El templo del Señor

Conferencia General Abril 1993

El templo del Señor

Thomas S. MonsonPresidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

«El presidente Benson siempre ha amado los templos y la obra de los templos… el y la hermana Benson asistían cada viernes para participar en una sesión».

Mis amados hermanos y hermanas, se acostumbra que el presidente de la Iglesia inaugure cada conferencia, salude a los santos de todo el mundo y establezca la dignidad del momento. Debido a que al presidente Benson no le. es posible acompañarnos, respondo a la invitación que me ha hecho de hablar en su nombre. En su mayor parte, repetiré sus mismas palabras.

El miércoles pasado, el presidente Hinckley y yo visitamos al presidente Benson. Nos saludó amablemente, con esa sonrisa que a todos tanto nos gusta y nos hizo sentir muy bienvenidos. Cuando el presidente Hinckley le explicó los planes de la conferencia y le preguntó si era su deseo que siguiéramos adelante con el  programa e hiciéramos llegar su amor a todos, respondió con un firme «¡Sí!» Nosotros entendemos su interés, compartimos su amor.

Les traemos sus bendiciones. Este gigante del Señor merece nuestras oraciones constantes y nuestra fe permanente.

El viernes 26 de marzo mi esposa y yo asistimos y participamos en la ceremonia formal de dedicación de una magnifica exposición en el museo, al lado oeste de la Manzana del Templo. Se intitula: «La montaña de la Casa del Señor» y representa una historia fascinante de los cuarenta años que se requirieron para la construcción del Templo de Salt Lake. De acuerdo con las posibilidades que tengan, les recomiendo a todos ustedes que visiten esa exposición y disfruten de su espíritu. El jueves 6 de abril el Templo de Salt Lake celebrara su cumpleaños: habrán pasado cien años desde aquel día glorioso en que se dedicó.

Mientras visitaba la exposición, un reportero me preguntó: «¿Cree que al presidente Benson le gustaría esta exposición?» Mi respuesta fue «¡Le encantaría!»

El presidente Benson siempre ha amado los templos y la obra de los templos. Cuando se sentía mejor, el y la hermana Benson asistían cada viernes para participar en una sesión, y en esas oportunidades sabíamos que debíamos postergar la reunión de los miembros de la Primera Presidencia. Una mañana comente que debía encontrar tiempo para hacer la obra por algunos familiares cuyos nombres tenia ya preparados. Con una sonrisa y cierta picardía en la mirada, el presidente dijo: «Hermano Monson, si usted esta muy ocupado, ¿por que no deja que mi esposa y yo le hagamos esa obra?» De mas esta decir que encontramos tiempo para hacerla nosotros mismos. Seguir leyendo

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El Señor de vida

Conferencia General Abril 1993

El Señor de vida

J. Richard ClarkeÉlder J. Richard Clarke
De la Presidencia de los Setenta

«Por medio de Jesucristo podemos volver a nacer. Podemos cambiar; podemos cambiar completamente y podemos mantener ese cambio en nuestra vida.»

La primavera en Utah nos anticipa que la vida se renueva. La Pascua se aproxima y, nuevamente, meditamos en la Resurrección y en el plan de salvación de nuestro Padre.

Los milagros de la naturaleza y el evangelio se unen para recordarnos que el Señor de la Vida es un Dios de milagros.

Para muchos, quizás el milagro mas espectacular seria el ver resucitar a alguien. Las Escrituras describen el gozo supremo de las viudas de Sarepta y Naín cuando vieron que sus hijos muertos eran restaurados a la vida. El episodio mas impresionante sucedió cuando el Salvador fue al sepulcro de Su querido hermano, Lázaro, que había muerto hacia cuatro días. El pidió a los que le acompañaban que retiraran la piedra que cubría la entrada de la tumba y «clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas» (Juan 1 1:43-44)-

El profeta José Smith nos ha dejado un profundo pensamiento que quiero parafrasear como una pregunta: ¿No es el hecho de que podemos levantarnos de los muertos tan maravilloso como lo es el de poder renacer espiritualmente?

Juan el Apóstol enseñó que la mayor manifestación del amor de nuestro Padre Celestial por nosotros fue que «envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por el».

Pocos entendieron esto durante Su ministerio. El intelctual Nicodemo quedo asombrado con los milagros de Jesús; pero aun con todo el conocimiento que tenia de las Escrituras, no pudo entender la doctrina del renacimiento espiritual, la transformación del alma humana, lo que significa volver a nacer.

La naturaleza nos proporciona algunos paralelos sorprendentes. El fallecido productor cinematográfico, Cecil B. DeMille, relató esta experiencia: Seguir leyendo

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El principio del trabajo

Conferencia General Abril 1993logo 4
El principio del trabajo
Elder F. David Stanley
De los Setenta

F. David Stanley«La segunda milla del esfuerzo concienzudo es la que establece la diferencia que existe entre el júbilo da la victoria y la resignación de la mediocridad.»

Hace mas de seis mil años, Adán recibió el siguiente mandamiento:

«Con el sudor de tu rostro comerás el pan» (Génesis 3; 9).

Hace unos dos mil setecientos años, un poeta griego dijo que previo a la excelencia, los dioses inmortales habían puesto el sudor, y que el camino que conduce a ella es largo y empinado (véase John Bartlett, Familiar Quotations, [Little, Brown y Compañía: Boston, Toronto, 1968], pág. 67).

Mis jóvenes amigos del Sacerdocio Aarónico y ustedes, quienes capacitan a este gran ejercito de Cristo, el principio del trabajo se ha enseñado desde la fundación del mundo y es fundamental para continuar teniendo éxito. Es alarmante ver cómo el trabajo se va desvaneciendo como parte de nuestra base ética. Constantemente oímos a los jóvenes decir frases como: «Es muy difícil», «Quiero hacer algo más fácil», «Lo quiero ahora», «No quiero esperar tanto». La desagradable enfermedad del ocio se está expandiendo en forma epidémica entre nosotros; está socavando la estructura básica de nuestras naciones. El profeta Ezequiel definió claramente a la iniquidad como la «abundancia de ociosidad» (Ezequiel 16:49).

Debemos recordar que lo que somos se lo debemos a nuestros antecesores, que no le tuvieron miedo al trabajo arduo y honrado. Ellos comprendieron que para subsistir era preciso trabajar con ahínco. Una de las cosas que todos los que logran el éxito tienen en común es que saben que para alcanzarlo hay que pagar el precio correspondiente. Un elemento básico en la fórmula para pagar el precio estipulado es la firme determinación que hace decir a la gente: «Me esforzare con integridad para lograr mi meta».

El trabajo arduo es una bendición de Dios, y, para lograrlo, hay que esforzarse «con todo [nuestro] corazón, alma, mente y fuerza» (D. y C. 4:2). Y es precisamente ahí donde yace la diferencia entre la mediocridad y la excelencia. Seguir leyendo

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El poder para cambiar

EL PODER PARA CAMBIARlogo 4
Por el presidente James E. Faust (1920–2007)
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

James E. FaustEl presidente Faust preparó este artículo en los meses anteriores a su fallecimiento, que tuvo lugar el 10 de agosto de 2007.

A cada uno de nosotros se le ha dado el poder para cambiar nuestra vida. Como parte del gran plan de felicidad del Señor, contamos con el albedrío personal para tomar decisiones, por lo que podemos decidir ser mejores y hacer mejor las cosas. Todos tenemos que cambiar en algo; es decir, algunos de nosotros tenemos que ser más amables en casa, menos egoístas, escuchar mejor y ser más considerados en el modo como tratamos a los demás. Algunos tenemos hábitos que precisamos cambiar, hábitos que nos dañan a nosotros mismos y a los que nos rodean. En ocasiones, quizá necesitemos una sacudida que nos impulse a cambiar.

Saulo tuvo un cambio dramático cuando iba camino a Damasco. Saulo había estado “respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor” (Hechos 9:1). Mientras iba a Damasco, le rodeó un resplandor de luz del cielo.

“Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
“Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues” (Hechos 9:4–5).

Quizá el corazón de Saulo se ablandó cuando la muchedumbre echó a Esteban de la ciudad y lo apedreó y puso su ropa a los pies de Saulo. Pero no tuvo duda alguna en el camino a Damasco cuando escuchó la voz del Señor que le decía: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”.

“Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer” (Hechos 9:6). Cuando Saulo se levantó, estaba ciego y fue necesario que lo llevaran a Damasco, donde se le restauró la vista y fue bautizado. Inmediatamente comenzó a predicar “a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios” (Hechos 9:20). Saulo, que después llegó a ser conocido como Pablo, experimentó un cambio que fue total, absoluto, completo y firme hasta el momento de su muerte.

El cambio por medio de la conversión

Sin duda, ustedes no han tenido una experiencia como esa, ¡ni yo tampoco! La conversión para la mayoría de nosotros es mucho menos dramática, pero debiera ser igualmente convincente y significativa. Los nuevos conversos a la Iglesia generalmente tienen un sentimiento espiritual cuando se bautizan. Uno de ellos lo describió de la siguiente manera: “Nunca olvidaré la emoción dentro de mi alma; estar limpio, comenzar nuevamente como un hijo de Dios… ¡Fue un sentimiento tan especial!” 1 . Seguir leyendo

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El porque del guardar los mandamientos

Conferencia General Abril 1993

El porqué del guardar los mandamientos

M. Russell BallardÉlder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

«Se engañan a ustedes mismos si piensan que pueden quebrantar las promesas que han hecho al Padre Celestial y no sufrir los consecuencias.»

En esta ocasión deseo hablar principalmente a los jóvenes y a las jóvenes de la Iglesia. Ruego que el Espíritu me ayude a inspirarles para que deseen llevar una vida recta.

Algunos de ustedes quizá no comprendan bien el plan de nuestro Padre Celestial y no se den cuenta cabal de lo importante que es llevar una vida moralmente limpia para tener paz, felicidad y una sólida propia estimación. Si lo comprenden, las verdades del evangelio les brindaran la guía que precisan para ser dignos miembros de la Iglesia. Si aceptan los principios básicos del evangelio y resuelven vivirlos, tendrán la comprensión espiritual indispensable para ser hombres y mujeres jóvenes de pureza, integridad y fe.

Lamentablemente, vivimos en un mundo en el que abundan los tóxicos morales de todo tipo, entre ellos, las drogas, la violencia, el lenguaje soez, las publicaciones pornográficas, los videocasetes, las películas y los programas de televisión que fomentan el concepto de que las relaciones sexuales ilícitas son un proceder normal. Y hay actualmente en los Estados Unidos un candente debate sobre si el escoger el aborto es aceptable.

En medio de esas dificultades, es preciso que tengan presente que no se encuentran solos para hacerles frente, ya que hay personas que les aman y desean que sean felices. Nosotros deseamos lo mejor para ustedes. Mas que nadie, su Padre Celestial les ama y desea que tengan regocijo y alegría. El ha hecho promesas extraordinarias a Sus hijos fieles que le aman, que se bautizan y guardan Sus mandamientos.

Cuando ustedes entraron en las aguas del bautismo, hicieron al Señor la promesa de que «se humillarían ante Dios… y testificarían ante la iglesia que se han arrepentido verdaderamente de todos sus pecados, y que están dispuestos a tomar sobre ustedes el nombre de Jesucristo, con la determinación de servirle hasta el fin, y verdaderamente manifestarle por sus obras que han recibido del espíritu de Cristo para la remisión de sus pecados» (D. y C. 20:37). Por tanto, quedaron obligados por convenio a  manifestar «por su comportamiento y conversación según Dios, que son dignos… andando en santidad delante del Señor» (D. y C. 20:69). Seguir leyendo

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El poder de los principios correctos

Conferencia General Abril 1993logo 4
El poder de los principios correctos
Elder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Elder Richard G. Scott«A pesar de que son fáciles de encontrar, los principios verídicos no son fáciles de seguir a menos que formen parte de un estilo de vida establecido.»

Casi todas las semanas, durante unas horas, tengo una experiencia que me deja profundamente conmovido y lleno de gratitud, admiración y confianza en el futuro. Como parte del proceso que emplea la Primera Presidencia para llamar misioneros regulares, por medio de la inspiración, algunos de los Apóstoles examinan todas las semanas entre quinientas y ochocientas recomendaciones que vienen de todas partes del mundo. La vida de cada uno de los candidatos es una reseña de sacrificio, devoción, testimonio y fe.

Nuestro programa misional deja perplejos a los que no entienden las raíces espirituales que tenemos, pues no pueden comprender que las jóvenes estén dispuestas a dedicar un año y medio, y los muchachos dos años de su vida, para enseñar principios religiosos, con un horario estricto y las normas mas elevadas de disciplina personal, al mismo tiempo que renuncian a su vida social y a otros intereses privados. Tampoco pueden figurarse por que esos jóvenes trabajan para pagarse la misión, a veces con la ayuda de familiares y amigos, cuando no les es posible elegir a dónde ni con quien irán a prestar servicio.

A estos jóvenes se unen matrimonios maduros, que dejan atrás una casa cómoda, nietos y vida social, y algunos hasta lo hacen varias veces, para ir a vivir a lugares remotos del mundo en circunstancias muy modestas. Muchos de ellos tienen que aprender otro idioma y pasar por la experiencia de costumbres muy diferentes, aceptando dificultades que no están seguros de poder vencer. Sin embargo, esos jóvenes y esos matrimonios vuelven del servicio prestado con gran sacrificio personal agradeciendo al Señor el haber tenido ese privilegio. No hay nada en el mundo que se le pueda comparar.

¿Que crea este valiente ejercito de mas de cuarenta y ocho mil misioneros que van voluntariamente a servir a su prójimo? ¿De dónde sacan su fortaleza? La respuesta a estas preguntas se encuentra en el poder de los principios correctos, que explicare a continuación. Seguir leyendo

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El lenguaje de la oración

Conferencia General Abril 1993logo 4
El lenguaje de la oración
Elder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Dallin H. Oaks«Cuando hablamos con nuestro Padre Celestial debemos dejar a un lodo nuestras palabras de todos los dios y vestir nuestras oraciones con un lenguaje especial de reverencia y respeto.»

De joven aprendí que debemos demostrar gran respeto por aquellos que tienen el llamamiento de obispos en la Iglesia. Como muestra de respeto, siempre que nos dirigíamos al obispo de nuestro barrio le llamábamos «Obispo Christensen» u «Obispo Calder» o «Hermano Jones». Jamas le decíamos «señor» o lo llamábamos por su nombre de pila, tal como lo hacíamos con otras personas. Con el obispo, siempre utilizábamos un titulo de respeto.

Cuando cumplí diecisiete años, me enrole en la Guardia Nacional de Utah. Allí aprendí que para dirigirse a un oficial, un soldado debe hacerlo utilizando ciertos términos ya establecidos. Para mi, eso fue otra forma de demostrar respeto por alguien que posee un cargo de mayor jerarquía. Otra cosa que note fue que esa forma especial de expresión servia para recordarle, tanto al soldado como al oficial, las responsabilidades de sus respectivos rangos. Mas tarde comprendí que el mismo razonamiento explicaba por que siempre debían utilizarse los distinguidos títulos de elder y hermana para dirigirse a los misioneros regulares.

Durante mis estudios de derecho me familiarice con el lenguaje formal que los abogados utilizan para hablar con los jueces durante los tribunales. Luego que recibí mi titulo de abogado, trabaje por un año como secretario del juez que presidía la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos. Cuando nos dirigíamos a el, utilizábamos siempre el titulo formal que distinguía su jerarquía como «Juez Supremo de Justicia». De la misma forma, al dirigirnos a nuestros lideres gubernamentales utilizamos títulos tales como: «Señor presidente», «Su excelencia», «Su majestad», etc. El uso de títulos demuestra respeto por el rango, la jerarquía o la autoridad que estas personas poseen.

Las palabras que utilizamos cuando nos dirigimos a alguien demuestran la naturaleza de la relación que nos une con esa persona; y a la vez, sirven para recordarle, tanto al que habla como al que escucha, los deberes que ambos tienen en esa relación. La forma en que dirigimos la palabra a una persona es también una muestra del respeto o el cariño que sentimos hacia ella. Seguir leyendo

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Cuando el Señor llama, el Señor capacita

Conferencia General Abril 1993logo 4
«Cuando el Señor llama, el Señor capacita»
Elder Neil L Andersen
De los Setenta

Neil L. Andersen«No me cabe la menor duda de que cuando estamos en el servicio del Señor, El estará con nosotros, nos fortalecerá y nos capacitará.»

Mis queridos hermanos y hermanas, no tengo palabras para expresar la humildad y el hermoso sentimiento que me embargó cuando recibí este llamamiento tan especial. Durante toda mi vida, al sentir hablar a las Autoridades Generales y percibir el poder de sus mensajes, he sentido mucho respeto por la sagrada función que ellos llevan a cabo en la Iglesia. Por eso, ahora, el habérseme invitado a sentarme junto a ellos y a ayudarles a edificar el Reino de Dios es un privilegio que me da un poco de miedo aceptar. Ruego que pueda contar con el apoyo de ustedes, con su fe y con sus oraciones para que pueda hacer lo que se espera de mi. Ruego también que ustedes y las Autoridades Generales que vayan a capacitarme para mi nuevo llamamiento tengan paciencia conmigo. Pero, mas que nada, ruego para que nuestro Padre Celestial y de Su Hijo Jesucristo me ayuden, ya que estoy seguro de que sin Su ayuda y sin Su guía fracasare.

Me siento muy agradecido por Kathy, mi compañera eterna. La bondad emana de ella con facilidad, y la pureza de su espíritu logra que nuestra familia mantenga su mira en las verdades simples, pero a la vez salvadoras del evangelio. Estoy también muy agradecido por los valientes y hermosos hijos que se nos han encomendado. Los quiero con todo mi corazón y les agradezco mucho la buena disposición que tienen para apoyarme en este nuevo llamamiento. He sido bendecido con buenos padres, quienes en este momento son misioneros proselitistas en la Misión Georgia Macon. Siempre supe que ellos tenían un testimonio de la veracidad de la Iglesia. Agradezco también el ejemplo de generosidad y altruismo que me han dado mis suegros; así como también el de nuestros hermanos y hermanas que viven el evangelio en forma callada pero con suma dedicación.

Hace nueve meses que regrese con mi familia de cumplir una misión en el sur de Francia, y aprovecho esta oportunidad para expresar el gran cariño que siento por los miembros de la Iglesia en ese país Fue precisamente en Francia, veinte años atrás, que comencé a darme realmente cuenta de lo que significa buscar primeramente el Reino de Dios. El vivir entre los santos franceses durante estos tres últimos años nos ha servido de motivación para consagrarnos aun más a las cosas de Dios. Siento un gran agradecimiento por los extraordinarios misioneros que prestaron servicio junto a nosotros y nos enseñaron que la fe imperecedera siempre prevalece en un mundo cínico y desconfiado. Seguir leyendo

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Venir a cristo mediante el estudio de las escrituras

Conferencia General Octubre 1992

Venir a cristo mediante el estudio
de las escrituras

Merrill J. BatemanÉlder Merrill J. Bateman
De los Setenta

«Tener de vez en cuando un contacto ocasional con las Escrituras generalmente no abrirá las puertas a la inspiración del Espíritu.»


En numerosas oportunidades, el Señor ha mandado a Sus discípulos que escudriñen las Escrituras para aprender las doctrinas de la salvación y vivir de acuerdo con ellas. Durante Su ministerio terrenal, el Salvador dijo: «Escudriñad las Escrituras… ellas son las que dan testimonio de mi» (Juan 5:39). Cuando apareció en el hemisferio occidental, luego de Su resurrección, Cristo citó las Escrituras y luego dijo a los nefitas: «…debéis escudriñar estas cosas. Si, un mandamiento os doy de que escudriñéis estas cosas diligentemente…» (3 Nefi 23:1). En nuestra época el Señor manda a Sus seguidores que escudriñen «estos mandamientos porque son verdaderos y… las profecías… que contienen se cumplirán todas» (D. y C. 1;37).

El Salvador reveló al profeta José Smith que es posible escuchar Su voz y conocer Sus palabras por medio de las Escrituras. El dijo:

«Estas palabras no son de hombres ni de hombre, sino mías…

«Porque es mi voz que os las declara; porque os son dadas por mi Espíritu, y por mi poder las podéis leer los unos a los otros…

«Por tanto, podéis testificar que habéis oído mi voz y que conocéis mis palabras» (D. y C. 18:34-36).

Con el objeto de venir a Cristo y perfeccionarse en El, toda persona necesita recibir un testimonio de las palabras del Señor. Hay algunos cuya fe se debilita porque ni siquiera abren los libros; hay otros que las leen como al descuido, sin prestarles atención. Como es de suponer, hay una gran diferencia entre estudiar diligentemente, o «escudriñar las Escrituras», y hacer una lectura descuidada. Una anécdota de la historia de la Iglesia ilustra esta diferencia: Seguir leyendo

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Un preciado patrimonio

Conferencia General Octubre 1992

Un preciado patrimonio

James E. FaustÉlder James E. Faust
Del Quórum de los Doce Apóstoles

«A los que se hayan ofendido o hayan perdido el interés, o que se hayan apartado por cualquier motivo, les invitamos a volver a reunirse con nosotros en total hermandad.»


Al acercarse a su fin esta conferencia, deseo hablar de un preciado patrimonio. Rindo honor a todos los fieles pioneros de todos los países del mundo que han ayudado a establecer la Iglesia en su tierra. Los primeros que se convierten a la Iglesia en una familia son verdaderamente pioneros; son y han sido hombres y mujeres de profunda fe y devoción. Hoy quiero hablar principalmente del invalorable patrimonio de los descendientes de todos los pioneros, pero en particular de los que vinieron a este valle y se establecieron en Utah y en otras partes del Oeste de los Estados Unidos.

Para celebrar el 24 de julio este año, nos reunimos con los santos de la Estaca Riverton, del estado de Wyoming. Bajo la dirección del presidente Robert Lorimer y sus consejeros, los jóvenes de la estaca y sus lideres hicieron parte del recorrido de los pioneros con carros de mano, que tuvo lugar en 1856. Empezamos temprano, partiendo en una camioneta cerrada, de tracción en las cuatro ruedas, y nos dirigimos a Independence Rock, donde comenzamos a seguir la Trocha [senda] Mormona; vimos la Puerta del Diablo unas millas camino arriba. Nos sentimos emocionados al llegar al terreno sagrado de la Hondonada de Martin, el sitio donde los de la compañía de carros de mano de Martin, congelados y sin alimentos, esperaron que llegaran las carretas de Salt Lake City, que los iban a rescatar. Unos cincuenta y seis integrantes de esa compañía perecieron allí de hambre y de frío.

Fue muy emocionante ver el paso del río Sweetwater, donde tres valientes jóvenes cruzaron a la mayoría de los quinientos miembros de la compañía a través del río congelado. Mas adelante, los tres muchachos murieron a consecuencia del terrible esfuerzo y del frío intenso. Cuando el presidente Brigham Young se enteró de este acto de heroísmo, lloró como un niño y declaró públicamente: «Esa sola acción asegurara a C. Allen Huntington, George W. Grant y David F! Kimball la eterna salvación en el Reino Celestial de Dios, y mundos sin fin» (Solomon F. Kimball, «Belated Emigrants of 1856», Improvement Era, feb. de 1914, pág. 288). Seguir leyendo

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Un faro en un puerto de paz

Conferencia General Octubre 1992

Un faro en un puerto de paz

Howard W. Hunter 1Presidente Howard W. Hunter
Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles

«La necesidad mas grande que existe en el mundo es el tener una fe activa y sincera en las enseñanzas básicas de Jesús de Nazaret.»


Mis queridos hermanos y hermanas, estamos conscientes de que a pesar del progreso que hemos visto en años recientes, muchas partes del mundo todavía están llenas de conflictos, penas y desesperanza.

Se nos parte el corazón y se agitan las emociones cuando escuchamos a diario noticias locales y mundiales sobre los conflictos y sufrimientos y, demasiado a menudo, sobre las guerras. Por supuesto, oramos para que el mundo sea un lugar mejor para vivir, para que las personas se demuestren mas interés unas a otras y para que la paz y la tranquilidad aumenten por todo el mundo y se extiendan a todas las personas.

Para que sepamos alcanzar esa paz y tranquilidad, voy a repetir lo que dijo un gran vocero del pasado:

«Para que el mundo sea un lugar mejor… donde vivir… el primer paso y el mas importante es elegir como líder a alguien cuyo liderazgo sea infalible, cuyas enseñanzas no fallen cuando se lleven a la practica. En… cualquier mar tempestuoso de incertidumbre, el capitán debe ser la persona que durante las tormentas pueda ver el faro en el puerto de la paz» (David 0. McKay, Man May Know for Himself, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1967, pág. 407).

El mensaje de esta conferencia general de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es que sólo existe una guía en el universo, sólo una luz constante, sólo un faro infalible para el mundo. Esa luz es Jesucristo, la luz y la vida del mundo, la luz que un profeta del Libro de Mormón describió como «una luz que es infinita, que nunca se puede extinguir» (Mosíah 16:9).

A medida que buscamos un puerto pacifico y seguro, así seamos mujeres u hombres, familias, comunidades o naciones, recordemos que Cristo es el único faro en el cual podemos realmente confiar. Fue El mismo quien dijo lo siguiente de Su misión: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida» (Juan 14:6). Seguir leyendo

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Un ejemplo de los creyentes

Conferencia General Octubre 1992

Un ejemplo de los creyentes

Thomas S. MonsonPresidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

«El verdadero amor puede alterar el curso de la vida humana y cambiar la naturaleza del hombre.»


Esta ha sido una reunión hermosa y llena de compensaciones. Recomiendo los consejos del presidente Howard W. Hunter y de cada una de las hermanas que nos ha hablado.

Al contemplar la gran congregación reunida esta noche, recuerdo las palabras del presidente Heber J. Grant, que dijo:

«Muchas veces he pensado que una fotografía de nuestras buenas hermanas, con los rostros inteligentes y como iluminados por Dios que poseen, seria para el mundo un testimonio de la integridad de toda nuestra gente» (Relief Society Magazine, dic. de 1930, pág. 680).

En realidad, necesitar{amos el lente de mayor apertura para incluirlas a todas ustedes en una foto. No lo tenemos, pero para Dios todo es posible; en Su visión infinita El nos ve a todos y nos bendice a todos. Lo único que tenemos que hacer es vivir de manera de merecer las bendiciones que se basan en nuestra fidelidad a Sus mandamientos. El presidente George Albert Smith dijo lo siguiente:

«Quisiera poder inculcar en vosotras, hijas de Dios que si este mundo va a permanecer, tenéis que mantener firme vuestra fe; si este mundo va a ser feliz, tenéis que marcar la vía para alcanzar esa felicidad… Si hemos de mantener nuestra fortaleza física, nuestro poder mental y nuestro gozo espiritual, tenemos que hacerlo de acuerdo con las condiciones del Señor» (Relief Society Magazine, dic. de 1945, pág. 719).

Quizás esos hayan sido los pensamientos de una joven cuando expresó de esta manera los anhelos de su corazón: «Lo que en verdad necesitamos es menos critica y mas ejemplos que seguir».

Con frecuencia, estamos demasiado prontos a criticar, demasiado inclinados a juzgar y demasiado dispuestos a dejar pasar la oportunidad de ayudar, de elevar y si, hasta de salvar a alguien. Hay quienes señalan con dedo acusador al extraviado o al caído y dicen con escarnio: «Jamas cambiara. Siempre se ha comportado mal». Algunos ven mas allá de la apariencia exterior y reconocen el verdadero valor del alma humana; y cuando es así, ocurren milagros. Entonces, el pisoteado, el desalentado, el desamparado no son ya «extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos con los santos, y miembros de la familia de Dios» (Efesios 2:19). El verdadero amor puede alterar el curso de la vida humana y cambiar la naturaleza del hombre. Seguir leyendo

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Un Dios amoroso y comunicativo

Conferencia General Octubre 1992

Un Dios amoroso y comunicativo

Élder Marion D. Hanks
Miembro Emérito del Primer Quórum de los Setenta

Marion D. Hanks«Cristo se detiene ante la puerta y golpea; aquellos que deseen que El entre… deben… abrir la puerta.»


Cualquier persona a quien se le haya permitido prestar servicio como a nosotros se siente honrada mas allá de lo que merezca. Lo sabemos y estamos agradecidos por ello.

La Biblia declara que Dios es el Padre y el Dios de los espíritus de toda la humanidad (Números 16:22; Hebreos 12:9). El apóstol Pablo enseñó a los habitantes de Atenas que somos «linaje» de Dios y a los romanos que «el Espíritu… da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo…» (Hechos 17:28-29; Romanos 8: 16-17).

Debido al gran amor de nuestro Padre por Sus hijos, y debido a Su cometido de darles la libertad de elección, el genero humano ha tenido desde el principio la oportunidad de elegir por si mismo. Juan declara en los primeros versículos de su Evangelio que Cristo fue «aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre» (Juan 1:9) . Las Escrituras también registran que «a todo hombre se da el Espíritu de Cristo para que pueda distinguir el bien del mal» (Moroni 7: 16; D. y C. 84:45-46). Existe otro pasaje de las Escrituras que explica por que no todas las personas siguen por la vía de la luz y por que algunas no eligen el bien en vez del mal:

«…y el Espíritu ilumina a todo hombre en el mundo que escucha la voz del Espíritu» (D. y C 84:46; cursiva agregada).

Nuestro Padre Celestial desea que todo el genero humano sea guiado por esa luz, pero dicha bendición no se impondrá a nadie. Cristo se detiene ante la puerta y golpea; aquellos que deseen que El entre y cene con ellos deben oír su voz y abrir la puerta (véase Apocalipsis 3:20). De este modo se enseñan sencillamente dos grandes principios en los cuales se centra el evangelio: el amor y el albedrío. Cada uno de nosotros esta aquí para aprender a amar y a dar y a escuchar la voz del Espíritu, y hacer su elección de obedecer la voluntad del Padre. Dios desea que Su linaje y Sus herederos lleguemos a ser todo lo que esta en nuestro potencial ser a fin de ser merecedores de recibir la herencia. Pero nosotros somos quienes debemos elegir, somos nosotros los que tomamos las decisiones, y El no nos relevara de esa responsabilidad. Desde los primeros tiempos, ya en la época del libro de Deuteronomio, esta escrito:

«Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal…
«…escoge, pues, la vida, para que vivas tu y tu descendencia;
«amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz» (Deuteronomio 30:15, 19-20).

Por medio de la luz del Señor, la verdad ha alcanzado hasta cierto punto muchos aspectos, elementos y niveles de la vida. Ha sido para mi una gran satisfacción encontrar tanto bien en tantos lugares y proveniente de tantos y tan diversos orígenes. El presidente Joseph F. Smith habló de los miembros unidos de la Trinidad diciendo que son la «fuente de la verdad», y agregó:

«Todos los filósofos de la antigüedad han recibido su inspiración y sabiduría de esta fuente; de ella han recibido todo su conocimiento. Si a través de las épocas encontramos la verdad en pequeños fragmentos, se puede dar por sentado como hecho incontrovertible que ella se originó en la fuente, y que por inspiración de Dios se dio a los filósofos, inventores, patriotas, reformistas y profetas» (Improvement Era, junio de 1907, pág. 629).

Los antiguos lideres de la Iglesia, y los que les siguieron, han atestiguado de lo mismo. En todo tipo de actividades en que he podido participar, he tenido el privilegio de relacionarme con gente de carácter y calidad que me ha hecho participe de cosas de mucho valor. Consideremos este ejemplo especial de la sabiduría de un querido maestro y escritor quakero, de nombre Rufus Jones, que dijo:

«La religión activa no puede mantenerse y preservarse basándose en la teoría de que Dios trató con la raza humana sólo en las antiguas épocas pasadas y que la Biblia es la única evidencia que tenemos de que El es un Dios vivo, que se revela y que se comunica. Si alguna vez Dios habló, todavía sigue hablando. El es el gran ‘Yo Soy’, no el gran El Fue» (A Flash of Eternity).

Esa es una importante declaración de una verdad fundamental. Nuestra propia comprensión de este principio es que Dios se comunica con Sus hijos y que ha revelado, aun revela y seguirá revelando muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes a Su Reino.

Las tradiciones judías nos ayudan a apreciar mejor la naturaleza de nuestro Padre Celestial en la tierna recitación de los salmos del 113 al 118, a la que se llama «Hallel», y que se ofrece durante la festividad de la Pascua en celebración del histórico éxodo de los hijos de Israel desde Egipto y de su cruce por el Mar Rojo. Cuando llegaron al Mar Rojo, los alcanzaron los ejércitos egipcios. Por medio de Moisés, Dios abrió las aguas y «los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco». Los egipcios los siguieron. Moisés volvió a extender la mano sobre el mar «y volvieron las aguas» (Exodo 14:22, 2).

Los israelitas se salvaron y el ejercito egipcio se ahogó. Triunfante, la gente empezó a cantar himnos de alabanzas al Señor, pero el Todopoderoso los detuvo y dijo: «Cómo podéis cantar himnos de alabanzas y jubilo cuando tantos de mis hijos se han ahogado en el mar?»

Para recordar ese acontecimiento, el pueblo judío incluye en la ultima parte de las celebraciones de la Pascua una condensación de los mencionados Salmos de Alabanza como parte de la festividad.

Sin duda, la luz de la Fuente ha brillado a través de todo el mundo. Nos regocijamos por ello y deseamos expresar este humilde testimonio: Dios es un Padre real que vive, revela y se comunica con Sus hijos.

Cuando las verdades que se encuentran en las Escrituras de la Restauración se juntan con las ricas fuentes de conocimiento de los antiguos profetas y escritores de la Biblia, esos tesoros unidos derraman luz y conocimiento aclaratorios sobre las preguntas mas importantes que se ha hecho la humanidad a través de las épocas, y continua haciéndose, y se seguirá haciendo en el futuro con creciente interés a medida que la población y las interpretaciones se multipliquen. Esas revelaciones tratan sobre la verdad acerca de Dios, Cristo y el Espíritu Santo -la Trinidad-; sobre el hombre en si; sobre la vida terrenal, su significado y propósito; y sobre la eternidad y sus promesas

Se ha dado un ejemplo importante de esta luz mayor en respuesta a la creciente lista de problemas que enfrenta el genero humano, o sea, las personas, las instituciones, los países y la civilización en general. Miles de años hace que el Salmista clamó: «Ten misericordia de mi, oh Jehová, porque estoy en angustia» (Salmos 31:9); luego, nos habla de problemas que suenan extrañamente familiares a nuestros oídos modernos. Hoy en día. en nuestro mundo atribulado, las calamidades y la destrucción, el temor, el hambre y los conflictos afligen la tierra; las aflicciones y la adversidad pesan sobre sobre muchas personas. Se multiplican los libros que tratan de los problemas personales, familiares y sociales. Muchos de ellos tienden a estar de acuerdo en que no debemos preguntarnos por que la gente buena tiene pruebas, sino cómo debe responder la gente buena cuando enfrenta esas pruebas. Las Escrituras nos ayudan a contestar algunas preguntas importantes:

  • ¿Prometió Dios a Sus hijos inmunidad de los problemas y aflicciones?
  • ¿Es la tribulación una evidencia de Su disgusto con nosotros?
  • ¿Vivieron los profetas de la antigüedad, así como Cristo y Sus Apóstoles, libres de adversidades?
  • ¿Les prometió El a Sus seguidores que estarían exentos de problemas ?

Las Escrituras responden a todo eso. El Sermón del Monte habla a los que lloran, a los pobres en espíritu, a los que son vituperados y perseguidos, de los que se dice toda clase de mal de ellos, mintiendo (Mateo 5:3-4, 11).

El consejo que se nos da es volver la otra mejilla cuando nos hieran e ir una milla extra cuando se nos exija. Se menciona a los que ofenden, a los enemigos, a los que maldicen y odian, a los que aborrecen y ultrajan. Y se nos dice que el sol sale sobre malos y buenos y la lluvia cae sobre justos e injustos (véase Mateo 5:3945).

A los primeros lideres de la Iglesia se les dio la siguiente admonición: «Se paciente en las aflicciones, porque tendrás muchas… » (D. y C. 24:8).

Dios no nos priva de las experiencias que vinimos a enfrentar aquí; no nos aísla de las tribulaciones ni nos garantiza inmunidad de los problemas.

Mucho del dolor que sufrimos, e inevitablemente imponemos sobre otros, lo generamos nosotros mismos por medio de nuestros propios juicios errados, por medio de nuestras malas decisiones. Cuando ese es el caso, contamos con ayuda: Al pecador arrepentido se le da la seguridad de que Dios perdonara, olvidara y jamas mencionara los pecados de los que nos hayamos arrepentido verdaderamente.

Pero, hay mucho de lo que nos sucede en esta vida que no esta en nuestro poder controlar, y a lo cual sólo podemos responder. El saber lo que Dios ha prometido puede darnos el valor y la fe que necesitamos. Se nos asegura en las Escrituras que podemos tener la certeza de que el Señor Dios visita a Su pueblo en las aflicciones (Mosíah 24:13-14). Y que «quienes pongan su confianza en Dios serían sostenidos en sus tribulaciones, y sus pesares y aflicciones, y serán exaltados en el postrer día» (Alma 36:3).

A los que lamentaban la perdida de un ser amado, Jesús les dijo:

«También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozara vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo» (Juan 16:22).

Al solitario y al abandonado y a aquellos que temen, El les dijo: «…No te desamparare, ni te dejare» (Hebreos 13:5).

Y así, la promesa que hemos recibido es que en tiempo de dolores y aflicciones, si resistimos y permanecemos fieles, si ponemos nuestra confianza en El y somos valientes, el Señor nos visitara en nuestras aflicciones, nos fortalecerá para sobrellevar y soportar nuestras pruebas, estará con nosotros hasta el fin de nuestros días, nos elevara en el ultimo día para recibir mayores oportunidades de servicio, nos exaltara al final con El y con nuestros seres queridos y consagrara nuestras aflicciones para que nos sean de beneficio.

Una de las experiencias que ha llegado a lo profundo de mi alma en años recientes fue el escuchar a un excelente obispo expresar a otras personas en una reunión sus conmovedores sentimientos con respecto a la perdida de su esposa. que tenia cáncer, una experiencia que muchos otros maridos, esposas y familiares conocen muy bien.

Veinte años antes había visto a su madre morir después de padecer grandes dolores y había llevado consigo durante años una especie de resentimiento por el dolor que ella había tenido que soportar. En el caso de su esposa, sin embargo, aun con lo difícil que fue para ella y en cierta forma para la familia, su enojo se convirtió en un sentimiento positivo, en una relación espiritual mas estrecha con el Señor, y así pudo ayudar a la esposa a sobrellevar mejor su carga.

Poco antes de morir, ella le pidió una bendición para que se le calmaran los intensos dolores. Ambos lloraron cuando el le puso las manos sobre la cabeza y habló con el Señor, «y», dijo, «sentí la presencia espiritual de nuestro Padre Celestial. Nunca tuve una sensación mas fuerte de que alguien mas estaba allí, llorando con nosotros». Casi al final, cuando ella estaba ya muy debilitada, le dijo: «¡Jamás me he sentido mejor!»

¿La fuerte sensación de que alguien mas estaba allí, «llorando con nosotros»? Por supuesto; ¿por que no? Jesús lloró ante la tumba de Lázaro; lloro por las aflicciones que vendrían sobre Jerusalén; y lloró cuando vino al continente americano y se arrodilló con Su pueblo, y especialmente cuando «tomó a sus niños pequeños, uno por uno, y les bendijo, y rogó al Padre por ellos» (3 Nefi 17:21; véase también el vers. 22; Juan 11:35; Lucas 19:41).

Anoche, en nuestra casa, después de las reuniones de ayer, abrimos y leímos una nota de una encantadora mujer, Santo de los Ultimos Días, que hace dos años quedó viuda al morir su esposo en un accidente. Me decía que ella y su familia habían recibido consuelo al leer esta frase que he puesto en un marco y colgado en mi oficina:

«Creer en Dios significa saber que todas Sus leyes son justas y que al final nos esperan hermosas sorpresas» .

Agradezco a Dios Su amor y el amor de Su Hijo. Aquellos que han tomado Su nombre sobre si, como nosotros lo hemos hecho, debemos sobrellevar la carga del legado que El nos dejó de amor, misericordia y servicio, aceptando nuestro patrimonio de esperanza y abnegación, y uniendo creencia con acción al esforzarnos por aliviar las calamidades y los sufrimientos de la humanidad. Que Dios nos ayude a hacer honor a tal cometido, lo pido humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Resolved esto en vuestros corazones

Conferencia General Octubre 1992

«Resolved esto en vuestros corazones»

Neal A. MaxwellÉlder Neal A. Maxwell
Del Quórum de los Doce Apóstoles

«La consagración es la única rendición que es también una victoria, pues libera a la persona de la bulliciosa y atestada celda del egoísmo y de la tenebrosa prisión del orgullo.»


Este es un momento apropiado para agradecer al élder Hanks la influencia que ha tenido en mi vida, en muchas oportunidades y a lo largo de muchos años.

Hace dieciocho años, desde este púlpito rogué a los que se hallaban indecisos a las puertas de la Iglesia que entrasen a participar plenamente en ella (Ensign, noviembre de 1974, págs. 12-13). Hoy, dirijo mi ruego a los miembros que ya están dentro de la Iglesia pero que son indiferentes: personas a las que amamos y cuyos dones y talento hacen mucha falta en la edificación del Reino de Dios.

Cualquier llamado a una mayor consagración es en verdad un llamado para todos nosotros. Pero mis palabras no son principalmente para los que se esfuerzan de continuo y tratan sinceramente de guardar los mandamientos de Dios aunque a veces fallen (D. y C. 46:9); ni son especialmente para los pocos que deliberadamente desobedecen, entre ellos, los que andan escalando montañas intelectuales y éticas en busca de nuevas emociones fuertes, sólo para encontrarse cayendo en los riscos de antiguas herejías y viejos pecados.

Este discurso, en cambio, va dirigido a los miembros básicamente «honorables», que participan superficialmente sin aumentar su dedicación como discípulos y que están apáticamente empeñados en lugar de estar «anhelosamente empeñados » en esta causa (D. y C. 76:75; 58:27). Aunque participan un poco, sus dudas y su mala gana se hacen evidentes. Puede que aun vayan al santo templo, pero permanecen impermeabilizados a la santa influencia de este.

Dichos miembros aceptan los llamamientos pero no todos los deberes que estos traen consigo; de ahí que las tareas de ellos en la Iglesia muchas veces deben realizarlas los que ya están «anhelosamente empeñados». Algunos se consideran tan sólo «en temporada de descanso» entre llamamientos de la Iglesia. Sin embargo, nunca estamos en tiempos de descansar en cuanto a este llamado de Jesús: «…que clase de hombres [y de mujeres] habéis de ser? En verdad os digo, aun como yo soy» (3 Nefi 27:27; Mateo 5:48; 3 Nefi 12:48). ¡Nunca se esta a salvo si se esta «en temporada de descanso» con respecto a ese llamamiento! En realidad, el ser «valientes» en el testimonio de Je sus supone el esforzarse por ser cada vez mas como es El en pensamiento, en corazón y en cualidades (D. y C. 76:79). El llegar a ser esa clase de hombres y de mujeres constituye la máxima expresión de la verdadera religión.

Todos tenemos la libertad de escoger, desde luego, y no querríamos que fuera de ninguna otra manera, pero, lamentablemente, cuando algunos escogen la indiferencia, no sólo escogen para si mismos, sino también para la generación que sigue y aun para la otra. ¡Las pequeñas ambigüedades de los padres pueden producir grandes extravíos en los hijos! Las generaciones anteriores de una familia pueden haber manifestado dedicación, pero algunos de la generación actual manifiesta ambigüedad. Es triste, pero algunos de la próxima generación tal vez manifiesten disensión al seguir su curso esta erosión.

Si bien los miembros indiferentes no son injustos, muchas veces evitan parecer demasiado justos mostrándose menos dedicados de lo que en realidad son: una burlona faceta de la hipocresía.

Algunos de estos miembros en otros respectos honorables erróneamente consideran la Iglesia como una institución y no como el Reino de Dios; conocen las doctrinas del Reino, pero mas como un asunto de recitación que de verdadera comprensión.

Los miembros indiferentes por lo general se ocupan muchísimo en las cosas del mundo y de un modo muy parecido a como lo hizo el honorable Amulek, que, habiendo sido llamado muchas veces, no quería oír. Aun cuando en verdad sabia concerniente a las verdades del evangelio, no quería reconocer que lo sabia (Alma 10:4-6).

Una de las características comunes de los honorables pero indiferentes es su desdén por los aparentemente triviales deberes del seguidor de Cristo, tales como la oración diaria, la lectura regular de las Escrituras, la asistencia a la reunión sacramental, el pago de un diezmo integro y el asistir al templo. Ese desdén es sobre todo peligroso en el mundo de hoy de difundido relativismo y desenfrenado sensualismo, un mundo en el que, si muchos llegan a pronunciar el nombre de Dios, lo hacen sólo por hacer mas enfática la expresión o para usarlo como exclamación, pero no como adoración.

En cambio, los que sinceramente se esfuerzan por aumentar su consagración no rechazan ni sus cometidos ni el sagrado garment; evitan la obscenidad, guardan la ley de castidad, pagan sus diezmos, aman y sirven a su cónyuge y a sus hijos. Como buenos hermanos, llevan «las cargas de unos y otros», lloran «con los que lloran», consuelan «a los que necesitan de consuelo» y con valentía son «testigos de Dios a todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar» (Mosíah 18:8-9).

Cuando se toma la resolución de comenzar a ser mas espiritualmente dedicados, hay un periodo inicial de vulnerabilidad: es difícil romper con el pasado. Pero una vez que comencemos, veremos que los amigos que nos tenían rezagados espiritualmente no son amigos de verdad en modo alguno; cualquier regaño de ellos será causado por el resentimiento o por una preocupación inconsciente de su parte de que en alguna forma se van quedando solos. Ante cualquier tentativa de explicarles lo que sentimos, podremos expresarles sólo «la mas pequeña parte» (Alma 26:16). Si bien seguimos estimándolos, estimamos mas nuestro deber a Dios. Brigham Young dijo: «Algunos no comprenden los deberes que no concuerdan con sus sentimientos y sus afectos naturales… Hay deberes mas importantes que los afectos naturales» (Journal of Discourses, tomo VII, pág. 65).

Del mismo modo, cabe advertir que junto con cualquier determinación de procurar aumentar la propia consagración no tarda en exponerse lo que aun nos falta, lo cual, si bien es doloroso, es necesario. Recordemos al joven rico y justo al que Jesús dijo: «Una cosa te falta… » (Marcos 10:21). Ananías y Safira, que, por lo demás, eran buenos miembros de la Iglesia, «sustrajeron del precio» una parte en lugar de consagrar todo lo que tenían (Hechos 5:1-11). Algunos nunca venderían a Jesús por treinta piezas de plata, ¡pero tampoco desean darle todo de si mismos!

Lamentablemente, nos inclinamos a pensar en la consagración sólo en términos de bienes y de dinero. De cierto, hay muchas otras formas de guardarse una parte. Es posible dar dinero y dedicar tiempo, y, no obstante, guardarse una parte considerable de si mismo; es posible dejar que otros disfruten públicamente de un talento que se tenga, y, no obstante, retener en privado un particular orgullo. Es posible sustraerse de arrodillarse ante el trono de Dios, y, no obstante, inclinarse ante una galería determinada de conocidos sociales. Es posible aceptar un llamamiento de la Iglesia, pero tener el corazón mas intensamente dedicado a conservar una cierta función en el mundo.

Incluso para algunas personas es mas fácil doblar las rodillas que la mente sometiendo su alma a la voluntad de Cristo; prefieren la emocionante exploración de nuevas ideas a la laboriosa implantación del evangelio; la especulación les atrae mas que la consagración, así como también les parece mejor procurar hacer mas flexibles las doctrinas que obedecerlas. Peor aun, al no obedecer, esos pocos miembros no conocen realmente la doctrina (Juan 7:17). Y por no conocerla de verdad, no pueden defender su fe y quizá hasta lleguen a convertirse en sus críticos en vez de ser sus defensores.

Unos cuantos de estos últimos terminan justificándose y felicitándose a si mismos en su propio rincón de la Iglesia, que, con estrechez de criterio, confunden con toda la Iglesia, como si un rincón del famoso parque de una gran ciudad fuera el Palacio de Justicia, la casa de gobierno, la residencia presidencial y toda la nación combinados.

¡Sólo una mayor consagración curara la ambivalencia y la indiferencia en cualquiera de nosotros! Repito, las pruebas de las que aprendemos en la vida y que surgen de la mayor consagración pueden parecer rigurosas, pero manifiestan la misericordia divina indispensable para inspirar mas consagración aun (Helamán 12:3). Si nos hemos vuelto indiferentes, las dificultades nos harán falta, ya que las penurias nos prepararan para consagrarnos mas, aunque temblemos de sólo pensarlo. Si nos contentamos muy fácilmente con lo que somos, quizás Dios nos suministre una dosis de descontento divino. Su longanimidad se hace así muy necesaria para acrecentar al máximo nuestro albedrío y nuestro desarrollo. Pero El no es un Padre indulgente.

No podemos sobrellevar ahora todas las cosas, pero el Señor nos guiara si le «damos lugar» en nuestros pensamientos y en medio de nuestras ocupaciones, y si abandonamos nuestros pecados, que son las únicas maneras de hacer lugar para recibir todo lo que Dios puede darnos (D. y C. 78:18; Alma 32:27, 28; 22:18).

¡Cada uno de nosotros es un posadero que decide si tiene lugar para Jesús!

La consagración es la única rendición que es también una victoria, pues libera a la persona de la bulliciosa y atestada celda del egoísmo y de la tenebrosa prisión del orgullo. Aun así, en lugar de procurar una mayor consagración, es muy fácil seguir adelante con indiferencia cumpliendo sólo a medias, como si se esperara «llegar al paraíso sentado en un carrito de golf» (Henry Fairlie, The Seven Deadly Sins, Indiana: University of Notre Dame Press, 1979, pág. 125).

Pero ¿es el consagrarse totalmente a Dios una amenaza a nuestra individualidad? (Mosíah 15:7). ¡No! Nuestro Padre Celestial sólo nos pide que abandonemos el antiguo yo para que hallemos el nuevo y verdadero yo. No se trata de perder nuestra identidad, sino de hallar nuestra verdadera identidad.

Cuando, por ultimo, estemos por completo en camino de regreso al hogar, podremos sobrellevar mucho mejor el dedo de escarnio con que nos señala el mundo. Al llegar a saber Quien nos ha aceptado, las demás formas de aceptación [del medio social] dejaran de tener importancia. Del mismo modo, al comenzar Jesús a ocupar un verdadero lugar en nuestra vida, nos importara cada vez menos perder nuestro lugar en el mundo. Cuando nuestra mente comprende la importancia de la expiación de Jesús, el mundo pierde su influjo sobre nosotros (véase Alma 36:18).

Una mayor consagración no es tanto una exigencia de mas horas de trabajo en la Iglesia sino una exigencia de que entendamos a Quien pertenece en verdad esta obra. Por ahora, la consagración quizás no nos requiera tanto dar posesiones mundanas como nos requiere que seamos menos «poseídos» por ellas.

Sólo cuando las cosas comiencen a aclararse para nosotros «con la única mira de glorificar a Dios», veremos «las cosas como realmente son» (Jacob 4: 13). ¡Que panorama nos aguarda! Sólo en la medida en que respondamos a las tentaciones de la vida como Jesús lo hizo, que «no hizo caso de ellas», seremos «libres»… ¡libres al fin! (D. y C. 20:22; Juan 8:32).

El ser ortodoxo, o sea, vivir verdaderamente la religión, trae seguridad y felicidad. No es sólo corrección sino felicidad. Por extraño que parezca, hasta la palabra ortodoxia ha llegado a disgustar a algunos. Al ir volviéndose la sociedad cada vez mas excéntrica, unos cuantos se apresuran a oponerse estridentemente a la ortodoxia.

Recordemos que, al ser perseguidos por el furioso ejercito del Faraón, los del antiguo Israel se apegaron a las instrucciones del Señor. Moisés extendió la mano y las aguas del Mar Rojo se separaron. Con las enormes montañas de agua a cada lado, Israel avanzó por el estrecho pasaje abierto en el mar con obediencia, y, sin duda, a toda prisa. En aquel momento no hubo necesidad de advertir al pueblo que no debía desviarse.

En el futuro hay pasajes que requerirán una obediencia similar al guiar los profetas a hombres y mujeres de Cristo por el sendero estrecho y angosto.

El ser mas como Jesús en pensamiento y en proceder no nos corroe ni nos estorba, sino que nos libera y nos lleva a nuevos descubrimientos. El no ser ortodoxo en el proceder ni en el intelecto surte los efectos contrarios. Un poco de pornografía no sólo puede conducir al abuso de los niños y al maltrato del cónyuge sino que ira succionando lentamente la medula de la propia estimación. Una pequeña inclinación a los chismes llevara no sólo al grave hecho de dar falso testimonio sino mas que nada a murmuraciones maliciosas que, lamentablemente, «la memoria almacenara con toda nitidez» (Owen Baffield, The Quotable Lewis, ed. por Owen Barfield y Jerry Root, Wheaton, Illinois: Tindale Publications, 1989, pág. 425). El criticar un poco a las Autoridades de la Iglesia, aunque parezca inofensivo, no sólo perjudicara a otros miembros, sino que llevara a la persona a constituirse a si misma «como una luz al mundo» (2 Nefi 26:29). Si, felizmente, algunos de esos hijos pródigos vuelven, pero por lo general regresan solos, sin aquellos a los que una vez desviaron del camino recto.

En la Traducción de la Biblia por José Smith, en Lucas 14:28, dice que Jesús dijo a Sus discípulos que debían resolver en sus corazones que harían las cosas que El les enseñara y les mandara. El tomar esa resolución precede a la consagración. El profeta José Smith dijo que el conocimiento del evangelio «disipa las tinieblas, así como la incertidumbre y la duda» y que «no hay castigo tan terrible como el de la incertidumbre» (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 349). La certeza de la resolución nos impide reaccionar ante cada pequeña ola de desacuerdo como si esta fuese una marejada. Hemos de ser discípulos de Jesús y no «una cana sacudida por el viento» (Mateo 11:7). Muchos son los miembros que necesitan el profundo alivio y la paz que proviene de la resolución de ser mas dedicados, sin lo cual serán «como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto» (Isaías 57:20).

La otra razón especial por la que es preciso resolver consagrarnos mas es que viviremos en una época en que «todas las cosas estarán en conmoción» (D. y C. 88:91; 45:26). La incertidumbre, los trastornos y la agitación del mundo de hoy serán tan intensos, que los indecisos serán arrastrados de aquí para allá por fuertes turbulencias.

Por ultimo, si nos acobardamos ante la idea de consagrarnos mas a Dios, no somos dignos de Aquel que, por nosotros, no se acobardó ni rehusó beber la amarga copa en medio de su inefable padecimiento durante la Expiación (D. y C. 19:18). En lugar de acobardarse, Jesús siguió adelante, dándolo todo, y acabando Sus asombrosos «preparativos para con los hijos de los hombres» (D. y C. 19:19).

Pensemos en lo que hubiera pasado si la misión de Jesús en la tierra como Mesías hubiera consistido sólo en notables sermones y extraordinarias curaciones y otros milagros, pero sin las espantosas y consagradas horas de la Expiación en Getsemaní y en el Calvario. ¿Cómo consideraríamos entonces el ministerio de Jesús? ¿Adónde hubiese ido a parar el genero humano?

Hermanos y hermanas, cualquier causa que aceptemos en lugar de Jesús y Su obra nos impedirá que El nos acepte con los brazos abiertos a la entrada de Su Reino (Mormón 6: 11) .

Que podamos resolvernos y prepararnos ahora para ese maravilloso momento, lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amen.

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Renacimiento espiritual

Conferencia General Octubre 1992

Renacimiento espiritual

Glenn L. PaceObispo Glenn L Pace
De los Setenta

«Habiendo presenciado el cumplimiento de tantas profecías, que gran acontecimiento estamos esperando antes de decir: ‘Cuenten conmigo’?»


Cuando era niño, dependía muchísimo de mi hermana mayor. Por ejemplo, había muchas comidas que no me apetecían, y cuando íbamos a visitar a los abuelos, constantemente me ofrecían platos que no me gustaban. Para no sentirme tan abochornado, cada vez que me pasaban el plato le preguntaba a mi hermana: «Collene, ¿me gusta esto?» Si era algo conocido y que ella sabia que no me gustaba, decía: «No, a el no le gusta eso». A lo cual yo añadía: «Es cierto, abuela, no me gusta».

Si era algo que nunca habíamos comido, mi hermana decía: «Espera un momento»; luego lo probaba, y me decía si me gustaba o no. Si ella decía que no me gustaba, no había poder persuasivo que me hiciera comerlo, por mucho que insistieran.

Se que ya ha llegado la hora de que confíe en mi propio sentido del gusto y deje de privarme de alimentos sanos simplemente porque mi hermana me dijo en una ocasión que no me gustaban.

Pasando a algo mucho mas serio, creo que ya es hora de que todos gocemos del fruto de nuestro propio testimonio en vez del testimonio de otras personas. El testimonio al cual me refiero es mucho mas profundo que el mero hecho de saber que la Iglesia es verídica. Es preciso que progresemos hasta el grado de saber que nosotros somos verídicos a la Iglesia; es preciso también que aumentemos nuestra capacidad para recibir revelación personal. Una cosa es tener el testimonio de que José Smith vio a Dios y a Cristo, y otra es tener confianza espiritual en nuestra propia habilidad de recibir la revelación a la que tenemos derecho.

Muchos de nosotros no apreciamos las bendiciones del evangelio; es como si fuésemos pasajeros en el tren de la Iglesia, el cual ha ido avanzando de manera gradual y metódica. Algunas veces nos hemos asomado por la ventanilla y pensado: Lo que hay allá afuera parece muy divertido; este tren tiene demasiadas restricciones. De modo que hemos saltado del tren y nos hemos ido a jugar un rato al bosque. Tarde o temprano, nos damos cuenta de que no es tan divertido como Lucifer lo hace aparentar o que nos hemos herido seriamente, por lo que nos esforzamos por volver a la vía y divisar el tren en la distancia. Corriendo velozmente, lo alcanzamos; jadeantes, nos limpiamos el sudor de la frente y le agradecemos al Señor el don del arrepentimiento . Seguir leyendo

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