El pecado no prevalecerá

Conferencia General Octubre 1992

El pecado no prevalecerá

Gordon B. HinckleyPresidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero de la Primera Presidencia

«Que obedezcamos las normas que se nos han dado y sigamos este curso hacia la seguridad y la exaltación.»


Mis hermanos y hermanas, por lo general, el presidente Ezra Taft Benson acostumbra dirigirnos la palabra y extendernos una cordial bienvenida en la primera sesión de la conferencia. Lamentamos mucho que hoy no este con nosotros. Él desearía estar aquí, y a nosotros nos gustaría que estuviera, pero debido a su edad avanzada, cada vez le es más difícil salir y presentarse en publico. Tiene noventa y tres años y ya no le resulta fácil hacer lo que solía hacer con tanto vigor y entusiasmo. Su fuerte y vibrante voz nos ha emocionado en el pasado; su elocuencia para enseñar el evangelio y su gran testimonio de esta obra, su tono persuasivo y su poder de convicción, ha motivado a todo el que le haya escuchado. Le extrañamos y rogamos al Señor que le consuele y le bendiga para que goce de felicidad por el resto de su vida.

Su carga se ha hecho aun más pesada con el fallecimiento de su esposa, la hermana Flora Amussen Benson, ocurrido el 14 de agosto pasado. Llevaban casi sesenta y seis años de casados y han sido un ejemplo para toda la Iglesia. Ahora, él siente la terrible soledad que padece el hombre ante la muerte de la abnegada y buena esposa, la madre de sus hijos, su gran apoyo y consuelo.

Lo recordamos con compasión y amor, y oramos por él, para que el Señor le consuele, le sostenga y le conceda contentamiento mientras este con nosotros, como Profeta de Dios.

Él nos ha pedido que sigamos adelante con la conferencia, y lo hacemos con su estimulo y con una oración en el corazón de que el Señor nos bendiga -a todos los discursantes- a fin de que Su Espíritu se derrame abundantemente entre los santos que estarán reunidos en diversos lugares y bajo distintas circunstancias.

A modo de recordar la grandeza del poder de expresión de nuestro profeta, y como una reafirmación para cada uno de nosotros, al iniciarse esta conferencia quisiera citar uno o dos párrafos de lo que él nos ha dicho en el pasado. Los siguientes son dignos de repetir: Seguir leyendo

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El sacerdocio en acción

Conferencia General Octubre 1992

El sacerdocio en acción

Thomas S. MonsonPresidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

«¿Tenemos la entereza y la fe… para servir con resuelta valentía y firme determinación?»


¡Que magnifica vista se despliega ante mí esta noche! Aquí en el Tabernáculo de la Manzana del Templo, en el Salón de Asambleas, en el Centro Marriott de la Universidad Brigham Young y en capillas por todo el mundo, se encuentra reunido un poderoso ejército de hombres, el ejército real del Señor. Se nos ha confiado el sacerdocio. Se nos ha preparado para cumplir con nuestro deber. Se nos ha llamado a servir.

Lo que aconteció al niño Samuel, cuando respondió al llamado del Señor, siempre ha sido una inspiración para mí, como lo habrá sido, sin dudas, para todo poseedor del sacerdocio. Recordaremos que el pequeño Samuel «ministraba a Jehová en presencia de Elí. Una noche, mientras el niño dormía, el Señor Jehová le llamó por su nombre: «Samuel». Y él le respondió: «Heme aquí». Pensando que Elí le había llamado, Samuel corrió a él y le repitió: «Heme aquí». Y Elí le dijo que volviese a acostarse. Tres veces vino a él la voz del Señor y el dio la misma respuesta. Entonces el Señor Jehová le llamó la cuarta vez, nombrándolo dos veces: «Samuel, Samuel». La respuesta del niño, igual a las anteriores, es un ejemplo clásico para todos nosotros:

«…Habla, porque tu siervo oye.
«Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos» (véase 1 Samuel 3:1-11).

La mayoría de los jóvenes de la Iglesia recibirán un día el llamamiento de ir a la misión. Ruego con fervor que su respuesta sea como la de Samuel: «Heme aquí… Habla, porque tu siervo oye». Entonces recibirán ayuda celestial. Todo misionero se esfuerza por ser la clase de misionero que su madre cree que es, la clase de misionero que su padre espera que sea, y el misionero que el Señor sabe que puede llegar a ser.

Recuerdo la recomendación de un joven en la que el obispo había escrito: «Este candidato es el mejor que he recomendado hasta ahora. Ha sido líder en los quórumes de diáconos, de maestros y de presbíteros de los que ha sido miembro. Se ha distinguido en los estudios y en los deportes en la escuela secundaria. No conozco un joven mejor. Estoy orgulloso de ser su padre». El presidente Spencer W. Kimball, que entonces estaba a cargo del Comité Misional, dijo en tono meditativo: Seguir leyendo

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El Señor me ha mostrado cosas grandes y maravillosas

Conferencia General Octubre 1992

El Señor me ha mostrado cosas
grandes y maravillosas

L. Tom PerryÉlder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

«Vivimos en la era más gloriosa de la historia del género humano. Jamás han sido más grandes la oportunidades de cosechar las bendiciones del Señor.»


En cierta oportunidad Brigham Young nos. aconsejo leer las Escrituras de esta manera:

«¿Leéis las Escrituras, mis hermanos, como si vosotros mismos las hubierais escrito hace mil, dos mil o cinco mil años? ¿Las leéis como si estuvierais en el lugar de aquellos que las escribieron? Si no lo hacéis, tenéis el privilegio de hacerlo, para familiarizarnos con el espíritu y el significado de la palabra escrita de Dios tanto como estáis familiarizados con vuestras caminatas y conversaciones diarias» (Discourses of Brigham Young, comp. por John A. Widtsoe, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1954, pág. 128).

El Libro de Mormón contiene muchas historias con lecciones que se pueden aplicar a todas las edades; es un libro apasionante y sentimental. Sigamos el consejo de Brigham Young e imaginemos que estamos en el lugar de Moroni, el último de los grandes profetas nefitas. La asignación que le había dado su padre de terminar el registro, del cual el había estado encargado hasta entonces, era muy difícil. Debe de haber estado en un estado emocional abrumador al describir la destrucción total de su pueblo.

Debe de haber sentido la obligación de describir cómo los lamanitas persiguieron a su gente hasta que todos fueron destruidos. Con esa sensación de soledad, informa que su padre estaba entre aquellos que murieron. Por todo lo que escribió percibimos que la única razón que tenía Moroni para seguir vivo era la de completar el registro: «Por tanto, escribiré y esconderé los anales en la tierra; y no importa donde yo vaya’ (Mormón 8:4).

Analicemos los sentimientos de Moroni:

Todo lo que tenía era la fe en que el Señor lo preservaría durante el tiempo suficiente para terminar el registro y que algún día este sería descubierto por un elegido del Señor. Reconoció que el registro sería una voz de amonestación para generaciones futuras con respecto a lo que sucede cuando las naciones como la de el se alejan de las enseñanzas del Señor. Desde lo profundo de su corazón, Moroni habla a aquellos que finalmente recibirían el registro; lo que deseaba era evitar que aquellos que lo leyeran sufrieran la tribulación y la angustia que provienen de la desobediencia. Seguir leyendo

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El Señor prosperará a los justos

Conferencia General Octubre 1992

El Señor prosperará a los justos

Dean L. LarsenÉlder Dean L Larsen
De la Presidencia de los Setenta

«El Señor desea prosperar a Su pueblo con los riquezas de la tierra, cuando este demuestra que hará uso prudente de esa abundancia, con humildad y caridad.»


En nombre de la Presidencia de los Setenta y de los miembros de ambos quórumes, deseo extender una cálida bienvenida a los élderes Eyring y Pace al tomar ellos su lugar entre los Setenta. También reconocemos a los quince hombres que se han agregado a los quórumes de los Setenta, cuyos nombres leyó el presidente Hinckley, y que han servido en sus cargos desde mediados de agosto. Expresamos, además, nuestros buenos deseos a los obispos Edgeley y Burton, que han tomado su lugar como consejeros del obispo Hales en el Obispado Presidente de la Iglesia.

Y manifestamos nuestro afecto, profundo respeto y admiración a los hermanos cuyo servicio como Setentas ha llegado oficialmente a su fin en el transcurso de esta conferencia.

En 1831, durante la conferencia de la Iglesia en Fayette, estado de Nueva York, José Smith recibió esta revelación del Señor, la cual contiene una promesa extraordinaria:

«…he hecho rica a la tierra», declaró el Señor, «y he aquí, es el estrado de mis pies; por tanto, de nuevo pondré mi pie sobre ella.
«Y os extiendo y condesciendo a daros riquezas mas grandes, si, una tierra de promisión, una tierra que fluye leche y miel, sobre la que no habrá maldición cuando el Señor venga;
«y os la daré como tierra de vuestra herencia, si es que la procuráis con todo vuestro corazón.
«Y este será mi convenio con vosotros, la recibiréis como tierra de vuestra herencia y como herencia de vuestros hijos para siempre, mientras dure la tierra, y la poseeréis otra vez en la eternidad, para nunca mas volver a pasar» (D. y C. 38:17-20).

A través de las generaciones, el Señor ha demostrado que cuando los habitantes de la tierra lo recuerdan y son obedientes a Su dirección, El los bendice no sólo con bendiciones espirituales, sino también con abundancia material. Seguir leyendo

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El temor

Conferencia General Octubre 1992

El Temor

Virginia H. PearceVirginia H. Pearce
Primera Consejera de la Presidencia de los Mujeres Jóvenes

«Debemos decidir expresarle nuestros temores; debemos decidir confiar en El; debemos decidir permitirle que nos guíe.»


Hago frente a esta enorme responsabilidad con mucho amor y respeto por todas las mujeres, especialmente las jóvenes. Se que todas me escuchan con puntos de vista diferentes; se que cada una tiene necesidades individuales. No obstante el aspecto formal de esta ocasión, estoy segura de que muchas de nosotras, ya sea mediante la música, la palabra o simplemente la camaradería de las amigas que nos rodean, encontraremos respuestas y aliento que nos ayudaran a seguir adelante Mi único deseo es formar parte de ese proceso.

Con este deseo de ejercer de alguna forma una influencia en la vida tan particular de cada una de ustedes, me vino a la mente algo que todo ser humano ha sentido, algo que por lo general consideramos negativo, algo que evitaríamos si pudiéramos. A veces pensamos que nadie sufre de este «algo» como nosotras, o, a veces, a fin de controlarlo, nos convencemos de que no lo sentimos. Ese algo es el temor.

Al preguntar a varias jovencitas a que le tienen miedo, estas son algunas de las respuestas que recibí:

«Cuando tuve que ir a una nueva escuela, me dio miedo el tener que hacer nuevas amistades».

«El año pasado mi hermano estuvo enfermo y tuve miedo de que se muriera».

«Cuando oigo a mis padres pelear y discutir, tengo miedo de que se divorcien».

«Vivía con el temor de que alguien descubriera los terribles errores que había cometido, lo cual avergonzaría sobremanera a mi familia. Tenia tanto miedo de tener que sufrir esa clase de humillación que incluso pense en el aborto».

«Me preocupan muchas cosas: lo que debo decir, cómo debo comportarme, cómo debo vestirme. No puedo divertirme ni hacer nuevas amistades, porque siempre tengo miedo de lo que la gente vaya a pensar de mi».

«A causa de algunas de las cosas que me pasaron cuando era niña, les tengo miedo a los hombres. A veces aun el encontrarme sola con el obispo en su oficina me da miedo. También temo que si otras personas llegaran a saber lo que me pasó, ya no me querrían». Seguir leyendo

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Historias bíblicas y protección personal

Conferencia General Octubre 1992

Historias bíblicas y protección personal

Dallin H. OaksÉlder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles

«Los fieles Santos de los Últimos Dios gozan de protección de los poderes del maligno y de sus seguidores hasta que cumplan con su misión en la vida terrenal.»


Mis queridos hermanos, esta es una ocasión de gran importancia, en la que los poseedores del Santo Sacerdocio de todo el mundo se reúnen para recibir instrucción e inspiración.

Al igual que muchos de los hombres mayores que están reunidos, yo también tengo hijos y nietos que están escuchando en distintas localidades. Todos deseamos que esta reunión sea de interés y de valor para los jóvenes del sacerdocio, por lo c u al me dirijo principalmente a ellos.

Cuando era niño, pasaba casi todas las horas del anochecer leyendo libros. Uno de los favoritos era La historia de la Biblia, de Hurlbut, publicado por un ministro protestante con el fin de enseñar a los niños las verdades bíblicas; dicho ejemplar contiene ciento sesenta y ocho relatos de la Biblia.

Esos relatos me encantaban y los leí muchas veces. Hoy quisiera compartir algunos de los que prefería y hacer comentarios en cuanto a sus enseñanzas y al impacto que han tenido en mi vida.

Empezare con un relato que cuando niño pensé que comprendía, pero que en realidad sólo empecé a comprender más tarde.

El Señor habló a Abraham y le dijo que llevara a su único hijo, Isaac, a la cima de una montaña situada en la tierra de Moriah y lo ofreciera «allí en holocausto» (Génesis 22:2).

La primera vez que leí esta historia no sabía lo que era un holocausto. Sin embargo, como vivía en una granja con animales y montañas a su alrededor, me era mas fácil entender el resto del relato.

Abraham se levantó bien temprano, ensilló uno de sus animales e inició el viaje. Me imaginaba que para Isaac sería un privilegio salir de viaje con su padre. Seguir leyendo

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Hogueras espirituales de testimonio

Conferencia General Octubre 1992

Hogueras espirituales de testimonio

Joseph B. WirthlinÉlder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles

«Ofrezco tres sugerencias que avivaran la llama del testimonio personal, que nos ha de proteger de los lobos del mal que nos acechan y amenazan destruir nuestra seguridad espiritual.»


Hace muchos años, manadas de lobos rondaban por las campiñas de Ukrania, haciendo muy peligrosos los viajes por esas regiones; eran animales intrépidos, que no temían ni a la gente ni a las armas que se usaban en esa época. Lo único que parecía intimidarlos era el fuego. De manera que los viajeros que se encontraban por esos senderos lejos de la ciudad acostumbraban encender una hoguera y mantenerla encendida toda la noche. Mientras el fuego se mantuviera vivo, los lobos no se acercaban; pero tan pronto como se dejaban extinguir las llamas, atacaban en forma despiadada. De manera que los viajeros comprendían que el encender una hoguera y mantenerla ardiendo no era solo una cuestión de comodidad y conveniencia sino un asunto de sobrevivencia («Guardians of the Covenant», Mary Pratt Parrish, Ensign, mayo de 1972, pág. 25).

Mientras viajamos por los senderos de la vida, no tenemos que protegernos contra las manadas de lobos, mas, en un sentido espiritual, sí nos enfrentamos a los lobos engañosos de Satanás que surgen en nuestro camino en forma de tentaciones, de iniquidad y de pecado. Vivimos en momentos peligrosos en que hay lobos hambrientos que rondan las campiñas espirituales en busca de aquellos de fe tambaleante y de débil convicción. En su primera epístola, el apóstol Pedro describió a nuestro «adversario el diablo, como león rugiente, [que] anda alrededor buscando a quien devorar» (1 Pedro 5:8). El Señor le dijo al profeta José Smith: «…tus enemigos te rodean como lobos que buscan la sangre del cordero» (D. y C. 122:6). Todos somos vulnerables a estos ataques; sin embargo, podemos fortificarnos con la protección que nos proporciona un testimonio ardiente que, al igual que una hoguera, haya sido debidamente encendido y sea cuidadosamente alimentado.

Lamentablemente, en la Iglesia hay quienes creen con toda sinceridad que su testimonio es como una hoguera ardiente, cuando en realidad no es mas que la tenue y vacilante llamita de una vela. Su fidelidad es cuestión mas de costumbre que de santidad, y el logro de los intereses personales y del placer casi siempre toma precedencia sobre su anhelo de lograr la rectitud personal. Con una luz tan tenue de testimonio como protección, estos viajeros que transitan por los senderos de la vida son una presa fácil para los lobos del adversario. Seguir leyendo

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Honra a tu padre y a tu madre

Conferencia General Octubre 1992

«Honra a tu padre y a tu madre»

Lino AlvarezÉlder Lino Alvarez
De los Setenta

«Invito a todos, niños, jóvenes y adultos por igual, a honrar a sus padres, y a esforzarse por hacer cada día aquellas cosas que les honren.»


Mis queridos hermanos y hermanas, me siento muy humilde e incapaz al estar detrás de este púlpito, desde el cual tantos y tantos hombres de Dios nos han enseñado las verdades eternas del evangelio.

Oro para que el Espíritu del Señor este con todos nosotros, que por medio de el yo pueda expresarme en esta lengua que no es la mía, que aquellos a quienes lleguen mis palabras puedan comprender con la mente y el corazón lo que trataré de decir y que la promesa de que de ambas partes nos. edifiquemos y regocijemos juntamente se cumpla plenamente (véase D. y C. 50 22). Les pido que mantengan una oración en el corazón para que todo esto sea posible.

Primeramente, deseo expresar a mi Padre Celestial la gratitud que siento por Su amor, Su misericordia, Su paciencia y, sobre todo, por Su confianza en mi. Quiero agradecer a la Primera Presidencia, al Quórum de los Doce y a los Setenta todo lo que en el transcurso de muchos años me han enseñado sobre el Salvador y sobre la manera de servirle eficazmente. También quiero dar las gracias a mi presidente de misión que, en mi juventud, creyó en mi, me demostró confianza y nutrió mi testimonio de Cristo y de Su evangelio restaurado.

Acepto este llamado para servir con un sentimiento de incapacidad, pero también con un grande y solemne testimonio de que proviene de Dios; y estoy dispuesto a dar lo mejor de mi para servir al Señor y a Su pueblo. Recibí el llamamiento por intermedio del presidente Hinckley, que fue quien también me llamó como presidente de misión de estaca de la primera estaca organizada en Santiago de Chile, en 1912; y posteriormente, como presidente de la Misión México Sur, en 1982.

He meditado mucho sobre mi niñez, mi juventud y mi vida madura, y creo que el fundamento de mis creencias fue puesto por mis padres en los años de mi infancia y mi juventud. Deseo rendir un tributo a ellos, mi padre y mi madre, que sin haber tenido una educación formal supieron enseñarme los principios eternos del evangelio. Soy el décimo de una familia de doce hijos: diez varones y dos mujeres. Seguir leyendo

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Jesucristo es el punto central de la restauración del evangelio

Conferencia General Octubre 1992

Jesucristo es el punto central de
la restauración del evangelio

Gary J. ColemanÉlder Gary J. Coleman
De los Setenta

«La Restauración… influye en coda porción de nuestra jornada terrenal; nos hoce enfocar nuestra atención en el sendero sobre el que debemos andar en la diaria búsqueda del significado de la vida.»


Mis hermanos en el evangelio, estoy aquí esta noche para expresar los sentimientos de mi corazón. Quiero que todos los jóvenes sepan que hay anclas seguras a las que podemos afianzarnos en estos tiempos difíciles; hay fundamentos, sólidos como la roca, sobre los que podemos edificar para guiarnos a través de las tormentas devastadoras de los últimos días. Hoy día podemos gozar de la plenitud del evangelio si prestamos especial atención a las prácticas y los principios básicos. El vivir estos conceptos nos ayudara a llegar felizmente al fin de la jornada que lleva a la vida eterna.

Cuando era joven, anduve por vías diferentes de las que se enseñan en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Viví de acuerdo con una mezcla de las doctrinas y los mandamientos de los hombres, que tenían una forma de piedad, pero carecían de las verdades de Dios y del poder que estas tienen. La religión era una parte vital de mi vida cuando era joven; estaba profundamente impresa en el núcleo mismo de nuestra vida familiar. Sin embargo, faltaba algo, algo que era fundamental en cuanto al propósito de la vida y que parecía obscuro e incierto. En los años de mi juventud, tuve la suerte de conocer a algunos buenos Santos de los Últimos Días que me abrieron nuevas puertas del evangelio.

Las doctrinas de la restauración del Evangelio de Jesucristo se han convertido en mi sendero hacia la vida eterna y me han dado la plenitud de gozo aquí en la tierra. Pocas son las cosas que he llegado a estimar más que el conocimiento de la realidad de la Trinidad. Somos literalmente la progenie espiritual de Dios el Padre. La vida y la misión de Su Hijo Unigénito, Jesucristo, afectan mi vida diariamente. La influencia diaria del Espíritu Santo es un gran consuelo para mí. Seguir leyendo

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La conversión trae confianza

Conferencia General Octubre 1992

La conversión trae confianza

Aileen H. ClydeAileen H. Clyde
Segunda Consejera de la Presidencia General de 1a  Sociedad de Socorro

«Creo que es importante trotar de expandir la mente y comprender, como Moisés lo hizo, la paradoja de ser pequeños y grandes al mismo tiempo.»


Me siento agradecida de estar reunida con esta gran congregación de mujeres de la Sociedad de Socorro, de las Mujeres Jóvenes y líderes de la Primaria. Me alegro de que tengamos con nosotras a los presidentes Hinckley, Monson y Hunter, así como otros líderes del sacerdocio, como representantes de la asociación que tenemos con el sacerdocio y que tanto valoramos en la Iglesia y en nuestro hogar.

Creo que vivimos en una época maravillosa, y digo que es maravillosa porque cada una de nosotras tiene disponible el conocimiento que necesita para vivir con confianza, rectitud y felicidad. Vivimos, como siempre han vivido hombres y mujeres, en circunstancias complicadas, variables y a veces abusivas; pero gracias al evangelio restaurado, cada una de nosotras tiene un tipo de conocimiento que le asegura la supervivencia y aun la victoria sobre las condiciones inquietantes que puedan amenazar nuestro equilibrio y nuestro progreso.

Largo tiempo atrás, Moisés estuvo en una montaña y habló con Dios, que le mostró el mundo en el que vivimos. Aquella fue una visión extraña, diferente de cualquier otra cuya descripción yo haya leído: «…y vio Moisés el mundo y sus confines, y todos los hijos de los hombres que son y que fueron creados». Las Escrituras nos dicen que «él se maravilló y se asombró» (Moisés 1:8). ¿Podemos concebir siquiera lo que sería ver a toda persona y cosa que ha sido o será creada para esta tierra? Esto hizo que Moisés se maravillara y quedara lleno de asombro. Y se dijo: «Ahora sé que el hombre no es nada, cosa que yo nunca me había imaginado» (Moisés 1: 10).

Después, el Señor le enseñó una verdad importantísima y fundamental, diciéndole: «…esta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre» (Moisés 1:39). Quisiera agregar: de todo hombre y de toda mujer. Que motivo de asombro, para Moisés y para nosotros, que, aunque nos consideramos insignificantes al compararnos con la vastedad del universo, hayamos sido el motivo de su creación y de la creación de la tierra. Seguir leyendo

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La edificación de nuestro propio tabernáculo

Conferencia General Octubre 1992

La edificación de nuestro propio
tabernáculo

Gordon B. HinckleyPresidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero de la Primera Presidencia

«Nuestro cuerpo, nuestra mente… son el tabernáculo de nuestro espíritu. El Padre de esos espíritus desea que edifiquemos esos tabernáculos individuales con fortaleza y virtud.»


Quiero decir que siempre es para mi una inspiración participar en estas grandiosas reuniones del sacerdocio. Se hacen muchas convenciones y conferencias en todo el mundo, pero no hay otra reunión que se compare a esta.

El milagro de la transmisión vía satélite ha hecho posible que cientos de miles de nosotros nos unamos en esta sesión, reunidos en cientos de salones. Cada uno de nosotros es una persona distinta, pero todos pensamos lo mismo, tenemos el mismo propósito y la misma fe, y todos hemos sido ordenados al sacerdocio y se nos ha dado la autoridad que proviene de Dios, nuestro Padre Eterno.

Hay muchos mas hermanos reunidos fuera de Salt Lake City que los que hay en el Tabernáculo desde donde hablo esta noche. Nuestras voces e imágenes les llegan desde este majestuoso edificio de la Manzana del Templo. Quisiera que todos pudieran estar aquí, en este lugar único y maravilloso.

Este Tabernáculo no es en realidad una de las salas de conferencias mas grandes del mundo; aquí caben seis mil personas y ahora hay auditorios con una capacidad diez veces mayor. Pero este edificio es diferente en su origen, en su estructura y en sus características .

Hablo del Tabernáculo porque es su aniversario. Se terminó de construir y se usó por primera vez para una reunión de los santos hace ciento veinticinco años, en una conferencia de octubre como esta. Desde entonces ha sido el lugar donde se originan las conferencias generales de la Iglesia.

Me pregunto si cuando Brigham Young se puso por primera vez de pie detrás de este púlpito, hace ya un siglo y cuarto, sabría que el edificio duraría tanto y serviría tan bien.

Esta es una estructura peculiar. No se que exista otra como esta. Tiene un carácter y un espíritu propios. Los que se sientan bajo su inmenso techo en forma de cúpula pueden percibir su majestuosidad. Seguir leyendo

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El cambio

Conferencia General Abril 1991

El cambio
Elder Jacob de Jager
De los Setenta

Jacob de Jager«Nuestro Padre Celestial ha prometido que pondrá un nuevo espíritu dentro de los personas… Los grandes cambios que hemos visto en los últimos años son el comienzo de una nueva época».

Hermanos, es un placer estar con vosotros esta noche. Hablar en la sesión del sacerdocio de la conferencia general es una oportunidad única en mi vida, porque durante los quince años que he pertenecido al Quórum de los Setenta nunca lo había hecho y no creo que vuelva a tener este privilegio. Por lo tanto, considero una bendición personal dirigirme a tan vasto auditorio de hombres dignos que poseen el sacerdocio de Dios.

Muchos de vosotros todavía estáis solteros y otro gran número de vosotros estáis casados. A los que conforman este segundo grupo quisiera testificaros, basándome en mi experiencia personal, que una esposa amorosa que os brinde su apoyo os dará gran fortaleza. Tal vez hayáis oído decir: «Junto a todo gran hombre, hay una gran mujer». En la Iglesia, sin embargo, hemos cambiado un poco este adagio y decimos: «Junto a todo gran hombre en la Iglesia hay una suegra sorprendida». Tal vez ella diga: «¿Es este el joven que se casó con mi hija? ¿Es ya obispo? ¡No puedo creerlo!» Si, querida suegra, ese joven maduró, adquirió experiencia al tomar sobre si mayores responsabilidades y aprendió a servir al Señor sirviendo a los demás. En pocas palabras, ¡ha cambiado!

Esta noche me gustaría hablar del cambio porque todo a nuestro alrededor parece estar cambiando a un paso acelerado. En los dos últimos años hemos visto grandes cambios en Europa oriental, y lo que acaba de suceder en el Golfo Pérsico, sin lugar a dudas ha cambiado en forma dramática la vida de muchas personas. Fue inevitable que los acontecimientos del momento influyeran en nuestra vida y tal vez hayamos tenido el sentimiento desconsolador de que todos esos cambios que se han verificado en el mundo estaban fuera de nuestro control.

Sin embargo, existen cambios importantes que todos debemos poder realizar con la debida preparación, y sobre los cuales si tenemos control. Hermanos, como poseedores del sacerdocio debemos hacernos estas preguntas: «¡Dedico la atención y el tiempo que se requieren para cambiar aquellos aspectos personales que requieren un cambio y que me ayudaran a ser mejor ante los ojos del Señor?» Y «como padre y líder espiritual de mi propio hogar, ¿presto la atención necesaria y dedico el tiempo que haga falta para cumplir con mis deberes y responsabilidades básicos?» Estas responsabilidades son: Seguir leyendo

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El arrepentimiento

Conferencia General Abril 1991logo 4
El arrepentimiento
Elder F. Burton Howard
De los Setenta

F. Burton Howard«Nunca recibiremos la dulce paz que el evangelio proporciona cuando justificamos nuestra conducta o culpamos a otros de nuestra desdicha».

La última vez que me dirigí a vosotros desde este púlpito os hable sobre el arrepentimiento. Hoy he decidido tratar ese mismo tema ya que pienso que quizá no recordéis lo que os dije en esa ocasión.

En uno de los juegos infantiles, los jovencitos a veces forman un circulo y uno golpea al otro en el hombro mientras dice: «Pásalo». El que recibe el golpe obedece y lo pasa al que está a su lado y a su vez dice: «Pásalo». El tercero golpea al cuarto, y así sucesivamente cada uno trata de deshacerse de su dolor, y de la responsabilidad de haberlo causado, ocasionándole dolor a otra persona.

Muchos de nosotros nos parecemos a esos jovencitos y es posible que, como adultos, sin darnos cuenta, continuemos ese juego infantil, arriesgando, al hacerlo, más que un golpe en el hombro. Permitidme explicar a qué me refiero.

El no estar dispuestos a ser responsables de nuestras acciones ni de aceptar las consecuencias de estas es una condición muy común en el mundo actual. ¿Quién no ha oído hablar del borracho que por manejar ebrio tiene un choque y demanda a la persona que le invitó a beber? ¿O de la víctima de un accidente que demanda al médico que le atendió? Hay personas que cometen crímenes horrorosos alegando demencia o diciendo que son víctimas del ambiente en que viven. Los desamparados culpan al alcohol; los alcohólicos, a los defectos genéticos; y los violadores y adúlteros, al hecho de que provienen de hogares deshechos. Y para colmo hay quienes están de acuerdo con ellos, disminuyendo así la gravedad de la culpa.

La costumbre de culpar a otros de nuestros infortunios, aunque quizá se entienda en el mundo, tiene en lo espiritual consecuencias mucho más serias ya que, en ese sentido, nos ha acosado desde la antigüedad.

Caín culpó a Dios cuando no se le aceptó su sacrificio: «Y también estaba yo con sana», dijo el, «porque aceptaste su ofrenda y la mía no» (Moisés 5:38). Seguir leyendo

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Eduquemos a los niños

Conferencia General Abril 1991logo 4
Eduquemos a los niños
Elder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

M. Russell Ballard«Ver a nuestros hijos crecer, triunfar en la vida y lograr un puesto en la sociedad y en el Reino de Dios es una recompensa eterna digna de cualquier inconveniencia o sacrificio».

Durante la Navidad recién pasada, tuve el privilegio de participar en la ceremonia de iluminación de luces navideñas del Centro de Visitantes de Washington D. C. Al encender las 200,000 luces, estas parecían danzar y centellear por los árboles teniendo como fondo la brillantez del majestuoso templo. Esa noche nos deleitaron con los bailes y los cantos de su madre patria treinta y cinco niños de la escuela de la Embajada Soviética, quienes por primera vez se encontraban en el extranjero. Tras el programa de ellos, también hicieron una presentación niños miembros de la Iglesia ante aquella acogedora concurrencia entre la que había personalidades de las embajadas de veintidós países.

Los niños miembros de la Iglesia se encontraban sentados en tarimas que se habían colocado delante de la imponente estatua del Cristo, de dos metros y medio de altura, la cual es el foco de atracción del vestíbulo principal del centro de visitantes. A corta distancia, separados de los nuestros, los niños soviéticos estaban sentados con sus padres y sus maestros. Al ponerme de pie para dirigir la palabra, me cautivó el semblante radiante de aquellos niñas y niños tan hermosos, y les pedí que se sentaran con nuestros jovencitos. Cuando lo hicieron, ofrecieron un hermoso espectáculo y la mejor manera de dar comienzo a la temporada navideña. La pureza y la dulzura que irradiaban los niños de dos naciones poderosas, sentados a los pies del Cristo, se reflejó en el cariño instantáneo que se demostraron.

Les manifesté a los presentes que quizás las dificultades del mundo se resolverían si tan sólo diéramos a los niños el liderato de las naciones durante unos días. Por medio del amor hallarían soluciones a los malos entendimientos, a la desconfianza y al mal proceder de los adultos del mundo. Esa noche sentí la fuerte impresión de que si todos los hombres y todas las mujeres amaran a Jesucristo al igual que esos preciosos niños, se resolverían muchos de los problemas del mundo. Muy pronto, quizás mas pronto de lo que pensamos, el destino de las naciones estará en las manos de los niños de hoy. Cierto autor anónimo lo expresó de la siguiente manera: Seguir leyendo

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Cuídate de no olvidarte de Jehová

Conferencia General Abril 1991

Cuídate de no olvidarte de Jehová

Dean L. Larsen«Elder Dean L Larsen
De la Presidencia de los Setenta

«La historia repetidamente confirma que la abundancia de posesiones terrenales puede ser, tanto una bendición como una maldición, de acuerdo con la forma en que las personas las consideren y utilicen».


Damos nuestra bienvenida a los hermanos que han sido sostenidos esta mañana como miembros de los Quórumes de los Setenta. Son hombres de gran fe y devoción que poseen una amplia experiencia en el liderazgo de la Iglesia. Su llamamiento refleja el crecimiento continuo de la Iglesia en todo el mundo.

Mientras las tribus del Israel antiguo se preparaban para cruzar el Jordán y entrar en la tierra de Canaán, Moisés les dio su ultimo consejo e instrucción. Estaban a punto de entrar en una tierra que Josué y Caleb habían descrito como «tierra que fluye leche y miel» (Números 14:8), lo que iba a causar un cambio dramático en las condiciones de Israel, un cambio drástico para una generación que sólo había conocido la desolación del desierto y que dependía del Señor para su sustento diario.

Moisés estaba preocupado porque no sabia si su pueblo estaba capacitado para enfrentar ese cambio abrupto que estaban por iniciar. «Oye, Israel», dijo, «tu vas hoy a pasar el Jordán, para entrar a desposeer a naciones mas numerosas y mas poderosas que tu, ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo» (Deuteronomio 9:1).

«Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que te daría, en ciudades grandes y buenas que tu no edificaste,

«y casas llenas de todo bien, que tu no llenaste, y cisternas cavadas que tu no cavaste, viñas y olivares que no plantaste, y luego que comas y te sacies,

«cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre» (Deuteronomio 6:10-12).

A través de las dispensaciones del evangelio, otros Profetas demostraron tener la misma preocupación que Moisés con respecto a su pueblo. Daría la impresión de que uno de los efectos paralelos inevitables que se presentan cuando la gente aplica los principios del evangelio en su vida es que mejoran en el aspecto material. Esto no quiere decir que el derecho o la esperanza de todo el que acepte el Evangelio de Jesucristo deba ser. el llegar a ser. rico en lo que se refiere a posesiones materiales. No obstante, el Señor ha dejado bien en claro que cuando Su pueblo es obediente, El desea bendecirlo con lo necesario y las comodidades de la vida para que nadie tenga necesidades. Seguir leyendo

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