Conferencia General Abril 2002
Permanecer en lugares santos
Sharon G. Larsen
Segunda Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes
“El permanecer en lugares santos significa estar en buena compañía, ya sea que estemos solas o acompañadas”.
Era el jueves por la noche, tiempo en que por lo regular mamá y papá trabajaban en el Templo de Cardston. Yo era una jovencita adolescente, como ustedes. Mi abuelita, quien vivía con nosotros, no se encontraba en casa, de modo que yo me quedaría sola. Cuando se fueron, papá me abrazó y me dijo: “Adiós, Sharon, quedas en buena compañía”.
Me dije a mí misma: “¿En qué está pensando? ¿Qué no sabe que me quedaré sola?”. Luego me di cuenta de que eso era exactamente lo que él estaba pensando.
El permanecer en lugares santos significa estar en buena compañía, ya sea que estemos solas o acompañadas; significa estar donde el Espíritu Santo sea nuestro compañero, ya sea que estemos solas o en una multitud. Cuando tomemos la determinación de que controlaremos nuestros pensamientos y nuestras acciones, y que seremos lo mejor que sea posible, podremos recibir lo mejor de la vida.
Un lugar santo es donde nos sentimos protegidos, seguros, amados y consolados; así lo era en nuestro hogar celestial. El permanecer en lugares santos y estar en buena compañía trae sentimientos de cómo habrá sido en ese hogar del que salimos, el hogar que a veces parece estar tan lejano.
Dos años y medio después de que se organizó la Iglesia, el Señor amonestó a José Smith en cuanto a las guerras, hambres y plagas que vendrían a causa de la iniquidad. Luego el Señor nos dijo cómo podemos estar seguros en un mundo como ése: “…permaneced en lugares santos y no seáis movidos, hasta que venga el día del Señor” (D. y C. 87:8).
En los lugares santos se nos protege de la conmoción, casi aplastante, del mundo; los ángeles pueden ser nuestros compañeros y nuestro sostén (véase D. y C. 84:88). El gran profeta Moroni se vio rodeado de maldad, y los lamanitas acechaban para matar a cualquier cosa que se pusiera en su camino. Él, estando solo, permaneció escondido durante casi veinte años. ¡Imaginen esa clase de soledad! Sin embargo, su hermoso testimonio y consejo, en los últimos capítulos del Libro de Mormón, nos indican que él estaba en compañía de ángeles y del Espíritu Santo; no estaba solo. El Espíritu Santo puede quitarnos el atormentador y doloroso sentimiento de soledad, aislamiento o rechazo y llenarnos de paz. A Él se le llama el Consolador, ¡y eso es lo que es!
Es posible que los tiempos de más soledad sean aquellos en los que estemos rodeados de personas, incluso de amigos que estén tomando decisiones incorrectas, y tengamos que permanecer solos. Hay lugares en los que no se encontrarían seguras, ni aunque fuese para ayudar a alguien. El Señor dijo que permaneciéramos en lugares santos. Hay lugares que el Espíritu jamás frecuentaría; ustedes saben dónde están esos lugares; manténganse alejadas de ellos; no aviven una curiosidad a la que deban poner un alto; presten atención a lo que sientan, de modo que sepan cuándo se estén sintiendo inseguras o incómodas.
Heather nos contó de una ocasión en la que había sido invitada a una fiesta con las personas más “populares” de la escuela. Al entrar, la música que se oía a todo volumen la estremeció y la hizo sentir enferma por dentro. Sus amigas empezaron a desaparecer en habitaciones a oscuras. Ella dijo: “En la fiesta pronto me di cuenta de que tenía que escoger: o bien, esas personas o mis normas; no podía tener a ambas. Sabía que no deseaba que las palabras que escuchaba ni las escenas de películas contaminaran mis pensamientos, pese a lo popular que eran esas personas. Sabía que no debía quedarme en ese lugar. Mientras esperaba que mi madre me fuera a recoger, miré por la ventana hacia la oscuridad de la noche, y ahí, brillando en la colina como un faro, estaba el templo; fue como si el Señor me estuviese asegurando que estaba haciendo lo correcto” (usado con permiso, nombre ficticio).
El permanecer en lugares santos nos ayuda a llegar a ser santos, pero es una virtud adquirida que requiere práctica: práctica en escuchar al Espíritu y en ser obedientes; práctica en ser moralmente puras; práctica en ser reverentes en cuanto a las cosas sagradas. El Señor nos ha dicho que vengamos a Él y que Él nos puede hacer santos (véase D. y C. 60:7). Dejen que Él les rodee de amor, perdón y paz. A pesar de lo que esté sucediendo a su alrededor, ustedes pueden poner en práctica la costumbre de crear un ambiente propio, lleno del Espíritu del Señor.
En vez de preguntarle a otra persona lo corta, apretada, desnuda o atrevida que puede ser la ropa que usen, ustedes son las responsables y deben preguntarse: “¿Qué ropa debo usar, cómo debo lucir y actuar a fin de que el Espíritu Santo esté conmigo y mi Padre Celestial me pueda bendecir?”. Seguir leyendo






































