Conferencia General Abril 1993
La oración
Elder David E. Sorensen
De los Setenta
«La acción de orar en si tiene la capacidad de purificarnos y cambiarnos, tanto si lo hacemos individualmente como en grupo.»
Cuando nuestros hijos mayores eran todavía pequeños, vivíamos en una calle de mucho tráfico, en Salt Lake City. Mi esposa, Verla, y yo estábamos preocupados por el peligro que ello representaba para nuestros hijos, y empleábamos cualquier oportunidad para recalcarles la importancia de no estar en la calle. Por otra parte, esa era una época en que estábamos también enseñándoles sobre los templos y la condición eterna de la familia. Así que, en sus oraciones, por lo general pedían lo siguiente: «Ayúdanos a casarnos en el templo y a no estar en la calle».
Un día, cuando los hijos de unos vecinos se habían ido a su casa, después de jugar con los nuestros, la madre llamó a mi esposa para contarle que uno de sus niños, después de oír una oración en nuestra casa, había ofrecido esta variante al decir la oración con su familia: «Ayúdanos a no estar en el templo y a casarnos en la calle».
Espero que esa oración en particular no se haya recibido exactamente de la manera en que fue dicha, pero de todos modos tengo un fuerte testimonio de la importancia de la oración para dar significado a nuestra vida.
En el Libro de Mormón vemos que el Salvador hace gran hincapié en la oración; repetidamente oró por los nefitas y con ellos, y después de hacerlo, los exhortó a seguir Su ejemplo, diciendo:
«De cierto, de cierto os digo que debéis velar y orar siempre, no sea que el diablo os tiente, y seáis llevados cautivos por él.
«Y así como he orado entre vosotros, así oraréis en mi iglesia, entre los de mi pueblo que se arrepientan y se bauticen en mi nombre. He aquí, yo soy la luz; yo os he dado el ejemplo» (3 Nefi 18:15-16; véase también 3 Nefi 18:24, 19:17-34 y 27:21).
Más aún, Cristo exhortó a los nefitas por lo menos diez veces a orar al Padre en Su nombre (3 Nefi 18:19; véase también 3 Nefi 13:6-9, 14:11, 17:3, 18:20-21 y 23, 20:31, 21:27, 27:2-7, 9 y 28). Seguir leyendo












Élder Boyd K. Packer
























