por la distancia. En cambio, ustedes han brindado generosas donaciones para aliviar el sufrimiento; su generosidad y compasión son inspiradoras y cristianas.

Mujeres Jóvenes con el presidente Eyring

Hoy quiero mencionar un aspecto del servicio que creo que es importante para todos, sin importar dónde estemos. Para nosotros que hemos visto las noticias de acontecimientos recientes y nos hemos sentido incapaces de saber qué hacer, la respuesta podría estar en realidad ante nosotros.

El Salvador enseñó: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, este la salvará”1. El presidente Thomas S. Monson dijo de este pasaje: “Creo que el Salvador nos está diciendo que a menos que nos perdamos en dar servicio a los demás, nuestra propia vida tiene poco propósito. Aquellos que viven únicamente para sí mismos al final se marchitan y, en sentido figurado, pierden la vida, mientras que aquellos que se pierden a sí mismos en prestar servicio a los demás progresan y florecen… y en efecto salvan su vida”2.

Vivimos en una cultura donde más y más nos centramos en la pequeña pantalla que está en nuestras manos que en las personas a nuestro alrededor. Hemos sustituido enviar textos y tweets por mirar en realidad a alguien a los ojos y sonreír o, incluso más raro, por tener una conversación cara a cara. A menudo nos preocupa más cuántos “seguidores” y “me gusta” tengamos que en poner el brazo alrededor de un amigo y mostrar amor, preocupación e interés tangibles. Tan asombrosa como puede ser la tecnología moderna para difundir el mensaje del evangelio de Jesucristo y ayudarnos a mantenernos en contacto con familiares y amigos, si no estamos alertas sobre cómo usamos los dispositivos personales, nosotros también podemos comenzar a centrarnos solo en nosotros mismos y olvidar que la esencia de vivir el Evangelio es el servicio.

Siento gran amor y fe por aquellos de ustedes que están en su adolescencia y juventud. He visto y sentido sus deseos de servir y hacer una diferencia en el mundo. Creo que la mayoría de los miembros consideran que el servicio es el núcleo de sus convenios y discipulado, pero también creo que a veces es fácil no ver algunas de las oportunidades más grandes de servir a los demás debido a que estamos distraídos obuscando maneras ambiciosas de cambiar el mundo y no vemos que algunas de las necesidades más importantes que podemos satisfacer están en nuestras propias familias, nuestros amigos, en nuestros barrios y comunidades. Nos conmueve cuando vemos el sufrimiento y las grandes necesidades de quienes están al otro lado del mundo, pero quizás no veamos que en nuestra clase hay una persona sentada justo a nuestro lado que necesita nuestra amistad.

La hermana Linda K. Burton contó la historia de una presidenta de la Sociedad de Socorro quien, al trabajar con otras personas, recolectó acolchados para personas necesitadas durante la década de 1990. “Ella… [condujo] con su hija un camión lleno de esos acolchados desde Londres hasta Kosovo. Al regresar a casa, recibió una clara impresión espiritual que le llegó profundamente al corazón. Fue la siguiente: “Lo que has hecho es algo muy bueno; ahora ve a casa, cruza la calle, y presta servicio a tu vecino’”3.

¿De qué sirve salvar al mundo si descuidamos las necesidades de aquellos más cercanos a nosotros y aquellos a quienes más amamos? ¿Qué vale arreglar el mundo si las personas que nos rodean están en dificultades y no nos damos cuenta? El Padre Celestial quizás haya puesto cerca de nosotros a quienes nos necesitan, sabiendo que somos los más indicados para satisfacer sus necesidades.

Sarah y su hermana caminando

Todos pueden encontrar maneras de brindar servicio cristiano. Mi consejera, la hermana Carol F. McConkie, recientemente me contó sobre su nieta Sarah, de 10 años, quien, cuando se dio cuenta que su madre estaba enferma, decidió ser de ayuda. Levantó a su hermanita, la ayudó a vestirse, le cepilló los dientes, le arregló el cabello y desayunó para que su madre pudiera descansar. Discretamente llevó a cabo ese simple acto de servicio sin que se le pidiera porque vio una necesidad y decidió ayudar. Sarah no solo bendijo a su madre, sino que estoy segura que ella también sintió gozo al saber que había aligerado la carga de alguien a quien amaba y, al mismo tiempo, fortaleció su relación con su hermana. El presidente James E. Faust dijo: “El servicio a los demás puede comenzar casi a cualquier edad… No tiene que ser a grande escala, y es más noble dentro de la familia”4.

Sarah y su hermana leyendo un libro

Ustedes, los hijos, ¿se dan cuenta cuánto significa para sus padres y familiares cuando buscan maneras de servir en el hogar? Para aquellos que son adolescentes, el fortalecer y servir a sus familiares deberían estar entre sus prioridades principales cuando busquen maneras de cambiar el mundo. El mostrar bondad y preocupación por sus hermanos y padres contribuye a crear un ambiente de unidad e invita al Espíritu al hogar. El cambiar el mundo comienza al fortalecer a su propia familia.

Otra esfera para centrarnos en nuestro servicio puede ser en la familia que es nuestro barrio. De vez en cuando sus hijos preguntarán: “¿Por qué tengo que ir a la Mutual? ¡En realidad no me beneficio en nada!”.

Si como padre tuviera un momento inspirado, respondería: “¿Qué te hace pensar que vas a la Mutual por lo que túte beneficias?”.

Mis jóvenes amigos, les garantizo que siempre habrá una persona en cada reunión de la Iglesia a la que asistan que está sola, que está pasando por desafíos y necesita un amigo, o que siente que no encaja. Ustedes tienen algo importante que contribuir a cada reunión o actividad, y el Señor desea que miren a su alrededor, a sus compañeros y luego ministren como Él lo haría.

El élder D. Todd Christofferson ha enseñado: “Una de las razones principales por las que el Señor ha creado una Iglesia es para crear una comunidad de santos que se apoyen uno al otro en el ‘estrecho y angosto camino que conduce a la vida eterna’”. Continúa diciendo: “En esta religión no nos preocupamos solo de nosotros mismos, sino que también se nos llama a servir. Somos los ojos, las manos, los pies y otros miembros del cuerpo de Cristo”5.

Es cierto que asistimos a nuestras reuniones semanales de la Iglesia para participar de las ordenanzas, aprender doctrina y ser inspirados, pero otra razón muy importante para asistir es que, como la familia que es nuestro barrio y como discípulos del Salvador Jesucristo, cuidamos el uno del otro, nos alentamos unos a otros y buscamos maneras de servirnos y fortalecernos unos a otros. No solo recibimos y tomamos lo que se ofrece en la Iglesia; sino que se nos necesita para dar y proveer. Jovencitas y jovencitos, la próxima vez que estén en la Mutual, en lugar de tomar sus teléfonos para ver lo que están haciendo sus amigos, deténganse, miren a su alrededor y pregúntense: “¿Quién me necesita hoy?”. Ustedes pueden ser la clave para tender una mano e influir en la vida de un compañero o dar aliento a un amigo que esté teniendo dificultades en silencio.

Pidan a su Padre Celestial que les muestre aquellos a su alrededor que necesitan su ayuda y que los inspire en cuanto a cómo servirles mejor. Recuerden que el Salvador a menudo ministraba a una persona a la vez.

Ethan y su familia

Nuestro nieto Ethan tiene 17 años. Me conmovió este verano cuando me dijo que, inspirado por el ejemplo de su madre, ora cada día para tener una oportunidad de servir a alguien. Al pasar tiempo con su familia, observé cómo Ethan trata a su hermano y hermanas con paciencia, amor y bondad, es servicial con sus padres y busca maneras de tender una mano a los demás. Me impresiona cuán al tanto está de las personas a su alrededor y de su deseo de servirles. Él es un ejemplo para mí. El hacer lo que Ethan hace —invitar al Señor a ayudarnos a buscar maneras de servir— permitirá que el Espíritu nos abra los ojos para ver las necesidades a nuestro alrededor, para ver a “aquel” que nos necesita ese día y saber cómo ministrarle.

Retrato de Ethan

Además de servir a sus familias y miembros del barrio, busquen oportunidades de servir en su vecindario y comunidad. Aunque a veces se nos llama para ayudar después de un desastre natural, se nos alienta a que cada día busquemos oportunidades en nuestras propias áreas para elevar y ayudar a los necesitados. Recientemente, un Presidente de Área que sirve en un país con muchos desafíos temporales, me enseñó que la mejor manera de ayudar a los necesitados en otras partes del mundo es pagar una generosa ofrenda de ayuno, contribuir al fondo de ayuda humanitaria de la Iglesia y buscar maneras de servir a los de su propia comunidad, dondequiera que vivan. ¡Imaginen cómo sería bendecido el mundo si todas las personas siguieran ese consejo!

Hermanos y hermanas, y en especial los jóvenes, al esforzarse por llegar a ser más como el Salvador Jesucristo y vivir sus convenios, continuarán siendo bendecidos con deseos de aliviar el sufrimiento y ayudar a los menos afortunados. Recuerden que algunas de las necesidades más grandes pueden ser aquellas que estén justo frente a ustedes. Comiencen su servicio en sus propios hogares y dentro de sus propias familias. Esas son las relaciones que pueden ser eternas. Incluso, y quizás especialmente, si su situación familiar es menos que perfecta, ustedes pueden encontrar maneras de servir, elevar y fortalecer. Comiencen en donde estén, ámenlos tal cual son y prepárense para la familia que quieren tener en el futuro.

Oren por ayuda para reconocer a aquellos en la familia que es su barrio, que necesitan amor y aliento. En lugar de asistir a la capilla con la pregunta: “¿Cómo me va a beneficiar esta reunión?”, pregúntense: “¿Quién me necesita hoy? ¿Qué tengo para ofrecer?”.

Al bendecir a sus propias familias y miembros del barrio, busquen maneras de bendecir a aquellos en sus comunidades locales. Ya sea que tengan mucho tiempo para servir o puedan dar solo unas cuantas horas al mes, sus esfuerzos bendecirán vidas y también los bendecirá a ustedes en maneras que ni siquiera se pueden comenzar a imaginar.

El presidente Spencer W. Kimball enseñó: “Dios nos tiene en cuenta y vela por nosotros, pero por lo general, es por medio de otra persona que atiende a nuestras necesidades”6. Que todos reconozcamos el privilegio y la bendición de participar en el cumplimiento de la obra de nuestro Padre Celestial al satisfacer las necesidades de Sus hijos, es mi oración en el nombre de Jesucristo. Amén.

Referencias

  1. Lucas 9:24.
  2. Thomas S. Monson, “¿Qué he hecho hoy por alguien?”,Liahona, noviembre de 2009, pág. 85.
  3. Linda K. Burton, “Fui forastero”, Liahona, mayo de 2016, pág. 15.
  4. James E. Faust, “El ser mujer: El más alto lugar de honor”, Liahona, julio de 2000, pág. 117.
  5. D. Todd Christofferson, “El porqué de la Iglesia”, Liahona, noviembre de 2015, pág. 109.
  6. Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball, 2006, pág. 92.
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El anhelo de volver a casa

Conferenca General Octubre 2017

El anhelo de volver a casa

Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Vuelvan su alma hacia la luz. Emprendan su propio y maravilloso camino a casa. Al hacerlo, su vida mejorará, será más feliz y tendrá un mayor propósito.


Recientemente, al reunirnos con el presidente Thomas S. Monson, él expresó, con gran solemnidad y un semblante de felicidad, cuánto ama al Señor y que sabe que el Señor lo ama a él. Mis queridos hermanos y hermanas, sé que el presidente Monson está muy agradecido por su amor, sus oraciones y su dedicación al Señor y a Su gran evangelio.

Bobbie, el “perro maravilla”

Hace casi un siglo, una familia de Oregón estaba de vacaciones en Indiana —a más de 3.200 km de distancia— cuando perdieron a su querido perro, Bobbie. La familia, desesperada, buscó al perro por todos lados, pero fue en vano; Bobbie no apareció.

Con el corazón destrozado, regresaron a casa, y cada kilómetro que recorrían los alejaba más de su querida mascota.

Seis meses después, la familia quedó atónita al hallar a Bobbie frente a la puerta de su casa en Oregón. “Sucio, escuálido, con las patas gastadas hasta los huesos, parecía haber caminado toda aquella distancia… por sí mismo”1. La historia de Bobbie suscitó el interés de la gente en todo Estados Unidos, y se lo llegó a conocer como Bobbie, el “perro maravilla”. Seguir leyendo

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Podría haber sido.

Devocional Universidad Brigham Young, 14 de noviembre de 1995.

Podría haber sido.

Élder Carlos E. Asay.

Considero que es un honor estar en su presencia esta mañana. Digo esto no sólo por lo que son, sino por lo que pueden llegar a ser. Hace unos treinta seis años, un prometedor joven sirvió como el presidente de los estudiantes de esta universidad. Hoy se yergue como el presidente de la Universidad Brigham Young después de distinguirse a sí mismo como un hombre de ley, un hombre de fe, y un hombre de coraje. Hablo del presidente Rex Lee, quien es una inspiración para todos nosotros.

En una reunión de los años setenta celebradas el 17 de noviembre de 1844, el presidente Joseph Young al dirigirse a la congregación a quien iba a predicar (véase Registro General de los años setenta; libro B, 1844-1847, la tarde de domingo 17 de noviembre de 1844) tuvo en cuenta algunas verdades importantes que sentía debían ser compartidas; Sin embargo, sabía que el Espíritu Santo tenía que estar presente si el predicador y los oyentes debían entenderse entre sí, ser edificados y regocijarse conjuntamente (Doctrina y Convenios 50:13, 14, 22, 23). A pesar de que tengo preparado un texto, les invito a ejercer su fe y oraciones en mi nombre, para que algo significativo pueda ser «extraído» de mí y comunicado a ustedes durante los próximos minutos.

Hace varios años presidí una misión en Texas. Durante esos años preciosos tuve el privilegio de servir con más de 500 misioneros (515, para ser exactos), la mayoría de los cuales eran hombres y mujeres jóvenes de edad universitaria. Con cada misionero que terminó su misión, mantuve una entrevista y le hice algunas preguntas tales como:

  • ¿Qué ha aprendido en estos últimos dos años?
  • ¿Tiene planes para el futuro? ¿Cuáles son?
  • ¿Qué espera llegar a ser?
  • ¿Cómo va a conservar su «carácter misionero?»

La mayoría de los misioneros reconocieron las virtudes de una misión de tiempo completo. La mayoría indicó que tenía planes de asistir a la Universidad Brigham Young o Ricks College. Casi todos regresaron a casa con deseos de casarse en el templo, tener una familia, una profesión respetable, salud, riqueza y felicidad. Pero algunas entrevistas me hicieron pensar si había tenido éxito como un líder de la misión.

Una conversación con un élder incluyó este intercambio:

«¿Tiene planes de volver a BYU?»

«Sí, quiero ser médico.»

«¿Por qué quieres ser médico?»

«Quiero hacer un montón de dinero, vivir en el lado derecho de la vía, y retirarme antes de tiempo.»

Me sentí decepcionado por esta respuesta egoísta y materialista. Me preguntaba donde la mente y el corazón de los misioneros habían estado durante su período de servicio. Como diría el abuelo de mi esposa, el joven era como el tipo que se cayó del árbol. Sólo que no estaba en el (ni había estado en el).

A través de los años he intentado realizar un seguimiento de nuestros misioneros, sin invadir las prerrogativas de los líderes locales de la Iglesia.

Sé lo que la mayoría de ellos están haciendo, sé de sus familias, su actividad en la iglesia, y lo que están haciendo en el mundo del trabajo. Sé cómo algunos han perseguido y han hecho realidad sus objetivos declarados. También sé que algunos abandonaron sus sueños y consintieron a los desafíos menores. Y sé del sufrimiento de unos pocos que me hicieron entender estas líneas: «De todas las palabras tristes de la lengua o la pluma, la más triste son los siguientes: “¡Podría haber sido!” (John Greenleaf Whittier, Maude Muller [1856], 53 st;. cursivas en el original).

Yo no tengo el poder de retroceder en el tiempo y mejorar el consejo que di a los misioneros hace una generación, «la flecha que vuela y los momentos que se han ido, no vuelven». Sin embargo, tengo esta y otras oportunidades para asesorar a los miembros de la nueva generación, incluyendo a los hijos e hijas de aquellos que sirvieron conmigo en Texas. Creo que Dios me hará responsable si fracaso en ayudar a los hombres y mujeres jóvenes a reconocer su potencial.

Se dice que el consejo es la única cosa que es más «bienaventurado es dar que recibir» (Hechos 20:35). Este hecho se ilustra en la historia de John Erskine sobre el Dr. George Harris, quien se desempeñaba como presidente de la universidad de Amherst.

Al dirigirse a los estudiantes en la primera asamblea del año, después de una o dos frases se cansó y con una feliz sonrisa se iluminó «tenía la intención de dar un consejo, pero ahora me acuerdo de lo mucho que queda desde el año pasado sin hacer. «Con eso, se quitó el sombrero y se marchó. [John Erskine, La memoria de ciertas personas (Filadelfia, Nueva York: JB Lippincott Company, 1947), p. 142]

Tal vez, también nosotros, tenemos un pequeño consejo recibido del Presidente Lee y otros, que no hemos utilizado y que quede por hacer desde el año pasado, Sería presuntivo de mí para salir como el Dr. Harris lo hizo, y ya que no tengo el sombrero, seguiré adelante confiando en que mi consejo será beneficioso para algunos.

«La misión de la Universidad Brigham Young. . . es ayudar a los individuos en su búsqueda de la perfección y la vida eterna «(del folleto titulado La Misión de la Universidad Brigham Young y los objetivos de una educación BYU [Provo: BYU, 1995], p 1; énfasis añadido.). Subrayo misión porque implica una emocionante búsqueda de la verdad y un viaje que implica grandes aventuras. También sugiere una vida con propósito y el avance hacia un destino digno.

Algunos de ustedes persiguen sus objetivos con la vista puesta en las ciencias. Algunos muestran interés en los campos de la comunicación. Otros pueden avanzar con un instinto para las humanidades, y así sucesivamente. Se espera, sin embargo, que todos ustedes, sin tener en cuenta los intereses de disciplina, llevarán a cabo su búsqueda de una manera que les permitirá reconocer y aceptar las «cosas como realmente son, y. . . las cosas como realmente serán» (Jacob 4:13). Tal será el caso, en mi opinión, si ustedes prestan atención a los siguientes consejos: (1) «buscar a [Dios] diariamente;» (2) «Buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe;» (3) «buscar con ahínco los mejores dones;» (4) «no buscar las cosas de este mundo, sino que buscar primeramente edificar el reino de Dios; «y (5) buscar» el interés de [asociados], y [hacer] todas las cosas con la mira puesta únicamente para la gloria de Dios».

Voy a tratar estos cinco «se busca» con más detalle.

  1. «buscar a [Dios] cada día, y querer saber [sus] caminos. . . y no [abandonar] [su] ordenanza [s] «(Isaías 58: 2). Estas palabras del profeta Isaías nos recuerdan que nuestras baterías espirituales deben ser recargados cada día a través de la oración, la meditación, la lectura de las Escrituras, y una vida recta. Al igual que Israel, debemos reunir nuestro maná espiritual diariamente y permitir que se nutran nuestras almas. Si la adoración personal cada vez se convierte en una carga y su alma aborrece el «pan de luz» de la oración, las escrituras, o la iglesia, ¡cuidado! (Números 21: 5-9.) Nuestro Padre Celestial podría enviarles serpientes ardientes voladoras para corregir su comportamiento, o él podría retirar su espíritu y dejarlo solo.

Es posible que algunos misioneros hayan vuelto a reanudar sus estudios en la Universidad Brigham Young pensando que como ellos han puesto a Dios en deuda y que se les debe algo a cambio de sus dos años de servicio. Por lo tanto, se toman un año sabático de Dios y sus prácticas religiosas, mientras buscan sus objetivos educativos. Tales estudiantes, si no se arrepienten, tendrán una «ballena» similar a la de los tiempos Jonás. Si no hay una corrección del rumbo, alcanzarán el punto dolorosamente cuando sus almas se fatiguen dentro de ellos al igual que Jonás, y llorarán:

Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová; y mi oración llegó hasta ti, hasta tu santo templo. . .

Pero yo, con voz de alabanza, te ofreceré sacrificios; cumpliré lo que prometí. La salvación pertenece a Jehová. [Jonás 2: 7, 9]

Hay un error peligroso que circula entre algunos Santos de los Últimos Días, haciendo mella entre los jóvenes. Es que un «hombre equilibrado» o una mujer puede volverse justo. Esta es una idea errónea el de hacernos creer que es posible vivir con éxito y feliz siendo personas de «doble ánimo» (Santiago 1:8).

Me encanta la historia de dos jóvenes que habían sido formados en un monasterio. Una mañana, mientras buscaban aventuras, pasaron por una catedral. Cuanto el más justos de los dos recordó que no habían orado por la mañana y dijo: «¿Cómo podemos [que] esperar [de Dios] bendición este día?»

El menos justo respondió: «Mi amigo, yo he orado tanto durante los últimos meses. . . que yo mismo siento que he orado demasiado».

«¿Cómo puede un hombre tener tanta religión?», Preguntó el primero.

Es la única cosa que vale la pena. Un hombre no es más que una bestia que vive el día a día, come y bebe, respira y duerme. Es sólo cuando se plantea a sí mismo, y se refiere a sí mismo con un espíritu inmortal dentro de él, que se convierte en verdad en un hombre. Piensen qué triste cosa sería que la sangre del Redentor hubiese sido derramada en vano. [UN. Conan Doyle, The White Company (Nueva York: Dodd, Mead, 1962), pp. 58-59]

En un número reciente del diario Universo, un escritor reportó una tendencia de «perfeccionismo religioso.» Perfeccionismo religioso se define como «la colocación de las expectativas poco realistas sobre uno mismo como consecuencia de la interpretación literal y rígida de las directrices dadas por las escrituras y los líderes de la iglesia» (Amy Mueller, «Ofertas Grad Estudiante religiosa perfeccionistas ayuda» Daily Universo, vol. 49, No. 48, noviembre de 1995, pág. 1). Supongo que hay unos cuantos súper consientes, impacientes, jóvenes que establecen altas expectativas para sí mismos y sufren excesiva culpabilidad cuando no alcanzan la marca. Estas buenas personas necesitan que se les recuerde que no se obtendrá la perfección durante la noche o en un solo golpe. Es un proceso gradual el de convertirse a la vida cristiana.

Al mismo tiempo, sin embargo, es importante que en la búsqueda del «equilibrio» uno no abandone las normas, los principios de compromiso, o racionalizar el rendimiento religioso mediocre. Nosotros, los que nos llamamos cristianos no debemos dejar de ensayar para llegar a ser santos (Doctrina y Convenios 125:2). Debemos hacer nuestro mejor esfuerzo día a día y confiar en el Señor.

Deben ceder al influjo del Espíritu Santo y tratar de adquirir virtudes semejantes a las de Cristo mientras realizan sus estudios. Deben permitir que el Espíritu llame a la cadencia de sus vidas dentro y fuera del aula. «Recuerden que ser de ánimo carnal es muerte, y ser de ánimo espiritual es vida eterna» (2 Nefi 9:39).

Alguien ha dicho: «Si tu objetivo en la vida es sólo satisfacer tus apetitos también podrías ir pastar con el ganado» (foto y texto, David Bly, «El ojo de la mente», Deseret News, domingo por, 5 de noviembre de 1995 p. V3).

Ustedes no son ganados, y sus apetitos van mucho más allá de la satisfacción de los apetitos físicos. Por lo tanto, confíen en Dios y búsquenlo todos los días, recuerden que «cuando uno tiene éxito debido a su elegancia, diez tienen éxito debido a su fidelidad» (autor desconocido).

Nadie está más solo, incluso en un campus lleno de gente, que la persona que da la espalda a la deidad y trata de ir solo. Él es a menudo el que grita «pude haber sido.» Contrariamente, nadie se siente más apoyado que él que corteja el Espíritu y camina con Dios.

  1. «Buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe» (Doctrina y Convenios 88: 118). Estoy de acuerdo con lo que el presidente Rex Lee ha dicho sobre el «carácter bilingüe» de la Universidad Brigham Young, que indica que está dedicada a la excelencia en la mente y el espíritu. Si bien en este campus, se espera que todos los estudiantes a aprender el lenguaje de la mente, una lengua que se centra en la investigación honesta. Al mismo tiempo, cada uno debe aprender a distinguir las pequeñas voces del Espíritu a medida que realizan sus estudios. Nunca hay que olvidar que fue el Espíritu Santo o el espíritu de revelación «por la que Moisés sacó a los hijos de Israel a través del Mar Rojo sobre tierra seca» (Doctrina y Convenios 8: 2-3). Ustedes, también, pueden luchar con el laberinto de hechos y cifras en sus varios cursos de estudio e incluso salir de clases en seco sin sufrir daño alguno si buscan conocimiento, tanto por el estudio como por la fe.

Sé de uno o dos misioneros que buscaban aprender mediante el estudio y olvidaron por completo de la fe. En algún lugar en su búsqueda de conocimientos fue que subió el volumen de la voz de la mente y ahogó la voz del Espíritu. Ellos hicieron oídos sordos a esta advertencia:

¡Oh ese sutil plan del maligno! ¡Oh las vanidades, y las flaquezas, y las necedades de los hombres! Cuando son instruidos se creen sabios, y no escuchan el consejo de Dios, porque lo menosprecian, suponiendo que saben por sí mismos; por tanto, su sabiduría es locura, y de nada les sirve; y perecerán.

Pero bueno es ser instruido, si hacen caso de los consejos de Dios. [2 Nefi 9: 28-29]

También sé de algunos misioneros que buscaban aprender solamente por la fe, con la esperanza de que el Espíritu haría la investigación necesaria en la biblioteca mientras que el cuerpo estaba jugando en otro lugar. Del mismo modo que la fe sin obras está muerta, la fe sin estudio es algo sin vida. No hay que olvidar, lo que la Escritura dice: «buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe.»

La cubierta de polvo de una publicación de los escritos del Dr. Hugh Nibley, un hombre que es universalmente conocido y admirado por los líderes de la Iglesia y académicos contiene esta declaración interesante:

Cuando era joven, memoricé vastas porciones de Shakespeare y estudié inglés antiguo, latín, griego y otros idiomas. Como estudiante en Berkeley, empecé a leer en la esquina suroeste del noveno nivel de la biblioteca y me abrí camino hasta la esquina noreste del primer nivel, estudié de cada libro significativo que me llamó la atención. [Antiguo Testamento y Estudios Relacionados (Salt Lake City: Deseret Book, 1986), sobrecubierta, interior de la portada; véase también ensing, mayo de 1986, p. 48]

Según mis fuentes, la distancia estante de la esquina suroeste del noveno nivel de la antigua Biblioteca de Berkeley hasta el piso ocho de la esquina noreste del primer nivel cubre una distancia de aproximadamente doscientos mil pies.

En referencia a este informe de la sed insaciable de conocimiento del Dr. Nibley, el presidente Hinckley comentó:

Su conocimiento enciclopédico le ha dado el estado de tremenda y merecida reputación entre sus pares académicos. También él es un poderoso promotor de la obra del Señor. Su apetito por el aprendizaje ha sido estimulado por el Evangelio que ama. [Gordon B. Hinckley, «venid a beber», Ensing, mayo de 1986, p. 48]

Oh, cuán afortunados son en sentarse a los pies de profesores con conocimientos que comparten con ustedes información acerca de los grandes hombres y las grandes ideas del pasado y del presente en el contexto de la fe. A diferencia de los eruditos en otros lugares, cada maestro en esta institución tiene la misión de «mantener su tema bañado en la luz y el color del Evangelio restaurado» (Spencer W. Kimball, «Educación para la eternidad», preescolar Dirección de BYU Facultad y Personal 12 de septiembre de 1967, p. 11).

Estoy convencido de que cuando un maestro mantiene su tema bañado por la luz y el color del Evangelio restaurado, estimula el apetito del estudiante para el aprendizaje, al igual que el apetito del Dr. Nibley el aprendizaje se había agudizado por el Evangelio que amaba. Como no podía ser de otra manera cuando «La gloria de Dios es la inteligencia, o en otras palabras, luz y verdad.» (Doctrina y Convenios 93:36). Pero cuán desafortunado es un estudiante cuando sufre de una ceguera de mente y dureza de corazón y no alcanza a ver la luz o distinguir el color del Evangelio en los sujetos estudiados. Nadie, independientemente de que sea maestro o estudiante, avanza de manera significativa mediante la búsqueda de sombras en lugar de la luz. El tiempo es precioso y no debe ser desperdiciado mirando la cuneta cuando la vista hacia arriba está llena de la belleza y las maravillas del universo, y las bellezas y maravillas del Evangelio de Jesucristo.

Por lo tanto, como alguien ha aconsejado, yo insto a los estudiantes a no dejar pasar un día sin el contacto con la mejor literatura del mundo. Láncense hoy mismo a las mentes de los grandes pensadores, sigan los pasos de los gigantes intelectuales que nos han precedido, y marquen así el comportamiento de los que han inventado, descubierto y extraído las corrientes del conocimiento. Sin embargo, «como el alma es teñida por los pensamientos, no dejan pasar un día sin el contacto con [las escrituras]. En la formación del carácter y en la conformación de la conducta, [que todavía tienen su] antiguo poder «(William Osler, una forma de vida [Nueva York: Paul B. Hoeber, Departamento de Medicina Harper y los hermanos de 1937 del libro], pp. 37-38).

Muy pocos al completar su educación formal se lamentarían diciendo «que podría haber sido» cuando han buscado palabras de sabiduría de los mejores libros y el aprendizaje tanto por el estudio como por la fe. Hay que recordar que la fe trae el espíritu a tu estudio, un espíritu que sirve de tutor e insta al aprendizaje. Llamamos a ese espíritu del Espíritu Santo, el que enseña todas las cosas y las trae a la memoria (Juan 14:26).

  1. «. . . Buscad diligentemente los mejores dones, recordando siempre para qué son dados.» La escritura continúa: «Porque. . . que se dan para el beneficio de los que me aman y guardan todos mis mandamientos, y lo que procuran hacerlo » (Doctrina y Convenios 46:8-9).

Hay sabiduría en la historia que el Dr. Robert K. Thomas, el ex vicepresidente académico de la Universidad Brigham Young, el habló de su lucha por encontrar su lugar en la vida. Al principio, él decidió que iba a convertirse en un boxeador profesional. Él era grande de estatura y parecía poseer todas las cualidades necesarias para convertirse en un campeón del mundo. Afortunadamente, sin embargo, escuchó el «despertar» de campana a través de un boxeador retirado que le enseñó una lección dolorosa pero impresionante. Después de sufrir una paliza humillante a manos del viejo luchador, Robert volvió a casa derrotado en el cuerpo y el espíritu y se quejó a su madre por su falta de talento. Su madre sabia y amorosa lo consoló diciendo, “¡Oh, Bobby, lo que tiene es suficiente!» («Las cosas que están diciendo,» New Era, octubre 1972, p. 42).

¡Qué lástima habría sido si Robert Thomas no se hubiese visto obligado a abandonar su sueño de boxeo! Fue a través de la derrota que obtuvo la victoria porque no se rendiría. Una puerta se cerró abruptamente en su cara, pero él buscó otra puerta para la liberación de sus talentos especiales. Con el tiempo, se movió en la dirección de las escrituras, la enseñanza y otras actividades académicas, donde fueron descubiertos y utilizados para bendecir la vida de miles de personas.

Lo mismo se puede decirse de ustedes. Lo que ustedes tienen es suficiente, siempre y cuando utilicen al máximo lo que Dios le ha dado. Cuando el viento de la adversidad golpea a su nave, aprieten las velas y asistan a su curso, como lo hizo Bob Thomas. Su recompensa será el descubrimiento de la verdadera dirección en su vida.

De vez en cuando nos encontramos con un joven que se desanima y se queja de que estaba ausente cuando los dones se distribuyeron en ese gran centro de distribución en el cielo. Dicha denuncia se contradice con la palabra del Señor. Leemos afirmaciones como éstas:

«Y todos estos dones vienen por el Espíritu de Cristo; y vienen a todo hombre, respectivamente, de acuerdo con su voluntad. » (Moroni 10:17);

«Porque no a todos se da cada uno de los dones; pues hay muchos dones, y a todo hombre le es dado un don por el Espíritu de Dios.» (Doctrina y Convenios 46:11);

«Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.» (1 Corintios 12:7).

El presidente Boyd K. Packer dijo:

Vayan, entonces, ustedes que están dotados; y cultiven sus dones. . . Si ustedes tienen la capacidad y el deseo, busquen una carrera o empleen su talento en un pasatiempo o cultiven un hobby. Bendigan a otros con ese talento. Establezcan un estándar de excelencia. Utilícelo de manera digna con todas sus ventajas, pero nunca profanamente. Nunca expresen su don indignamente. [«El Arte y el Espíritu del Señor”, Liahona, agosto de 1976, pág. 75]

Aquí, en esta escuela los estudiantes son educados en amplias áreas del conocimiento humano. Esto le proporciona muchas oportunidades de oro para investigar los intereses, encontrar ensanchamientos, y generar los talentos que los llevarán en dirección adecuada. Es de esperar que persigan la estrella que es emocionante y desafiante en lugar de una de fácil acceso. Ruego para que puedan encontrar un profesor que tome algo más que un interés pasajero y les ayuda a reconocer los sueños imposibles que permanecen latentes en su interior.

Afirmo que «un tiempo precioso y energía» pueden desperdiciarse si, en el sondeo de talentos, una persona no es honesto consigo mismo. He oído decir: «No puedes llevar una carga de caballería si crees que te ves gracioso en un caballo». Si usted piensa que se ve divertido en un caballo, entonces posponga la carga. «Yo añadiría, venda el maldito caballo, olvide la carga, y trate de llevarlo a cabo de alguna otra manera».

Me temo que muchos hombres y mujeres miran hacia atrás sobre sus carreras educativas con sentimientos de «podría haber sido» todo porque no pudieron buscar con seriedad y cultivar adecuadamente dotes espirituales dados por Dios. No deje que esto ocurra a ustedes.

4.»Por tanto, no busquéis las cosas de este mundo, más buscad primeramente edificar el reino de Dios, y establecer su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.» (TJS, Mateo 6:38). Nótese la prioridad y la promesa en esta declaración inspirada. Se nos dice que el reino de Dios es lo primero; y las cosas del mundo deberían ser secundarias. Así que, si ustedes mantienen sus prioridades en orden y siguen esta amonestación del Señor, está la promesa de que se les darán otras cosas.

Más luz es derramada sobre este tema por Jacob, el hijo de Lehi. Él dijo:

Pero antes de buscar riquezas, buscad el reino de Dios.

Y después de haber logrado una esperanza en Cristo obtendréis riquezas, si las buscáis; y las buscaréis con el fin de hacer bien: para vestir al desnudo, alimentar al hambriento, libertar al cautivo y suministrar auxilio al enfermo y al afligido. [Jacob 2:18-19; véase también el versículo 17]

Una vez más, se establece la prioridad el reino de Dios es en primer lugar, las otras cosas después. Tengan en cuenta que estas dos condiciones se colocan sobre la conquista de la riqueza. Ellos son: (1) «si las buscáis», y (2) si «las buscaréis con el fin de hacer bien.»

Vivimos en un mundo muy materialista. El amor al dinero y las baratijas que se puede comprar parecen ocupar los pensamientos y esfuerzos de muchos. Demasiada persecución del «todopoderoso dólar» a expensas de todas las mejores cosas que el dinero no puede comprar.

Recientemente entrevisté a un líder del sacerdocio cuyo diezmo en el último año fue una cantidad de seis cifras. Era dueño de muchas empresas, y todo lo que tocaba parecía obtener algún beneficio. Sin embargo, él era uno de los hombres más tristes que he conocido. Al término de nuestra conversación, lloró y dijo: «Me gustaría renunciar a todo lo que gano por un poco de amor y armonía en el hogar.» Volví a casa sintiendo que era realmente un hombre muy rico.

Alma enseñó a su hijo rebelde, «No busques las riquezas ni las vanidades de este mundo, porque he aquí, no las puedes llevar contigo.» (Alma 39:14). Un alma equivocada que había amasado una fortuna y se moría declaró: «Si no puedo llevarlo conmigo, volveré por ella» A él y a otros como él, digo: ¡Pruébalo!

La mayoría de nosotros sabemos de un joven al que se le dieron algunos registros preciosos y se le advirtió que Satanás lo tentaría con la idea de hacerse rico. Un mensajero celestial le dijo que «no debía tener otro objetivo a la vista sino en conseguir las planchas, para glorificar a Dios, y no debía ser influenciado por cualquier otro motivo que el de edificar [el] reino [de Dios]» (JSH 46). Si la pureza del motivo era esencial para el éxito de José Smith, sin duda es esencial para tu éxito y felicidad futura.

Por desgracia, la palabra podría haber sido caen de los labios de los que se pelean por las riquezas y apartan a un lado a Dios. Muchos de ellos nunca aprenderán el principio de la casualidad ni la promesa de que «los íntegros heredarán el bien.» (Proverbios 28:10).

La lucha por las riquezas sin principio o sentimiento conduce siempre al sueño de la visión nocturna en la que el hombre sueña que tiene hambre, “y he aquí, come, más despierta y su alma está vacía» (2 Nefi 27: 3).

  1. «Todo hombre [y toda mujer] que buscando cada cual el bienestar de su prójimo, y haciendo todas las cosas con la mira puesta únicamente en la gloria de Dios.» (Doctrina y Convenios 82:19). Hay una escritura compañera que dice: «No nos cansemos, pues, de hacer el bien. . . Así que, siempre que tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.» (Gálatas 6: 9-10).

Los objetivos impresos de BYU incluyen referencia a una ética de servicio. Entre otras cosas, dice:

Por lo tanto, la Universidad Brigham Young, deben cultivar en sus estudiantes el deseo de utilizar sus conocimientos y habilidades no sólo para enriquecer sus propias vidas, sino también para bendecir a sus familias, sus comunidades, la Iglesia y la sociedad en general. Los estudiantes deben aprender, y a continuación, demostrar, que su lealtad última es a los valores más altos, principios y compromisos humanos, más que a meros intereses propios. [La misión de la Universidad Brigham Young, pág.13]

No tengo idea de quién escribió estas líneas, pero son inspiradas. El cultivo del mero «interés propio» es una contradicción a esta universidad como lo es la enseñanza de la falsa doctrina. Los elementos opuestos de la verdad y el servicio desinteresado están en su corazón.

José Smith, el profeta de la Restauración, comparó la búsqueda de la verdad a subir una escalera, el Dijo:

Cuando subís por una escalera, tenéis que empezar desde abajo y ascender paso por paso hasta que llegáis a la cima; y así es con los principios del evangelio: tenéis que empezar por el primero, y seguir adelante hasta aprender todos los principios que atañen a la exaltación. [Enseñanzas, pág. 348]

Cada peldaño de la escala educativa es una parte de los conocimientos adquiridos a través de un estudio serio. Cada escalera tiene dos carriles que el alumno debe captar para estabilizar su ascenso del pozo de la ignorancia. Un riel es la «barra de hierro» o la palabra de Dios. Aquellos que se aferran a esta influencia estabilizadora ascenderán la escalera con un ojo hacia arriba. El otro riel es la comunidad de los Santos entre los cuales viven y sirven.

Espero que se den cuenta de las ventajas de vivir en una comunidad universitaria que está organizada en barrios y estacas. Esta organización de la Iglesia extiende a todos ustedes dos barandillas tan esenciales para su progreso. Deben, por lo tanto, aferrarse a la Iglesia, aferrarse a las Escrituras, y servir con sus compañeros para que no ser sacudidos a la deriva y ser zarandeados por cualquier viento de doctrina o teoría que podría bloquear su ascenso hacia las metas educativas dignas.

Ustedes deben considerar la organización de la Iglesia como una especie de laboratorio, un lugar donde podrán aplicarse las enseñanzas en el aula. Las experiencias dentro de ese laboratorio les ayudarán a compartir las enseñanzas y prestar servicio que asegure su aprendizaje. Además, estas experiencias facilitarán la transición de la escuela a la sociedad después de la graduación.

Recientemente, el presidente Gordon B. Hinckley aconsejó a algunos estudiantes universitarios a amar al Señor, aferrarse a la Iglesia, y vivir el Evangelio. Hizo hincapié en:

No pierdan nunca de vista el hecho de que la Iglesia debe siempre permanecer preeminente en sus vidas si van a ser feliz con el paso de los años. . .

Nunca se dejen encontrar en la posición de luchar contra La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Aférrense y sean fieles a ella. Manténganla y sosténgala. Enseñen su doctrina y vivan por ella. Y no dudo en decir que vuestras vidas serán más ricas y más felices por eso. No se puede encontrar la felicidad luchando contra la obra de Dios. [«Profeta advierte,” Church News, 4 de noviembre de 1995 p. 4]

Casi todo el mundo está familiarizado con el lema BYU: «Entren a aprender; salgan a servir».

Agradezco la intención pura de estas palabras, pero si fuera por mí, se leería lo siguiente: «Entren para aprender y servir; vayan a servir y aprendan más. «¿Realmente hemos aprendido algo a menos que lo hayamos compartido y aplicado? »

Anteriormente hice referencia a un joven cuyo objetivo declarado era volver a la Universidad Brigham Young, convertirse en un médico, hacer un montón de dinero, y retirarse. También he dicho que conozco unos misioneros que habían abandonado sus sueños y cuya decepción me había ayudado a entender el significado de estas palabras desgarradoras: «De todas las palabras tristes de la lengua o la pluma, las más triste son los siguientes: Podría tener ¡estado!»

Me doy cuenta de que los que fracasan y se decepcionan son relativamente pocos en esta universidad. Los estudios han demostrado que la mayoría de los graduados de la BYU se convierten en Santos de los Últimos Días y líderes en las comunidades en las que eligen vivir. A pesar de todo esto, hay pocos que miran hacia atrás en sus carreras educativas con pesar, y unos pocos son demasiados, especialmente cuando eso incluye a gente que conocemos personalmente.

Por lo tanto, con toda la fuerza de mi alma les aconsejo

  • Busque a Dios todos los días: No camine o estudie solo cuando la compañía divina está disponible, o cuando la asistencia tutorial divina está disponible.
  • buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe: No alimente la mente y que el espíritu muera de hambre. Mire toda la materia a través de los lentes del Evangelio.
  • Busque los mejores dones: No olviden los dones que hay en ti, ni permitan que nadie desprecie sus ambiciones juveniles (1 Timoteo 4: 12-16).
  • No busques las cosas de este mundo, sino busca primeramente edificar el reino de Dios: No permita que la persecución del «todopoderoso dólar» los lleve lejos del Dios Todopoderoso.
  • Busque el interés de sus compañeros de clase o vecinos y mantenga su mira puesta únicamente en la gloria de Dios: Como ya he dicho, entre para aprender y para servir; salgan a servir y aprendan aún más.

Estos cinco pequeños consejos son simples, obvio, y muy importantes. ¡No los tomen por sentado, pues, si los aprovechan, dejarán de lado todo el dolor y el lamento “Podría haber sido” y lo reemplazarán con el grito de júbilo “Lo hicimos! y somos muy bendecidos!»

El profeta Alma enseñó que los hombres son llamados como sacerdotes a causa de su fe excepcional y buenas obras, y según la presciencia de Dios. También hizo mención a otros que no han sido llamados a este santo llamamiento, ya que «rechazan el Espíritu de Dios a causa de la dureza de sus corazones y la ceguedad de su mente, cuando de no haber sido por esto, hubieran podido tener tan grande privilegio como sus hermanos.» (Alma 13: 4). Subrayo las palabras podrían haber tenido o, podría haber sido. Lo mismo sucede con los privilegios de una educación superior. Ejercer la fe; participar en el estudio y buenas obras; y llegar a ser todo lo que quieren llegar a ser y más.

Tras mi liberación como presidente de misión hace veintidós años, regresé a la Universidad Brigham Young y reanudé mis responsabilidades de enseñar. Un asociado bien intencionado me aconsejó que no me volviera demasiado «sermoneador» en mi clase. Me recordó que yo había estado comiendo, bebiendo, y respirando religión durante tres años y que, si no era cuidadoso, se volvería abrumador para mis estudiantes. Yo, por lo tanto, presté la máxima atención en la mezcla de materia y espíritu.

Al final de ese primer año en el trabajo, recibí un comentario negativo sobre los documentos de evaluación de los estudiantes. Se relacionaba con mi renuencia a compartir abiertamente mi fe con aquellos que enseñé. Yo estaba muy ofendida por esa crítica y lo que causó que sucediera. Y desde entonces he llevado esa carga de negligencia conmigo.

Podría haber sido diferente, y debería haber sido diferente, porque yo sabía entonces como sé ahora que Dios vive, que Jesús es el Cristo, nuestro Redentor y nuestro Salvador, y que José Smith fue el profeta de la Restauración.

También sé ahora como sabía entonces que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la iglesia verdadera y viviente que se hace referencia en las escrituras. Es dirigida por aquel a quien se nombra a través de un profeta, incluso Gordon B. Hinckley. De esto testifico borrando la culpa de «podría haber sido» relacionada con años atrás, cuando dudé en compartir lo que es más valioso para mí que la vida misma. Digo esto en el nombre de Jesucristo. Amén.

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La oración del profeta José Smith y la primera visión….

Ensign, abril, 1995

La oración del profeta José Smith y la primera visión…

Élder Carlos E. Asay.

Durante muchos años, los Santos de los Últimos Días han entonado con dignidad y profundo sentimiento el inspirado himno «La oración del Profeta», escrito por George Manwaring. La letra de este sagrado himno describe la aparición de Dios al hombre, la cual llena de emoción el alma de todos los creyentes. Observemos la belleza pintoresca de estas palabras:

Qué hermosa la mañana; qué brillante era ̮el sol.
Pajaritos y abejas daban voces de loor
cuando en la arboleda suplicó José a Dios,
cuando en la arboleda suplicó José a Dios.
Con ahínco suplicaba en ferviente oración,
y la fuerza del maligno de angustia le llenó.
Más en Dios él esperaba y confiaba en Su ̮amor.
Más en Dios él esperaba y confiaba en Su ̮amor.
Descendió gran luz del cielo, más brillante que el sol,
y gloriosa, la columna sobre ̮el joven descansó.
Vio dos Seres celestiales, Dios el Padre y Jesús.
Vio dos Seres celestiales, Dios el Padre y Jesús.
“Este es mi Hijo ̮amado; da oído”, dijo Dios.
Su ̮oración fue contestada y ̮escuchó al Salvador.
¡Oh qué gozo en su pecho porque vio José a Dios!
¡Oh qué gozo en su pecho porque vio José a Dios!
Letra: George Manwaring, 1854–1889.

Tal como se describe en el himno, la primera oración de José Smith resultó en la extraordinaria experiencia que millones de personas actualmente conocen como la Primera Visión. Fue la primera de muchas visiones que el profeta José Smith recibió durante su breve ministerio terrenal. Fue la primera de una serie de acontecimientos que dieron inicio a la dispensación del cumplimiento de los tiempos, una época en que se llevaría a cabo una restauración de todas las cosas que habían anunciado todos los santos Profetas desde la fundación del mundo (Hechos 3:18-21).

Fue el primero de una serie de sucesos espirituales que acompañaron la restauración del Evangelio de Jesucristo y al establecimiento de «la única iglesia verdadera y viviente» (Doctrina y Convenios 1:30); marcó el comienzo de un movimiento mundial que ha de rodar «hasta que llene toda la tierra» (Doctrina y Convenios 65:2).

Pero la primera visión de José Smith no fue la primera de su tipo en la historia de la humanidad. Moisés vio a Dios cara a cara y habló con Él. En dicha visión, Moisés aprendió en cuanto a su relación con Dios, entendió que era un hijo de Dios, «a semejanza de [Su] Unigénito» (Moisés 1:6); aprendió, también, en cuanto a las tinieblas de Satanás y la gloria de la Deidad, en contraste con la condición actual del hombre (Moisés 1:2-20).

El apóstol Pablo testificó que Jesús de Nazaret se le apareció en el camino a Damasco, cambiando así el curso de su vida (Hechos 26:9-23). Su relato de la visión celestial llevó al rey Agripa a decir: «Por poco me persuades a ser cristiano» (versículo 28). ¡Quién sabe cuántos conversos más habrá tenido Pablo durante sus viajes misionales después de recibir aquella experiencia que cambió su vida! Otros, tales como Lehi, Nefi y Alma.

Un día, cuando José tenía catorce años, estaba leyendo la Biblia, y leyó Santiago 1:5. Más tarde escribió: «Ningún pasaje de las Escrituras jamás penetró el corazón de un hombre con más fuerza que éste en esta ocasión, el mío» (José Smith—Historia 1:12). Agregar a la lista de personas privilegiadas que recibieron manifestaciones maravillosas por vía de poderes divinos. Cada visión que se recibió y se registró era gloriosa en sí, y se proporcionó de acuerdo con la voluntad divina y para llevar a cabo los propósitos divinos.

Bien podríamos preguntarnos cuáles fueron los fines divinos que se lograron por medio de la manifestación que se llevó a cabo en una arboleda cerca de Palmyra, Nueva York, en la primavera de 1820. La respuesta cabal a esa pregunta la reciben únicamente aquellos que comprenden las circunstancias en torno a ese singular acontecimiento.

La larga noche de obscuridad espiritual, la agitación extraordinaria sobre el tema de la religión, la división entre los que profesaban ser cristianos, las personas sencillas de granja que buscaban un mayor conocimiento en cuanto a asuntos divinos, así como otras condiciones singulares sirvieron para preparar el escenario para la entrada del profeta José en un drama cuya presentación aún no se ha terminado. Entre los muchos objetivos que se lograron y las verdades de inestimable valor que emanaron de la abundante fuente de la Primera Visión, se encuentran las siguientes:

  1. En las guerras de las palabras no hay ganadores. José descubrió que en el tumulto de opiniones en cuanto a los asuntos de la religión no hay ganadores. Tales contenciones favorecen los designios de Satanás, ya que él es el «padre de la contención» (3 Nefi 11:29). Él es el diablo, que hace que sacerdote contienda contra sacerdote y converso contra converso, creando así conflicto o suscitando buenos sentimientos más fingidos que verdaderos (José Smith—Historia 6).

Más aún, José verificó el hecho de que los asuntos importantes que tienen que ver con el Espíritu no se pueden resolver sólo «recurriendo a la Biblia», en tanto los maestros religiosos entendieran el mismo pasaje de las Escrituras de un modo tan distinto (José Smith—Historia 12).

  1. Los poderes y la obscuridad satánicos son reales. José descubrió el «poder de un ser efectivo del mundo invisible», que hizo que se le trabara la lengua y lo envolvió en una densa obscuridad cuando empezó a orar (José Smith— Historia 16; véase también el versículo 15). Éste fue el poder que utilizó el maligno, quien consideraba a José Smith como una amenaza para su reino de pecado y de error.

Pocos han sido los hombres que han perturbado y molestado al adversario más que José, pocos han sentido los poderes combinados de las tinieblas más que él, pocos han triunfado más noblemente sobre Satanás que él (José Smith—Historia 20).

  1. Los poderes de la luz y la verdad provienen de Dios. Mientras oraba para escapar de la influencia que le había trabado la lengua y había creado en él un sentimiento de destrucción, José descubrió lo que Moisés había descubierto hacía siglos en cuanto a la obscuridad y la nulidad de Satanás, en comparación con la luz y la libertad que van unidas a Dios (Moisés 1.10-15). José dijo:

«. . . Vi una columna de luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí.

«No bien se apareció, me sentí libre del enemigo que me había sujetado. . .» (José Smith—Histoua 16-17).

«La luz y la verdad desechan a aquel inicuo.» (Doctrina y Convenios 93:37) Los poderes de la obscuridad huyen de los poderes de la luz, así como la noche desaparece con la alborada.

  1. El único Dios verdadero y Jesucristo se aparecieron. Al contemplar el glorioso aspecto del Padre y del Hijo, José descubrió que él había sido creado a la imagen de Dios, tal como lo afirman las Escrituras. José registró:

«. . . Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Este es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!» (José Smith— Historia 17).

En tan sólo unos momentos, se disipó el detestable mito de un Dios impersonal, frío e incomprensible. Se había manifestado la verdadera naturaleza de un Padre Celestial —el padre de nuestro espíritu— en compañía de su Hijo Amado, o sea, Jesucristo, quien había expiado los pecados del hombre (Hebreos 12:9).

George Q. Cannon dijo: «Pero todo esto [los mitos del cristianismo] se desvanecieron en un instante con la aparición del Todopoderoso mismo. . . En un instante se disipó toda esa obscuridad, y una vez más se encontró en la tierra un ser mortal que había visto a Dios, que había visto a Jesús, y quien podría describir la personalidad de Ambos» (Journal of Discourses, 24:371-372),

  1. Se reveló la unidad del Padre y del Hijo. José descubrió, con una mirada y por medio de algunas cuantas palabras habladas, la verdadera doctrina de la unidad de la Trinidad: una doctrina que por siglos habían confundido a los hombres equivocados. Ante él aparecieron dos personajes que eran tan separados y distintos como lo son cualquier padre e hijo terrenales. Sin embargo, los dos personajes manifestaron una unidad perfecta de pensamiento y de propósito que no se podía refutar. El Padre expresó Su amor por el Hijo y lo invitó a hablar, ya que sabía que el Hijo diría lo que el Padre diría si hubiera optado por tomar la palabra.

Una vez aclarada esa doctrina, no era preciso especular en las palabras registradas del Salvador:

«Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos;

Para que todos sean uno, como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.» (Juan 17:20-21).

  1. Ninguna de las sectas de aquellos días era la verdadera. A José se le indicó que no se uniera a ninguna de ellas. El registró dice:

«Había sido mi objeto recurrir al Señor para saber cuál de todas las sectas era la verdadera, a fin de saber a cuál unirme. Por tanto, luego que me hube recobrado lo suficiente para poder hablar, pregunté a los Personajes que estaban en la luz arriba de mí, cuál de todas las sectas era la verdadera (porque hasta ese momento nunca se me había ocurrido pensar que todas estuvieran en error), y a cuál debía unirme.

«Se me contestó que no debía unirme a ninguna, porque todas estaban en error. . .» (José Smith—Historia 18-19).

Quizás al principio esta declaración le haya causado alguna preocupación a José, ya que algunos miembros de su familia estaban afiliados a una iglesia específica y él tenía inclinaciones hacia otra. Pero Dios había hablado, y, ¿quién era José para disputar lo que Él había dicho?

  1. Quedaron al descubierto los errores de las iglesias existentes. José descubrió por qué no debía unirse a ninguna de aquellas iglesias:

«. . . El personaje que me habló dijo que todos sus credos eran una abominación a su vista; que todos aquellos profesores se habían pervertido; que “con sus labios me honran, pero su corazón lejos está de mí; enseñan como doctrinas los mandamientos de los hombres, teniendo apariencia de piedad, más negando el poder de ella.» (José Smith—Historia 19).

Después de haber visto lo que vio y de escuchar lo que había escuchado, ¿cómo era posible que José se uniera a una iglesia que no era aceptable ante el Todopoderoso? Tal vez algunos de los profesores fuesen «humildes discípulos de Cristo; sin embargo, [eran] guiados de tal manera que a menudo [erraban] porque [eran], enseñados por los preceptos de los hombres» (2 Nefi 28:14).

Quizás los esfuerzos de estos maestros fueran sinceros, pero, pese a lo que se estaba haciendo, no bastaban «para enseñar a cualquier hombre la senda verdadera» (2 Nefi 25:28).

  1. El testimonio de Santiago era verdadero. José descubrió que «el testimonio de Santiago era cierto: que, si el hombre carece de sabiduría, puede pedirla a Dios y la obtendrá sin reproche» (José Smith—Historia 26).

También descubrió que un alma de principios del siglo diecinueve era de tanto valor ante los ojos de Dios como lo era un alma de la época de Moisés o del meridiano de los tiempos, ya que, ¿por qué razón contestaría el Señor la humilde oración de él y se aparecería en persona? Más aún, José descubrió que aquellos que se humillan y se acercan a Dios con fe firme y con corazones quebrantados y espíritus contritos pueden recibir revelación personal.

  1. José Smith tenía una misión. Tres años después de haber recibido la Primera Visión, José descubrió que «Dios tenía una obra para [él]» y que «entre todas las naciones, tribus y lenguas se tomaría [su] nombre para bien y para mal» (José Smith—Historia 33).

Esa declaración se ha cumplido mediante la publicación del Libro de Mormón, la restauración del santo sacerdocio, el establecimiento de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y la predicación de la plenitud del Evangelio por todo el mundo.

  1. José llegó a ser un testigo especial de Dios y de Su Hijo Jesucristo. Desde el momento que recibió la Primera visión, hasta el momento de su muerte, la amarga persecución y las injurias persiguieron al profeta José. Sin embargo, permaneció fiel a su palabra, así como a su llamamiento especial. Él dijo;

«. . . Porque había visto una visión; yo lo sabía, y sabía que Dios lo sabía; y no podía negarlo.» (José Smith—Historia 25).

A la tierna edad de treinta y ocho años y medio, José Smith fue martirizado, sellando su testimonio con su propia sangre, un testimonio que tenía como fundamento la Primera Visión.

Estas, y otras verdades tienen que ver con la primera visión del profeta José Smith. Cada una de las diez verdades previamente mencionadas constituye un singular y poderoso rayo de luz viviente que penetró la larga noche de obscuridad y apostasía que durante muchos siglos había mantenido a la humanidad en la esclavitud espiritual. Todos esos rayos, en combinación, proporcionaron una abundancia de inteligencia que ha acercado a muchos hombres y a muchas mujeres a Dios. Orson Pratt abrevió de la siguiente manera: «Un minuto de instrucción proveniente, de personajes investidos con la gloria de Dios que descienden de los mundos eternos vale más que todos los tomos que jamás hayan escrito los hombres sin inspiración» (Journal of Discourses, 12:354).

Todo empezó de manera tan callada, sencilla y maravillosa hace 177 años. Un jovencito crédulo dio un pequeño paso y oró. Un amoroso Padre Celestial escuchó y respondió. Lo que ha ocurrido a consecuencia de ello podría muy bien considerarse como un paso gigantesco para la humanidad.

Todas las torres que jamás se hayan construido y todas las naves que se hayan lanzado al espacio son ínfimas, en comparación a la primera visión de José Smith. A pesar de que los hombres alcancen alturas cada vez más asombrosas hacia el firmamento, nunca encontrarán a Dios ni verán Su rostro a menos que se humillen, oren y den oído a las verdades reveladas por medio del Profeta de la Restauración.

Neciamente, algunas personas han comentado: «Podemos aceptar su mensaje si le quitan lo relativo a José Smith, su oración en la arboleda y la Primera Visión». Esas personas querrían que enterrásemos el tesoro de las verdades salvadoras que se han citado, y muchas más, y que rechazáramos «el acontecimiento más importante que se ha llevado a cabo en toda la historia del mundo desde el día del ministerio de Cristo hasta la hora gloriosa en que ocurrió [la Primera Visión]» (Bruce R. McConkie, Mormón Doctrine, segunda edición 11966], pág. 285).

José Smith «vivió grande y murió grande a los ojos de. Dios» (Doctrina y Convenios 135:3). Él «. . . ha hecho más por la salvación del hombre en este mundo, que cualquier otro que ha vivido en él, exceptuando sólo, a Jesús» (versículo 3) Estas palabras de tributo, escritas por John Taylor, un amigo personal del profeta José y testigo ocular del martirio de José y Hyrum, eran verídicas cuando se pronunciaron y se ratifican con el paso de los días, a medida que él reino de Dios sigue adelante para que venga el reino de los cielos (Doctrina y Convenios 65:6).

Cuan tremendamente hermosa fue la mañana, en la primavera de 1820, cuando José Smith suplicó a Dios en humilde oración. Y cuan maravilloso es que un Padre Celestial amoroso, en compañía de Su Amado Hijo, diera respuesta a esa oración por medio de la Primera Visión. Nosotros, los que ahora nos regocijamos en la luz y en la verdad que emanaron de esa trascendental conversación que se efectuó entre Dios y el hombre, les debemos mucho a los que participaron en ese acontecimiento memorable.

Nuestro es el privilegio de dar loor al Profeta que habló con Jehová; de servir a Aquel que es el medio por el cual se logra la salvación, o sea, Jesucristo; y de adorar en espíritu y en verdad a Dios, nuestro Padre, el Dios; verdadero y viviente.

 

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