Conferencia General Octubre 2005
Las bendiciones de la conferencia general
Élder Paul V. Johnson
De los Setenta
Decídanse ahora a dar a la conferencia general un lugar de importancia en su vida; decídanse a escuchar con atención y seguir las enseñanzas que se den.
Es una sagrada responsabilidad dirigirme a ustedes en esta reunión general del sacerdocio. Siempre espero con ansias asistir a estas reuniones del sacerdocio con mis hijos. Tengo gratos recuerdos de cuando me sentaba con ellos en nuestro centro de estaca y escuchábamos las enseñanzas de las Autoridades Generales. Esas reuniones ejercieron gran influencia en mi vida cuando era un jovencito y continúan ejerciéndola en mi vida actual. Sé que han tenido una gran influencia en mis hijos y en millones de poseedores del Sacerdocio Aarónico de todo el mundo.
Esta noche deseo dirigirme a ustedes, los poseedores del Sacerdocio Aarónico. Vivimos en una época maravillosa y emocionante. La plenitud del Evangelio ha sido restaurada y se está extendiendo por toda la tierra. Las llaves del sacerdocio están en la tierra y las ordenanzas salvadoras están al alcance de todos los que son dignos de ellas. Hay millones de personas buenas en la tierra que se esfuerzan por hacer lo correcto en su vida, en sus familias y en sus comunidades.
Este tiempo maravilloso en el que vivimos también está lleno de peligros. Ustedes viven en tiempos donde les esperan muchas tentaciones y peligros. Ya han estado expuestos a algunas de esas tentaciones y peligros. Incluso habrán visto a personas cuyas vidas han sido dañadas al sucumbir a algunas de las iniquidades que son tan comunes en el mundo.
¿Cómo pueden ustedes, como poseedores del Sacerdocio Aarónico, estar a salvo en estos tiempos difíciles a fin de llevar a cabo lo que les corresponde en esta gran obra y encontrar la verdadera felicidad en esta vida y en la vida venidera?
No es de sorprender que al enfrentarnos con gran iniquidad y tentaciones el Señor no nos deje solos para encontrar nuestro camino. De hecho, hay más que suficiente guía al alcance de cada uno de nosotros si tan sólo escuchamos. Ustedes han recibido el don del Espíritu Santo para dirigirlos e inspirarlos; tienen las Escrituras, a sus padres, a los líderes y a los maestros de la Iglesia. También tienen las palabras de los profetas, videntes y reveladores de nuestros días. Se dispone de tanta orientación y dirección que ustedes no cometerán graves errores en su vida a menos que a sabiendas hagan caso omiso de la guía que reciban.
Esta noche quisiera hacer hincapié en una de esas fuentes de orientación: los profetas, videntes y reveladores vivientes a quienes hemos sostenido hoy. De hecho, me gustaría recalcar una de las formas principales en las que recibimos instrucciones de ellos: la conferencia general.
Las conferencias han formado parte de la Iglesia desde el principio de esta dispensación. La primera conferencia se llevó a cabo sólo dos meses después de que se organizó la Iglesia. Nos reunimos dos veces al año para recibir instrucción de las Autoridades Generales y de los oficiales de la Iglesia. Estas conferencias están a nuestro alcance a través de varios medios, tanto impresos como electrónicos.
A mi madre le encantaba la conferencia general; ella siempre encendía la radio y la televisión, y subía tanto el volumen que era difícil encontrar un lugar en la casa donde la conferencia no se oyera. Ella quería que sus hijos escucharan los discursos y de vez en cuando nos preguntaba qué recordábamos de los mismos. Algunas veces yo salía con uno de mis hermanos a jugar a la pelota durante una de las sesiones del sábado. Nos llevábamos una radio porque sabíamos que mamá nos haría preguntas más tarde. Jugábamos a la pelota y a veces tomábamos un descanso para escuchar con atención a fin de darle un informe a mamá. Dudo que engañáramos a mamá cuando daba la casualidad de que los dos recordábamos la misma parte de toda una sesión. Seguir leyendo






































