Conferencia General de Abril 1962
Donde Está Tu Tesoro

por el Presidente Henry D. Moyle
Primer Consejero en la Primera Presidencia
Hermanos, es un placer estar aquí. Cuando estamos en la Iglesia y somos miembros de ella, pertenecemos al cuerpo de Cristo, y no hay necesidad de que busquemos nada fuera de ella. Creo que esto es precisamente lo que el Presidente Brown ha dicho de una manera más enfática.
“No tenemos necesidad de involucrarnos en las cosas del mundo; no tenemos necesidad de unirnos a otras organizaciones que son contrarias o que no están en armonía con esta Iglesia…
“¡Serviremos al Señor! Que el mundo que muere vaya a su tumba si así lo quiere. Que los impíos que están siendo atados en haces vayan a la quema si no se arrepienten, pero en cuanto a nosotros, con todo lo que somos y con todo lo que tenemos, deberíamos estar en esta Iglesia, en cuerpo y espíritu, en toda capacidad, y no debería haber ninguna necesidad ni deseo en nosotros de salirnos del camino angosto y estrecho, el único camino que conduce a la presencia del Padre Eterno y al don de la vida eterna…
“No tenemos necesidad de nada más. En los problemas que están por venir—porque el mundo está ahora amenazado con problemas, conflictos y divisiones que traerán miseria, dolor y destrucción a muchas almas—que nuestro lugar esté en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en el orden del Santo Sacerdocio, y no necesitamos unirnos a otras órdenes que quiten parte de nuestro tiempo, nuestra influencia, y nuestros recursos y nos impidan dedicarnos por completo a la obra del Señor…
“Oh, mis hermanos y hermanas, ¿por qué desperdiciar su tiempo, sus talentos, sus recursos, su influencia en seguir algo que perecerá y desaparecerá, cuando podrían dedicarse a algo que perdurará para siempre? Porque esta Iglesia y reino, al cual pertenecen, permanecerá y continuará en el tiempo y en la eternidad, mientras los siglos infinitos avanzan, y ustedes con él se harán más poderosos y fuertes, mientras las cosas de este mundo pasarán y perecerán, y no permanecerán en ni después de la resurrección, dice el Señor nuestro Dios.” (Pres. Charles W. Penrose, Informe de la Conferencia, junio de 1919, págs. 36-37.) Seguir leyendo

por el Obispo John H. Vandenberg

































