El fortalecimiento de la familia

Conferencia General Octubre 1987logo 4
El fortalecimiento de la familia
por Joanne B. Doxey
Segunda Consejera en la Presidencia de la Sociedad de Socorro

Joanne B. Doxey«Nosotras, como mujeres, podemos demostrar nuestro amor al Señor cumpliendo con la responsabilidad que nos, dio de ‘apacentar sus corderos’, trayendo almas a Él y fortaleciendo a la familia aquí y en el mas allá.»

Cerca del mar de Galilea, cuando el Cristo resucitado comía con sus discípulos de los peces que ellos acababan de pescar, le preguntó a Simón Pedro: «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas mas que estos? Le respondió: Sí, Señor; tu sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos» (Juan 21:1517).

¿Tiene lo que aspiramos en esta vida mas valor que nuestras metas eternas? ¿Responderíamos como Pedro cuando se le preguntó acerca de lo que tenia mayor prioridad?

Mis queridas hermanas, mi mensaje de hoy es de amor y aliento, de que nosotras, como mujeres, podemos demostrar nuestro amor al Señor cumpliendo con la responsabilidad que nos dio de «apacentar sus corderos», trayendo almas a Él y fortaleciendo a la familia aquí y en el mas allá.

Es algo glorioso ser una mujer en estos últimos días. Nosotras, con el sacerdocio, debemos preparar una generación justa para la segunda venida de Cristo. Hoy nos gula un profeta que nos pide que apacentemos los corderos, protejamos el hogar y fortalezcamos a la familia.

¿Por que creen que los profetas nos hacen recordar nuestro deber sagrado de »apacentar los corderos» y proteger a la familia y el hogar? Porque es contra el hogar y la familia que Satanás ha concentrado sus esfuerzos destructores; y hay demasiadas ovejas errantes o que están siendo tentadas para que se alejen del redil, y los lobos están al acecho para devorar el rebaño.

¿Cómo podemos preparar a los hijos para su importante papel en la vida si nosotras, sus consejeras, no estamos a su lado o no nos preocupamos? Esta es una tarea tremenda, pero encierra gran esperanza y felicidad. Seguir leyendo

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El bálsamo de Galaad

Conferencia General Octubre de 1987

El bálsamo de Galaad

por el élder Boyd K. Packer
del Cuórum de los Doce Apóstoles

«Vemos a nuestro alrededor mucho sufrimiento innecesario, muchas personas que se dañan espiritualmente cargando sobre sus hombros pesos de los que bien podrían librarse»


Hace algunos años, desde este mismo púlpito, di un discurso que titule «El bálsamo de Galaad». La repercusión que tuvo fue sorprendente. Ese mismo día dos pleitos quedaron sin efecto porque uno o ambos litigantes entendieron que lo que pudieran ganar materialmente jamas llegaría a compensar el costo espiritual.

Quisiera hoy repetir una buena parte de aquel discurso.

En épocas antiguas, se transportaba de Galaad, del otro lado del Jordán, una sustancia curativa que se extraía de la savia de un arbusto. Era uno de los artículos más valiosos del comercio. Los mercaderes ismaelitas que compraron a José cuando sus hermanos lo vendieron llevaban precisamente bálsamo de Galaad a Egipto (véase Génesis 37:25).

El producto se convirtió en un símbolo del poder de aliviar y curar.

Hay un bálsamo en Galaad
que toda herida cura,
Hay un bálsamo en Galaad
que al alma enferma vuelve pura.
(Recreational Songs. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días. 1949, pág. 130.)

Mi mensaje tiene como fin ahora, al igual que lo tuvo entonces, apelar ante quienes no están en paz; cuyas vidas se ven afectadas por un dejo de amargura, hostilidad o resentimiento. Es un ruego a los que se sienten abatidos por preocupaciones, por el dolor o la decepción, por un sentido de culpa o de vergüenza.

Vemos a nuestro alrededor mucho sufrimiento innecesario, muchas personas que se dañan espiritualmente cargando sobre sus hombros pesos de los que bien podrían librarse. Hay muchos que sufren como resultado de verdaderos infortunios e injusticias. Lamentablemente, también hay quienes solo se imaginan esas cosas. De todos modos, los pesares que uno se echa sobre si, con el tiempo, terminan por carcomerlo. Seguir leyendo

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Cuando una puerta se cierra, otra se abre

Conferencia General Octubre 1987

Cuando una puerta se cierra, otra se abre

por el presidente Howard W. Hunter
Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles

«Cuando una puerta se cierra, hay otra que se abre. . . No siempre tenemos la sabiduría o experiencia para saber cual escoger entre todas las puertas de entrada o de salida.»


Perdonadme si permanezco sentado mientras hago estos comentarios. No es que prefiera hablar desde una silla de ruedas, pero veo que vosotros parecéis gozar de la conferencia sentados; por lo tanto, seguiré vuestro ejemplo.

Refiriéndome a estar sentado y de pie, he observado que la vida de todos esta llena de altibajos. En verdad, vemos mucho gozo y dolor en el mundo, muchos planes que se desbaratan y nuevos rumbos, muchas bendiciones que no siempre se ven o se sienten como bendiciones y experiencias que nos hacen humildes y aumentan nuestra paciencia y nuestra fe. Todos hemos tenido estas experiencias de vez en cuando y creo que siempre las tendremos.

Un pasaje de uno de los sermones proféticos más grandes que se hayan dado, el magistral discurso del rey Benjamin al pueblo de Zarahemla en el Libro de Mormón. dice:

«. . .  los hombres beben condenación para sus propias almas, a menos que se humillen y se vuelvan como niños pequeños. . .

»Porque el hombre natural es enemigo de Dios, y lo ha sido desde la caída de Adán, y lo será para siempre jamas, a menos que se someta al influjo del Espíritu Santo, y se despoje del hombre natural, y se haga santo por la expiación de Cristo el Señor, y se vuelva como un niño: sumiso, manso, humilde, paciente, lleno de amor y dispuesto a someterse a cuanto el Señor juzgue conveniente imponer sobre él, tal como un niño se sujeta a su padre» (Mosíah 3:18-19).

Ser como un niño y someternos a la voluntad de nuestro Padre no siempre es fácil. El presidente Spencer W. Kimball, que supo bastante de sufrimiento, desilusiones y circunstancias fuera de su control, escribió: Seguir leyendo

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Al servicio del Señor

AL SERVICIO DEL SEÑORlogo 4
por el élder Douglas J. Martin
del Primer Quórum de los Setenta

Douglas J. Martin«Tanto esos matrimonios misioneros como nosotros mismos vamos descubriendo un nuevo propósito y sintiendo mas satisfacción en nuestra vida.»

Mis queridos hermanos, hacen varios años, en una conferencia general, oí al presidente Spencer W. Kimball exhortar a los matrimonios mayores, ya con todos sus hijos casados o independientes, a despegarse un poco de ellos y de sus nietos por un año o dos para servir a nuestro Salvador Jesucristo en el campo misional. Eso me impresiono mucho y en cuanto llegue a mi casa, en Nueva Zelanda, se lo conté a mi esposa.

Al hacer nuestros planes para servir, decidimos que yo me jubilaría un poco antes de tiempo, o sea, cuando yo cumpliera sesenta años en abril de 1987. Se lo dijimos a nuestros hijos, quienes, si bien no dijeron mucho al respecto, acataron nuestros deseos y nos apoyaron. También informe a mis socios con tres a cuatro años de anticipación.

Al acercarse 1987, nuestros planes iban marchando bien. Yo esperaba dedicar unos meses a las agradables actividades con que había sonado desde hacia años, pensando que más adelante llegaría nuestro llamamiento a la misión.

Pero un día de fines de marzo de este año,  se me comunicó por teléfono que debíamos asistir a la conferencia general de Salt Lake City antes de la fecha de jubilación fijada en abril. [En esa fecha recibió el llamamiento al Quórum de los Setenta y mas adelante se lo llamo como consejero de la presidencia de área.]

¡Cuánto agradecemos haber prestado oído a la inspiración del Espíritu tras escuchar al presidente Kimball hace ya varios años.

Debe de haber en muchos países, en la lglesia en la actualidad, matrimonios de nuestra edad, de circunstancias parecidas o iguales a las nuestras que estén recibiendo la misma inspiración del Espíritu Santo. Al recibirla, recordad la promesa que recibió el profeta José Smith: «Y ahora, de cierto, de cierto te digo: Pon tu confianza en ese espíritu que induce a hacer lo bueno ‘ (D. y C. 11: 19).

Desde hace sólo un mes, mi esposa y yo estamos en el servicio del Señor trabajando en las islas de las Filipinas. Micronesia y Guam, y nuestra vida ha cambiado totalmente. Hemos pasado del invierno al verano en sólo doce horas. Del cordero de Nueva Zelanda al pescado delicioso que llaman lapu lapu. Aun nos resultaba distinto el delgado y moreno presidente de estaca filipino que me dijo: «Tengo la misma edad que usted, élder Martin». Seguir leyendo

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África ve el alba de un nuevo día

Conferencia General Octubre 1987logo 4
África ve el alba de un nuevo día
por el élder Alexander B. Morrison
del Primer Quórum de los Setenta

Alexander B. Morrison«La luz de del evangelio que ilumina África hoy en día es una gran manifestación y testimonio del amor de Dios por todos sus hijos.»

Los profetas proclaman y las Escrituras corroboran que todas las personas, si quieren ser felices, deben allegarse a Cristo, y perfeccionarse en él (véase Moroni 10:32) Y este es el objetivo de La lglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días: invitar, animar y ayudar a todos los hijos de Dios, tanto vivos como muertos, a que se acerquen a Cristo y recibir »toda buena dádiva» (Moroni 10:30), para que podáis recibir la remisión de vuestros pecados, y seáis llenos del Espíritu Santo; para que podáis ser contados entre los de mi pueblo que son de la casa de Israel» (3 Nefi 30:2). Por esa razón hacemos la obra misional.

Este objetivo divino explica por que el Salvador resucitado dijo a sus Apóstoles que después de recibir el Espíritu Santo ellos serían testigos de El »en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo ultimo de la tierra» (Hechos l: 8)

La frase »hasta lo ultimo de la tierra» estaba en mi mente hace unas semanas cuando tuve el privilegio de acompañar al élder Marvin J Ashton, del Consejo de los Doce, a una tierra fértil muy querida para mí, el continente africano. Con la autoridad del sagrado apostolado, el élder Ashton dedicó dos países del oeste de Africa -Liberia y Costa de Marfil- y uno en Africa Central -Zaire- a la obra del Señor y a la predicación de la plenitud del evangelio de Jesucristo. Estos países se unen a otros de 1a llamada Africa Negra, donde la gran obra de traer almas a Cristo ya ha comenzado. Ha llegado el tiempo de la cosecha y somos testigos del amanecer de un nuevo día, del comienzo de una nueva era en Africa.

En uno de los grandes himnos de la restauración, Parley P Pratt, uno de los primeros Apóstoles de Iglesia, describió en forma poética lo que significaba para él la obra de los últimos días: Seguir leyendo

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Ya soy grande

Conferencia General Abril 1987logo 4
Ya soy grande
élder Marvin J. Ashton
del Quórum de los Doce Apóstoles

Marvin J. Ashton1«El juzgarse a sí mismo, ya sea para bien o para mal, es peligroso. La dirección en la que avanzamos es mucho más importante que el lugar donde estamos.»

Hace algunas semanas, alguien que ocupa un cargo de responsabilidad en la Iglesia me pidió un favor »¿Tendría la gentileza de estar presente mientras una madre, un padre y una hija adolescente, que son muy amigos míos, tratan de ponerse de acuerdo?»

Al sentarnos los cuatro, inmediatamente me di cuenta de que las vías de comunicación estaban cerradas por la parcialidad, las amenazas, las acusaciones y los resentimientos. Conforme aumentó el acaloramiento de la conversación, me di cuenta de que yo era el único que escuchaba a los demás. Aun cuando habían estado de acuerdo en que yo fuese el consejero, juez, arbitro o como quieran llamarle, ahí estaba yo, esperando pacientemente la oportunidad de que me escucharan. Durante la acalorada y emocional confrontación, la jovencita expresó repetidamente su resentimiento: »No me hablen así, ya soy grande; no me traten así, ya soy mayor y no pueden controlar mi vida. Ya soy grande».

Cada vez que ella decía »ya soy grande» yo me estremecía, porque la definición de un adulto es una persona que ha llegado a la edad de la madurez, que ha madurado totalmente. Si bien es cierto que legalmente se considera adulta a una persona que ha llegado a una edad determinada, la calidad de adulto a la que me refiero debe ganarse con los hechos y la actitud.

A ciencia cierta no sé quien tiene el derecho o la responsabilidad de determinar cuando alguien es un adulto, pero estoy seguro de que frecuentemente, el menos indicado es la persona misma. Si la persona es madura, no necesita anunciarlo. La conducta personal es la única manera de determinar el grado de madurez. Cuando se trata del comportamiento, al clasificar a un adulto no se toma en cuenta la edad. Las arrugas, ni las canas. Quizás no sea muy errado decir que la conducta de un adulto es un proceso. La madurez, por lo general, se logra por medio de la autodisciplina, la flexibilidad y un esfuerzo continuo.

Para ser justo con aquella jovencita, aun cuando su »ya soy grande» no me impresionó mucho, hubo momentos durante la visita que demostró tener mas madurez que los demás. No creo que sea muy eficaz el que nosotros, los mas entrados en años, usemos una expresión como »soy mayor que tu» para recalcar cierto punto. Es mejor ganarse el respeto y el amor de los jóvenes por medio de una digna conducta paternal que tratar de obtenerlo haciendo hincapié en la diferencia de edad. Seguir leyendo

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Vida después de la vida

Conferencia General Abril 1987
Vida después de la vida
élder Russell M. Nelson
del Quórum de los Doce Apóstoles

El testimonio de miles, tanto de la antigüedad como de la actualidad, da fe del hecho cierto de que Jesús resucitado es el Salvador del género humano.  Él dio origen a la resurrección universal.

Ante este púlpito es un gran honor para mí seguir al Presidente de la Iglesia, el presidente Ezra Taft Benson, a quien sostengo como Profeta viviente de Dios.  Él, que fue ordenado Apóstol en 1943, antes de que yo ingresara en la Facultad de Medicina, es ahora el Apóstol mayor de la tierra; y tengo el privilegio de expresar yo también mi gratitud por un Profeta y por su mensaje instructivo e inspirador.

Nos ha enseñado del ministerio del Señor resucitado entre los habitantes de la antigua América.  Ese valioso conocimiento que contiene el Libro de Mormón es de importancia trascendental para todas las personas. ¡Ciertamente el Libro de Mormón es otro testamento de Jesucristo!

Mientras el presidente Benson hablaba, mis pensamientos se remontaron momentáneamente a una conversación que tuve hace unos años con un editor de libros que estaba interesado en el tema de la posible continuación de la vida después de lo que llamamos la muerte. Recuerdo que me preguntó si yo podría proporcionarle casos de experiencias de mis pacientes que hubieran traspasado apenas el umbral de la muerte y que hubieran vuelto luego a la vida para contar esa vivencia.  Conocedor del interés del público en ese tema, deseaba dar al libro el título de Vida después de la vida.

Al pensar en lo que me pedía, recordé muchos casos que me habían contado confidencialmente a lo largo de los años.  Sin embargo, los consideré demasiado sagrados para darlos a conocer a un modo mundano, particularmente tratándose de obtener lucro comercial.  Por otro lado, ¿de qué valía el relato de casos aislados de la realidad de la vida después de la muerte sin que éstos fuesen corroborados por los testimonios de testigos?

Para mí, hubiera sido mucho más lógico y convincente un estudio de evidencias bien documentadas y meticulosamente confirmadas de la vida después de la muerte. Seguir leyendo

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Sin atajos

Conferencia General Abril 1987logo 4
Sin atajos
élder Robert L. Simpson
del Primer Quórum de los Setenta

Robert L. Simpson«Jóvenes de linaje escogido, jóvenes del sacerdocio real, tened fe para que podáis llegar a ser un Nefi moderno.  Sí, reconocernos que es difícil a veces, pero las recompensas son  innumerables.»

Mis queridos hermanos, y vosotros, jovencitos del Sacerdocio Aarónico; estoy encantado de veros aquí, y muy complacido de que hayáis cumplido con el Señor en esta ocasión al venir a esta importante reunión del sacerdocio.

¿Dónde estaríamos sin la fe de los jóvenes?  Tengo en la mente a un joven llamado David en el Antiguo Testamento.  Recuerdo a un joven llamado Nefi en la historia del Libro de Mormón.  Y también tengo presente a un joven de quince años, que tuvo fe y llegó a estar a la cabeza de esta dispensación.  Me siento muy agradecido por el emprendimiento de los jóvenes y la fe y el discernimiento que poseen.

Quisiera relataros un cuento: un ministro llegó al punto en que creía tener suficiente fe para poder caminar sobre el agua.  Entonces anunció a todos que lo podría hacer y llegaron personas de todos lados a presenciar la hazaña.  Había miles de personas allí y en la primera fila estaba un diácono de nuestra Iglesia.  El jovencito tenía mucho interés en esta clase de fe. Había oído hablar de ella en la Escuela Dominical y en las noches de hogar, y allí estaba, a pocos metros del agua.

Cuando el ministro se acercó al agua, se detuvo un momento, y mientras procedía a arremangarse los pantalones, el joven exclamó: «¡Señor, no podrá hacerlo! » Y así fue.

No hace mucho me quedé impresionado con un grupo de jóvenes del Sacerdocio Aarónico que estaban reunidos con sus obispos y asesores para hablar del evangelio.  Se trataba de una reunión informal para intercambiar ideas y razonar juntos (véase D. y C. 50: 1 O.). Por los saludos y comentarios iniciales me di cuenta de que cada uno de los jóvenes respetaba a su obispo y apreciaba a sus asesores.  También era obvio, por lo que decían, que amaban al Señor.  Pero, a pesar de eso, algunos de ellos todavía tenían dudas sobre algunos puntos.  Tres preocupaciones principales surgieron en la conversación esa mañana. Primero, la pregunta: «¿,Por qué es tan difícil la vida?» Seguir leyendo

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Seguridad espiritual

Conferencia General Abril 1987logo 4
Seguridad espiritual
élder Charles Didier
del Primer Quórum de los Setenta

Charles A. DidierTornarse al Señor y confiar en sus revelaciones significa vivir de manera tal que podamos resistir las inundaciones y los torbellinos de la duda y la incertidumbre.

Desde el principio, la verdad y el conocimiento acerca de nosotros mismos y de nuestro medio ambiente han sido una búsqueda para el hombre natural, y lo han guiado a grandes descubrimientos científicos, así como también a teorías disputables. Parecería que los interrogantes no tienen limite, y las respuestas ofrecidas que pudieron haber sido correctas ayer pueden cambiar hoy y volver a cambiar mañana.

Esta búsqueda no esta limitada solamente a la ciencia sino a todos los aspectos de nuestra vida. Ahora mas que nunca se analizan y desafían nuestros valores y papeles como hombres, mujeres y niños, probablemente para liberar al individuo de la ansiedad, el cautiverio, el temor y la intolerancia, y darle un sentimiento de seguridad. Parecería que el hombre natural siempre desea asegurar sus propias verdades y conocimiento para que se ajusten a su propia seguridad carnal (2 Nefi 28:21).

Acosados con este continuo proceso de reconsideración conflictiva acerca de todos los valores posibles, uno no debe sorprenderse al ver que estos constantes cambios crean en la vida de la gente común un estado de inseguridad permanente mas bien que seguridad, al punto de que muchos, especialmente los jóvenes, han llegado a abdicar sus responsabilidades, y muchos hasta han renunciado a su propia vida. ¡Qué paradoja!

En nuestra vida de pruebas, tribulaciones y constantes cambios, es obvio que todos buscamos algo de seguridad, algo estable e incambiable de lo cual depender, y nos hemos rodeado de toda clase de dispositivos u organizaciones que parecen ofrecer la seguridad. Por ejemplo, permitimos que los niños lleven consigo su manta favorita para que se sientan seguros e instalamos alarmas para proteger nuestra casa y nuestras pertenencias. El sistema del Seguro Social se instituyó como protección contra lo improvisto. En el ambiente político, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas intenta mantener la paz entre las naciones del mundo. A veces nos hace gracia toda esta búsqueda de lo que llamamos seguridad, pero la requerimos y estamos dispuestos a pagar lo que cueste. No obstante, a pesar de todos nuestros esfuerzos, no adquirimos la verdadera seguridad que buscamos. ¿Se debe acaso a que ponemos la «confianza en el brazo de la carne»? (2 Nefi 4:34). Seguir leyendo

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Sed compasivos, amándoos fraternalmente

Conferencia General Abril 1987logo 4
Sed compasivos, amándoos fraternalmente
obispo Robert D. Hales
Obispo Presidente

Robert D. Hales«El valor de las almas es grande a la vista de Dios.»

La gente de cada dispensación ha recibido la enseñanza y la exhortación de los profetas vivientes de ayudarse los unos a los otros. Los hijos de Mosíah »estaban deseosos de que la salvación fuese declarada a toda criatura, porque no podían soportar que alma humana alguna pereciera; si, aun el solo pensamiento de que alma alguna tuviera que padecer un tormento sin fin los hacia estremecer y temblar» (Mosíah 28:3).

Esa actitud de estar anhelosamente interesados en el bienestar de los que no comparten con nosotros las bendiciones del evangelio no debe limitarse a los que son llamados como pastores sino que debe ser ha actitud de todos los hijos de Dios.

Los verdaderos pastores alimentan y cuidan a cada oveja del rebano y las tienen siempre en la mente. No se limitan a contarlas; los pastores conocen y cuidan al rebano, y no descansan aunque sólo una oveja este perdida.

Hace algunos años, cuando era joven, tuve la oportunidad de trabajar los veranos en una hacienda con mi tío Frank, quien me enseñó algo importante sobre el cuidado de las ovejas. Me explicó cómo los corderos son atraídos y apartados de sus madres que los quieren y los protegen.

Los astutos coyotes mandan a sus crías a jugar cerca del rebaño; corren, brincan, juegan; a los pobres corderitos les parece tan divertido. Los coyotitos parecen estar divirtiéndose tanto que los corderos se apartan de la protección del rebaño, alejándose del cuidado protector de su madre. En su inocencia, no se dan cuenta que los coyotes grandes están encerrándolos en un círculo para aislar los del rebaño, listos para abalanzarse sobre ellos, matarlos y devorarlos.

Esta es la estratagema de Satanás. Se vale de nuestro libre albedrío para atraernos hacia lo que parece «divertido», y pronto nos encontramos atrapados. Si no conseguimos volver al rebaño, no podremos ir al templo, entrar en los convenios y recibir las ordenanzas necesarias para alcanzar la vida eterna y vivir en la presencia de Dios el Padre y de Jesucristo. Seguir leyendo

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Para los maestros orientadores de la iglesia

Conferencia General Abril 1987logo 4
Para los maestros orientadores de la Iglesia
presidente Ezra Taft Benson
Presidente de la Iglesia

Ezra Taft Benson«No hay llamamiento más sublime en la Iglesia que el de maestro orientador.  No hay servicio más noble que se pueda efectuar por los hijos de nuestro Padre Celestial que el que presta un maestro orientador humilde, dedicado y abnegado.»

Mis amados hermanos del sacerdocio: Ha sido un placer estar con vosotros esta noche y recibir instrucciones de estos hombres escogidos de Dios.  He sentido vuestro poder y fe y os felicito por vuestra asistencia esta noche.

Me regocijo por la oportunidad de dirigimos la palabra esta noche.  Siento la impresión de hablaros acerca de un programa del sacerdocio que ha sido inspirado desde su iniciación; un programa que llega al corazón, que cambia vidas, que salva almas; un programa que tiene el sello de aprobación de nuestro Padre Celestial; un programa tan importante que, si se sigue fielmente, ayudará a renovar a la Iglesia espiritualmente y a exaltar a sus miembros y familias individuales. 1 Me refiero a la orientación familiar del sacerdocio.

Ruego con todo mi corazón que podáis entender por medio del Espíritu precisamente lo que siento con respecto a la orientación familiar.

Hermanos, la orientación familiar no es tan sólo otro programa; es la manera en que el sacerdocio vela por los santos y lleva a cabo la misión de la Iglesia.  La orientación familiar no es simplemente otra asignación; es un llamamiento sagrado.

La orientación familiar no debe tomarse a la ligera.  Un llamamiento en la orientación familiar se ha de aceptar tal y como si el Señor Jesucristo os lo hubiera extendido personalmente.

El Salvador mismo fue un maestro.  El único ser perfecto que vivió sobre la faz de la tierra fue un maestro humilde, dedicado e inspirado que les proporcionó a sus seguidores la salvación y exaltación.

¡Cómo quisiera que todos los hermanos varones de la Iglesia captaran esa visión de la orientación familiar!

Esta noche no estoy enseñando una doctrina nueva, sino reafirmando una antigua.  En la Sección 20 de Doctrina y Convenios, revelada al profeta José Smith en abril de 1830, el Señor le declaró al sacerdocio: Seguir leyendo

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Lo que significa ser un santo

Conferencia General Abril 1987logo 4
Lo que significa ser un santo
élder William G.  Bangerter
de la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

William G. BangerterUn santo es alguien que se dedica y consagra a seguir a Cristo con la mira de alcanzar la vida eterna.

Quisiera hablaros sobre lo que significa ser un santo.  Algunas personas nos llaman mormones.  Otros dicen que somos una secta o un culto.  Nosotros nos llamamos santos. ¿Qué significan estas denominaciones?

Un mormón es cualquier persona miembro de nuestra Iglesia.

Una secta es un grupo de personas que siguen ciertos principios o doctrinas.  Los primeros discípulos de Cristo fueron denominados una secta.

Un culto es un sistema particular de veneración religiosa con que se rinde honor a una persona.

Un santo es alguien que se dedica y consagra a seguir a Cristo con la mira de alcanzar la vida eterna.

En el fondo no objetamos a ninguno de esos apodos; sin embargo, todos pueden ser insultantes cuando se usan con esa intención.

Muchos miembros de la Iglesia se ofenden cuando la gente los usa para ridiculizarnos, El poner sobrenombres a las personas para burlarse de ellas es una antigua táctica infantil, y como ellos mismos dicen, «a palabras necias, oídos sordos».

No tiene importancia lo que la gente mal educada llama a nuestra Iglesia y a sus miembros.  Insultar y burlarse de las demás religiones en todas las épocas ha sido un pasatiempo de los que profesan ser devotos.  Las palabras hereje, blasfemo, fanático, judío, hipócrita e idólatra, han estado todas en boga.

Lo que realmente importa es lo que nosotros mismos creemos, lo que hacemos y principalmente, quiénes somos.  Si nos preguntan «¿Es usted un cristiano renacido?», tendríamos que responder que no, en el sentido de que no creemos que «confesar a Cristo» sea el único requisito para la salvación.  Pero, si consideramos la expresión desde un punto de vista literal y doctrinal, la respuesta sería afirmativa. Seguir leyendo

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Las bendiciones del sacerdocio

Conferencia General Abril 1987logo 4
Las bendiciones del sacerdocio
élder Dallin H. Oaks
del Quórum de los Doce Apóstoles

Dallin H. Oaks«Estad preparados para dar una bendición del sacerdocio bajo la influencia del Espíritu Santo en cualquier momento en que se os solicite con sinceridad y fe.»

En la primavera de 1 866, durante una época de guerra, en muchas de las colonias del sur de Utah, nuestros pioneros se esforzaban por defenderse de mortales ataques de los indios.  Dos de los hijos de Heber C. Kimball fueron llamados al servicio militar en una expedición de tres meses contra los indios.  Antes de partir, él les dio una bendición del sacerdocio.  Aparentemente preocupado porque sus hijos pudieran derramar la sangre de sus hermanos lamanitas, primero les recordó las promesas que Dios había hecho a esa rama de la Casa de Israel.  Luego los bendijo y les prometió que no verían ni un indio en su campaña.  Ellos, llenos de deseos de pelear, quedaron desilusionados con esta promesa, pero la bendición se cumplió.  Al volver tres meses después, informaron:

«Anduvimos cientos de millas, siguiendo las huellas de varios bandos de indios hostiles, y muchas veces estuvimos muy cerca de encontrarlos.  Ellos atacaban las colonias a nuestro alrededor, matando a los colonos y haciendo huir el ganado.»  Pero el grupo no vio a un solo indio. (Orson F. Whitney, Life of Heber C. Kimball, an Apostle, segunda edición, Salt Lake City; Steven and Wallis, Inc., 1945. pág. 429.)

En este tipo de bendiciones, un siervo del Señor ejerce el sacerdocio, inspirado por el Espíritu Santo, para invocar los poderes del ciclo en beneficio de la persona a quien se bendice.  Son bendiciones que confieren los poseedores del Sacerdocio de Melquisedec, que tiene las llaves de todas las bendiciones espirituales de la Iglesia (véase D. y C. 107:18, 67).

Hay muchas clases de bendiciones del sacerdocio.  Al daros ejemplos, recordad que estas bendiciones están a disposición de todos los que las necesiten, pero sólo cuando las piden.

En las que se dan para sanar a los enfermos, primero se hace la unción con aceite, como indican las Escrituras (véanse Santiago 5:14-15; Marcos 6:13, D. y C. 24:13-14, 42:43-48, 66:9).  Las bendiciones patriarcales las confiere un patriarca ordenado. Seguir leyendo

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Las bendiciones de ser unidos

Conferencia General Abril 1987logo 4
Las bendiciones de ser unidos
élder Hugh W. Pinnock
de la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta.

Hugh W. PinnockCuando estamos unidos, «ocurren cosas extraordinarias. Al trabajar unidos, nos olvidamos de nuestras mezquindades y necedades personales; nos sometemos al servicio de la organización y de la causa.»

Hay cuatro mandamientos concluyentes, cuatro declaraciones del Señor tan poderosas que, en comparación, todo lo demás que consideramos o hacemos disminuye en importancia.

Los extraemos de las enseñanzas del Maestro, cuando dijo:

»Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
»Este es el primero y grande mandamiento.
«Y el segundo es semejante: Amaras a tu prójimo como a ti mismo.» (Mateo 22:37-39; cursiva agregada.)

«¿Y el tercero?», preguntaréis. Es: »Si me amáis, guardad mis mandamientos» (Juan 14:15)

Y el cuarto: «. . . si no sois uno, no sois míos» (D. y C. 38:27).

De ese cuarto mandamiento, del concepto de la unidad, quisiera hablar en esta oportunidad.

Para empezar. Podríamos preguntarnos: »¿Somos uno con nuestra familia?» ¿Tenemos en realidad paz en nuestro hogar’?»

Un hermano de una ciudad distante luchaba por ganarse la vida, criar a sus hijos y cumplir con sus llamamientos en la Iglesia. Las deudas se le acumularon, había descontento en su casa y el mal comportamiento de sus hijos aumentaba, yendo cada uno por un camino distinto. De pronto, se vio en peligro de perder su trabajo y sus apremios se intensificaron.

Cuando pensaba que ya no podría soportar mas, su hija adolescente, que había observado la frustración y el dolor de su padre, le dijo:

»Papá, unidos como familia podremos hacer cualquier cosa. Trabajemos juntos. He conseguido un trabajo muy bueno para después de la escuela y Guillermo también ha encontrado un trabajito. Además, podríamos comenzar a consumir los alimentos que tenemos almacenados.» Seguir leyendo

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Lágrimas, pruebas, confianza, testimonio

Conferencia General Abril 1987logo 4
Lágrimas, pruebas, confianza, testimonio
presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Thomas S. Monson«Una fe firme, una confianza constante y un deseo ferviente han caracterizado siempre a los que le sirven al Señor con todo su corazón.

¿Habéis meditado alguna vez acerca del valor de un alma humana? ¿Os habéis preguntado acerca del potencial que yace en cada uno de nosotros?

Poco después de haber sido llamado al Quórum de los Doce, asistí a una conferencia de la Estaca Monument Park West, en Salt Lake City.  Mi compañero era miembro del Comité General de Bienestar de la Iglesia, el hermano Paul C. Child, quien era un estudioso de las Escrituras y había sido mi presidente de estaca durante los años en que yo poseía el Sacerdocio Aarónico; y ahora estábamos juntos como visitantes de esa conferencia.

Cuando le tocó participar, el presidente Child tomó Doctrina y Convenios y bajó del púlpito para estar entre los poseedores del sacerdocio a los cuales iba a dirigir su mensaje.  De la sección 18 leyó:

«Recordad que el valor de las almas es grande a la vista de Dios . . .

«Y si acontece que trabajáis todos vuestros días proclamando el arrepentimiento a este pueblo y me traéis, aun cuando fuere una sola alma, ¡cuán grande será vuestro gozo con ella en el reino de mi Padre!» (Vers. 10, 15.)

El presidente Child levantó la vista y preguntó lo siguiente a los hermanos del sacerdocio: «¿Cuál es el valor de un alma?» Evitó pedir una respuesta a un obispo, al presidente de estaca o a un miembro del sumo consejo, sino que escogió a un presidente de quórum de élderes, un hermano que había estado adormilado y que no había prestado atención a la pregunta.

El hermano, sobresaltado, dijo:

-Hermano Child, ¿podría repetir la pregunta?

A lo que él volvió a preguntar:

-¿Cuál es el valor de un alma?

Yo conocía bien el estilo del presidente Child y oré fervientemente por aquel presidente de quórum.  Este permaneció callado por lo que pareció una eternidad y entonces dijo: Seguir leyendo

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