Noviembre de 1978
Por qué edificamos templos
por el élder Mark E. Petersen
del Consejo de los Doce
Al visitar los templos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días o al contemplar fotografías de los mismos, ¿os habéis preguntado acaso por qué construimos estos edificios?
Esos templos son diferentes de cualquier otro que se edifique en el mundo. Naturalmente, hay muchos otros grupos que han edificado hermosas estructuras, a algunas de las cuales han llamado “templos”; pero ninguna de éstas ha cumplido ni cumple con el propósito y las funciones de los templos de los mormones.
¿Por qué edificamos estos templos los Santos de los Últimos Días? ¿Cómo los usamos? ¿Se hacen para llevar a cabo asambleas de adoración, o rituales? ¿Qué sucede dentro de un templo? ¿Qué ha llevado a los Santos de los Últimos Días a invertir su tiempo, esfuerzo y dinero para levantar estos edificios?
Durante más de un siglo, los santos han llevado a cabo la obra de construir templos; esta obra comenzó con el profeta José Smith, quien edificó dos y proyectó dos más en los Estados Unidos. AI emigrar hacia el Oeste, los santos la continuaron y en el período de unos años construyeron cuatro templos en el Estado de Utah. Desde entonces se han edificado muchos otros en distintas partes del mundo.
Los miembros de la Iglesia han levantado templos en buenos y malos tiempos, en medio de la pobreza y la aflicción, pero siempre con un espíritu de gratitud y devoción porque han considerado que estaban obedeciendo la voluntad del Señor.
Los Santos de los Últimos Días declaramos que por medio del profeta José Smith, se restauró a la tierra la plenitud del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Al hablar de “plenitud”, nos referimos al evangelio completo, o sea, que todos los detalles del evangelio de la antigüedad, fueron dados al hombre de nuestra época por medio de esa restauración.
En los tiempos bíblicos, había edificios santos donde se administraban las sagradas ordenanzas pertinentes a la salvación espiritual del antiguo Israel; éstos no eran sinagogas ni ningún otro tipo de casa de adoración, sino que se construían especialmente con el propósito de llevar a cabo dichas ordenanzas. En las épocas en que el pueblo anduvo a través del desierto, usaba un tabernáculo portátil, al que llamaban “Templo del Señor”; a uno de éstos fue a orar la madre de Samuel para pedirle a Jehová que le concediera un hijo (1 Sam. 1:9). Cuando el pueblo de Israel dejó de andar errante y obtuvo un gobierno estable, edificó en Jerusalén un glorioso templo que substituyó a dicho tabernáculo.
Siguiendo la tradición de los tiempos bíblicos, en nuestra época el Señor nos ha provisto nuevamente con estas ordenanzas para la salvación de todos aquellos que creen, y nos dirige para que construyamos templos en los cuales se puedan llevar a cabo esos ritos sagrados.
Antiguamente, a fin de obtener la salvación, era necesario hacer dos cosas:
- Llevar la vida limpia que describen los mandamientos del Señor.
- Participar en las ordenanzas de salvación administradas por Sus siervos autorizados.
Aunque algunas de dichas ordenanzas podían llevarse a cabo en cualquier sitio, otras eran tan sagradas que el Señor requería que se realizaran en un lugar especialmente destinado para ese fin, como el tabernáculo o templo movible de los primeros tiempos, o el grandioso templo que lo reemplazó después. En dicho lugar, el Sacerdocio realizaba los solemnes ritos. Allí no podía entrar cualquiera, sino solamente aquellos que habían probado ser dignos; y los que entraban sin autorización, sufrían las consecuencias de la ira del Señor. Las solemnes ordenanzas no se daban a conocer al mundo porque eran demasiado sagradas, y solamente los elegidos y los fieles podían participar en ellas.
Al ser restaurado el evangelio en estos últimos días por medio del profeta José Smith, también fueron restauradas dichas ordenanzas y la obligación de construir templos. El Profeta enseñó a los Santos de los Últimos Días que podrían alcanzar la gloria celestial en el mundo eterno, pero que sólo lo lograrían obedeciendo la ley celestial.
Hablando a los santos en abril de 1844, el profeta José Smith les dijo que las ordenanzas del templo, tal como él se las presentaba, eran tan importantes, que “sin ellas no podremos alcanzar tronos celestiales. Pero debe haber un lugar especialmente preparado para ese propósito” (History of the Church, 6:318-320). Seguir leyendo
































