Conferencia General Abril 1987
La visita del Salvador a las Américas
presidente Ezra Taft Benson
Presidente de la Iglesia
Cuán grande bendición sería si cada familia leyese Tercer Nefi, analizara su contenido sagrado y luego averiguara la manera en que se asemeja a ellos y aplicara sus enseñanzas en sus vidas.
Mis amados hermanos: Al comenzar otra grandiosa conferencia general de la Iglesia, mi corazón está lleno de amor y gratitud hacia los Santos de los Últimos Días de todo el mundo.
Durante los últimos seis meses me he sentido sumamente conmovido por la forma en que los miembros de la Iglesia han respondido al consejo de leer y releer la palabra del Señor, tal como aparece en el Libro de Mormón. Esto ha resultado en un gran incremento en la espiritualidad, y está ayudando a limpiar el interior del vaso.
Tantos adultos, como jóvenes y niños, han testificado firmemente en cuanto a la manera en que el Libro de Mormón ha cambiado sus vidas. Este volumen sagrado de Escritura continúa surtiendo también un cambio en mi vida.
Últimamente he estado leyendo de nuevo en el Libro de Mormón el maravilloso relato de la visita del Salvador resucitado al continente americano. Al acercarse la época de la Pascua, me he sentido profundamente conmovido por la belleza y la profundidad de este relato que aparece en Tercer Nefi, así como por su gran valor para nuestra época y nuestra generación.
Al anticipar la segunda venida del Salvador, el registro de la historia nefita, poco antes de Su visita, revela muchos aspectos similares a nuestros días. La civilización nefita estaba en su apogeo; eran prósperos e industriosos; habían construido muchas ciudades conectadas por espaciosas carreteras; se ocupaban en la navegación y el comercio, y construían templos y palacios.
Pero, como sucede tan a menudo, la gente rechazó al Señor. El orgullo se convirtió en algo común, se propagaron el fraude y la inmoralidad y las combinaciones secretas prosperaron porque, como nos dice Helamán, los ladrones de Gadiantón «habían inducido a la mayor parte de los justos, hasta que habían llegado a creer en sus obras, y participar de sus despojos» (Helamán 6:38). «Empezó el pueblo a distinguirse por clases, según sus riquezas y sus oportunidades para instruirse» (3 Nefi 6:12). Y «Satanás tenía gran poder, al grado de incitar a los del pueblo a cometer toda clase de iniquidades, y a inflarlos de orgullo, tentándolos a que procuraran poder, y autoridad, y riquezas, y las cosas vanas del mundo» (vers. 15), tal como en la actualidad. Seguir leyendo








































