El honor

Junio de 1985
El honor
Por el Presidente Ezra Taft Benson
Presidente del Quórum de los Doce

Ezra Taft BensonSi existe una palabra que describa el significado de carácter, dicha pala­bra es honor. Sin honor, no existiría la civilización; sin honor, no se efectua­rían contratos confiables, ni matrimo­nios duraderos, ni confianza ni felici­dad.

¿Qué significa para vosotros la pala­bra honor? Para mí el significado de honor se puede resumir en las palabras del poeta inglés Alfred Lord Tennyson (1809-1892), “La palabra [de honor] del hombre es Dios en el hombre” (Los idilios del rey [Idylls of the King ], “The Corning of Arthur,” línea 132, traducción libre). Un hombre o mujer honorable es veraz; libre de engaño; no hace trampa, ni miente, ni roba. Un hombre o mujer honorable aprende desde temprana edad que no es posible hacer lo malo y sentirse bien. El carác­ter del hombre se juzga en base a la manera en que cumpla con su palabra y con sus acuerdos.

En la actualidad se está haciendo más común que los hombres no cum­plan con sus acuerdos. Leemos acerca de famosos deportistas que contratan abogados para que les ayuden a cance­lar sus contratos; del quebrantamiento de convenios matrimoniales; de banca­rrotas innecesarias, fraudes y otras prácticas ímprobas. El honor se ha convertido en algo tan excepcional que cuando un hombre realiza un acto ho­norable, éste es digno de publicidad.

Por importantes que sean los conve­nios entre los hombres, los convenios que una persona hace con Dios son aún más importantes. Como miembros de la verdadera Iglesia de Jesucristo, vo­sotros hicisteis convenios con El al bautizaros, y es por eso que sois llama­dos los hijos del convenio.

Como parte de dicho convenio, ac­cedisteis a “ser testigos de Dios a todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar en que estuvieseis, aun hasta la muerte” (Mos.18:9; cursiva agregada).

Al bautizaros, os comprometisteis a guardar todos los mandamientos de Dios. Él no os ha dejado solos para vacilar sin saber cuáles son dichos mandamientos, o lo que es bueno o malo. Él es muy específico y claro en cuanto a la manera que debéis dirigir vuestra vida como miembro de su Igle­sia. Sus leyes están comprendidas en los Diez Mandamientos, el Sermón del Monte y las revelaciones modernas.

Los Diez Mandamientos, por ejem­plo, describen nuestra relación con Dios, con nuestra familia y con nues­tros semejantes. Leed nuevamente es­tas leyes fundamentales:

  • No tendrás dioses ajenos delante de mí.
  • No te harás imagen.
  • No tomarás el nombre de Dios en vano.
  • Acuérdale del día de reposo para santificarlo.

Estos cuatro mandamientos demues­tran la manera en que rendimos honor a Dios. El siguiente mandamiento de­muestra cómo honramos nuestras rela­ciones familiares.

  • Honra a tu padre y a tu madre.

No existe la verdadera grandeza si no se honra a los padres y a los proge­nitores. Los últimos cinco manda­mientos muestran cómo respetamos nuestra relación con los demás.

  • No matarás.
  • No cometerás adulterio.
  • No hurtarás.
  • No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.
  • No codiciarás. (Ex. 20:3-4, 7-8, 12-17.)

Podéis ver claramente que si cada individuo honrara estos mandamien­tos, la sociedad—el conjunto de individuos— despreciaría la irreveren­cia, guardaría el día de reposo, honra­ría a los padres y los votos matrimo­niales, y pondría en práctica la virtud.

¿Podéis imaginaros lo que sería la sociedad si viviésemos como Dios lo ha mandado?

La única vez que recuerdo que se haya dudado de mi honor fue durante un examen en la escuela secundaria; creo que el examen era de economía.

El maestro tenía la costumbre de parar­se en la parte trasera del salón para vigilar a los estudiantes durante los exámenes. Yo estaba escribiendo vi­gorosamente cuando de pronto se que­bró la punta del lápiz, de manera que le pedí al compañero de la otra fila que me prestara su cortaplumas. Cuando me lo pasó, el profesor vino por el pa­sillo y dijo: “Entregue su hoja, y no podrá jugar en el partido de baloncesto esta noche”. Yo era un delantero en el equipo. Le expliqué que estaba pidien­do una navaja para sacarle punta a mi lápiz, pero ninguna explicación lo con­venció.

Después de las clases regresé a casa a caballo sintiéndome algo desanima­do esa tarde, y le conté a mi padre lo sucedido. Él estaba seguro de que yo era honrado. Yo sabía que lo era.

Me encontraba fuera ordeñando las vacas cuando el entrenador llamó por teléfono para decirme que debía ir al gimnasio esa noche, que el maestro me vería allí y que él esperaba que yo tu­viera una oportunidad de jugar. Yo no quería ir, pero con las palabras de aliento de mi padre fui al gimnasio y me encontré con el maestro. Me pre­guntó si estaba dispuesto a confesar mi falta de honradez, a lo cual contesté: “No hice nada malo; no hay nada que confesar.” Con cierta renuencia me de­jó jugar. Entré en el partido sin mucho entusiasmo, y perdimos. Aunque no guardo rencor hacia mi maestro (que estaba haciendo lo que consideraba justo), ese incidente me enseñó cuán importante era mantener sin tacha mi nombre y el de mi padre. Es lo que he tratado de hacer durante toda mi vida.

Es cierto que mediante nuestras ac­ciones somos testigos ante Dios “a to­do tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar”. Cuando éstas son honra­das, le damos crédito a su Iglesia y a su reino; cuando no lo son, ello se re­fleja en toda la Iglesia.

Que viváis de acuerdo con vuestros solemnes convenios con Dios, para así merecer el respeto de Él y de vuestros semejantes.

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

El guardar confidencias

Junio de 1985
El guardar confidencias
Por Larry Hiller

Hace algún tiempo me tocó dirigir una función importante de recabar fondos para nuestro barrio. Cuando to­do hubo terminado, aquellos que ha­bían trabajado tan duramente conmigo para lograr el éxito suspiraron y se cal­maron. Más todavía descansaba sobre mí una preocupación bien fuerte, la de llevar cuenta de todos los fondos. Ha­bía necesidad de reembolsar a algunas personas los útiles que fue necesario obtener, y tenía que estar seguro de que tendríamos recibos o facturas co­rrectas de todos los egresos. Para que yo mismo pudiera estar tranquilo, te­nía que estar seguro de que jamás sur­giría duda alguna en cuanto a que si yo había manejado debidamente los fon­dos de la Iglesia. Sabía que el obispo tenía confianza en mí, pero yo aún quería estar seguro de que nunca surgi­ría duda alguna.

Recientemente sucedió otra cosa que me hizo pensar más en el concepto de manejar con integridad los bienes de otras personas. Un amigo vino a verme para hablar en confianza acerca de un problema personal. Más que so­lamente consejo, necesitaba a alguien que lo escuchara al explicar la situa­ción. Se habría sentido avergonzado si las cosas de que yo me había enterado se dieran a conocer a otros, y él estaba dependiendo de mí de que no violaría su confianza.

Pocos de nosotros tratamos los bie­nes tangibles de otros con desprecio intencional. A pesar de los informes diarios en la prensa en cuanto al robo, la mayor parte de las personas son to­davía básicamente honradas cuando se trata de respetar bienes ajenos. Pero, ¿qué se puede decir de cosas menos tangibles, tales como información?

¿Se extiende hasta ese punto nuestra integridad? Con el transcurso de los años he aprendido el valor de respetar cosas confidenciales, tanto en la Igle­sia como en la sociedad en general.

De varias maneras la información es semejante a la moneda. En el gobierno y en los negocios, la información con­fiable es un artículo que se compra, se vende y se cambia. A las personas que son fuente de información muy útil, atentamente las procuran otros que buscan esa información para sus pro­pios fines. La información bien con­servada puede ser un medio tan impor­tante como las riquezas para lograr poder. E igual que el dinero, la infor­mación se usa para fines tanto buenos como malos. Las tentaciones y tram­pas son muy semejantes. De hecho, se pueden hacer algunas comparaciones muy interesantes entre las maneras en que la gente usa incorrectamente la in­formación y las maneras en que mal­gastan el dinero.

La persona vana o que se alaba a sí misma

A muchas personas les gusta sentir­se y dar la apariencia de ser importan­tes gastando dinero libremente, algu­nas veces contrayendo deudas para poder hacerlo. En forma similar, a la mayoría de nosotros nos agrada el sen­timiento de importancia que viene de decir a otros algo que ellos no sabían. Igual que con el dinero, la gente tal vez no sepa que tenemos información a menos que “gastemos”, y la tenta­ción de gastar puede ser muy fuerte. Muchos de nosotros hemos pasado por la experiencia de hallarnos en un grupo en el cual alguien comunica una intere­sante noticia de información acerca de una persona o de cierto acontecimiento futuro. A medida que la conversación va progresando, todos tratan de contri­buir algo que los otros no sabían. Lle­ga a convertirse en egocentrismo. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | 1 comentario

Un alma que clamaba

Junio de 2016
Un alma que clamaba
Por Stephen Dugdale
El autor vive en Misuri, EE. UU.

No parecía un hombre agradable con quien conversar. Una parte de mí estaba asustado, pero otra parte quería realmente hablar con él.

man in hooded jacket

Tuve la oportunidad de servir como misionero en Catania, Italia. En cierto momento, la obra se tornó muy difícil. Habíamos tenido una semana en la que casi todo había ido mal y cada día era una prueba para ver si lograríamos conservar el buen ánimo, sonreír y seguir esforzándonos.

Cierta tarde, tomamos la determinación de cambiar el curso de las cosas. Comenzamos a hablar con personas en un parque próximo a nuestra casa y vimos a un muchacho sentado en un banco con la cabeza agachada y un cigarrillo en la boca. Estaba vestido de negro de la cabeza a los pies y sobre la cabeza tenía la capucha de su chaqueta grande y abultada. No parecía un hombre muy agradable con quien conversar. Lo miré; mi compañero lo miró; ambos nos miramos y volvimos a mirarlo a él.

El élder Farley me preguntó: “¿Hemos hablado antes con él?”.

“Me parece que sí, porque creo que lo conozco”, respondí.

“Sí, yo también”, dijo el élder Farley.

Así que, empezamos a caminar hacia él. Una parte de mí estaba asustado porque no era el tipo de persona con la que normalmente hablaría, pero otra parte quería realmente hablar con él.

“Buenas tardes, ¿cómo está?”, le preguntamos.

Nos miró con una expresión de enojo, como diciendo: “¿¡Quién se atreve a molestarme!?”, pero luego dijo en voz baja: “Buenas tardes”. Nos presentamos como misioneros y rápidamente nos dijo que él era ateo y no creía en nada. Le preguntamos por qué, lo cual creo que lo tomó desprevenido.

“Pues, porque perdí a mi madre, a mi padre, a mi hermana y a mi sobrino el mismo mes, y he tenido una vida terrible y solitaria por causa de ello. La religión no hizo sino empeorarlo todo”. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | Deja un comentario

Lo más difícil de ser misionero

Junio de 2016
Lo más difícil de ser misionero
Por la Dra. Wendy Ulrich
La autora vive en Utah, EE. UU.

A veces, el reto más grande de la obra misional no es la obra misional en sí.

young man and school imagesEn una ocasión, un misionero me dijo: “Cada vez que la gente me decía que la misión era difícil, yo pensaba que se refería a que iba a pasar frío, a afrontar condiciones de vida desafiantes o que tendría dificultad con el idioma. Pero, en mi caso, lo más difícil ha sido el aspecto mental: sentirse desanimado, estar descontento con el compañero o que a uno no le guste hablar con gente desconocida; o sea, el simple hecho de hacer frente a los altibajos, el rechazo y los cambios”.
young man ironingA fin de prepararse para la misión, pueden y deben leer la guía Predicad Mi Evangelio, estudiar las Escrituras y aprender a cocinar y a lavar la ropa. Sin embargo, también deben adquirir experiencia práctica en lo que respecta a aptitudes emocionales, sociales y de otro tipo que necesitarán como misioneros. A continuación se mencionan algunas de esas aptitudes. Pueden elegir una o dos de ellas para comenzar ahora mismo a practicarlas.

La aptitud para ser humilde sin sentirse humillado

Una misionera que prestaba servicio en Alabama, EE. UU., me dijo: “Supongo que pensé que cuando fuese apartada, de algún modo adquiriría superpoderes. Así que, al llegar a la misión, fue una sorpresa darme cuenta de que todavía era exactamente la misma: aún tenía los mismos temores, debilidades e ineptitudes. Y ninguna de esas cosas han desaparecido realmente; he tenido que aprender a afrontar mi ineptitud para realizar la obra del Señor”.

Ya sea que salgan a la misión con muchos o pocos logros en su haber, si son humildes, dóciles y tienen la disposición de seguir intentando y esforzarse, entonces el Señor puede trabajar con ustedes. Sin embargo, sus aptitudes de misionero solo mejorarán a medida que las practiquen, hagan preguntas, busquen ayuda y sigan esforzándose. Si están convencidos de que las personas nacen con la habilidad de ser buenas (o malas) para la obra misional, los idiomas, dar testimonio o relacionarse, entonces les será más difícil.

Un misionero me dijo una vez: “He tenido que aprender que la obra es del Señor, no mía, y que está BIEN sentirse inepto para hacerla, porque soy inepto. Nunca seré capaz de hacer lo que solo Dios puede hacer. Hay mucho que puedo hacer para mejorar, pero no tengo que resolverlo todo solo, ya que puedo contar con Él”. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | 1 comentario

La tenacidad y el discipulado

Junio de 2016
La tenacidad y el discipulado
Por el élder David F. Evans
De los Setenta

Tomado del discurso “La tenacidad”, pronunciado en un devocional en la Universidad Brigham Young, el 4 de noviembre de 2014. Para leer el discurso completo en inglés, vaya a speeches.byu.edu.

David F. EvansTener fe en Dios y en Sus promesas, y hacer lo correcto en todo momento, sin importar quién lo sepa.

En un diccionario en línea se define la tenacidad como “perseverancia y determinación persistente”. Además, explica que “la tenacidad es la cualidad que muestra una persona que sencillamente no se da por vencida, sino que sigue intentándolo hasta lograr su objetivo”1.

Tenemos que actuar con tenacidad a fin de llegar a ser verdaderos discípulos del Salvador y de lograr las metas realmente buenas que nuestro Padre Celestial sabe que necesitamos, a fin de prepararnos para la eternidad: llegar a ser buenos misioneros, terminar los estudios, encontrar a nuestro compañero o compañera eternos y comenzar una familia. Nuestra capacidad para actuar con tenacidad en todo lo bueno determinará si llegaremos a ser los hijos y las hijas de Dios que Él sabe que podemos y debemos llegar a ser.

tencious plantA la generación actual de misioneros de tiempo completo se la ha llamado “la generación más grandiosa de misioneros que haya existido en la historia de la Iglesia” y se le ha comparado con los dos mil soldados de Helaman2.

A pesar de sus extraordinarios atributos, y de la fe y el empeño tenaces de esos jóvenes, su líder, Helamán, explica: “Y aconteció que doscientos, de mis dos mil sesenta, se habían desmayado por la pérdida de sangre. Sin embargo, mediante la bondad de Dios, y para nuestro gran asombro, y también para el gozo de todo nuestro ejército, ni uno solo de ellos había perecido” (Alma 57:25).

Fueron librados “por motivo de su extraordinaria fe en lo que se les había enseñado a creer: que había un Dios justo, y que todo aquel que no dudara, sería preservado por su maravilloso poder” (Alma 57:26).

Refiriéndose a ellos, Helamán dice: “… son jóvenes, y sus mentes son firmes, y ponen su confianza en Dios continuamente” (Alma 57:27).

Lo mismo debe ocurrir con nosotros. En la vida, son los momentos en los que descienden las tempestades y soplan los vientos, y vienen las lluvias y dan con ímpetu contra nuestra casa, los que determinan si nuestra fe es fuerte y si depositamos nuestra confianza en Dios continuamente. En realidad, no hay ninguna prueba sino hasta que se presenta la adversidad.

No desmayen

Hace algunos años, mi esposa Mary y yo presidimos la Misión Japón Nagoya. Los términos valientes, intrépidos, vigorosos, activos y fieles con los que se describe a los dos mil soldados (véase Alma 53:20) también describen a los misioneros con los que trabajamos. Otra descripción de esos dos mil soldados: que algunos sedesmayaron (véase Alma 57:25), también describe a algunos de nuestros misioneros.

Servir en una misión no es fácil, ni tampoco lo es la vida. Todos sufrimos heridas de alguna manera. Parte de ese dolor proviene de transgresiones que no se han resuelto; parte proviene a causa de accidentes o enfermedades; y parte sucede cuando vemos que los seres a quienes amamos rechazan el evangelio de Jesucristo o se desvían de las cosas que ellos saben que son verdaderas. Sin embargo, por medio de todo eso llegamos a conocer a Dios y a ser discípulos del Salvador. Nuestro corazón cambia, y ese cambio se vuelve permanente a medida que seguimos escogiendo la rectitud en lugar del pecado y de la duda. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | Deja un comentario

Experimentar un cambio en el corazón

Junio de 2016
Experimentar un cambio en el corazón
Por el élder Edward Dube
De los Setenta

Edward DubeHallamos gozo en el esfuerzo constante por experimentar un cambio en el corazón al aceptar la expiación de Jesucristo en nuestra vida.

Rosemary, nuestra hija primogénita, era una hermosa bebé recién nacida cuando mi madre vino a visitarnos desde su pueblo en el centro de Zimbabwe. Como padres nuevos, mi esposa, Naume, y yo estábamos muy emocionados por la visita de mi madre; estábamos deseosos de aprender todo lo que necesitábamos saber sobre la crianza de un hijo.

father holding infant daughterAl llegar, mi madre sacó un collar de tela y dijo que había un objeto mágico envuelto en la tela. Le entregó el collar a Naume para que se lo pusiera en el cuello a Rosemary. Al percibir su vacilación, mi madre de inmediato dijo: “Desde pequeña, mi madre y mi abuela materna me dieron este objeto mágico, que me ha protegido a mí y a todos mis hijos, incluso a tu esposo. Este amuleto protegerá a tu hija de enfermedades y de todo tipo de hechizos que le pudieran acontecer, y podrá a superar cualquier situación difícil de la vida. Tendrá que llevarlo puesto hasta que cumpla los cinco años”.

En ese momento yo era el presidente de la rama, y de inmediato pensé: “¿Qué pensarán los miembros de mi rama cuando vean ese collar ‘mágico’ en el cuello de nuestra bebé?”. Entonces pensé: “Tal vez podríamos cubrirlo de manera que no fuera tan evidente”. Miré a Naume; su expresión me indicó que no debíamos aceptar el regalo. Le pregunté a mi madre si podía hacer un collar fino y pequeño, uno que no fuera tan evidente. Respondió que no era posible, y que el objeto mágico funcionaba mejor de la forma en que ella lo había preparado.

Una vez más, Naume me lanzó una mirada que expresaba claramente su desaprobación. Me volví hacia mi madre y le expliqué que, como presidente de rama en nuestra congregación local, no me sentiría cómodo poniéndole el collar a nuestra bebé. Mi madre respondió con una advertencia; dijo que, sin el collar, nuestra bebé moriría.

Un momento de crisis y de pánico

Unas semanas después de ese incidente, nuestra pequeña Rosemary enfermó gravemente, y no teníamos dinero para llevarla al médico. Era de noche, y en ese momento empecé a pensar en lo que mi madre había dicho en su advertencia. Empecé a desear haber aceptado el collar; lo habría tomado y lo habría puesto en el cuello de Rosemary. En ese momento de pánico, oí una voz apacible y delicada que me instaba a ejercer fe en el Señor Jesucristo. De inmediato, me vestí con mi ropa de domingo, tomé a nuestra bebé en los brazos y le di una bendición del sacerdocio. Sentí paz y consuelo, y percibí que mi esposa sentía lo mismo. Casi de inmediato, Naume y la pequeña Rosemary se quedaron dormidas pacíficamente. Nuestra hija Rosemary sanó. En los días posteriores se recuperó lentamente y recobró su salud. ¡Habíamos presenciado un milagro! El Señor, en Su tierna misericordia, me tendió la mano y fortaleció mi fe en Él. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Qué sabemos acerca de la vida después de la muerte?

Junio de 2016
¿Qué sabemos acerca de la vida después de la muerte?
Por David A. Edwards
Revistas de la Iglesia

“Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?”. ¡Sí! Pero, ¿y después qué?

life after death

A través de las edades, infinidad de personas se han hecho la pregunta que hizo Job: “Si un hombre muriere, ¿volverá a vivir?” (Job 14:14). El exclamar “¡sí!” en respuesta a esa pregunta es el gran privilegio de aquellos que tienen un testimonio de Jesucristo y de Su resurrección.

No obstante, muchas personas a nuestro alrededor andan por la vida “sin Dios en el mundo” (Efesios 2:12) y deben distinguir entre diversos conceptos y creencias en cuanto a la muerte. Por un lado, está la evidencia de sus ojos, o la “cruda realidad” de que la muerte es universal y absoluta: nunca han visto a nadie volver. Por otro lado, están los informes difundidos de las experiencias que han tenido las personas clínicamente muertas, con notables paralelos entre ellas. Y luego, está el hecho de que las culturas humanas alrededor del mundo siempre han tenido un concepto de cierta clase de vida después de la muerte; otra coherencia que merece una explicación.

Sin embargo, la certeza de que nuestra vida no termina con la muerte proviene de Dios, quien lo ha revelado desde el principio por medio de numerosos testigos, entre ellos: profetas, apóstoles y, sobre todo, el Espíritu Santo.

Desde el principio

En esta tierra, el Plan de Salvación se enseñó primeramente a Adán y a Eva, nuestros primeros padres. Ellos aprendieron acerca del evangelio de Jesucristo y sobre cómo regresar a la presencia de nuestro Padre Celestial, y comprendían que el regresar significaba que habíamos estado con Él previamente. De modo que, desde el principio, Adán y Eva sabían claramente que esta vida no lo es todo. Sabían —y lo enseñaron a sus hijos— que gracias a la expiación de Jesucristo, serían resucitados después de esta vida y que, si eran obedientes, recibirían la vida eterna (véase Moisés 5:10–12). Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Siete tiernos milagros a lo largo del camino

Junio de 2016
Siete tiernos milagros a lo largo del camino
Por Ephrem Smith
El autor vive en Nevada, EE. UU.

El Señor me ha bendecido con milagros que me han ayudado a seguir el camino que Él tiene para mí.

seven tender miracles along the way

Mientras enseñaba y prestaba servicio a muchas personas maravillosas en la Misión Texas Fort Worth, EE. UU., a menudo reflexionaba sobre mis muchas bendiciones en la vida. En particular, me maravillaba de siete experiencias que tuve, a las que considero milagros.

En primer lugar, sobreviví mi niñez y mi juventud, las que comenzaron en la más humilde de las circunstancias. Nací en el suelo de tierra de la choza de mi madre en Dessie, Etiopía. Mamá fue la única de mis parientes que conocí, y ella misma construyó nuestra choza de 2,4 m de altura, con forma de bóveda, utilizando ramas y lodo que cubrió con hierba y hojas. Nuestra comunidad no tenía agua corriente ni instalaciones de baño; la enfermedad y la muerte eran frecuentes en nuestro kebeleo vecindario. Era muy difícil hallar alimentos, e imposible para nosotros comprarlos. No hubo ni siquiera un día en que mi madre y yo no pasáramos hambre.

Cuando yo tenía cuatro años, mi madre enfermó gravemente. Con su último esfuerzo caminamos penosamente hasta un hospital, donde mi querida y agotada mamá murió. El personal del hospital me salvó de la vida en las calles y de la muerte por inanición al hacer los arreglos para que yo viviera en un orfanato en la ciudad de Addis Abeba, la capital de Etiopía.

El segundo milagro ocurrió al cambiar mi vida de forma dramática. En ese orfanato, yo vivía en un edificio limpio, dormía en una cama de verdad y comía toda la comida que quería. Otros huérfanos también habían sufrido la pérdida de un ser querido y me enseñaron cómo hacer frente a la pérdida de mi madre. Por la noche, nos reuníamos para cantar canciones en inglés y orar en amárico, nuestra lengua materna. Orábamos los unos por los otros y le pedíamos a Dios que nos bendijera para que fuéramos adoptados en “hogares donde fueran amables, buenos y amorosos”. Tanto la música como las oraciones influyeron en mí de una manera inmensa. Nunca dejé de orar. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

Los ojos de los ciegos verán

Junio de 2016
Los ojos de los ciegos verán
Por el élder Lynn G. Robbins
De la Presidencia de los Setenta

Lynn G. RobbinsPodemos considerar la salida a luz del Libro de Mormón como una restauración milagrosa del sentido de la vista espiritual.

Isaías profetizó que en los últimos días el Señor llevaría a cabo “una obra maravillosa y un prodigio”, predijo la salida a luz del Libro de Mormón y declaró que “los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas” (Isaías 29:14, 18).

Un “horrible estado de ceguedad”

Isaiah writingEn los días previos a la gloriosa Primera Visión, el fervor religioso en Manchester, Nueva York, EE. UU., era sumamente confuso. En las palabras de José Smith: “… eran tan grandes la confusión y la contención entre las diferentes denominaciones, que era imposible que una persona… llegase a una determinación precisa sobre quién tenía razón y quién no” (José Smith—Historia 1:8).

El Libro de Mormón se refiere a esta confusión previa a la Restauración como un “horrible estado de ceguedad… a causa de las partes claras y sumamente preciosas del evangelio del Cordero que ha suprimido esa iglesia abominable” (1 Nefi 13:32, cursiva agregada).

A lo largo de los siglos, la clara visión espiritual que proporcionaba la Biblia se volvió borrosa debido a que se perdieron muchas partes claras y preciosas, a veces involuntariamente a causa de traducciones imperfectas, y otras veces de manera intencional mediante la edición adulterada “para pervertir las vías correctas del Señor, para cegar los ojos y endurecer el corazón de los hijos de los hombres” (1 Nefi 13:27; cursiva agregada).

“Habiendo yo sido ciego, ahora veo” (véaseJuan 9:25)

Christ healing a blind man

Uno de los milagros más frecuentes del Salvador fue el de restaurar la vista a los ciegos1. Sin embargo, la misión y el milagro más importante del Salvador fue sanar a los ciegos espiritualmente. “… he venido a este mundo”, dijo Él, “para que los que no ven, vean” (Juan 9:39).

Utilizando la metáfora de Isaías y la visión de Nefi sobre la ceguera espiritual en los últimos días, podemos considerar la salida a luz del Libro de Mormón como una restauración milagrosa del sentido de la vista espiritual.

“Ni permitirá el Señor Dios que los gentiles permanezcan para siempre en ese horrible estado de ceguedad

“… seré misericordioso con los gentiles en aquel día, de tal modo que haré llegar a ellos, por medio de mi propio poder, mucho de mi evangelio…

“Porque he aquí, dice el Cordero: Yo mismo me manifestaré a los de tu posteridad, por lo que escribirán muchas cosas que yo les suministraré… [y] estas cosas serán escondidas, a fin de que sean manifestadas a los gentiles por el don y el poder del Cordero.

“Y en ellas estará escrito mi evangelio, dice el Cordero, y mi roca y mi salvación…

“… Estos últimos anales… establecerán la verdad de los primeros… por lo que los dos serán reunidos en uno solo” (1 Nefi 13:32, 34–36, 40–41; cursiva agregada); unidos para ayudarnos a ver la verdad. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | Deja un comentario

Las ordenanzas y los convenios del templo

Junio de 2016
MENSAJE DE LAS MAESTRAS VISITANTES
Las ordenanzas y los convenios del templo

Relief Society sealEstudie este material con espíritu de oración y procure saber lo que debe compartir. ¿De qué manera el entender el documento “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” aumentará su fe en Dios y bendecirá a las hermanas que están bajo su cuidado en el programa de maestras visitantes? Si desea más información, visitereliefsociety.lds.org.

Fe, Familia, Socorro

Todas las ordenanzas necesarias para la salvación y la exaltación vienen acompañadas de convenios que se hacen con Dios. “Hacer y guardar convenios significa tomar la decisión de establecer una obligación con nuestro Padre Celestial y con Jesucristo”, dijo Linda K. Burton, Presidenta General de la Sociedad de Socorro1.

El élder Neil L. Andersen, del Cuórum de los Doce Apóstoles, declaró: “El Señor dijo: ‘… en [las] ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad’.

Nauvoo Illinois Temple“Existen bendiciones especiales de Dios para cada persona digna que se bautiza, recibe el Espíritu Santo y participa regularmente de la Santa Cena”2.

“Cuando el hombre y la mujer van al templo”, dijo el élder M. Russell Ballard, del Cuórum de los Doce Apóstoles, “ambos son investidos con el mismo poder, a saber, el poder del sacerdocio…

“Todo hombre y toda mujer tienen acceso a ese poder para recibir ayuda en su vida personal. Todos los que han hecho convenios sagrados con el Señor y que honran dichos convenios son dignos de recibir revelación personal, de ser bendecidos con el ministerio de ángeles, de comulgar con Dios, de recibir la plenitud del Evangelio y, finalmente, de llegar a ser herederos junto con Jesucristo de todo lo que nuestro Padre tiene”3.

Historias actuales

En 2007, cuatro días después del devastador terremoto que azotó Perú, el élder Marcus B. Nash, de los Setenta, se reunió con el presidente de rama Wenceslao Conde y con su esposa, Pamela. “El élder Nash le preguntó a la hermana Conde cómo estaban sus hijos. Con una sonrisa, ella respondió que gracias a la bondad de Dios todos estaban bien y a salvo. Él le preguntó acerca de la casa de ellos.

“Ella simplemente respondió: ‘Destruida’.

“‘Sin embargo, usted está sonriendo’, dijo el élder Nash.

“‘Sí’, dijo ella, ‘he orado y estoy en paz. Tenemos todo lo que necesitamos; nos tenemos el uno al otro, tenemos a nuestros hijos, estamos sellados en el templo, tenemos esta maravillosa Iglesia y tenemos al Señor; la podemos volver a construir con la ayuda del Señor’…

“¿Cómo es que el hacer convenios con el Señor y guardarlos nos da el poder de sonreír en medio de las dificultades, de convertir la tribulación en triunfo…?”.

“La fuente es Dios; obtenemos ese poder mediante los convenios que hacemos con Él”4.

Considere lo siguiente

¿Cómo nos fortalecen y nos dan poder las ordenanzas y los convenios del templo?

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | 2 comentarios

Nuestro Padre, nuestro Mentor

Junio de 2016
Nuestro Padre, nuestro Mentor
Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Dieter F. Uchtdorf¿Alguna vez han abierto una caja que contenía piezas para armar, han sacado las instrucciones de montaje y han pensado: “Esto no tiene ningún sentido”?

En ocasiones, a pesar de nuestras mejores intenciones y de la confianza que tengamos en nosotros mismos, sacamos una pieza y nos preguntamos: “¿Para qué sirve esto?” o “¿Dónde va?”.

Nuestra frustración aumenta cuando miramos la caja y vemos una nota que dice: “Requiere montaje — para niños mayores de 8 años”. Dado que seguimos sin tener ni idea de cómo armarlo, eso no incentiva nuestra confianza ni nuestra autoestima.

man with a mapA veces, tenemos una experiencia similar con el Evangelio. Al observar alguna de sus partes, puede que nos rasquemos la cabeza y nos preguntemos para qué sirve; o, al examinar otro fragmento, tal vez nos demos cuenta de que, aun después de esforzarnos por entenderlo por completo, simplemente no llegamos a comprender por qué se incluyó esa pieza.

Nuestro Padre Celestial es nuestro Mentor

Afortunadamente, nuestro Padre Celestial nos ha dado instrucciones maravillosas para estructurar nuestra vida y armar la mejor versión de nosotros mismos. Esas instrucciones sirven independientemente de nuestra edad o de nuestras circunstancias. Él nos ha dado el Evangelio y la Iglesia de Jesucristo. Nos ha dado el plan de redención, el Plan de Salvación, a saber, el plan de felicidad. No nos ha dejado solos con todas las incertidumbres y los desafíos de la vida, diciendo: “Aquí están; buena suerte. Arréglenselas”.

Si tan solo fuéramos pacientes y mirásemos con un corazón humilde y una mente abierta, veríamos que Dios nos ha dado muchas herramientas a fin de que entendamos mejor Sus exhaustivas instrucciones para ser felices en la vida: Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | Deja un comentario

De acuerdo con sus deseos

Abril de 1985
De acuerdo con sus deseos
Por el élder Dean L. Larsen
De  la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

Dean L. LarsenEn varias oportunidades he escucha­do algunas versiones de una histo­ria que se supone se basa en hechos reales, y que va más o menos así: Un hombre de cierta edad se acercó a con­versar con uno de los guías en uno de los centros para visitantes de la Iglesia. Le dijo que era miembro de la Iglesia pero que había estado fuera de ella desde su juventud. Le contó que una vez fue expulsado de su clase de la Escuela Dominical por mala conducta, y que desde entonces no había vuelto a entrar en un edificio de la Iglesia. Ade­más, le contó que ni sus hijos, ni sus nietos, ni sus bisnietos eran miembros de la Iglesia, y entre todos sumaban más de cien personas.

Cada vez que he escuchado esta his­toria ha sido generalmente para ilustrar las consecuencias nefastas que resulta­ron debido a un momento violento que tuvo un oficial de la Escuela Domini­cal; sin embargo, nunca escuchamos el otro lado de la historia, el del oficial de la Escuela Dominical, ni tampoco to­mamos en consideración la responsa­bilidad del joven por su propia con­ducta y por esos años de rencor y amargura inflexibles que han envene­nado no sólo su propia vida sino tam­bién la de tantos de sus descendientes.

La historia está llena de tragedia, y ¿quién es el responsable de ella, y có­mo se podía haber evitado?

Cuando tengo oportunidades de vi­sitar las estacas de la Iglesia, a menudo escucho informes de los problemas que afrontan los maestros de los jóve­nes y señoritas en sus clases de la Es­cuela Dominical, de las Mujeres Jóve­nes y de los quórumes del Sacerdocio Aarónico. He, sabido de casos en que el llamamiento de maestros es una co­sa tan regular, que para los líderes del sacerdocio es un verdadero problema encontrar quién los reemplace. Estas circunstancias generalmente se dan a conocer para demostrar cuánto necesi­ta la Iglesia un programa eficaz para preparar adecuadamente a los maes­tros. Es obvio que esa necesidad exis­te, pero me opongo a la idea de que la responsabilidad completa de estas de­sagradables situaciones recaiga sola­mente en los maestros.

Durante muchos años he vivido con el recuerdo de una experiencia que su­cedió en mi propia vida, mientras tra­bajaba en una comunidad donde la Iglesia tenía un programa completo de seminarios en un edificio adyacente al de enseñanza secundaria. A mediados del año escolar se produjo una vacante en el profesorado debido a los proble­mas de salud de uno de los maestros, y se me extendió la invitación para ense­ñar esas clases diariamente durante un tiempo hasta que pudieran encontrar un maestro permanente. En muchos respectos, fue una experiencia agrada­ble que a menudo recuerdo con cariño. En una de las clases, sin embargo, ha­bía un joven que resultó ser una verda­dera prueba para mí. Estaba en su últi­mo año de secundaria, era brillante y talentoso, y era obvio que contaba con gran popularidad entre los demás estu­diantes, además de ejercer una influen­cia considerable entre ellos. Lamenta­blemente su conducta en las clases de seminario era por lo general irreveren­te. Buscaba la atención de sus compa­ñeros y generalmente la obtenía como resultado de su mal comportamiento durante la clase.

En repetidas oportunidades me sen­tía frustrado cuando la atmósfera que trataba de establecer para analizar y aprender cosas espirituales era distor­sionada por las payasadas de este jo­ven que buscaba la atención de los demás alumnos. Tuvimos varias entre­vistas personales que no ayudaron en lo absoluto, y aun cuando durante ellas mostraba estar de acuerdo conmigo, tan pronto llegaba a la siguiente clase se volvía a comportar como de cos­tumbre. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | 1 comentario

La enseñanza por medio del Espíritu

Mayo de 1985
La enseñanza por medio del Espíritu
Por el élder Loren C. Dunn
Del Primer Quórum de los Setenta

Loren C. DunnEnseñar el evangelio por el Espíritu es la primera responsabilidad de cada maestro de la Iglesia.

Esta semana un joven piloto rural de la comunidad de Yellowknife en los Territorios Noroestes de Canadá se prepara reverentemente para enseñar a su quorum del sacerdocio el domingo. Un empleado de oficina en Darwin, Australia, se ha puesto de acuerdo con su compañero para hacer sus visitas como maestros orientadores. Dos mi­sioneros en Tokio, Japón, están a pun­to de enseñar una lección a un investi­gador, y una ama de casa en Stuttgart, Alemania, prepara con entusiasmo su siguiente clase de la Primaria.

Miles de personas, desde un confín de la tierra hasta el otro, virtualmente un ejército de hombres y mujeres, los maestros de la Iglesia, se encuentran efectuando un trabajo de gran impor­tancia. Cada uno ha aceptado un lla­mamiento de enseñar el evangelio: a miembros y no miembros, a niños y jóvenes, a hombres y mujeres en cada estaca y distrito, cada barrio y rama en toda la Iglesia.

No podemos elogiar suficientemen­te a estos fieles maestros por el benefi­cio que proporcionan. No simplemente transmiten información; su llamamien­to es mucho más grande que eso. Ellos enseñan el evangelio por el poder del Espíritu. Fortalecen a quienes les escu­chan, inspirándolos a hacer buenas obras. El Señor nos ha mostrado la si­tuación ideal para la enseñanza:

“Al estar reunidos os instruiréis y os edificaréis unos a otros, para que se­páis cómo conduciros.” (D. y C. 43:8.) Instruir es una cosa, mas ins­truir y edificar es algo más. Edificar sería instruir por el poder del Espíritu. Cuando una persona edifica o enseña por el Espíritu, instila en los que lo escuchan el deseo de superarse, de ac­tuar a la par con lo que se les ha ense­ñado.

Enseñar el evangelio por el Espíritu es, pues, la primera responsabilidad de cada maestro de la Iglesia. El mundo, al enseñar de acuerdo con los precep­tos de los hombres, simplemente inter­cambia información interesante o he­chos adicionales. Pero cuando uno enseña por el Espíritu, la experiencia es diferente: es una comunicación a las almas de aquellos que lo escuchan. Tanto el orador como el escuchante terminan edificados e iluminados. Hay un sentimiento interior de gozo y de querer vivir mejor.

El maestro de la Iglesia puede pre­pararse en diferentes formas. Entre ellas están el inscribirse en el curso básico del programa de desarrollo del maestro y seguir las instrucciones y ayudas que se encuentran en cada uno de los manuales de la Iglesia. Sin em­bargo, la preparación más importante del maestro es espiritual y debe efec­tuarse individualmente. Se nos ha di­cho: “Y si no recibís el Espíritu, no enseñaréis.» (D. y C. 42:14.) Esto se puede aplicar de dos maneras. Prime­ro, a fin de aceptar el llamamiento de enseñar el evangelio, debemos bauti­zarnos y recibir el don del Espíritu Santo, el cual es la fuente de la verdad. Segundo, debemos vivir, actuar y orar de tal manera que el don del Espíritu pueda ser una fuerza viva en nuestras vidas, la cual, a su vez, nos edificará y fortalecerá a nosotros así como a aque­llos a quienes hemos sido llamados a enseñar. Y para confirmar esto, el Se­ñor, contestando la pregunta “¿A qué se os ordenó?”, replicó: “A predicar mi evangelio por el Espíritu, sí, el Consolador que fue enviado para ense­ñar la verdad.” (D. y C. 50:13-14.)

Este parece ser el mandato de las Escrituras para todos los que enseñan en la Iglesia. Su importancia se ve realzada unos versículos después cuan­do el Señor dice: “El que es ordenado por mí y enviado a predicar la palabra de verdad por el Consolador,. . . ¿La predica por el Espíritu de verdad o de alguna otra manera?

«Y si es de alguna otra manera, no es de Dios.” (D. y C. 50:17-18.) Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | Deja un comentario

Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía

5 de noviembre de 1983
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía”
Por el presidente Gordon B. Hinckley
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Discurso pronunciado el 5 de noviembre de 1983 ante los alumnos universitarios de la Iglesia en el Instituto de Religión de Salt Lake.

Gordon B. Hinckley

Sufrimos el temor al ridículo, el temor al fracaso, el temor a la soledad, el temor a la ignorancia.
Andemos con confianza y con tranquila dignidad en nuestra convicción concerniente a Jesucristo, nuestro Salvador y Redentor.

Durante mis viajes por del mundo, y durante el transcurso de mi vida, he conocido a mucha gente que se ha enfrentado a problemas y a aflic­ciones que les perturban. A modo de respuesta ante esas preocupaciones, a menudo he recordado algunas palabras escritas ya hace mucho tiempo por el apóstol Pablo. En esa época probable­mente era prisionero en Roma, listo “para ser sacrificado” como él lo dijo (2 Timoteo 4:6). Había sido gran mi­sionero, incansable en compartir su testimonio, celoso en su deseo de dar a conocer al Señor resucitado. Sabía que sus días estaban contados, y con gran fe escribió a uno de sus compañeros menores, Timoteo, a quien describe como “amado hijo”:

“Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti. . .
“Porque no nos ha dado Dios espíri­tu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2 Timoteo 1:6-7.)

¿Quién de entre nosotros puede de­cir que no ha sentido miedo? No sé de nadie que no lo haya sentido; algunos, por supuesto, lo experimentan a un ni­vel más elevado que otros. Algunos son capaces de sobreponerse a él rápi­damente, mientras que otros se sienten atrapados y agobiados al grado de que los llega a vencer. Sufrimos el temor al ridículo, el temor al fracaso, el temor a la soledad, el temor a la ignorancia. Algunas personas le temen al presente, otras al futuro; algunos llevan consigo la carga que les impone el pecado y estarían dispuestos a dar casi cualquier cosa por deshacerse de esa carga, pero temen cambiar sus vidas. Reconozca­mos que el temor no viene de Dios, sino que más bien ese elemento tortu­rador y destructivo viene del adversa­rio de la verdad y la justicia. El temor es lo opuesto a la fe; es corrosivo y hasta mortal en sus efectos.

“Porque no nos ha dado Dios espíri­tu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”

Estos principios son los antídotos contra el temor que mina nuestra forta­leza y a veces nos lleva a la derrota; ellos nos dan poder.

¿Qué poder? El poder del evangelio, el poder de la verdad, el poder de la fe, el poder del sacerdocio.

El año pasado gran parte del mundo cristiano conmemoró los quinientos años del nacimiento de Martín Lutero, a quien honramos como a uno de los ilustres y valientes predecesores de la Restauración. Amo la letra de su mag­nífico himno:

Es un baluarte nuestro Dios de protección completa.
Es un socorro nuestro Dios, los males El sujeta.
Supremo su poder, rescata a todo ser.
Con potestad obró, y todo Él lo creó, y para siempre reinará.

Sentimos una gran fortaleza al saber que tanto vosotros como yo somos hi­jos e hijas de Dios; llevamos en nues­tro interior algo divino. El que tiene este conocimiento y permite que influ­ya en su vida no se degradará a hacer cosas malas, bajas o de mal gusto.

Esforcémonos por desarrollar esas cualidades divinas. Por ejemplo, no debemos temer al ridículo a causa de nuestra fe. Todos, en alguna oportuni­dad, hemos sentido algo de este tipo de ridículo, pero existe en nuestro interior un poder que se puede sobreponer al ridículo, y que, inclusive, puede trans­formarlo en algo positivo. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado | 1 comentario

Hijos de Dios

28 de febrero de 1976.

Hijos de Dios

Por el presidente Marion G. Romney
Primer Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyPor mi mente pasan muchos pensa­mientos al meditar sobre las palabras del himno de la Iglesia, “Soy un hijo de Dios”:

Soy un hijo de Dios,
Por El enviado aquí;
Me ha dado un hogar y padres Caros para mí.
Soy un hijo de Dios, no me desamparéis;
A enseñarme hoy su ley.
Precisa que empecéis.
Soy un hijo de Dios,
Y galardón tendré,
Si cumplo con su ley aquí,
Con El vivir podré.

Coro:
Guiadme, enseñadme por sus vías a marchar,
Para que algún día yo con Él pueda morar.
(Canta Conmigo, B-76).

El concepto de este himno, que “soy un hijo de Dios”, no es un concepto nuevo. En su famoso discurso en el Areópago, Pablo les declaró a los ate­nienses que somos “linaje” de Dios. (Hechos 17:28.) En tiempos moder­nos, en la revelación que se encuentra registrada en la sección 76 de Doctrina y Convenios, el profeta José Smith di­jo que los “habitantes [de los mundos] son engendrados hijos e hijas para Dios”. (Versículo 24.)

A menudo me he preguntado en lo que pensamos cuando repetimos esa declaración verdadera tan clara y sim­ple, “Soy un hijo de Dios”. Sabemos que la declaración no significa que Dios es el padre de nuestros cuerpos físicos y tangibles, ya que sabemos que éstos son el producto de nuestros  padres y madres terrenales, por lo tan­to, ¿qué es lo que realmente queremos decir cuando cantamos o decimos: “Soy un hijo de Dios”? Para dar res­puesta a la pregunta, debemos primero entender que el Señor le reveló al pro­feta José Smith que nosotros los seres humanos somos almas; es decir que somos seres duales. El término dual significa dos. Un objeto dual significa que está compuesto de dos partes. El alma humana, cada uno de nosotros, está compuesta de dos partes: el cuer­po espiritual y el cuerpo físico. Fue el Señor mismo quien dijo “que el espíri­tu y el cuerpo son el alma del hombre” (D. y C. 88:15). En consecuencia, son nuestros espíritus, y no nuestros cuer­pos físicos, los que fueron engendra­dos por Dios.

En el Libro de Mormón encontra­mos una descripción de la forma y la naturaleza de un espíritu que aún no había recibido un cuerpo físico. Este relato, que se encuentra en el Libro de Eter, es para mí uno de los relatos o verdades más patentes que se encuen­tra en las Escrituras.

Recordamos que el Señor guio des­de la Torre de Babel al hermano de Jared y a sus asociados. Cuando llega­ron al mar, el Señor les dijo que lo atravesaran, de modo que construye­ron ocho barcos. Estaban listos para embarcarse; pero debido a que las na­ves estaban sumamente ajustadas, que­darían en la obscuridad.

Por consiguiente, el hermano de Ja- red, con una fe más grande que la de otros hombres, le suplicó al Señor que les diera luz. El Señor le contestó: «¿Qué quieres que yo haga?”

Entonces el hermano de Jared se fue y fundió dieciséis piedras de una roca. Las llevó al monte —siempre me sien­to conmovido al pensar en este hombre solo en la cima de un monte con dieci­séis piedras— y le pidió al Señor que las tocara para que produjeran luz; lue­go las colocaría en los barcos.

El hermano de Jared tenía tanta fe que el Señor “extendió su mano y tocó las piedras, una por una, con su dedo.

Y fue quitado el velo de ante los ojos del hermano de Jared, y vio el dedo del Señor; y era como el dedo de un hom­bre, a semejanza de carne y sangre; y el hermano de Jared cayó delante del Señor, porque fue herido de temor. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario