Amigos, siervos, hijos del salvador

Conferencia General Octubre 1982

Amigos, siervos, hijos del Salvador

Robert E. Wells

por el élder Robert E. Wells
del Primer Quórum de los Setenta


Esta es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días; somos cristianos; tenemos un mayor conocimiento acerca del papel que el Salvador tuvo en la preexistencia antes de que viniésemos a esta tierra; tenemos nueva información acerca de la parte que desempeñó en la creación de este mundo, bajo la dirección de nuestro Padre; podemos identificarlo como el Jehová del Antiguo Testamento, comunicándose con los profetas de Israel; tenemos otro Testamento de Cristo, el cual contiene doctrina e información acerca del Salvador. Nuestros profetas modernos han dado explicaciones, doctrinas, luz y conocimiento que les han sido revelados acerca del Cristo como el Redentor por medio de quien podemos obtener la remisión de nuestros pecados. Tenemos una riqueza de información, la cual es de un tremendo valor para todas las iglesias cristianas. Nosotros no rebajamos ni denigramos la fe que otros cristianos tienen en Cristo, sino que sólo deseamos compartir con ellos el conocimiento adicional que poseemos acerca del Cordero,

el Pastor, el Santo de Israel (Salmos 71:22), para su beneficio y salvación.
Como dijo Nefi: «Creemos en Cristo.. . esperamos firmemente en Cristo . . .
«. . . tenemos vida en Cristo a causa de nuestra fe . . .
«y hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, profetizamos de Cristo . . .
«. . . para que nuestros hijos puedan… mirar adelante hacia aquella vida que esta en Cristo . . .» (2 Nefi 25:24-27.)

¿Puede alguien dudar de que seamos cristianos en el pleno sentido de la palabra?

Hace algún tiempo, hice un viaje en avión, y mientras sobrevolábamos la jungla colombiana en Sudamérica le hablaba de la Iglesia a mi compañero de vuelo. En medio de la entusiasta conversación acerca del evangelio, mi amigo comentó lo siguiente:

-«Ustedes los mormones han edificado un magnifico santuario en la tumba de José Smith».

A lo que sorprendido exclamé:

-¿Que santuario, que tumba?

El me contestó:

-El edificio alto en Salt Lake City, con el ángel dorado en la punta, ¿no es algo así como un mausoleo o santuario donde adoran a su profeta?

El se refería al gran Templo de Salt Lake.

Con asombro me di cuenta de su malentendido y, sin preocuparme de dónde había sacado esa información, me puse a explicarle y a sacarlo de su error diciéndole:

-Permítame decirle que nosotros somos en verdad cristianos que adoramos a Dios el Padre v a su Hijo Jesucristo y no adoramos a ningún profeta ni santo, ya sea moderno o antiguo. No adoramos al profeta José Smith, y a pesar de que le amamos y honramos, nunca nos dirigimos a él en la oración. Dentro de nuestra doctrina filosofía y práctica religiosa el no es ninguna clase de intermediario, ni lo es ningún otro profeta o santo. Solamente Cristo es nuestro intermediario con el Padre. -Y para hacer hincapié repetí-: No oramos a María, ni a José, ni a Pedro, ni a Santiago o Juan, ni a ninguno de los antiguos profetas como Adán, Moisés o Abraham, ni a ninguno de los profetas modernos como José Smith o Brigham Young «

Continué explicándole que el Templo de Salt Lake City ciertamente no es para honrar a José Smith, y que el ni siquiera esta enterrado allí. Para insistir en el hecho de que no adoramos a nuestros profetas le dije:

-Créame que nunca hacemos una peregrinación al lugar donde esta enterrado el profeta José; y, de hecho, ¡yo ni siquiera se dónde esta su tumba!

El hecho de que yo no supiera donde estaba enterrado José Smith pareció ser la aclaración mas extraordinaria que el hubiera recibido. Estaba completamente azorado, y pudo ver claramente que la idea que tenía de nuestra Iglesia era totalmente equivocada. Esto nos guió a una conversación en la cual las verdades concernientes a nuestra manera de adorar al Salvador pudieron analizarse fácil y abiertamente, y pude establecer claramente el hecho de que somos cristianos.

Creo que es responsabilidad de cada uno de los miembros de la Iglesia vivir, enseñar y predicar de manera tal que nuestros amigos, las personas con las cuales nos relacionamos en el trabajo y nuestros conocidos, no tengan nunca ninguna duda de que somos cien por ciento cristianos y que tenemos el deseo de ser redimidos por medio de Cristo, de vivir de tal forma que seamos amigos, siervos e hijos del Salvador. Permitidme analizar cada uno de estos tres puntos:

Primero, amigos del Salvador

El presidente Kimball se considera un amigo del Salvador. Hace unos años, cuando se encontraba en el hospital, listo para someterse a una delicada operación al corazón, mientras era conducido en una camilla hacia la sala de operaciones, el joven enfermero accidentalmente se apretó un dedo entre el marco de la puerta y el respaldo metálico de la cama en donde yacía el Profeta ya bajo los efectos de un sedante. Cuando ocurrió el incidente, el joven, adolorido, dejó escapar una desagradable expresión en la cual utilizó el nombre del Salvador en vano. El presidente Kimball reaccionó de inmediato, abrió los ojos y amablemente reprendió al enfermero diciendo:

-Jovencito, no digas eso, ¡El es mi mejor amigo!

¿Es tal nuestra relación con el Salvador que nos haría ofendernos ante el uso inapropiado de su nombre? ¿Sabe Jesús que sentimos por El lo mismo que el presidente Kimball?

Otro ejemplo de nuestro Profeta con respecto a su actitud como discípulo del Salvador ocurrió en una víspera de Navidad, hace varios años. El presidente Kimball me llamó y me preguntó si estaba ocupado. Rápidamente le conteste:

-No, en absoluto. ¿Puedo ayudarle en algo, presidente Kimball?

Entonces me dijo que necesitaba a alguien con quien ir al hospital de niños de la Primaria para dar algunas bendiciones. Resulto que se había enterado de que había varios niños procedentes de Sudamérica, así como algunos indios americanos, internados en el hospital. De modo que fuimos de piso en piso dando bendiciones a todos los niños lamanitas y latinoamericanos, así como a muchos otros. Me sentí profundamente impresionado por el amor y la tierna amistad que el Presidente brindaba a cada uno de los niños. En esa oportunidad, el demostró ser un amigo de los enfermos, un amigo para los que estaban lejos de su hogar, y fue un ejemplo vivo de la tierna y amorosa amistad que el Salvador brinda. Era muy fácil ver que podía decir con propiedad: «El Salvador es mi mejor amigo.»

Segundo, siervos del Salvador

El rey Benjamin lo expuso claramente:

«Porque ¿cómo conoce un hombre al amo a quien no ha servido, que es un extraño para el, y se halla lejos de los pensamientos y de las intenciones de su corazón? (Mosíah 5:13.)

¿Cómo es posible que podamos ser siervos del Salvador si no le hemos servido, si somos extraños para E1 y si nuestros pensamientos e intereses diarios lo mantienen alejado de nuestro corazón?

El presidente Harold B. Lee

era la clase de persona que conocía de tal manera al Salvador, y había sido un siervo suyo por un periodo tan largo que le permitió saber, sin lugar a dudas, lo que el Salvador diría o haría ante cualquier circunstancia

Por ejemplo, poco después de pasar a ser Presidente de la Iglesia, el presidente Lee concertó su primera conferencia de prensa como el nuevo Profeta. Los periodistas le hicieron lo que podría haber sido una pregunta difícil de contestar: «¿Qué piensa de la guerra de Vietnam?» Como recordareis, en esa época la guerra estaba en plena acción y había personas que eran partidarias y otras que estaban en contra de la participación de los Estados Unidos.

Si el hubiera dicho por ejemplo: «Estoy de acuerdo con la posición de nuestro gobierno» los reporteros hubieran comentado: «¡Que extraño, un líder eclesiástico a favor de la guerra!» Si hubiera contestado: «No estoy de acuerdo con la intervención de nuestro gobierno», los periodistas podrían también haber sembrado la duda diciendo: «¡Que raro, un líder religioso que aparenta apoyar al gobierno pero que no lo hace!» Pero cuando le hicieron esa pregunta, el presidente Lee contesto como un siervo del Salvador lo haría, utilizando sabiamente las inspiradas palabras del Señor. Con su respuesta impresionó favorablemente los reporteros. Según recuerdo dijo: «Nosotros, conjuntamente con todo el mundo cristiano, repudiamos la guerra. El Salvador dijo: ‘En el mundo tendréis aflicción, pero también dijo: ‘para que en mi tengáis paz’ (Juan 16 33).» Luego, cito de Juan 14:27: «La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da.» Y a continuación enseñó un gran principio diciendo: «El Salvador no estaba hablando de la clase de paz que se logra por medio de ejércitos, fuerzas navales o violencia; ni tampoco se refirió a la que puede negociarse en asambleas gubernamentales; El se refería a la clase de paz que podemos albergar solamente en nuestro corazón cuando vivimos los mandamientos de manera tal que podemos saber que El esta complacido con nosotros.» El presidente Lee, hablando como un siervo verdadero del Príncipe de Paz, les contesto con inspiración.

Tercero, hijos del Salvador

No nos confundamos: nuestro Padre Celestial es el único Padre de nuestros espíritus, y El es también el Padre del espíritu de Jesús. La Santa Trinidad no es algo confuso, sino tres personajes distintos e individuales. Nuestro Padre Celestial puso bajo la mayordomía de su Hijo a aquellos de sus hijos que tomarían sobre sí el nombre de Jesucristo, demostrando fe en El por medio del arrepentimiento de sus pecados y bajando a las santas aguas bautismales, para así continuar firmes en Su reino para siempre jamas. El rey Benjamin dijo:

«Ahora pues, a causa del convenio que habéis hecho, seréis llamados progenie de Cristo, hijos e hijas de él, porque he aquí, hoy el os ha engendrado espiritualmente; pues decís que vuestros corazones han cambiado por medio de la fe en su nombre; por tanto, habéis nacido de él y habéis llegado a ser sus hijos y sus hijas.»(Mosíah 5:7.)

Ruego porque todos los miembros de esta Iglesia, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, vivan de tal manera que si alguien nos acusara falsamente de no ser cristianos, ninguna persona que nos conozca crea en sus palabras; y que cualquiera que haya conocido a un miembro de esta Iglesia sepa que todos nos esforzamos a diario para ser mejores amigos de nuestro Salvador, siervos mas devotos y generosos, mas como hijos dados por el Padre a nuestro Señor, en virtud de haber tomado sobre nosotros Su nombre en las santas aguas bautismales.

De esto testifico humildemente y con amor, en el nombre de Jesucristo, nuestro Maestro y Redentor. Amen.

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